Papá y papá, un grupo para compartir la experiencia de la familia propia

El grupo de Facebook ‘Papá y Papá’ nació como un espacio para establecer y fortalecer vínculos entre gente que tiene en común el deseo de ser padres y enfrentar las dificultades que implica querer hacerlo, siendo varones, solos, o en pareja con otro hombre. También vincularse con otros que ya viven la paternidad, compartiendo sus experiencias, con instituciones, o personas que se interesen por esta problemática, y-o participen del recorrido en el camino hacia la paternidad, interrelacionándose e informándose de cada situación. Y bajo la creencia de que lo fundamental para crear una familia es el AMOR.

Ariel Ocampo y Guillermo Boccamazzo, así como Pablo Adzich y Francisco Solá dedicieron compartir con Boquitas pintadas la razón de ser de este grupo que crearon, las intenciones que los movilizan, los desafíos que se plantearon.

Con esta ilustración, realizada por Ariel Ocampo para Boquitas pintadas, se presenta la agrupación

Ellos escriben a cuatro manos: “Somos dos matrimonios de varones que buscábamos la forma de lograr tener hijos, y de vez en cuando nos encontrábamos en distintos ámbitos sociales y comentábamos lo que veníamos realizando. Coincidimos en el Encuentro de Familias Homoparentales que se realizó en Agua de Oro, Córdoba. Gracias a la generosidad y apertura de las organizadoras, que no solo convocaron a familias con hijos, sino a todos los que tienen intenciones de ser mamás o papás siendo gays. Volvimos a notar que dentro de la diversidad de familias, nuestra situación como varones conforma una problemática específica dentro del grupo, por el hecho de que existe la necesidad de un óvulo y un útero ajenos a la familia, si hablamos de hijos biológicos”.

“Además, en el caso de la adopción, a los prejuicios que la mayoría de los jueces ostenta acerca de las familias homoparentales, se le suma el de la idealización del rol de la mujer como elemento insustituible en una familia, ignorando, por ejemplo, los innumerables casos de los viudos, o separados y/o divorciados varones que crían a sus hijos y conforman hermosos hogares. Entonces, nos encontramos con que mientras muchas parejas de lesbianas están ya compartiendo experiencias acerca de cómo criar a sus hijos, cómo integrar la familia a la sociedad, etc., la mayoría de las parejas de varones seguimos viendo cómo hacemos para algún día concretar nuestro anhelo de agrandar la nuestra”.

“Entonces, dijimos: ‘Che, tenemos que reunirnos de una forma más sistemática, para hablar sobre este tema específico y ver qué podemos hacer. Y hasta que nos organicemos para juntarnos, armemos un grupo de Facebook y podemos ir sumando a gente que conozcamos que está en la misma’.

Una vez que armaron la página empezaron a llegar mensajes desde todos los puntos de la Argentina; se contaban situaciones de lo más variadas. Algunos eran casi como llamados de auxilio pidiendo que alguien escuche su historia.

“Esta situación nos hizo ver una vez más que no estamos solos, sino separados, ocultos, callados y todos esperando un lugar visible al cual pertenecer. Ver que la gente nos escribía, incluso sin saber quiénes éramos nos daba a entender que estaban esperando algo más que un ‘gracias por participar, estamos en contacto’. Y si bien no nos sentimos capacitados para “asesorar”, vamos comenzando a canalizar algunas dudas e inquietudes y poniendo en contacto a la gente con distintos profesionales especialistas que se han acercado desinteresadamente”.

Es decir, aclaran que no son un grupo organizado que busca reflejar su actividad en las redes sociales, sino al revés: Facebook fue un disparador y la intención es conformar un grupo presencial.

“Cuando decimos ‘Papá y Papá’ es un poco en respuesta a las banderas levantadas por los católicos conservadores con la leyenda ‘Papá y Mamá’ y cuando decimos ‘varones gay’, no es porque nos importe especialmente la sexualidad de las personas que conforman el grupo de Facebook, sino para encuadrar con alguna palabra la imposibilidad de tener en nuestras familias a una ‘mamá’’, aclaran.

- ¿Cuál es la realidad que atraviesan las parejas de varones gays que quieren ser padres?

Ellos cuentan que las realidades son múltiples, con el denominador común de la ansiedad, y una serie de limitantes sociales y legales. Las exponen:

Frente a la adopción: Si bien la ley no hace diferencia por preferencia sexual ni tipo de familia, en el tema adopción siempre hay un margen de discrecionalidad que queda en manos del Juez y sus prejuicios. Para el aspirante soltero gay, si bien no es fácil adoptar, hay más posibilidades de “burlar” esos prejuicios, revistiendo ante el sistema la categoría de “soltero” y nada más; en cambio, cuando nos casamos, nuestra libreta de familia es un “certificado de homosexualidad”, con el cual estamos explicitando nuestra preferencia sexual, y estamos “blanqueando” formalmente nuestro proyecto de familia ante la mirada temerosa de los juzgados. El soltero, una vez que adoptó, puede casarse con una persona de su mismo sexo y luego el cónyuge “co adopta” al niño, con lo cual el proceso estaría listo.

Frente a la posibilidad de paternidad biológica: Para este proyecto, aunque suene raro, no se necesita una “mujer”. Por más prejuicios que existan, un niño puede crecer sana y felizmente en una familia donde no hay una mujer. La realidad es que lo que sí es imprescindible, es un óvulo, y un cuerpo de mujer que pueda gestar el bebé. Para todo lo posterior al nacimiento, no es excluyente la presencia de la mujer. Y la realidad y estudios al respecto lo demuestran.

La subrogación, o ceder la capacidad de gestación no sólo existe como posibilidad sino también en los hechos, aunque no haya un marco legal que lo contemple. De esta manera, la precariedad y la falta de seguridad jurídica para todos –incluido el hijo- vulnera los derechos de los implicados. Así como no hizo falta la ley de matrimonio igualitario para que las parejas de personas del mismo sexo convivieran, pero sí hizo falta para ser reconocidos con los derechos y responsabilidades que genera, de la misma manera la realidad de la subrogación de vientres necesita un marco legal –que ya existe en diversos países-. Un marco legal que defina y delimite las responsabilidades de cada participante del proceso, y también un marco regulatorio que centre la paternidad en la voluntad expresa y no en la persona de quien dio a luz a un niño.

- ¿Qué presiones sienten de la Iglesia católica, por vivir en una provincia tan creyente?

“En cuanto a la Iglesia Católica, creemos que ejerce la misma presión que ejerce con todo lo que signifique cambio cultural: es uno de los principales aparatos de conservación y reproducción cultural, una máquina que casi anda sola, porque sus mandatos y principios inundan el tiempo y los espacios, de tal manera que casi no le hace falta expresarse en alguna presión en particular, sino que ejerce esa fuerza que sus 2000 años de imposición cultural le posibilita”.

“Por lo general la Iglesia se toma sus años en reconocer y legitimar cambios sociales, y por lo general pide perdón por el hostigamiento moral y físico con una distancia temporal suficiente para que tanto víctimas como victimarios queden perdidos en el anonimato de la historia, o su existencia se limite al ‘personaje’ y no a la ‘persona”.

“Hoy en día es casi pintoresco hablar de los métodos de la Inquisición, de las Brujas en la hoguera, de los Esclavos y su sufrimiento, del aniquilamiento de pueblos y culturas en nombre de la Fe, pero si pensamos en los millones de personas que a lo largo de la historia de la Iglesia Católica nacieron, crecieron y murieron en el sufrimiento de ver sus derechos avasallados, más que pintoresco es realmente triste. Y como que no alcanza con un pedido de perdón lejano y anacrónico, que limpia el historial para hacer nuevo espacio para seguir persiguiendo y condenando a los perseguidos de hoy y del mañana”.

- ¿Creen que con el papa Francisco cambiará algo?

- “Hay una euforia papista-nacionalista desde que Bergoglio fue elegido Papa. Y si la gente estaba haciendo esfuerzos por salir de la comodidad de lo conocido, para empezar a considerar lo diferente…ya no”.

- ¿Qué opinan de los recortes en el proyecto de modificación del código civil?

- “Nos parece un reflejo concreto de lo que venimos hablando: un tire y afloje entre las necesidades de cambio social y las fuerzas conservadoras, que generan este retroceso que consideramos “momentáneo” ya que la realidad, tarde o temprano, termina ajustando las leyes. Y cuanto más visible sean nuestros proyectos de vida más rápido se generarán los cambios necesarios. En este contexto entendimos lo importante de nuestra visibilización como familias homoparentales”.

 

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“De chico prefería más jugar al elástico que a la pelota”, dice Facundo

Hace unos días hablábamos de “La doble vida de Mariano”, que compartió su experiencia de mantener una identidad para su vida social “permitida” y otra para los sitios en los que no quiere visibilizarse por completo. En la noche de inauguración del teatro de Puerta Abierta uno de los oradores, Facundo García, rozó el tema cuando habló de sus épocas de salida del clóset.

Se presentó así frente al teatro colmado. “Para quienes no me conocen, me presento: mi nombre es Facundo. Lamentablemente, hubo momentos y espacios en los que no supe llamarme Facundo. En esos momentos, que fueron más largos de lo que hubiese querido, y en esos espacios, demasiado estrechos para caminar a buen paso, solía usar mi segundo nombre, Nicolás”.

Y agregó: “Ser Nicolás era ser anónimo, invisible, “farsante” (tan en auge hoy). Un denominador común, creo yo de varias generaciones de quienes no adherimos a la heteronormatividad. Porque mi Nicolás era tu Pablo o tu Diego o tu Carlos. En otras palabras, no eras vos ni era yo. Eso es sólo la clave del candado del clóset”.

Facundo García, en una marcha de orgullo en Buenos Aires

Escuchar estas palabras, despertaron preguntas. ¿Cómo incorporó eso de tener un nombre para un ámbito y otro para otros? ¿Qué fantasmas tenía? ¿De quién pretendía resguardarse?

Facundo habló de esto con Boquitas pintadas e intentó hacer memoria de aquellos tiempos duales. No le fue fácil retroceder a momentos que recuerda como de mucha soledad. “Ya ni me acuerdo como apareció eso de los dos nombres”, se sincera.

- ¿Qué fantasmas tenías? ¿Pretendías resguardarte de alguien?

- Recuerdo que el de la salida del clóset fue un proceso de profunda soledad. Me preguntaba todo el tiempo por qué me pasaba esto a mí, por qué me sentía atraído por personas de mi mismo sexo. Y buscaba formas de remediarlo o incluso en la adolescencia me planteaba vivir una doble vida, aparentar. Mi fantasma era el rechazo. Ya en la escuela primaria había sentido el rigor de las reglas heteronormativas, nada amigables para un varón que prefería jugar al elástico que a la pelota. Y también estaba ese temor a la decepción que pensaba podía llegar a sentir mi familia.

- ¿Querías autoprotegerte?

- Sí, cuesta enfrentarse a un mundo, parafraseando a Carlos Jáuregui, que te educa para la vergüenza, que deslegitima tu deseo en múltiples formas. Hay un esfuerzo por encasillar en esas expectativas sociales cuando uno es joven y quizás no tiene herramientas para decir “no, no hay un único camino ni una única forma de vivir la sexualidad, los afectos, etc.”. Entonces intenté encontrar formas de autoprotegerme. Era sumamente ermitaño, no me gustaba salir, era un estudiante aplicado y… cuando el deseo se hizo más fuerte mantuve, en una primera etapa, esos mundos separados: para unos Facu y para otros Nico.

- ¿Qué pensabas que pasaría si te visibilizabas con tu primer nombre en todos lados?

- Cuesta pensar a la distancia en esos fantasmas. Estaba tomando una decisión sobre cómo quería vivir mi vida. Hoy es más sencillo pensar en un gay o una lesbiana formando familias con sus parejas e hijos. Pero hasta hace muy poco en nuestro país no teníamos derecho a la adopción conjunta o al acceso a las técnicas de inseminación. Eso era algo que siempre tuve claro que no quería relegar.

Aquí comparto con ustedes el discurso completo de Facundo García, militante del Partido Socialista y miembro de la ONG Capicüa

Ser Nicolás era ser “farsante”

Por Facundo

Para quienes no me conocen, me presento, mi nombre es Facundo. Lamentablemente, hubo momentos y espacios en los que no supe llamarme Facundo. En esos momentos, que fueron más largos de lo que hubiese querido, y en esos espacios, demasiado estrechos para caminar a buen paso, solía usar mi segundo nombre, Nicolás.

Ser Nicolás era ser anónimo, invisible, “farsante” (tan en auge hoy). Un denominador común, creo yo de varias generaciones de quienes no adherimos a la heteronormatividad. Porque mi Nicolás era tu Pablo o tu Diego o tu Carlos. En otras palabras, no eras vos ni era yo. Eso es sólo la clave del candado del clóset.

Alejandro Viedma y Facundo García, “hermanitos de la vida”, como se definen ellos

Volviendo. Aún tenía 17 años cuando por medio de un amigo en común conocí a quien sería un hermano mayor de la vida, a Alejandro Viedma. Fue en una charla organizada por la Federación Argentina LGBT en donde Beatriz Gimeno (en aquellos tiempos presidenta de la Federación Española LGBT) había venido a hablar sobre cómo había sido el camino para que se aprobara el matrimonio igualitario en España.

Por supuesto que, para ese amigo en común –para ese amigo gay en común-, mi nombre en ese entonces era Nicolás.

Y se dio así como en una de esas tardecitas de Buenos Aires que tienen ese que se yo… “Alito” me citó a una entrevista.

Estábamos por Almagro cuando ÉL, hijo ilegítimo de Elizabeth Roudinesco, Sigmund Freud, Lacan y Silvia Bleichmar, tras agudizar sus sentidos psicoanalíticos -escucha atenta y mirada inquisidora- me hizo la gran pregunta.

- Pero decime, ¿cómo te llaman tu familia y tus amigos del colegio?

¡Chan!. Y ahí estaba apuntándole la llave al candado.

- Bueno, en realidad, ellos me llaman Facundo. Uso Nicolás porque es mi segundo nombre y como aún mis viejos no lo saben… y mis amigos tampoco… bueno, vos me entendés.

- Aha, bueno, en ese caso, yo también te voy a llamar Facundo.

Por primera vez, el mundo de mis raíces y de mis afectos -el que ocupaba mi casa, mi escuela, mi laburo- se entrecruzaba con ese otro mundo, el de mis deseos –el de mi putez, mi pluma, mi jean ajustado-. Y, por otro lado, Ale al unísono también me mandaba un mensaje bien directo: me abrió la posibilidad de que sea uno de mis afectos más cercanos. ¿Cómo no inaugurar allí mismo una fraternidad perdurable y fuerte?

Así, al tiempo (porque Ale me hizo esperar a que cumpliera 18 años), ingresé al grupo de reflexión de varones gays de Puerta, el de los míticos jueves, en la sede de Hipólito Yrigoyen y Boedo. Etapa feliz, de encuentros en la mirada de los otros, aprendizajes entre pares y amistades que perduran. Crecimiento personal y colectivo.

No sólo eso: Puerta Abierta también me permitió, con la confianza gigante de su directora Graciela Balestra, dar los primeros pasos en la militancia por el arco iris. Tuve el honor de representar esta institución en la Comisión Organizadora de la Marcha del Orgullo en el año 2007. Un camino de compromiso que me enseñó este lugar maravilloso, integrado por personas tan bellas, y del que nunca me pude despegar.

Por eso estoy feliz de esta nueva iniciativa –la del teatro, la del arte- que va a colaborar en la ya titánica tarea que realiza Puerta en pos de una sociedad más igualitaria, con más libertades, más dignas y sobre todo ¡más feliz!

 

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Buenos Aires tiene su teatro para la diversidad: ¡que empiece la función!

Será el primer teatro para la diversidad en la Argentina. El viernes próximo abre sus puertas en el barrio de San Cristóbal Puerta Abierta Teatro. Lo presentan así: “Es un lugar donde podamos expresar a través del arte la reivindicación de los derechos humanos de todas las personas de cualquier orientación sexual sin que esta sea causa de discriminación, donde quienes lo deseen puedan empezar a desarrollar actividades artísticas aunque nunca antes lo hayan realizado”.

La psicóloga Graciela Balestra, una de las gestoras de este proyecto junto con su compañera Silvina Tealdi, anticipa: “Este espacio le hará mucho bien a mucha gente ya que el arte y, en especial, la actuación es sumamente terapéutica e integradora”.

Así luce la fachada del nuevo teatro de Puerta Abierta

La ONG Puerta Abierta fue fundada en 1999; desde entonces trabaja por los derechos LGBT, desde lo político, social, cultural, psicológico, jurídico y médico. Más de 3000 personas han participado de sus actividades: desde allí se trabaja dando charlas, talleres, presentaciones en congresos, trabajando activamente para las leyes de Matrimonio igualitario e Identidad de género, asesorando a legisladores, entre otras cosas.

Como parte de este proceso, en 2009 la ONG creó el primer Centro de Jubilados y Pensionados lésbico gay de la Argentina y de Latinoamérica, llamado Puerta Abierta a la Diversidad. Allí se abrió un espacio para que los adultos mayores LGBT tuvieran un lugar de pertenencia en donde poder expresarse y mostrarse libremente tal como son, sin miedo a la discriminación y donde pudieran crear una red para poder ayudar a otros de manera concreta y visible. La intención es que esa visibilización propicie una sociedad cada vez más respetuosa de las diferencias.

“La realidad es que hoy aún es necesario que existan espacios así, ya que la sociedad todavía no está preparada para aceptar que todos somos diferentes entre nosotros -diferencias dadas por tener cada ser humano una singularidad y subjetividad única e irrepetible- y que todas las  personas tienen los mismos derechos”, explica Balestra. “Los adultos mayores LGBT sienten que no tienen lugar en la comunidad, que cada día se consolida más el arquetipo de la juventud como estado ideal, franja etárea sobrevalorada, impactando en los adultos mayores negativamente por lo cual ellos se consideran doblemente discriminados por no encajar en los estándares sociales actuales”.

Silvina Tealdi (izq.) y Graciela Balestra, gestoras de este proyecto de arte integrador

A eso apunta Puerta Abierta, un sitio que integra más allá de las edades, de la orientación sexual, de los intereses de cada uno. Por eso es que muchas personas se fueron sumando en estos años y pudieron sentirse parte de algo, ser tenidas en cuenta, valoradas, queridas por lo que son.

A partir del deseo y la energía de esas personas es que justamente se logró armar una sala de teatro. Para que exista un nuevo modo de expresión en la comunidad de Puerta. “Para poder expresar a través del arte la lucha contra la discriminación y la reivindicación de los derechos de las personas LGBT”, sostiene Balestra.

La continuidad de este proyecto, ahora a través del arte con un teatro abierto a la comunidad, es una posibilidad de que muchos más adultos se integren y acerquen a sus pares, cualquiera sea su orientación sexual.

“En Puerta abierta todo el mundo es bienvenido”, dice Balestra, e invita a la inauguración. Será este viernes 6 a las 19.30 en Alberti 1052, Ciudad de Buenos Aires. Para más información: puertaabierta2010@yahoo.com.ar; o al 1544709852  /  1567114263

 

Bonus track para conocer más de Puerta Abierta: Graciela Balestra, directora de Puerta Abierta, y Alejandro Viedma, coordinador del grupo de reflexión de varones gays, hablan sobre el área terapéutica y los espacios de reflexión para lesbianas y gays, en el programa de GTelevisionAr.

Claudia Castrosin, “La Fulana” con 15 años de militancia por los derechos de las lesbianas

Claudia Castrosin era una chica de 20 años cuando les dijo a sus padres que era lesbiana. Era a fines de los 90, en La Plata. Su mamá le habló así: “Esta es una casa decente y acá se va a vivir como yo digo”. Entonces, le dio las llaves de su casa y se fue. Sabía que en la organización La Fulana, de la que había sentido nombrar, encontraría un espacio de contención. Hacia allá fue. Se alojó junto a otras chicas, también lesbianas y echadas de sus hogares, en una vieja casona.

Ese refugio, por el que pasaron una multitud de mujeres, se cerró, pero Claudia siguió su activismo en La Fulana y hoy es una de las principales referentes. La organización cumple 15 años en septiembre próximo. “Recuerdo que no sabíamos nada de género y en María Rachid fue clave en acercarnos materiales que terminaron de formarnos”, dice, quien hoy es vice presidenta de la Federación Argentina Lgbt en la Argentina.

Fue una de las principales activistas a favor de la ley de matrimonio igualitario; tanto fue así que junto a su pareja de entonces, María Rachid, fueron las primeras en presentar un recurso de amparo para casarse en Buenos Aires. Luego vinieron otros, todos con resolución positiva. Al final, llegó la ley. También trabajó por la ley de identidad de género, la ley de sangre y derogación de edictos policiales. Este año está activa en la ley antidiscriminatoria y apoyando la ley del aborto seguro. Sobre este último punto,  cuestiona: “Me gustaría preguntarle a Cristina qué piensa del aborto”.

Claudia Castrosin junto a María Rachid, antes de la ley matrimonio igualitario

- ¿Qué es La Fulana?

- La Fulana es un espacio de articulación lésbica, es un espacio de lesbianas y mujeres bisexuales. En un principio La Fulana estaba formado por dos espacios políticos de acción lésbica: uno se llamaba Musas de papel, que tenía que ver con poesía y acciones culturales en general; y Amenaza lésbica, que era un espacio de activismo combativo, de tomar las calles y hacer visibilidad lésbica. Llegó un momento que había mucha necesidad de las mujeres de vivir en ese espacio porque eran echadas de sus casas. Entonces, se pensó en un espacio más amplio. Ahí jugó un rol muy importante María Rachid, que diagramó un espacio que funcionara como un centro comunitario. Eso estuvo desde mediados de los 90 hasta 2005. Era una casa grande en la calle Venezuela. Yo llegué en el 99 como una más echada de la casa de mis padres en La Plata; recién había salido del armario. Yo conocía La Fulana, la había escuchado nombrar. Me fui sabiendo que contaba con ese lugar.

- Era todo más oculto, ¿no? ¿Esto explica esas expulsiones?

- Sí, había otra lectura social de la homosexualidad. En ese punto, hay un paréntesis que yo entendí con la militancia, con los años de activismo y me amigué con mi familia, con cosas que pasaron en ese momento. Soy hija única, mi viejo, que era mi mejor amigo, me dejó de hablar, no pudo transmitirme de ninguna manera qué le molestaba. Yo tenía 20 años. Mi mamá lo que me dijo fue: ‘Esta es una casa decente y acá se va a vivir como yo digo’. Entonces, le di las llaves de mi casa y me fui. Pero me fui segura del espacio de contención de La Fulana. Sabía que ahí recibían a las chicas. Estuve como seis meses sin hablarme con ellos. Era un lugar muy necesario, a muchas les pasó lo mismo.

- ¿Cuántas chicas se llegaron a alojar ahí?

- Cuando llegué éramos ocho. Como máximo fuimos 20. Era un sistema comunitario muy lindo para vivir. En ese sistema de hacernos responsables de todo fue una gran experiencia. Además, teníamos en claro que había que agarrarse de algo: María nos acercó al feminismo, a las lecturas sobre eso y estuvo re bueno. Además fueron todas experiencias de salida del armario que fuimos viviendo juntas. Fue un gran aprendizaje.

Claudia Castrosin, en una jornada de activismo contra el crimen de Natalia “Pepa” Gaitán

- ¿Qué pudiste ver en relación con tus padres?

- Entendí en todo ese tiempo que yo no tenía herramientas para plantearle lo que me pasaba. Yo no sabía qué me pasaba a mi, entonces menos le iba a poder contestar. Entonces lo primero que hice fue decirles: ‘Listo, te doy las llaves’, sin resolver nada. Después entendí que los viejos no tienen la culpa. Es un sistema que hace que así sea. A mis padres nunca les dijeron que había un porcentaje de probabilidades de que tuvieran tengan una hija lesbiana, estaban preparados para la heteronormatividad. Está el miedo, el desconocimiento, el ‘no vas a tener hijos’, el que ‘nunca vas a ser feliz’. Con el tiempo se dieron cuenta de que nada de eso pasó, me casé y hasta soy mamá.

- ¿Cómo fue la vuelta con ellos?

- Después de esos meses nos acercamos. Fui con mi compañera de ese momento, que era María Rachid, y fue entender que yo estaba enamorada de una mujer, que no había mucho más. Por entonces, no había mucha visibilidad de mujeres lesbianas.

- ¿Cómo ves hoy el tema de la visibilidad?

- Hay un poco más de visibilidad, el tema es que sigue siendo un movimiento muy marginal.  Por eso es importante haber instaurado un día de visibilidad, el 7 de marzo.

Jornadas de visibilidad lésbica en Buenos Aires

- ¿Cómo fue cambiando La Fulana en su militancia?

- Lo que fue sucediendo es que las que participamos y nos responsabilizábamos del espacio nos dimos cuenta de que había cuestiones que se nos escapaban, que había personas que necesitaban más que un albergue. También estaba el tema de que eran personas sin recursos económicos y era complicado. La manera de trabajo comunitaria que habíamos armado era que las personas que no trabajaran colaboraban con el espacio, lo limpiaban, lo cuidaban, hacían de comer para las demás. Las que trabajaban aportaban para el alquiler, para el teléfono, la comida, lo básico. Lo que sucedió es que la dueña del lugar no quería alquilarnos más porque quería vivir ahí. Eso nos sirvió para cortar con el espacio comunitario, porque era difícil sostenerlo para nosotras mismas. Nos mudamos a otro espacio y ahí establecimos que no íbamos a alojar a nadie, que iba a ser un espacio político de reuniones. Además hicimos un bar. La militancia a veces es muy agotadora y muy aburrida. No tiene que ser así, porque termina cansándote fácilmente. Para mi la militancia va atrás de una sonrisa.

- ¿Cuándo surgió la revista?

- La revista salió un año y algo, fueron 16 números. Salió en el 2000 y cayó en 2001, cuando se cayó todo. Se autofinanciaba, con la publicidad y fue imposible. El papel era oro. Fue un proyecto maravilloso: la primera revista de visibilización lésbica de tirada masiva en América latina, que se vendía en los kioscos.

- ¿Hoy La Fulana qué espacios conserva?

- El espacio se llama de encuentro y reflexión y somos mujeres que nos encontramos semanalmente, los viernes, a conversar de diferentes temas: el trabajo, la familia, lo que planteen las compañeras. Es un grupo abierto, seremos unas 40 mujeres. Es súper relajado. Hace 15 años que estamos y mantenemos esa dinámica de conversar. Los viernes de 20.30 a 22.30 en Callao y Rivadavia. Esa es la pata principal.

La otra es la del activismo, como los proyectos de ley que presentamos en los distintos espacios políticos. Tenemos la gran oportunidad de que María Rachid sea legisladora (FpV) en la ciudad de Buenos Aires; pero trabajamos siempre buscando la transversalidad. Como organización no pertenecemos a un partido, hay compañeras del Socialismo, del Frente para la Victoria, independientes, anarquista.

- ¿Hay alguien del PRO?

- Del PRO, no. Pero si viniera hay que ver algunos puntos y vamos para adelante. Por ejemplo, Pedro Robledo nos decía que quiere pedirle a Mauricio Macri una casa de refugio para personas trans. Mirá si no lo vamos a apoyar.

Claudia junto a su pareja Flavia Massenzio y su hija; una postal de la actualidad

- ¿En qué temas están trabajando desde el activismo?

- Nuestros grandes temas eran, en este orden, matrimonio igualitario, identidad de género, ley antidiscriminatoria, ley de sangre y derogación de edictos policiales. De eso sólo nos queda ley antidiscriminatoria y modificación de la ley de sangre, que se consiguió en la ciudad pero no a nivel nacional. Van a salir este año.

- ¿El aborto es un tema para este año?

- El aborto es un tema, sí. Nosotras no lo laburamos directamente, pero acompañamos.  Lo que veo es que con el aborto falta unidad del discurso, hay muchas diferencias. Tenemos que generar las condiciones, como con matrimonio igualitario, para que la sociedad esté preparada. Con el matrimonio igualitario, antes de que se aprobara, hacía cuatro años que las organizaciones sólo hablábamos de eso.

- ¿Creés que tendrían el acompañamiento de Cristina Kirchner?

- Es una incógnita. Muchos dicen que Cristina está en contra. No lo sé. Me encantaría preguntarle qué piensa del aborto.

 

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Películas gays que ayudan a construir la identidad sexual

Este es un post de Martín Dutelli, un colaborador de Boquitas pintadas, que ayuda a pensar la relevancia de ciertas películas en construcción de la identidad sexual. Dice Martín: “La realidad que refleja el cine de temática gay puede ser hablada, puede verbalizarse, y a partir de ahí es desde donde se construye la salud. Cuando se sabe y se comprende lo que pasa, y el valor de los protagonistas acompaña, el vacío se transforma en contención, ya que esas imágenes son cómplices de lo que uno siente y desea”.

Un repaso íntimo de películas como Fama, El beso de la mujer araña, Maurice, Mi vida en rosa en este texto inspirado en el amor.

 Otro modo (cinematográfico)  

Por Martín Dutelli

Martín Dutelli, un amante del buen cine

Cuando era adolescente, casi sin darme cuenta, estuve construyendo mi identidad sexual.

Como dijo un compañero en el grupo de reflexión para varones gay al cual asisto en Puerta Abierta hace varios años y que coordina el Lic. Alejandro Viedma: “A mí el cine me educó, me habilitó”. Las películas nos educan y es ciertamente así, como los libros también nos abren el panorama.

Recuerdo que uno de los primeros libros que leí “con orientación homosexual” fue La brasa en la mano, de Oscar Hermes Villordo. Me lo tragué en silencio, sin decir palabra, a escondidas. Guardaba el libro debajo de mi colchón, esperando que no fuese encontrado.

Ahora haciendo un flash back, rememoro que cuando era casi un púber descubrí en la película Fama el personaje gay, como un pobre chico que la sociedad apuntaba con el dedo acusador, y me sentí identificado. Yo me fui convocado al silencio: la marcha iba por dentro, cada vez que había alguna pauta, alguna imagen que tuviera que ver con lo que todavía estaba dentro del clóset, se me prendía una alarma roja en la cabeza, haciendo ruidos desaforados.

-Trailer oficial de Fama-

 

Recuerdo también en mi temprana adolescencia cuando fui a ver la película El beso de la mujer araña con mi madre, con “imágenes escandalosas”, puro deleite para el ojo gay. Escenas en las que Raúl Julia y William Hurt tienen una especie de coito, empezando por un beso apasionado entre dos varones. Uno de ellos gay y el otro heterosexual, pero que sucumbió a los brazos del sexo en una oscura cárcel, permitiéndose el afecto del otro ser.

-Trailer de El beso de la mujer araña-

 

La procesión seguía por dentro. Pronto ví películas como Maurice (miles de veces); era un placer observar cómo dos hombres se tocaban, se besaban y acariciaban. Iban descubriendo su sexualidad y, a través del tiempo, fueron formando cada uno una manera de amar diferente. No obstante, siempre lo mismo: afloraba en mí una pulsión de ir a ver Maurice y al unísono seguía mintiendo en mi casa, que iba a ver otra película.

En este momento me pregunto: ¿Cómo nos fueron marcando las épocas? Creo que el cine se convierte en un espejo de lo que está sucediendo en la sociedad, es decir, el cine refleja, como un espejo, lo que la sociedad va viviendo, elaborando; es como si la sociedad entera fuera al consultorio de un psicólogo y le dijera: “Nos pasa esto, esto y esto, ¿qué podemos hacer?”.

Y el mismo analista, que también es parte de la misma cultura, nos contestara que frente a eso, sólo podemos transitarlo, elaborarlo, actuarlo, salir de la jaula de las locas, afrontar la ley del deseo, tener sexo como el sexo de los ángeles, amar extrañamente, saber todo sobre mi madre, ser gente como uno, intentar la mejor manera de caminar, conocer otro amor y más, mucho más… Luego abrir los ojos, y ver que todo esto no es más que otro modo. Pero que también  tenemos permiso para vivirlo. Hacerlo carne, concretar.

Cambios en la sociedad

En algún momento, antes, después o durante, aparecieron (a mediados de los 80) las películas argentinas Adiós Roberto y Otra historia de amor. La primera trataba el tema con un poco de culpa del lado del protagonista. En aquellos años vemos cómo la sociedad fue cambiando, porque en la segunda, los protagonistas se permiten el encuentro.

Y ni hablar de los espectaculares avances de los últimos años, concretados en la igualdad de derechos, principalmente con la ley de Matrimonio Igualitario y la ley de Identidad de género. Estos avances recientes me conectan con que semanas atrás ví Mi vida en rosa. La película es franco-belga-británica, del año 1997. Nos plantea la vida de un niño, Ludovic, que se siente niña y en cada ocasión que puede, se viste de mujer.

-Trailer de Mi vida en rosa-

 Con vestidos de su hermana. Él o ella, entabla una relación con el hijo del jefe de su padre. Que es también compañerito de colegio, Jerôme. Ludovic le asegura todo el tiempo a su familia que Jerôme y ella se van a casar. Lo que pasó después fue que los descubrieron jugando al casamiento y ahí empezó la guerra entre familias. La poca tolerancia a lo diferente. Empezamos a ver cómo maltrataban a ese/a niño/niña que sólo quería ser ella.

Tanto su familia como el resto de la sociedad, sobre todo en el colegio, le armaron escándalos, echándole la culpa a la niña simplemente por querer ser ella. Es una hermosa película que trata la discriminación, la homo o transfobia, la ignorancia, pero también en algún momento se entabla la aceptación, porque mientras se anide el amor, se podrá triunfar en lo que se ES y ya no sólo soñar con lo que unx podría ser.

“Y así  seguimos andando

curtidos de soledad,

y en nosotros nuestros muertos

pa’ que naide quede atrás”

- Extracto de Los hermanos, de Atahualpa Yupanqui -

 

Considero que somos la esperanza de nuestros antepasados, y las películas son como el documento digno de lealtad frente a lo que acontece.

En cuanto a la identidad sexual, es de destacarse que esta realidad que refleja el cine LGBT puede ser hablada, puede verbalizarse, y a partir de ahí es desde donde se construye la salud. Cuando se sabe y se comprende lo que pasa, y el valor de los protagonistas acompaña, el vacío se transforma en contención, ya que esas imágenes son cómplices de lo que uno siente y desea.

Concluyo, siguiendo estos lineamientos, que hoy ya es momento de abrir la puerta, para que quede la Puerta Abierta y podamos salir del clóset, con o sin celuloide.

Pero enteros.

-Los hermanos, Atahualpa Yupanqui-

(*) Escribí el presente artículo y lo hice con mucho amor para Alejando Viedma. Me inspiré desde de que nos comentara que en este mes de junio viajaba a Israel a dar un par de charlas e iba a disertar en la Primera Conferencia Internacional LGBT del Festival de Cine de Tel Aviv.

 

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“Cuando le pregunté a mamá qué era ‘tortillera’ me dijo ‘cochina”

Para cerrar la serie de notas sobre sexualidad en la adolescencia, y después de reflexionar sobre “el derrumbe del ideal de padre e hijo“, “la bisexualidad y la homosexualidad en la adolescencia” y también sobre “los riesgos del hostigamiento escolar a causa de la orientación sexual de un joven”, dos psicólogas especializadas en el tema aportan sus miradas; se apoyan en relatos de jóvenes varones y mujeres que ponen en evidencia sus padeceres a causa de su orientación sexual.

El primer caso que menciona la Lic. Graciela Balestra, es el de Silvia, una chica que empezó a sufrir los prejuicios que giran en torno a ser lesbiana aún sin saber siquiera lo que era gustar de alguien. “Tenía 10 años cuando volviendo del colegio al cruzar el parque unos chicos me gritaron ¡tortillera!. No sabía lo que significaba esa palabra, pero sonaba a insulto. Llegué a mi casa y le pregunté a mamá, que me contestó: “No seas cochina”.

Balestra, coordinadora de la ONG Puerta Abierta, presenta éste y otro caso para reflexionar: “La adolescencia suele ser de por sí una etapa difícil. Aún más para quienes guardan un secreto a costa de su vida. Lo que escuchamos con frecuencia de mujeres lesbianas en el consultorio es que desde muy jóvenes se daban cuenta de que lo que sentían no encuadraba dentro de la norma y a menudo sufrían enamoramientos fortísimos hacia amigas, profesoras, compañeras, que nunca se enteraban de que eran objeto de tamaño sentimiento”.

Precisa que lo que exactamente sufrían es el término, porque ese amor no les generaba alegría, al contrario, era vivido con culpa, en silencio, a escondidas, “haciendo fuerza para que no se note, porque la mínima sospecha podía ser objeto de la más cruel burla de todos y del rechazo de la persona amada”.

La psicóloga termina de relatar la historia de Silvia, esta chica de 10 años. Luego de recibir esa respuesta de su madre, que le dijo “No seas cochina”, ¿De dónde sacás esas cosas?”, ella entendió que la palabra era “muy fea”. Ella lo expresó así: “Entendí que era algo muy feo lo que veían esos chicos en mí. Y ese día empecé a sentir vergüenza de algo que hasta ese momento me hacía feliz y que era lo único que encontré distinto en mí de las otras chicas: verme masculina”.

Besos en DF, México; Foto: Ignacio Lehmann; proyecto 100 World Kisses

La Lic. Stella Maris Gioiosa, que trabaja a diario en su consultorio con chicos y jóvenes, aporta dos situaciones clínicas que ayudan a pensar en la posibilidad de la homo y la bisexualidad en la adolescencia. A los pacientes, dos varones, uno de 18 y otro de 43 años, los menciona como A y B. Comenta Gioiosa que en ambos casos es para resaltar que manifestaron sus temores acerca de la aceptación familiar y de amigos. “En ambos casos constituyó un alivio poder vivir su sexualidad y otros aspectos de su vida plenamente cuando la homosexualidad dejó de ser un secreto”.

Le resulta interesante remarcar cómo la preocupación por la sexualidad deja inhibidos otros aspectos del desarrollo necesarios para ellos, como estudiar, trabajar y divertirse.

“Se trata de dos varones, uno de 18 años, al que llamaré A y otro de 43, al que llamaré B. El caso de A se plantea como muy interesante ya que tuvo encuentros (besos) con mujeres y se le presentaba el mandato de tener que probar tener relaciones con ellas, cuando en realidad su verdadero deseo y atracción se orientó a chicos de su edad, incluso constituyendo una pareja con rasgos de permanencia y formalidad que se mantuvo por varios meses”.

“La idea de mandato aparece después de trabajar el tema y no de inmediato. Más bien constituye una construcción. Aclaro que atendí por primera vez a A en edad escolar por preocupaciones de maestra y padres respecto de no poder responder a consignas de agruparse los nenes con los nenes y las nenas con las nenas, para juegos o actividades en la escuela. Se quedaba en el medio, sin saber en qué grupo ubicarse. Ahora también recuerda su gusto en la infancia con un hombre al que vio por TV, lo cual comenta a uno de sus progenitores, recibiendo una respuesta de sorpresa “desagradable”, lo que lo llevó a corregir sus dichos”.

“El caso de B lo retomo en tanto los recuerdos que aparecieron de su adolescencia en colegio religioso otorgaron un tinte oscuro y angustioso a la orientación sexual que ya percibía en relación a los varones, también sintiéndose anormal y diferente. En este caso, también hubo un noviazgo pero con una chica, el cual terminó al poder asumir su verdadero interés sexual. ¿Se trató de un intento de formar parte de la heteronormalidad?”

Foto: Ignacio Lehmann; proyecto 100 World Kisses

Para concluir, Balestra presenta el caso de Laura, la chica que a los 14 años se enamoró de su mejor amiga, a quien nunca se animó a confesarle su amor por miedo a perderla. Ocurrió un distanciamiento forzado e inexplicable. Laura sufrió mucho, pero no pudo hablar de esto con nadie durante 20 años.

“A los 14 tuve mi primer amor. Me enamoré de mi mejor amiga. Era un amor tan fuerte que dolía. Pensaba en ella día y noche, me llenaba el alma verla, le regalaba chocolatines y la ayudaba en todo lo que podía. Soñaba que éramos novias y  que la besaba. Ella me quería mucho, éramos muy amigas, pero nunca le dije lo que en realidad sentía. Tenía miedo de asustarla y perderla. Un día la madre le encontró una carta que yo le había escrito”.

“Evidentemente mi carta desbordaba de amor y se dio cuenta. Hubo una reunión familiar entre mis padres y los de ella a la que no nos dejaron asistir. A partir de allí nos separaron, nunca más la pude volver a ver. Inexplicable el dolor que sentí ante una injusticia que no podía comprender. ¡Si yo jamás le haría daño!”

“Me llevó más de un año de depresión, pasé de ser una alumna brillante a repetir el curso y hasta tuve deseos de morir. Y lo peor es que jamás hablé de esto con nadie, hasta 20 años después, que empecé terapia con la lic. Graciela Balestra. Antes había hecho otras terapias pero no me animaba a contarlo porque no sentía que esos terapeutas me pudieran entender”.

“Hoy puedo vivir siendo lesbiana libremente. Asisto a los grupos de reflexión de mujeres de Puerta Abierta y por fin logré sentirme normal. Pero perdí veinte años de mi vida sintiéndome enferma, intentando adecuarme a lo que los demás pretendían de mí. Y ahora veo que no soy la única. ¿Quién nos va a indemnizar por tanto sufrimiento inútil?”.

 

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¿Viejos, putos, tristes y solos?

Roberto envió esta historia como una especie de homenaje a un hombre que fue su primer amor, hace 35 años. Esa porción de tiempo no es un dato menor: él menciona el contexto para recordar que en aquella época lo gay era lo prohibido, lo innombrable, lo inmoral.

Roberto rememora un momento que no puede borrar de su memoria: cuando su prima le preguntó quién era Carlos, ese chico que estaba siempre con él, lo presentó como un amigo, no pudo decir que era su pareja. “Eran tiempos en los que tenía incorporados varios mandatos sociales negativos, en donde a los homosexuales nos pronosticaban terminar nuestra vida siendo viejos, putos, tristes y solos”, dice ahora. Carlos se enojó en ese momento. Luego la historia tuvo sus vueltas.

En este relato hay dolor, amor, placares, humor, política. Te invito a conocerla.

Avenida Santa Fe, emblemática para el levante en otros tiempos

 

Homenaje a una historia de amor que sucedió hace 35 años

Por Roberto

Asisto al Grupo de reflexión de Puerta Abierta desde hace seis años. Es un espacio que me da la oportunidad de pensar y compartir sobre situaciones de nuestra vida. Nuestro coordinador, el Lic. Alejandro Viedma, nos incentiva -entre varias otras cosas positivas y saludables – a escribir sobre estas vivencias. Si pienso que aproximadamente hay 52 miércoles por año, menos 2 miércoles de vacaciones que se toma el moderador, calculando que tendré 3 faltas por año, serían 272 miércoles de mi vida que vengo contando y escuchando muchas cosas. A veces me pregunto: ¿qué me quedará para contar?

Pero siempre surge algo…

Luego de varios años, me reencuentro con mi primera pareja a la que yo siempre cuento que es mi primer amor. Con él no tuve más remedio que salir del clóset, honestamente yo pensaba que con estar a su lado no tenía opción, yo tenía en ese entonces 19 años, no tenía amigos porque había venido de Uruguay y él tenía 30 años. No tenía forma de justificar ante los ojos de mi familia cómo lo había conocido, ya que además en ese entonces trabajaba en la empresa familiar, no estudiaba y toda mi vida social giraba en torno a la familia.

Sin embargo, nunca dudé en integrarlo a mi vida, por lo cual lo presenté sin ningún problema de mi parte: era la persona que amaba y no encontraba ningún motivo para excluirlo. A pesar de eso, me acuerdo de algo que no me enorgullece. Una vez mi prima me preguntó por nuestra situación y yo le dije: “El sí es gay, yo no”, cuestión que a mi pareja le molestó mucho por un lado el outing (lo deschavé) que le había propinado y por otro lado el que yo hubiese negado lo mío y por ende nuestra relación. Eran tiempos en los cuales tenía incorporados varios mandatos sociales negativos, en donde a los homosexuales nos pronosticaban terminar nuestra vida siendo: “Viejos, putos, tristes y solos”.

Para octubre pasado lo llamé por su cumpleaños, le mandé un mensaje a él a Carlos, y, como estaba de viaje, a su regreso me llamó a casa. Para mí fue una alegría tremenda.

Hoy nosotros ya tenemos nuestros largos años y él no cambió para nada en su forma de ser, sigue yendo a bailar los sábados como lo ha hecho toda su vida, de hecho me lo encontré hace dos meses en Contramano.

Vincent Aubin y Bruno Boileau, la primera pareja del mismo sexo que se casó en Francia; Foto: AFP. (Aclaración: Reemplacé la anterior foto que ilustraba el post a pedido de la pareja que aparecía besándose; se sintieron demasiado expuestos)

En la charla telefónica de aquella vez me contó sobre su vida, su madre, etc. Continuó tratándome de la misma manera de siempre, es decir, me cagó a pedos como si siguiéramos siendo una pareja y ahí arrancamos a conversar sobre nosotros en aquellos días de nuestra juventud.

Carlos siempre se destacó por su memoria. Me empezó a decir cosas nuestras que yo tenía (digamos) olvidadas; por ahí me expresa que yo soy su gran amor, que fui el primer hombre que él amó (¿hombre?, yo tenía 19 años), y en eso me dice: “Nosotros nos conocimos el 28 de marzo de 1978 en avenida Santa Fe y Rodríguez Peña a las 21.45”. Y yo le acoté: “Sí, en la puerta de un negocio que tenía productos importados que era el único en Buenos Aires que traía perfumes, remeras Lacoste”. Y le seguí diciendo: “Yo venía caminando detrás tuyo y vos movías el culo como ninguno” (en esos años la avenida Santa Fe era como Bunker, una pasarela pública en donde se levantaba y conocía mucha gente), a lo que él me dijo: “Ahhh, mirá vos… ¿Vos te acordás cómo venías vestido?”. “No, ni en pedo”. “Tenías un jardinero de jean sin nada debajo, zuecos de madera y movías el culo más que nadie de avenida Santa Fe”.

Me terminó de decir eso y mi propia imagen se me representó automáticamente.

Cuando corté, me puse a pensar y me pregunté: ¿Realmente lo necesité a él para salir del placard con mi familia?

A esta altura parece que me basté solito, era un putito hecho y derecho…O mejor: hecho y zurdo.

 

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“Nadie elige ser heterosexual, lesbiana, gay o trans”

En un post anterior planteamos la intención de reflexionar sobre la adolescencia, una época de cambios, de descubrimiento, entre otras, de la identidad sexual. La psicóloga clínica Ingrid Feferbaum aportó su mirada al respecto. Prometimos hablar, en post sucesivos, sobre los riesgos del hostigamiento escolar a causa de la orientación (homo o bi) sexual de un adolescente, sobre las desilusiones tanto de padres hacia sus hijos, como de estos últimos a sus mayores cuando los jóvenes se asumen gays, entre otras cosas.

Esta vez, el Lic. en Psicología (UBA) Alejandro Viedma hace hincapié en los riesgos que conlleva que un adolescente LGBTI (lesbiana, gay, bisexual, trans o intersex) o en proceso de definirse como tal se perciba totalmente rechazado, lo que lo deja desprotegido, sintiéndose no amado y por ende muy solo. “Porque si no puede compartir con sus padres por ejemplo los cambios que va experimentando, considerándose ‘diferente’ a los demás chicos y encima esa ‘diferencia’ hace que reciba castigos en su colegio, irá interiorizando la culpa, la vergüenza, los temores y su propio desprecio”. Esto impactará -señala el especialista- en su salud.

“El problema está en que en nuestra cultura toda diferencia es percibida como desigualdad, instalándose así una jerarquía en donde la categoría heteronormativa es preferible por encima de las otras sexualidades”, señala Viedma. Y aclara: “Lo fundamental es que cada adolescente pueda arribar a la construcción de una identidad positiva para tener una mejor calidad de vida. Tenemos que seguir apuntando a una buena salud para que cada ser se construya como único y digno. Aquí los padres tienen un rol primordial respecto a hacerle un lugar a la singularidad de ese/a hijo/a, a no obturar su deseo”.

Foto: Alejandro Viedma

- ¿Por qué son tan vulnerables los jóvenes gays, lesbianas y trans?

- La ausencia de una red de contención (como tienen los heterosexuales: la red familiar, escolar, de grupo de pares, barrial, etc.) pone a los jóvenes LGBTI en una situación de sensibilidad y vulnerabilidad extrema, ya que la construcción de la subjetividad de estas personas es desde lo individual, por no contar, a esas edades, con un colectivo de pertenencia.

Lo preocupante es que tampoco hay una política de prevención en estos asuntos tan graves como quitarse la vida, no por casualidad los suicidios se dan cada vez más y en personas cada vez más jóvenes. Y como sociedad, no podemos permitir que un niño o adolescente no sea querido por nadie, es inaceptable y muy llamativo que ninguna persona cercana al mismo esté atento al padecimiento que está soportando, hasta que no aguante más.

- ¿Qué relatos le llegan a su consultorio?

- Desde mi experiencia clínica he recibido muchos relatos de pacientes en mi consultorio privado y de integrantes del grupo de reflexión para varones gays que coordino que historizan esos recuerdos (del hostigamiento escolar sufrido en su niñez y/o adolescencia) Après-coup (a posteriori y retroactivamente), haciendo un flashback angustioso y doloroso, literalmente hablando por las marcas que ha dejado en su cuerpo y psiquis el látigo de la violencia en esas situaciones rememoradas. Es decir, el acoso escolar nunca es sin costos, sin huellas que perduran. Hay efectos psíquicos que son producto de la no protección, el desamparo y el no respeto ni la valoración de esas vidas.

Lic. Alejandro Viedma

- ¿Por qué se sigue sancionando a la persona que no es heterosexual?

- La homosexualidad NO es una elección, como ninguna orientación sexual lo es. Entiendo que haya calado fuerte en lo social el concepto freudiano de “elección de objeto”, pero nadie elige desde su voluntad consciente ser lesbiana, gay, bisexual o trans, ni tampoco heterosexual. Esto lo digo porque muchos aún hoy vociferan: “Si eligen eso, que se banquen las consecuencias” y así siguen justificando la discriminación. Y por otro lado, sería como si un niño se levantara un día y dijera: “Hoy voy a ser gay, casi no tengo modelos positivos pero deseo ser atacado, separado, burlado y sancionado…”.

Es decir, nadie elegiría de antemano algo que le haga tanto daño, por no sentirse querido en ningún grupo. Me gusta utilizar el concepto de orientación sexual (y no “elección”) porque es una noción que hace referencia a la capacidad de cada ser humano de tener una profunda atracción física, emocional, afectiva y el deseo sexual por otros individuos de sexo diferente, del mismo sexo o por más de un sexo, así como de tener relaciones íntimas y sexuales con esas personas.

La orientación sexual refiere al objeto de los deseos sexo-afectivos de una persona, como una manifestación más dentro del campo amplio de su sexualidad. Cualquier orientación sexual o identidad de género es una construcción –dentro de las variantes de la sexualidad- que se da por varios factores: biológicos, socio-culturales, de crianza, por un proceso fluido de identificaciones, por modos de goce, etc. En ese sentido, la orientación sexual del humano es impredecible.

Foto: Alejandro Viedma

- ¿Qué pasa con la orientación sexual en la adolescencia?

- Esa es una etapa en la que no hay una identidad u orientación sexual definida ni fija; no hay un rótulo para siempre y se deambula bastante en la sexualidad, lo cual resalta la existencia de la diversidad. Por eso defino a la adolescencia como una etapa de exploración en general, y en particular de la sexualidad; exploración ajena y propia de la corporalidad y el placer; exploración que no define orientación sexual ni identidad de género ni estructura (al decir de Lacan: neurosis, psicosis o perversión).

Para ejemplificar, podemos pensar en la no poco común masturbación grupal de púberes y adolescentes que, lejos de etiquetarlos como del orden de la homosexualidad, la mayoría de las veces esta situación sucede para pertenecer a un grupo, para afirmar su masculinidad y, repito, no por ser gays. O la comparación de sus miembros (penes), los tiempos en que se tarda en eyacular, cuán lejos se orina, sobre todo en baños de colegios, en los campamentos o en los vestuarios de los clubes.

Por otra parte, también puede resultar violento (para el joven gay o quien esté en proceso de asumirse como tal) que se “imponga” ir a debutar en grupo a un cabaret, hecho que puede confirmar a tal sujeto el sentirse “sapo de otro pozo”, y así quedar dolido por “no ser como los demás”. Recuerdo que un ex paciente me comentaba en una de sus sesiones: “Fue horrible, no pude, al final me quedé conversando con la prostituta para hacer tiempo y obviamente después le mentí a mis compañeros”.

- ¿Y qué pasa con la bisexualidad en la adolescencia?

- Para Freud hay una disposición constitucional en los humanos, disposición psíquica inconsciente propia de toda subjetividad, es decir, que se nace con disposiciones sexuales tanto masculinas como femeninas. El austríaco toma tal concepto de Fliess, quien consideraba que la bisexualidad era un fenómeno humano universal.

 

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Negaba tanto su homosexualidad que hasta pensó en ser sacerdote

Jorge ya tiene más de 40 años y recién el año pasado pudo empezar a salir de sus armarios. Hablo en plural porque asumir la homosexualidad y confiárselo a los allegados es un proceso. Jorge cuenta que empezó con su mejor amigo, su psicóloga, una de sus hermanas; luego, su madre, su cuñado y así.

“Al primero que me lo tuve que decir fue a mí”, reconoce. Antes que eso, rechazó tanto su homosexualidad que hasta pensó en ser sacerdote en un intento por negar su sexualidad.

En este relato, Jorge va contando esas salidas del clóset y va dando cuenta de las respuestas que fue recibiendo al abrirse a sus seres queridos. No adelanto más, así conocen la historia en palabras de su protagonista.

Foto: Fuentes2Fernández Fotografías

Mis salidas del placard del último año

Por Jorge

En principio, quiero aprovechar esta oportunidad para agradecer al grupo de reflexión para varones gay que coordina el lic. Alejandro Viedma en la organización Puerta Abierta el haberme ayudado a romper barreras y estructuras, de las que me era muy difícil despojarme.

Hace poco más de un año, solamente hablaba abiertamente de mi sexualidad con mi mejor amigo, mi psicóloga y una de mis hermanas. Pero primero me lo tuve que decir a mí. Me costó aceptarlo. Yo pensaba: “Me tienen que gustar las mujeres”. Eso mezclado con el tema religioso, tanto que hasta pensé en ser sacerdote, por eso negaba mi homosexualidad. Uno de los mandamientos de la iglesia es: no cometer actos impuros, y yo de chico no entendía bien qué quería decir eso, aunque siempre que me confesaba decía que había cometido actos impuros, y los curas no me decían nada.

Un día, mi hermana menor me preguntó: “¿Hace cuánto estás saliendo con ese hombre?”, porque había escuchado una conversación telefónica que la hizo sospechar.  Y lo que me dijo después de que le respondiera fue: “Lástima que no lo hablamos antes”.

Por otro lado, si bien era consciente de que mi madre sabía que yo era homosexual, nunca había tocado directamente el tema con ella. Tampoco con mi hermana mayor, ni con mis cuñados (uno de ellos es muy homofóbico). Sin embargo, tenía muy en claro que debía resolver esta situación lo antes posible, para liberar ataduras y porque tengo el compromiso de no mentirle a mis sobrinos cuando ellos empiecen a preguntar acerca de esta cuestión (actualmente el más grande de ellos es un preadolescente).

Y así fue que un día de 2012, cenando con mi hermana le dije: “Soy gay”, así sin filtros, como pude en ese momento, y luego hablé con  mi grupo de amigos, con uno de mis cuñados, y después con mi mamá.

“Mamá, vos ya sabés que soy gay”

La charla con mi madre ocurrió luego de una reunión del grupo, ya llegando a la última parte del año pasado. Yo había salido muy movilizado por lo que se había expuesto y justo me llamó ella porque no le funcionaba el correo electrónico y, aunque era muy tarde, le ofrecí ir inmediatamente a solucionarle el problema. Así que, cuando estaba con la notebook enfrente, le dije: “Mamá, vos ya sabés que soy gay, hablemos de esto…”, a lo que respondió: “Bueno, lo tomo como una confirmación, entonces”.

Un tiempo atrás de eso, mi hermana menor había charlado acerca de mí con ella, y me había avisado: “Mamá me dijo que no está preparada para escuchar eso de tu boca, que necesita tiempo, y que piensa que puede haber un quiebre si se lo decís”. La verdad es que eso no sucedió, y lo positivo es que conmigo mi mamá pudo compartir uno de sus miedos: “Creía que si eras gay ibas a ser infeliz”, me reconoció.

Después también me sorprendió la reacción de mi cuñado que, además de aceptar la situación perfectamente, decidió ayudarme y habló con mi otro cuñado para comentarle que sabía de mi sexualidad, que me apoyaba 100%, y que esperaba que él hiciera lo mismo. La conversación con mi cuñado homofóbico fue más que relajada, simplemente me dijo: “Jorge, sos tan excelente persona y tío, que para mí tu sexualidad es una anécdota”. Creo que, a partir de allí, ahora tiene otra mirada acerca de los gays.

Y una reacción  similar recibí de todos: mis amigos no dejan de felicitarme por haberme abierto a contarles de mi intimidad, mi mamá está más cariñosa que nunca, y ahora me siento mucho más cerca de mi familia.

Por todo esto, quiero agradecerles, porque creo que la fuerza y energía de mis compañeros del grupo y el apoyo del coordinador, posibilitó que todo esto ocurriese.  Considero que ahora estoy parado en la vida de otra manera y eso me hace cada vez un poco más feliz.

Foto: Fuentes2Fernández Fotografías

 

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“Empecé terapia preguntándome si era lesbiana o no”

Dice Mercedes J. “Empecé terapia preguntándome si era lesbiana o no”. Su terapeuta, la Lic. Graciela Balestra, fue la que le sugirió integrarse al grupo de reflexión de mujeres de Puerta Abierta. “El día que entré sentí que, por primera vez en la vida, era Yo misma. Encontré mi lugar, me sentí identificada con cada una de las mujeres que hablaban de sus vivencias, me sentí cómoda como si hubiese ido toda la vida. Es inexplicable la sensación. Fue como decir: esta soy yo”.

El grupo de reflexión que menciona Mercedes existe en Buenos Aires desde septiembre de 1999. Además del espacio de mujeres lesbianas está el de varones gays, que coordina el Lic. Alejandro Viedma, un asiduo colaborador de este blog. La novedad es que esta ONG también tendrá su casa en Rosario desde el 22 de este mes.

Los tres coordinadores de Puerta Abierta en Buenos Aires: Silvina, Alejandro y Graciela

A Graciela Balestra, psicóloga y presidenta de la organización, le gusta decir que estos grupos son una puerta abierta a la diversidad, un lugar donde la soledad no tiene cabida. Ese es, justamente, un estado muy común entre las chicas lesbianas que recién llegan. Algunos relatos que acerca la terapeuta dan cuenta de esto: “Es frecuente escuchar en mujeres lesbianas el siguiente relato: ‘Me siento muy sola. Casi nadie sabe de mí, no hablo con nadie de mi homosexualidad porque tengo terror de perder los afectos. En el trabajo no lo saben y, en mi familia, tampoco. No conozco otras mujeres lesbianas, y aunque sé que no es así, siento que soy la única en el mundo”.

Según comenta, con frecuencia las mujeres pasan muchas horas de su vida ocultando su orientación sexual. “No pueden hablar ni siquiera nada de su vida cotidiana y esto es alienante para cualquier persona”, dice. Y sostiene que por este motivo son importantes los grupos de intercambio entre personas que atraviesan por experiencias similares. “La experiencia de más de trece años nos dice que en muy poco tiempo la gente mejora mucho más que sólo con terapia individual”.

Marcela M, una mujer que hace años asiste al grupo, cuenta así su experiencia: “Desde que llegué a Puerta Abierta me cambió la vida. Hacía ocho años que estaba sin pareja y tampoco tenía amigas. Estaba deprimida, sólo me dedicaba al trabajo y hasta había descuidado mi aspecto personal. Aquí, en pocos meses, encontré un grupo de pertenencia y conocí a mi pareja, con la que me casé hace dos años. Ahora seguimos las dos participando de las reuniones porque ya no queremos volver al aislamiento”.

Silvina y Graciela, las coordinadoras del grupo de reflexión de mujeres lesbianas, junto a dos de las chicas que asisten cada semana

Los varones, también…

Los hombres homosexuales también sufren el aislamiento del clóset. Aunque pareciera que ellos tienen más lugares donde encontrar pares: como boliches, saunas, cines, etc. muchos sienten la necesidad de un grupo de pertenencia donde poder conocerse y aceptarse a sí mismos y a sus pares, donde charlar tranquilamente sin el bullicio de la música y la noche. Hace diez años que en Puerta Abierta existe un grupo de reflexión de varones coordinado por el lic. Alejandro Viedma que, año a año, se consolida más.

Los adultos mayores gays también tienen su espacio en la ONG. Silvina Tealdi, una de sus creadoras junto a Balestra, explica: “La necesidad de los adultos mayores LGBT es urgente. Ellos no tienen más tiempo que perder. Necesitan unirse a otros que no los discriminen, que sientan como ellos y que quieran compartir sus vidas”.

Agrega: “La soledad en la vejez puede ser mortal. Por eso había que crear un espacio que los integrara. Así lo entendimos y por eso en 2009 creamos el primer centro de jubilados y pensionados para gays, lesbianas, bisexuales y trans”.  El centro tiene la particularidad de no aislar a los mayores; al contrario, los integra a todas las actividades con los más jóvenes.

Ahora, la experiencia de Puerta Abierta empieza a expandirse. Hace poco menos de una década dos mujeres que asistían al grupo en la ciudad de Buenos Aires se mudaron al Bolsón, en la provincia de Río Negro, y fundaron allí Puertas Abiertas al sur, donde trabajan activamente por los derechos LGBT.

Y, hace muy poco, dos mujeres de Rosario, Amalia y Stella, fundadoras de Bar Chavela -un hermoso espacio socio-cultural LGBT- se conectaron con las coordinadoras de Puerta Abierta interesadas en abrir una sede en su ciudad. Entonces, el 22 de marzo próximo se inaugura Puerta Abierta Rosario, que funcionará con un grupo de reflexión para mujeres lesbianas y será coordinado por Balestra y Tealdi. Las reuniones serán quincenales -los viernes de 19.30 a 21- en la esquina de Zeballos y Ayacucho.

 

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