Camila Sosa Villada y una manifestación pública de una vida que duele

Camila Sosa Villada, una actriz con la que conversamos en Boquitas pintadas hace un tiempo luego de que se hiciera conocida tras protagonizar la película Mía, publicó en su Facebook un escrito que es a la vez una manifestación pública de su sentir en este mundo, de lo vivido, de lo perdido, de lo dolido. Dice que no ha cambiado gran cosa en el tiempo, “sólo un par de cuestiones legales y un par de corazones menos duros”, aclara. Y sigue: “Pero de aquellos años en que todo parecía morirse cada tarde, tengo la certeza de que el dolor pasó por mí y fue a instalarse allá a los fondos de mi alma”.

Reproduzco este texto, que me envió Javier, un fiel lector de Boquitas, porque me resulta conmovedor y profundamente desgarrador. Leerlo y compartirlo quizá ayude a conocer desde la vida de Camila a otras vidas que pasaron por situaciones parecidas, dolores similares. Todos evitables.

Al final del post conversamos.

Camila Sosa Villada

7 de septiembre de 2015

Camila Sosa Villada; Foto Facebook

No sé muy bien a quién se le escribe una manifestación como ésta, pero me gustaría que al que le quepa el poncho, pues que se lo ponga. Últimamente, quizás hace un año, tengo una sensación a la que le he puesto nombre. Es sólo eso, siento que dentro de mí hay algo que me asusta y que ahora puedo nombrar y hasta describir.

Miren, durante años, durante muchísimos años, viví el daño que me hacían los demás, ya saben, no es necesario que hable otra vez de aquellos años, que son estos también, no es que ha cambiado demasiado, sólo un par de cuestiones legales y un par de corazones menos duros, pero de aquellos años en que todo parecía morirse cada tarde, tengo la certeza de que el dolor pasó por mí y fue a instalarse allá a los fondos de mi alma. Ese daño, hecho por todos, incluso por mis viejos, pasó por mí y se quedó dentro de mí sin identificarse, sin decir, soy esto a causa de esto y voy a hacer esto en tu corazón. No. No puedo decir que todo aquello me doliera. Cuando todo comenzó y yo supe que no habría otra manera de vivir más que esta, que francamente no se por qué lo decidí así, yo me anestesié. Puse el piloto automático, como quien dice. Esa adolescencia prácticamente perdida, esa primera juventud también perdida, viviendo lo que ellos querían que yo viviera, fue anestesiada. Podía intuir que eso que me estaba pasando, algún día podía hacerme mucho más daño todavía, pero en ese momento, yo creía vivir mi vida, y en realidad estaba viviendo lo que la mayoría me obligaba a vivir.

Hoy, a los 33 años, me doy cuenta que en esos años yo no le puse nombre a nada de todo lo que me lastimó. Decir sólo discriminación sería reducirlo todo a la ignorancia y la maldad de los demás. Fue algo peor. Pero como no tenía nombre, yo lo resistí. Lo absorbí como una esponja y lo dejé dentro de mí. Y ahora, que tengo una vida si se quiere menos disipada, me doy cuenta que todo ese daño, todas esas noches expuesta a toda la maldad del mundo, la mirada de los otros acusándome, todas las burlas, los golpes, el hambre, el frío, el peligro, la muerte y el miedo a la muerte, todo eso está saliendo de ese cajón de muerto donde lo puse y me punza, en el pecho, con un dolor que es muy similar a la cercanía de la huesuda.

Es decir que se acabó la ignorancia que me mantuvo con vida y alerta y finalmente, ahora viene mi pasado por mí.

Hace más de un año que siento que nada me es suficiente, que nada me alcanza, que nada les alcanza a los demás. Podría ponerme a cagar pepitas de diamante, transpirar perlas, llorar doblones y rubíes, y aún así, nada, nada nada nada nada, podría completar algo de todo este rompecabezas. Las piezas ya las perdí, de modo que si ahora una tarde, por puro aburrimiento y gusto yo me pusiera a armar el rompecabezas de mi vida, me faltarían tantas piezas que ese cuadro deforme que finalmente haría, sería tal y como es mi rostro: una deformación.

Ya no puedo pedirle más ayuda a mis amigos, no se si me comprenderán. Cómo pueden personas normales y plenas y hermosas como ellos, estar cerca de la desdicha. Las buenas personas no pueden estar cerca de la desdicha, y mucho menos por amistad. Siempre pienso en la amistad como cachorros mordiéndose y correteando en un llano por la mañana. Estar cerca de mí se ha vuelto como meterse a nadar en un pantano. Sólo tengo una salvación, una puerta para siquiera irme de este mundo con una valija pequeña donde yo elija que guardar. Y es decirlo todo: todo hasta lo más hondo y enraizado que me envenena el pecho.

Una y otra vez, decirlo hasta que se sepa por completo.

Decir mi verdad y mi historia para que la muerte sepa que se está llevando a alguien con nombre, apellido y lucidez.

Lo primero es que ya no puedo. No quiero. No puedo ayudarme más de lo que ya me ayudé, sin psicólogos, sin padres, sin contención, sin pares. Lo intenté todo, siempre con el mismo tesón. Siempre con la vocación de hacerlo bien, completo. Pero se me han acabado los víveres y las herramientas. Entonces ya no puedo conmigo misma. Tengo esta virtud: puedo ponerle palabras. Es tarde, pero puedo ponerle palabras y eso, si es que algún merecimiento me toca, es mi única salvación.

Yo quisiera amigos míos que nos fuera devuelta a las travestis, toda esa larga caravana de detalles perdidos que nos hacen estar incompletas. Que nos devuelvan la infancia y a nuestros padres. Que nos devuelvan la ternura, la protección, los cuidados, el entendimiento, la compañía, la mirada blanda de nuestros padres. Y que se las devuelvan a ellos. La posibilidad de ser una familia. Pero ustedes dijeron NO. Cómo los padres pueden aceptar un hijo travesti? Cómo los padres pueden aceptar semejante aberración, semejante pecado, semejante daño a dios? Entonces nuestros padres, no supieron que hacer. Se entregaron a esa ola y no nos perdonaron esta intención de vida. Qué culpa podían tener ellos? Qué clase de comprensión podían tener frente a un hijo que se traviste si todo el pueblo, todo el maldito pueblo se olvidó de nuestra edad, de nuestra pequeñez, de nuestra indefensión y pasamos a ser un monstruo que se pasea por las calles sin el menor pudor. Pobres mis viejos. Pobre mi viejo, miren, que no tuvo la culpa. Y encima de llorar la pérdida de un hijo, tuvo que aceptar ser el blanco de todas las burlas, de todos los desprecios, de todas las humillaciones por mi culpa. Mi viejo que es uno de los tipos más viriles que conozco. Tener que agachar la cabeza frente a los vecinos, los clientes, los amigos, cada día, por tener un hijo travesti. Pobre mi vieja, que amaba a su hijo, con locura y dulzura, tan cierto era su amor. Mi vieja que es huérfana, que conoció el desengaño, mi vieja que guardó silencio, que lloraba a oscuras y tragándose los suspiros para que nadie la oyera, mientras yo veía la brasa de su cigarro como única luz en esa casa que por mi culpa, se había vuelto nuestro infierno.

Pobres mis viejos que descubrían mis vestidos, mis polleras cosidas a manos con sábanas que no se usaban, mis pastosos maquillajes de oferta con los que aprendía a disimular mis rasgos de hombre. Pobres mis viejos que en las razzias para descubrir hasta qué punto estaba traicionándolos, descubrían que yo había iniciado el viaje del dolor y que no tenía intenciones de volver.

Camila Sosa Villada; Foto Facebook

A nosotros, como familia, quién nos devuelve todos esos años de pura amargura? Quién le devuelve a mis viejos la fortaleza para mirar al pueblo a los ojos y decirles que todo aquello no importaba, que en el fondo nos queríamos igual, que sólo era cuestión de tiempo llegar al fondo. Cómo les devuelvo a mis viejos la tranquilidad perdida de esos años? Cómo les pido perdón por toda la vergüenza y la pérdida y las noches con los ojos abiertos, y el odio que sentían hacia mí por querer travestirme en ese pueblo rancio donde era el monstruo popular? Cómo remonto ese río para llegar a su nacimiento y devolverles aunque sea un par de días sin odiarnos, sin juzgarnos, sin desear que todo se acabe?

Llegada la noche oscura, cómo me voy a despedir de ellos sin otra palabra en los labios más que perdón?

Cómo les explico que no fue nuestra culpa. Que la culpa es de otros, de la iglesia, de la fe, del cristianismo, de los políticos, de la hedionda costumbre y tradición anquilosada en el corazón de los otros lo que nos rompió como familia? Ellos no lo entenderían. A ellos también el dolor les está saliendo ahora.

También me gustaría que me devuelvan las horas de juego, las horas del recreo en que jugaba solita en algún rincón del patio porque los chicos me huían y las chicas me rechazaban por maricón.

Pero no era sólo maricón: era gordo, pobre y maricón.

Una tarde estaba jugando al elástico con unas chicas más grandes que yo, y la señorita René, gorda marimacho de pelo corto (no creo que ella sepa todavía lo bien que le vendría la tijereta), pero ahí estaba ella y ahí estaba yo,

Finalmente yo había logrado jugar con alguien al elástico y la señorita René, me tomó de la oreja y me sacudió de un lado a otro porque los varones no tenían que jugar al elástico. Con qué cuento podía salirle yo? Le iba a nombrar la disforia de sexo a la bruta esa? Sólo recuerdo mucha mucha vergüenza tiñéndome de rojo toda la cara y haberme ido al aula a llorar en silencio para que nadie me viera. Ese día fui noticia en toda la escuela. Finalmente, me habían castigado las mariconadas. Las chicas con las que jugaba al elástico no supieron que hacer.

A los maricones, en ese entonces, nadie los defendía.

Cómo remonto el acoso de los matones del grado, y de otros grados, que me obligaban a hacerles los deberes, tan sólo porque yo era maricón y eso equivalía al derecho al golpe y la humillación salvo que les manoseara el bulto en el baño de varones y todos los días antes de terminar la clase les hiciera los deberes que nos daba la maestra. A mí hacer la tarea no me costaba nada, era brillante, más brillante de lo que mis viejos se soñaron alguna vez, y así pasé la primaria. Sometida a los caprichos de los matones del aula.

Y yo quisiera saber, si tuviera intención de reclamar esas pérdidas, a quién se las reclamo? Quién se hace cargo de esa infancia?

Pero va más allá de ese maniqueo recuerdo de mí misma, y ustedes mi disculpan la autoindulgencia, va más allá de eso.

Quién va a resarcir las burlas, los dibujos en el pizarrón caricaturizándome y humillándome delante de todo el colegio, los apodos, los piedrazos, los escupitajos… cómo será de amargo, que tenía compañeros que no me dirigían la palabra. Tal era el desprecio que sentían por mí. Había un cabezón que había repetido de año, que nunca nunca en los dos años que compartimos en la secundaria, me dirigió la palabra. Y eso no es nada. El desprecio no requiere mucho esfuerzo. Pero el enorme esfuerzo, el titánico esfuerzo de algunos por aceptarme a pesar de todo, cómo lo voy a pagar?

Camila Sosa Villada; Foto Facebook

Algo no estaba bien entonces y sigue estando mal.

Miren, si por un momento, todas las travestis de ese entonces, y de antes, que debe haber sido muchísimo peor, nos levantáramos y reclamáramos todo lo que nos han quitado, no alcanzarían todos los tesoros del mundo, ni las joyas de Mirtha, ni las fortunas mal habidas de todos los millonarios del mundo, no alcanzarían leyes, ni placebos políticos, nada de lo que pudieran darnos, podría cicatrizar esos tajos en la carne que nos hicieron sistemáticamente día tras día.

Imagínense si por un momento reclamáramos el amor perdido, la posibilidad de ser amadas, la posibilidad de ser tomadas de la mano, abrazadas, cuidadas, queridas, si quisiéramos recuperar la ilusión de que alguien se enamore de nosotras libremente, sin prejuicios, si quisiéramos recuperar todos los amores que se fueron, los hombres que nos prometían los horóscopos, el i ching, el tarot, las runas, si quisiéramos tan sólo por un momento sentir que nos quieren sin ataduras, cómo van a pagarnos? Con qué? Si año tras año, día tras día, hora tras hora se dice lo que se dice y que es para todos cierto: cómo enamorarse de una travesti que no es ni hombre ni mujer y que tiene tal cabeza, que mejor dejarlas solas.

Y la cosa se pone más jugosa y además del amor romántico y ojo que aquí no estoy reproduciendo sistemas patriarcales ni amores de novela, estoy hablando de querernos… miren si además se nos ocurriera pedirle, por ejemplo, al estado, que nos devuelva el amor propio, la autoestima… Qué fondos internacionales van a tocar para pagar la pérdida de la autoestima, la posibilidad de querernos a nosotras mismas. La posibilidad de vernos hermosas sin someternos a la carnicería de las cirugías, sin necesidad de querer parecernos a una mujer que nació mujer y tuvo la genética y las hormonas de su parte. Cómo haríamos para resarcir la mirada que tenemos sobre nosotras, siempre machacada por los mandatos, otra vez, de la iglesia, de la publicidad, de Hollywood, de los productores y del público, claro?

Y si a este reclamo se sumaran los gordos? Y los bolivianos? Y los tullidos?

No les alcanzaría la vida para pagar el daño que han hecho.

Y si además, sólo por joder, se nos ocurriera que además de querer recuperar la infancia, la adolescencia, el vínculo con nuestros padres, queremos también a nuestros muertos. La infinita cadena de muertos que nos faltan: las asesinadas, las muertas en soledad y silencio, las muertas de sida, las muertas de frío, las muertas en vida, las muertas por mala-praxis, las suicidadas, las muertas por desidia, por negligencia médica, las muertas que sabiendo que estaban por morir no iban al médico porque es mejor morirse en una cama sola y apestada de pústulas y bichos de toda clase, que sufrir el maltrato de las instituciones públicas.

Qué hacemos con nuestras desaparecidas? Y con nuestra desaparición?

A veces me digo que no es justo hablar del pasado con tanta vehemencia siendo que en Siria la gente huye amontonada en gomones y un niño en la playa muere boca abajo tragando la sal del mar. Incluso me digo que no es justo hablar de todo esto cuando existe el cáncer y el hambre.

Pero cada mañana muero en la playa y un cáncer rojo e insaciable me devora por dentro y recuerdo el hambre, los años que no le dí a este cuerpito más que matecocido con pan porque no tenía cómo mierda comprar un pedazo de carne.

Pero tengo que decirlo todo, una y otra vez, hasta que algo cambie.

Y no se queden tranquilos que si tuviera que reclamarles los años en la calle, la violencia de los clientes, los golpes recibidos, el frío, las noches en vela, mal comida, mal dormida, mal abrigada, mal asesorada, sintiendo infinita vergüenza de mí misma. Si me pusiera a reclamarles los años, los 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27 años de andar como una perra por el mundo, mendigando cariño, mendigando dinero, mendigando una comprensión que muy pocas personas supieron darme, ustedes se harían pis en la cama, como criaturas. Porque la verdad del daño que han hecho los asustaría de tal modo que ni los esfínteres podrían controlar.

Y si reclamara los hijos negados? Porque una cosa no viene sin la otra. No es sólo: ay pobrecita! Está pidiendo que alguien la quiera… no, quiero lo mismo que todos, con las ventajas y las contraindicaciones. Quiero un hijo también… y con todo este daño, qué clase de madre podría ser? No sería una madre, sino un monstruo. Mi herida sangra, al punto de manchar a mi familia, a mis amigos…

Cómo les devuelvo a mis amigos las horas perdidas consolándome, diciéndome que algo de todo esto puede mejorar? Cómo les devuelvo el dinero prestado, las orejas prestadas, la paciencia frente a este querer morderme la cola como un perro tonto, todos los putos días de mi vida? A los amigos hay que darles mejores cosas que un llanto continuo. Porque se cansan también.

Y si los pierdo, por culpa de todo lo que enumeré antes, a quién se los voy a reclamar?

Ahora, a mis 33 años, estoy parada en un pasillo largo, este hotel es infinito. Abro la puerta de una habitación y el hombre que está ahí dentro no me puede querer, le parezco fantástica, inteligente, incluso, si se saca los anteojos y comienza a ver todo borroso, puedo parecerle hermosa. Pero los años de educación sistemática le han hecho creer que yo no soy un cuerpo digno de amor. Entonces se va, o permanece dándome migas de afecto que a mí me saben como una trompada de monzón en la boca porque lo que yo quiero es sentirme amada. Reposar con alguien que me abrace y me recuerde que existe la selva, que existe el mar y que siempre nos podemos salvar en la virgen exuberancia de la tierra. Y ustedes dirán que todo eso puedo hacerlo y sentirlo sola, pero los quiero veeeeeeeer! Compadres, los quiero ver armar este castillo de naipes en una terraza ventosa. Cierro esa puerta y abro otra y desde adentro un niño muy pequeño, con los ojos enormes, me mira y me pide auxilio. Y cuando intento sacarlo de ese cuarto de desamparo las manos se me vuelven líquidas y no puedo rescatarlo y se que ahí dentro se va a morir, algún día se va a morir y nadie le rendirá sus honores. Abro otra puerta y la veo a mi vieja hilando sus tristezas, cocinando su magia, con sus manos, las manos más lindas que ustedes se puedan imaginar porque todas las noches se las cuidaba usando bagovit-a, tratando como yo de zurcir ese pasado roto y no tengo corazón para decirle que estoy herida para siempre, y que incluso si muriera, mi alma sería un alma en pena, como quien dice, y se me escucharía llorar por encima del viento, porque nunca pude recuperar todo lo que he perdido. Y abro otra puerta y está mi viejo, luchando con sus dragones, edificando, siempre construyendo, siempre haciendo y manteniendo a raya a sus dragones, y le pido perdón, pero el rugido de sus bestias no deja que me escuche.

A veces me consuelo pensando que todo esto en algún momento colaborará con un mundo mejor. Que lo que hemos vivido entonces, es el cimiento para que otros no conozcan ESA pena. La pena es un excedente que no se puede evitar. Pero ESA pena, la nuestra, la de las travestis, nunca más.

A veces me culpo por no ser más ecuménica, más universal, hablar por todos y no por mi pequeño mundo, pero qué más da… es un mundo en el que todos estamos hablando de nuestro dolor. Incluso sin darnos cuenta.

Este dolor que se manifiesta ahora, ensombreciéndolo todo, opacándolo todo, poniendo una muralla delante del bosque que parece tan fácil de ver para todos ustedes, me tiene un poco cansada. También quiero ver el bosque y perderme en él.

Pero soy una carente, una carente patética que no se llena con nada.

Pero tenés una profesión! Tenés amigos que te quieren! La gente te aplaude de pie! Sos hermosa Camila! Imagínense lo hondo de este pozo que no se llena con nada. No hay un abismo peor ni más indolente.

Igual, creo. Creo en el movimiento zapatista, creo en determinadas comunidades y en determinada fe. Creo en las armas y en la muerte de todos los que hacen daño como un triunfo de la vida. Creo en las plantas que son agitadas por el viento. Creo en los nuevos héroes. En la poesía. En la música. Creo que sí, que algún día y después de mucha agua bajo el puente, algo va a cambiar. Y tal vez mi alma en pena se diluya como arena y deje de existir penando y penando y desaparezca tranquilamente mezclada en la playa. Tal vez sea mar.

Pero hoy, que recién empieza la semana, siento que es necesario saldar la deuda. Y en algún momento tendrán que pagar.

A los morosos los conocemos todos.

 

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Presentan una guía de salud trans y reclaman la reglamentación de la ley

“Tenemos la mejor ley de identidad de género, pero nos falta mucho como sociedad para dejar de mirar qué tienen las personas entre las piernas para relacionarnos”, resume el activista trans de la organización de la sociedad civil Capicüa Alan Otto Prieto. “Qué le hace pensar a un medicx que sabe lo que es una persona trans ‘completa’ o ‘incompleta”, se pregunta.

En un aporte a la discusión sobre la atención médica de las personas trans, este viernes 17 se presenta una “guía de salud trans”, un trabajo que se articuló con lo académico para llegar a este sólido documento de investigación que hoy empezará a circular como material de consulta. Está dirigida, en especial, a los agentes de salud, pero también será útil a los comunicadores y al público en general.

“La armamos porque sentimos que la información es poder y que sólo unxs pocxs de nuestra comunidad estaban manejando la discusión por el acceso a la salud trans y lo hacían con una mirada que sólo reconocía la necesidad del tratamiento hormonal y las cirugías”, comenta Alan. Y agrega que estas instancias son parte del proceso, pero enfatiza en que la ley tiene un espíritu mucho más amplio, por eso habla de “Salud Integral”.

El grupo redactor de esta guía son militantes de Capicüa y el grupo revisor es una diversidad de personas que transita los equipos de salud, activistas, investigadorxs, academicxs, abogadxs, entre otrxs.

Sobre el proceso de búsqueda y armado de esta guía, cuenta Alan: “Primero armamos un documento base con todos los capítulos que pensamos debería tener y luego enviamos una carta de compromiso de participar como revisxr y un tiempo para que nos envíen sus aportes, modificaciones, discusiones, etc.  Luego sistematizamos, discutimos y fuimos agregando los aportes que compartimos ideológicamente”. Señala que todo el material que se fue generando estará disponible en la página web de Capicüa, para que queden todas las posturas visibilizadas y que sirva para seguir discutiendo e intercambiando ideas.

Sin reglamentación no hay salud integral

Alan señala que, más allá de que en la Argentina se haya aprobado una de las leyes más progresistas del mundo en materia de identidad de género, hay un vacío debido a la falta de reglamentación de la ley. “En esa instancia debería establecerse cómo se aplicará la ley en su parte sanitaria”, precisa Alan. No es una cuestión menor. Y sugiere: “Es fundamental que esta reglamentación sea conjuntamente entre el Estado, las organizaciones y activistas, de lo contrarío seguiremos desconociendo los saberes de la comunidad trans y nuestras propias necesidades”.

Alan Otto Prieto, coordinador de Capicüa

La guía es un material que además de informar, también apunta a educar y concientizar sobre la realidad de las personas trans, un tema sobre el que recién empieza a hablarse y que para gran parte de la sociedad aún es observado desde preconceptos e ignorancia.

La palabra del dios médico

“Tenemos la mejor ley de identidad, pero nos falta mucho como sociedad para dejar de mirar qué tienen las personas entre las piernas para relacionarnos. Qué le hace pensar a un medicx que sabe lo que es una persona trans ‘completa’ o ‘incompleta”, dice. “Nos seguimos encontrando con médicxs que piden certificados psicológicos, excusándose de que una cirugía es complicada entonces la persona tiene que poder trabajar sus ansiedades, deseos, etc. Esto además de ilegal es mentiroso, porque cientos de personas que se operan de distintas cosas jamás fueron obligadas a transitar por un psicologx”.

El sistema está pensado para varones con pene y mujeres con vagina. A partir de la ley de identidad de género esa norma se modifica y con ella, se plantean cambios en los más diversos órdenes. Por ejemplo, un varón trans va al ginecólogo y es obligación que lo atiendan sin tener que contarle a medio hospital/clínica/obra social/prepaga cuál es su genitalidad. La guía plantea numerosas situaciones similares a ésta y propone capacitaciones en todos los ámbitos para que la ley de identidad de género sea un hecho más allá de que entró en vigencia hace más de dos años.

El equipo de activistas de Capicüa, felices tras la publicación de esta guía de consulta

Para concluir, Alan, feliz de tener el material en sus manos, dice: “La impresión y circulación de esta guía es un triunfo de la comunidad trans. En ella hemos volcado en palabras experiencias, ideas y sentimientos. Es un paso más en larga lucha que venimos dando por el reconocimiento y respeto de los derechos de la comunidad trans”. Y agrega: “Somos una generación que no se olvida de aquellxs compañerxs que dejaron de lado sus vidas para ir ganando espacios hasta alcanzar una ley nacional de identidad de género que no patologiza ni judicializa nuestras identidades, como sucede en otros lugares del mundo. No obstante, aún queda mucho por recorrer hacia el efectivo goce de la ciudadanía para la comunidad trans y es, en este sentido, que juntx a activistas, profesionales y organizaciones hemos concebido esta guía”.

El lanzamiento de la guía

En el mes internacional por la despatologización de las identidades trans, el colectivo de jóvenes LGTBQ Capicüa presenta la última edición de la Guía de Salud Trans, un material que propone una actualización del paradigma de los derechos humanos en el campo de la salud. Habrá una mesa-debate que contará con las exposiciones de la Diputada Nacional (MC) y actual coordinadora del Programa Nacional de Articulación Estratégica, Cecilia Merchán, la presidenta de Asociación de Lucha por la Identidad Travesti Transexual y fundadora de la cooperativa-escuela “Nadia Echazú”, Lohana Berkins, representantes del campo de la medicina nucleados en PH – Producción Horizontal e integrantes de Capicüa. El acto tendrá lugar el 17 de octubre a las 17.30 en el Auditorio de la Jefatura de Gabinete (Diagonal Sur 782, esquina Piedras).

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“Me comí unos cuántos calabozos sólo por estar caminando por Avenida Santa Fe”

Walter Duche tiene 56 años y vivió su homosexualidad en Buenos Aires durante la última dictadura. “Ví todo tipo de personajes”, dice. “Me comí unos cuántos calabozos sólo por estar caminando por Avenida Santa Fe, por ir a una fiesta, por estar sentado en la calle tomando un café, por subir a colectivos, a taxis que paraban los policías y derecho a la 17”. Walter lo narra y es una forma de demostrar que ha vivido, que sabe de lo que habla cuando propone los temas que tendrá la revista Gaytips, que fundó y edita desde junio. El primero de septiembre próximo estará online el cuarto número.

“Anduve de noche por muchos años con amigos y para mí casi no hay diversidad. No me asusta nada y entiendo todo”, lanza en esta entrevista con Boquitas pintadas el ex jefe de redacción de la emblemática revista Imperio G, que dejó de salir hace unos dos años. Por esto, por su andar, por su experiencia es que en esta nueva revista virtual “hay notas sobre todo y todos”.

- ¿Cómo surge Gaytips?

- Gaytips es, en principio, ganas de volver al periodismo. Después son ganas de continuar un camino que inicié hace muchos años escribiendo en otras publicaciones de la comunidad. Son ganas de mostrar cosas que veo y que pienso o siento que no se ven. Son ganas de hacer una publicación mensual en donde quepan historias, personajes, datos, imágenes, locuras que circulan por la web o informaciones que a veces pasan de largo. Así que hace más de un año le propuse a Mathías Carnaghi, que aparte de actor es diseñador gráfico, si me acompañaba en el proyecto; aunque nos llevó un tiempito concretarlo, desde el 1º de junio estamos publicando rigurosamente número a número.

 - ¿Cómo es la inserción en el mercado? ¿Creés que llega, se viraliza entre público no gay también?

- Esto es lo que nos está sorprendiendo. Más allá del mínimo esfuerzo que hacemos por difundirla enviándola a amigos y conocidos, nos vimos sorprendidos cuando sólo durante junio habían entrado a ver la revista 6500 personas. La gente comenzó a compartir las notas, a “tuitearlas” como digo yo, a mandarnos mail, a querer colaborar con la revista, a querer que sus clases, obras de teatro, etc. estuvieran presentes en cada número. Y así es que los “mirones” de Gaytips van creciendo. Y esto está haciendo también que algunos anunciantes comiencen a querer participar. Y además está la intención de que sea una revista que todos puedan leer. Está no “apuntada” a un público sólo gay-lésbico, sino que tiene notas sobre ese segmento, pero también otro tipo de notas e informaciones que hacen que cualquiera pueda interesarse por leerla.

- ¿Por qué una propuesta digital y no impresa?

- Sería maravilloso poder hacer una revista en papel desde un lugar como el nuestro con alguien que quiera invertir, pero los costos y el tiempo que nos demandaría sería mucho mayor también. Estamos contentos con este formato que encontramos para la revista. Lo pensamos. Tratamos de darle una imagen y una forma al contenido para que, además de ponerla online todos los primeros de cada mes, luzca como una revista. Si hasta tiene una sombra en el lomo simulando la que deja la hendidura de una hoja. También tiene una tapa y una contratapa, un editorial y secciones.

- ¿Con qué criterio elijen a los entrevistados?

- Ahí hacemos un poco de ghetto si se quiere. Ya que somos una revista gay, intentamos darle visibilidad a gente del colectivo gay. Pero son gente que hace lo que todos: trabaja, actúa, filma, etc. Son personajes públicos conocidos por muchos, pero, sin embargo, tampoco nos regodeamos con su elección sexual. Podés leer los reportajes y no se les pregunta qué hacen en la cama. No nos interesa realmente, no es el espíritu de esta revista.

Walter Duche, creador de la revista Gaytips

- ¿Qué mirada manejás de la diversidad sexual?

- Toda la mirada. Tengo 56 años. Viví todos los años de la dictadura y vi todo tipo de personajes. Me comí unos cuantos calabozos sólo por estar caminando por Avenida Santa Fe, por ir a una fiesta, por estar sentado en la calle tomando un café, por subir a colectivos, a taxis que parad la policía y derecho a la 17. Ví a muchos que se rebelaban en una comisaría y los cagaban a cachetazos. Anduve de noche por muchos años con amigos y para mi casi no hay diversidad. No me asusta nada y entiendo todo. En esta revista hay notas sobre todo y todos. Todavía no hubo tiempo para que salgan “todos y todas”, pero recién nacemos.

- ¿Qué temas considerás centrales en una revista así?

- Por mi propia formación esta revista tiene un corte bastante intelectual. Mucho cine, teatro, tv, libros, cursos, arte y, obvio, gastronomía…Pero bueno, mecho también otros temas y van apareciendo cosas. Siempre de lo que me proponen analizo primero si me interesa y después si puede interesar a la gente que entra a verla. No son elecciones fáciles, no sé si tengo capacidad para saber qué pueden querer todos, pero sí sé lo que me gusta divulgar y en eso centro cada edición.

- ¿Qué temas creés que llegan más a los jóvenes? ¿Por qué?

- Esto es algo que también me sorprende de Gaytips. Por mi generación, por mi concepción temática de la revista, pensé que se iba a volcar a leerla un público más de mi generación o cercana. Y, sin embargo, las estadísticas mensuales, que miden al público que mira la revista, nos dicen que el promedio mayor -te hablo de un 60 a 70% de la gente- tiene entre 25 y 35 años. O sea, que cuando pensaba que las notas eran para un público mayor, resulta que entran a verlas un público mucho más joven que yo. Esto nos alegra, porque habla de una avidez interesante. Cuando se habla de que la juventud no lee, de que no le interesa nada…que entren a leer un artículo de Gaytips está bueno.

- ¿Creés que ésta es una revista “diferente” de las que se publicaban antes de la ley de matrimonio igualitario?

- Yo fui durante un tiempo jefe de redacción de la revista Imperio G, que lamentablemente dejó de salir hace ya como dos años. En ese momento que estuve fue casi justo para la ley e intenté llevar a muchos actores héteros a ser tapa de la revista. Y ya casi no había prurito en ellos en hacerlo.  Por ahí porque me conocían y sabían que no iba a incendiarlos, jaja. Pero ellos se prestaron a estar en la tapa de una revista gay. No es fácil elección para un galán de la tele. En cambio con Gaytips decidí que los que estuvieran en tapa tuvieran una empatía directa con el público gay, porque creo que está buena esa visibilidad que le dan. En cuanto al contenido creo que hace diez años atrás prácticamente en una revista se podían decir las mismas cosas que ahora. Creo que el matrimonio igualitario permitió más cosas para el día a día, para la visibilidad de todxs y para que la sociedad argentina entienda que existe el amor entre las personas. Y punto.

 

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“A mi novio lo mataron a golpes por puto”, cuenta Adrián

Inspirado en la historia de Luca, que no podía entrar al baño del colegio por miedo, Adrián quiso compartir su historia. Es una historia de bullying que termina en muerte. Corría, por entonces, el año 2006. Adrián creció viviendo momentos de agresiones verbales y físicas en el colegio; cuando egresó y logró enamorarse pensó que lo dejarían en paz con su vida. Pero no. La calle fue para él un aula infinita de miradas, insultos, golpiza por puto.

No fue fácil para él narrar esta historia trágica. Desde Boquitas pintadas, donde intentamos trabajar para que nunca más se vivan estas situaciones, lo abrazamos y agradecemos su experiencia compartida.

 

El bullying ahora está de moda: ¿pero antes?

Por Adrián

 

Jóvenes hondureños marcharon hoy para exigir justicia por el asesinato de 168 compañeros; Foto EFE

Gracias a Dios nunca sufrí abuso físico, pero los insultos me acompañaron durante toda la primaria, en la secundaria, ya con muchos amigos, había algún que otro pibe que me insultaba pero era distinto. Siempre que me preguntan desde cuando “sé” que me gustan los hombres, cuento la misma historia: en el jardín de infantes yo jugaba a la casita y hacía de la mamá, y recuerdo mi boletín de sala de 5 en el que la maestra (aún lo tengo) ponía en rojo “le gusta interpretar roles femeninos”. No la juzgo, creo que tendría que ver con las tendencias educativas del momento (1995).

Pero en cuanto esta etapa, sólo pasó eso. Mis compañeros del jardín me querían mucho por suerte. Cuando llegué a 2° grado mi mamá me cambió a la escuela que iban todos mis hermanos (somos 7, soy el quinto), y recuerdo que ya en la primera semana de clases viví una situación inolvidable: con un compañero del que éramos amigos, cuando se dio cuenta de mis “tendencias” comenzamos a “competir” para ver a quién “querían más en el grado” y yo le iba ganando, hasta que él dijo a todos que yo era homosexual. Y me quedé sin amigos.

Recuerdo haberme puesto a llorar con mucha angustia por ello y que la señorita preguntase qué sucedía y no querer decirle para que ella no se alejara horrorizada de mí. Así comencé a transitar un camino sin retorno, con mucho de insultos y “pequeños golpes”.

A los 12 años, en 7° grado entró un chico nuevo, que me gustaba mucho. Al ser nuevo no conocía la historia que se contaba de mi, ¡podía hacerlo mi amigo! Mi único amigo. Cuando entró la maestra lo mandó a sentarse conmigo, porque era el mejor alumno. Yo muy contento comencé a hablarle y creí haberme hecho un amigo nuevo. Pero no. Al día siguiente ya se había sumado a las filas de “insultadores” y un día como broma lo obligaron a darme un beso en la boca. Yo le dí una cachetada que casi le saco la cara de lugar; para mis compañeros eso fue una reacción afeminada que no me iban a perdonar y las agresiones verbales comenzaron a incrementarse. Y llegaron los golpes, el famoso “cachetazo” detrás de la nuca.

Así me lo banqué hasta 9° grado. Cada vez que entraban del recreo me golpearan mis compañeros. Pero un día no pude más y le rompí la nariz de un puñetazo al “líder” del movimiento, así termine 9° “en paz”.

Jóvenes hondureños marcharon hoy para exigir justicia por el asesinato de 168 compañeros; Foto EFE

En medio de esta historia tuve amigos que dejaron de ser mis amigos. Intenté tener novia para pasar por heterosexual a ver si así se calmaban las cosas. Pero siempre recuerdo con mucho cariño a muchos de mis profesores que me decían que no hiciera caso de los comentarios y me defendían. Lamentablemente el bullying hoy está “de moda”, es decir, hablar de él está de moda y se confunden muchas cosas que no lo son, y hasta, a veces, me da rabia y diría: ¿Por qué no hicieron esto antes?

Cuando uno reaccionaba (la trompada en la nariz) era un mal alumno que había golpeado a otro, pero cuando ellos te insultaban nadie decía anda. Sí, algunos profesores me defendían, pero otros hacían caso omiso, y a la directora no le importaba nada.

Así llegue a la escuela secundaria donde hice muchos amigos que me defendían de los comentarios agresivos.

Pero este abuso no termina ahí. A los 16 yo estaba de novio con un chico, noviazgo adolescente, pero muy lindo. Ya hacía tiempo que estábamos juntos, 2 años, y decidimos ir a una plaza a tomar mate. Íbamos por la calle (año 2006) y la gente nos importaba poco y nada. Pero a la hora del regreso, que era de noche, sucedió algo que me marcó la vida para siempre. Algunos jóvenes que estaban en la calle comenzaron a insultarnos sin parar, así durante tres cuadras. Y entonces Damián (mi novio) se dio vuelta para insultarlos y comenzó la desgracia. A mí me dijeron “vos vas a mirar por PUTO a ver si aprendés” y a él comenzaron a golpearlo, entre todos, menos el que me tenía a mí.

Damián murió camino al hospital. Lo mataron por puto. Obligadamente y porque también había recibido golpes, además de insultos, tuve que contarles a mis padres no sólo que era gay sino esta desgracia. Gracias a Dios, su apoyo fue y sigue siendo, incondicional hasta hoy, de toda mi familia.

Mi papá me llevó a hacer la denuncia correspondiente. Cuando me tomaron declaración no podía creer lo que veía: el policía, que se supone debería defenderme, se me reía en la cara y cuando me preguntaron por qué nos habían agredido y le contesté, él agregó: “¿Por putos?”. Y yo con una mezcla de vergüenza y miedo y sin poder contener las lagrimas dije que sí y salí de ahí. Todo siguió su curso y esas personas aún hoy caminan con nosotros por la calle.

Aún hoy no comprendo muy bien este mundo en el que la gente que agrede camina por las calles, al lado tuyo y tenés que ir viendo con quién hablás a ver si te mata o te insulta.

La verdad esto no es algo que hable con mucha gente, pero sentí la necesidad de compartirlo después de ver estas cosas en este blog.

Adrián

 

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El despertar homosexual, asfixiado en un pueblo

Nicolás tiene 17 años. Escribió a Boquitas pintadas con cierto tono de desesperanza. Vive en un pueblo del interior de Córdoba y confiesa que su vida lo “asfixia”. Salió del clóset con algunos amigos, pero no se siente libre de asumir públicamente su homosexualidad. Teme ser señalado, estar en boca de todos, no quiere exponerse. Cuenta que Internet es su vía de escape: chatea, lee este blog para conocer otras historias y sentirse menos desdichado. Pero dice que no es feliz, que no sabe cómo, que no puede.

Los dejo con su historia. Luego, espero comentarios. Nico cree que esto lo ayudará a sentirse más acompañado.

“No sé cómo llenar este vacío”

Por Nicolás

Tengo 17 años, soy gay, vivo en un pueblo en el interior de Córdoba. Vivir esta vida me asfixia. Saber que hay mucha gente que pasa por lo mismo o peor que yo no me llena el vacío. No puedo imaginar mi vida acá, tan monótona, tan aburrida. A través del monitor veo esa vida que quiero tener y no tengo. Sí, una vida llena de promiscuidad, de desencuentros, de cosas buenas y malas, pero aunque sea el formar parte ya te libera. Me gustaría conocer lo que es vivir la vida.

A través de esa misma pantalla veo gente de cuarenta y tantos, con cuerpos marcados, tratando de seguir llenando su vacío y, de alguna manera, desafiando la juventud, esa adolescencia sin Facebook, Twitter, Boquitas Pintadas, sin eso que a mi me mantiene vivo, con esperanza, con ganas. Pero son felices, entonces… ¿Cómo hicieron?

Con tanta tecnología no puedo hacerme la idea de “ser feliz”, “vivir una vida plena” porque acá no lo veo, acá de “nosotros” no se habla, acá si lo decís comenta todo el mundo. Si no lo decís, vivís esta vida a medias. Pero ellos pudieron y mi miedo es no poder, es no encontrar pareja, tener que callar esto toda la vida.

¿Cómo hicieron? Esa es la cuestión. Todo esto hace que me sienta inseguro, con miedo, perseguido. Mis amigos lo saben, mi familia no. Bah, “familia”: ni padres tengo: vivo con mi abuela.

Debería estar terminando el secundario, pero repetí y lo termino el año que viene. Tengo amigos y todos saben que soy gay, pero no me gustar salir porque los lugares que frecuentan ellos son “de pendejos” y siento que no hay lugar para mi. Tengo más afinidad con gente un poco más grande que yo. Además, como si fuera poco, me genera mucha incomodidad que, en vez de chicos, me encaren chicas. Entonces decidí juntarme con la gente que me hace bien y en lugares donde me sienta más cómodo.

El gran problema que tengo es que no me pasa nada, nada de nada. Mis días son rutinarios, de la escuela a mi casa. De más está decir que nunca tuve novio o algo con alguien, pero todos los hombres que me gustan son “mayores”. No me da culpa. Cuando mi mamá murió (era muy muy chico), mi papá rehízo su vida, tuvo otros hijos. Entonces siempre me faltó esa figura paterna, ese afecto. Pero no busco en hombres mayores lo que no tuve, me gustan y listo.

Marcha por el respeto a la diversidad sexual; Facebook Padres Madres Gay

Entonces, se me juntan muchas cosas. Obvio que lo que más quiero es irme a la gran ciudad y empezar desde cero, pero no tengo ningún tipo de certeza en que eso pase. Si a mi abuela le pasa algo, literalmente, me quedo en la calle. Ella sí que no sabe nada, lo supone, quiere saber la verdad pero no quiere escucharla. Le preocupa mucho el qué dirán y, como siempre viví con ella, las amigas me conocen…¡Mirá si se enteran de que soy gay!. Creo que me echa.

Últimamente discutimos mucho. Tengo una mente muy abierta, soy muy libre y ella no me entiende. Cree que mi vida tiene que ser como la de sus hijos (esposa-hijos-trabajo-no cuestionar nada) y eso me aterra; no quiero eso de ninguna manera. No sé como explicarle que no soy así, que no espere eso, que no puedo mentirme a mi mismo.

Me acuerdo de que a los 10 años más o menos, vi una peli que se llamaba “Los 120 días de sodoma”. Una película rarísima y en una de las primeras escenas, secuestran a dos chicos y para ver si son judios, les hacen bajarse los pantalones y ahí, en ese momento algo me paso. A partir de ahí supe no era como los otros, igual ya lo sabía desde antes, por eso nunca me costo asumirlo, sí decirlo. Chateo mucho buscando “novio” porque siento que en vez de 17 tengo 50 y me voy a quedar solo para siempre. Suena estúpido lo sé, pero ese es mi gran miedo; la soledad.

¿Qué hacer? ¿Cómo hacer que el miedo se vaya? ¿Cómo hacer para conocer a alguien que me traiga el desayuno a la cama y no caer en lo que caen esos hombres que veo, con más de 40, solos? ¿Y si me pasa lo mismo? ¿Y si nunca me pasa nada? ¿Y si tengo que vivir toda mi vida en un pueblo siendo gay?‏

Hace mucho que queria escribir pero no me animaba, no me salia, no sabia qué contar. Es tanto el miedo al miedo que ni escribir podia. Hoy pude, me siento mejor.

Nico

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“Ser homosexual es sólo un detalle en mi vida”

El dramaturgo, actor y director de teatro Martín Marcou publicó su libro de poemas: Puto Crudo (Editorial Textos intrusos). Dividido en años, a modo de capítulos, el autor presenta este “gran poema cronometrado” en el que “aparece la búsqueda como premisa central”, para usar palabras suyas.

¿Si su poesía es abiertamente homosexual? Marcou, en diálogo con Boquitas pintadas, responde: “Nunca que escribo pienso mis trabajos desde lo homosexual. Lo hago desde mi humanidad. Ser homosexual es sólo un detalle más en mi vida, entre otras cuestiones que terminan siendo para mi mucho más jugosas y relevantes”.

Te invito a esta entrevista con el autor y te convido, también, a que conozcas su libro de poemas.

- ¿Cómo surge Puto Crudo?

- Comencé a garabatear poesía en mi adolescencia. Escribía cosas muy cursis y bastante malas. Sin embargo no decliné en mi intento y seguí investigando sobre el género. Creo que la poesía en mi surge para acompañar momentos. El libro se materializa porque escribí los poemas que lo conforman durante varios años, con el deseo de que algún día llegara el momento de publicarlos. Puto Crudo es la estampa dolorosa, pero también bien alegre, de un tiempo, un signo de época.

Martín Marcou, actor, dramaturgo, director de teatro; también, poeta

- ¿Qué cambia en tu poesía el paso del tiempo?

- Wenceslao Maldonado, que es escritor y que además moderó la presentación del libro, lo denominó como un gran poema cronometrado y esa es una apreciación interesante. Hay en la elección de la división por años una valoración del paso del tiempo en el que aparece la búsqueda como premisa esencial. A veces, cuando lo releo, encuentro que todos los poemas están unidos por un hilo imaginario que es indivisible, como si durante una etapa de mi vida hubiese sentido las cosas de determinada forma y a eso lo hubiese plasmado para dejar documentada la vivencia. El libro son mis visiones acerca de las cosas que experimenté en esos años. Puto Crudo son estados de mi mente.

- ¿Es una poesía abiertamente homosexual?

- Nunca que escribo, sea dramaturgia, novelas, cuentos o en este caso poesía, pienso mis trabajos desde lo homosexual. Lo hago desde mi humanidad. Yo soy mis poemas. La forma en la que llega a los demás y las interpretaciones que se hacen de mi trabajo me interesa como parte de una construcción. Pero no me desvela. Ser homosexual es sólo un detalle más en mi vida, entre otras cuestiones que terminan siendo para mi mucho más jugosas y relevantes.

- ¿Por qué te decidiste por esa editorial?

- Textos Intrusos se interesó por mi trabajo y no me puso ningún tipo de trabas o resistencias para editar. Trabajé muy cómodo. Por otro lado me gustó mucho el formato del libro que me propusieron, me resultó práctico y, al mismo tiempo, estético. Es muy probable que edite un libro con textos teatrales de mi autoría con ellos y, además, mi primera novela.

Tapa del libro Puto crudo (textos intrusos)

- ¿Alguien leyó tus textos? ¿Qué devoluciones te fueron haciendo?

- La corrección del libro estuvo a cargo del escritor Osvaldo Sabino, que además lo prologó. El libro antes de ser impreso fue leído por algunas personas, no muchas, pero tuve en general buenos comentarios.

- ¿Qué te permite decir la poesía?

- Me permite decir mucho con economía de palabras. Es todo un desafío para mí descifrar el modo en el que puedo encontrarme con una idea que represente sensaciones. Es un espacio que, con el tiempo, se ha vuelto necesario. Lo rescato y valoro cada día más. Me entretiene escribir poesía, hay algo en la síntesis de las cosas que me permite madurar decisiones que son en sí mis propias apuestas.

- ¿Qué diferencias encontrás entre tus obras de teatro y tu poesía?

- La poesía me resulta evocativa, es un lugar en el que digo con más mesura, hay un sentido de levedad que se activa, hay otra relación con el silencio, mi interioridad se manifiesta de otro modo y entro en diálogo con la naturaleza de las palabras de una manera más sutil. En el teatro hay otro tipo de arrojo; soy más desprolijo, más caótico, expongo preguntas de un modo más intempestivo.

- ¿En qué te inspirás para escribir?

- En la gente y en las relaciones que voy gestando. En el espíritu de las sensaciones que me atraviesan, en los temas que me interpelan. En mis alegrías y en mis dolores. En el tiempo y en las ideas acerca de muchas cosas que me desvelan, siempre son temas universales.

- ¿Tenés ya otro libro en camino?

- Estoy escribiendo mi segundo libro de poemas y estoy corrigiendo dos novelas que pienso publicar el año que viene: Fracasar y La proximidad de las ventanas.

 

Resumen

Todo

La vida que termina en cualquier momento

Las cosas que entraron en nuestro mundo

Todo por un tiempo lo hice en tu nombre

¿Dónde andarás ahora con los recuerdos?

Lo sé

Lo supe de antemano

Y ahora que no estás

Aunque nunca me comprendas

Yo fui todo lo que quise ser

 

 

Puto Crudo se consigue en:

• Otra lluvia: Bulnes 640, Almagro. contacto@otralluvia.com.ar

Paradigma: Maure 1786; 4777-2746

• Santiago Arcos: Puán 467; 4432-3107. Frente a la Faultad de Filosofía y Letras, UBA

La Libre: Bolívar 646 San Telmo; 4343-5328

• Mendel Libros: Paraguay 5163, entre Humboldt y Fitz Roy; 2063-2944. librosmendel@gmail.com

• O por mail a martinmarcou@hotmail.com

 

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¿Viejos, putos, tristes y solos?

Roberto envió esta historia como una especie de homenaje a un hombre que fue su primer amor, hace 35 años. Esa porción de tiempo no es un dato menor: él menciona el contexto para recordar que en aquella época lo gay era lo prohibido, lo innombrable, lo inmoral.

Roberto rememora un momento que no puede borrar de su memoria: cuando su prima le preguntó quién era Carlos, ese chico que estaba siempre con él, lo presentó como un amigo, no pudo decir que era su pareja. “Eran tiempos en los que tenía incorporados varios mandatos sociales negativos, en donde a los homosexuales nos pronosticaban terminar nuestra vida siendo viejos, putos, tristes y solos”, dice ahora. Carlos se enojó en ese momento. Luego la historia tuvo sus vueltas.

En este relato hay dolor, amor, placares, humor, política. Te invito a conocerla.

Avenida Santa Fe, emblemática para el levante en otros tiempos

 

Homenaje a una historia de amor que sucedió hace 35 años

Por Roberto

Asisto al Grupo de reflexión de Puerta Abierta desde hace seis años. Es un espacio que me da la oportunidad de pensar y compartir sobre situaciones de nuestra vida. Nuestro coordinador, el Lic. Alejandro Viedma, nos incentiva -entre varias otras cosas positivas y saludables – a escribir sobre estas vivencias. Si pienso que aproximadamente hay 52 miércoles por año, menos 2 miércoles de vacaciones que se toma el moderador, calculando que tendré 3 faltas por año, serían 272 miércoles de mi vida que vengo contando y escuchando muchas cosas. A veces me pregunto: ¿qué me quedará para contar?

Pero siempre surge algo…

Luego de varios años, me reencuentro con mi primera pareja a la que yo siempre cuento que es mi primer amor. Con él no tuve más remedio que salir del clóset, honestamente yo pensaba que con estar a su lado no tenía opción, yo tenía en ese entonces 19 años, no tenía amigos porque había venido de Uruguay y él tenía 30 años. No tenía forma de justificar ante los ojos de mi familia cómo lo había conocido, ya que además en ese entonces trabajaba en la empresa familiar, no estudiaba y toda mi vida social giraba en torno a la familia.

Sin embargo, nunca dudé en integrarlo a mi vida, por lo cual lo presenté sin ningún problema de mi parte: era la persona que amaba y no encontraba ningún motivo para excluirlo. A pesar de eso, me acuerdo de algo que no me enorgullece. Una vez mi prima me preguntó por nuestra situación y yo le dije: “El sí es gay, yo no”, cuestión que a mi pareja le molestó mucho por un lado el outing (lo deschavé) que le había propinado y por otro lado el que yo hubiese negado lo mío y por ende nuestra relación. Eran tiempos en los cuales tenía incorporados varios mandatos sociales negativos, en donde a los homosexuales nos pronosticaban terminar nuestra vida siendo: “Viejos, putos, tristes y solos”.

Para octubre pasado lo llamé por su cumpleaños, le mandé un mensaje a él a Carlos, y, como estaba de viaje, a su regreso me llamó a casa. Para mí fue una alegría tremenda.

Hoy nosotros ya tenemos nuestros largos años y él no cambió para nada en su forma de ser, sigue yendo a bailar los sábados como lo ha hecho toda su vida, de hecho me lo encontré hace dos meses en Contramano.

Vincent Aubin y Bruno Boileau, la primera pareja del mismo sexo que se casó en Francia; Foto: AFP. (Aclaración: Reemplacé la anterior foto que ilustraba el post a pedido de la pareja que aparecía besándose; se sintieron demasiado expuestos)

En la charla telefónica de aquella vez me contó sobre su vida, su madre, etc. Continuó tratándome de la misma manera de siempre, es decir, me cagó a pedos como si siguiéramos siendo una pareja y ahí arrancamos a conversar sobre nosotros en aquellos días de nuestra juventud.

Carlos siempre se destacó por su memoria. Me empezó a decir cosas nuestras que yo tenía (digamos) olvidadas; por ahí me expresa que yo soy su gran amor, que fui el primer hombre que él amó (¿hombre?, yo tenía 19 años), y en eso me dice: “Nosotros nos conocimos el 28 de marzo de 1978 en avenida Santa Fe y Rodríguez Peña a las 21.45”. Y yo le acoté: “Sí, en la puerta de un negocio que tenía productos importados que era el único en Buenos Aires que traía perfumes, remeras Lacoste”. Y le seguí diciendo: “Yo venía caminando detrás tuyo y vos movías el culo como ninguno” (en esos años la avenida Santa Fe era como Bunker, una pasarela pública en donde se levantaba y conocía mucha gente), a lo que él me dijo: “Ahhh, mirá vos… ¿Vos te acordás cómo venías vestido?”. “No, ni en pedo”. “Tenías un jardinero de jean sin nada debajo, zuecos de madera y movías el culo más que nadie de avenida Santa Fe”.

Me terminó de decir eso y mi propia imagen se me representó automáticamente.

Cuando corté, me puse a pensar y me pregunté: ¿Realmente lo necesité a él para salir del placard con mi familia?

A esta altura parece que me basté solito, era un putito hecho y derecho…O mejor: hecho y zurdo.

 

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Soportan perder a un hijo antes que aceptarlo como gay

En el post anterior presentamos a Sofía Olguín, una joven escritora, estudiante de Letras en la Universidad de Buenos Aires, fundadora de Bajo el arco iris, la única editorial infantil y juvenil LGBT de la Argentina y de América latina. Su proyecto es innovador y, desde nuestro punto de vista, absolutamente necesario en una sociedad que pretende ser cada vez más inclusiva.

En esta entrevista, Sofía habla de “Todos mis sueños, tuyos”, una novela que acaba de publicar en España. “El libro narra un año en la vida de Alexis, un muchacho gay que se va de su casa porque no soporta su situación familiar. Siempre digo que Alexis no se va de la casa porque es gay, sino que se va porque sus padres no saben que lo es. Creo que hay que estar bastante ciego para no darse cuenta de algo así, de que tu hijo es gay y sufre por serlo”. Así sintetiza la escritora el argumento de su novela.

El libro, que se consigue en la librería Otras Letras, en Buenos Aires, y que también tiene su versión digital, a poco de salir tiene una recepción muy buena. “Todos los comentarios que estoy recibiendo de la novela son muy positivos, constantemente recibo mails de chicos de la edad de Alexis que me cuentan cómo se sintieron identificados con el protagonista”, cuenta Sofía. “Eso me emociona mucho”.

Sofía Olguín, autora de “Todos mis sueños, tuyos”; foto: bauldelcastillo.blogspot.com

- ¿Por qué escribiste esta novela?

- Escribí “Todos mis sueños, tuyos” porque siempre estoy escribiendo algo, necesito estar siempre escribiendo, aunque sea un cuento corto. Comencé a escribirla a fines del 2009/principios de 2010. Hasta el momento sólo había escrito novelas fantásticas, Todos mis sueños, tuyos fue mi primera gran inmersión en el realismo, un cambio que venía necesitando mucho. De hecho, había intentado escribirla un año antes, pero fracasé rotundamente y el resultado fue otra historia fantástica, una novela corta llamada Noches de luna roja (pronto va a ser publicada, también en España pero por otra editorial). La primera novela que me publicaron (Menfis, Eldalie Publicaciones) es una novela de terror gótico protagonizada por un cantante de apariencia andrógina.

- ¿De qué trata “Todos mis sueños, tuyos”?

- Narra un año en la vida de Alexis, un muchacho gay que se va de su casa porque no soporta su situación familiar. Siempre digo que Alexis no se va de la casa porque es gay, sino que se va porque sus padres no saben que lo es. Creo que hay que estar bastante ciego para no darse cuenta de algo así, de que tu hijo es gay y sufre por serlo. Creo. Y Alexis siente eso, que para sus padres él es invisible. Cada uno arrastra historias personales no superadas, problemas, miedos, incluso enfermedades. Y si uno no puede consigo mismo, difícilmente pueda con otro ser humano. De manera que Alexis se va a vivir con Franco y Martín, dos compañeros de la facultad (estudia Letras en la Facultad de Filosofía y Letras) y recién ahí es cuando puede comenzar a resolver sus propios asuntos, exorcizar a sus demonios y poco a poco empezar a vivir su sexualidad.

Portada de “Todos mis sueños, tuyos”; foto: www.libreriaberkana.com

- ¿Cómo fue el proceso de publicación?

- Terminé de escribirla en febrero o marzo de 2011, más o menos. El tema de la publicación, por suerte, fue bastante sencillo, contrariamente a lo que suele pasar en estos casos. Tenía claro que quería publicarla en España porque acá en Argentina no hay ninguna editorial LGBT. Hay algunas “gay-friendly”, pero que no se promocionan como editoriales LGBT y eso para mí era (y es) muy importante. Lo primero que hice fue presentarla a un concurso de novela gay-lésbica (que ya lleva quince ediciones), pero la impaciencia me ganó y en medio del certamen conocí a la editorial Stonewall. Vi que la editorial tenía abierta la recepción de originales, envié la novela y más o menos en dos meses ya había firmado el contrato de edición.

- ¿Cómo fue la recepción de la gente?

- Todos los comentarios que estoy recibiendo de la novela son muy positivos, constantemente recibo mails de chicos de la edad de Alexis que me cuentan cómo se sintieron identificados con el protagonista, cosa que me emociona mucho. También recibo mails de personas que me preguntan cómo conseguir mi libro en Guatemala, Perú, Ecuador, México… lo cual también me alegra, aunque no pueda ser de mucha ayuda ya que la única forma de conseguir el libro en esos países es encargarlo por correo ordinario (que suele ser caro) o comprar el e-book.

- ¿Por qué te parece importante publicar historias de ficción que incluyan la temática LGBT?

- Me parece importante porque escribirse no me cabe la menor duda de que se escribieron muchísimas, sobre papel o en la imaginación de los escritores, que quizá no se animaron a llevarlas a su pluma. A veces, me pregunto con qué historias nos podría haber deleitado Oscar Wilde, qué novelas u obras de teatro de amor gay se habrá llevado a la tumba. O Lorca. En estos últimos tiempos se están publicando bastantes obras de temática LGBT (aunque muy poco de «T»), y están surgiendo proyectos para darles cabida en el mercado. El único inconveniente que veo es que todavía la gente cree que este tipo de novelas son escritas solamente para personas gays (como si una novela policial la tuvieran que leer sólo detectives). Algo ridículo.

Creo que el problema parte, en primer lugar, de los prejuicios que todavía circulan en torno a la homosexualidad (“no creo que pueda disfrutar de una novela así”) y en algo muy diferente, que es el cómo se realiza la promoción de ese producto que es el libro. Si un libro se publica para todo el público, no solo se lo debe hacer visible en medios que frecuentan personas LGBT. Y eso es difícil, porque son justamente esos espacios los que recibirán el libro con los brazos abiertos.

“Todos mis sueños, tuyos”, en la librería de Otras Letras, en Palermo, Buenos Aires

 

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“No quería entrar en la colimba sin haber debutado con un hombre”

 

Daniel, que hoy tiene 49 años, recuerda su primera vez. En realidad, habla de sus varias primeras veces, sus inicios en la homosexualidad. Uno de esos momentos fue el verano del ’82. El primer relato empieza así: “Colectivo 37 rodando por avenida Callao, medio vacío. Yo estaba sentado en el asiento del medio de los cinco finales. Faltaban semanas para entrar a la colimba y había decidido no ser soldado sin antes haber debutado”.

El segundo, en sus propias palabras: “Principios del ’85. Caminando por avenida Corrientes, frente al Teatro San Martín, conozco a Julio Cesar. Yo tenía 22, él 30. Ambos estábamos en la docencia. Yo, si bien ya trabajaba como profe, recién estaba comenzando el Profesorado; él ya lo había terminado hacía unos años. Los dos estábamos apurados pero acordamos una cita”.

Por último, recuerda una experiencia que también considera una especie de debut. “Mediados del ’87, una noche a pocas cuadras de casa me crucé con otra persona: Lucas. Me miró, lo miré, me miró, lo miré, me miró, lo miré. “Hola”. “Hola”. “¿Caminamos?” “Y caminamos desde Av. Santa Fe y Bonpland hasta Cabildo y Lacroze. Y de ahí, taxi a Almagro, a su departamento”.

Daniel es un asiduo lector y colaborador de Boquitas pintadas. Esta vez escribió acerca de las evocaciones sobre su despertar homosexual en uno de los encuentros del grupo de reflexión para varones gays que coordina el Lic. Alejandro Viedma en la ONG Puerta Abierta. Dice Daniel en su Facebook -y autorizó a que lo publicáramos-: “Gracias a Alejandro Viedma quien, desde lo grupal, genera un espacio que lo lleva a uno, por ejemplo, a estas experiencias de contribuciones para el blog Boquitas Pintadas…!!!”.

“Somos novios”, Barcelona, España; Foto de Ignacio Lehmann; Proyecto: 100 World Kisses

 

Primeros,

Por Daniel

Verano del ’82. Colectivo 37, rodando por avenida Callao, medio vacío. Yo estaba sentado en el asiento del medio de los cinco finales. Faltaban semanas para entrar a la colimba, y había decidido no ser soldado sin antes haber debutado…

Sube él y se sienta al lado mío. Me mira, me toca con la pierna, se baja el cierre de la bragueta. A esta altura ya estábamos por avenida Las Heras y, sin mediar saludo, me dice: “¿Venís a casa? Yo me bajo en la siguiente”.

Y me bajé yo también.

Nunca le dije que era mi primero, pero por supuesto se debe haber dado cuenta de que yo era muy novato (me tuvo que explicar qué significaba “bajar”, “activo” y “pasivo”, por ejemplo)…

Hoy no me acuerdo ni su nombre ni su cara, apenas una idea borrosa de su cuerpo. Pero ese momento para mí fue un salto cuántico.

Nunca había tenido juegos sexuales con otra persona y mucho menos había hablado del tema con nadie. Me mandé solo y, después de esa cama que hoy no sería recordable, yo era otro. Un otro con menos peso encima, con cosas más claras. Y la maravillosa imposibilidad de volver atrás.

Principios del ’85. Caminando por avenida Corrientes, frente al Teatro San Martín conozco a Julio Cesar. Yo tenía 22, él 30. Ambos estábamos en la docencia. Yo, si bien ya trabajaba como “profe”, recién estaba comenzando el Profesorado, él ya lo había terminado hace unos años. Los dos estábamos apurados pero acordamos una cita. A partir de ese momento la confitería La Ópera, de Corrientes y Callao, se convertiría en “nuestro” lugar. Yo vivía con mi familia, él con la suya, por lo que nuestro “romance” se desarrolló por las calles de Buenos Aires. Mucho café, mucha caminata, mucha charla. Eran otros tiempos así que nuestras muestras de afecto en público se reducían a rozar nuestros dedos o jugar con nuestros pies bajo algún largo mantel. De vez en cuando, un lugar más oscuro nos permitía “robar” un beso.

Sandra y Celeste: Mujer contra mujer

 

Apenas un par de meses después de habernos conocido, Julio me propone que nos vayamos en Semana Santa a Chascomús. El día de nuestra partida nos citamos, por supuesto, en La Ópera. Allí me dice que como nosotros no podíamos casarnos… ¿Se acuerdan de los tiempos en los que no teníamos los mismos derechos con los mismos nombres? En fin, decía, como nosotros no podíamos casarnos “en serio”, no me podía dar un anillo, pero igual quería darme algo que simbolizara nuestra unión. Y me regaló una pulsera. Igual a la de él, claro.

Y en ese momento me di cuenta de mi error. O de mis errores, mejor dicho. Uno: él estaba mucho más metido en esta relación que yo. Dos: yo sí estaba enamorado… de la idea de tener un novio.

Y como uno era más joven y más pavo, agrego un error más: me callé la boca y nos fuimos igual a Chascomús. No puedo decir que la haya pasado mal – para nada! Pero igual siempre tenía el agridulce sabor de saber que estaba disfrutando un lindo paseo y haciéndole creer a alguien que todo estaba bien… cuando en realidad, para mí ya no había nada. Cuando, en realidad, para mí no había habido sino sólo un espejismo.

O tal vez tan sólo el miedo no dejó que apareciera…

Sandra Mihanovich – Puerto Pollensa

 

A la vuelta, y justo el día que iniciaba terapia, Julio y yo nos dijimos adiós. Nos habíamos citado en un bar cerca de mi psicólogo. Yo estaba envalentonado por mi primera sesión y eso me permitió poner las cartas en la mesa. Te herí, Julio, lo sé muy bien. Era yo muy joven, muy inmaduro, pero eso no quita el sabor amargo del momento ni aún hoy, tantos años más tarde. Pero, eso sí, aprendí una lección muy importante: no se juega con las personas…

Si bien después –entre Julio Cesar y el que nombraré luego- hubo alguien quien fue el primer hombre que me quitó el sueño mientras me hacía soñar con una pareja que sentía tangible de una forma inédita para mí, el sueño duró poco y nunca pasó nada con él.

Un par de años más tarde, a mediados del ’87, una noche a pocas cuadras de casa me crucé con otra persona: Lucas. Me miró, lo miré, me miró, lo miré, me miró, lo miré. “Hola.” “Hola.” “¿Caminamos?”.

Y caminamos desde avenida Santa Fe y Bonpland hasta Cabildo y Lacroze. Y de ahí, taxi a Almagro, a su depto.

Y nunca hasta esa noche la había pasado tan bien con alguien.

Empezamos a salir: confiterías, cine, caminatas. Una noche la luna nos guiñó un ojo mientras se disfrazaba de aguacero y cuando llegamos a su casa, empapados, comenzó una de las mejores noches de mi vida y el momento en que me di cuenta que con Lucas había algo más que “buena onda, buena cama”.

El momento en el que me di cuenta que todos los anteriores no habían sido sino una preparación y que, de alguna manera, Lucas era mi verdadero primero.

 

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La primera lesbiana que reclama una indemnización por la represión franquista

En estos días se conoció el caso de la primera lesbiana que pidió indemnización por la represión franquista, que la condenó a una pena de entre cuatro meses y tres años para  “reeducación”. El régimen acusaba a esta chica de 17 años de ser un “peligro social”.

Dos chicas besándose en Londres; Foto Facebook Ignacio Lehmann

Al leer sobre este caso en el diario El País, de España, resulta inevitable no establecer la conexión con lo sucedido durante la última dictadura militar en la Argentina. “En este país aun hoy falta el reconocimiento de los gays, lesbianas y trans que desaparecieron bajo el régimen militar. Esta es una demanda de nuestro movimiento y debería ser de toda la sociedad”, señala la abogada de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT ) Natalia Milisenda, defensora de la familia de Natalia Gaitán (la cordobesa lesbiana de 27 años víctima de lesbofobia).

La abogada recuerda que en la Argentina se estima que al menos unas 400 personas de la comunidad desaparecieron sólo por el hecho de ser homosexuales o travestis. “La orientación sexual fue causal de desapariciones y de agravamiento de las torturas”, denuncia.

El caso español –se preserva la identidad de la mujer- sucedió en 1974. Ella tenía 17 años y la causa de su sentencia fue que era lesbiana y por este motivo, informa El País,  pasó cuatro meses en la prisión de Alcázar de San Juan (Ciudad Real). La noticia que se conoció ahora fue que la Asociación de ex Presos Sociales presentó la denuncia para que esta persona sea  indemnizada por aquella condena. En España rige, desde el 23 de diciembre de 2009, este derecho a reclamar del que ya habían hecho uso gays y trans, pero nunca lesbianas.

“Esperamos que esto sirva de ejemplo para que otras mujeres, siendo lesbianas que hayan sufrido encarcelamiento, persecución o internamiento en manicomios, sigan el ejemplo de esta compañera para conseguir de alguna forma, restituir la dignidad que les fue robada”, dijo el presidente de la asociación, Antoni Ruiz, en una nota que cita el diario español.

Las deudas argentinas

Al conocer el caso de resarcimiento en España, Milisenda celebra y establece el link con nuestro país, un lugar en el que reconoce avances en materia de conquistas de ciudadanía, pero en el que observa materias pendientes. “Todos los sistemas totalitarios pretendieron imponer determinada moralidad, no sólo los dictadores sino también los sectores sociales que los apoyaron”, señala. “Para ellos, para la Nación que pretendían construir, los gays, lesbianas y trans eran inmorales y perversos y atentaban contra su modo de vivir”.

En nuestro país, ley de matrimonio igualitario y ley de identidad de género de por medio, hoy la situación es otra. Sin embargo, la abogada recuerda: “No nos olvidemos que en las provincias todavía rigen los códigos de faltas que se usan para perseguir y que siguen regulando la ‘moralidad y las buenas costumbres”.  Esto sostiene algún grado de criminalización de las personas que no cumplen con los estereotipos de lo “moralmente aceptable”.

En este sentido, la democracia sigue excluyendo a los diversos.

 

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