Fotocopia, un libro de relatos apto para padres e hijos (gays y no gays)

Acaba de salir Fotocopia, la nueva novela de Facu Soto, por Paisanita Editora. Carrera prolífica la de Soto, con 20 libros en apenas 6 años de producción literaria. Esta vez se trata de un texto que reúne dos diálogos, en un total de 139 páginas, que pueden ser leídos por padres, hijos, gay y no gay, porque la trama trabajaba el tema de las relaciones, la no aceptación de los padres por parte de los hijos, la vida artística de ellos, lo que se puede dejar de lado y lo que no, entre otros tópicos. Sin excesos, superponiendo en forma ordenada, los intentos del padre por solidificar una relación que no es aceptada por parte de su hija, estos personajes nos hablan de la comunicación y de lo que hay detrás de lo que no se ve (el padre del protagonista y la mamá de la nena, que aparece tan ausente como presente, de manera elíptica).

Con un estilo pop, a lo Manuel Puig, el narrador desaparece de la literatura para darle lugar a los verdaderos protagonistas de esta historia, tan real como conmovedora.

Este es un diálogo de Boquitas pintadas con el autor.  

- ¿Qué leías en el momento de escribir el libro?

- Aunque no lo creas, tengo muy separada mi vida literaria de la vida familiar o personal, por decirlo de alguna manera… Hay gente que se cree todo lo que escribo y está bien. Pero en la medida en que uno escribe ya es ficción. Estaba leyendo, en realidad releyendo, unos de mis libros favoritos La traición de Rita Hayward. También, Heroína de Tomasz Piatek, los cuentos de Mariana Enríquez, Dani Umpi, no sé, las escribí hace un par de años, más no me acuerdo.

- ¿Qué cosas creés que tenés de Puig o al menos se ponen en evidencia en este libro?

- Bueno, me gusta Puig  no sé, tenemos eso  de describir lo contemporáneo, una prosa bastante de pop (salvando las distancias de lo magistral que es Puig y mi obra). Me encanta el ambiente que crea. Las palabras que usa… Nos diferenciamos, quizás, en que él retrata a la perfección el universo femenino. Yo no lo conozco tanto y me angustia bastante. Entonces, en vez de focalizarme en una ama de casa que cose al crochet me focalizo en chicos que juegan al fútbol o en un desarrollador de software o en un chico que lava el auto los domingos en la vereda de su casa, que es el universo que conozco y el que me interesa.

- ¿De qué habla Fotocopia?

- Este libro son dos diálogos, el de una nena y el papá gay. La nena no acepta al freeky de su papá y el papá hace lo posible para recuperar su amor, pero tampoco deja su vida por eso; porque en algún punto no pierde el equilibrio, o sí; no se sabe. Los diálogos del papá, a medida que avanza el libro, son cada vez más largos y los de la nena van desapareciendo hasta que queda una solo línea… Después el papá le dice, no importa, te acepto como sos, acepto como se dieron las cosas. Quiero que sepas, como dice Charly, que si te sentís mal o sola, yo voy a estar pensando en vos… En Fotocopia hay un giro, en el medio del libro, donde se deshace el nudo y se entiende por qué el libro se llama así, y ahí el protagonista entiende, de alguna manera, por qué su hija se comporta de esa manera… Los hijos somos los síntomas, los emergentes de los errores de nuestros padres… Digamos que mira para atrás y se da cuenta de que él tiene algo que ver en ese rechazo… Ve su relación con su propio padre y algo se esclarece. Eso, es muy psicoanalítico, muy Puig… Lo que no comparto con Puig es el ambiente de pueblo, de los chismes que circulan e invaden la atmósfera del pueblo. Mis personajes son súper urbanos…

Facundo Soto

- En Fotocopia los diálogos funcionan como algo orgánico. No hay otra cosa más que diálogos…

- La mirada microscópica… Sí, yo en una época quería escribir un libro pensando que cada capítulo fuera la parte del cuerpo de una persona. Describir el perfil de la cara en el capítulo uno que correspondía a la cara, etc. Pero era una locura hacer eso, y deseché la idea porque no se entendía nada. Influenciado un poco por La traición de Rita Hayward, tengo la primera edición, la de Jorge Álvarez Editores, a quien pude entrevistar para Soy. Me acuerdo que yo estaba re contento cuando lo iba a ver al geriátrico. Decía, no puede ser que esté hablando con el hombre que descubrió a Puig, a Spinetta, a Charly, que publicó a Piglia, a Viñas… El tipo pedía cocaína para dar notas o los puteaba a los periodistas pero conmigo fue buena onda. Le llevé mi último libro mío y croissants…  En primer plano está la oralidad, pero escrita; esos juegos me gustan. En los diálogos se puede leer la forma que cada uno tiene de escuchar. O sea que no es algo copiado tal cual de la realidad, porque la voz de la nena está pasada, filtrada, transformada, interpretada, recortada, por el autor. Por eso el arte no es copia fidedigna de la realidad. No es una foto. En este caso sería una fotocopia. En Fotocopia, encadeno los acontecimientos para llegar a un final. Mientras tanto hay pequeños juegos que un lector avispado los descubre, y es ahí donde se produce ese insight que tanto me gusta, como lector y como escritor. Me gusta producir efectos en el lector. Ese efecto de sorpresa me parece genial, porque cuando a mí me pasa como lector me encanta.

- ¿Y en el caso de Fotocopia?

- En el caso de Fotocopia en la primera parte hablo de Lucy y, en la segunda, de Lucía. En la primera del desencuentro y en la segunda de aceptar las cosas después de haber descubierto el nudo, la fotocopia, la no aceptación del padre, por parte del padre; y ahí se lee que la historia se repite. En la segunda parte hay más diálogo sobre la nueva relación del papá, que deja las puertas abiertas para que la nena, devenida adolescente, vuelva cuando quiera, las puertas siempre van a estar abiertas, le dice; aunque sabe que la está perdiendo o ya la perdió. Es un texto sobre la pérdida, la falta; pero no desde la nostalgia, el lamento, sino desde la aceptación. Creo que la aceptación es una de las claves para vivir en paz y buscar la felicidad, que, en definitiva, es lo que persiguen estos dos personajes, cada uno por su lado.

 

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¿Qué es la familia?, una pregunta que abre la posible consulta popular sobre adopción en Colombia

¿Qué es la familia?, se pregunta Julián Benavides Marin, un lector de Boquitas pintadas nacido en Colombia. En su país el Congreso está a pasos de aprobar una posible consulta popular sobre adopción. ¿Quiénes tienen derecho a adoptar? ¿Sólo parejas heterosexuales? ¿A esta altura se siguen desconociendo las familias diversas? Ante este escenario, Julián escribe un pequeño ensayo o crónica sobre lo que piensa de este asunto. 

Colombia, cerca de una consulta popular sobre adopción

¿Qué es la familia?

por Julián Benavides Marin

La ciudad de Bogotá, como la mayor parte del tiempo luce fría, parece sumergida en un otoño eterno. Está decorada por varias lucecitas que cuelgan en las casas y hasta en los edificios públicos. Dice una canción “llegó diciembre con su alegría”… Es martes trece y, como una premonición para la mala suerte, en el capitolio se discute sobre la posibilidad de darle vía libre a un referendo cuya pregunta pretende modificar un artículo de la constitución política colombiana; hasta aquí todo transcurre con normalidad.

La senadora Viviane Morales pasa al frente y da inicio a su ponencia que busca persuadir al senado para que vote a favor de una consulta al pueblo de Colombia que básicamente frena la posibilidad para solterxs y familias homoparentales de acceder a la adopción. El mayor argumento de la senadora es que una familia solo puede ser constituida por un hombre y una mujer, ambos heterosexuales, por supuesto.

La Corte Constitucional (guardiana de la constitución), mediante sentencia proferida en noviembre de 2015, dispuso que los niños tenían el derecho superior a ser parte de una familia y por esto podían ser adoptados ya no solo por parejas heterosexuales sino también por parejas conformadas por personas del mismo sexo, y también ratificó lo que ha venido pasando desde hace 140 años, que las personas solteras también pueden adoptar.

Julián Benavides Marin

Lo que sucedió luego de que la Corte profiriera tan brillante sentencia fue que la senadora supuestamente liberal (así se llama el partido al que pertenece) inició una cruzada con el fin de impulsar un referendo para consultar a los colombianos si quieren o no modificar uno de los artículos de la Constitución Política colombiana. Básicamente lo que la senadora quiere preguntarle a la gente es ¿Cuál modelo de familia quieren: si un modelo tradicional donde una mujer y un hombre adoptan o si conciben una familia donde haya un solo papá o una sola mamá (familia monoparental) o dos papás o mamás (familia homoparental)?

Y ustedes dirán pero qué buen Estado le va a preguntar a su pueblo si quiere o no que las parejas gays adopten… En este artículo, por espacio y tiempo, no podría dedicarme a explicarles las contrariedades de esta discusión política y, además, el centro de mi argumentación se mueve más sobre lo que pensamos alrededor de la  familia o las familias y no en el grave golpe que se viene para las minorías diversas.
En Buenos Aires hace calor y hay una humedad insoportable, no ha empezado el verano pero la temperatura en los últimos días ya ronda los 35 grados. Me muevo por el subte en la línea D desde Congreso de Tucumán, llego al microcentro, me traslado a la línea E. ¡UH! Justo ahí, en esa última esquina antes de bajar por las escaleras eléctricas, una imagen llama mi atención. Es un mural hecho por los estudiantes de la escuela número 21. Es una imagen que se titula “La Familia” y pienso: esta debe ser la forma en que muchas personas imaginan la familia, esta debe ser la familia.
En la imagen, una mujer sostiene un plato con frutas, un hombre está sentado y sostiene un pequeño bebé, hay dos niñas, una de ellas sostiene una muñeca, también hay un niño que juega con un balón y un trencito, todos lucen muy felices, hay un retrato de un gato y además un pájaro en una jaula, la casa parece decorada como cualquier otro hogar porteño.
Llegados a este punto me pregunto ¿Cuál es el imaginario colectivo que tenemos sobre la familia? Al parecer, en distintas partes del mundo aun con los avances en materia legal que se han dado, la realidad sobre la aceptación de diversas formas de familias es negativa.
Las sociedades latinoamericanas siguen considerando poco aptos a los homosexuales para crear un núcleo social que pueda generar amor y respeto, creen que las personas LGBT nos son competentes para adoptar o para construir una familia. Quiero pensar que muchos lo hacen sin darse cuenta, aunque siguen señalando, juzgando, discriminando.
Más que un mural o una discusión legislativa, lo que me preocupa es esa concepción tan arraigada en nosotros sobre la idea de familia única. No hemos logrado apropiarnos o interiorizar la realidad que nos circunda: hay más de una sola familia, hay varias formas de entender, de crear y de sentir lo que es familia.
La discusión en Colombia se centra en la adopción pero no se frena ahí porque la senadora ha impulsado distintas marchas y ha esgrimido como uno de sus argumentos que la única posibilidad de familia es la que está compuesta por un varón y una mujer.
Y me pregunto ¿Qué será la familia? ¿Será tan banal como esa agrupación de individuos creados para parir y perpetuar en sus rostros esa sonrisa falseta que intenta transmitir a los demás goces inexistentes en vidas tremendamente trajinadas por quehaceres insignificantes?
O mejor, ¿será ese apoyo incalculable, ese paraíso terrenal donde llegamos a calmar el ajetreo diario, donde secamos el sudor de tanto laburo, de tanto esfuerzo? ¿Acaso no es la familia el núcleo de la sociedad, el lugar de tranquilidad, no es la familia el hogar? 
Mi invitación es para que sigamos reflexionando en torno a estos temas, considerando que hay diversas formas de entender qué es una familia, basta con escuchar los diferentes ejemplos que se brindan en la página de la ONG Colombia Diversa, donde se nos muestra el día día de varias familias no heteronormadas.
***
Retratos de familia: Camilo y Angélica
 
Sigo pensando que Diversidad es la palabra clave para entender nuestro mundo plagado de discusiones. Hay personas que siguen presionando por ver un mundo que para ellos es blanco o negro, un mundo con solo una idea de familia, pero para nosotros el mundo es de colores como el arcoíris, las familias también son diversas.
 
Bonus track

De salir victoriosa de todos los trámites los colombianos irán a las urnas y responderán la siguiente pregunta:

El artículo 44 de la Constitución Política tendrá un parágrafo adicional que quedará así:

Parágrafo. La adopción como medida de protección de los niños, niñas y adolescentes que no tienen familia busca garantizarles el derecho a tener una constituida por una pareja heterosexual en los términos explícitos del artículo 42 de esta Constitución, es decir, por un hombre y una mujer unidos entre sí en matrimonio o unión marital de hecho, con el cumplimiento de los demás requisitos establecidos en la ley.

Aprueba usted el anterior parágrafo

Sí: ( )

No: ( )

Más información de contexto en este link del diario El espectador, de Colombia

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La Argentina, en el foro mundial LGBTI

El 2 de octubre pasado unas cuarenta y cinco personas se reunían en las afueras de una tranquila ciudad al norte de Tailandia para el primero de una serie de encuentros que se extendieron por cinco días. Lxs allí reunidxs venían de más de 30 países: se incluyó un grupo de la región de América Latina y el Caribe; la Argentina estuvo  presente. En esta crónica, uno de los participantes por argentina, el militante Mariano Ruiz, cuenta a Boquitas pintadas que reflexionaron sobre sus visiones de la comunidad LGBTI en la región, la importancia del foro para las batallas que libran en sus países y sus visiones sobre el significado de “familia”. Mariano Ruiz es director de comunicaciones para la Región de América Latina y el Caribe del Comité para el Día Internacional Contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia (IDAHOT por sus siglas en inglés).

Algunos de los participantes, entre los que se encuentra el argentino Mariano Ruiz, al foro global LGBT

 Los rostros de la inclusión

por Mariano Ruiz

 

Era un grupo diverso. Parlamentarixs y activistas, diplomáticxs y académicxs, cineastas y emprendedores. Eran por sobre todas las cosas, seres humanos forjando batallas a contra reloj para conquistar espacios y derechos. Batallas que en algunos casos les pueden costar la vida, el destierro, el odio. Pero nunca descarrilarlos de una apasionante dedicación a construir espacios de inclusión en un mundo que no pocas veces les es adverso.

En cinco días, personas transgénero, cisgénero, no-binarixs, génerofluidxs, no-conformistas o intersexo de las comunidades lésbica, gay, bisexuales, queer, pansexual y hetero, forjaron una dinámica de trabajo y un ambiente de confianza que son cruciales para el evento. A puertas cerradas, tocaron con honestidad, crudeza y creatividad temas que abarcan lo político, artístico, legal y personal. Conversaron sobre sus actividades profesionales, experiencias formativas y sus ideas para cambiar lo que debe ser cambiado y erradicar formas de discriminación o exclusión en base a identidad de genero y orientación sexual a escala planetaria.

Este evento es el 4to Salzburg Global LGBT Forum (Foro Mundial LGBT de Salzburgo, en inglés), un formato que inició en 2013 y que forma parte de Salzburg Global Seminar, una institución sin fines de lucro fundada en 1947. Esta organización tiene como objetivo ser un catalizador para el debate y la búsqueda de soluciones a temas críticos mundiales en áreas como educación, salud, ambiente, economía, gobernabilidad y procesos de paz. La organización trata de enlazar a talentos e innovadores para repensar las interacciones, los retos comunes y el funcionamiento de instituciones publicas, entes privados o sociedades.

Para el Dr. Klaus Mueller, fundador y director del Salzburg Global LGBT Forum, la razón que lo motivó a crear este formato y unir en un mismo techo a un grupo tan diverso de líderes se basa en una simple idea: “Las instituciones no interactúan con otras instituciones. Somos los seres humanos quienes nos comunicamos unos con otros. El foro busca construir una comunidad global de compañerismo y confianza para ayudar a que los derechos humanos de la comunidad LGBT avance”.

El foro hasta ahora se realizó en Salzburgo, Austria y Berlín, Alemania. La cuarta edición tuvo lugar en Chiang Rai, Tailandia para su primera reunión con un enfoque regional en Asia y sus sub-regiones; y con un tema principal: la diversidad de las familias. Mueller explica que el tema de la diversidad de las estructuras y formatos de las familias tiene una importancia gigantesca. “Todos venimos de familias que no estaban preparadas para nosotros. Escuchamos frecuentemente sobre algo que llaman “valores familiares tradicionales”. Pero la exclusión no es un valor. La exclusión es un ataque a la fibra de nuestras experiencias de vida y a la misma idea de lo que es la familia. El núcleo familiar es sinónimo de igualdad, respeto y protección; Salzburg Global LGBT Forum celebra y promueve familias inclusivas, sean éstas en las que nacimos o las que escogimos” –  nos explica Mueller.

El United Nations Development Program (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, conocido por sus siglas en inglés UNDP) ha sido un aliado y patrocinador crucial para traer esta edición del foro a Asia. Desde inicios del 2014, UNDP esta implementando el programa Being LGBTI in Asia (Ser LGBTI en Asia, en inglés), una iniciativa regional que busca afrontar temas como la desigualdad, la violencia, y la discriminación en base a orientación sexual, identidad de género o estatus intersexual; promueve además el acceso universal a los servicios sociales y de salud. Es una cooperación entre gobiernos, la sociedad civil, instituciones regionales de Asia y otros actores que buscan avanzar en la inclusión y protección de la comunidad LGBTI. El programa reconoce que las comunidades LGBTI son excluidas a niveles extremos y confrontan múltiples formas de estigma y discriminación. La prioridad medular del programa es “promover la participación cívica y política de las comunidades LGBTI, porque la misma es crucial para avanzar en la solución de las desigualdades y discriminaciones existentes” en palabras de Edmund Settle, consultor de políticas públicas del UNDP para la región del Asia-Pacífico.

Esta es la primera ocasión en que Salzburg Global LGBT Forum y UNDP colaboran. Con esta cooperación, “demostramos como dos actores globales  pueden apalancar sus prioridades y recursos para que los estados, los defensores de derechos humanos y la sociedad civil de diferentes regiones puedan acelerar conquistas en la inclusión de las comunidades LGBTI” – recalca Settle.

Aunque el acento en este foro fue la región asiática, lxs participantes (provenientes de más de 30 países) incluyó un grupo de la región de América Latina y el Caribe. La Argentina, Jamaica, México y Venezuela fueron los países  presentes en este foro. Pudimos compartir varios minutos con lxs participantes de Latinoamérica y el Caribe. Reflexionaron sobre sus visiones de la comunidad LGBTI en la región, la importancia del foro para las batallas que libran en sus países y sus visiones sobre el significado de “familia”.

Una participante de honor es la venezolana Tamara Adrián, abogada, activista y actual parlamentaria de la Asamblea Nacional de Venezuela. Tamara es desde enero de 2016 la primera diputada transgénero electa por voto popular en la historia del país caribeño. La Argentina estuvo representada por Mariano Ruiz, activista y director de comunicaciones para la Región de América Latina y el Caribe del Comité para el Día Internacional Contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia (IDAHOT por sus siglas en inglés). También acudieron la jamaiquina Angeline Jackson, directora ejecutiva y co-fundadora de la organización Quality of CitizenshipJamaica (Calidad Ciudadana Jamaica, en inglés) y el mexicano Enrique Torre Molina, Director de Campañas de la organización All Out.

-¿Cómo ven en este momento la situación de las poblaciones LGBTI en nuestra región?, indaga Iván, el moderador

-Tamara: Con relación a los derechos de la población LGBTI, América Latina y el Caribe es un continente con grandísimas diferencias desde el punto de vista social, cultural, educativo y legal. Encontramos situaciones tan diferentes como la penalización de las relaciones entre personas del mismo sexo y, en general, el sexo no-reproductivo, en varios países del Caribe y en Guyana y Surinam, por un lado. La existencia de derechos iguales al matrimonio, al reconocimiento de la identidad de género y la protección contra la discriminación, en algunos países emblemáticos, como Argentina, Uruguay, Colombia y México, y en una menor medida, Brasil, Chile y Bolivia. Y la total invisibilidad jurídica, social, cultural y educativa de las poblaciones LGBTI en Perú, Paraguay, Venezuela y casi toda América Central.

-Iván: ¿El caso argentino es, en algunos aspectos, punto de referencia. ¿Qué factor creés que ayudó a consolidar logros?

-Mariano: La Argentina ha avanzado mucho en los últimos años en relación a los derechos humanos de las personas LGBT con la aprobación de leyes tales como Matrimonio Igualitario, la Ley de Identidad de Género, la Ley de Reproducción Humana asistida sin discriminación entre otras políticas públicas que son ejemplo para nuestra región y el mundo. Esto no hubiera sido posible sin el trabajo incansable de activistas y organizaciones tales como la Federación Argentina LGBT o la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgénero de Argentina (ATTTA) entre otras. Sin embargo todavía tenemos mucho por hacer para transformar la igualdad legal a la igualdad real.

-Iván: ¿Cómo está la situación de la aceptación de las familias diversas?

-Enrique: En este momento, el tema de la familia está al centro de los debates nacionales en México. Ha sido una coincidencia buenísima que ése sea uno de los temas principales del foro este año también. Los grupos extremistas y los opositores al reconocimiento de derechos LGBT en varias regiones se han aferrado a hablar de nosotros como una amenaza a la familia y a los valores familiares, cuando en realidad la única amenaza a las familias es precisamente la exclusión, la homofobia, el rechazo a las personas LGBT.

-Iván: Más allá de las coincidencias, ¿cómo ayuda el foro en las luchas que están dando dentro de sus países o a la región en general?

-Tamara: Salzburg Global LGBT Forum es una oportunidad única para mostrar las diferencias y semejanzas entre diferentes regiones del mundo. Así, puede haber más situaciones mucho más simétricas entre Venezuela, Paraguay, Perú o América Central, con relación a muchos países asiáticos o africanos, que las que hay entre esos países y el resto de los países de la región.

Esta situación es bastante clara en algunos contextos internacionales. Así, por ejemplo, el Grupo Latinoamericano (GRULAC) del Consejo de Derechos Humanos constituido por Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia y México ha estado sumamente activo en la promoción de resoluciones e iniciativas en el marco de la ONU, para la protección de los derechos de la población LGBTI. En tanto que la actitud de Venezuela ha sido mucho más afín a la de los países islámicos, africanos o asiáticos más reticentes a este tema.

El foro da la oportunidad de comprender estas afinidades y antagonismos desde un punto de vista multicultural y global. Entender estas dinámicas es un instrumento determinante para la toma de acciones adecuadas para lograr los cambios legales y sociales necesarios en ambientes locales totalmente opuestos a la igualdad, y en los que los extremismos religiosos toman la delantera para atacar cualquier avance desde el punto de vista legal, social, cultural o educativo, como un ataque a los “valores culturales tradicionales” y a “la familia”.

-Mariano: Concuerdo con Tamara. El foro es una excelente oportunidad para compartir las lecciones aprendidas en nuestro país y también conocer las realidades de otros países del mundo en un ámbito que reúne a activistas, defensores de derechos humanos, artistas, religiosos, académicos, directores de cine, representantes de gobierno y organismos internacionales. En comparación con otros foros y reuniones sobre la temática es muy importante destacar la fuerte presencia de jóvenes, considerados el futuro de nuestra población en la lucha por la igualdad a futuro. Por mas distantes que sean los países en los que vivimos, nuestras realidades son muy parecidas y nuestros desafíos son los mismos, que es hacer de nuestro mundo un lugar mejor para todas las personas LGBT.

-Iván: Y más allá de las visiones nacionales, ¿hay puntos comunes entre las comunidades LGBTI a nivel mundial?

-Enrique: Estoy participando en el foro porque me interesa aumentar mis relaciones con defensores de derechos LGBT de todo el mundo. Como parte de mi trabajo como Gerente de Campañas en All Out, es clave conocer a las personas que están impulsando cambios sociales y políticos en distintos países, conocer sus retos y entender de qué manera abordan los problemas en contextos culturales diferentes al mío. Y ha sido increíble confirmar que sí existe una comunidad LGBT global, y que tenemos más cosas en común de las que uno pensaría – y también, tenemos que enfrentar obstáculos y discursos anti-LGBT muy similares alrededor del mundo.

-Angeline: Éste es mi segundo año participando en el foro.  A pesar del trabajo y las largas horas que se requieren antes, durante y después del foro, tengo la convicción y la sensación de que venir aquí me renueva los ánimos y la motivación para regresar a Jamaica y continuar otro año que en muchas veces no es nada fácil.

La diversidad de quienes nos reunimos aquí y las relaciones que he desarrollado en los foros es única. Además logro compilar informaciones y ejemplos de cómo puedo innovar y adaptar métodos de trabajo a mi propio contexto.

Muchas conferencias LGBTI tienden a tener participantes de países “occidentales” y del “norte global” y aunque aprendo mucho de ellxs, sus experiencias en muchos casos no reflejan o no pueden compararse con mi contexto en Jamaica. El foro me ha dado una oportunidad única de conocer, intercambiar y aprender de personas del “sur global”. Algo crucial para el método del foro es la cantidad de participantes. No somos mas de cincuenta personas, y esto crea un ambiente profesional e intimo. Podemos comunicarnos, conocernos, y compartir con una honestidad y una sensibilidad única.

Este cuarto encuentro del Salzburg Global LGBT Forum concluyó el 7 de octubre de 2016. Los eventos incluyeron mesas de trabajo, presentaciones, muestras cinematográficas, conversatorios íntimos y sesiones de lluvia de ideas. Las conclusiones y el reporte final de este evento será publicado en las próximas semanas. Para más información sobre el foro, las sesiones previas e información sobre miembros, actividades y documentación relacionadas con esta iniciativa, visita este sitio web.

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Francisco: “La Alegría del Amor (heterosexual)”

La publicación de la última exhortación apostólica del Papa Francisco, “La Alegría del Amor” (en latín, “Amoris Laetitia”) ha generado intensos debates sobre los múltiples temas que aborda, en especial, sobre los más controvertidos. El documento, que reúne las reflexiones del líder de la Iglesia Católica luego de la 14° Asamblea General Ordinaria del sínodo de obispos que tuvo lugar en la Ciudad del Vaticano del 4 al 25 de octubre de 2015, discute cuestiones relacionadas a la familia, la vida de amor en pareja (exclusivamente entre un hombre y una mujer), educación sexual, anticoncepción, la situación de personas divorciadas, la denominada “ideología del género”, e incluso el feminismo y la asistencia económica internacional.

Existen numerosos pasajes de la exhortación que afectan directa e indirectamente a personas lesbianas, gays, bisexuales y trans (LGBT). Este artículo, escrito por el abogado especializado en Derecho Internacional de los Derechos Humanos Lucas Ramón Mendos, propone un primer acercamiento hacia algunos de estos pasajes, analizándolos desde la diversidad y con el objetivo de reflexionar sobre cómo impactan las palabras del Papa entre quienes se identifican como LGBT, sean católicos o no.

Francisco y su alcance

por Lucas Ramón Mendos (*)

En ocasiones se intenta argumentar que los lineamientos que determina el pontífice romano quedan restringidos al ámbito religioso, que se abocan a regular cuestiones internas de carácter dogmático y que solo afectan a la curia y a la feligresía, por lo que el análisis de sus implicancias y significados debe hacerse en ese marco y dentro de ese contexto.

Lucas Ramón Mendos

Sin embargo, existen fuertes razones para cuestionar esa postura. En los hechos, los pronunciamientos del Papa, líder de uno de los credos más numerosos del mundo, tienen efectos que trascienden los ámbitos monásticos, eclesiásticos o estrictamente teológicos e impactan de lleno en todos los espacios religiosos y laicos a los que llega el poder terrenal de la Iglesia. Para ello se vale de una estructura de un alcance territorial vastísimo, así como del carácter de mando vertical con el que opera, lo cual contribuye a que su discurso penetre de manera fuertísima y privilegiada en todo el mundo.

Claro está que es necesario tener una mirada crítica —y desprovista del tamiz ideológico propio de la religión católica— para poder analizar cómo la perpetuación de su discurso ayuda a reforzar y legitimar dogmas, estigmas y prejuicios que tanto daño y sufrimiento generan, incluso entre quienes no son practicantes. Tan solo por mencionar un caso tan reciente como lacerante, la Conferencia Episcopal de Malawi manifestó en un documento público su decepción ante la moratoria que el gobierno de ese país ordenó para no enviar a prisión ni enjuiciar a personas por el delito de homosexualidad. Los purpurados católicos calificaron dicha decisión como una “traición” al pueblo de Malawi y una claudicación ante prácticas foráneas.

Este tipo de mensajes surte sus más potentes consecuencias en aquellos países donde las divisiones entre las esferas civiles y las eclesiásticas no están claramente demarcadas. En efecto, uno de los documentos citados por Francisco en “La Alegría del Amor” es el documento titulado “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales” del año 2003, preparado por la Congregación para la Doctrina de la Fe (el vestigio actual de la Inquisición romana) y firmado por el entonces Prefecto Joseph Ratzinger (hoy, Papa emérito, Benedicto XVI). En este documento, la Iglesia católica establece órdenes detalladas sobre la actitud que deben tomar los políticos católicos ante legislaciones favorables a las uniones homosexuales. En el caso de quienes integran los cuerpos legislativos, la Iglesia afirma que tienen el deber moral de expresar clara y públicamente su desacuerdo y “votar contra el proyecto de ley”. Especifica el documento advierte que votar a favor de un texto legislativo “tan nocivo del bien común de la sociedad es un acto gravemente inmoral”. En la práctica, es muy frecuente que quienes pertenecen al culto católico y al mismo tiempo ocupan cargos de poder adopten posicionamientos que se apegan a éste último y a otros cánones católicos, siguiendo a rajatabla los lineamientos que propone el pontífice romano. Esto es algo que suele darse en los tres poderes del Estado en varios países, ya sea en la emisión de sentencias judiciales, en la implementación de políticas públicas o en la sanción de leyes y normas de distinto rango. En suma, cuando en el campo de lo público el discurso religioso se encuentra ampliamente legitimado, el peso de este tipo de documentos papales en las políticas de Estado es inmenso.

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Marta Dillon, sobre Albertina Carri: “Juntas soñamos la familia que tenemos”

Marta Dillon; foto: Alejandra López

El libro Aparecida, de la escritora y periodista Marta Dillon, es la historia de la búsqueda de su madre desaparecida y es, también, una historia de amor. El amor de una hija a su madre, con la que compartió sólo los años de su infancia, pero que la convirtieron en la mujer que es hoy. “Siento que me parezco a mi madre en su garra por vivir, por amar, por consolar, por reírse, por desafiar lo impuesto”, dice Dillon a Boquitas pintadas.
El libro, esta mezcla de autobiografía, crónica, investigación y relato poético, es también la historia de amor de esa mujer, Marta Dillon, y su hija Naná, con quien transitó esta búsqueda del cuerpo de su madre desaparecida. “Mi hija supo decirme que mi mamá no es sólo mía, que también es su abuela, por ejemplo. Siempre encuentra -o encontró- maneras de aliviarme y a la vez de ponerme en mi lugar”, cuenta la autora.
El libro también es, por qué no, la historia de amor de Marta Dillon y de su compañera, la cineasta Albertina Carri, con quien se casó y tuvo un hijo, Furio, que acaba de conseguir una triple filiación y ya tiene su partida de nacimiento con los apellidos de sus dos mamás y de su papá. Albertina Carri aparece desde la primera página hasta la última: “Es la compañera con quien comparto la vida, las decisiones, las alegrías, las tristezas. Juntas soñamos la familia que tenemos, juntas nos apañamos, juntas hicimos las exequias para mi madre”.
Aparecida es un libro conmovedor, angustiante y bello a la vez, quizá por esa búsqueda desde el lenguaje que emprendió Dillon. En esta entrevista con Boquitas pintadas la autora se explaya acerca de ésta, su nueva obra.
- ¿Cuál fue tu intención con este libro?

- No sé si un libro se escribe con alguna “intención”, al menos yo no podría ubicarla en tanto “a priori”. Sí puedo decir que este libro se impuso, que a la vez que buscaba lo que quería escribir sobre mi madre buscaba también el lenguaje, la escritura. Creo que hay algo que se aprende en la relación con la madre y que da como fruto la lengua, esa miel que permite invitar a otrxs a saborear lo que una paladea. No quisiera ser rebuscada, pero se trata de eso, de ir al encuentro de ella y a la vez de ir al encuentro de la escritura. Siempre sentí que TENIA que escribirlo, para poder después pasar a otra cosa, otra cosa que ya se verá.

- Tu búsqueda como hija mujer, ¿cómo se diferenció de la de tus hermanos? ¿Cómo lo viviste vos como mujer y como la mayor de todos?

- Ser la mayor me dio más tiempo de convivencia con mi madre, me permitió una memoria más consciente de ella, me dejó guardar conversaciones, olores, discusiones, enojos, juegos; me permitió verla embarazada y amamantando, sufrir por amor y volver a enamorarse. Me permitió verla en la alegría por la militancia. Mi búsqueda fue de ella pero también de un clima que viví con ella, un clima en el que los compañeros y las compañeras eran parte de la familia, en que ese concepto de “familia elegida” que tanto circula ahora tuvo un valor cuando yo era chica, en el que desear más de lo que nos era dado no sólo era posible si no algo parecido a un deber vital. Por eso creo que parte de mi vida tal como es ahora fraguó en esa búsqueda. Y me da mucho orgullo. Ser mujer, supongo, me dio un vínculo distinto con ella pero también una añoranza más profunda de su cuerpo, de reconocerme en su cuerpo; me acuerdo que de chica veía a amigas o primas tener cierta complicidad con sus madres y la observaba con una nostalgia incalculable.
Portada del libro Aparecida, de Dillon; editorial Sudamericana

Portada del libro Aparecida, de Dillon; editorial Sudamericana

- ¿Cómo fue compartir la búsqueda de tu madre y su “aparición” con tu hija Naná?
- Con mi hija Naná hemos pasado de todo, desde los tiempos de la impunidad más absoluta, después del indulto y a principios de los 90, cuando se formó HIJOS y ella me acompañaba a las asambleas y se quedaba dormida entre discusiones hasta la posibilidad de que me tome de la mano en los momentos en que yo más lo necesitaba, cuando por fuerza de esta aparición de los restos materiales volví a sentirme solamente hija. Ella tiene una claridad que yo no tengo. Así como cuando era chica me dijo una vez que tenía miedo de que volvieran los militares y yo trataba de convencerla de que eso no iba a pasar y entonces ella me descerrajó: “¿Y por qué no van a volver si hicieron de todo y no les pasó nada? ¿o no dicen ustedes -por HIJOS- que los asesinos caminan muy tranquilos por la calle?” También es capaz de llamarme a silencio, de reclamarme cuando hago las cosas sin participarla, de decirme que mi mamá no es sólo mía, también es su abuela, por ejemplo. Maneras que encuentra -o encontró- de aliviarme y a la vez de ponerme en mi lugar. Esto -todo esto- no me pasó a mí, nos pasa a todas y a todos. Y a la vez, la que puso el cuerpo es mi madre y yo tuve que aprender a ponerlo a salvo, también por la presencia de mi hija Naná.
Marta Dillon tiene, además un hijo, Furio, con su esposa Albertina Carri. Hace pocos días lograron que se lo reconociera con el triple apellido: el de las dos mamás y el del papá, el diseñador Alejandro Ros. La triple filiación de Furio Carri Dillon Ros es la primera que se consiguió en la ciudad de Buenos Aires.

- Desde la primera página nombrás a tu compañera Albertina, ¿por qué fue importante para vos dejar sentada su compañía desde desde el principio al final del libro?

- Bueno, es mi compañera, la compañera con quien comparto la vida, las decisiones, las alegrías, las tristezas. Además de que ella sabe de qué se trata, su papá y su mamá están desaparecidos. Sabemos también de elegir la vida que queremos más allá de lo que se espera de nosotras, sabemos de gozar tanto como de caer en pozos de profunda tristeza. Juntas soñamos la familia que tenemos, juntas nos apañamos, juntas hicimos las exequias para mi madre. Siempre nos preguntan qué hubieran pensado nuestros padres, qué pensarían de nuestra relación, del matrimonio igualitario, etc. Y no lo sabemos, intuimos por el modo en que compañerxs de esa época están siempre cerca alentándonos que él -Roberto Carri- y ellas -Ana María Caruso y mi mamá, Marta Taboada- hubieran sido felices con nosotras. A lo mejor es una manera de contestar a esa pregunta insistente. Pero sobre todo, si está en el libro, es porque somos una pareja creativa, trabajamos juntas a veces, soñamos juntas siempre, elaboramos nuestras vidas en largas noches robadas a las rutinas cotidianas. Somos una pareja y también un equipo.

- El libro también deja ver el recorrido de los diferentes momentos de relación de ustedes; entre éstos, el casamiento: ¿Cómo fue vivir ese momento en medio de la reconstrucción que estabas atravesando?¿Qué dudas, qué certezas, que sentimientos se fueron mezclando?

- Sobre el dolor, el deseo. Sobre el dolor, saber que estoy viva. Sobre el dolor, todo lo que vamos construyendo como certeza de que hay red para caerse y volver a saltar. De algo de todo eso se trató. Es cierto que yo vivía una realidad paralela mientras nos ocupábamos de ver qué dar de comer y beber a lxs invitadxs, pero nunca dudé de que tenía que haber fiesta. De alguna manera, mamá llegó para la boda. Y era un triunfo casarnos en el sentido de que habíamos arrancado un imposible más de ciertas listas; aun cuando tal vez nunca me hubiera casado en una relación heterosexual, en nuestro caso aportaba otro sentido a ese rito, a esa institución. Y además era la posibilidad más cierta de convertirme también para el Estado en la madre de mi hijo menor, así que era una fiesta con una dimensión política importante. Y para mí era todo un homenaje a la “aparecida”, aunque de a ratos sintiera culpa o sintiera que debería estar haciendo otra cosa y no probándome vestidos negros para ese día.

- ¿En qué sentís que te parecés a tu madre? ¿Qué aprendiste del tiempo con ella? ¿Y del tiempo sin ella?

- Siento que me parezco a mi madre en su garra por vivir, por amar, por consolar, por reírse, por desafiar lo impuesto. En el tiempo con ella aprendí el valor de la amistad, aprendí las caricias, aprendí una manera de amar tal vez desprolija, tal vez demasiado arrebatada o apasionada -aunque no sé por qué digo tal vez, si me gusta. Aprendí a hacer polenta, a cuidar a los más chicos, aprendí que la injusticia es una garra en el pecho que hace sangrar, aprendí a hacer pan con manteca y azúcar, aprendí a avergonzarme de mis privilegios y también a gozar de mis privilegios. Aprendí a compartir. Y también aprendí lo que era un asalto, esas fiestas bailables en las que todos y todas llevan algo. 
Del tiempo sin ella aprendí la nostalgia, aprendí a hacerme fuerte, aprendí a luchar con otros y otras por las mismas causas, a inventar causas por las que pelear, aprendí que no hay dolor ni miedo que no pueda convertirse en acción. Qué se yo, mi vida sin ella es tanto más larga que la vida con ella que supongo que aprendí a ser quien soy, aunque para eso la presencia y la ausencia de la madre tallaron cada una lo suyo. 

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A 5 años de la ley de matrimonio igualitario: ¿Qué cambió en el diván?

A 5 años de la ley de matrimonio igualitario en la Argentina, 9423 parejas se casaron en el país. En la provincia de Buenos Aires, 2998; en la Ciudad, 2278; le siguen en importancia Córdoba, con 970; Santa Fe, con 895; Mendoza, donde se casaron 415 parejas. En todas las provincias argentinas se registraron bodas. Estas son cifras fueron brindadas por Esteban Paulón, presidente de la Federación Argentina LGBT, y se elaboró en función de los datos de las organizaciones que integran esta federación, ya que no todas las provincias llevan estadísticas desde que se puso en vigencia la ley, en julio de 2010.

Nos preguntamos, ¿qué revisiones planteó en los psicólogos, estos profesionales nodales en la salud de la población, la aplicación de esta ley que ya concretó casi 10.000 uniones antes ignoradas o minimizadas? ¿Revisó el psicoanálisis sus encuadres y posiciones? ¿Qué aprendizajes se incorporaron en el mundo académico y de la clínica?

Imágenes del picnic de la diversidad; foto: Federación Argentina LGBT; Facebook

La licenciada en Psicología Andrea Aghazarian considera que la implementación de esta ley puso en cuestión modelos que están caducos, de aquellas minorías profesionales agentes de salud que ajustaban su trabajo clínico con pacientes con métodos correctivos, que sólo llevaban a cambios momentáneos y, luego, a profundos estados depresivos, angustias desbordantes o la construcción de una vida paralela, en matrimonios forzados y prácticas sexuales contrarias a la verdad de cada sujeto.

“Nuestro trabajo intenta mantener al sujeto lo más cercano que se pueda a la salud, a la pulsión de vida, alejándolo así de la enfermedad, con su pulsión mortífera,  que en sus extremos lleva a la muerte. En particular a los psicoanalistas nos facilitó el trabajo: en estos 5 años las familias llegan al consultorio con conceptos elaborados por la sociedad, a propósito de la ley, hay una parte del camino que hacíamos nosotros, que lo hizo la sociedad en su conjunto”.

- ¿Qué aprendizajes se incorporaron en el mundo académico y de la clínica?

- En el mundo académico está la percepción que hemos socializado el conocimiento con el resto de la sociedad, que nuestro saber también ordena la sociedad y que debemos trabajar explicando, enseñando y construyendo una sociedad más justa.  Esperemos que se transforme en un área específica de nuestro trabajo y consigamos desde las distintas instituciones que nos representas y agrupan, emparejar derechos.

El licenciado y profesor en Psicología Diego Samara cree que el psicoanálisis se debe reformular según la subjetividad de la época -como sostenía Jacques Lacan- y que se expresa en términos de síntomas actuales y la dirección de la cura. “A mi parecer, el psicoanálisis es poco permeable a los fenómenos normativos y sociales, más bien se focaliza en la singularidad de cada sujeto y sus condiciones de goce, o sea, modos de desear, vincularse, amar o sufrir pero, como toda teoría, tiene sus limitaciones, como por ejemplo con respecto a las teorías de género y diversidad sexual. Me parece importante estar advertido en este punto para poder ir más allá de Freud, de Lacan y de la psicoterapia clásica, para así poder ser  más permeable a otras teorías; creo que es fundamental como profesional en salud mental el entrecruzamiento entre disciplinas, sobre todo entre el Psicoanálisis, la Filosofía y la Sociología, como por ejemplo el punto en el cual la corriente sociológica sobre  diversidad sexual distingue la orientación sexual de la identidad de género, a diferencia de lo que no hacen muchos psicólogos.  Por otro lado, es necesario señalar cuando un analista o psicoterapeuta tiene una concepción prejuiciosa, homofóbica, patologizante, lo  cual significa una cuestión grave”.

Y agrega: “Sumo una pregunta quizá molesta pero creo que debemos hacernos todos los psicólogos, terapeutas o psicoanalistas: ¿Permitimos al paciente desear, amar y vivir o, de lo contrario, restringimos o coartamos sus condiciones de vida, de goce? A mi criterio, con respecto a la diversidad sexual, la única dirección de la cura en este sentido es la primera opción y va acorde con la  posición ética del psicoanalista”.

La psicóloga Graciela Balestra, directora de la ONG Puerta Abierta, al ser consultada sobre el tema dice: “Hasta no hace mucho en algunas facultades de psicología se seguía enseñando que la homosexualidad era una enfermedad. Y muchos psicólogos seguían intentando curarla. Hoy podemos afirmar que eso es iatrogenia. En Puerta Abierta recibimos muchos pacientes que vienen de transitar numerosas terapias que solo acentuaban su sufrimiento. Y hace años brindamos en las supervisiones a los profesionales de la salud una capacitación sobre diversidad sexual porque ese tema no se ve en las universidades”.

“El hecho de instalar el tema y de la aprobación de la Ley obliga a re pensar muchos conceptos erróneos aprendidos y a deconstruir todo un sistema de creencias donde se instalaba la homofobia. Los profesionales de Puerta Abierta observamos que aún falta mucho camino por recorrer, a lo largo y ancho del país. De hecho estamos haciendo hace tres años capacitaciones en todas las provincias sobre diversidad sexual. Y lo que encontramos es una enorme necesidad de información”.

Picnic por la diversidad; foto Federación Argentina LGBT; Facebook

El licenciado Alejandro Viedma, también miembro de Puerta Abierta, se refiere al tema y menciona que nota más apertura, interés y respeto de parte de sus colegas de lo que percibía hace años. “He transitado por varios lugares de transmisión del psicoanálisis como posgrados, supervisiones, jornadas, etc. y fui escuchando opiniones de profesionales que expresaban sin prurito, por ejemplo, cosas del estilo: “Estoy de acuerdo con que los homosexuales se casen y tengan los mismos derechos, pero no que adopten chicos”, es decir, que opiniones de legos en la materia también se repetían en algunos terapeutas, lo cual me inquietaba bastante. En las instituciones y espacios Psi que acudo hoy ya no hallo esa tensión, esa incomodidad cuando por ejemplo superviso un caso en donde dos mujeres lesbianas se casaron el año pasado, cada una tiene un hijo de un matrimonio heterosexual anterior, y en la actualidad planean tener un bebe mediante inseminación”.

Y agrega que, de todos modos, hay trabajo por hacer. “Tenemos que seguir cuestionando esas fantasías que perpetúan la idea de familia única entendida como papá, mamá e hijos. Hay aún muchos supuestos que se sostienen a modificar y allí jugaríamos, los profesionales de la salud mental, un rol necesario, importante y responsable, yo diría ético. Porque a pesar de que los pacientes, más allá de su orientación sexual o identidad de género, según mi prática/casuística en la clínica de adultos, siguen demandando un tratamiento terapéutico por problemas de AMOR y de sexualidad, también se escucha habitualmente: “¿Dos mamás?, ¿dos papás?, ¿cómo va a salir ese pibe?”.

La licenciada en Psicología Adriana Sonis expresa: “Como psicoanalista la promulgación de la Ley de Matrimonio igualitario  me llevó a pensarla en relación a la neutralidad, a la renuncia por parte del analista de imponer sus deseos, pensamientos, prejuicios, moral, a sostener la incertidumbre por sobre las certezas, a habilitar la apertura de nuevos interrogantes por sobre lo inmutable de preguntas viejas”.

- ¿Sólo la neutralidad del analista o se revisa el posicionamiento del profesional en relación a su quehacer diario?

- Esta  ley inevitablemente se relaciona con la temática de adopción, entonces, me pregunto si ¿los efectos que provocan aquellos profesionales, tanto en la clínica como en lo jurídico, en ausencia de neutralidad, con posiciones apegadas a un pensamiento binario: hombre-mujer, salud-enfermedad, madre mujer- padre varón, respetan los Derechos del Niño a tener una familia? Mi respuesta es un categórico no. Y quisiera resaltar que la capacidad de ahijar no se relaciona con la genitalidad de los padres o de las madres.

Para el licenciado en Psicología Roberto Viñas esta ley planteó revisiones de las posiciones de los propios psicólogos. En algunos casos más notables, se trata de un cambio de posiciones frente a la clínica. “En algunos casos, ya estaba superado aquello de que la homosexualidad era un trastorno, pero no se alcanzaba a visualizar cómo era posible una integración plena como ciudadano, si ciertos derechos eran vulnerados sistemáticamente. En otros, la modificación ha sido en el plano de las posiciones oficiales, ya no es posible hablar del desarrollo de la sexualidad como se lo planteaba antes como la plenitud alcanzada en la complementariedad de ambos sexos. El desarrollo pasa por otro lugar. Probablemente, aún no alcancemos a vislumbrar las revisiones teóricas a las cuales asistiremos”.

 

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¿Cuántos de nosotros vamos con nuestras parejas de la mano por la calle?

¿Cuántos de nosotros vamos con nuestras parejas de la mano por la calle? ¿Cuántos de nosotros besamos en los labios a nuestro ser amado en público? ¿Cuántos de nosotros expresamos abiertamente nuestra indignación cuando escuchamos comentarios y/o chistes homofóbicos insultantes? Estas y otras preguntas se hace Julio, un lector de Boquitas pintadas que reflexiona en este escrito sobre la “naturalización” del clóset para muchos gays, sobre todo mayores de 30. ¿Cuántos de nosotros vivimos plenamente nuestra orientación sexual?, pregunta y se pregunta.

Los invito a leer estas reflexiones suyas y a intercambiar ideas entre todos y todas. Gracias, Julio, por estas palabras; gracias a todos los lectores por acompañar y participar.

Discriminación, prejuicios y la naturalización del clóset

Por Julio F. Szanto

Hace unas semanas mientras estaba caminando por la calle alrededor del mediodía me sorprendió ver a una pareja de varones de unos de 20 años tomados de la mano.

Mi primera reacción fue de sorpresa, ya que no estamos acostumbrados a ver manifestaciones de cariño en público entre personas del mismo sexo. Me pareció algo muy tierno porque se notaba que había mucho afecto entre ellos. Me puse a observar las reacciones de la gente que estaba alrededor y ví como algunos se reían y otros miraban sorprendidos. Definitivamente provocaban alguna reacción en el entorno.

Esto hizo que me pregunte acerca de qué tan natural es para la comunidad “abiertamente” gay ejercer nuestros derechos en nuestra vida cotidiana.

Quizás la respuesta sea diferente dependiendo de qué generaciones tomemos en cuenta, tal vez los más jóvenes están más abiertos a aceptar las distintas identidades sexuales que los de más edad. Sin embargo, lamentablemente los prejuicios y la discriminación están a la orden del día y no diferencian entre generaciones o clases sociales.

No dejan de sorprenderme las historias que leemos en este blog y en otras publicaciones sobre chicos jóvenes que comparten los difíciles procesos que han tenido que atravesar para salir del closet. Una clara señal de que algo todavía no anda bien.

Durante siglos, y aún en muchos países en la actualidad, los gays hemos sido perseguidos, torturados, asesinados,  hemos sido objeto de burlas, vejaciones y la mayoría de las veces hemos sido borrados de los libros de historia. Esto aparentemente ha calado tan hondo en nosotros que hoy en día parecería que nos cuesta ejercer plenamente nuestros derechos como seres humanos libres. Estamos rodeados de prejuicios propios y ajenos. Es como si hubiésemos internalizado el hecho que no hay que mostrarse del todo, que está mal, que es vergonzoso ¡Recuerdo que hace poco dos chicas fueron echadas de un bar en Buenos Aires por besarse en público!

Afortunadamente las cosas han estado cambiando y hemos podido lograr grandes conquistas desde el punto de vista legal, pero el cambio social marcha más lentamente. Estoy convencido de que este cambio depende en gran parte del compromiso individual y social que cada integrante del colectivo LGBT asuma en su vida cotidiana.

Foto: Ignacio Lehmann; 100 World Kisses

Lamentablemente aun hoy persiste el concepto de que ser gay es algo “malo” o “perverso”. Hace unos meses estaba en el cumpleaños de una amiga y un hombre heterosexual, profesional universitario, casado y con hijos (es decir, el ejemplo a seguir en esta sociedad, jejeje) comentó: “Yo no tengo ningún problema con los putos, que hagan lo que quieran, pero eso del abuso sexual a menores me hace mucho ruido”. Si vemos un poco las estadísticas, la mayoría de los abusadores son  hombres heterosexuales y familiares directos de la víctima. Claramente esto es un ejemplo de cómo se repite sin pensar un prejuicio instalado entre nosotros. Otro comentario que escuché de una médica  respecto de la donación de sangre: “Los homosexuales no pueden donar sangre porque son muy promiscuos”.

Yo me pregunto, ¿esta profesional de la salud ha estado en la cama de cada uno de los donantes de sangre para aventurarse a semejante afirmación? Entonces el “macho” heterosexual que tiene sexo con cuanta mujer se le cruza ¿qué es? En nuestra sociedad es un ganador y por supuesto que puede donar sangre sin problemas. Otro comentario de un médico: “Yo no tomaría mate con un gay, a ver si tiene SIDA?”. Más allá de la ignorancia imperdonable en un médico respecto de cómo se contagia el virus del VIH ¿Por qué gay tiene que ser sinónimo de SIDA? A esta altura todos deberíamos saber que ninguna enfermedad discrimina ni por género ni por orientación sexual.

Lo más triste de todo son los comentarios de gays sobre otros gays: “viste como a mí no se me nota que soy gay y a él sí?”, “es una mariquita”, “mirá como camina, parece una mujer”, “esa es tan histérica que seguro es la mujer de la pareja” ¡Parecería que adjudicarle a un varón características femeninas fuese un insulto!

Y paso por alto los comentarios y chistes retrógrados y homofóbicos que se escuchan y se leen en los medios de comunicación, inclusive en aquellos que se autoproclaman como defensores de la diversidad.

Sin embargo, en lo que más quiero poner la atención es en lo que podemos hacer cada uno de los que integramos el colectivo LGBT para que este cambio social se produzca más rápido y más profundamente. Preguntémonos qué hacemos diariamente para no sentirnos discriminados y lo que es peor, para no sentirnos autodiscriminados. ¿Cuántos de nosotros vamos con nuestras parejas de la mano por la calle? ¿Cuántos de nosotros besamos en los labios a nuestro ser amado en público? ¿Cuántos de nosotros expresamos abiertamente nuestra indignación cuando escuchamos comentarios y/o chistes homofóbicos insultantes? ¿Cuántos de nosotros vivimos plenamente nuestra orientación sexual? ¿Cuántos de nosotros socializamos con personas afines a nuestro estilo de vida?

Cuanto mayor sea el número de respuestas afirmativas, tanto más rápido experimentaremos los cambios en la sociedad. Todavía falta un largo camino por recorrer. La clave es animarse y buscar pares en distintos ámbitos sociales. El estar unidos nos fortalece y nos naturaliza.

No elegimos nuestra orientación sexual, lo que sí elegimos es cómo vivirla y si no hacemos un esfuerzo desde nosotros para vivir plenamente, lamentablemente el clóset seguirá allí, formando parte de nuestras vidas. Tal vez mi pensamiento sea un poco utópico, pero definitivamente no hay que permanecer indiferentes.

Quizás algún día, cuando palabras como “puto”, “maricón” o “torta” dejen de ser usadas como broma o insulto y cuando nunca más sea necesario escribir sobre estos temas, seremos testigos de que la sociedad ha madurado.

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“A los siete años me gustaba un amigo de mi equipo de fútbol”

Jerónimo tiene 21 años y escribe a Boquitas pintadas para compartir su experiencia con la homosexualidad, como él lo menciona. Dice que eligió escribir su historia para este espacio porque dice que este blog le ayudó a abrir la cabeza y a aceptarse tal como es.  “Soy gay. Nunca creí que lo iba a poder contar libre y públicamente y menos tan pronto”, empieza diciendo. “Desde que tengo memoria me sentí atraído por los chicos. Recuerdo que a los siete años me gustaba un amigo de mi equipo de fútbol”. Era un malestar insoportable cuando ese chico especial faltaba. Fueron los primeros signos del amor.

Recién a los 19 se animó a pensarse gay y empezó a entender que no había nada malo en él. “Logré entender que no era sólo mi sexualidad, si no que era mi identidad la que estaba camuflando”, cuenta en un tramo del relato que comparte con todxs nosotrxs.

 

Mi identidad

por Jerónimo

New York Gay Pride 2014 – Marcha orgullo Gay NYC 2014; 100 World Kisses, por Ignacio Lehmann

Tengo 21 años, soy gay, nunca creí que lo iba a poder contar libre y públicamente y menos tan pronto. Desde que tengo memoria me sentí atraído por los chicos. Recuerdo que a los siete años me gustaba un amigo de mi equipo de fútbol, cuando él faltaba, preguntaba  una y otra vez porque no vino.

Una vez con mis compañeros mirábamos una foto del equipo del año anterior,  él ya no jugaba pero al observar su imagen tenía ganas de hablar de él, de decir que me gustaba. Pero no lo decía, ya a los siete años escondía mis sentimientos.

En ese momento uno sentía pero no era consciente de lo que le pasaba, ni siquiera a los doce años cuando me gustaba el hermano de una amiga mía. Mi amiga era muy linda y jugábamos en la pileta pero yo me ponía contento y sentía algo especial cuando se acercaba su hermano y me abrazaba para lograr tirarme al agua. No pensaba que me gustaban los varones, sólo lo sentía.

En esa época, de chico, nos imponían la idea de que las parejas estaban formadas por  un hombre y una mujer  y cuando se veía a una pareja de homosexuales se los llamaba “putos” o “maricones”.  ¿Qué podía pensar? Se pregunta siempre si tenés novia, como ya dando por hecho que debemos tener una pareja heterosexual.

Así es cómo tuve mi primera novia a los doce, con quien la pasaba excelente, me divertía muchísimo pero no sentía esa química que debía sentir. Más allá de lo que la sociedad piense uno siempre seguirá sintiendo igual. A los quince años me daba cuenta de que este sentimiento hacia las personas de mí mismo sexo era constante. Ya me empezaba a preocupar, algo estaba mal en mí, pensaba. La atracción empezaba a ser más fuertes que mi voluntad de esconderlo. Lloraba a veces en la ducha, le rezaba a Dios todas las noches para que me convirtiera en heterosexual.

Pero esos sentimientos persistían. ¿Cómo no iba a ser así, si no había nada malo en mí? Sólo que yo no lo sabía.  Me horrorizaba la idea de que alguien se diera cuenta de mi homosexualidad, sentía mucha culpa, ¿por qué me pasaba esto a mí, una persona buena, inocente que nunca había hecho daño a nadie, al contrario? Pensaba que iba a tener que vivir una vida entera escondiendo esto.  Hasta que terminé el colegio sentí culpa y malestar con mi sexualidad, miedo a frustrar a mis seres queridos. Me fijaba siempre cómo actuaba, trataba de no estar mucho con chicas para que la gente no sospeche.

Pero a los 19 años decidí afrontar esto que me pasaba. Ya intuía que no había nada malo en ser gay  y empecé a investigar y a escucharme más a mí mismo. Ya empezaba en el 2010 a debatirse la ley de matrimonio igualitario. Escuché cientos de comentarios a favor y en contra, empezaba a crecer una idea dentro de mí: lo que sentía estaba bien. Miré cientos de veces una película que me ayudó a comprender aún más mi situación, Plegarias por Bobby (buenísima, la recomiendo), miré muchos videos en YouTube, leí cientos de artículos. Logré entender que no era sólo mi sexualidad, si no que era mi identidad la que estaba camuflando.

Con esta me refiero a mi forma de pensar, de ser y de sentir. ¿Por qué seguir escondiendo a la gente quien realmente era? ¿Por qué ocultar mi verdadera identidad?  No me permitía ser quien realmente soy por miedo a las críticas, al qué dirán. Estaba condicionado por haber tenido mala información desde chico y también por falta de ella. Una frase de una película me quedó grabada: “Si un chico nace sin un brazo y se le dice que eso está mal, ¿qué puede pensar?

Con el tiempo pude al fin sentirme seguro de mí mismo, entender que lo que sentía era normal, que no había nada malo en eso. Entendí que yo era así, que siempre lo fui y que siempre lo seguiré siendo. Si quería ser feliz debía escucharme, ser fiel a mis sentimientos, sino me estaría traicionando.

Así fue que empecé a conocer a otros chicos gays, derribé todo tipo de prejuicio que tenía, aun siendo gay, porque la sociedad me los había impuesto. Me sentí identificado con ellos, con sus historias, con sus sufrimientos y alegrías.  Ví que muchos de ellos empezaban a salir del clóset y eso los hacía felices. Así fue como empecé el proceso de contarle a mis seres queridos, a mis papás, mis hermanos, mis amigas mujeres y más tarde al resto de mi familia y mis amigos varones. Fue un proceso que viví con miedo, incertidumbre pero que me dio mucha paz y armonía.

La verdad es que recibí un apoyo incondicional. Ya no tenía nada que esconder, ni miedo a que sospecharan nada. Podía ser quien realmente era, conocer  y estar con quien realmente me gustara y eso me hace feliz. Sé que aún a alguna gente le cuesta hablar del tema o no se siente cómoda, yo los entiendo: me costó a mí entenderlo, cómo no les va a costar a los demás cuando no pasan por esto. Pero no es un tema muy ajeno a cualquiera, algún día conocerán una persona gay o uno de sus familiares les contará, quizás uno de sus hijo lo sea. Ahí se romperán los prejuicios,  verán que es normal.

Pero hay otras maneras de evitar los prejuicios, se logra informándonos, poniéndonos en el lugar del otro, escuchar su relato de vida. Sé que la sociedad ha cambiado y que ya hemos progresado infinitamente. Hoy me puedo imaginar formando  una familia con marido e hijos y me pone orgulloso. Orgulloso de vivir en un país dónde se respeta a las minorías y, donde gracias a eso, cientos de miles de personas desde su juventud pueden mostrarle al mundo su identidad, quiénes son realmente.

 

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Cuando ver porno gay era una odisea

Pablo escribió este texto en uno de los ejercicios del grupo de reflexión para varones gay que coordina el lic. Alejandro Viedma en la Asociación Civil Puerta Abierta. La consigna había sido: “Compartir con los compañeros algo que nunca habías contado”. Pablo tiene 37 años y recordó cómo fue la primera vez en la que vio una película gay porno, hace más de 20 años, época pre cibernética, pre Internet. Imaginemos aquellos tiempos que parecen tan lejanos. Hoy casi cualquier persona tiene acceso a la web y eso ayuda a que, por ejemplo, los adolescentes gay puedan asumirse como tales investigando su deseo más sencilla y tempranamente. Incluso sin salir de sus casas. Pero en los 90, y antes menos todavía, no era nada fácil.

Les comparto este relato que Pablo envió para que leamos todos en Boquitas pintadas.

“Barbita”

Por Pablo

Estaba en casa con mi familia, hace poco más de 20 años. El día estaba bastante feo, llovía y hacía mucho frío. Después de almorzar, decidimos ir al video club a alquilar algunas pelis.

Como siempre, ya en el local, mi mamá se instaló en la sección de películas románticas o de historias verídicas (aburridas para mí en ese momento), mi papá en la de acción o comedia (las películas de acción no me disgustaban tanto porque los actores casi siempre estaban buenos, y las comedias me gustan), mi hermana y hermano más chicos (como 10 años menores que yo) estaban eligiendo una de dibujos animados, y yo buscaba de suspenso y terror.

Pero ese día en el video club descubrí algo que siempre estuvo ahí y nunca me había dado cuenta. Entre zombies y vampiros, monstruos y hombres lobo, decidiendo con cuál de ellos pasar la noche, siento de pronto a lo lejos la risa de mi papá, esa risa pícara que lo deschavaba cuando se estaba mandando una de las suyas, y a mi vieja la noto sonrojada y escucho que le dice con una voz susurrante y vergonzosa que era un pelotudo. Y es ahí cuando descubro mi gran hallazgo, la fila de arriba de todo era la de las películas porno, que enriquecía mi vista deseosa de todo aquello que observaba, pero a la vez incómoda ya que tenía que mantener la vista hacia arriba, y esto hacía que las demás personas que estaban ahí se dieran cuenta de lo que estaba mirando.

Entre miraditas rápidas, que eran como flashes, porque los nervios y la vergüenza me invadían creándome el fantasma que los demás podían descubrir mis deseos ocultos, de pronto lo veo a él, increíblemente bello, con su pelo castaño, claro y brillante, una barba prolijamente cortada, sus ojos azules que te invitaban a mirarlo y sus dientes blancos que se asomaban a través de una sonrisa que vencía toda resistencia de no quererlo, de no desearlo. Y otra vez mi viejo interrumpiendo el momento, pero esta vez en forma directa preguntándome si ya había elegido una película; quería pagar y que nos fuéramos.

Ese día comencé a convencerme que tenía que ver esa película, en la que estaba ese hombre increíble que había poseído mi mente. El tema era que tenía muchas dificultades para hacerlo, como por ejemplo, que tenía que estar solo en mi casa, mis viejos no se tenían que enterar jamás, y lo más difícil era cómo iba a hacer para alquilar una película para adultos, teniendo 14 años.

Una semana después, mi mamá me dice que una de mis tías nos había invitado a comer a su casa el sábado, obviamente le dije que no iba a ir, no sólo por el hecho de aprovechar el momento, sino también porque las reuniones familiares no eran de mi agrado; mi mamá, sabiendo esto, no me insistió.

Fueron dos días de planear el encuentro con “barbita”, pensé de todo, todo malísimo y peligroso, como por ejemplo: falsificar una nota firmada por mi viejo dándome permiso para llevar esa película, o disfrazarme para parecer mayor, y hasta se me ocurrió sobornar al señor del video club pagándole el alquiler de la película a un valor mucho más elevado, pero por suerte rápidamente desistí de estas ideas.

Ya casi resignado a que no iba a poder hacer nada, de pronto se me ocurrió el plan “perfecto”, que era: aprovechar la promoción de 3 películas por $10 y poner el número de cualquier película de terror o suspenso (género que siempre llevaba) en la de “barbita” y que el número de “barbita” sea el de la película de terror o suspenso que supuestamente quería llevar y, si el señor del video club me decía que no podía alquilarme esa película porque era condicionada, le mencionaba las tres películas que quería ver y le mostraba de dónde había sacado ese número y todo pasaba a hacer un error de él.

Llegó el sábado y mis viejos con mis hermanitos se fueron. A la media hora de su partida yo voy hasta el video club. Por suerte cuando llego no había mucha gente y el señor del local estaba distraído hablando con alguien. Era el momento perfecto, me acerco hasta “barbita” y saco su número rápidamente, de la misma forma agarro el número de una película de terror y la pongo en el lugar del número de la película de “barbita”, me tomo mi tiempo para elegir las otras dos películas y también para desacelerar mi corazón que parecía que iba a explotar por los nervios que tenía. Ya más tranquilo y juntando valor, tomo aire y me acerco al mostrador y le doy al señor los tres números de las películas elegidas, el señor agarra los números y va hacia atrás a buscar las pelis; casi inmediatamente vuelve con las 3 cajas negras y las pone en una bolsa, le pago y anota en su hoja mi número de socio, los números de las películas y que las dejé pagas, nos saludamos y salgo rápidamente hacia mi casa.

Ya estando en casa, pongo la peli, la cual vi varias veces ese día, en ella había hombres bellos por todos lados que se tocaban, besaban, chupaban y demás cosas, pero lo mejor fue cuando apareció “barbita”… Verlo entero, con su cuerpo delgado y delicadamente marcado, tocándose, mirando y sonriendo provocativamente, en realidad, provocando a otro pero, para mí, en ese momento, me estaba provocando sólo a mí: me llamaba, me invitaba a pasar un momento maravilloso, y así fue.

Más tarde, ya sabiendo que mis viejos estaban próximos a regresar, escondo la película entre las cosas que están dentro de mi placard, dejando solamente las otras dos películas para ver.

El lunes temprano antes de ir a clases, voy a devolver las películas, llego al video club, se las entrego al señor que lo atiende, nos saludamos y me dirijo hacia la escuela.

Así finaliza la historia de cómo alquilé mi primera película porno gay.

 

Este miércoles 4 de marzo a las 20 se inicia la doceava temporada de este grupo de reflexión de varones gays en Puerta Abierta, en el barrio porteño de San Cristóbal. Para ingresar al grupo el lic. Viedma toma una entrevista previa, que podés concertar comunicándote al tel. 15-6165-4485.

Para conocer más sobre Alejandro Viedma

 

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¿Se casó con un varón o con una mujer?

En una de sus sesiones de 2012 Roxana (*) le comentaba al Lic. en Psicología (UBA) Alejandro Viedma: “No es fácil ni para mí acostumbrarme a decir que Clara es mi esposa. Es raro escucharme o escuchar que los que saben digan “tu ESPOSA”. El otro día tuve que hacer trámites, llenar formularios y lo escribí, fue la segunda vez que me pasaba. Antes había tenido que enfrentar este asunto con la gente de Recursos Humanos de mi trabajo, en la previa de mi casamiento con ella, explicar todo, arreglar los días que me correspondían por matrimonio. Incluso con algunos compañeros que no sabían sobre mi vida privada tuve que salir del placard en esos días, inevitablemente, aunque yo no quería todavía, no me sentía preparada. Ahora cuando vamos juntas a un local y el que atiende me dice: “tu amiga”, refiriéndose a ella, yo a veces le aclaro que es mi esposa y a veces no, no tengo ganas, es desgastante tener que aclarar todo el tiempo. Lo mismo cuando viajamos y tenemos que reservar una habitación en un hotel, si bien reservamos siempre cama matrimonial, cuando nos presentamos en la recepción nos preguntan: ¿Camas separadas, no?”.

Se inició un nuevo año. Este blog cumplió sus cuatro años de vida el 28 de diciembre pasado. Se sigue avanzando temporalmente desde la sanción de la ley de matrimonio igualitario en 2010. ¿Cuánto se avanza como sociedad en la real posibilidad de que dos personas del mismo sexo se casen? Cuando alguien anuncia su matrimonio: ¿nos surge la pregunta de si se casa con un varón o con una mujer?

Una pareja de mujeres y mamás, en la marcha del orgullo en Buenos Aires; Foto: Alejandro Viedma

Viedma considera que “hay consecuencias positivas de las conquistas igualitarias en los últimos años en la Argentina, de los grandes pasos que sobre todo logró el colectivo LGBTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales y queer) a través de sus organizaciones, militantes y activistas independientes, ya que existen menos personas por fuera de redes (humanas, sociales, jurídicas), al constituirse realmente en ciudadanos (en igualdad de derechos). Y lo principal que está trayendo la ligazón: ‘avances en derechos igualitarios con efectos subjetivos’. Es decir, los primeros mejoran la calidad de vida de las personas (LGBTIQ y sus allegados)”.

Así, que alguien pueda acceder a algo (una ley) que anteriormente le fue denegado, lo posiciona en otro lugar, ya con la posibilidad real de ser digno y feliz, concretando en la realidad cotidiana lo que en el pasado ni siquiera podía soñar como proyecto.

El psicoanalista aclara que sin embargo, aún se escuchan y leen cosas espantosas desde los que se posicionaron en la vereda de enfrente, dedicadas a quienes no entraban/entran en la heteronormatividad, sobre todo con la cuestión de la adopción de niños y niñas por parte de parejas del mismo sexo, lo que ya des-cubría la homofobia social, institucional, política en aquellos debates desde 2009 y por supuesto también desde antes.

Pero Viedma cree que de a poco las parejas del mismo sexo empiezan a escuchar preguntas del tipo de: ‘Y ustedes, ¿se van a casar?’; con los años: ‘¿Van a adoptar?’. “En el presente en cada grupo humano se desmiente/niega menos y se iguala más; hoy en día cuando alguien refiere que otra persona está casada, tiene además que preguntar(se): ‘¿Se casó con un varón o con una mujer?’, o: ‘¿este matrimonio –sea cual fuere- tiene hijos?’. Es decir que los interrogantes sociales también entran en una igualdad, las preguntas van dejando de ser tabúes, se cortan los silencios por miedos o por no ser irrespetuoso y aflora lo simbólico derribando preconceptos, incluso con novedosas formas dentro de la comunidad LGBT”.

“Desde mi rol de terapeuta acompaño a mis pacientes en sus procesos mitigando el nivel de angustia, apuntalándolos para que puedan resolver con la verdad los obstáculos que se les presentan, revisando los propios prejuicios y temores que traban la comunicación fluida en todos los ámbitos (laboral, familiar, amistoso, etc.) por donde circulan. Para eso suelo indagar alrededor de las creencias establecidas desde la infancia y adolescencia, sobre todo en los campos educativos y el familiar. Si bien aún falta para que en nuestro país gocemos de una igualdad real, las personas LGBT están más contenidas que en el pasado y cuentan con más espacios para acudir y denunciar en casos de discriminación”.

 (*) Roxana es un nombre cambiado con el fin de preservar la privacidad de la expaciente

 

¡Feliz 2015,

por un año con más derechos para todos y todas!

 

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