Un mundo de sexualidad reprimida

En una casa de clase media devenida en cuarto hospitalario con vista al andén de una estación de tren, conviven una madre (Maiamar Abrodos) y su hijo (Emiliano Figueredo) recientemente trasplantados de riñón. Ambos se encuentran maltrechos, miserables, insomnes y son custodiados por una enfermera nocturna nueva (Jorgelina Vera). La enfermera descubrirá el extraño vínculo de amor y odio que comparten el hijo y la madre, a la vez que percibirá lo que sucede frente a la ventana, en el baño de la estación de trenes.

Es ese otro mundo, que sólo puede ser espiado, aquel baño de la estación de trenes que se percibe a través de la ventana, es donde los cuerpos de extraños comulgan, se conectan, se retuercen al aire libre y a la vista de quien quiera mirar. Será esta tensión entre lo interno y lo externo, entre el impulso y lo reprimido, lo que llevará a una decisión extrema a la enfermera y desencadenará en tragedia.

Este es el argumento de Las guardianas, una obra de Hernán Costa que dirige Pablo D’Elía, que se estrena este jueves 7 de mayo. En esta conversación con Boquitas pintadas, D’Elía cuenta por qué le interesó abordar la obra, cómo fue la búsqueda de los actores y qué significa la inclusión de una actriz trans en la puesta, si es que esto es algo particular para él.

Los actores en escena

-¿Por qué le interesó la obra de Costa?

-Me interesó la obra de Hernán Costa porque ambienta un mundo de sexualidad reprimida, de deseo sofocante, enfermedad, locura, desparpajo y la disfuncionalidad de una madre e hijo transplantados que, ante la visita de una enfermera nocturna nueva, intentan seducirla e introducirla al voyeurismo.

-¿A qué refiere el título?

-A los guardias de la estación de tren de enfrente, donde los cuerpos comulgan teniendo relaciones sexuales en el andén. Las guardianas son, de alguna manera, la enfermera y la madre, atentas al espectáculo.

-¿Cómo fue la búsqueda de los actores?

-En el caso de Emiliano Figueredo y Maiamar Abrodos los conocía previamente por haber trabajado con ellos y siempre había tenido ganas de hacer algo en conjunto por su energía y talento. Cuando leí la obra no me imaginé otros actores como madre e hijo. En cuanto a Jorgelina Vera había visto su trabajo en La viuda de Rafael con Maiamar Abrodos y la química de ellas me encantaba, tuvimos una reunión donde hablamos de la propuesta y coordinamos los primeros ensayos. Trabajar con ella por primera vez fue un muy lindo encuentro. Los tres son grandes actores, que proponen y laburan a la par.

-¿Por qué sumó a una actriz trans en la obra?

-No pienso en las actrices o actores como trans o no. Llamé a una actriz para trabajar el rol de madre. Creo que no debería haber distinción de géneros.

-Está en el papel de mujer: ¿Lo hizo adrede, como un modo de militancia?

-Está en el papel de mujer porque es una mujer. La elección fue a partir de su despliegue actoral. No hay nada en el trabajo que hacemos que tenga que ver con la identidad sexual. Es una actriz interpretando un papel.

-¿Nota en el teatro la inclusión de actrices y actores trans? ¿En qué papeles los ve?

-Lamentablemente, creo que todavía hay mucho prejuicio. Creo que si uno como director trabaja lo que el material propone, la hipótesis que extrae del texto, con el actor o actriz que elija para el personaje que convoque, el género debería quedar por detrás, cuestiones personales de la vida de cada uno. Si el trabajo actoral es sólido, nadie debería preguntarse nada por fuera de lo que sucede en el hecho teatral.

 

Estrena este jueves 7 de mayo en La Casona Iluminada, Corrientes 1979 / Tel 4953 4232. Va todos los jueves a las 23. ¡La recomendamos!

 

Ficha técnica: escenografía: Las Guardianas / Vestuario: Traipi / Iluminación y asistencia de dirección: Marcos Ribas / Fotografía: Lau Castro / Diseño Gráfico: Guadalupe Padilla / Prensa: Duche & Zárate

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

“A los siete años me gustaba un amigo de mi equipo de fútbol”

Jerónimo tiene 21 años y escribe a Boquitas pintadas para compartir su experiencia con la homosexualidad, como él lo menciona. Dice que eligió escribir su historia para este espacio porque dice que este blog le ayudó a abrir la cabeza y a aceptarse tal como es.  “Soy gay. Nunca creí que lo iba a poder contar libre y públicamente y menos tan pronto”, empieza diciendo. “Desde que tengo memoria me sentí atraído por los chicos. Recuerdo que a los siete años me gustaba un amigo de mi equipo de fútbol”. Era un malestar insoportable cuando ese chico especial faltaba. Fueron los primeros signos del amor.

Recién a los 19 se animó a pensarse gay y empezó a entender que no había nada malo en él. “Logré entender que no era sólo mi sexualidad, si no que era mi identidad la que estaba camuflando”, cuenta en un tramo del relato que comparte con todxs nosotrxs.

 

Mi identidad

por Jerónimo

New York Gay Pride 2014 – Marcha orgullo Gay NYC 2014; 100 World Kisses, por Ignacio Lehmann

Tengo 21 años, soy gay, nunca creí que lo iba a poder contar libre y públicamente y menos tan pronto. Desde que tengo memoria me sentí atraído por los chicos. Recuerdo que a los siete años me gustaba un amigo de mi equipo de fútbol, cuando él faltaba, preguntaba  una y otra vez porque no vino.

Una vez con mis compañeros mirábamos una foto del equipo del año anterior,  él ya no jugaba pero al observar su imagen tenía ganas de hablar de él, de decir que me gustaba. Pero no lo decía, ya a los siete años escondía mis sentimientos.

En ese momento uno sentía pero no era consciente de lo que le pasaba, ni siquiera a los doce años cuando me gustaba el hermano de una amiga mía. Mi amiga era muy linda y jugábamos en la pileta pero yo me ponía contento y sentía algo especial cuando se acercaba su hermano y me abrazaba para lograr tirarme al agua. No pensaba que me gustaban los varones, sólo lo sentía.

En esa época, de chico, nos imponían la idea de que las parejas estaban formadas por  un hombre y una mujer  y cuando se veía a una pareja de homosexuales se los llamaba “putos” o “maricones”.  ¿Qué podía pensar? Se pregunta siempre si tenés novia, como ya dando por hecho que debemos tener una pareja heterosexual.

Así es cómo tuve mi primera novia a los doce, con quien la pasaba excelente, me divertía muchísimo pero no sentía esa química que debía sentir. Más allá de lo que la sociedad piense uno siempre seguirá sintiendo igual. A los quince años me daba cuenta de que este sentimiento hacia las personas de mí mismo sexo era constante. Ya me empezaba a preocupar, algo estaba mal en mí, pensaba. La atracción empezaba a ser más fuertes que mi voluntad de esconderlo. Lloraba a veces en la ducha, le rezaba a Dios todas las noches para que me convirtiera en heterosexual.

Pero esos sentimientos persistían. ¿Cómo no iba a ser así, si no había nada malo en mí? Sólo que yo no lo sabía.  Me horrorizaba la idea de que alguien se diera cuenta de mi homosexualidad, sentía mucha culpa, ¿por qué me pasaba esto a mí, una persona buena, inocente que nunca había hecho daño a nadie, al contrario? Pensaba que iba a tener que vivir una vida entera escondiendo esto.  Hasta que terminé el colegio sentí culpa y malestar con mi sexualidad, miedo a frustrar a mis seres queridos. Me fijaba siempre cómo actuaba, trataba de no estar mucho con chicas para que la gente no sospeche.

Pero a los 19 años decidí afrontar esto que me pasaba. Ya intuía que no había nada malo en ser gay  y empecé a investigar y a escucharme más a mí mismo. Ya empezaba en el 2010 a debatirse la ley de matrimonio igualitario. Escuché cientos de comentarios a favor y en contra, empezaba a crecer una idea dentro de mí: lo que sentía estaba bien. Miré cientos de veces una película que me ayudó a comprender aún más mi situación, Plegarias por Bobby (buenísima, la recomiendo), miré muchos videos en YouTube, leí cientos de artículos. Logré entender que no era sólo mi sexualidad, si no que era mi identidad la que estaba camuflando.

Con esta me refiero a mi forma de pensar, de ser y de sentir. ¿Por qué seguir escondiendo a la gente quien realmente era? ¿Por qué ocultar mi verdadera identidad?  No me permitía ser quien realmente soy por miedo a las críticas, al qué dirán. Estaba condicionado por haber tenido mala información desde chico y también por falta de ella. Una frase de una película me quedó grabada: “Si un chico nace sin un brazo y se le dice que eso está mal, ¿qué puede pensar?

Con el tiempo pude al fin sentirme seguro de mí mismo, entender que lo que sentía era normal, que no había nada malo en eso. Entendí que yo era así, que siempre lo fui y que siempre lo seguiré siendo. Si quería ser feliz debía escucharme, ser fiel a mis sentimientos, sino me estaría traicionando.

Así fue que empecé a conocer a otros chicos gays, derribé todo tipo de prejuicio que tenía, aun siendo gay, porque la sociedad me los había impuesto. Me sentí identificado con ellos, con sus historias, con sus sufrimientos y alegrías.  Ví que muchos de ellos empezaban a salir del clóset y eso los hacía felices. Así fue como empecé el proceso de contarle a mis seres queridos, a mis papás, mis hermanos, mis amigas mujeres y más tarde al resto de mi familia y mis amigos varones. Fue un proceso que viví con miedo, incertidumbre pero que me dio mucha paz y armonía.

La verdad es que recibí un apoyo incondicional. Ya no tenía nada que esconder, ni miedo a que sospecharan nada. Podía ser quien realmente era, conocer  y estar con quien realmente me gustara y eso me hace feliz. Sé que aún a alguna gente le cuesta hablar del tema o no se siente cómoda, yo los entiendo: me costó a mí entenderlo, cómo no les va a costar a los demás cuando no pasan por esto. Pero no es un tema muy ajeno a cualquiera, algún día conocerán una persona gay o uno de sus familiares les contará, quizás uno de sus hijo lo sea. Ahí se romperán los prejuicios,  verán que es normal.

Pero hay otras maneras de evitar los prejuicios, se logra informándonos, poniéndonos en el lugar del otro, escuchar su relato de vida. Sé que la sociedad ha cambiado y que ya hemos progresado infinitamente. Hoy me puedo imaginar formando  una familia con marido e hijos y me pone orgulloso. Orgulloso de vivir en un país dónde se respeta a las minorías y, donde gracias a eso, cientos de miles de personas desde su juventud pueden mostrarle al mundo su identidad, quiénes son realmente.

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

Cuando ver porno gay era una odisea

Pablo escribió este texto en uno de los ejercicios del grupo de reflexión para varones gay que coordina el lic. Alejandro Viedma en la Asociación Civil Puerta Abierta. La consigna había sido: “Compartir con los compañeros algo que nunca habías contado”. Pablo tiene 37 años y recordó cómo fue la primera vez en la que vio una película gay porno, hace más de 20 años, época pre cibernética, pre Internet. Imaginemos aquellos tiempos que parecen tan lejanos. Hoy casi cualquier persona tiene acceso a la web y eso ayuda a que, por ejemplo, los adolescentes gay puedan asumirse como tales investigando su deseo más sencilla y tempranamente. Incluso sin salir de sus casas. Pero en los 90, y antes menos todavía, no era nada fácil.

Les comparto este relato que Pablo envió para que leamos todos en Boquitas pintadas.

“Barbita”

Por Pablo

Estaba en casa con mi familia, hace poco más de 20 años. El día estaba bastante feo, llovía y hacía mucho frío. Después de almorzar, decidimos ir al video club a alquilar algunas pelis.

Como siempre, ya en el local, mi mamá se instaló en la sección de películas románticas o de historias verídicas (aburridas para mí en ese momento), mi papá en la de acción o comedia (las películas de acción no me disgustaban tanto porque los actores casi siempre estaban buenos, y las comedias me gustan), mi hermana y hermano más chicos (como 10 años menores que yo) estaban eligiendo una de dibujos animados, y yo buscaba de suspenso y terror.

Pero ese día en el video club descubrí algo que siempre estuvo ahí y nunca me había dado cuenta. Entre zombies y vampiros, monstruos y hombres lobo, decidiendo con cuál de ellos pasar la noche, siento de pronto a lo lejos la risa de mi papá, esa risa pícara que lo deschavaba cuando se estaba mandando una de las suyas, y a mi vieja la noto sonrojada y escucho que le dice con una voz susurrante y vergonzosa que era un pelotudo. Y es ahí cuando descubro mi gran hallazgo, la fila de arriba de todo era la de las películas porno, que enriquecía mi vista deseosa de todo aquello que observaba, pero a la vez incómoda ya que tenía que mantener la vista hacia arriba, y esto hacía que las demás personas que estaban ahí se dieran cuenta de lo que estaba mirando.

Entre miraditas rápidas, que eran como flashes, porque los nervios y la vergüenza me invadían creándome el fantasma que los demás podían descubrir mis deseos ocultos, de pronto lo veo a él, increíblemente bello, con su pelo castaño, claro y brillante, una barba prolijamente cortada, sus ojos azules que te invitaban a mirarlo y sus dientes blancos que se asomaban a través de una sonrisa que vencía toda resistencia de no quererlo, de no desearlo. Y otra vez mi viejo interrumpiendo el momento, pero esta vez en forma directa preguntándome si ya había elegido una película; quería pagar y que nos fuéramos.

Ese día comencé a convencerme que tenía que ver esa película, en la que estaba ese hombre increíble que había poseído mi mente. El tema era que tenía muchas dificultades para hacerlo, como por ejemplo, que tenía que estar solo en mi casa, mis viejos no se tenían que enterar jamás, y lo más difícil era cómo iba a hacer para alquilar una película para adultos, teniendo 14 años.

Una semana después, mi mamá me dice que una de mis tías nos había invitado a comer a su casa el sábado, obviamente le dije que no iba a ir, no sólo por el hecho de aprovechar el momento, sino también porque las reuniones familiares no eran de mi agrado; mi mamá, sabiendo esto, no me insistió.

Fueron dos días de planear el encuentro con “barbita”, pensé de todo, todo malísimo y peligroso, como por ejemplo: falsificar una nota firmada por mi viejo dándome permiso para llevar esa película, o disfrazarme para parecer mayor, y hasta se me ocurrió sobornar al señor del video club pagándole el alquiler de la película a un valor mucho más elevado, pero por suerte rápidamente desistí de estas ideas.

Ya casi resignado a que no iba a poder hacer nada, de pronto se me ocurrió el plan “perfecto”, que era: aprovechar la promoción de 3 películas por $10 y poner el número de cualquier película de terror o suspenso (género que siempre llevaba) en la de “barbita” y que el número de “barbita” sea el de la película de terror o suspenso que supuestamente quería llevar y, si el señor del video club me decía que no podía alquilarme esa película porque era condicionada, le mencionaba las tres películas que quería ver y le mostraba de dónde había sacado ese número y todo pasaba a hacer un error de él.

Llegó el sábado y mis viejos con mis hermanitos se fueron. A la media hora de su partida yo voy hasta el video club. Por suerte cuando llego no había mucha gente y el señor del local estaba distraído hablando con alguien. Era el momento perfecto, me acerco hasta “barbita” y saco su número rápidamente, de la misma forma agarro el número de una película de terror y la pongo en el lugar del número de la película de “barbita”, me tomo mi tiempo para elegir las otras dos películas y también para desacelerar mi corazón que parecía que iba a explotar por los nervios que tenía. Ya más tranquilo y juntando valor, tomo aire y me acerco al mostrador y le doy al señor los tres números de las películas elegidas, el señor agarra los números y va hacia atrás a buscar las pelis; casi inmediatamente vuelve con las 3 cajas negras y las pone en una bolsa, le pago y anota en su hoja mi número de socio, los números de las películas y que las dejé pagas, nos saludamos y salgo rápidamente hacia mi casa.

Ya estando en casa, pongo la peli, la cual vi varias veces ese día, en ella había hombres bellos por todos lados que se tocaban, besaban, chupaban y demás cosas, pero lo mejor fue cuando apareció “barbita”… Verlo entero, con su cuerpo delgado y delicadamente marcado, tocándose, mirando y sonriendo provocativamente, en realidad, provocando a otro pero, para mí, en ese momento, me estaba provocando sólo a mí: me llamaba, me invitaba a pasar un momento maravilloso, y así fue.

Más tarde, ya sabiendo que mis viejos estaban próximos a regresar, escondo la película entre las cosas que están dentro de mi placard, dejando solamente las otras dos películas para ver.

El lunes temprano antes de ir a clases, voy a devolver las películas, llego al video club, se las entrego al señor que lo atiende, nos saludamos y me dirijo hacia la escuela.

Así finaliza la historia de cómo alquilé mi primera película porno gay.

 

Este miércoles 4 de marzo a las 20 se inicia la doceava temporada de este grupo de reflexión de varones gays en Puerta Abierta, en el barrio porteño de San Cristóbal. Para ingresar al grupo el lic. Viedma toma una entrevista previa, que podés concertar comunicándote al tel. 15-6165-4485.

Para conocer más sobre Alejandro Viedma

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

Dafne y su historia como crossdresser

Dafne cuenta que tiene 36 años y cuenta, también, que tiene un hobby: es varón pero desde los 18 años se viste con ropas de mujer. Cuando puede usa uñas postizas, se maquilla y se depila. A veces, lo hace en su casa; otras veces, sale producida así a alguna fiesta.

No da su nombre de varón, prefiere definirse como crossdresser (CD) y contar esta experiencia en Boquitas pintadas. Como comentamos en un post de este blog, las crossdresser son hombres a los que les excita o fantasean con vestirse como una mujer, cultivan la femineidad como valor en la estética visual y tienen el fetiche de las ropas de mujer en el cotidiano.

El investigador de Conicet Carlos Figari dijo hace un tiempo en Página 12: “Se definen como hombres que se sienten mujeres, y que incluso, muchas veces su objeto sexual son también otras mujeres. Cuando la pareja de una CD es una mujer y esta acepta su condición transgenérica es denominada S/O (supportive other) es decir, aquella que conoce su peculiaridad, la acepta y la apoya. Ser CD no implica asumir públicamente una identidad social femenina”.

La introducción apunta a comprender mejor el relato que Dafne comparte con nosotros.

Algo más que una fantasía

Por Dafne

Una crossdresser que posó para la empresa Crossdressing Buenos Aires; Foto: Facebook

Tengo 36 años y desde los 18 que me visto con ropa femenina, desde lencería hasta ropa informal. Me produzco lo mejor que puedo, uñas, maquillaje y depilación. Soy delgado, por lo que no tengo mucho problema en conseguir la talla justa.

Empecé tímidamente en casa cuando no había nadie, usando algo de la ropa de mi hermana, dos años mayor. Ambos tenemos más o menos la misma contextura, por lo que me resultó mucho más fácil producirme seguido. Después empecé a comprarme algunas prendas: bombachas, portaligas, medias de red y hasta minis tableadas. Siempre me gustó la onda punk, entonces me producía como una chica con ese estilo.

Una noche de sábado con mi novia en casa (mis padres se habían ido a Pinamar) empecé a preguntarle sobre fantasías. Lo tomó muy mal creyendo que le iba a proponer un trío, sexo anal o filmarla. Le expliqué que no pero le insinué si podía usar yo su bombacha, le pareció tan gracioso que no tuvo problemas. Esa misma noche le pedí que me esperara en el living sin moverse. Accedió y un rato más tarde aparecí vestida y producida como Dafne. Creo que esa noche tuve el mejor sexo con ella. No se asustó y fue ella quien se sorprendió lo sensual que yo podía ponerme como mujer. Esa noche también fue la primera vez que alguien me penetró con sus dedos.

Después de esa primera vez empezamos a buscar cosas nuevas juntos, tuve la suerte de ser acompañado por una persona que me aceptó tal cual soy. Me disfrutó tanto como yo a ella. Habíamos empezado a ir a sex shops para encontrar juguetes que pudiesen darnos placer. Ella, me confesó que penetrarme con un pene de goma le pareció una experiencia excitante y que eso la llevó a querer experimentar en ella.

La relación duró un par de años, pero terminó. Después me costó dar a conocer a Dafne a otras personas. Ella fue mi primera experiencia con una mujer, tuve otras desde que empecé a salir producido a fiestas de disfraces y a bares gay.

La realidad es que me hace sentir sensual, sexy y, además, me excita muchísimo. Me gusta sentir la textura de la lencería y producirme. Verme al espejo me excita, la ropa en mi cuerpo. Al ser delgado, con el corte de la ropa, veo que me queda muy bien, bueno, es mi opinión, claro. No tengo senos pero siempre se puede improvisar algo para el relleno.

Foto: Facebook Crossdressing Buenos Aires

Me visto cuando puedo. A veces me produzco en casa al volver de la oficina cuando de alguna manera quiero relajarme; me gusta sentirme una nena mientras hago cosas en casa.

Un par de veces salí producida a boliches gay, donde no tuve ningún problema y la pasé genial. Realmente disfruté de ver el resultado de sentirme y verme femenina y deseada por quienes quisieron acercarse a mí, hombres mayormente. Terminé yéndome con otra chica como yo.

Después de ella, tuve algunas relaciones con chicas, pero me costó mucho abrirme a ellas. A veces uno tiene miedo de perder a la persona que tiene al lado. Intenté llevarlas a contarles que usaba ropa femenina pero no tuve éxito, como que no había lugar para Dafne en el medio. Así que terminé las relaciones y sigo buscando quien me entienda y quiera por cómo soy.

No he encontrado muchas chicas abiertas a una relación con una chica cross, o es sólo un par de encuentros sexuales y nada más. Con hombres no estuve por el simple hecho de que no me gustan los hombres heterosexuales o bisexuales, sí otra chica cross igual de producida y que actúe como una lady como yo. Eso de un tipo con tanga y listo, me parece una falta de respeto a las mujeres y a nosotras las cross.

No tuve tantos encuentros como quisiera por el simple hecho que busco relaciones duraderas. Para sexo exprés, me produzco en casa y disfruto conmigo mismo.

Esa es la experiencia que quería compartir con ustedes.

Daf

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

“Vos estás enfermo”, le dijo el sacerdote a Gonzalo cuando supo que era gay

Gonzalo es un joven con fe. Desde pequeño creyó en Dios y cuando tuvo edad empezó a dar un curso de Confirmación en la parroquia de su barrio en el Gran Buenos Aires. Allí conoció a Lucas, de quien se hizo muy amigo. Hasta entonces, nunca había sentido atracción por otra persona de su mismo sexo. Lucas fue quien le dijo a él que le gustaban los chicos y ahí le instaló la duda; luego, por culpa, su amigo decidió hablar con el sacerdote de la iglesia esto que le pasaba. “Vos estás enfermo, te tenés que curar”, fue lo que le dijo el cura y que le trasladó a Gonzalo.

Desde ese momento, cuenta Gonzalo a Boquitas pintadas, a él se lo relegó de su rol de coordinador. “Me quedó muy claro que no me querían por mi sexualidad”, dice. “Hay menores, vos no podés seguir coordinando”. En este relato, Gonzalo cuenta acerca de su vida y de cómo vivió esta situación.

La vida de Gonzalo

Foto: Alejandro Viedma

Amoroso mural. Foto: Alejandro Viedma

Mi historia arranca en el seno de una familia común en la zona norte del Gran Buenos Aires. Hijo único con dos padres muy presentes y cariñosos que decidieron incorporarme a su familia con mucho amor, ya que mi madre no podía quedar embarazada. Fui adoptado por ellos en 1992, año en que nací.

Mi infancia transcurrió sin muchos sobresaltos. Fui al jardín, al colegio y jugué al fútbol como cualquier pibe de esa edad; me embarré todas las veces que fui a lo de mis amigos.

A los 12 años, falleció mi padre. Un hombre de profundas convicciones y con una loable predilección y entrega por su mujer y su hijo. Ese fue el primer sacudón, la primera vez que la vida no me fue presentada con un tamiz de por medio. Estaba vivo yo, pero no me lo creía. Estaba vivo.

Pasados ya varios años, la vida volvía otra vez a su curso normal. El colegio era una actividad placentera. Buenas notas y muchos amigos. Detrás de todas mis sonrisas y mis logros estaba mi madre. Luchadora, que lucha y no se cansa. De luchar no se cansa ni se cansó. Con tres trabajos encima, la sonrisa que siempre portaba y contagiaba era más, podía mucho más. Sublime canto a la vida cada día que ella despertaba y salía a trabajar con tanto amor.

Terminado el colegio, empecé a estudiar y decidí empezar a dar un curso de confirmación en una parroquia. Coordiné mi primer grupo y fue un gran ejemplo de fe para mí y un gran salto cualitativo de fe en mi vida. Al segundo grupo lo empecé con más confianza, pero éste me sorprendería después de cierto tiempo. A mitad del curso de este grupo, mi madre entró en coma por un cáncer. Mis tíos y amigos salieron en mi auxilio inmediatamente. Pero fue alguien particular quien me sorprendió. Uno de los chicos del grupo me insistía con mensajes de esperanza, de confianza en Dios. Así fue que leí sus mensajes una y mil veces. Mañana iba a haber otro mensaje y pasado otro, y el calendario iba a estar completo. Al cabo de un tiempo el chico (al que voy a llamar “Lucas”) decidió pedirme si yo quería ser su padrino de confirmación, una suerte de guía en la fe y acompañante en el camino. Lo dudé. Lo pensé. Lo acepté. Empezamos una relación de amigos en la que había mucho en común. La fe, el mismo sueño de carrera, el entorno social y de amistades. Lo que nunca pensamos fue que en ese montón de cosas en común, se sumaría la sexualidad.

“Lucas, ¿qué onda con las chicas vos?”, fue mi pregunta luego de meses de relación de muy buenos amigos. Amigos que se veían todos los días y se hablaban a toda hora. Amigos.

“No sé, no me entiendo”, fue la respuesta de Lucas entre lágrimas. El de 16, yo de 20.

“¿Sos gay?” “Sí, creo que sí”. Entre tantas lágrimas de Lucas no reparé en pensar más que en esto que él me estaba contando. “Nunca me vas a entender”, fueron sus palabras. Me dolió. Yo sí lo entendía.

Pasaron varias semanas de confusión. Yo nunca supe si contarle o no, si aceptarlo o no. Llegó el día: “No quiero seguir más con mi vida. Este sufrimiento es insoportable”. “Lucas yo sí te entiendo”. Su cara de sorpresa quedó impregnada en mi memoria. Era así. Casi que podríamos decir que Dios nos puso a cada uno en el camino del otro. Que lo puso en mi camino y que me puso en el suyo. La relación cambió. Decidimos encararlo como dos personas que se quieren. No le pusimos títulos, no creíamos en las formalidades. Creíamos en el amor por sobre todas las cosas. Yo creía (yo creo) en el amor por sobre todas las cosas.

Mural callejero. Foto: Alejandro Viedma

 

Transcurridos unos meses, Lucas empezó a dudar de ciertas cosas y fue así que un día decidió hablar con un sacerdote a modo de consulta respecto de qué hacer con la relación, de qué hacer conmigo. La consulta parecía como si uno llamara a un fumigador o a un médico para deshacerse de algún mal. Y así fue. Tomó el discurso del sacerdote y lo hizo propio. “Vos estás enfermo, te tenés que curar”. Nunca más hablamos bien. Nunca más volvió el a dirigirme la palabra. Este sacerdote también me mandó a curarme y me pidió que este tema no se tocara más. Me aguanté las lágrimas por días que eran infinitos. Seguí trabajando en esa parroquia.

Pasado un año y medio desde aquel episodio y siguiendo yo adentro de la parroquia, me cerraron la puerta a seguir como coordinador de confirmación. Yo que ya había asumido mi condición y lo decía públicamente, no podía seguir, pero Lucas que no lo admitía y lo mantenía en secreto (con pleno conocimiento del sacerdote), iba a entrar en mi reemplazo. Me quedó muy claro que no me querían por mi sexualidad. “Hay menores, vos no podés seguir coordinando”. La equivalencia usada por el sacerdote: gay = abusador.

Reclamé mi lugar pero no me lo dieron. Dos meses después falleció mi madre. “Luchá por eso. Creé en vos y en Dios. Nunca dejes de luchar”, me dijo mi madre. Nunca dejó de luchar ella. A eso lo aprendí de ella.

Me pusieron en lugares mucho menos visibles “al público”. En la oscuridad operamos los gays en la parroquia.

Esta es un poco mi historia. Creo en la lucha por el amor. En que Dios ama a todos como son y nos crea para amar y ser amados. Para darnos al prójimo y entregarnos a las causas nobles. Quizás la pregunta sea: ¿es el amor una causa noble hoy en día? ¿O es otro bien de mercado? “Solo el amor convierte en milagro el barro”.

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

“Me enamoré de un rubio con ojos más azules que el mar”, dice Jonatan

Jonatan tiene 20 años y vive en Pilar. Estudia Ecología en la Universidad Nacional General Sarmiento (UNGS) de Polvorines. Después de leer en Boquitas pintadas una historia de amor no correspondido, se sintió tocado y quiso compartir su historia con nosotros. “También pasé por algo así y quiero contarlo. Me encantó la historia”, dice. De algún modo fue sentirse menos solo.

El alemán que me enamoró

por Jonatan

Hola, soy Jonatan. Tengo 20 años, vivo en Pilar y estudio Ecología en la Universidad Nacional General Sarmiento (UNGS) de Polvorines. La verdad me encantó la historia. Y también pase por algo así.

Estoy en una ONG ambientalista, Patrimonio Natural, y desde hace cinco o seis años vienen chicos de Alemania a voluntariar por un año.

Cuando yo tenía 17 estaba terminando la escuela secundaria sin muchas ambiciones pero sí comprometido con lo que me gustaba. Mi vida era muy simple. Ese año, septiembre de 2011, llegó Malte, un alemán rubio de ojos más azules que el mar.

El vivió en la sede de la ONG, que es la casa de una voluntaria y es, también, donde se encuentra el vivero de plantas nativas, que es el lugar donde más se trabaja.

A mi me encantó siempre y me encantan desde los trece las plantas, el vivero, la naturaleza en sí.

Con Malte pasábamos tanto tiempo juntos, éramos casi inseparables. Yo iba donde él estaba, me escaba de mi casa para estar con él, nos divertíamos mucho, teníamos una gran química y nos entendíamos perfectamente uno al otro. Yo me enamoré desde el primer momento en que lo ví, pero tenía miedo de decírselo. Nunca le había dicho nada así a nadie y no tenía experiencia de relaciones o amistades con chicos.

Estaba muy confundido, todo el tiempo nos mirábamos a los ojos por un largo rato, me susurraba cosas dulces en el oído y cuando no nos veíamos por un par de días me llamaba o escribía diciéndome que me extrañaba, que me necesitaba, que le hacía mucha falta…

Foto: Ignacio Lehmann; 100 World Kisses

Pasamos por infinitos momentos, buenos y malos. Un día antes de que finalice el año tomé coraje, corrí a la casa y se lo dije. Sencillamente le dije que lo amaba. Pensé que ya no tenía nada que perder, total él se iba a ir de todos modos y yo necesitaba sacarme esa mochila tan pesada de mi hombro.

El lo aceptó y dijo que estaba admirado de que yo pudiera decirle cara a cara lo que sentía por él. Lamentablemente para mí, en ese momento me dijo que me quería mucho y me apreciaba pero sólo como amigo. Yo me desmoroné.

Entonces, me salió un viaje a lo de una amiga en San Luis y entre otros quilombos que tenía ni dudé en irme. Allá pude respirar aire fresco y pensar detenidamente todo, aparte de llorar casi cada noche.

Cuando volví al mes faltaban dos semanas para que él se fuera. Tomé la decisión de tratar de que lo nuestro quedara bien. Pasamos los últimos días muy juntos; él estaba tan contento de que nos hayamos podido ver antes de su partida. Y un 20 de agosto de 2012 se fue.

Llegué a la casa de mi abuela, que es donde vivo. Me encerré en mi cuarto y lloré hasta quedarme dormido. Fue muy duro.

Mis amigas se preocupaban de verdad y, realmente les agradezco mucho. Ellas eran las que mantenían mi cabeza fuera del agua y dibujaban una sonrisa en mi rostro. Tuve año recuperándome, haciendo terapia y tratando de entender lo que pasó y lo que de algún modo seguía pasando.

Prometimos escribirnos y cosas así, pero no pasaba seguido y distintas cosas provocaban odio, ira y enojo en mí. Hace como un año, comencé un cambio más espiritual y corté todo tipo de contacto con él. Ahora es sólo como un fantasma, es alguien que fue muy importante en mi vida pero que ahora se desvaneció en el aire. Puedo ver todo claramente y me di cuenta de que lo nuestro no iba a funcionar, de que él no era para mí.

Gracias a esa experiencia hoy me siento más seguro, me amo a mismo y tengo el corazón abierto otra vez.

¡Gracias por este espacio! Un abrazo

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

¿Se casó con un varón o con una mujer?

En una de sus sesiones de 2012 Roxana (*) le comentaba al Lic. en Psicología (UBA) Alejandro Viedma: “No es fácil ni para mí acostumbrarme a decir que Clara es mi esposa. Es raro escucharme o escuchar que los que saben digan “tu ESPOSA”. El otro día tuve que hacer trámites, llenar formularios y lo escribí, fue la segunda vez que me pasaba. Antes había tenido que enfrentar este asunto con la gente de Recursos Humanos de mi trabajo, en la previa de mi casamiento con ella, explicar todo, arreglar los días que me correspondían por matrimonio. Incluso con algunos compañeros que no sabían sobre mi vida privada tuve que salir del placard en esos días, inevitablemente, aunque yo no quería todavía, no me sentía preparada. Ahora cuando vamos juntas a un local y el que atiende me dice: “tu amiga”, refiriéndose a ella, yo a veces le aclaro que es mi esposa y a veces no, no tengo ganas, es desgastante tener que aclarar todo el tiempo. Lo mismo cuando viajamos y tenemos que reservar una habitación en un hotel, si bien reservamos siempre cama matrimonial, cuando nos presentamos en la recepción nos preguntan: ¿Camas separadas, no?”.

Se inició un nuevo año. Este blog cumplió sus cuatro años de vida el 28 de diciembre pasado. Se sigue avanzando temporalmente desde la sanción de la ley de matrimonio igualitario en 2010. ¿Cuánto se avanza como sociedad en la real posibilidad de que dos personas del mismo sexo se casen? Cuando alguien anuncia su matrimonio: ¿nos surge la pregunta de si se casa con un varón o con una mujer?

Una pareja de mujeres y mamás, en la marcha del orgullo en Buenos Aires; Foto: Alejandro Viedma

Viedma considera que “hay consecuencias positivas de las conquistas igualitarias en los últimos años en la Argentina, de los grandes pasos que sobre todo logró el colectivo LGBTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales y queer) a través de sus organizaciones, militantes y activistas independientes, ya que existen menos personas por fuera de redes (humanas, sociales, jurídicas), al constituirse realmente en ciudadanos (en igualdad de derechos). Y lo principal que está trayendo la ligazón: ‘avances en derechos igualitarios con efectos subjetivos’. Es decir, los primeros mejoran la calidad de vida de las personas (LGBTIQ y sus allegados)”.

Así, que alguien pueda acceder a algo (una ley) que anteriormente le fue denegado, lo posiciona en otro lugar, ya con la posibilidad real de ser digno y feliz, concretando en la realidad cotidiana lo que en el pasado ni siquiera podía soñar como proyecto.

El psicoanalista aclara que sin embargo, aún se escuchan y leen cosas espantosas desde los que se posicionaron en la vereda de enfrente, dedicadas a quienes no entraban/entran en la heteronormatividad, sobre todo con la cuestión de la adopción de niños y niñas por parte de parejas del mismo sexo, lo que ya des-cubría la homofobia social, institucional, política en aquellos debates desde 2009 y por supuesto también desde antes.

Pero Viedma cree que de a poco las parejas del mismo sexo empiezan a escuchar preguntas del tipo de: ‘Y ustedes, ¿se van a casar?’; con los años: ‘¿Van a adoptar?’. “En el presente en cada grupo humano se desmiente/niega menos y se iguala más; hoy en día cuando alguien refiere que otra persona está casada, tiene además que preguntar(se): ‘¿Se casó con un varón o con una mujer?’, o: ‘¿este matrimonio –sea cual fuere- tiene hijos?’. Es decir que los interrogantes sociales también entran en una igualdad, las preguntas van dejando de ser tabúes, se cortan los silencios por miedos o por no ser irrespetuoso y aflora lo simbólico derribando preconceptos, incluso con novedosas formas dentro de la comunidad LGBT”.

“Desde mi rol de terapeuta acompaño a mis pacientes en sus procesos mitigando el nivel de angustia, apuntalándolos para que puedan resolver con la verdad los obstáculos que se les presentan, revisando los propios prejuicios y temores que traban la comunicación fluida en todos los ámbitos (laboral, familiar, amistoso, etc.) por donde circulan. Para eso suelo indagar alrededor de las creencias establecidas desde la infancia y adolescencia, sobre todo en los campos educativos y el familiar. Si bien aún falta para que en nuestro país gocemos de una igualdad real, las personas LGBT están más contenidas que en el pasado y cuentan con más espacios para acudir y denunciar en casos de discriminación”.

 (*) Roxana es un nombre cambiado con el fin de preservar la privacidad de la expaciente

 

¡Feliz 2015,

por un año con más derechos para todos y todas!

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

Las lágrimas, una obra sobre la identidad arrancada: la artística, la social y la sexual

En la obra el público asiste al rodaje de una telenovela, intitulada Las Lágrimas, de rotundo éxito de público en la televisión. Su protagonista, la bella Libertad (Urtizberea), y la productora, Victoria (Mockert), tienen un noviazgo en zona de derrumbe. Su excéntrica autora y directora es una señora que se mueve en silla de ruedas, la alcohólica y egomaníaca Edith (Pelicori).

La llegada casi por azar de un nuevo asistente de dirección, Marcelo (Urbaneja), traerá información a los personajes, información sobre el pasado de ellos y del dueño del canal, Leopoldo Acevedo (Aste). Travestismo, una novela en verso, éxtasis mezclado con vino, música electrónica, doblecasseteras, besos que no se dan, virginidad, un caballo que viaja por el tiempo, vómitos, un embarazo y una última cena: una metáfora barroca sobre un país barroco.

Así se presenta la obra de teatro Las lágrimas, dirigida por Mariano Tenconi. Este artista escribió, para Boquitas pintadas, su presentación de la obra.

El amor entre Libertad y Victoria

Por Mariano Tenconi

Las Lágrimas trata el tema de la identidad desde todas las resonancias que nos fueron dadas encontrar. La identidad arrancada, por el genocidio que sucedió en la Argentina en los años 70, pero también las otras identidades: la artística, la social, la sexual.

Un relato atraviesa la obra, y es un relato sobre la militancia en aquellos años pero es, a su vez, una historia de amor. Y como Romeo y Julieta, Titanic u Ocho Cuarenta, del potro Rodrigo, es una historia de amor prohibido (y socialmente prohibido).

Una mujer, una señora de su casa, vive un romance apasionado con su empleada doméstica. Ella, su empleada, la convence de hacer política, de poner el cuerpo. “Ella lo hacía porque la política era su causa. Yo lo hacía porque ella era mi causa”, dice Edith, interpretada por la genial Ingrid Pelicori. “El amor es mi revolución” es una frase que formó parte de mis dos primeras obras.

En Montevideo es mi futuro eterno un profesor de historia argentino se iba a participar del Movimiento Revolucionario Tupamaros y se enamoraba de una periodista. En Lima Japón bonsai un campesino peruano se enamoraba de su secuestrada, la hija del embajador de Japón. Creo en la fuerza revolucionaria del amor y creo también, profundamente, en el vínculo entre lo íntimo y lo político. Por eso una de las metáforas de la Argentina, de la relación de Argentina con su pasado, de la relación de Argentina con su futuro, aparece plasmada en la obra como el romance de dos mujeres: una empleada doméstica y la dueña de casa; un romance atravesado por la Revolución Armada y el cautiverio genocida,

Otro amor de mujeres es central en el relato de Las Lágrimas. El amor entre Libertad (Violeta Urtizberea) y Victoria (Iride Mockert). Las actrices están extraordinarias, no sucumbiré a la tentación de hablar de ellas. Es la relación entre la protagonista de la telenovela y la productora, un amor en crisis que -justamente- confronta dos modos de leer/escribir el amor: el de Libertad, un amor romántico, apasionado, militante (“yo te amo como en el siglo XIX”) y el de Libertad, un amor posmoderno, virtual. Se confronta, también, la importancia de la identidad en el amor. “Si no sé quien soy no puedo amar”, dice Libertad.

Una cosa muy importante, además, para cerrar. Quizás todo esto suene demasiado grave. Amor, política, futuro. Pero Las Lágrimas es, antes que nada, una comedia. Es un enorme ejercicio de libertad. Ojalá puedan verla y notar, antes que nada, lo profundo y conmovedor que puede ser el humor.

 

Elenco: Ingrid Pelicori, Violeta Urtizberea, Iride Mockert, Martin Urbaneja, Fabio Aste. Música original: Ian Shifres; Diseño de escenografía: Oria Puppo; Diseño de luces: Matías Sendón; Diseño de vestuario: Oria Puppo, Micaela Sleigh; Coreografía: Carolina Borca; Realización de escenografía: Valeria Abuin; Video: Santiago Brunati; Fotografía: Soledad Allami; Diseño gráfico: Gabriel Jofré; Asistencia de dirección: Tomas Vio; Producción general, prensa y comunicación: Angela Carolina Castro

 

La obra va los viernes y sábados a las 22:45 en el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543)

“Mis amigas mujeres contribuyeron mucho a mi liberación homosexual”, dice Juan Pablo

En vísperas del Día del Amigo, comparto con ustedes el relato de Juan Pablo, un joven que escribe desde Salto, Uruguay. El aclara que su historia no tiene ninguna particularidad. “Desde pequeño supe que era gay, buena parte de mi vida traté de ‘administrar’ esa condición, suponía que con el tiempo me iba a ‘transformar’ en heterosexual”. Cuando terminó su secundario y pasó a la universidad comenzó a cambiar su actitud, esto también como consecuencia de que empezó a vivir solo. “De apoco me fui liberando, con los temores, obvio”, dice. En ese momento de liberación rescata la presencia de sus amigas. “En todo este período hice amistad con muchas amigas y comprobé que las mujeres son mucho menos prejuiciosas que los hombres en lo que respecta a la homosexualidad masculina, por eso contribuyeron mucho a mi liberación”

- ¿Cómo es que siempre supiste que eras gay?

- Soy de los que cree no es una condición adquirida, más precisamente creo que viene desde el nacimiento mismo. Desde que era chico ya tenía fantasías sexuales con hombres y siempre los observaba, me gustaban sus físicos, obviamente no me animaba a formular estas cosas. Recuerdo muy claramente cuando tenía doce años haberme sentado en la falda de un compañero de clase; además, me gustaba cuando estaba solo usar cosas de niñas. A los doce años me perforé la oreja para usar aritos. Es decir se desarrolló en mi conciencia una fuerte admiración por el género femenino.

- ¿Cómo fue ese tratar de “administrar” esa condición?

- Mucho más tarde una psicóloga mía describió mi homosexualidad vinculándola a mi admiración a la cosa de “mujer”. Ahí es cuando digo que siempre “administré” mi homosexualidad para que el ambiente no me agrediera. Trataba de ocultar toda “actitud” homosexual, procuraba consolidar una imagen heterosexual. Luego fui tomando conciencia de que mi condición de gay era irreversible. En el secundario me reprimí mucho. Me enamoraba de la belleza masculina pero no lo manifestaba.

Rostros de un Triunfo; fotografías de Javier Fuentes & Nicolás Fernández

- ¿Qué te pasó en la universidad?

- Cuando llegué a la universidad desarrollé otro tipo de vínculos. Al vivir solo me acerqué mucho a las mujeres, compañeras de clase y con ellas explicité mi condición gay. Las chicas siempre fueron muy comprensivas y me ayudaron. Tenía conversaciones sobre hombres con ellas. Las mujeres son muy comprensivas y están libradas de esas estúpidas ideas machistas. De hecho mis amistades íntimas son todas mujeres; las amo como amigas.

- ¿Qué sentís que ocurrió en Uruguay desde la aprobación del matrimonio igualitario?

- Respecto al matrimonio igualitario en Uruguay lo que ha cambiado es el status jurídico, pero seguimos siendo una sociedad machista y conservadora. No todo el mundo sabe que soy gay, es decir no lo digo abiertamente pese a que la ley me avale.

¡Feliz día a todos los amigos de Boquitas pintadas!

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

Los Geek diversos también tienen su espacio no virtual para conocerse

¿Sabés cómo conquistó Han Solo a Luke? ¿Sabés cuánto tardaron She-ra y Cheetara en mudarse juntas? ¿Sabés como hace Robin para estar siempre de buen humor? Así dicen los divertidos flyers de “Grupos Geek LGBTIQ que el escritor Facundo R. Soto coordina los viernes en el Centro Cultural Matienzo.

¿Qué se hace ahí adentro? ¿Cómo surgió la idea? Son dos piezas clave que Facundo va a contar para Boquitas pintadas.

Facundo Soto propone un lugar de encuentro no virtual

 “Un espacio de despeje”

Por Facundo R. Soto

“Hace un tiempo vengo escuchando que muchos chicos quieren conocer a otros (chicos), mantener un noviazgo, armar una relación, y se les complica… Me pareció raro, habiendo tantas herramientas informáticas, redes sociales, sitios de encuentros… Lo que me graficó un chico era que al refugiarse en lo virtual la gente perdía cierto compromiso y se arriesgaban a decir cosas que frente a frente no harían. Esto se fue haciendo un hábito, y cada vez es mayor la dificultad para relacionarse. No está mal tener sexo, es básico, pero a veces se lo prioriza, y las personas, como el tema de Virus, pasan a ser “amor descartable”, por la increíble oferta que hay en los sitios de encuentros. Otro chico me decía que le escribió a otro porque le gustó su perfil, decía “busco alguien para empezar una relación, los que buscan sexo exprés, por favor abstenerse”. Pero, apenas le respondió le pidió que le desbloqueara las fotos, porque quería saber el tamaño de su verga.

Un poco así, frente a la necesidad de gente que quiere conocer gente nació la idea de armar un espacio lúdico, con el poder de las conversaciones, los juegos proyectivos y el coaching. ¿Para qué? Para destrabar, desbloquear los impedimentos que hacen que uno no avance hacia su meta y objetivos; claro que primero hay que hacer un trabajo sobre lo que queremos y deseamos, porque solemos decir una cosa y hacer otra.

El espacio está bueno porque se trabaja con confianza y respeto para poder desplegar cualquier inquietud que, quizás, sólo alguien de la comunidad LGBTTIQ pueda comprender. Hay mucha gente tímida, que va a los boliches y no conoce a nadie. Bueno, ésta es una forma de socializar, trabajar sus miedos, deseos, proyectos, lo que sea… Hay muy buena onda. Abre posibilidades. Crea expectativa. Posibilita que uno vea su tema desde otros puntos de vista… Ojo, no es un Cupido, donde la gente va de levante, es un espacio de “despeje”, donde entre todos trabajamos para sacar las piedras del camino y avanzar hacia donde uno quiere o desea… El espacio grupal es muy rico e interesante. En un punto, todos se identifican con todos, y esto hace que la problemática que uno lleva, pierda la solemnidad y el corte de tragedia que a veces lleva. Porque muchas cosas que a uno le pasan, al otro, de alguna manera también le pasan”.

 

Grupo orientado a Geek LGTBIQ

Viernes 19 a 21 en Club Cultural Matienzo

Consultas e inscripciones: literatura@ccmatienzo.com.ar

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!