¿Cómo fue contarles a mis amigos que soy gay?

Los amigos son ese envión necesario para casi todo en la vida. Cuando la decisión es salir del clóset, son el puntal poco menos que esencial. Así lo vivieron Tito y Nicolás, dos lectores de Boquitas pintadas que comparten su coming out y ponen especial énfasis en la importancia de los amigos que, en ambos casos, acompañaron sus procesos sin juzgarlos.

Me detengo especialmente en el testimonio de Tito, para quienes sus tres mejores amigas son las únicas que conocen su “secreto” porque, pese a reconocerse gay desde hace años, aún no pudo contárselo ni a sus padres, ni a sus compañeros de trabajo. Sin sus amigas estaría solo con su ser en el mundo.

Después de las historias de Tito y Nicolás, dos ex integrantes del grupo de reflexión que coordina el lic. Alejandro Viedma en la organización Puerta Abierta, el psicólogo Adrián Barreiro reflexiona sobre la liberación y el alivio de quien logra salir del clóset, contarle al mundo lo que verdaderamente es, dejar de “vivir a medias”. Y hace hincapié en lo importancia de contar con amigos…el mejor “refugio”.

Foto: Facebook Cesar Augusto Freire

Foto: Facebook Cesar Augusto Freire

 

Las amigas, testigos del gran secreto, por Tito

 

Cuando decidí por primera vez comentar que soy gay fue a mis mejores amigas de la facultad. Las invité a ir a la casa que tiene mi familia en La Pampa y en el viaje paré al lado de la ruta para decirles, muy nervioso, que les quería contar que a mí me gustaban los chicos y que me costaba mucho la situación por tener padres judíos ortodoxos.

Todas me dieron su apoyo y me dijeron que se habían dado cuenta que venía la mano por ahí, y que si me hacía feliz que le diera para adelante con el tema; después, en el fin de semana que vivimos en la casa de Santa Rosa, hablamos mucho.

Recuerdo que en la previa estuve ansioso y preocupado, intranquilo, pero creo que en el fondo sabía que no me encontraría con un rechazo de ningún tipo, de hecho todas las personas allegadas a las cuales les conté me aceptaron bien, nunca me rechazaron, ni nada por el estilo.

Será que uno elige bien a quién confiarle este “secreto”, porque hoy en día aún no pude hablarlo con nadie de mi familia y, al ser profesor de dibujo y pintura de niños y adolescentes, obviamente no puedo compartir esto en los colegios en donde trabajo.

 

 

Ese amor incondicional, por Nicolás

 

Un fin de semana largo de abril de 2006, nos juntamos a tomar algo con mi mejor amigo, en la casa de mi abuela en Zárate. Estaba algo nervioso porque sabía que era el momento de hablar con alguien sobre mi orientación sexual. Por ese entonces tenía 17 años.

Ya hacía tiempo que había decidido que ese “alguien” fuera mi mejor amigo, a quien había conocido cuando estábamos en 2º grado. Habíamos ido construyendo en el día a día una amistad como pocas. Realmente necesitaba compartir esto que me estaba sucediendo, que no podía seguir negando y que me movilizaba tanto.

Cuando finalmente logré poner en palabras “Soy gay”, él se puso de pie, acercándose a mí con los brazos abiertos para estrecharnos en un fraternal abrazo. Me dijo al oído: “Gracias por confiar en mí. Sabés que te apoyo y siempre voy a estar para que cuentes conmigo”. Palabras que han quedado grabadas en mí.

Creo que ese fue uno de los mejores momentos de mi vida porque sentí cerca mío un amor realmente incondicional, el amor fraterno.

 

 

La salida del clóset y los amigos
por el Lic. Adrián Barreiro *

 

Mucho se habla acerca del salir del clóset o del armario y poco se dice acerca de lo que significa estar dentro de él. Esta expresión tan coloquial remite a una experiencia vital que marca un antes y un después en la vida de algunas personas. Salir del clóset es ni más ni menos que dar a conocer quién un@ es,  hacia quién dirige su deseo, a quién ama o con quién se erotiza, todo ello en una integración armónica. Esta salida es algo que no le pasa a las personas heterosexuales, motivo por el cual es una vivencia, se podría decir, privativa de las lesbianas, los gays, los bisexuales y las personas trans.

Estar en el clóset es vivir a medias, una vida en parte real y en parte de ficción, aparente…es tristeza, soledad, negación, engaño, depresión…

Existe, no obstante, una salida del clóset primordial, única, irreversible que es aquella que tiene que ver con uno mismo, la de la habilitación interna, con la aceptación de quién se es, de cómo se ama y de su realidad. Es la realidad de asumirse, de integrarse.

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A partir de allí, surge la necesidad de contarlo al mundo, pero también surgen los temores y las ansiedades, ¿me seguirán queriendo?, ¿me aceptarán?, ¿qué va a pasar de ahora en más? Pueden coexistir sentimientos contradictorios, emociones ambivalentes. Pero, sin duda, esa persona estará más liviana y más libre.

Y ahí, en ese primer lugar de libertad, se necesita mucho a los amig@s. A esos otros, esos pares que serán la primera red de contención, de aceptación por fuera de un@, de reconocimiento e incondicionalidad. Son los que harán posible que el secreto pueda circular, se aliviane y que ser quién un@ es ya no sea tan secreto. Ayuda muchísimo tener un primer terreno seguro en donde caminar, ese terreno que brindan los amigos y que prepara para el desafío de avanzar en la salida del clóset para con esas personas primarias significativas, primordiales: las que forman parte de la familia. Y esos amigos serán también el refugio en el caso de destierro, cuando la familia, no apruebe, rechace o expulse.  Sin los amigos tal vez habría tanta soledad dentro como fuera del armario.

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Sin embargo, sabemos que no se sale del armario de una sola vez. Se sale de a poco, a través de un proceso, y, dependiendo del ámbito social, del contexto histórico, se puede salir parcial o totalmente. Pero hay una salida que es única y es aquella en la que una persona se puede fundir en el abrazo de un amig@, se pueden sostener en la mirada de sus ojos y se pueden mostrar sin temor las lágrimas de pacificación, de liberación y de alegría.

* adrianfbarreiro@hotmail.com

 

¿Cómo fue para vos contarle a un/a amigo/a? ¿Qué pasó después?