La luz de un cigarrillo, una obra sobre inmigración e identidad sexual

En una conversación con Boquitas Pintadas, el dramaturgo Daniel Teveles habla de La luz de un cigarrillo, la obra que dirige y puede verse por estos días en Buenos Aires. Va los sábados a las 20:30 en La Mueca, Cabrera 4255.

Daniel Teveles director de La luz de un cigarrillo; foto: prensa

-¿Por qué decidiste adaptar esta obra? ¿Qué encontraste de atractivo?

-La luz de un cigarrillo, de Marco Antonio Rodríguez, es una obra costumbrista, cursi como estética y pasionalmente latina. El texto me atrapó porque está excelentemente escrito. El autor, de origen dominicano y nacido en Nueva York, sabe y conoce muy bien la historia de estos inmigrantes. Es un texto increíble y brillante, donde el costumbrismo está insertado de tal manera, en un contexto totalmente diferente y entra en conflicto con fuerza, molesta, incomoda al espectador y eso lo hace rico como estructura dramática.

La obra habla sobre la inmigración, las raíces y la identidad. Estos temas me movilizan y están muy adentro mío (soy nieto de inmigrantes), encierran cierto misterio y preguntas. De eso no se hablaba. Era oscuro y sufriente. La guerra y adaptación al nuevo mundo. Sin embargo, esos recuerdos de mis ancestros eran contradictorios. Ellos añoraban muy a pesar de todo su tierra natal. Y esto es lo que les pasa a los personajes de esta obra. También me interesó esa construcción subjetiva, como concepto de identidad cambiante. Estos emigrantes buscan un exitismo, donde priva lo material, deslumbrados por el “carro”, las marcas que etiquetan, las luces de neón. Donde no hay un techo, más allá de las necesidades básicas que son reales y concretas y emigran. El concepto de nacionalidad… ¿Qué soy: Dominicano o Norteamericano? Es una construcción subjetiva, que no es pura. La masculinidad como construcción subjetiva, tampoco lo es. Como cada uno se ve a sí mismo. Y ese dinamismo cambiante, donde nada es puro en sí mismo, “contaminante “, es atractivo.

Un maestro mío, en Dirección teatral, decía que es muy difícil dirigir historias donde los personajes estén ligados a nuestra propia historia, que el Director necesita poner distancia. Y, si bien hay cierta verdad en el asunto, esto no es absoluto. La elección de un texto siempre está condicionada a cuestiones propias en algún punto. En mi casa estaba la idea de que los hombres no deben llorar, el debut sexual era un examen, el fútbol y los autos eran los pilares de lo masculino. Y a mí no hay algo que me aburra más que el fútbol. Todo era una mariconeada si salías de los preconceptos culturales pautados. El deporte nos hacía hombres fuertes, los profesores de educación física llevaban la masculinidad como sinónimo de ser un buen deportista. Eran fascistas en su concepción y, aunque suene vengativo, lo padecí. Pertenezco a una generación de cambio, bisagra. No existe cuestión más visceral que las raíces y como uno se ve por dentro…él ¿quién soy?

¿El quién soy yo? está ligado a nuestro ser más íntimo. Siempre estamos en la búsqueda de lo que somos, como los personajes. Cambiantes. ¿No es eso muy humano?. Se es misógino de una manera similar a la que se es racista. Yo como judío entendí el concepto de homofobia. Me identifiqué con esa problemática y el protagonista como minoría.

Soy médico y una vez me llega una consulta de un padre que me cuenta sobre su hijo. Y me queja de que no sólo es judío si no homosexual. No entra dentro de los parámetros sociales al 100 %. Doble minoría. La lucha será doble en la búsqueda de generar y buscar nichos de libertad. Acá, además se incorpora la dura contradicción de lo dogmático, de la religión, homosexualidad y pecado.

Los conflictos de esta obra tienen que ver con los deseos opuestos intensos, de choque entre Luz (que encarna la actriz Gaby Barrios) y Julio Cesar (Orlando Alfonso).

Los personajes son ambiguos, contradictorios y divertidos, porque son opuestos. Tienen energía por demás. Los ensayos también fueron agotadores por ese motivo. Me gustan las transiciones cortas en las emociones, porque revelan una auténtica pasión irracional. Ritmo en la sangre. Merengues, boleros, palo dominicano, matizan los altibajos de los personajes. Bailan merengue aunque se les caiga el mundo. Y eso es un diamante en bruto para trabajar en dirección.

Está hablada en un acento dominicano y eso fue un gran desafío para mí, especialmente por lo exótico. Buscaba que suene orgánico, natural, no impostado. Fue una decisión difícil, pero interesante de encarar. Tuve que trabajar desde dos lugares al mismo tiempo, la emoción y el acento local. Conté con dos asesores de acento dominicano y costumbres. Y eso hace que las imágenes teatrales sean frescos de una aldea dominicana, en un contexto puramente gringo.

-¿Por qué la adaptación del texto de Marco Antonio Rodríguez?

-El texto es intenso y visceral. Como director requiero libertad, no puedo trabajar un texto de otra forma. La adaptación es necesaria cuando concibo un proyecto teatral, porque necesito, además, resaltar los aspectos del texto que quiero contar, recrearlo, de acuerdo a mi propia mirada, concepción estética y dar lugar a las imágenes integrales que aparecen en mi imaginario, en mi interior. Y además es importante considerar que está destinado a un público argentino, diferente, personal. No es el espectador de Estados Unidos u otros países de Latinoamérica, hay muchas cuestiones que nos son propias.

Marco Antonio, el autor, nos mostró como un público exigente, en una entrevista. Yo diría distinto.

Le agradezco al autor infinitamente, porque me permitió esos cambios. El estuvo para el estreno y su aceptación, me alivio en sobremanera, de esta, mi versión personal de La Luz de un Cigarrillo. Lo hizo explícito en un reportaje televisivo en Nueva York. Traté de no apartarme de lo que el autor quiso contar. Hay un personaje nuevo, como el espíritu de sincretismo, de la tierra o, de la curación, del vudú, que no está en el texto original. Realismo mágico, una inserción cultural afro latina, de profunda raíces dentro de otro contexto muy opuesto. Eso me gusta. Mezcla de culturas en permanente construcción e intercambio. Es un espíritu de resolución (Raga Hernández) que cura y sana el conflicto y traen la impronta de las raíces, como en un espejo, donde los personajes se miran. La orientación sexual de Julio César (que interpreta el actor Orlando Alfonso, hijo de Luz), me llevó a cambios de mi mirada. Ellos me llevan a una visión de adulto en el personaje, fuera de las inhibiciones y mirada de su madre. Se despide, no como un niño que adolece. El busca y trata desesperadamente buscar su libertad, y ser aceptado como tal, en un lugar o un espacio, que no le sea hostil y no lo asfixie. La alusión de Trujillo en esta versión, que hace su madre, frente a determinadas cuestiones, encajan muy bien con su personalidad. Ella hará lo que puede y modificara su postura, en 48 horas que dura el encuentro con su hijo, y lo hará a su manera. Los personajes necesitan un tempo dramático y procesar sus emociones de acuerdo a lo que son. Aunque deseemos lo contrario. Ellos son de una determinada manera y esto no se modifican totalmente, menos en ese corto tiempo. Por eso, he recortado textos, agregando otros para agilizar la puesta .

Acentuar la problemática de los inmigrantes, fue una búsqueda constante, porque la temática es de gran actualidad, Textos como…, háganme la fila, dice un coterráneo en el consulado, que daba más miedo que el cónsul, ¿Hablan inglés? …un culo cagao del mismo barrio, en la obtención de la visa “gringa”, .son alusiones que acentúan el dramatismo…. Porque recurren a actos de supervivencia contraria a la ética y en una desesperada necesidad de pertenecer, desvalorizando su propia cultura, su lengua. Nunca, además, los inmigrantes, se terminan de ir del lugar de origen. No somos de allá dice Luz, ni de acá tampoco dice Divina (hermana de Luz y tía de Julio Cesar que encarna Mirna Doldan)…….. Los sueños se realizan cuando uno vuelve…… Porque recién en generaciones posteriores, serán ciudadanos de primera, con todos sus derechos.. ¿Qué buscan Luz y Divina, esas hermanas, cuando emigraron a ese mundo que les es hostil?

Bienestar, una vida mejor, pero solo está en su imaginario. Luz está sobreadaptada y por su estructura psíquica, en contradicción permanente. Porque fueron muchas las pérdidas. Luz se queja de que el sistema la explota. El no pertenecer, le genera rechazo. Luz dice, acá apenas me ven, se queja de su destino…. Sin embargo, quiere la Green Card, como un divino tesoro. Divina esta en ese mundo que ella eligió, hasta cierto punto. Es honesta y mas autentica, lo vive de forma menos hipócrita, más libre, sin olvidar sus raíces, los olores de su pueblo, sin tanta culpa. Por todo esto necesite recrear texto para mostrarlo y recortar otros, con poesía que ayude a las acciones.

-¿Qué concepción de familia se pone en juego en la obra?

-Hay tres núcleos o modelos de familia en el texto. Lo que está en discusión es el modelo tradicional: dos mujeres, dos hombres, como nuevos modelos de la modernidad.

1 Luz, madre soltera

2 Divina, un núcleo familiar tradicional, pero divorciada.

3 Julio César con Russel, su pareja gay hombre. Y Maggie gay mujer.

-¿Qué momento de la obra rescatás como más memorable desde tu punta de vista y por qué?

-La obra tiene escenas de mucha belleza y sensualidad. Son imágenes que me conmueven La aceptación de Luz cuando su hijo se va y lo hace de la manera que ella mejor puede hacerlo. Julio César se sorprende y da una imagen de felicidad en su rostro, con acciones, sin palabras. Difiere de la original. Es de extrema ternura. Salió de mi imaginario y la he visto desde su gestación, no obstante, me produce piel de gallina, cada vez que la veo. Pero verla en el afuera, es sublime. La escena del espíritu y las miradas de conciliación madre e hijo, de la “curación” del conflicto y el retorno a las raíces, son de un humanismo increíble. La escena del baile casi edípica de Divina con Julio César en La Lupe y otra con la vecina, después de un tensa pelea.

-¿Cómo contarías lo que trata la obra?

-Luz, una campesina dominicana inmigrante en Nueva York, espera en casa a su hijo Julio César quién regresa de Dallas después de 5 años, para asistir al velorio de su padre.

Julio César es homosexual, decidió ser actor en contra de la voluntad de su madre y necesita desesperadamente aclarar su pasado, su origen. Luz es profundamente machista, reniega de su país, de su familia. y nada de lo que deseó para su hijo se ha cumplido .

En medio de esta compleja relación madre – hijo, aparece Divina, hermana de Luz. Una mujer orgullosa de ser dominicana, amante de la música, la comida y los hombres. Divina perdió a su hijo Albertico en un accidente aéreo y vació ese amor de madre en su sobrino.

Durante dos noches, esta familia intenta reencontrarse con un pasado que está lleno de secretos, prejuicios y dolor por la pérdida de la patria y los amores. Una testigo del conflicto familiar es su vecina y compañera de soledad, la cubana Lydia (Lucía de Vita) que aporta notable sensualidad a las escenas.

-¿Cómo se trama la homofobia, el machismo y la inmigración?

-Bolita, judío o ruso de mierda, puto de mierda, se la come, judío usurero, me salió machito, el vago, es un nerd, etc. son palabras que están en el inconciente colectivo. Siglos de oscurantismo religioso, hipocresía y prejuicios están en los humanos, todos estamos etiquetados…Los ideales de lo que es ser Hombre en el imaginario de esta madre, tan conservadora, son inobjetables para ella, contiene estrictos juicios de valor. La religión y la diversidad no se define claramente. La Iglesia católica no se juega en forma clara. Luz idolatra al Papa y pesa…Y años de historia familiar condicionaron su ideas. Su único hijo no entra dentro de sus cánones. Luz es un personaje muy solitario, no tiene a nadie pero tampoco termina de aceptar a su único hijo.

La protagonista es un personaje muy complejo. Ella llegó a Estados Unidos buscando un futuro mejor, pero nunca terminó de adaptarse e integrarse a la sociedad. Por un lado, critica su Dominicana natal, no la quiere volver ver pero aún cocina sus sabores, escucha su música, baila sus ritmos. Se siente desilusionada en su vida, no termina de pertenecer a ningún lugar, tiene su greencard, sus varios trabajos pero sabe que no es Americana. No es de aquí, no es de allá.

Julio César y Luz son dos personajes que no terminan de encajar, de pertenecer. El hijo no entra en los ideales de su madre y le oculta su verdadera persona, no comparte su vida con ella. La madre quiere participar en la vida de su hijo, pero ella misma se ha puesto las barreras en su relación con su hijo. La obra muestra la relación de estos dos personajes que buscan aceptación, ya sea de una madre, de una hermana, de un hijo o de uno mismo de la sociedad.

Toda fobia implican miedo, pero la homofobia involucra odio, miedo e ignorancia. Los miedos, los prejuicios, existen, es parte de la condición humana .La cuestión está en la medida y tomar conciencia de ello, entonces podemos llegar a modificar y producir los cambios y y desprendernos de los lastres.Dudo que esto se modifique en su totalidad. América se construyo de inmigrantes e indígenas. Tememos al diferente, por nuestra propia seguridad. Miles de voces se alzan en busca de cambios sociales, ese es el camino. El matrimonio igualitario legal es en parte por ello. Pero esto no alcanza, porque los prejuicios están y lo peor es cuando no lo están abiertamente, adoptan diferentes formas, como la censura , ignorando y descalificando al diferente.

Pero si hay algo que nos salva es el amor, esa construcción tan maravillosa que tenemos para llegar a poder aceptar las diferencias, como lo hace Luz, al final, en esta historia de familia “normal y corriente”.

 

Sin comentarios

El teatro, una oportunidad para pensar el tema de una nena trans

Te estaba esperando, una nueva obra dirigida por Martín Marcou, se estrena este viernes en el Camarín de las Musas. La propuesta se anima a avanzar en el tema de una nena trans en el contexto de una familia “disfuncional”. En esta entrevista con Boquitas pintadas, el director de la obra revela las razones que lo llevaron a escribir y dirigir esta obra que va más allá del tema trans en la infancia: habla -en términos del propio Marcou- “del miedo a lo distinto, del rechazo a lo que está por fuera de lo normado y de su lugar dentro de la militancia en favor de toda expresión de diversidad”.

Foto: Duche & Zárate

- ¿Cómo surge la idea de la obra?

- Las primeras preguntas aparecieron en el año 2010. Por un lado me puse a pensar en todo lo referido a la idea de “esperar” en el más amplio sentido de la expresión, en qué me pasaba a mí con eso, en qué esperaba yo de mí mismo, de la vida, de la gente, y qué me habían hecho sentir sobre esa idea. En forma inmediata lo uní con la sensación que me producen los sistemas que limitan y generan exclusión y lo instalados que están en el inconsciente cultural. La idea del miedo a lo distinto, el rechazo a lo que está por fuera de lo normado y mi lugar dentro de la militancia a favor de toda expresión de diversidad, me llevaron a terminar de darle forma a lo que quería decir y a cómo lo quería contar.

 

- ¿Qué investigación se hizo para el acercamiento a un tema tan complejo como el de una nena trans?

- En este caso el acercamiento al tema surgió de forma inconsciente y natural, ya que mi mejor amiga de la infancia es trans. Creo que fui acompañando a través de los años su elección, ni tolerando, ni aceptando que son términos que detesto, sino trabajando mi capacidad de comprensión para quererla a ella con más nobleza y honestidad. Aún hoy reflexiono profundo sobre el tema, porque al principio, cuando comencé a esbozar las primeras ideas, recién aparecían algunas terminologías para nombrar de modo correcto las maneras de auto percibirse. Me fui adaptando y aprendiendo de todas las expresiones relacionadas con la identidad de género y además comprendiendo todas sus variables en la dimensión más humana de la cuestión. Todo es aprendizaje y construcción. Me ayudó mucho haber trabajado en otra de mis obras con actrices trans, ir a marchas, charlar con activistas, verlas en acción, ver documentales, películas,  videos, leer sobre teoría queer.

 

- ¿Por qué te parece importante abordar este tema muchas veces incomprendido?

- Siempre estuve muy atento a las manifestaciones vinculadas con las minorías sexuales, y aunque muchas veces me peleé con el lugar que nos da la sociedad héterocapitalista machista y patriarcal, siento que la única manera de desmontar algunas cuestiones y trabar luchas es reconocernos como esa minoría, no hay nada de malo en eso, creo que es una realidad tangible y que desde ahí se puede transformar; me parece, en realidad, un lugar muy poderoso. Mi lugar de enunciación política siempre ha sido el teatro y desde ahí, (yo no resisto), construyo e intento cambiar lo que no me gusta empoderando mi discurso. Yo hablé siempre de esos temas que para muchas y muchos es incómodo porque prefieren no ver, yo se los muestro a mi manera, en el escenario, visibilizando lo que pretenden in-visibilizar. Esa es mi posición, la sostengo, la defiendo, creo en ella.

- ¿Qué le aporta el hecho de tratarse de una niña trans en un contexto rural? ¿Y qué le significa a él la crianza en esa familia tan particular?

- El contexto donde uno se cría siempre es determinante. El personaje no tiene modelos, se auto percibe y se construye a su manera, en un marco singular, silencioso y violento, ahogada en este caso por una madrastra que no la acepta y una media hermana que le teme y la ignora. Además su padre es una figura ausente que viaja por trabajo y al que ve poco. Su única compañía son los perros y las Nanas que van pasando, que siempre se van, están de paso en su vida. Por eso La Nana que vemos en la obra, que es la última que llega a la casa tiene tanta incidencia. Porque no solo viene a cuestionar la idea de familia como institución, sino que viene directamente a destruirla. En ese sentido hay una posición muy determinante: este personaje no cree en la familia, en todo caso cree en agruparse con el que uno tiene ganas rompiendo compromisos que asfixian y limitan. La familia para ella es una prisión, no es una posibilidad, no cree en las libertades manipuladas, sino en construir su propia idea de libertad, que para ella es perfecta porque no pide permiso para que se la otorguen, sino que la vive.

- ¿Cómo fue la elección de actor de quien sería la nena trans? 

- Es un adolescente. No quiero contar mucho para que vean la obra. No fue una búsqueda sencilla, yo quería un actor trans, ésa fue mi primera elección, pero todo me fue llevando por un camino diferente. De hecho empecé a ensayar con dos actores: una mujer y un hombre, en un momento llegué a tener un nene trans y una nena trans, los dos a la vez, se me armó un quilombo en la cabeza terrible, se me mezcló todo, demasiado, y los actores me iban siguiendo como podían y aportando, pero no podía entender bien qué es lo que quería decir, qué pasaba. Todo se me fue develando con el tiempo, los ensayos y a partir del encuentro con personas muy valiosas que aparecieron y terminaron de mostrarme qué estaba diciendo y cómo se veía eso. El trabajo con el actor fue muy interesante porque aprendí mucho y eso para mí es el verdadero valor de todo esto: la experiencia. Por eso hago teatro, para aprender mientras disfruto.

Ficha Técnica:

Elenco: Silvia Trawier, Sofía Bertolotto, Eugenia Iturbe, A. Zedy.
Asistencia de dirección: Paola Salamone
Escenografía y vestuario: Carolina Paredes
Maquillaje: Pablo Pérez
Música Original: Carolina Curci
Dramaturgia y dirección: Martín Marcou
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Juan Pablo Geretto y el regreso de la maestra normal

Podría decirse que desde la infancia Juan Pablo Geretto fue construyendo este mundo femenino que lo acompaña desde siempre en la actuación. Ana María, la Nelly y la mamá de Chucky, que están en escena en Como quien oye llover (Paseo La Plaza), y la Maestra normal, que regresa este jueves 1 de octubre en el mismo complejo de avenida Corrientes, se inspiran en las mujeres que rodearon a Geretto en su niñez en la pequeña ciudad de Gálvez, en Santa Fe. “Era rehistriónico el barrio”, dice en un momento de la charla con Boquitas pintadas.

Está sentado a una mesa de madera rústica en su estudio. Detrás de él, un gran espejo vertical refleja su espalda en remera azul. Resulta inevitable buscar en él un gesto, una mirada, un tono que remita a esas tremendas mujeres a las que da vida este actor que brilla con monólogos propios que combinan humor y drama.

Geretto, entre sus “mujeres”; foto: gentileza Prensa

Como quien oye llover es una obra que Geretto escribió a los 20 años. Allí tomaron vida esas tres mujeres que, desde entonces, fueron madurando sobre el escenario con él.

- ¿Por qué ese nombre: Como quien oye llover?

- Me gustó el título, a lo que refería el dicho. Eso que sucede mientras uno está haciendo otra cosa. No sé si tienen que ver con algo específico en la obra, pero sí con un estado. Todo lo que pasaba en la infancia cuando uno era un niño y que ni sabía que estaba metiéndose toda una estética en la cabeza. Estaba creando un mundo alrededor de una mirada, de una situación, de un lugar, de un paisaje.

- Empezaste teatro a los 8 años: ¿sentís que ya entonces empezabas a plasmar esta mirada?

- Se fue dando con el tiempo la búsqueda de hacer algo propio básicamente porque en el interior no existen productores que te propongan cosas. En esa búsqueda de tener un material propio me surgió esta voz personal.

- ¿Esa voz te hablaba de estas mujeres?

- Sin duda. Todo comenzó con amigos transformistas que venían de esa estética. Los conozco a ellos, empiezo a transitar esa estética y se fue sumando mi voz. No podía hacer playback de canciones, que era lo que se hacía mucho. No me salía. Me salía hablar. Tener un discurso, imágenes propias. De la fusión de eso salió esto.

- ¿No sentís que fue muy arriesgado lanzarte al transformismo, que te encasillaran en eso?

- Tenía 20 años. A esa edad uno no piensa que se va a encasillar en nada. ¡Si pensás que sos eterno! Hacía lo que tenía ganas, ese era un lugar divertido, ni siquiera sabía que iba a ser actor. Ese era mi espacio, mi deporte, como el que disfruta de jugar al fútbol o al tenis.

Ana María, en el cuerpo de Geretto

- ¿Sentís que en ese tránsito con las mujeres ellas crecieron, maduraron con vos?

- Sin duda. Ellas se van ajustando en el día a día en escena. Y también hubo un salto estético importante desde hace 10 años a ahora. Hubo un momento en que dije: ‘Ya no tengo ganas de maquillarme como antes, de mostrarme como antes’. Es otra etapa y con estas mujeres ya coexistimos hace mucho.  A esta altura, más que ellas con su poética soy yo con ellas. Y tiene que ver con la confianza que uno va ganando en el escenario, en la actuación y con una búsqueda mía de que con menos elementos y más actuación se puede decir mejor.

- ¿Qué sentís cuando te pintás con estética femenina? ¿Creés que a tu obra la cruza la cuestión trans?

- Ese debate de lo trans siempre estuvo entre la gente con la que me junté. Para mí no es nuevo. Igual es una época medio rara para todo esto, porque por un lado te podés casar, pero siguen metiendo gente a los reality y cuando alguien dice que es homosexual todos hacen: ‘¡Ohh!’ No entendés en qué momento social estás. Para mí lo nuevo sería que no hablen del tema. Entiendo lo que puede llegar a vender en un medio que se muestre a un gay o a una trans, pero desde el punto de vista de mi deseo me gustaría que no se hable ya del tema, que pasemos a la etapa de ´no quiero diferenciarme de éste, ni igualarme con otro’. Sí, somos todos distintos. No hay más que eso.

Para quienes hace mucho que venimos con el conflicto encima llega un punto en que te da fiaca que los medios usen el tema para comerciar, para obtener rating. No lo veo algo sincero, no veo a alguien que quiera comprender a otro.

- En la obra se ve a un niño que quisiera jugar en el rincón de las nenas y no lo dejan: ¿creés que algo de esto ha cambiado?

- En el espectáculo trabajo con el prejuicio. En ningún momento se habla ni de identidad sexual ni de orientación sexual; eso está en lo que comprende la gente de eso. A mí me interesaba plantear a un niño que quería algo, no en desmedro de otra cosa. Quería ambas. Esto tiene una parte de resiliencia de mi propia historia, porque es la mía.

Creo que profundamente no ha cambiado mucho, cambian algunos aspectos. Por ejemplo, los docentes lo van a pensar dos veces antes de reprimir, de decir algo. Puede que ahora uno ponga en tela de juicio su propio pensamiento y no lleve siempre su verdad por delate. Pero profundamente no cambió el miedo de que tu hijo sea diferente. Como si no fuéramos todos diferentes…

Geretto, en Como quien oye llover

- En el caso de las mujeres que representás, ¿también partís de recuerdos de tu infancia?

-Sí, totalmente. Rehistriónico el barrio. Sin duda se van agrupando algunas de ellas para conformar una nueva, pero seguro que son textos que resuenan en mi cabeza de otras épocas. Sobre todo, estados. Porque el texto puede ir cambiando: de humorístico a más dramático, puede ir mutando. El humor se construye a partir de eso, de un profundo drama que ya no puede ser tratado de tan insoportable que resulta. Entonces muta a humor. Sin duda, toda esa teatralidad estaba en mi barrio.

- ¿Lo que vienen a decir esas mujeres es que están solas?

- Muy solas. Pero, ¿quién no? No porque uno sea solo de la soledad absoluta, pero hay momentos en que uno está solo con sus pensamientos. Es ese momento de la vida en que se siente solo porque no es dos, es uno. Nadie te puede comprender, nadie te puede acompañar.

- Ana María [uno de los personajes], pegada a su perro, es una especie de dos todo el tiempo…

- Bueno, claro. Pero es una mina que mutiló un perro para ser dos, digamos (se ríe). De todos es el personaje menos pueblerino, el más urbano. Y es la que más manifiesta el peso de la soledad. Las otras tienen a sus hijas y su marido, a quienes odian, pero que están.

- Parece la más machista, la que banca esa idea de ser “la otra” toda la vida…

- Nunca entendí bien cómo funciona el matriarcado y el patriarcado. Porque son las madres las que transmiten el machismo, pero creo que muchas veces se trata de un matriarcado machista. En el fondo la que domina, la que tiene el cerebro de la casa es la mujer. Entonces, es un matriarcado y luego es una casa machista también. Es más complejo que ese pensamiento de que los hombres son machistas y las mujeres, feministas. Estas tres mujeres son tres tipos en realidad en su energía.

Como quien oye llover va de jueves a domingos en el paseo La Plaza. Geretto cuenta que en sus días libres lee teatro, novelas y mira series. Siempre está en búsqueda. Dice que le gustaría, con el tiempo, hacer algo sin humor, más iracundo, con otro perfume. Sin embargo, el nuevo desafío inmediato es el regreso de la querida maestra, un personaje que tomó notoridad masiva cuando pasó por VideoMacht, el programa que conducía Marcelo Tinelli.  “Hacemos este mix para cerrar el año. Vamos hasta noviembre con las dos obras”, dice.  E invita a este regreso con sabor a despedida.

- ¿Para la maestra también te inspiraste en tus maestras?

- Sí (se ríe). Es parte de todas ellas.

Geretto y su “maestra normal”

 

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“Las mujeres son mucho más sinceras que los hombres”

La extraviada se presenta como una obra, para tomar palabras del poeta y dramaturgo Víctor Hugo, en la que lo sublime es una combinación de lo bello y lo grotesco. La historia se resume así: en un viejo teatro estatal se ensaya la ópera La Traviata. Mientras que en el escenario se oye la sublime música de Giusseppe Verdi, en los talleres de vestuario dos mujeres vestuaristas se enfrentan por un amor y un puesto de trabajo. Suenan, durante toda la obra, arias en vivo de la maravillosa ópera.

¿Qué llevó al director, Alejandro Viola, a contar esta historia que se ocupa de lo que transcurre detrás de un escenario, que indaga en lo que permanece oculto al espectador? ¿Qué mirada sobre el género introduce? “Las mujeres nos arrasan a los hombres en cuanto a todo, inteligencia fundamentalmente. Y también creo que son mucho más sinceras en lo que les pasa: en los sentimientos, en lo que piensan y manifiestan, en sus relaciones. Los hombres muchas veces vivimos en la comodidad que nos dio precisamente el género masculino”, expresa en este diálogo con Boquitas pintadas.

Actrices, en plena acción; foto Prensa Duche&Zarate

-¿Cómo surge la idea de La extraviada?

-Quería escribir una comedia, casi costumbrista. Y una vez hice una obra en un teatro oficial que tardó como dos años en estrenarse ya que siempre surgía algún conflicto sindical que paralizaba al personal. Paritarias, contratados de años que querían pasar con justicia a planta permanente, aumentos de sueldos, nombramientos que nunca llegaban, escalafones. Dentro del elenco surgían diferentes voces: estábamos los que nos solidarizábamos con el tema y sugeríamos esperar y también estaban los que decían “hagámosla igual, sin nada, para que todos entiendan que el teatro está por encima de todos estos conflictos tan terrenales”. Por supuesto que nada se hizo hasta que se resolvió el conflicto sindical. Los actores muchas veces sentimos que el sólo hecho de haber elegido esta profesión ya nos ubica en un lugar elevado espiritualmente y eso nos hace lindar con lo bizarro. Claro que tal vez es una manera loable de tratar de escapar de la mediocridad y acercarnos en realidad a la sabiduría de los maestros que nos inspiraron, como por ejemplo, Verdi.

Esa mezcla de lo bizarro con lo elevado del arte me resulta cómico y angustiante a la vez. No puedo explicarlo demasiado. Y sobre esa base escribí La extraviada.

-¿Qué tiene de particular el detrás de escena en el teatro, que te interesó develarlo?

-Alguien me dijo que le gustó mucho la obra porque no siempre se muestra el verdadero estómago del teatro. Me gustó la definición. Siento que a diferencia de otros ámbitos, en el teatro (o el cine), el público disfruta, se conmueve o se desilusiona luego de ver una obra terminada sin necesidad de plantearse cómo fue el proceso hasta llegar al estreno. Pero adentro todo es minucioso y, muchas veces, intenso desde todo punto de vista. Quise jugar casi con ese torbellino: grandes egos, envidias, gente muy divertida y solidaria, competencias, amores prohibidos, autores, actores, diseñadores de vestuarios que ganaron muchos premios, escenógrafos que sienten que sus realizaciones son lo más importante de una obra.

-¿Cómo está presente la cuestión de género en la obra?  

-En La extraviada hay dos protagonistas que representan a mujeres comunes, trabajadoras, cotidianas, que luchan por mantener a sus familias, que viajan cada día apretadas en los medios de transporte, aplastadas por una rutina y una falta de reconocimiento casi degradantes. Sin embargo, son fuertes, sienten carnalmente, en medio del remolino se enamoran y se ilusionan aunque el galán que les toca sea el más mediocre. Acá no importa el hombre, en este caso es un pusilánime representado maravillosamente por Roberto Romano, que no tiene la capacidad de darse cuenta de que con los sentimientos no se juega. Y las dos lo permiten, porque tal vez lo elevado en ellas está en el amor.

-¿Qué mirada propone la obra sobre lo femenino?

-Las mujeres nos arrasan a los hombres en cuanto a todo, inteligencia fundamentalmente. Y también creo que son mucho más sinceras en lo que les pasa: en los sentimientos, en lo que piensan y manifiestan, en sus relaciones. Los hombres muchas veces vivimos en la comodidad que nos dio precisamente el género masculino. Y estoy convencido de que las mujeres tienen un umbral más alto que nosotros en cuanto al dolor. Pero claro, hombres y mujeres no estamos ajenos a los intersticios de la locura y, a veces, como en La extraviada, en un segundo las cosas se van de las manos. Nos puede pasar a cualquiera.

Alicia Muxo, en escena; foto Prensa Duche&Zarate

-Hay un modisto gay: ¿no sentís que este personaje viene a reforzar un cliché social? ¿Cuál es tu intención con esta inclusión?

-El cliché social no ha sido el mostrar al gay amanerado sino mostrarlo perverso, resentido, vengativo, mediocre, casi despreciable. En la obra no estamos tratando de descifrar si ese personaje, Marcelo, tiene tal o cual elección sexual. Está clara. Lo que me interesaba era que fuese el personaje que representara la ilusión, que fuera el lazo con La traviata, que tomara carnadura en él esa verdadera magia del teatro: la de soñar. El es el único que escucha la música de Verdi, el que sueña con llegar a una París nevada como si fuese el paraíso, es el que tiene humor, el que no deja que el maltrato diario le quite lo que siente por el teatro. Creo que es el único que tiene claro, en medio de lo grotesco, lo elevado del arte. Y ahí hay mucho de lo que yo quiero que me pase día a día.

-¿Cómo lograste trabajar La traviata, de modo de ensamblarla en medio de la historia detrás de bambalinas?

-Es una ópera que me apasiona. Es realmente el comienzo de lo que sería la ópera moderna. Partamos de que su traducción podría ser La extraviada, La perdida o sencillamente La puta. La historia es de avanzada en el género: una prostituta de alto lujo, desbordante de amantes/clientes que se enamora de un hombre de clase media y que lo debe abandonar en medio de la pasión a pedido del padre de él, pues su familia está siendo señalada y condenada a la miseria por esta rebeldía del joven. Mientras tanto la tuberculosis va apoderándose de la protagonista, Violeta, hasta llevarla a la muerte. Está todo: la ilusión, el amor, el sexo, el desprecio, el lujo, la pobreza, una sociedad que juzga, la muerte.

Y yo sentía que en mi obra también estaban todos esos temas y que cualquiera de las protagonistas, Olga o Zulema, podían ser miradas de esa manera y por qué no, ellas mismas sentirse “las perdidas” por ese hombre, el jefe de escenario. Son mujeres que van al frente como la protagonista de La traviata. Las tres se juegan el todo por el todo. En medio de eso, las arias le cantan a la historia de amor de Rodolfo y Olga, o le dicen “Addío del passato” cuando las cosas se ponen más difíciles, o son parte de la conciencia de la protagonista como si ella misma gritara “Amami, Alfredo, quant`io t`amo…” o recuerdan París con la poesía que imagina Marcelo.

-La obra crea una atmósfera de música, tragedia y comicidad: ¿Por qué consideraste importante incluir el humor en esta propuesta?

-Desde hace más de 25 años dirijo el grupo Los amados, la banda que combina música latinoamericana con una puesta muy teatral. Allí el humor tiene el mismo peso que la excelencia musical. Es un tema que me interesa en la vida. Y como ya dije, mi idea era escribir una comedia. Pero mi concepto de comedia tiene que ver con que muchas veces lo trágico se entrecruza con lo patético y lo bizarro, llegando a un grotesco que nos hace reír. Los lectores de esta nota sabrán a qué me refiero.

 

Ficha técnica:

Para Viola, el elenco es lo que enaltece la obra. Ellos son Alicia Muxo, María Rosa Frega, Roberto Romano, Ariel Gangemi, Alejandra Ríos y Verónica Díaz Benavente (cantante lírica). Piano en off: Santiago Rosso.

Dramaturgia y Dirección: Alejandro Viola.

Domingos a las 17. Teatro Payró – San Martín 766 (Retiro) – Ciudad de Buenos Aires.

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Kilombo Queer, cinco veladas diversas

El actor y director de teatro Martín Marcou propone el ciclo Kilombo Queer, cinco veladas diversas. El capítulo 1 será Kilombo trans. Habrá teatro + performance + cumbia + barra + fiesta. Esto será el sábado 18 de julio a las 23 en el Espacio Tole Tole.

El artista cuenta que se trata de un ciclo que irá de julio a noviembre de este 2015.  La Producción general, artística y dirección es de Martin Marcou (Director Teatral); Charlee Espinosa  es actor  y performer, coordinador general del ciclo.

La propuesta es un ejercicio estilístico que tiene como objeto mostrar la evidencia de fragmentos de vidas devenidos en cuerpos performáticos. Trabaja sobre la actuación del momento, lo efímero, con el aquí y ahora. La idea es personificar conceptos como lo camp, lo bizarro, lo kitsch, lo trash y todo el amplio espectro que construyen singulares dentro del mundo de lo Queer.

Martín Marcou, foto, gentileza Marcou

La idea aspira a construir relatos del momento, que no funcionen como reportes, sino que a través de las presencias corporales de los protagonistas de cada velada, el público pueda agenciarse en las expresiones vivas de una experiencia única e irrepetible.

Luego del primero vendrán otros capítulos con las siguientes temáticas: Kilombo Torteril, Kilombo Bi, Kilombo Gay, Kilombo con mostras. El primero es con cumbia; el segundo, con rock; el tercero, con pop; el cuarto, música electrónica y el quinto, rejunte musical. Es decir, cada Kilombo viene acompañado por un género y en cada noche habrá performances, poesía, acústicos e intervenciones en el espacio.

Al Espacio Tole Tole Teatro, en Pasteur 683, lo lleva adelante el director teatral Martín Marcou y Gonzalo Pérez, ligado a las Artes Audiovisuales, director del documental próximo a estrenar “Se puso lindo Tres Lagos”, sobre la primera chica trans de la provincia de Santa Cruz en realizarse una cirugía de re asignación de sexo.

Tole Tole es un lugar multidisciplinario que alberga expresiones diversas. Funciona como una usina de experiencias donde confluyen las artes escénicas, la fotografía y las artes plásticas. Es interesante de conocer.

La intención del espacio es difundir la obra, tanto de creadores nóveles como de artistas de trayectoria, privilegiando la calidad en la búsqueda, en el lenguaje y en el contenido.

El espacio cuenta con una sala teatral para 40 espectadores, una Galería de Arte, que todos los meses sube una muestra vinculada con la fotografía o pintura. Durante 2014 se inauguraron 9 muestras. Tiene además una sala de ensayos para dictado de talleres y un Almacén de Vestuario que cuenta con más de 300 prendas para alquiler o venta. Este espacio es llevado adelante junto a Graciana Buldrini.

En este momento en el teatro, cada sábado a las 21, se presenta Reparto a domicilio, una obra de teatro donde la muerte canta.

Martin Marcou, el director, dice que la obra trata sobre lo indefensos que estamos frente a la realidad de la vida. Las malas pasadas que en un instante nos puede jugar la existencia. La muerte está presente y aparece de improviso, los que la desconocen le temen y los que la han conocido bailan casi sin sentimiento, como niños.

“Rodeado de muerte, de amenazas y a solas con mi cabeza calvario, mi cabeza infierno, entre la maleza, con poca visión, con la mirada rota, extraviada, castigada, llena de agua, pude escribir esta obra de teatro para salvaguardar el momento. Si me caigo me levanto y sigo en el camino hasta que se acabe la ruta. He aprendido a crear belleza del dolor. Sólo muere aquel que ha vivido.”

 

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Cristian Camilo, un tanguero por la inclusión

Boquitas Pintadas entrevistó al cantante Cristian Camilo, ya que este sábado 23 de mayo, a las 21, se presentará en Puerta Abierta Teatro. En esta nota Cristian cuenta sobre su pasado, presente y futuro profesional y el importante significado que adquiere para él dejar un mensaje claro en torno a lo inclusivo y a lo igualitario dentro del tango, un ambiente varonil y, muchas veces, homofóbico.

“Nuestro objetivo artístico principal es lograr sellar un mensaje de igualdad e inclusión, del mundo lejano del arrabal a nuestro tiempo presente, en el que la lucha por alejarnos día a día de la desigualdad se hace más fuerte”, dice en un tramo de la charla que compartimos con ustedes.

Cristian Camilo, en una actuación en Recoleta, Buenos Aires

Boquitas: ¿Cómo empezaste en esta profesión del canto?

Cristian: Tuve formación académica en la Escuela Nacional de Música de la ciudad de Rosario, en la carrera de Cantante de Cámara, luego me desempeñé como tenor solista en el coro Pablo Casal.

B: ¿Y cuáles fueron tus primeros pasos como profesional?

C: Fui becado por la ONU; hice una serie de conciertos barrocos de la ONU en Manhattan. Durante varios años desarrollé un repertorio internacional, abarcando varios géneros musicales.

B: ¿Cómo llegaste al tango?

C: Inesperadamente hizo contacto en mí y me afloró una gran pasión cuando interpreté, en un show en Rosario, el tango “Pasional”, dentro de un repertorio variado y, al ver la reacción estimulante del público luego de mi interpretación, empecé a indagar sobre este género que se convirtió en mi gran amor, representando hoy mi repertorio exclusivo. Después, en 2013, fui seleccionado como el “Cantante Revelación” en la gran tanguería “Esquina Homero Manzi”. Además, me eligieron entre cien cantantes de tango de todo el país, luego de varias pruebas con diferentes interpretaciones, para actuar en el programa televisivo del gran conductor e ícono tanguero,  el señor Silvio Soldán.

Estás todos invitados a escuchar a Cristian

B: ¿Qué hacés en la actualidad?

C: Actualmente, mientras vengo preparando un show completo para este sábado 23 de Mayo en Puerta Abierta Teatro, soy el cantante principal de un importante espectáculo en el corazón de Recoleta, “Grandes éxitos del Tango”, con orquesta en vivo y bailarines. Y otra pasión que tengo es la enseñanza: doy clases de técnica de canto a un amplio staff de alumnado.

B: ¿De qué se tratará el show en Puerta Abierta Teatro?

C: Será un TANGO-SHOW, un espectáculo dinámico que evoca diferentes épocas y estilos, desde los tangos más clásicos hasta los más contemporáneos, para poder cubrir así los gustos del público. Estamos armando un show intenso, vistoso, con mucho brillo, mucho sentimiento, escenas, mucha estética en su puesta teatral y mucha pasión de tango. Tendré una cantante invitada, Mirta Seijo, y a los bailarines Cristina Cóppola y Astor Molina. El show será presentado como espectáculo inclusivo.

B: ¿A qué te referís con eso?

C: Que nuestro objetivo artístico principal es lograr sellar un mensaje de igualdad e inclusión, del mundo lejano del arrabal a nuestro tiempo presente, en el que la lucha por alejarnos día a día de la desigualdad se hace más fuerte.

B: ¿Tendrá alguna especificidad, algún condimento respecto a la inclusión y la igualdad?

C: Habrá sorpresas, pero les adelanto que tendremos a un maestro de ceremonia de lujo: le propuse con mucha alegría al Licenciado Alejandro Viedma ser él quien marque la apertura del espectáculo, ya que nadie mejor que Alejandro, referente y símbolo para muchos y muchas, para plasmar con sus ideas claras, firmes y su trabajo constante orientado a seguir transformando las mentes rígidas y separatistas, apuntando con su labor profesional al gran reto de que la palabra DIVERSIDAD haga desaparecer cualquier diferencia entre cada uno de los seres que formamos parte de esta única existencia.

B: Te notamos muy entusiasmado con esta presentación: ¿tiene algún significado especial para vos?

C: Sí, estoy  emocionado por varias razones, ya a mis 43 años he transitado muchos escenarios, muchas tanguerías, varias compañías de tango, muchos shows, canté en el exterior, pero Puerta Abierta Teatro representa mi primera sala teatral como protagonista de un espectáculo de tango, ese es uno de los motivos de mi entusiasmo. La otra razón que me estimula mucho es que es mi primera presentación en una sala inclusiva orientada a la diversidad sexual y la finalidad más importante para mí que es, en definitiva, la IGUALDAD. Por eso también la entrada será accesible.

 

Así canta Cristian

 

Bonus track: El Tango Diverso, por el Lic. Alejandro Viedma

En Historia de la homosexualidad en la Argentina, Osvaldo Bazán investiga, entre muchas cuestiones, cómo surgió el tango en Buenos Aires. En sus comienzos se lo bailaba entre varones, en la zona sur de la ciudad, donde fueron abandonados, por la fiebre amarilla, aquellos caserones que eran de la burguesía.  Uno de los barrios mencionados es San Cristóbal, además de San Telmo, Monserrat y La Boca, franja en donde nacían, a finales del siglo XlX y como identidad colectiva, el lunfardo y el tango. Cuenta además Bazán, que a los compadritos se los tildaba de narcisistas, relajados, amorales, amariconados, histéricos y afeminados por bailar en cafés exclusivos para hombres y por su excesivo arreglo personal.

Más de un siglo después, estamos hablando de cuestiones similares y diferentes.

El del 23 será mucho más que un Show de Tango, casual o causalmente en el barrio de San Cristóbal, y en un lugar que reformula la importancia de la equidad real pues es, Puerta Abierta Teatro, la primera sala teatral por y para la Diversidad, que apunta a la igualdad de derechos, luchando particularmente contra la discriminación hacia el colectivo LGBT.

Será un honor para mí acompañar a este cantor que va mostrando el tango a la comunidad, englobando una idea de no-gueto, haciendo una verdadera inclusión del arrabal con nuestro mundo actual unificado, en pos de desmitificar al tanguero “macho” porteño, el tipo que no debe llorar pero, en definitiva, la postura histórica del cantante de tangos varón es, en las letras de las canciones, femenina en cuanto al preconcepto de pasividad, porque sufre por haber sido abandonado por un amor no correspondido, porque es dejado, es engañado y ahoga sus penas en el alcohol en la casa de sus padres, a la cual regresa ya de grande.

Por eso considero que este show servirá, no sólo para escuchar a un artista que canta muy bien y por eso gusta, sino también porque quedará un mensaje, que se lo podría enmarcar dentro de las cuestiones socioculturales de Género, ya que el tanguero varón, en algún punto, hace estallar las estandarizaciones de género, puesto que desde una visión prejuiciosa sería “el macho que se la banca”, quien no llora, aunque justamente desde su voz grave expresa todo lo contrario.

Cristian, de este modo, juega un papel valioso, aporta su grano cultural de arena a favor de la integración del tango, de la diversidad, dentro de un submundo y un género musical que no acepta sin resquemores la diferencia, a la mujer, etc.

Camilo porta una voz potentemente cautivante pero con variados matices, colores que llegan a emocionar, como la vida misma. Altamente recomendable.

¿Dónde y cuándo? Sábado 23 de mayo a las 21 hs en Alberti 1052 (entre Humberto Primo y Carlos Calvo), barrio de San Cristóbal, CABA. Capacidad limitada.

Un mundo de sexualidad reprimida

En una casa de clase media devenida en cuarto hospitalario con vista al andén de una estación de tren, conviven una madre (Maiamar Abrodos) y su hijo (Emiliano Figueredo) recientemente trasplantados de riñón. Ambos se encuentran maltrechos, miserables, insomnes y son custodiados por una enfermera nocturna nueva (Jorgelina Vera). La enfermera descubrirá el extraño vínculo de amor y odio que comparten el hijo y la madre, a la vez que percibirá lo que sucede frente a la ventana, en el baño de la estación de trenes.

Es ese otro mundo, que sólo puede ser espiado, aquel baño de la estación de trenes que se percibe a través de la ventana, es donde los cuerpos de extraños comulgan, se conectan, se retuercen al aire libre y a la vista de quien quiera mirar. Será esta tensión entre lo interno y lo externo, entre el impulso y lo reprimido, lo que llevará a una decisión extrema a la enfermera y desencadenará en tragedia.

Este es el argumento de Las guardianas, una obra de Hernán Costa que dirige Pablo D’Elía, que se estrena este jueves 7 de mayo. En esta conversación con Boquitas pintadas, D’Elía cuenta por qué le interesó abordar la obra, cómo fue la búsqueda de los actores y qué significa la inclusión de una actriz trans en la puesta, si es que esto es algo particular para él.

Los actores en escena

-¿Por qué le interesó la obra de Costa?

-Me interesó la obra de Hernán Costa porque ambienta un mundo de sexualidad reprimida, de deseo sofocante, enfermedad, locura, desparpajo y la disfuncionalidad de una madre e hijo transplantados que, ante la visita de una enfermera nocturna nueva, intentan seducirla e introducirla al voyeurismo.

-¿A qué refiere el título?

-A los guardias de la estación de tren de enfrente, donde los cuerpos comulgan teniendo relaciones sexuales en el andén. Las guardianas son, de alguna manera, la enfermera y la madre, atentas al espectáculo.

-¿Cómo fue la búsqueda de los actores?

-En el caso de Emiliano Figueredo y Maiamar Abrodos los conocía previamente por haber trabajado con ellos y siempre había tenido ganas de hacer algo en conjunto por su energía y talento. Cuando leí la obra no me imaginé otros actores como madre e hijo. En cuanto a Jorgelina Vera había visto su trabajo en La viuda de Rafael con Maiamar Abrodos y la química de ellas me encantaba, tuvimos una reunión donde hablamos de la propuesta y coordinamos los primeros ensayos. Trabajar con ella por primera vez fue un muy lindo encuentro. Los tres son grandes actores, que proponen y laburan a la par.

-¿Por qué sumó a una actriz trans en la obra?

-No pienso en las actrices o actores como trans o no. Llamé a una actriz para trabajar el rol de madre. Creo que no debería haber distinción de géneros.

-Está en el papel de mujer: ¿Lo hizo adrede, como un modo de militancia?

-Está en el papel de mujer porque es una mujer. La elección fue a partir de su despliegue actoral. No hay nada en el trabajo que hacemos que tenga que ver con la identidad sexual. Es una actriz interpretando un papel.

-¿Nota en el teatro la inclusión de actrices y actores trans? ¿En qué papeles los ve?

-Lamentablemente, creo que todavía hay mucho prejuicio. Creo que si uno como director trabaja lo que el material propone, la hipótesis que extrae del texto, con el actor o actriz que elija para el personaje que convoque, el género debería quedar por detrás, cuestiones personales de la vida de cada uno. Si el trabajo actoral es sólido, nadie debería preguntarse nada por fuera de lo que sucede en el hecho teatral.

 

Estrena este jueves 7 de mayo en La Casona Iluminada, Corrientes 1979 / Tel 4953 4232. Va todos los jueves a las 23. ¡La recomendamos!

 

Ficha técnica: escenografía: Las Guardianas / Vestuario: Traipi / Iluminación y asistencia de dirección: Marcos Ribas / Fotografía: Lau Castro / Diseño Gráfico: Guadalupe Padilla / Prensa: Duche & Zárate

 

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Qué es ser tolerantes

¿Una persona tolerante? ¿Qué significa tolerar a otro? ¿Aguantarlo? ¿Soportarlo pese a ser distinto que uno? En algunas de estas preguntas hace pie el lic. Alejandro Viedma al elaborar esta crítica de la obra Un judío común y corriente, que protagoniza Gerardo Romano en el Maipo Kabaret. Viedma se ocupa de encontrar los puntos de contacto entre las emociones de un judío alemán que reside en Alemania y alguien -también común y corriente- de la comunidad gay.

La obra es excelente. Desde este espacio la recomendamos.

¿Una persona tolerante?

Por Lic. Alejandro Viedma

Lo primero que pensé cuando leí el título de esta obra que protagoniza Gerardo Romano fue: seguramente se tratará de alguien nada común, de un hombre muy especial. En cierto modo es así y por otro lado no lo es.

También me pregunté qué pertinencia tendría la presente reseña en un blog que aborda y celebra la diversidad sexual.

Vamos por partes. Este unipersonal relata lo que desencadena una invitación de parte de un profesor para que un judío alemán que reside en Alemania de una charla a sus alumnos. El dilema nace porque esos alumnos, después de estudiar el nazismo, desean conocer a un judío, cuestión que a éste le genera una revisión de varios tópicos personales y sociales, psicológicos e histórico-político-culturales.

Lo que comanda, lo que le invade al convocado es el estado de un notable enojo, una bronca que permite, en cierto sentido, descargar algo de lo que la población judía ha sufrido y ante lo cual en el pasado no pudo rebelarse ni revelarse. Es por ello que el protagonista describe cómo y por qué tuvo que construirse un caparazón para recubrir una piel sensible, lo que por otra parte lo hizo más fuerte, por y ante la discriminación sufrida.

Y aquí empiezan las coincidencias dadas en el interior de una colectividad específica, puntos comunes y corrientes que comparte con cualquier otra comunidad convertida en minoría estigmatizada, perseguida, excluida, vulnerada.

Es entonces cuando una persona homosexual podría fácilmente sentirse identificado con tal contenido, que anima a sentimientos convergentemente similares, un dolor y una ira que se disparan y actualizan cuando se tiene que dar cuenta de algo inenarrable, inentendible y, por ende, inexplicable, intransmisible y por eso sigue operando con marcas contundentes y hasta mortíferas.

Lo que más cuestiona y lo enerva al expositor es la supuesta o falsa tolerancia, subrayando su rechazo a la acepción del término que refiere a la asimetría, a tener que aguantar al otro en su diferencia. Un homosexual –para volver a la analogía- también sabe de qué se trata esa tolerancia que algunos promueven.

Y al personaje de Romano también lo ofusca el rótulo que se le coloca; como si, por el sólo hecho de ser judío debiera someterse a observaciones y estudios cual animalito o especie en extinción. Como si, haciendo una comparación con lo gay, la “condición” de homosexual definiera toda la singularidad de un sujeto, como si esa etiqueta justificara el tratamiento y la forma de vincularse con una rareza.

El texto es la vedette de la puesta, es potente, fuerte, desde donde danzan frases como: “Reglas que atan y atrasan”; “Ocultar en el clóset”; “No encajar, no querer ser”; “Una nueva religión es necesaria y urgente, ya que todas ellas fracasaron; son homofóbicas y misóginas”.

Cabe destacar que el protagonista se mueve en el escenario como si estuviera en su casa (en un tramo hasta canta y toca el piano), deambula las tablas cómoda y eficazmente, de hecho la escenografía recrea el interior de un hogar.

En síntesis, Romano es un gran y completo actor y parece “encajar” perfectamente en el libreto, factores que se conjugan para dar luz a un monólogo efectivo, crudo en lo dramático aunque con toques de humor, compacto y que en realidad a lo que invita es a reflexionar y conmoverse.

La obra va de miércoles a viernes a las 20 y los sábados a las 21 en Maipo Kabaret

 

Ficha técnica: Autor: Charles Lewinsky / Versión en español: Lázaro Droznes / Dirección: Manuel González Gil / Música: Martín Bianchedi / Prensa en Facebook: duchezarate

 

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La Barby fue Lady Dómina sobre las tablas: se animó a una comedia de época

La Barby, de quien ya hemos hablado en este blog, se animó al teatro. Así el actor Leonardo Veterale, que desde hace años encarna este personaje que lo hizo famoso en la tv, ahora protagonizó un papel nuevo para esa mujer que creó.

En una entrevista con Boquitas pintadas este actor gay hablaba de su vida con y sin su caracterización de mujer, decía que ese personaje de La Barby le permitía “ser otra persona, liberarse. Cuando uno se pone detrás de una careta o de un disfraz siempre tiende a ser otra persona, a liberarse más, a sacar todo lo que está guardado”.

Ahora La Barby tuvo un nuevo trabajo sobre las tablas: fue Lady Dómina. El desafío que enfrentó fue protagonizar una comedia de época escrita y dirigida por Paul Caballero. La obra narra las desventuras de una marquesa del Siglo XVIII que se encuentra en la ruina, apegada a sus pergaminos y vestidos que evocan una época de esplendor que ya no existe. Sigfrido, su mayordomo (Juan Palacios), durante años le ha ocultado la difícil situación económica. Cuando la mentira cae y la marquesa descubre que sus fantasías de opulencia son sólo una ilusión, urde un plan para despojar de dinero al joven Francis III (Jose María Bourdillón), hijo millonario de un pirata inglés, antiguo amante de la marquesa.

La obra también es una metáfora del ocaso del poder aferrado a un relato delirante que se sostiene con megalomanías y apariencias y un pueblo sumiso y sometido que alimenta la fantasía de un pasado que está a punto de fracturarse para no volver jamás.

Veterale o La Barby, en esta charla con Boquitas pintadas habla del momento que vive, de sus emociones, de cómo creció como actor.

- ¿Qué sentiste al ser convocado para la obra Lady Dómina?

- Sentí una alegría enorme, acompañada de un gran miedo y ansiedad lógica, porque ¡hacía mil años que no hacía teatro!

- ¿Qué me podés decir de tu personaje?

- Mi personaje es maravilloso.  Paul Caballero, el autor y director de la obra, lo escribió especialmente para mí. Es muy distinto al personaje de La Barby. Es una marquesa que cree vivir una vida muy diferente a su realidad. Ella tiene casi todos los matices de personalidad que se te ocurran de un ser humano, lo que la hace un personaje súper disfrutable y divertido.

- ¿Cómo te sentís en la obra?

- Súper bien y a gusto. Como diría el viejo refrán: “Como pez en el agua”. Hay muy buena onda con mis compañeros, podemos decir que la obra ya es un éxito en lo que respecta a la relación grupal. Me acompañan en el elenco Juan Palacios, José María Bourdillon y Hernán Felipe, además de todo el equipo que hay detrás para que todo salga perfecto.

- ¿Qué conceptos centrales maneja la obra?

- Básicamente se refiere a las relaciones de poder, egos, envidias. La obra describe los comportamientos humanos más intrincados que se dan en ciertos ámbitos donde lo más importante es el dinero, la imágen y el mantener un determinado estándar de vida a toda costa.

El elenco de la obra

- ¿Imaginaste alguna vez que La Barby crecería tanto?

- Sé que crecí mucho y llevo mucho camino recorrido también. Siempre tuve clara cual era mi meta e hice siempre lo que me divertía. ¡Pero todavía me falta mucho! Sé que voy a tener muchas más alegrías en mi trabajo.

- ¿Te gustaría actuar como varón también?

- ¡Siiii, me encantaría! Sería una meta más en mi vida y espero que se cumpla pronto.

- ¿Sentís que La Barby tiene su vida propia?

- Sí, La Barby tiene una vida propia que es muy diferente a mi vida personal, obviamente.

- ¿Cómo manejás los egos de uno y otro?

- Ese es un tema difícil, porque es lo único que se mezcla entre los dos. Tengo que inventarle un ego a La Barby, ¡porque Leo Veterale lo tiene de normal para abajo!

Así se despide Veterale, siempre con una palabra graciosa, su gran talento.

 

La obra fue durante seis semanas los jueves desde el 13 de noviembre en el Teatro Porteño (Corrientes 1630). Este jueves es la última función del año, pero la obra se repone en enero todos los sábados.

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Los días felices de Juan y su pareja Fabián

El periodista Daniel Gigena propone esta reseña sobre Morón, el último libro de poemas de Juan Fernando García. Recorre algunos de sus versos, les toma el puso. También se explaya en el proyecto Muchos Días Felices, que Juan creó junto con su pareja Fabián. Los invito a conocer esta original propuesta, un convite a poetas, artistas, narradores, cantantes, diseñadores, dibujantes, actrices y filósofos para que cuenten un día feliz en sus vidas.

Morón, un libro de poemas

Por Daniel Gigena

Juan Fernando García y Fabián Muggieri

“Busca destellos/ en canciones conocidas/ versos infames/ lugares comunes/ insistencias de rimas consonantes/ y si fuera posible algo romántico/ seguro lo repetiría.” La primera estrofa del poema “Bajo la ducha”, de Juan Fernando García (Necochea, 1969), define por aproximación los procedimientos de Morón, su nuevo libro. Morón también es el nombre del perro que vive con Juan y su pareja, Fabián Muggieri, quien estuvo a cargo del hermoso diseño de libro, con fotos en blanco y negro de la mascota filtradas por diferentes matices. A ambos, a Fabián y a Morón, está dedicado el cuarto libro del poeta y colaborador en medios gráficos y virtuales con notas sobre literatura.

La escritura de JFG, hecha de impresiones, de sensaciones, de reflexiones cautas sobre la vida próxima, se completa casi siempre con un movimiento (figurado o no) hacia lo alto: “Los distintos momentos/ del azul y del naranja/ en el atardecer/ imprimen –en esa insistencia aguada–/ melancólicas briznas/ sobre frutos estallados en el césped:/ danza entre velos de telarañas/ fragancia desmayada del pinar”. En ese fragmento del gran poema inaugural “Es el río que vuelve”, las huellas dejadas por el perro circundan un escenario, el de las islas del delta, de donde proviene el huésped manso, sociable, que se deja cautivar por las calles de Colegiales y “la trama de sus ramas”. Como en Flush o King, dos célebres novelas inglesas protagonizadas por perros (una de Virginia Woolf y la otra de John Berger), la vida entra en la literatura desde la perspectiva de una mascota.

Se perfila en Morón, además, la intimidad de una historia conyugal, la del autor y su pareja, por completo integrada a la que el libro cuenta, a través de paseos (el lector imagina una salida por cada día de la semana, ya que en el libro hay siete), visitas al Botánico, vacaciones y lecturas. En “Festejo”, con el trasfondo de las fiestas de fin de año, se lee: “Y allí dijimos: nunca pensé/ que bailaría con vos/ estas canciones”. En “Escena de la vida doméstica”: “Bajamos las persianas/ para ser un poco más íntimos,/ no descubrirnos en ese cruce de miradas/ que nos delatarían”. O en “Los placeres y los días”: “Dejo lo que estoy leyendo,/ apunto en fotologs familiares/ comentarios sobre flores y comidas;/ un artista de mi generación alaba/ al capitalismo”. Morón permite, mediante una entonación gentil y sonriente, una lectura del modo en que el universo cotidiano se conecta, día a día, con el de los demás, igualmente insular, incluso remoto: “Que en una luz vengan/ o que las traiga un sueño”. Ese y otros deseos se cumplen en la lectura del libro.

 

Más y más días felices

Juan Fernando García y Fabián Muggieri han creado hace años un proyecto denominado Muchos Días Felices, en el que poetas, artistas, narradores, cantantes, diseñadores, dibujantes, actrices y filósofos contaban un día feliz en sus vidas. Diseñado por Muggieri, el sitio web transmite un sentimiento cálido, apacible y casi universal (consuela imaginar que hasta la criatura más desamparada del mundo tuvo al menos un día feliz) mediante textos breves y fotografías de reuniones con amigos, salidas con hijos, bodas, siestas con mascotas, paisajes, recitales de rock y arcoíris. Morón es el primer título de ese proyecto volcado al papel, donde la imagen y los textos se encuentran en un soporte –el del libro impreso– que tanta felicidad trae todavía al mundo.

Morón empezó, como casi todo lo que escribo, sin forma. Creo que aparecieron algunos poemas de la vida doméstica, amorosa, y de repente se coló el perro. Un animal que rescatamos en el arroyo Marchini, en Tigre, y que entró a nuestra vida, con todo el agradecimiento y la fidelidad que un perro rescatado te regala –comenta JFG–. Y ahí, entre esos poemas, se me impusieron los paseos, que yo vivía como escenas diferentes cada día, en medio de un barrio muy verde, como es Colegiales. Alternaba los poemas amorosos, con esos paseos, como series distintas, tal vez. Cuando el libro empezó a tomar forma, pensé en esas estancias que podía alternar, donde sólo hablo de Morón.” Testimonio discreto de las formas que el amor adopta, y del amor como novedad creativa, Morón es un libro para hablar de la dicha y de la felicidad cotidiana.

 

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