“Mis marcas del bullying homofóbico y cómo salí adelante”

Este es el relato en primera persona de Alejandro Viedma que, en un texto sincero y sin victimizaciones, narra los episodios de bullying que lo acompañaron en su niñez y adolescencia. Fueron momentos que vivió con angustia y casi en soledad. “Tachaba cada día que pasaba y era un aliciente ver que faltaba menos para terminar las clases”, escribe en este texto rememorativo. El recorrido se extiende, también, hacia la adultez: Alejandro es Licenciado en Psicología por la UBA y, un ejemplo, de cómo salió adelante pese a todo.

La vida de Alejandro, según sus propias palabras 

Infancia:

Alejandro, abanderado de séptimo grado

Desde muy chico sentí que no formaba parte de lo que hacían y les gustaba a mis compañeritos varones. Mis intereses se diferenciaban cada vez más de los de ellos a partir de quinto grado, o sea, a mis diez años. Y no hablo de sexualidad, porque en esa época no tenía ni idea de lo que era el sexo. Pero sentía que no encajaba, que no pertenecía al grupo de pibes que se constituía por los que les gustaba jugar al fútbol o empezaban a admirar a ídolos que nunca fueron los míos, como Maradona o Soda Stereo, o denigraban al que parecía el más débil… Como empecé a juntarme más con mis compañeras, comenzaron las cargadas con palabras como “marica” o “nena”. Eso se fue acrecentando en sexto y séptimo grado y, al unísono, iba escuchando en la tele, en la misa a la que asistía los domingos, en el barrio, que ser homosexual estaba mal, que era pecado, que era sinónimo de ser enfermo, algo contranatural, con lo cual fui incorporando que yo era diferente y con algo a corregir.

Recuerdo que a los once varios de mis compañeros, los mismos que ya habían dejado de elegirme para jugar y habían dejado de invitarme a sus cumpleaños (algo horrible para mí), me esperaron en el aula luego de educación física donde empezaron con cánticos agresivos. No aguanté y me puse a llorar, me veía tan en desventaja frente a ellos, como con el pudor de quedarme desnudo públicamente y aún más humillado por mis lágrimas que fueron la descarga de tiempo acumulado de tensión.

A mediados de los ochenta tampoco había comprensión y por ende contención en las familias y uno se sentía muy solo. En paralelo siempre fui un alumno destacado, tal vez inconscientemente, me exigía mucho como para compensar lo que suponía que no iba a agradar a los demás: tenía las mejores notas porque eso no me costaba y me gustaba que mis padres estuvieran conformes con ese aspecto mío.

Adolescencia:

Lo peor fue a partir de la mitad del secundario -encima hice un comercial técnico en administración de empresas, es decir, que estuve seis años en aquel colegio-. Me acuerdo que en quinto año empecé a tachar los días que pasaban, se ve que ya me gustaban las agendas, así que quizás era como un aliciente ver que en el calendario faltaba menos para que terminaran las clases. Eso hacía menos insoportable todo: la mitad de mis compañeros había dejado de saludarme un año antes y, si bien nunca ejercieron violencia física sobre mí, sí fue muy fuerte para mí la simbólica, verbal, psicológica con referencias homofóbicas. Y eso no fue menos duro porque, aunque no lo hicieran mirándome a los ojos, las burlas, los insultos, los grafitis en las paredes dirigidos a mi nombre, las notas que me dejaban en mi carpeta me lastimaban mucho, yo sentía mucha vergüenza, miedo y así me fui encerrando cada vez más. Por suerte tenía tres amigas en mi división, no sé qué hubiera pasado sin ellas, con quienes al menos podía hablar… En sexto la situación lejos de mejorar empeoró, porque llegó el viaje de egresados a Bariloche y para mí fue una tortura en lugar de vivir una semana de diversión, porque dos de mis compañeros fueron por más, les dijeron a los pibes de otros colegios que yo era “re puto”, así que cuando me enteré me sentí tan expuesto, observado, evitado y mirado con sorna que lo único que quería era irme, estar en mi casa. Nunca me sentí tan aliviado como cuando terminé esa etapa.

Sentimientos/emociones rememorando esa etapa

Hoy no tengo rencor ni enojo con nadie. Hasta puedo comprender por qué la gente discriminaba: en los ’80s y ’90s estábamos en un contexto donde nos maleducaron respecto a lo que ahora se denomina diversidad sexual, sin leyes igualitarias, sin cuidarse de lo políticamente incorrecto, siendo parte de manuales de desórdenes mentales, así que no culpo a nadie aunque lo haya vivido con dolor. Pero, obviamente, no quisiera retroceder el tiempo para nada, por eso creo que hoy y mañana siempre es mejor, lo peor ya pasó.

No obstante, no olvido. En una de mis sesiones de terapia le decía a mi analista: “Recuerdo haber leído en Freud que de la guerra volvían más traumatizados los que regresaban ilesos que los que salían heridos o incluso habiendo perdido partes de su cuerpo… Los sueños eran más repetitivos en los que no tuvieron marcas corporales… Así que a veces la palabra que injuria lastima más que un látigo o una bala”. Y él me respondió: “Es que los oídos no tienen párpados, están sobreexpuestos, sin protección”, y me recordó una frase de Oscar Masotta: “No matar la palabra, no dejarse matar por ella”, es decir que no hay que quedarse callado ni permitir que la palabra que degrada provoque tanto daño. Quizá por eso es que pude hacer una transformación en positivo con esa parte de mi historia: sin habérmelo propuesto, empecé a trabajar escuchando a mis pacientes y a los integrantes de los grupos de reflexión para varones gay que coordino, brindándoles un espacio para que puedan historizar(se) a través de su discurso y sus recuerdos.

Lo que me ayudó a sobrellevar la secundaria

Empezar a conectarme con mis gustos, ir descubriéndome como gran oyente de música, por ejemplo. Y no solo me iban deslumbrando ciertas voces o melodías, sino que transcribía letras de canciones del rock nacional en un cuaderno, de artistas que hoy todavía admiro, como Charly, Celeste, Fito. En esa época además estudiaba Dibujo y Pintura y quizá la sublimación a través del arte también hizo que expresara cosas que no podía decir con palabras. Por otro lado, la gimnasia me gustó siempre. También empecé a estudiar inglés y con los años causalmente leí autores increíbles como Patricia Highsmith, Susan Sontag, Hermann Hesse. En paralelo iba investigando mi orientación sexual y mi identidad con lo que obtenía de información en revistas con artículos o entrevistas a referentes o miraba películas de temática gay. Después vinieron los recitales, los primeros boliches en donde me di cuenta de que no era el único “bicho raro”, que tenía pares, gente a la que le pasaba o sentía lo mismo que yo.

Facultad:

En 1993 me surgieron sentimientos que no había experimentado antes: entusiasmo por ir a cursar y la libertad de no estar presionado por tener que disimular algo. Y el plus de haber elegido yo la carrera que iba a seguir. No por casualidad en el CBC de Psicología pude tener mi primer gran amigo varón. Empecé a disfrutar de ir a leer al buffet de Ciudad Universitaria mientras me tomaba un café y observaba el río a través de esos ventanales enormes…

Yo no tenía idea de que me iba a dedicar a las diversidades sexuales. Se fue dando paulatinamente. Recuerdo que en cuarto año de aquel secundario tuve la materia Psicología y me encantó, así que de todo lugar negativo u oscuro, uno puede llevarse algo bueno.

Luego de más de quince años de haberme recibido, creo que es difícil atender a una persona gay, lesbiana, bisexual o trans si uno no ha sufrido esa u otra discriminación en carne propia. Creo que para abordar las diversidades sexuales hay que saber de los subtemas que conforman ese universo y, lamentablemente en el campo del psicoanálisis, aún falta apertura y actualización.

Algo para agregar:

Hoy estoy preparado para contar cosas que nunca hice públicas, cuestiones de mi vida, y lo hago porque tal vez mis palabras ayuden a alguien. Desde mi sinceridad y empatía con el otro y lejos de la victimización o de pararme en un lugar de ejemplo, no quiero ser ejemplo de nada ni quejarme de lo que viví, aunque tal vez aporte mi granito de arena para que idealmente nadie más transcurra lo que a mí me hirió tanto. En ese sentido sí quiero dejarles un mensaje a los adultos que ocupan cargos de mucha responsabilidad, a los docentes, a los profesionales de la salud, a los padres: les pido que no tengan una mirada indolente, insensible frente al sufrimiento de niños, niñas y adolescentes en general y, sobre todo al de los LGBT; es de suma importancia que estén atentos porque cuando te lastiman paulatinamente te vas cerrando, aislando y, cuanto menos un pibe hable y socialice, más problemas tendrá en su vida ya que su autoestima va decayendo.

En general un chico que no se percibe o no se va perfilando como heterosexual cree que no tiene un lugar porque está más en soledad y en silencio que otra persona de cualquier otra “minoría” discriminada, se va metiendo en el placard porque advierte que no puede compartir con su familia lo que siente y cómo está siendo violentado, agredido, y eso no sucede con por ejemplo niños o adolescentes judíos, afrodescendientes, de países limítrofes porque comparten la misma característica que sus padres, quienes pueden ayudarlos porque los entienden, contienen y defienden. Por tales motivos, la tasa de suicidios de adolescentes y jóvenes LGBT es mayor comparada con la de adolescentes y jóvenes heterosexuales.

En la actualidad todos los adultos somos responsables. No puede justificarse más la discriminación o la complicidad por ignorancia. En 2016 tenemos mucha información, leyes que protegen, despatologización y si alguien no sabe también es responsable por no informarse, que la falta de datos e ideas no camufle la maldad y la impunidad de herir al otro, cosas feas que lastimosamente todavía habitan en nosotros, los humanos.

 

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¿Cómo seducir a un hombre hétero?

Julián se define como aprendiz de todo. Tiene 25 años, nació en Bogotá en el ’90 y vivió cerca de 5 años en Buenos Aires. Dice que el universo conspiró a su favor para permitirle encontrar a una de esas personas que te hacen cambiar el rumbo o la vida: Alejandro Viedma, su ex terapeuta, su maestro, quien ahora siente su amigo.
Lo contactó a través de su blog y, a partir de lo que escribía en relación a los grupos de varones que coordina en Puerta Abierta, dice que pudo encontrar este espacio.
                                                                
Entre el respeto por el ser y las sábanas
Por Julián Benavídez
 

Beso apasionado en Buenos Aires; Foto de Ignacio Lehmann; proyecto 100 World Kisses

Hace un par de días leía en una revista colombiana de moda, belleza y vida moderna un escrito que se preguntaba  ¿Cómo un gay se levanta a un heterosexual?, en el cual encontré cinco tips para lograr el cometido. Describía que el homosexual debe acercarse lentamente a su presa sin mostrar las plumas y mucho menos poniéndose en evidencia, que debía hacer actividades que le atrajeran a los heterosexuales como practicar un deporte extremo o jugar videojuegos; recomendaban para el primer encuentro algo casual, neutral, por ejemplo tomarse un café.
Sé que no se puede esperar mucho de una revista de farándula y cotilleo,  pero realmente creía que esos espacios estaban más “amigados con la comunidad libre pensadora”, pero me equivoqué, realmente este escrito sólo es el reflejo de una colectividad de personas que siguen reforzando estereotipos “gays” y peor aún, intimidando a los heterosexuales a que sean más precavidos al momento de relacionarse con los gays.
No solamente me llamó la atención este texto, sino que al seguir navegando también encontré varios otros artículos, incluso hallé algunos videos de youtubers. En todos se repetía lo mismo, se colocan etiquetas, se nos divide entre cazador y presa, y nunca hay ni un solo atisbo de referencia a la diversidad y mucho menos al respeto. 
Pero vayamos punto por punto:
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Presa y cazador
En uno de los videos de YouTube son más específicos con los tips, invitan a ganar la confianza del heterosexual, a no pasar la línea de la insinuación y  comparan esta acción con una trampa para animales: “Si a un animalito le pones comida y esperas a que venga a comer, si en vez de darle en la mano se la tiras en la cara, el pobre animalito se va ir corriendo y no va a volver nunca”.
Las metáforas y sus usos no son relevantes, lo que percibí con estos tips es que hay un impulso nuestro por ver las relaciones como algo ágil, debe ser el tiempo en el que vivimos donde todo lo queremos inmediatamente, nos pasa igual con las relaciones, no nos detenemos a preguntar(nos), nos guiamos sólo por gustos exteriores y en nuestra vida veloz queremos tener ya al lado a ese alguien que convertimos en presa, como si las relaciones humanas hubieran llegado a la penosa medida de ser un simple ejercicio de atrapar.
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Respeto
Queremos ser respetados, queremos poder andar por la calle con nuestra pareja (cualquiera que hayamos elegido), queremos que ser gay ya no sea un tema anormal, queremos ser entendidos, y no tenemos respeto por lo diferente, por lo no homosexual.
Mi punto no es el de decir “pobres heterosexuales, tan perseguidos por nosotros”,  porque considero que nuestras historias son terriblemente diferentes, a ningún heterosexual le ha tocado pasar por lo que a un joven homosexual. Mi llamado es a que seamos respetuosos de las preferencias de los otros, si queremos ser respetados por lo que somos.
Seguramente estarán pensando en que uno no decide de quién se enamora, y apoyo en parte esa afirmación, no decidimos quién nos gusta, pero sí podemos decidir cómo “tiramos los galgos”, me ha pasado de gustar de un amigo muy cercano, me ha pasado de querer atraerlo, pero también he optado por respetar sus decisiones y su ser, le he dicho que me gusta, él también me ha hecho saber que yo a él no. Yo he sabido desistir y alejarme, pero no todos somos iguales y de ninguna manera voy a servir de consejero, sólo pretendo enviar un mensaje de respeto por lo diferente.
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Aceptación y voto por la diversidad
Se nos está olvidando que somos personas que aman y son amadas, este escrito es precisamente para recordar que somos todos hombres y mujeres completos y también incompletos, con nuestras búsquedas y promesas, sueños y miedos, alegrías desiguales, pero unidos bajo un mismo cielo, por un tiempo y un espacio iguales, vivámonos sin tanto papeleo, que eso es rico.
El escrito que se menciona al principio es del 27 de septiembre de 2013, ya han pasado más de dos años y en varias materias la comunidad gay en Colombia ha podido dar avances, ejemplo de esto es la ley que condena la discriminación, ley por la que se siguen haciendo grandes esfuerzos en la Argentina. 
¡Sigamos luchando!
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“Recuerdo que a los 3 años me encantaba escuchar Chiquitita, de Abba”

Libertad, la primera palabra del título elegido por Ed, bien podría considerarse una abstracción y al mismo tiempo un objetivo real para su vida, meta casi del todo lograda gracias a su recorrido personal, ya que implica la idea de que no hay retorno, que la libertad es un camino de ida…

Ed hoy tiene 39 años y nos envía un texto que escribió para que lo compartamos con los lectores de Boquitas pintadas. Desde el año pasado integra el grupo de reflexión para varones gay que coordina el lic. Alejandro Viedma en la Asociación Civil Puerta Abierta. Desde entonces, tiene deseos de contar su experiencia de vida.

Este hombre escribe con sinceridad, desde el corazón, como suele decirse.
Arma este racconto de su vida describiendo la re-presión = mucha presión = muchaS presioneS que tuvo que sortear, y contextualiza sus represiones en paralelo con recortes histórico-político-económicos de la Argentina, ilustrando dichas sombras con el acompañamiento de determinadas canciones y ciertos juegos que dieron luz a despertares, esos que animaron a un deseo que hoy intenta plasmarse en una real y completa (auto)aceptación, en el placer, la salud, el orgullo, el compañerismo y el amor.

“Libertad: mi largo y sinuoso camino”

Por Ed

Represión a la vuelta de tu casa, decía aquel tema de Los Violadores de principios de los ochenta. Represión que imperaba por estas tierras desde principios de 1976. Apenas unos días antes del inicio del caos, se me dio por llegar al mundo. Quizás la situación de extrema oscuridad de ese momento haya influido de alguna manera en cómo, poco a poco, empecé a percibir la realidad. La nacional y la propia.

A lo largo de mi vida me resultó muy duro poder encontrarme cómodo con mi sexualidad. Por mucho tiempo hice oídos sordos a los pequeños indicios que iba notando respecto de mí y a la impresión de ser distinto de la mayoría de los mortales. Hice lo que pude a cada momento. Fue un duro y largo proceso el que tomó desandar el camino.

 

De pequeño solía escuchar música en soledad, algo que no ha cambiado demasiado. La dictadura censuró a grandes artistas. Durante años, por represión interna, yo también elaboré mi propia “lista negra” de melodías favoritas de mi primera infancia. A los demás, a mí mismo, solía decir que el primer disco que había escuchado era “Off the wall”, de Michael Jackson. Sin embargo, la verdad es que mis acercamientos iniciales a la música vinieron de la mano del disco simple de Abba, “Chiquitita”, que pasaba una y otra vez en el combinado de mi abuela cuando tenía 3 años. O las pegadizas canciones de Raffaella Carrá, que me hacían bailar cuando volvía del jardín de infantes. Son momentos de los cuales sentí vergüenza por mucho tiempo. Ahora, por fin, puedo reconocerlos con una mirada más amable.

 Con mis amigos jugaba a “policías y ladrones”,y era malo para los deportes. En casa, tenía un muñeco de la pantera rosa. Me costaba entender por qué, siendo macho, tenía ese color. Algo inconsciente me provocaba la tentación de travestirlo, pero ahí estaban mi madre y mi abuela para sugerirme que mejor no, que era un “pantero”, y estos no usaban pelo largo ni vestido. Ellas cubrieron el rol de mi padre, desaparecido por propia gana, y se encargaron de transmitirme lo que se podía y lo que no se podía hacer. Lo que estaba bien y lo que estaba mal. Lo que correspondía a un varón y a una mujer. Y yo me lo tomé en serio, muy en serio.

La Argentina vivía una guerra absurda que dolía en el sur, y yo empezaba primer grado. Ese nuevo ámbito, sumado a la fuerte influencia que por ese entonces tenía a través de la fe católica, y el hecho de ser producto de la crianza en una ciudad del interior bajo la atenta mirada de quienes condenaban a las madres solteras, paulatinamente me fueron dejando una impronta muy fuerte respecto del deber de cumplir con las expectativas que los demás tenían puestas en mí, como ser el mejor alumno, hacer lo que se debía y no lo que realmente quería. Represión de la que empezaba a ser consciente.

A fines de 1983 se empezaban a respirar aires más libres en el país. Sin embargo, tanto para Argentina como para mí, la verdadera liberación no llegaría de un día para el otro. Por esa época descubrí a Sandra Mihanovich. Su voz aterciopelada e irreverente fue determinante en mi vida. Sin saber muy bien por qué, escucharla me hizo sentir feliz, liberado. Al oír sus temas, sentía que podía hacer (y ser) cualquier cosa que me propusiera, aunque sea por 3 minutos.

Video de Sandra Liberock

“La represión no se banca/ Por eso yo la quiero combatir/ Si vas dejando que te anulen/ Terminarás dejando de existir/ Libertad, libertad, yo te busco/ Donde quieras que estás.”

En 1984, pude ver en mi televisor Philco blanco y negro el videoclip del tema “Smalltown boy” de Bronski Beat. La canción cuenta la historia de un joven oriundo de un pueblo inglés, quien debe irse de su casa al no ser aceptado por su familia a causa de ser “diferente”. Alguien me dijo que el cantante y protagonista del videoclip, Jimmy Somerville, era “gay”, término que jamás había escuchado. Le pregunté a mi madre qué significaba esa palabra. Me dijo que era muy chico para preguntar esas cosas. Yo tenía 8 años,y decidí hacerle caso. Reprimí la curiosa sensación de empatía que me provocaba el video.

 El temor y la represión empezaban a adueñarse de mis actos. Preferí hacer lo que correspondía: mirar el comercial de Hitachi con Adriana Brodsky en tanga.

A los 11, mientras Alfonsín lidiaba con rebeliones militares, yo estaba secretamente enamorado de mi amiga Ce. Un día, llegué a su casa y me atendió su padre, en slip. Recuerdo perfectamente la incómoda sensación que experimenté. Fue mi primera erección, algo que me dio mucha vergüenza, un leve dejo de gozo, y la certeza de que eso que sentía estaba mal, muy mal.

Ese mismo año hubo un hecho que marcó mi vida: en la escuela, la maestra me acusó injustamente de haber tirado un borrador, pero fue tan enfática en su reprimenda que me hizo llorar. Me sentí muy humillado por mostrarme de esa manera delante de ella y del resto de mis compañeros, que empezaron a llamarme “maricón”. Enjugué mis lágrimas, y me prometí solemnemente que jamás en la vida volvería a llorar. Recién hace poco tiempo he podido reconectarme con la aliviadora sensación de llorar.

Tenía 13 años, en tiempos de hiperinflación, cuando decidí que iba a reprimir todo aquello que me impidiera ser como los demás. Empecé a escuchar rock, a mirar chicas, a acercarme e incluso a salir o tener alguna forma de experiencia sexual con alguna. Sin embargo, percibía que algo no terminaba de satisfacerme. Tuve una fantasía recurrente: en ella iba a estudiar a la casa de Jota, mi compañero de segundo año, pero terminábamos masturbándonos y besándonos. Algo que nunca se concretó. Había indicios de que él sentía algo, que quería experimentar, pero jamás me permití avanzar.

Tanto empeño en ser “normal” tuvo sus consecuencias. Lentamente, me fui volviendo agorafóbico.

A los 17 años empecé mi primera y fallida experiencia en terapia. No estaba listo para aceptarme tal como era.

En 1996 vine a vivir a Buenos Aires, cuando aún existía la escenografía de cartón pintado de la convertibilidad, que lentamente comenzaba a descascararse. Empecé a estudiar en un taller de teatro. Hice algunos amigos. Poco a poco me di cuenta que sentía una enorme atracción por el ayudante del profesor de actuación. Fue la primera vez que tuve conciencia de sentir algo parecido al amor, junto a la atracción sexual, hacia alguien de mi propio género. Eso me angustió mucho. Recuerdo una noche estar desvelado, pensando en él. En la radio sonaba el tema “Don’t bring me down” de E.L.O., y aún me acuerdo de cómo, de modo muy claro, casi revelador, en mi cabeza apareció un pensamiento directo, sin filtros que decía: “Sos gay”. No pude soportarlo. Fue la primera vez que tuve un ataque de pánico.

Por esa época, empecé una nueva terapia. Cuando llegamos al punto donde yo sentía la barrera a superar, esa imposibilidad de poder vencer mi represión, mis miedos e inseguridades, y poder aceptar aquello que en ese momento era inadmisible, dejé la terapia. Cuán importante hubiese sido poder atravesar esa pared en ese momento, pero entiendo que realmente no estaba listo, todavía tenía que encontrarme con mi esencia, aceptarme, y eso tomaría un poco más de tiempo.

 

Me sentía muy triste, me costaba estar con chicas y, a la vez, sentía que estaba mal descubrirme atraído hacia otros hombres. Por esas cosas de la vida, consciente o inconscientemente, tal vez para estirar mi confusión, me enamoré perdidamente de Ve, una chica luminosa, la cual no sentía lo mismo por mí. Me rompió el corazón. Pero el sufrimiento por la no concreción fue suficiente para tranquilizarme y hacerme sentir que yo aún tenía “solución”, que no estaba perdido, condenado a ser un infeliz fuera de la norma.

A los 28 años, mientras Kirchner llevaba apenas unos pocos meses al frente de la primera magistratura, yo enfrentaba como podía mis desafíos, y la represión devino en severos ataques de pánico. Tan fuerte fue la sensación y el miedo a perder el control, que incluso pasé por una muy breve internación. Ahí pude hablar de mi sexualidad por primera vez con profesionales. Tuve una suerte de “epifanía”: sentí que era bisexual, y esa etiqueta me ayudó mucho a, muy lentamente y con muchas dificultades, ir aceptándome como podía. Existen bisexuales, claro está. Es sólo que yo no era uno de ellos… De todos modos, hasta ese momento, no había tenido ningún tipo de acercamiento concreto y real con un hombre.

A los 30, empecé una nueva terapia, que continúa hasta el día de hoy. A diferencia de las anteriores, en este espacio pude hacer un gran trabajo de autoconocimiento y autoaceptación, hecho que ha resultado muy fructífero y revelador. Pasé de sentir que la posibilidad de estar física o emocionalmente con otro varón era sencillamente inconcebible, a animarme a lo inimaginable. Eran tiempos de la primera mujer elegida por votación popular al frente del gobierno nacional, la crisis del campo, y la flamante Ley de medios. Y eran también tiempos de chat. Chat que ayudó mucho a ir animándome a hablar con otros hombres hasta que, por fin a los 33 años, estuve por primera vez frente a frente con otro varón. Todo sucedía en el ámbito de lo privado, yo no hablaba con nadie sobre esas experiencias, excepto con mi psicólogo. Era como si no pasaran. Si no lo verbalizaba ni exteriorizaba, eso no sucedía. Pero sí sucedía. Ya no tenía contacto de ningún tipo con mujeres, aunque sentirme bisexual me alivianaba la carga que en ese entonces sentía. Y la culpa.

La Argentina estaba a la vanguardia de las naciones que otorgaban legítimos derechos antes impensados, como el matrimonio igualitario, en tanto que yo, por entonces, no era capaz de siquiera pronunciar la palabra “gay” y, mucho menos, de asumirme como tal. Las consecuencias de tanto tiempo de represión habían dejado su rastro.

Todo cambió a mis 38, cuando conocí a Efe. Sin proponérmelo, de pronto me encontré enamorado. El era masculino, pero a la vez algo afeminado y con perfil muy alto. Muy diferente al tipo de hombres que hasta ese entonces me habían atraído. Pero me voló la cabeza. Besarlo era como sentir que estaba en casa. Siempre que fuera en la intimidad. Él quería que pudiéramos hacernos demostraciones de amor en público, que le presentara a mis afectos, que lo hiciera parte de mi vida.

De poco valió que yo fuera sincero con él, que le contara que no estaba listo para abrirme. No estoy orgulloso de cómo me comporté con él, pero hoy puedo ver que realmente no me acompañó ni comprendió en el duro proceso de aceptación que estaba experimentando. Poco a poco nuestra relación se fue llenando de discusiones e intolerancia mutua, y fue la excusa perfecta para que yo decidiera terminar la relación. Por él pude, por fin, recuperar mi capacidad de llorar a moco tendido. Sólo con el paso del tiempo pude asumir que lo amé como nunca antes amé a nadie. Que me cambió la vida. Que significó mi primera relación de pareja en serio. Y eso aceleró en mí un proceso de aceptación cabal de mi persona. Pude entender, finalmente, que no soy heterosexual ni bisexual, sino que soy gay, y que eso no tiene nada de malo, por el contrario. Poco a poco pude abrirme con buena parte de mi entorno, y entender que mis temores previos respecto de no ser aceptado, de ser dejado de lado si sabían lo que sentía, eran completamente infundados. Al día de hoy, nadie que me quiera me ha rechazado.

Aceptar mi sexualidad me llevó a repensar muchas cosas. Me di cuenta deque no tenía amigos gays, que no tenía una red de contención para hablar de ciertos tema que, por muy buena predisposición que tuvieran, mis afectos heterosexuales no entendían a fondo lo que yo sentía, y siento.

Fue ahí que, afortunadamente, apareció en mi vida el Grupo de Reflexión de Varones Gays que coordina el Lic. Alejandro Viedma. Alejandro no sólo escucha, contiene y orienta con toda la experiencia y la sabiduría de años de trabajo y especialización en temática LGBT, sino que, esencialmente, es una gran persona, con inquietudes artísticas y talentos varios. Este grupo es un ámbito donde podemos hablar con pares de temas que nos involucran, donde la red de contención grupal permite sentirse valioso, ávido de vivir la vida con ganas, de comprender, de ser abierto y compasivo con uno mismo y con los demás. Espero cada miércoles con enormes ansias para ir a nuestra reunión.

Parafraseando a un compañero del grupo, yo todavía sigo saliendo del clóset, luchando contra los resquicios de mi propia homofobia internalizada, viendo que en ciertos ámbitos aún me es difícil mostrarme tal como soy, como por ejemplo, a nivel laboral. No obstante, no quiero forzar nada, sé que poco a poco se irá naturalizando, como lo he logrado en otros espacios.

A los treinta y nueve, por fin, me decidí a vivir realmente mi vida lo mejor que pueda. He sentido que el tema de la “avanzada” edad en que finalmente asumí que me gustan los hombres y que empecé a vivenciarlo en la práctica, en general me ha dejado la impresión de sentirme “el peor de todos”. Sin embargo, a través de la experiencia y el paso del tiempo, he conocido a hombres que han asumido su condición sexual a edades más tardías y en contextos mucho más arduos que en mi caso. Es increíble cómo uno es capaz de ampliar su visión del mundo, relajarse, dejar el látigo a un lado, a medida que conoce más historias de vida ricas.

Quisiera que Efe hubiese podido darme la oportunidad de demostrarle que ahora estoy en condiciones de amar libremente a otro hombre. No pudo ser con él, pero no pierdo las esperanzas de encontrar a alguien con quien podamos construir una relación de pareja duradera y feliz. Me lo debo.

Los años duros de la represión por fin van dando paso a tiempos de mayor libertad. Tengo mucho por hacer. No quiero perderme ni un minuto de todo aquello que la vida (me) traiga. Sandra tenía razón: Soy lo que soy, mi creación y mi destino. Y a mucha honra!

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Cuando ver porno gay era una odisea

Pablo escribió este texto en uno de los ejercicios del grupo de reflexión para varones gay que coordina el lic. Alejandro Viedma en la Asociación Civil Puerta Abierta. La consigna había sido: “Compartir con los compañeros algo que nunca habías contado”. Pablo tiene 37 años y recordó cómo fue la primera vez en la que vio una película gay porno, hace más de 20 años, época pre cibernética, pre Internet. Imaginemos aquellos tiempos que parecen tan lejanos. Hoy casi cualquier persona tiene acceso a la web y eso ayuda a que, por ejemplo, los adolescentes gay puedan asumirse como tales investigando su deseo más sencilla y tempranamente. Incluso sin salir de sus casas. Pero en los 90, y antes menos todavía, no era nada fácil.

Les comparto este relato que Pablo envió para que leamos todos en Boquitas pintadas.

“Barbita”

Por Pablo

Estaba en casa con mi familia, hace poco más de 20 años. El día estaba bastante feo, llovía y hacía mucho frío. Después de almorzar, decidimos ir al video club a alquilar algunas pelis.

Como siempre, ya en el local, mi mamá se instaló en la sección de películas románticas o de historias verídicas (aburridas para mí en ese momento), mi papá en la de acción o comedia (las películas de acción no me disgustaban tanto porque los actores casi siempre estaban buenos, y las comedias me gustan), mi hermana y hermano más chicos (como 10 años menores que yo) estaban eligiendo una de dibujos animados, y yo buscaba de suspenso y terror.

Pero ese día en el video club descubrí algo que siempre estuvo ahí y nunca me había dado cuenta. Entre zombies y vampiros, monstruos y hombres lobo, decidiendo con cuál de ellos pasar la noche, siento de pronto a lo lejos la risa de mi papá, esa risa pícara que lo deschavaba cuando se estaba mandando una de las suyas, y a mi vieja la noto sonrojada y escucho que le dice con una voz susurrante y vergonzosa que era un pelotudo. Y es ahí cuando descubro mi gran hallazgo, la fila de arriba de todo era la de las películas porno, que enriquecía mi vista deseosa de todo aquello que observaba, pero a la vez incómoda ya que tenía que mantener la vista hacia arriba, y esto hacía que las demás personas que estaban ahí se dieran cuenta de lo que estaba mirando.

Entre miraditas rápidas, que eran como flashes, porque los nervios y la vergüenza me invadían creándome el fantasma que los demás podían descubrir mis deseos ocultos, de pronto lo veo a él, increíblemente bello, con su pelo castaño, claro y brillante, una barba prolijamente cortada, sus ojos azules que te invitaban a mirarlo y sus dientes blancos que se asomaban a través de una sonrisa que vencía toda resistencia de no quererlo, de no desearlo. Y otra vez mi viejo interrumpiendo el momento, pero esta vez en forma directa preguntándome si ya había elegido una película; quería pagar y que nos fuéramos.

Ese día comencé a convencerme que tenía que ver esa película, en la que estaba ese hombre increíble que había poseído mi mente. El tema era que tenía muchas dificultades para hacerlo, como por ejemplo, que tenía que estar solo en mi casa, mis viejos no se tenían que enterar jamás, y lo más difícil era cómo iba a hacer para alquilar una película para adultos, teniendo 14 años.

Una semana después, mi mamá me dice que una de mis tías nos había invitado a comer a su casa el sábado, obviamente le dije que no iba a ir, no sólo por el hecho de aprovechar el momento, sino también porque las reuniones familiares no eran de mi agrado; mi mamá, sabiendo esto, no me insistió.

Fueron dos días de planear el encuentro con “barbita”, pensé de todo, todo malísimo y peligroso, como por ejemplo: falsificar una nota firmada por mi viejo dándome permiso para llevar esa película, o disfrazarme para parecer mayor, y hasta se me ocurrió sobornar al señor del video club pagándole el alquiler de la película a un valor mucho más elevado, pero por suerte rápidamente desistí de estas ideas.

Ya casi resignado a que no iba a poder hacer nada, de pronto se me ocurrió el plan “perfecto”, que era: aprovechar la promoción de 3 películas por $10 y poner el número de cualquier película de terror o suspenso (género que siempre llevaba) en la de “barbita” y que el número de “barbita” sea el de la película de terror o suspenso que supuestamente quería llevar y, si el señor del video club me decía que no podía alquilarme esa película porque era condicionada, le mencionaba las tres películas que quería ver y le mostraba de dónde había sacado ese número y todo pasaba a hacer un error de él.

Llegó el sábado y mis viejos con mis hermanitos se fueron. A la media hora de su partida yo voy hasta el video club. Por suerte cuando llego no había mucha gente y el señor del local estaba distraído hablando con alguien. Era el momento perfecto, me acerco hasta “barbita” y saco su número rápidamente, de la misma forma agarro el número de una película de terror y la pongo en el lugar del número de la película de “barbita”, me tomo mi tiempo para elegir las otras dos películas y también para desacelerar mi corazón que parecía que iba a explotar por los nervios que tenía. Ya más tranquilo y juntando valor, tomo aire y me acerco al mostrador y le doy al señor los tres números de las películas elegidas, el señor agarra los números y va hacia atrás a buscar las pelis; casi inmediatamente vuelve con las 3 cajas negras y las pone en una bolsa, le pago y anota en su hoja mi número de socio, los números de las películas y que las dejé pagas, nos saludamos y salgo rápidamente hacia mi casa.

Ya estando en casa, pongo la peli, la cual vi varias veces ese día, en ella había hombres bellos por todos lados que se tocaban, besaban, chupaban y demás cosas, pero lo mejor fue cuando apareció “barbita”… Verlo entero, con su cuerpo delgado y delicadamente marcado, tocándose, mirando y sonriendo provocativamente, en realidad, provocando a otro pero, para mí, en ese momento, me estaba provocando sólo a mí: me llamaba, me invitaba a pasar un momento maravilloso, y así fue.

Más tarde, ya sabiendo que mis viejos estaban próximos a regresar, escondo la película entre las cosas que están dentro de mi placard, dejando solamente las otras dos películas para ver.

El lunes temprano antes de ir a clases, voy a devolver las películas, llego al video club, se las entrego al señor que lo atiende, nos saludamos y me dirijo hacia la escuela.

Así finaliza la historia de cómo alquilé mi primera película porno gay.

 

Este miércoles 4 de marzo a las 20 se inicia la doceava temporada de este grupo de reflexión de varones gays en Puerta Abierta, en el barrio porteño de San Cristóbal. Para ingresar al grupo el lic. Viedma toma una entrevista previa, que podés concertar comunicándote al tel. 15-6165-4485.

Para conocer más sobre Alejandro Viedma

 

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¿Se casó con un varón o con una mujer?

En una de sus sesiones de 2012 Roxana (*) le comentaba al Lic. en Psicología (UBA) Alejandro Viedma: “No es fácil ni para mí acostumbrarme a decir que Clara es mi esposa. Es raro escucharme o escuchar que los que saben digan “tu ESPOSA”. El otro día tuve que hacer trámites, llenar formularios y lo escribí, fue la segunda vez que me pasaba. Antes había tenido que enfrentar este asunto con la gente de Recursos Humanos de mi trabajo, en la previa de mi casamiento con ella, explicar todo, arreglar los días que me correspondían por matrimonio. Incluso con algunos compañeros que no sabían sobre mi vida privada tuve que salir del placard en esos días, inevitablemente, aunque yo no quería todavía, no me sentía preparada. Ahora cuando vamos juntas a un local y el que atiende me dice: “tu amiga”, refiriéndose a ella, yo a veces le aclaro que es mi esposa y a veces no, no tengo ganas, es desgastante tener que aclarar todo el tiempo. Lo mismo cuando viajamos y tenemos que reservar una habitación en un hotel, si bien reservamos siempre cama matrimonial, cuando nos presentamos en la recepción nos preguntan: ¿Camas separadas, no?”.

Se inició un nuevo año. Este blog cumplió sus cuatro años de vida el 28 de diciembre pasado. Se sigue avanzando temporalmente desde la sanción de la ley de matrimonio igualitario en 2010. ¿Cuánto se avanza como sociedad en la real posibilidad de que dos personas del mismo sexo se casen? Cuando alguien anuncia su matrimonio: ¿nos surge la pregunta de si se casa con un varón o con una mujer?

Una pareja de mujeres y mamás, en la marcha del orgullo en Buenos Aires; Foto: Alejandro Viedma

Viedma considera que “hay consecuencias positivas de las conquistas igualitarias en los últimos años en la Argentina, de los grandes pasos que sobre todo logró el colectivo LGBTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales y queer) a través de sus organizaciones, militantes y activistas independientes, ya que existen menos personas por fuera de redes (humanas, sociales, jurídicas), al constituirse realmente en ciudadanos (en igualdad de derechos). Y lo principal que está trayendo la ligazón: ‘avances en derechos igualitarios con efectos subjetivos’. Es decir, los primeros mejoran la calidad de vida de las personas (LGBTIQ y sus allegados)”.

Así, que alguien pueda acceder a algo (una ley) que anteriormente le fue denegado, lo posiciona en otro lugar, ya con la posibilidad real de ser digno y feliz, concretando en la realidad cotidiana lo que en el pasado ni siquiera podía soñar como proyecto.

El psicoanalista aclara que sin embargo, aún se escuchan y leen cosas espantosas desde los que se posicionaron en la vereda de enfrente, dedicadas a quienes no entraban/entran en la heteronormatividad, sobre todo con la cuestión de la adopción de niños y niñas por parte de parejas del mismo sexo, lo que ya des-cubría la homofobia social, institucional, política en aquellos debates desde 2009 y por supuesto también desde antes.

Pero Viedma cree que de a poco las parejas del mismo sexo empiezan a escuchar preguntas del tipo de: ‘Y ustedes, ¿se van a casar?’; con los años: ‘¿Van a adoptar?’. “En el presente en cada grupo humano se desmiente/niega menos y se iguala más; hoy en día cuando alguien refiere que otra persona está casada, tiene además que preguntar(se): ‘¿Se casó con un varón o con una mujer?’, o: ‘¿este matrimonio –sea cual fuere- tiene hijos?’. Es decir que los interrogantes sociales también entran en una igualdad, las preguntas van dejando de ser tabúes, se cortan los silencios por miedos o por no ser irrespetuoso y aflora lo simbólico derribando preconceptos, incluso con novedosas formas dentro de la comunidad LGBT”.

“Desde mi rol de terapeuta acompaño a mis pacientes en sus procesos mitigando el nivel de angustia, apuntalándolos para que puedan resolver con la verdad los obstáculos que se les presentan, revisando los propios prejuicios y temores que traban la comunicación fluida en todos los ámbitos (laboral, familiar, amistoso, etc.) por donde circulan. Para eso suelo indagar alrededor de las creencias establecidas desde la infancia y adolescencia, sobre todo en los campos educativos y el familiar. Si bien aún falta para que en nuestro país gocemos de una igualdad real, las personas LGBT están más contenidas que en el pasado y cuentan con más espacios para acudir y denunciar en casos de discriminación”.

 (*) Roxana es un nombre cambiado con el fin de preservar la privacidad de la expaciente

 

¡Feliz 2015,

por un año con más derechos para todos y todas!

 

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“Fui homofóbico aún siendo gay”

Leonardo es un exintegrante del grupo de reflexión para varones gay que coordina el lic. Alejandro Viedma en la Asociación Civil Puerta Abierta y que festejará sus primeros 15 años de vida el próximo sábado. Leo envió a Boquitas pintadas el texto que viene a continuación como testimonio de su paso por ese espacio y de cómo ese lugar lo ayudó a resolver cuestiones internas que cuando ingresó al grupo ni siquiera tenía conscientes.

Uno de los aspectos a destacar es que Leo reconoce que, si bien se había reconocido a sí mismo como homosexual,  jamás se  incluía en el ambiente gay, ni en marchas del orgullo, ni iba a boliches, pubs, ni participaba de páginas de encuentros. “No me gustaba nada de eso, era muy prejuicioso, sin poder ser consciente de ello”, dice en un tramo de su escrito. “Se trataba de mi homofobia inconsciente, internalizada. Por ejemplo, pensaba que la Marcha del Orgullo Gay era un circo, no daba cuenta  del objetivo político sobre la lucha por los derechos LGTB que la Marcha conlleva. Además tenía el típico desprecio por lo femenino en el hombre y la sobrevaloración por lo masculino, en realidad, se trataba del desprecio a mí mismo”.

Sus creencias homofóbicas pese a ser gay. Esa es una de las cuestiones que más tuvo que desandar en el grupo de reflexión que lo cobijó desde 2007.

Vale la pena acercar una definición. “La homofobia internalizada es la creencia consciente o inconsciente que tienen algunas personas gay y lesbianas de que los prejuicios, estereotipos y mitos sobre los homosexuales son ciertos. En otras palabras, son sentimientos negativos que sienten hacia sí mismas por su homosexualidad. La homofobia internalizada se refleja con complejo de inferioridad, sentimientos de vergüenza y culpa, baja autoestima y conductas autodestructivas”. (Un artículo para conocer más sobre homofobia) 

Mi experiencia con mi querido grupo

Por Leo

Marcha Del Orgullo LGBTIQ (Lesbianas Gays Bisexuales Transexuales Intersex Queer) XXII de Buenos Aires; Foto: Ignacio Lehmann

En una etapa un poco difícil de mi vida respecto de mi sexualidad, busqué hasta que encontré este hermoso grupo. Cuando digo difícil con respecto a mi sexualidad, no me refiero a mi orientación sexual, ya que yo ya estaba asumido como gay, sin embargo, me llegué a preguntar ¿y ahora qué hago con esto, con lo que siento?

Mi familia, mis amigos heterosexuales me conocen, sabían de mi orientación, lo que notaba era que no tenía  amigos ni compañeros gays  para compartir entre pares lo que me sucedía.

En resumen, jamás me incluía en el ambiente gay, ni marchas del orgullo, ni boliches, ni pubs, ni páginas de encuentros. No me gustaba nada de eso, era muy prejuicioso, sin poder ser consciente de ello, se trataba de mi homofobia inconsciente, internalizada, por ejemplo, pensaba que la Marcha del Orgullo Gay era un circo, no daba cuenta  del objetivo político sobre la lucha por los derechos LGTB que la Marcha conlleva. Además tenía el típico desprecio por lo femenino en el hombre y la sobrevaloración por lo masculino, en realidad se trataba del desprecio a mí mismo. Tampoco estaba  de acuerdo  que dos papás o dos mamás adopten niños, pensaba que podía ser perjudicial  para la salud de estos últimos por la discriminación. Ni siquiera sabía que existían las familias homoparentales. En fin, una lluvia de creencias homofóbicas que me perjudicaban, que hacían sentirme aislado, como sapo de otro pozo, hasta el año 2007, cuando conocí el grupo de reflexión.

Pensar que en siete años cambió tanto la concepción de las personas LGBT a partir de la Ley de Matrimonio Igualitario y la de Identidad de Género… Sin embargo, faltan años para que estas leyes se interioricen en cada sujeto, familia; la homofobia social todavía existe, como por ejemplo en las escuelas: el bullying por homofobia es un problema grave que se tiene que poner en evidencia.

Tengo que aceptar que, aunque sin darme cuenta, fui parte de los prejuicios y estereotipos socioculturales, pero por suerte, puedo hablar en pasado ya que tanto por mi estimado grupo y por el Lic. Alejandro Viedma, cambié.

Alejandro Viedma, coordinador del grupo de reflexión de Puerta Abierta

Mis modificaciones tuvieron lugar por los intercambios con ellos, los cuestionamientos de muchos mitos homofóbicos y compartir sucesos, sentimientos sobre el amor, la amistad y conformación de una red entre pares, charlas sobre cómo afrontar su salida del clóset en el trabajo, debates desde las vivencias personales en torno al sexo, la sexualidad, las familias diversas, los derechos LGTB, etc. Y recién ahí hice un insight, un “ahora me doy cuenta de cómo mis pensamientos prejuiciosos me limitaban” en mi desarrollo personal, la manera de vincularme con los demás, por ende en  mi sentimiento de bienestar.

Por otra parte, en los boliches o páginas de encuentro, siempre noté un lado frívolo y es algo que no comparto, la alienación a la imagen, el divismo narcisista hasta ahora me aburre mucho, pero la diferencia es que antes tomaba la parte por el todo, generalizaba, y después me dí cuenta que los gays no somos todos iguales, ni tampoco tenemos la misma actitud en todos los lugares, al igual que el resto de los seres humanos.

Tal es así que escucho a amigas quejarse, después de ir a bailar dicen: “¡Los tipos están todos tomados, lo único que quieren es echarse un polvo!”. Noto que acá está también la queja por la frivolidad o por lo efímero de lo exclusivamente sexual. Otros amigos heteros comentan también: “Las minas están muy lanzadas, hasta se pelean entre ellas para ver quien se lleva al más fachero!”. Pareciera que la complicación histérica está en todos lados, jaja. Entonces, el lado frívolo está en todos los ámbitos independientemente de la orientación sexual.

No obstante, se puede salir de ese boliche o de lo virtual con alguien y te encontrás con  el otro aspecto de esa persona, como cuando encontré a este grupo. Muchos vamos a bailar o usamos las páginas virtuales, sin embargo, en el grupo pensamos, intercambiamos, nos reímos, profundizamos, nos divertimos, nos respetamos, descubrimos otras miradas y opiniones, otros discursos y, a partir de allí, de ese recorrido, pude habilitarme a tener una vida más amplia donde otras puertas se me abren y nuevos vínculos se constituyen.

Gracias, querido Alejandro, y a todo el grupo porque se derrumba ese muro prejuicioso que construí. Ahora puedo mirar desde otro lugar, de una manera menos totalizadora, ahora lo que internalizo y trato de entender es la diversidad misma.

Mil gracias y cariños a todxs.

Leo

 

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El teatro por la diversidad de Puerta Abierta, declarado de Interés cultural por la Legislatura porteña

En septiembre del año pasado anunciábamos que Buenos Aires tenía su teatro por la diversidad. En una iniciativa inédita para esta capital, la Asociación Civil Puerta Abierta abría el primer espacio escénico orientado a la celebración de la diversidad sexual. A partir de un proyecto presentado por la legisladora María Rachid, esto fue reconocido por la legislatura porteña, que declarará este viernes 27 a ese teatro como de interés para la promoción de los derechos humanos, social y cultural de Ciudad de Buenos Aires.

El trabajo de esta organización que empieza a tener sus reconocimientos formales se inició hace ya casi quince años. Fundada en 1999, la agrupación trabaja activamente por los derechos de la comunidad LGBT. Allí se reciben diariamente a personas de todas las edades que asisten a diversas actividades, como por ejemplo psicoterapia especializada en diversidad sexual, grupos de reflexión para lesbianas y gays, clases de yoga y talleres culturales de todo tipo. Miles de personas ya pasaron por la institución.

“Cachita” Arévalo, Graciela Balestra, Alejandro Viedma, Silvina Tealdi, Laura y Norma Castillo, integrantes históricos de Puerta Abierta

Sus objetivos siempre fueron luchar contra la discriminación, concientizar a la sociedad de los derechos humanos de todas las personas y derribar prejuicios sobre la diversidad sexual; brindar un espacio donde poder encontrarse con pares para charlar, reflexionar, donde las personas homosexuales pudieran ver que no estaban solas, que no eran enfermas ni únicas en el mundo.

Tablas diversas

En septiembre de 2013 se inauguró en el barrio porteño de San Cristóbal, donde se encuentra la sede de esta ONG, “Puerta Abierta teatro”, el primero en su tipo en la Argentina dedicado a mostrar autores/as y abordar temáticas en relación a la diversidad sexo-afectiva. Señalan sus creadoras, la psicóloga Graciela Balestra y su compañera Silvina Tealdi, que “este espacio, que permite visibilizar a la comunidad LGBT, reivindicar sus derechos y luchar en contra de la discriminación y el odio hacia la diversidad, está pensado como una instancia de integración social, en donde puedan participar todos/as sin distinciones de identidades y/o orientaciones sexuales, ni de ningún otro tipo, utilizando el arte como pretexto para la eliminación de prejuicios y estereotipos, que básicamente se asientan sobre el desconocimiento y la ignorancia”.

Silvina y Graciela, fundadoras de Puerta Abierta y gestoras del teatro diverso

En los fundamentos de la Legislatura para declararlo de interés cultural, se señala: “Años atrás, Puerta Abierta ya supo ser vanguardia y generó una revolución mediática cuando en 2009 fundó el primer Centro de Jubilados/as y Pensionados/as lésbico-gay de la región. Este espacio fue concebido como lugar de encuentro entre pares en donde los/as adultos/as mayores de la comunidad LGBT pudieran tejer vínculos afectivos y conformar una red de mutuo apoyo que posibilitara desarrollar sentido de pertenencia y en donde pudieran expresarse libremente sin miedo a ser discriminados, juzgados o violentados por ser quiénes son y no otros/as”.

Según ellas cuentan, el mundo teatral no les era ajeno. La actuación ya funcionaba como método catártico en los grupos y en los talleres de reflexión, ya que se valían de dramatizaciones y puestas en escenas, que luego eran debatidas de manera grupal, como forma de abordar algunos temas y problemáticas concretas relacionadas a ser y encarnar cuerpos, deseos y sexualidades contrahegemónicas en una sociedad altamente heteronormativa.

Al ver cómo la actuación facilitaba el acceso a tabúes y prejuicios, explorando en la acción las cuestiones no verbalizadas y permitiendo una comprensión más profunda de las emociones y de las consecuencias de estas, decidieron pensar en la posibilidad de un teatro propio.

El deseo devino acción. Cuatro años después de la apertura del Centro de Jubilados/as y Pensionados/as para la diversidad se inauguró el espacio teatral. Lo que comenzó como un experimento lúdico en el ámbito grupal de una organización social, se convirtió en una casa antigua acondicionada como sala teatral con capacidad para 50 personas, que aporta a la lucha en contra de la discriminación, la violencia, constituyendo un espacio en donde celebrar la existencia de la diversidad y dar batalla a la invisibilización social de un colectivo históricamente vulnerado.

Alejandro Viedma, coordinador del grupo de varones gays, habla en la inauguración del teatro; María Rachid, en primera fila

Entiende la legislatura: “Iniciativas como estas contribuyen desde el arte a construir una ciudad más justa e igualitaria, visibilizando la existencia y reivindicando los derechos de las personas LGBT a nivel social y cultural, como ya lo vienen haciendo a nivel jurídico la Ley de Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de Género, entre otras iniciativas tendientes a promover y garantizar la igualdad”.

La Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires establece en su artículo 11: “Todas las personas tienen idéntica dignidad y son iguales ante la ley. Se reconoce y garantiza el derecho a ser diferente, no admitiéndose discriminaciones que tiendan a la segregación por razones o con pretexto de raza, etnia, género, orientación sexual, edad, religión, ideología, opinión, nacionalidad, caracteres físicos, condición psicofísica, social, económica o cualquier circunstancia que implique distinción, exclusión, restricción o menoscabo”.

Asimismo señala que “la Ciudad promueve la remoción de los obstáculos de cualquier orden que, limitando de hecho la igualdad y la libertad, impidan el pleno desarrollo de la persona y la efectiva participación en la vida política, económica o social de la comunidad”.

Así se fundamenta esta necesidad de levantarle el pulgar a esta institución que tanto hizo y hace por el “pleno desarrollo de la persona” y el respeto de cada uno en sus individualidades.

 

Bonus track para conocer más de Puerta Abierta: Graciela Balestra (directora de la institución), Silvina Tealdi (co-coordinadora del grupo de mujeres), Norma Castillo (presidenta del centro de jubilados) y Alejandro Viedma (coordinador del grupo de reflexión de varones gays), hablan sobre el área terapéutica y los espacios de reflexión para lesbianas y gays, entre varias cuestiones, en este video realizado por Multiple choice:

 

 

 

Este viernes 27 de junio a las 18 (puntual), la Legislatura declarará de Interés para la Promoción de los Derechos Humanos, Social y Cultural de CABA a “Puerta Abierta Teatro”. Están todos/as invitados/as para festejar con la organización Puerta Abierta, que este año cumple quince años de vida. La cita es en la Legislatura Porteña (Perú 160), Salón Montevideo. La entrada es libre y gratuita.

 

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Los Geek diversos también tienen su espacio no virtual para conocerse

¿Sabés cómo conquistó Han Solo a Luke? ¿Sabés cuánto tardaron She-ra y Cheetara en mudarse juntas? ¿Sabés como hace Robin para estar siempre de buen humor? Así dicen los divertidos flyers de “Grupos Geek LGBTIQ que el escritor Facundo R. Soto coordina los viernes en el Centro Cultural Matienzo.

¿Qué se hace ahí adentro? ¿Cómo surgió la idea? Son dos piezas clave que Facundo va a contar para Boquitas pintadas.

Facundo Soto propone un lugar de encuentro no virtual

 “Un espacio de despeje”

Por Facundo R. Soto

“Hace un tiempo vengo escuchando que muchos chicos quieren conocer a otros (chicos), mantener un noviazgo, armar una relación, y se les complica… Me pareció raro, habiendo tantas herramientas informáticas, redes sociales, sitios de encuentros… Lo que me graficó un chico era que al refugiarse en lo virtual la gente perdía cierto compromiso y se arriesgaban a decir cosas que frente a frente no harían. Esto se fue haciendo un hábito, y cada vez es mayor la dificultad para relacionarse. No está mal tener sexo, es básico, pero a veces se lo prioriza, y las personas, como el tema de Virus, pasan a ser “amor descartable”, por la increíble oferta que hay en los sitios de encuentros. Otro chico me decía que le escribió a otro porque le gustó su perfil, decía “busco alguien para empezar una relación, los que buscan sexo exprés, por favor abstenerse”. Pero, apenas le respondió le pidió que le desbloqueara las fotos, porque quería saber el tamaño de su verga.

Un poco así, frente a la necesidad de gente que quiere conocer gente nació la idea de armar un espacio lúdico, con el poder de las conversaciones, los juegos proyectivos y el coaching. ¿Para qué? Para destrabar, desbloquear los impedimentos que hacen que uno no avance hacia su meta y objetivos; claro que primero hay que hacer un trabajo sobre lo que queremos y deseamos, porque solemos decir una cosa y hacer otra.

El espacio está bueno porque se trabaja con confianza y respeto para poder desplegar cualquier inquietud que, quizás, sólo alguien de la comunidad LGBTTIQ pueda comprender. Hay mucha gente tímida, que va a los boliches y no conoce a nadie. Bueno, ésta es una forma de socializar, trabajar sus miedos, deseos, proyectos, lo que sea… Hay muy buena onda. Abre posibilidades. Crea expectativa. Posibilita que uno vea su tema desde otros puntos de vista… Ojo, no es un Cupido, donde la gente va de levante, es un espacio de “despeje”, donde entre todos trabajamos para sacar las piedras del camino y avanzar hacia donde uno quiere o desea… El espacio grupal es muy rico e interesante. En un punto, todos se identifican con todos, y esto hace que la problemática que uno lleva, pierda la solemnidad y el corte de tragedia que a veces lleva. Porque muchas cosas que a uno le pasan, al otro, de alguna manera también le pasan”.

 

Grupo orientado a Geek LGTBIQ

Viernes 19 a 21 en Club Cultural Matienzo

Consultas e inscripciones: literatura@ccmatienzo.com.ar

 

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¿Todos y todas somos bisexuales?

“Yo no me etiqueto. Puedo estar tanto con un hombre como con una mujer: no me enamoro de los genitales sino de la persona”. “Estoy mal porque no sé qué soy, necesito definirme para un lado o para el otro”. “El que dice que es bisexual en realidad es un gay no asumido del todo”.

Frases como éstas, reflejo de lo que se escucha en algunas sesiones de terapia, invitan a conversar sobre quienes alternan sus prácticas sexuales y afectivas homosexuales con las heterosexuales. Son personas llamadas bisexuales, es decir, que tienen relaciones emocionales y/o sexuales tanto con personas de su mismo sexo como con otras del sexo opuesto.

Para el austríaco Sigmund Freud hay una bisexualidad innata en los seres humanos, un rasgo psíquico inconsciente propio de toda subjetividad: venimos al mundo con disposiciones sexuales tanto masculinas como femeninas. Así, cualquier persona tiene la capacidad de involucrarse sexo-afectivamente con otra, más allá de su sexo o género.

La mayor visibilidad en los últimos años de las distintas sexualidades da cuenta de la diversidad que hemos sabido construir. Entonces, lo que antes operaba como fantasía o como algo experimentado esporádicamente o en la clandestinidad, hoy se concreta con menos temores, vergüenza y sin traumas.

"Segunda Parada de la Igualdad" en Asunción, Paraguay; Foto: Alejandro Viedma

“Segunda Parada de la Igualdad” en Asunción, Paraguay; Foto: Alejandro Viedma

No hay nada nuevo bajo el sol. El Banquete de Platón (diálogo que versa sobre el amor, compuesto hacia el año 380 a. C.) ya era un verdadero “mapa sexual humano” y, por otro lado, el padre del psicoanálisis en toda su obra también acogió lo diverso iluminándolo desde la infancia humana, especialmente a partir de Tres Ensayos sobre teoría sexual (1905).

En este post, el psicoanalista Alejandro Viedma, a partir de la experiencia clínica, desarrolla su mirada sobre la bisexualidad. “Hay muchas personas que se dan permiso de probar estar con alguien de su mismo sexo luego de una vida “hétero”, o viceversa, gente que en el pasado sólo tuvo relaciones homosexuales y después de décadas se enamora de alguien del sexo contrario. Me parece adecuado que el propio sujeto descubra, construya, experimente su sexualidad, sexualidad que en ningún caso es del todo fija o lineal”, sostiene.

 La bisexualidad en el consultorio

Por Lic. Alejandro Viedma

“Yo no me etiqueto”, me comentaba en una de sus sesiones un ex paciente al que llamaré Matías, y cuando le pregunté a qué se refería con eso, se explayó un poco más: “Puedo estar tanto con un hombre como con una mujer, yo no me enamoro de los genitales sino de la persona”.

Por otra parte, ¿por qué angustia la falta de etiquetas? Otro paciente me decía: “Estoy mal porque no sé qué soy, necesito definirme para un lado o para el otro”. También la angustia y los miedos pueden emerger desde la pareja de una persona bisexual, por ej., ese mismo paciente refirió: “Además pongo mal a mi novia porque le conté que sentía atracción también por algunos hombres y me dijo: ¿Y ahora cómo querés que me quede, si en cualquier momento me metés los cuernos con tipos?…”.

Etiquetas que, más que cerrar, abren interrogantes: ¿Alcanza mencionar un tipo de orientación sexual para definir a un ser humano? ¿Nominarse como hetero, gay, bisexual o trans abarca la totalidad de la sexualidad de un sujeto? ¿Hasta dónde limita o alivia rotularse con una preferencia sexual en particular?

¿Los bisexuales rompen con la tiranía de tener sí o sí una condición homo o heterosexual? Decirse bisexual: ¿Unifica a los bisexuales dentro del colectivo LGTB (lésbico-gay-trans-bisexual) o los segrega? ¿Es ese rasgo de nominarse bisexual (u otro modo de goce, al decir de Lacan) parte de un discurso entre pares para segregarse o segregar? Incluso también hay prejuicios internalizados dentro de la comunidad LGTB, ya que es común escuchar: “El que dice que es bisexual en realidad es un gay no asumido del todo”… ¿Es ese el motivo por el cual los y las bisexuales quedaron relegados en la visibilización del colectivo LGTB?

Hay tantos casos como personas, tanta diversidad incluso dentro de los y las bisexuales, lo que podría reflejarse modificando el singular por el plural y referirse a “las bisexualidades”.

Claudia es otra de las pacientes que me llamó para iniciar una terapia. Al momento de la consulta tenía 48 años, estaba en proceso de divorcio con su ex esposo, tenía dos hijos. Sufría de ansiedad: “Me pone muy ansiosa lo que vendrá, cuando mis más allegados se enteren que estoy con otra mujer… Más que nada me cuesta abrirme con los que me conocieron con una vida armada muy tradicional: marido, hijos y ahora un nietito en camino… No puedo contarles”.

Hay muchas personas que se dan permiso de probar estar con alguien de su mismo sexo luego de una “vida hétero” o viceversa, gente que en el pasado sólo tuvo relaciones homosexuales y después de décadas se enamora de alguien del sexo contrario. En ese sentido (si alguien se anima a concretar con otro de su mismo sexo luego de vivir una “vida heterosexual”) no creo ajustado concluir que es gay o toda la vida lo fue o que antes era hetero y ahora bisexual, o lo que sea, más bien me parece adecuado que el propio sujeto descubra, construya, experimente su sexualidad, sexualidad que en ningún caso es del todo fija o lineal. Y sólo esa persona revisará y sabrá por qué le cuesta tanto asumir el rótulo de gay, o si le es menos o más conflictivo asumirse como bi. En todo caso, mi rol será escucharlo, contenerlo y acompañarlo en ese proceso.

Desde mi posición de terapeuta, no segrego a un paciente que se presente con una identificación singular, sea cual fuere, con una elección SIEMPRE inconsciente y enigmática, puesto que esa singularidad se corresponde con su deseo, y no con una orientación sexual enfermiza per se. Soy inclusivo también con los que padecen porque aún no pueden salir del clóset en todos sus ámbitos.

Yo escucho lo que el analizante despliega, lo que dice que siente o su malestar o bienestar, qué dice cuando expresa que es homo, hetero o bisexual,  de igual manera con la identidad de género trans, cómo se presenta el sujeto, cómo se autopercibe, independientemente del sexo que le asignaron al nacer. Y al mismo tiempo estoy atento para no cristalizarme en esa solapa –sobre todo cuando es inamovible, contundente- que transmite el/la paciente, en una etiqueta o un rótulo que funciona a modo categorial.

Cada año hay más casilleros, más sujetos diferenciados en letras: LGTTBIQH… La letra I refiere a los intersexuales y la Q a los queer, yo agrego la H para mencionar también a los heterosexuales dentro de las diversidades sexuales. Pero todxs comparten algo: el SER. Y la capacidad de AMAR.

 

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Papá y papá, un grupo para compartir la experiencia de la familia propia

El grupo de Facebook ‘Papá y Papá’ nació como un espacio para establecer y fortalecer vínculos entre gente que tiene en común el deseo de ser padres y enfrentar las dificultades que implica querer hacerlo, siendo varones, solos, o en pareja con otro hombre. También vincularse con otros que ya viven la paternidad, compartiendo sus experiencias, con instituciones, o personas que se interesen por esta problemática, y-o participen del recorrido en el camino hacia la paternidad, interrelacionándose e informándose de cada situación. Y bajo la creencia de que lo fundamental para crear una familia es el AMOR.

Ariel Ocampo y Guillermo Boccamazzo, así como Pablo Adzich y Francisco Solá dedicieron compartir con Boquitas pintadas la razón de ser de este grupo que crearon, las intenciones que los movilizan, los desafíos que se plantearon.

Con esta ilustración, realizada por Ariel Ocampo para Boquitas pintadas, se presenta la agrupación

Ellos escriben a cuatro manos: “Somos dos matrimonios de varones que buscábamos la forma de lograr tener hijos, y de vez en cuando nos encontrábamos en distintos ámbitos sociales y comentábamos lo que veníamos realizando. Coincidimos en el Encuentro de Familias Homoparentales que se realizó en Agua de Oro, Córdoba. Gracias a la generosidad y apertura de las organizadoras, que no solo convocaron a familias con hijos, sino a todos los que tienen intenciones de ser mamás o papás siendo gays. Volvimos a notar que dentro de la diversidad de familias, nuestra situación como varones conforma una problemática específica dentro del grupo, por el hecho de que existe la necesidad de un óvulo y un útero ajenos a la familia, si hablamos de hijos biológicos”.

“Además, en el caso de la adopción, a los prejuicios que la mayoría de los jueces ostenta acerca de las familias homoparentales, se le suma el de la idealización del rol de la mujer como elemento insustituible en una familia, ignorando, por ejemplo, los innumerables casos de los viudos, o separados y/o divorciados varones que crían a sus hijos y conforman hermosos hogares. Entonces, nos encontramos con que mientras muchas parejas de lesbianas están ya compartiendo experiencias acerca de cómo criar a sus hijos, cómo integrar la familia a la sociedad, etc., la mayoría de las parejas de varones seguimos viendo cómo hacemos para algún día concretar nuestro anhelo de agrandar la nuestra”.

“Entonces, dijimos: ‘Che, tenemos que reunirnos de una forma más sistemática, para hablar sobre este tema específico y ver qué podemos hacer. Y hasta que nos organicemos para juntarnos, armemos un grupo de Facebook y podemos ir sumando a gente que conozcamos que está en la misma’.

Una vez que armaron la página empezaron a llegar mensajes desde todos los puntos de la Argentina; se contaban situaciones de lo más variadas. Algunos eran casi como llamados de auxilio pidiendo que alguien escuche su historia.

“Esta situación nos hizo ver una vez más que no estamos solos, sino separados, ocultos, callados y todos esperando un lugar visible al cual pertenecer. Ver que la gente nos escribía, incluso sin saber quiénes éramos nos daba a entender que estaban esperando algo más que un ‘gracias por participar, estamos en contacto’. Y si bien no nos sentimos capacitados para “asesorar”, vamos comenzando a canalizar algunas dudas e inquietudes y poniendo en contacto a la gente con distintos profesionales especialistas que se han acercado desinteresadamente”.

Es decir, aclaran que no son un grupo organizado que busca reflejar su actividad en las redes sociales, sino al revés: Facebook fue un disparador y la intención es conformar un grupo presencial.

“Cuando decimos ‘Papá y Papá’ es un poco en respuesta a las banderas levantadas por los católicos conservadores con la leyenda ‘Papá y Mamá’ y cuando decimos ‘varones gay’, no es porque nos importe especialmente la sexualidad de las personas que conforman el grupo de Facebook, sino para encuadrar con alguna palabra la imposibilidad de tener en nuestras familias a una ‘mamá’’, aclaran.

- ¿Cuál es la realidad que atraviesan las parejas de varones gays que quieren ser padres?

Ellos cuentan que las realidades son múltiples, con el denominador común de la ansiedad, y una serie de limitantes sociales y legales. Las exponen:

Frente a la adopción: Si bien la ley no hace diferencia por preferencia sexual ni tipo de familia, en el tema adopción siempre hay un margen de discrecionalidad que queda en manos del Juez y sus prejuicios. Para el aspirante soltero gay, si bien no es fácil adoptar, hay más posibilidades de “burlar” esos prejuicios, revistiendo ante el sistema la categoría de “soltero” y nada más; en cambio, cuando nos casamos, nuestra libreta de familia es un “certificado de homosexualidad”, con el cual estamos explicitando nuestra preferencia sexual, y estamos “blanqueando” formalmente nuestro proyecto de familia ante la mirada temerosa de los juzgados. El soltero, una vez que adoptó, puede casarse con una persona de su mismo sexo y luego el cónyuge “co adopta” al niño, con lo cual el proceso estaría listo.

Frente a la posibilidad de paternidad biológica: Para este proyecto, aunque suene raro, no se necesita una “mujer”. Por más prejuicios que existan, un niño puede crecer sana y felizmente en una familia donde no hay una mujer. La realidad es que lo que sí es imprescindible, es un óvulo, y un cuerpo de mujer que pueda gestar el bebé. Para todo lo posterior al nacimiento, no es excluyente la presencia de la mujer. Y la realidad y estudios al respecto lo demuestran.

La subrogación, o ceder la capacidad de gestación no sólo existe como posibilidad sino también en los hechos, aunque no haya un marco legal que lo contemple. De esta manera, la precariedad y la falta de seguridad jurídica para todos –incluido el hijo- vulnera los derechos de los implicados. Así como no hizo falta la ley de matrimonio igualitario para que las parejas de personas del mismo sexo convivieran, pero sí hizo falta para ser reconocidos con los derechos y responsabilidades que genera, de la misma manera la realidad de la subrogación de vientres necesita un marco legal –que ya existe en diversos países-. Un marco legal que defina y delimite las responsabilidades de cada participante del proceso, y también un marco regulatorio que centre la paternidad en la voluntad expresa y no en la persona de quien dio a luz a un niño.

- ¿Qué presiones sienten de la Iglesia católica, por vivir en una provincia tan creyente?

“En cuanto a la Iglesia Católica, creemos que ejerce la misma presión que ejerce con todo lo que signifique cambio cultural: es uno de los principales aparatos de conservación y reproducción cultural, una máquina que casi anda sola, porque sus mandatos y principios inundan el tiempo y los espacios, de tal manera que casi no le hace falta expresarse en alguna presión en particular, sino que ejerce esa fuerza que sus 2000 años de imposición cultural le posibilita”.

“Por lo general la Iglesia se toma sus años en reconocer y legitimar cambios sociales, y por lo general pide perdón por el hostigamiento moral y físico con una distancia temporal suficiente para que tanto víctimas como victimarios queden perdidos en el anonimato de la historia, o su existencia se limite al ‘personaje’ y no a la ‘persona”.

“Hoy en día es casi pintoresco hablar de los métodos de la Inquisición, de las Brujas en la hoguera, de los Esclavos y su sufrimiento, del aniquilamiento de pueblos y culturas en nombre de la Fe, pero si pensamos en los millones de personas que a lo largo de la historia de la Iglesia Católica nacieron, crecieron y murieron en el sufrimiento de ver sus derechos avasallados, más que pintoresco es realmente triste. Y como que no alcanza con un pedido de perdón lejano y anacrónico, que limpia el historial para hacer nuevo espacio para seguir persiguiendo y condenando a los perseguidos de hoy y del mañana”.

- ¿Creen que con el papa Francisco cambiará algo?

- “Hay una euforia papista-nacionalista desde que Bergoglio fue elegido Papa. Y si la gente estaba haciendo esfuerzos por salir de la comodidad de lo conocido, para empezar a considerar lo diferente…ya no”.

- ¿Qué opinan de los recortes en el proyecto de modificación del código civil?

- “Nos parece un reflejo concreto de lo que venimos hablando: un tire y afloje entre las necesidades de cambio social y las fuerzas conservadoras, que generan este retroceso que consideramos “momentáneo” ya que la realidad, tarde o temprano, termina ajustando las leyes. Y cuanto más visible sean nuestros proyectos de vida más rápido se generarán los cambios necesarios. En este contexto entendimos lo importante de nuestra visibilización como familias homoparentales”.

 

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