Carlos Jáuregui, el héroe gay que se inmortalizó en el subte de Buenos Aires

Estación Carlos Jáuregui; Foto: Tomás Ramírez Labrousse

Desde esta semana, la estación de subte de la Línea H ubicada en Avenida Pueyrredón y Avenida Santa Fe lleva el nombre de Carlos Jáuregui, activista por los derechos de las personas LGBT. El suyo es el caso de una figura pública cuya trascendencia siguió en aumento incluso luego de su muerte, que ocurrió en agosto de 1996. Fue él quien hizo visibles las demandas de grupos marginalizados (o lisa y llanamente perseguidos) por el Estado argentino y otras instituciones durante años.

En esta crónica escrita por Daniel Gigena para Boquitas pintadas, se revela quién fue Jáuregui y por qué es simbólicamente relevante contar con su presencia en un espacio público transitado por gran parte de los ciudadanos de la Argentina y del mundo.

Estación Carlos Jáuregui; Foto: Tomás Ramírez Labrousse

Un héroe de nuestro tiempo

Jáuregui había nacido en La Plata en 1957 y en esa ciudad se recibió como profesor de Historia egresado de la Universidad Nacional de La Plata. Su especialidad era la historia medieval. Quizás paradójicamente, ese conocimiento lo impulsó a luchar contra los restos de cierto pensamiento inquisitorial en la sociedad argentina.

Entre 1984 y 1987, fue el primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina; en 1991, fundó, junto con Marcelo Ferreyra y César Ciglutti, la asociación Gays por los Derechos Civiles. En 1992, encabezó la primera Marcha del Orgullo Gay Lésbico en Buenos Aires. La activista feminista Mabel Bellucci le dedicó en 2010 una informada “biografía política”, titulada Orgullo, que rinde cuenta de la inteligencia de Jáuregui al tender puentes con otras luchas y otros agentes del cambio social. El año pasado, el director Lucas Santa Ana presentó el film documental El puto inolvidable, sobre la vida de Jáuregui.

La iniciativa de bautizar con su nombre una estación del subte estuvo basada en el proyecto de ley aprobado el año pasado por unanimidad en la Legislatura porteña. Sus autores son los legisladores Maximiliano Ferraro, de la Coalición Cívica ARI, Pablo Ferreyra y Carlos Tomada, del Frente para la Victoria. Del acto de inauguración participaron varios legisladores porteños, el Jefe de gobierno de la Ciudad Horacio Rodríguez Larreta; el vicejefe, Diego Santilli, y el  presidente de la CHA, César Cigutti, además de amigos y compañeros de lucha de Jáuregui. También habló el artista plástico Daniel Arzola, que realizó un mural de 14 x 4 metros.

Estación Carlos Jáuregui; Foto: Tomás Ramírez Labrousse

“Hoy el nombre de Carlos Jáuregui ocupa un lugar más que merecido en el espacio público de nuestra ciudad –dijo Ferraro en la inauguración−. Carlos disputó y ocupó el espacio público como lugar privilegiado para la construcción y ejercicio de la ciudadanía y la expresión de los derechos civiles, el lugar donde construimos el respeto y el reconocimiento del otro.”

El escritor y periodista Gustavo Pecoraro, uno de los más activos impulsores para que el proyecto pudiera concretarse, estuvo presente en la ceremonia de inauguración. Recordó que, antes de llegar a la aprobación unánime de la ley, se llevó adelante una campaña titulada #YoApoyoEstaciónCarlosJáuregui, que tuvo una inmensa repercusión social y que encabezaron Estela de Carlotto, Nora Cortiñas y Adolfo Pérez Esquivel, el sindicato de Metrodelegados, diversas organizaciones del colectivo LGTBI, movimientos sociales, sindicatos, científicos, periodistas, personalidades de los derechos humanos, de la educación, de la cultura, referentes políticos de todas las corrientes partidarias y el Jefe de Gobierno de la ciudad.

“Esta demostración masiva de respaldo al homenaje a Carlos es un hecho histórico que implica la visibilidad del colectivo LGBTI al mismo nivel que lo que simbolizan las marchas del orgullo –dijo Pecoraro−. Trescientas cincuenta mil personas por día pasarán por la Estación Carlos Jáuregui. Además de un recuerdo más que justo, la estación y el apoyo recibido es un ejercicio amoroso y generoso de memoria histórica y reconocimiento a la lucha del colectivo LGTBI por parte de diferentes sectores sociales.”

Héroe de nuestro tiempo, Carlos Jáuregui murió como víctima del VIH-sida en los aciagos años noventa. Sin embargo, su aporte en la lucha contra la discriminación fue no sólo decisivo sino también un modelo para derribar los prejuicios que separan a las personas de una vida plena.

Estación Carlos Jáuregui; Foto: Tomás Ramírez Labrousse

 

 

 

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Alejandro Modarelli, sobre su libro La noche del mundo: “Nace de un trauma gozoso”

La noche del mundo, de Alejandro Modarelli, “nace de un trauma gozoso”, dice su autor. “La experiencia del coma inducido puede resultar más poderosa que una ficción”, dice. Y así comienza este diálogo con Boquitas pintadas acerca de este libro de crónicas que ya inició su recorrido por la Argentina y que hoy se presenta en Chile.

Alejandro Modarelli

-¿Por qué escribir La noche del mundo?

-La noche del mundo nace de un trauma gozoso, un neumotórax en vuelo entre Bogotá y Buenos Aires. Dejó una herida pulmonar que se convirtió en la vía regia para irme a otros mundos posibles de visita, incluso de visita sexual. No la pasé tan mal. La experiencia del coma inducido puede resultar más poderosa que una ficción. Cada vez que me despertaba, mientras hacían el intento de desconectarme de una máquina de respiración asistida, le pedía a mi hermana Constanza que recordase lo que le iba contando de esa noche del mundo. Me gustaría que la lectura del libro funcionara un poco, al menos, como La ventana de los sueños, de Fogwill. Si todo se abre con el descenso a un infierno, se cierra más adelante con la resurrección de la carne en Egipto, un país que a lo largo de estos años es la manera que encontré de nombrar el deseo. Obviamente, porque ahí los excesos lípidos son bienvenidos y ya ves lo gordo que estoy; creo que es así en todo el mundo árabe, donde no ha triunfado el modelo del maricón, el gay asimilado a una estética y un modo de vida celebrados y confortables, en el que no encajo. Podrías pensar que escribo desde el resentimiento, y tendrías razón. Pero el resentimiento también es un prisma provocador y fuente de inspiración.

-¿Por qué elegiste el registro de crónica?

-La crónica me permite darle un orden supuesto a una mente como la mía que se dispara para cualquier loma o cualquier pozo. Supongo que además se corresponde con la experiencia de la época, lo fragmentario, el cruce, la frontera. Me encuentro cómodo en la crónica, me divierto incluso inventando al pie de página una batalla permanente entre autor y editor. Alguien me dijo: pero cómo permitís que el editor te menosprecie de esa manera…y es que ese editor en realidad es un vigía interior que pone de resalto mis dudas, mi esquizofrenia. Claro que la crónica urbana como yo la concibo nada tiene que ver con ¨tomar el pulso a la ciudad”, como dice el lugar común, sino más bien con tomarla de la bragueta. La ciudad se ofrece de un modo o de otro bajo la forma de un eros. Y hay que dar testimonio de ese eros. Incluso cuando pareciera que no corresponde. Si vamos a hacernos los desentendidos con el sexo, nos quedaremos siempre encerrados en los barrios más solemnes.

-¿Cómo trabajás  el lenguaje para que los textos combinen un estilo erótico, pasional, onírico, irónico?

-El estilo emerge de un cruce de influencias, creo, que no es consciente de sí mismo. Se va estabilizando y, a la vez, opone resistencia. Por otra parte, es la manera que uno encuentra de habitar el lenguaje del mismo modo que uno vive, cree o quisiera vivir. Soy trágico y soy cómico, una zorra y un monje budista, en cierta forma todos lo somos. Alcanza con un cambio de posición frente a las cosas y aparece sobre las ruinas la ironía, y bajo el calzoncillo la tanga; sobre un mundo que desaparece, interno, externo, qué otra cosa mejor que ponerse a bailar sobre el volcán. En mi escritura, el trabajo es sobre los materiales y de modo obsesivo sobre el lenguaje. Los destellos que pudieran emerger son consecuencia de la lectura de autores barrocos maricones. Que caminan por el desfiladero de lo cursi, sin nunca caerse.

Portada de La noche del mundo

-¿Hay una intención de homenaje a personajes como Lemebel, Perlongher, Chavela?

-Imaginate que una sección del libro se llama Necrofilias, que no son necrológicas, sino textos apasionados sobre personajes inmensos que tuvieron sobre mí tremenda influencia. Por lo revoltosos, por inadecuados, por vivir su sexualidad con libertad en épocas en que había que bancarse el insulto cotidiano, pasar el trapo por el piso de las comisarías o callarse incluso cuando el propio cuerpo gritaba lo que eras. Para quien busca un lugar en ese sitio de desborde, de inadaptación al régimen estético y bancarizado que triunfa, no está nada mal dejarse llevar por esas biografías, hacerlas de alguna manera parte de uno, y celebrarlas con esa intensa liturgia con que en México, por ejemplo, se celebra y se conversa con los muertos amados.

-¿Hay cierta melancolía de tu parte por los espacios de la homosexualidad perdidos? (estoy pensando en los cines xxx, por ejemplo?

-Hay toda una generación que añora la política amorosa de las calles. Esa economía desarrollista del deseo: en todas partes, en la ciudad, se levantaban fábricas de sexualidad. Bajo los puentes, en los cines porno, en los baños de estaciones ferroviarias. Esa aventura era rica en posibilidades de reconocimiento propio y del otro. Las cosas no se descifraban de antemano, con esa sobrecodificación de los objetos sexuales pretendidos. Hoy las aplicaciones de Internet para encuentros sexuales plantean un malentendido: una foto que es un simulacro de un simulacro. Si en la calle alguien posa de algo, puede que te mienta pero a la vez te seduce, pone el cuerpo animado y la voz en un contexto. Ya sabemos que es un simulacro, pero bien logrado. En las aplicaciones o en la cam hay un efecto de descreimiento de antemano. Si dice tal edad, hay que sumarle diez años; si dice morrudo, es que es gordo. Si se le ve el pito, la toma seguro que es desde una posición que lo aumenta de tamaño. Quizá sea eso lo que hace tan complejo el levante ahora. Como si fuese imposible, por falta de fe, encontrar lo buscado, en un paraje desierto y a la vez superpoblado. En ese sentido, y dadas las condiciones de la mercancía que pongo en juego, no me queda sino el recurso de la melancolía y el resentimiento creativo. En un universo erótico donde todos se reclaman divinos, nadie quiere ser el primero en enamorarse porque cree que pierde la competencia olímpica.

-En el libro se lee un tono de rebeldía: ¿contra qué te rebelás en estos relatos?

-Me revelo, entonces, contra un modelo gltbi que se globalizó y del que, extrañamente, todos dicen sentirse afuera. Extrañamente debería leerse como extraña-miente. No les creo. Si hay algo que hemos visto estos últimos años es que más fuerte que la fraternidad en la identidad sexual o de género, es la clase. Yo quisiera que la homosexualidad tuviese algo más interesante que ofrecer que el wedding planner, el crucero gay, Chueca, el peluquero de mascotas, un espacio refrigerado en los centros culturales o dos estantes de estudios de género o literatura de pequeños amores homosexuales en las librerías cancheras. Creo que es posible que quede algo todavía revolucionario en la homosexualidad, que interpele a la sociedad y ponga el cuerpo adelante de lo establecido, como sabemos hacer las locas. La fertilización asistida de lesbianas, por ejemplo, interpela todo el andamiaje de las políticas tradicionales sobre la reproducción. La verdad travesti, al provenir en su mayoría de la periferia, es un don que no puede ser del todo fagocitado por la compasión democrática liberal.

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Hembra, la biografía de Cris Miró que la rescata del olvido y la discriminación

Hembra, vivir y morir en un país de machos, el libro de Carlos Sanzol (Editorial Milena Caserola), es un recorrido biográfico de Cris Miró, la primera persona trans que triunfó como vedette en la Argentina, y cuya vida estuvo marcada a fuego por la discriminación. El libro de Sanzol, un “perfil” tal como lo entiende la cronista Leila Guerriero, reconstruye la historia de esta artista a partir de entrevistas con quienes formaron parte de su entorno durante su apogeo y decadencia, hasta su muerte. Al leer su libro uno siente que se le hace justicia a este ser sensible, adorable y doliente que enfrentó con su cuerpo la transfobia y el machismo de su tiempo.

Portada del libro Hembra, de Carlos Sanzol

En esta entrevista con Boquitas pintadas, el periodista de LA NACION y autor del libro, Carlos Sanzol, revela los motivos que lo llevaron a abordar este personaje y cómo logró investigar la vida de Cris Miró.  

- ¿Por qué te interesó la vida de Cris Miró?
- Tenía ganas de escribir sobre un personaje que hubiese sido un símbolo de algo. Y Cris Miró apareció en ese contexto, mientras estaba haciendo una nota para Espectáculos de LA NACION sobre las vedettes de antes y de ahora. Y en ese listado de nombres de la revista porteña surgió el nombre de Cris como la primera vedette trans que tuvo la Argentina. En ese momento de la nota, 2010, también se estaba discutiendo la ley de matrimonio igualitario. Y de alguna manera, empezó a tener mucho más sentido escribir sobre Cris. También, yo estaba atravesando una crisis sobre quién era y hacia dónde iba. Entonces, volvió a aparecer Cris: ella debió atravesar también una crisis, mucho más grande que la mía, porque además de preguntarse por quién era, debió indagar en su identidad sexual. Así, concluí que lo que iba a escribir era sobre la historia de Cris, que, en realidad, era algo mucho más grande: la historia de un símbolo de la construcción de la identidad en una época plagada de homofobia y machismo.

- ¿Cómo fue el acercamiento a esa vida, a sus afectos, a quienes la conocieron?
- La primera entrevista que tuve para el libro fue con el hermano de Cris, Esteban Virguez, en 2010. Cuando terminé la entrevista quedé bastante conmovido porque me encontré con una historia que tenía varios dejos de tristeza y de conflictos irResueltos. La aprobación familiar fue una de las cuestiones que Cris llevó a lo largo de toda su vida.
Encontrar a las fuentes que nutren el libro fue bastante complicado porque muchas personas que estaban en el entorno de Cris habían desaparecido sin dejar rastros. Su muerte golpeó a muchas personas y provocó un antes y un después en su entorno. Por ejemplo, a uno de sus asistentes logré encontrarlo dos años después de comenzada la investigación.

- ¿Qué fue lo más difícil de lograr en el libro, lo que más te costó, y por qué?
- El libro trata sobre una tragedia: es la historia de una persona que debió luchar contra sus propios fantasmas y los prejuicios sociales para construir su identidad. Y en ese camino, Cris atravesó muchas circunstancias de discriminación: desde el rechazo cotidiano por ser una persona trans hasta el de vivir con VIH en una sociedad que estigmatizaba a la enfermedad.

- ¿Qué papel jugó Flor de la V en la vida de Cris Miró?
- En 1997, Cris estaba en la obra “Más pinas que las gallutas”. El 2 de junio de ese año, cuando terminó la función de la obra, se empezó a sentir mal. Fue hasta su casa, que compartía con su madre, y desde allí la trasladaron en ambulancia al hospital Fernández. En el hospital, le dieron un diagnóstico: neumonía. Mientras estuvo internada, Florencia de la V la reemplazo en la obra. Fue tal la repercusión que tuvo en el teatro, que cuando Cris se reincorpora a la obra, los productores le escriben un papel a Florencia. Las dos debieron convivir en escena. A Cris esta actitud le dolió y lo sintió como una cierta traición. De todas maneras, se llevó bien con Florencia. Ambas compartieron camarín. Hablaban, pero Florencia recuerda que Cris siempre fue una persona distante. No fueron nunca amigas. Sólo compañeras de trabajo. Florencia, después, logró encontrar un rol que ocupar: el de la capocómica. Mientras que Cris cultivó más el de la vedette. Cris fue la pionera, es decir, la persona trans que logró abrir el camino en el mundo del espectáculo a las que vinieron después.

- ¿Cuánto creés que tuvo que ver el machismo de la sociedad en su muerte?
- ¿De qué murió Cris? Esa una de las preguntas que recorre todo el libro. Cris murió de un cáncer linfático, una enfermedad oportunista del VIH. En esa época, 1999, muchas personas lograban sobrevivir al VIH. Sin embargo, Cris se descuidó: dejó de lado el tratamiento médico. Sobre todo, porque ella no podía decir públicamente que era portadora. La estigmatización en ese momento era terrible: para la sociedad argentina, la enfermedad seguía siendo un patología propia de gays, como lo fue en sus inicios en 1982. Había toda una sociedad que silenciaba el VIH. Ni siquiera la madre de Cris supo que su hija vivía con el VIH.
El subtítulo del libro es “Vivir y morir en un país de machos”, justamente, porque en todo su recorrido biográfico, Cris debió enfrentar la discriminación. Fue una persona valiente desde el momento en que se dio a conocer como una travesti, en una época en que las personas trans eran apresadas, maltratadas e, incluso, asesinadas. Hasta 1999, en la ciudad de Buenos Aires rigieron los edictos policiales, suerte de contravenciones. Uno de ellos, el de Escándalo, decía que se detendrá a toda persona que vista en la calle las ropas de su sexo opuesto. Ese edicto, que se mantuvo desde mediados de los 50 hasta 1999, persiguió a las travestis y permitió que se las detuviera. De hecho, ellas podían podían pasar un total de cinco días a la semana presas.

- ¿Por qué creés que ayuda a descifrar su vida de los años 90? ¿Y de hoy?
- Sólo pasaron 17 años desde la muerte de Cris. Es un tiempo muy corto en términos de cambios culturales. Sin embargo, hubo fuertes avances en términos de aceptación a las personas LGBT. De hecho, la ley de identidad de género es, quizás, el mayor avance. La manera en que eran tratadas las personas LGBT en los noventa era tremenda. Por ejemplo, en los programas de TV, cada vez que se entrevistaba a una persona trans se le preguntaba obsesivamente sobre sus genitales.

 

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Lluvia y Arcoíris, un amor de película

Atrás quedaron los años de esplendor de Margo, un actor transformista maduro, confinado a mostrar su show en un pequeño bar de ambiente. Aún conserva el estilo que lo caracterizó siempre: Liza, Barbra, Judy, todas ellas viven en él. Su humor ácido y escéptico contrasta con el de su superficial asistente, Norman. Margo, amante de las ficciones cree que el amor no es para él, y que es algo que sólo se vive en las películas. Pero irrumpe en su vida Tim, un joven veinteañero que lo llevará a vivir esta historia de amor en clave de comedia dramática. Esta es la historia que cuenta “Lluvia y Arcoíris”, una obra que está construida con las frases más famosas de la historia del cine y que es, además, una representación de la vida gay en el Buenos Aires de los años ‘90s. Es mucho más que una historia de amor, es un alegato contra la discriminación, el ocultamiento y la mentira, los verdaderos causantes del drama que en ella encierra.

En diálogo con Boquitas pintadas, el director de la obra, Marcelo Roitman, habla de los entretelones de esta propuesta.

-¿Porque decidió dirigir esta obra de Patolsky?

-Conozco a Gabriel (Patolsky)  hace casi 10 años y desde entonces somos grandes amigos. Siempre quisimos trabajar juntos, cada uno desde su lugar como artista. Hace casi 2 años recibí por mail el texto y no dudé en que sería el proyecto que tanto queríamos hacer. Gabriel escribe con una sensibilidad exquisita y fue el rasgo que siempre admiré en su trabajo. Lluvia y Arcoíris está impregnada de esa sensibilidad, además de un finísimo sentido del humor y el toque justo de melodrama que la hacen tan intensa, divertida y conmovedora a la vez. Imposible no querer “trabajarla” después de la primera lectura.

-¿Cómo se emparenta el teatro con el cine en esta historia de amor?

-Margo, el personaje principal de “Lluvia y Arcoíris”, es un transformista en el final de su carrera. Toma su nombre de Margo Channing, el personaje de Bette Davis en “La Malvada”, y es un fanático del cine. Ama tanto el cine que usa las frases de películas casi constantemente para expresar lo que siente o lo que le pasa y es gracias a esas frases que conecta con Tim, el chico que golpea a su puerta pidiendo un autógrafo y con quien vivirá la historia de amor más importante de su vida.  El texto, además, reflexiona sobre por qué la ficción es un lugar tan preciado para los gays.

-¿Qué mirada se muestra sobre el transformismo encarnado en Margo?

-El transformismo es en Margo la manera de construir una nueva historia, una nueva identidad, además de una manera para ganarse la vida. Un lugar donde poder desplegar su acidez, sinceridad e histrionismo. Además, es una metáfora potente para la explotación de las facetas femeninas y masculinas que todos tenemos dentro. Y a pesar de parecer un gran imitador es una criatura completamente genuina.

-¿Qué concepto del amor se propone en escena?

-Justamente la polaridad temática del texto tiene que ver con dos miradas de la sociedad sobre el amor y la homosexualidad en diferentes épocas. Estas miradas están representadas por Margo y su asistente Norman. La primera, producto de la  mirada represiva de la sociedad que creía que el amor no era permitido para los gays, a los que solo se les reservaba el goce sexual. Y la otra mirada, la que fue imponiéndose a través de luchas y reivindicaciones durante más de 2 décadas hasta conseguir la sanción de la ley de matrimonio igualitario, a través de la idea del “mismo amor, con los mismos derechos”

-¿Qué acercamiento hay hacia la vida gay en los 90s?

-No sólo desde el discurso del texto, sino que además desde la estética, vestuario y dirección de arte, están muy patentes los ‘90s. El pensamiento, cosmovisión y manera de relacionarse. Es un homenaje a esa época. Un retrato de una sociedad que ya tenía más de una década de vida democrática y que, sin embargo, esa libertad no había llegado a la vida gay, que se seguía viviendo en clandestinidad producto de las persecuciones policiales y sociales.

 

Desde el sábado 6 de agosto va todos los sábados a las 23.30 en el Teatro Buenos Aires

 

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Leonor Silvestri, autora de Games of Crohn (el diario de una internación)

Leonor Silvestri, poeta y traductora especializada en poesía clásica, es además profesora de filosofía, deportista de combate y discapacitada legal. Define su recorrido vital y político como “una búsqueda de la consistencia consigo misma”. Así la presenta el periodista Daniel Gigena, quien la entrevistó para Boquitas pintadas a poco de publicado su nuevo trabajo, Games of Crohn. 

En ese trayecto ha construido una obra que incluye performances, manifiestos, fanzines, ensayos filosóficos, activismo, debates públicos, programas de radio y videos, bandas de punk-rock. Algunos de sus libros son la tetratología de La guerra en curso (Nos es nada, Paris, 2016), Guerra Fría (Germinal Costa Rica, 2014), El don de creer (Santa Muerte Cartonera México, 2009), y Nugae, Teoría de la traducción (Simurg. 2003). Es autora del ensayo Catulo, Poemas. Una introducción crítica (Santiago Arcos. 2005). Con Ludditas Sexxxuales publicó en Milena Caserola Ética amatoria del deseo libertario y las afectaciones libres y alegres (2012), y con Manada de Lobxs, Foucault para encapuchadas (2014). Junto con Mai Staunsager, filmó el documental Games of Crohn y Trabajo sexual en primera persona conla Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR-CTA).

Este año, Milena Caserola publicó su nuevo trabajo, Games of Crohn. Diario de una internación, un libro que deshace géneros literarios, sexuales y sociales para narrar su vida dentro y fuera de las paredes de un hospital, luego de haber sido diagnosticada con una enfermedad crónica de origen desconocido. “Mi vida se ha convertido en una sucesión ininterrumpida de médicos, tratamientos, estudios, trámites y discusiones con personal técnico y administrativo”, se lee en una de las entradas finales del diario de Silvestri, que combina el arte del relato y la anécdota con las reflexiones biopolíticas y el ensayo filosófico. En la Argentina hay una tradición escueta de “diarios de escritores enfermos”, en la que figura Diario de la hepatitis, un libro surrealista firmado por César Aira; Biografía de mi cáncer, de Patricia Kolesnicov y Un año sin amor. Diario del sida, de Pablo Pérez.

Leonor Silvestri; foto: Michelle Gentile

“El cuerpo paciente está siempre a disposición. Entran, salen, colocan. Imposible organizar una suerte de rutina con horarios, aunque de algún modo en la detención, la hay. De acuerdo a lo que otros dictaminan o les conviene, el cuerpo es examinado, palpado, pinchado, visitado. El cuerpo paciente está a disposición del control, tendido en una cama. Duermo al lado de una bomba con una luz iridiscente que hace una pequeña y sutil música que jamás se detiene o apaga. Como una sirena policial, vela mi sueño, mi bienestar. El cuerpo paciente está echado a la espera, aguarda que le toquen y le manipulen esta medicina humanizada de privilegiada. El cuerpo paciente sin rutina, sin intimidad, cuerpo expuesto y dispuesto al control, al cual se le llama cuidado. El descanso y la soledad se hacen inhallables al cuerpo paciente. El cuerpo paciente pierde así su sensualidad”, escribe Silvestri, gran lectora y difusora de la obra de filósofos del mundo antiguo y de la contemporaneidad. En su nuevo libro conviven apuntes sobre el devenir cyborg de Vicky Xipolatis, la importancia de tener enemigos dignos, la potencia del pensamiento de Spinoza y los aparatos de captura de la heterosexualidad capitalista.

-¿Cómo escribiste Games of Crohn y cómo fue el trabajo de edición para convertirlo en un diario?

-Lo comencé a escribir durante mi segunda internación, dos meses después del  diagnóstico de Crohn. Durante la más larga y cruenta de todas las estadías hospitalarias que tuve, que fueron muchas, casi por prescripción psiquiátrica, como una suerte de terapéutica, un poco para no enloquecer frente al encierro hospitalario, que por vip que sea supone una de las experiencias más atroces a las cuales se somete “la cuerpa” (no dejaré de decirlo, hay pocas experiencias más horrorosas que la de la internación hospitalaria tal como está pensada en nuestro mundo desde que el hospital fue creado hasta hoy); otro poco para burlarme de la desgracia a la cual te reducen no sólo los dispositivos de la medicina hegemónica sino también hasta las personas que supuestamente te quieren, dado que Occidente ha aplanado hasta la capacidad de cuidar a quien está grave. Entonces, desde el principio fue literalmente un diario. Formaba parte de mi rutina cotidiana cuando caí en la cuenta de que no iba a salir pronto de la internación y que al salir ya nada sería como antes, para bien y para mal. Luego, ya externada, continué con su escritura, porque hasta que pude dejar de vivir  como enferma (hacer trámites burocráticos para obtener mi discapass y demás derechos; controles médicos que eran casi semanales, etc.) pasaron muchos meses en los cuales en mi tiempo no aparateado por las burocracias y en la abulia del encierro de la externación sin alta (porque estaba externada pero no dada de alta) escribía mi enfrentamiento con el dispositivo sociedad y lo subía a mi blog. El trauma físico producido no tanto por el dolor de Crohn (que duele mucho) sino especialmente por el dispositivo hospitalario, por las consultas médicas durante la externación, por los trámites, la sociedad en suma más mis recuerdos todavía candentes de lo que había sufrido y la ansiedad de la incertidumbre que produce saber que puede volver a ocurrir casi en cualquier momento y que el cuadro empeora con el tiempo hizo que casi no haya podido tocarlo más tarde cuando llegó el momento de pasarlo a papel. Creo que por eso conserva el salvajismo de lo espontáneo que galopa en el día a día. Me dan ganas de preguntarte yo a vos si lo sentís así, como una escritura que desborda y desterritorializa los códigos y los protocolos, porque como suele ocurrir con este género, fue escrito en la urgencia de quien está siendo perseguida por la Parca.

-Sí, eso se transmite en varios momentos del libro.

-Lo guía la idea de cortar el aliento; s fin de cuentas, fue pensando como una máquina para volver a alentarme en todos sus sentidos y falsas etimologías: ir más lento, recuperar el aliento, no estar desalentada.  Debo confesar que tengo gente que me ha comentado que se lo devoraba, lo cual me resulta una agraciada metáfora para un libro que fue escrito conjurando el ansia que genera la inanición tras casi cuarenta días sin ingerir una secuencia lógica de sólidos y líquidos. Por lo demás, conserva la acidez del ph alto de los cuadros gastrointestinales; me divertí mucho escribiéndolo, lo cual fue y es esencial para vivir (bien) con o sin diagnóstico legal. Devenir Diógenes de Sínope.

-¿Cuáles son las posibilidades que la enfermedad abre y cuáles los desafíos al “paradigma capacitista” del capitalismo?

-Gilles Deleuze dice en su abecedario que la enfermedad y la vejez tienen potencias muy grandes a invocar y realmente creo que es así. Suponemos que una intensidad alta de la potencia supone un cuerpo más alfa. No obstante, hasta que no se te cae el piano del acontecimiento en la cabeza no te das cuenta de la fuerza de esa afirmación. El mundo capacitista, que piensa que la máxima gloria es existir por siempre lo más joven y bella que se pueda, construye esa ficción materialmente expropiándonos de la posibilidad de invocar las potencias propias y específicas de la esencia singular de todos los cuerpos: la fragilidad y la vulnerabilidad. Lógico que existe el riesgo de no vivirlo así; al fin de al cabo, una puede fugar o puede reterritorializar lo peor de la hegemonía. Hay algunos a los que les roban el celular y dicen “qué suerte me liberé” y hay quienes se convierten en el truculento “Ingeniero Santos”. Ya Paul Nizan nos decía: “He tenido veinte años, no dejaré nunca que nadie me diga que es la etapa más hermosa de la vida” o algo así. Mi cuadro no tiene desafíos cual si fueran obstáculos a sortear en pos de una salud que se ha de recuperar. El ideal platónico de “salud” lo perdí para siempre y ¡qué bueno! Mi condición modifica las formas de pensar la vida y de vivirla al mismo tiempo, supone la oportunidad para dar rienda suelta a una gran cantidad de impulsos, incluso si una está fija: desde retirarse del mundo de las sociabilidades envenenadas y las comunidades terribles propias del capitalismo en su etapa actual hasta el devenir lícidamente “Violencia Rivas” sin filtro, pasando por una retirada ofensiva como dice el comité Invisible. En cuanto al capacitismo, mi condición (yo no le digo enfermedad porque no tiene cura, sino más bien se trata de una mutación genética, como el pulgar oponible de la monita Lucy, de la cual parece derivamos todas las formas humanas antropoides) es altamente autónoma aunque puede ser algo incómoda. No obstante por llevadera que pueda ser Crohn motrizmente y la poca asistencia humana de la cual se depende si no se está en un período de crisis (que puede sobrevenir de manera incierta, del mismo modo que se vive permanentemente con un cuadro de inmunodepresión, es decir, resfrío crónico, problemas cutáneos, degradación hepática paulatina producto de la medicación, retorcijones y molestias abdominales), justamente como no es ostensible a simple vista, y el paradigma capacitista es estigmatizador dado que sólo cree que se es disca o se convive con algún cuadro de diversidad si andás en silla de ruedas; la gente cuando no presentás rasgos distintivos de tu condición cree que no tenés nada, que exagerás. Si a una cuerpa con los requerimientos, apoyos y dispositivos propios de una distrofia muscular no se la tiene en cuenta, imaginate a alguien que se le impone ser y se la supone ser como cualquier otra. Y esta piel que habito tiene sus límites, sus requerimientos, sus necesidades que no son nada especiales pero no por eso menos requeridas: no puedo comer ni beber cualquier cosa, no puedo desorganizar mucho la rutina, no puedo consumir casi psicoativos y estupefacientes, ni legales ni de los otros, ni compartir fluidos, entre otras cosas. Tengo un devenir anciana, me engripo de la nada, tengo que aprenderme hasta para ir a la guardia que drogas sí puedo consumir y cuáles no, un ibuprofeno o carbon activado me pone en riesgo, comer harinas y  beber destilados es épico. En fin, lo que intento decir es que justamente lo que no se ve no se tiene en cuenta, además de que no garpo como figura en el cartel que toda empresa montada sobre la discapacidad exige. De cualquier forma no es una competencia de quién es más disca, sino los efectos de la sociedad capacitista, que en mucho lucra sobre el cuerpo disca, que sólo sabe hacer dos cosas, que en realidad son la misma, excluir u homogeneizar. Dicho lo cual, debo confesar que pase lo que pase adoro esto que me pasa y me pasó y me pasará, y pienso extraerle su máximo provecho fenomenológico hasta que las velas no ardan, aunque de ahora en más siempre deba inyectarme cada quince días y vivir cerca de una heladera que refrigere mi medicación, la cual, como los cócteles de retrovirales, también nos daña. Soy una de esas extrañas personas que pese a que su condición es cargosa, por el contrario, le gusta convivir con ella y experimentar los mundos que me revela mientras me preparo para las futuras contiendas que los dispositivos me deparan. Games of Crohn da cuenta de todo ello. Tengo más agradecimiento por Crohn que enojo. De hecho, es la sociedad la que está enferma, no mi cuerpa mutante.

-En el libro hay varias reflexiones críticas sobre el feminismo, la teoría de género, el progresismo, ¿qué reservas hay aún en esos idearios hoy?

-Todos los derechos están reservados. Básicamente  son marcas de golosinas. Yo me voy a seguir diciendo feminista hasta que deje de incomodar a las colegas de la buena conciencia, la ley y el orden, las causales por aborto, y las antitrabajo sexual. Es una pregunta muy compleja la que me proponés que a diario me hago. Creo que vía la noción del bien y la batalla subjetiva ganada claramente por los valores cristianos inherentes al capitalismo (ayudar al prójimo, querer es poder, no obrar mal, la responsabilidad individual), ciertos movimientos sociales han reterritorializado cuando no la coerción directa, al menos grupos doctrinales o sociabilidades envenenadas que suponen desde inculpar y criminalizar hasta resolver de manera individual problemas colectivos. Hubo un tiempo, por caso, donde los grupos de autoconciencia y las organizaciones de mujeres daban una batalla por la desnaturalización de toda clase de dominaciones y opresiones  vividas pero no sabidas. Hoy en día suelen ser espacios donde pueden llegar a imperar líneas duras de gestión, donde tu propio sometimiento es garantía de inteligibillidad dentro del grupo; por eso se castiga tan duramente cualquier desvío de lo que dicta la norma feminista o la divergencia de los cánones feministas; espacios donde, en vez de operar como contradispositivo de desubjetivación, reterritorializan la moral de lo que está bien y lo que está mal en una otra que no es una, sin entender ninguna singularidad, sin hacer las vidas singulares más vivibles, sin entender nada. La pequeña jueza Chiquita L. que todas llevamos dentro. O, por el contrario, esto ocurre especialmente en ciertas zonas de Europa, aunque aquí también: un feminismo que utiliza todo su andamiaje teórico para justificar cualquier aberración en términos filosófico-político, como que en pos de la libertad se vulnere, prohíba y se persiga a todo el colectivo de trabajadoras sexuales, lo cual supone una guerra por la paz. Crohn es en mí la manifestación del poder mutante de la modificación: imaginate si toda tu carrera estuviera montada en un presupuesto que se prueba errado. Personalmente, no siento ninguna nostalgia por momentos más potentes y menos asimilados del movimiento feminista y LGTB, tal vez sí un poco de envidia, pero no me suelo detener ante lo ineluctable. Estamos en un momento donde no tenemos ni códigos ni olfato, ¿el vaciamiento total de todo? No realmente, sino más bien el llenamiento absoluto de la nada. Si mañana estallara explícitamente la dictadura en términos de desaparición y tortura empírica, ostensible y expresa, como otrora (ya sabemos que éstas son dictaduras democráticas gestionando a sociedades civiles pacificadas o pacivicadas), no haría ni falta infiltrar nuestros movimientos porque de a uno en una, desde los que creen que los chorros deben ser heridos de muerte mortal hasta activar espacios de base con la rancia aristocracia y familias de funcionarios de partidos de derecha, hasta pasar por los ex aparatos represivos en centros de la supuesta diversidad, sin olvidar a las señoras lesbianas europeas y blancas que usan sus saberes sobre ética de Spinoza para justificar que pese a ser jóvenes aún y estar altamente psicofisicamente capacitadas tiene servicio doméstico, es que estamos hasta las tetas nadando en la mierda donde lo político se construye por medio de “orgas onegeizadas” o que sólo sirven a construir objetivos personales dentro de políticas clásicas partidarias. Los feminismos, si quieren seguir afilando sus hachas, deberán hacerse cargo de que tenemos una extensa tradición de persigo, oprimo, ninguneo, acallo luego existo, dentro de nuestras propias filas. Algunas de nuestras diosas del Olimpo feminista de hoy fueron excluidas del ayer, otras siguen siendo obturadas por narrativas más asimiladas, menos cuestionadoras, más digeribles para continuar con la metáfora de las enfermedades inflamatorias intestinales. Mientras tanto, cualquier montaje puede ser hecho contra cualquiera que desee agitar un poco el avispero no vaya a ser alguna otra más se salga del espacio de las comunes. Es menester aprender a pensar y leer entre líneas. ¡Pero imaginate que ni logramos detectar un perfil trucho en Facebook…!

-¿Cuáles son las pasiones tristes a combatir en el presente? ¿Y cuáles las alegres para cultivar en mundo hostil? ¿Hostil para quiénes?

Ojalá fuera hostil de este lado del mundo, es más bien plano, ausente, borrado, carente de todo tipo de confrontación o conflicto, por eso me parece esencial incomodar, declarar la guerra, hacer que la situación se presentifique para agitar un poco el avispero con el anhelo de producir algún efecto, algún fluyo vital, como un desfibrilador sobre el beat de un corazón que se apaga. Y cuando el acontecimiento viene como un tsunami tener a mano la tabla de surf para surfear la ola lo mejor que se pueda sin ahogarnos. La verdad que más que “cuáles” continua siendo “cómo”: cómo pensar lo que se suele llamar enfermedad, cómo trazar líneas de errancia y fuga, cómo cuidarnos, cómo vivir bien juntxs o solas. Personalmente creo que es muy entristecedor, y por ende es menester huir urgentemente de ahí, esa inocente creencia en que la promulgación de una ley no está en relación directa o indirecta con una política de mercado y la reafirmación del capitalismo. Hay que dejar de tener confianza ciega en ciertas cosas y tomar recaudos antes de expresar deseos porque a veces las plegarias son atendidas, en lo relativo a la “justicia”/legalidades y a la judicialización y punitivización como modo de resolver conflictos. Nadie, excepto Zaffaroni, habría pensado que, una vez derogada la misógina y sexista figura de infanticidio (que contemplaba penas aún más bajas que el aborto, para alguien que “asesinaba” a su hijo tras el parto), tendríamos un caso como el de Romina Tejerina. Del mismo modo habría que pensarse mejor qué supondría que se promulgue una ley de aborto legal con una causal como “grave malformación fetal”. ¿Qué significa eso? ¿Una persona down, con crohn, asperger, fibrosis poliquística y la monita Lucy con su pulgar oponible de donde descendemos todas o un feto inviable acéfalo? ¿Por qué la libre elección y autonomía sobre el propio cuerpo es defendida acríticamente cuando se trata del aborto (cuestión que yo también defiendo aunque no me desentiendo de la reterritorialización neolilberal que predica un sujeto que elige libremente, ¡vaya oxímoron!, responsable de sus actos) pero no cuando se habla del trabajo sexual? ¿Por qué el abolicionismo puede esgrimir argumentos rayanos con el cristianismo y el fascismo cuando se trata de la oferta de servicios sexuales pero después está vedado cuestionar la eugenesia de una ley que habla de “malformación”? Tenemos suficiente información para entender que si el DSM tipifica como “síndrome antisocial” ciertas prácticas anticapitalistas, insurreccionales, ¿por qué un día eso mismo no habría de ser trasladado a nivel moléculo-genético y se considerará una malformación abortable? Un mundo feliz de Huxley ya llegó y 1984 de Orwell parece el manual de instrucciones de la primera materia de Adminsitración de Empresas o Marketing, ¿entonces por qué es conspiranoico y ocioso pensar que no es rentable un usuario de prepaga u obra social crónico (por ejemplo con Crohn, con el dinero que hay que invertir en mantenernos con vida, con la cantidad de días -es decir, dinero- que nos pasamos internadas) y por ende es mejor encontrar la forma de ser descartados sin más so pretexto del derecho a elegir -que yo también sostengo? Estoy haciendo un llamamiento a desconfiar de los deseos y a construir vidas más vivibles para todas las mutantas de este mundo a riesgo de que desaparezca la diversidad y el fascismo se instale para siempre. Sé que se me suele sacar de contexto y que no importa cuánto me esfuerce en anclar mis palabras para que burdamente no proliferen hacia cualquier tipo de sentido, por eso, afirmo que estoy, como la feminista que aún soy, completa e irrestrictamente a favor del aborto a cómo dé lugar.

-¿Cómo definirías tu pensamiento y tu escritura, que en parte presuponen una biblioteca libertaria leída a contrapelo?

Creo que la definiste bien vos. Supongo que me he vuelto una terrorista, una enemiga pública y una franca-tiradora. No me da miedo, no soy ni la primera ni la última de una estirpe maldita. Lo que haga el enemigo con mis palabras me importa un bledo porque lo importante es lo que mis palabras hacen contra las discursividades que crean agentes voluntarios del control imperial. A veces me da paja, eso sí, porque suele ser agotador enfrentarse a la imbecilidad de la mediocridad, y disculpen la cacofonía. Es exactamente eso con lo que cuento, una biblioteca libertaria leída estrábicamente o a contrapelo, como nos decía en clase que había que leer la literatura toda el viejo Viñas, digamos, como si la comentáramos con Foucault, sumada a una biblioteca de la Antigüedad grecolatina de la cual no reniego sino, por el contrario, es donde encuentro un solaz pesimista y suspicaz como formas de sarcasmo para poder resistir alegremente, más un placer de novela por ciertas área de la filosofía, que de manera autodidacta aprendí como buena ácrata, sin descuidar el hecho de que ciertos géneros considerados menores (desde la ciencia ficción hasta las filosofías no platónico-aristotélicas del mundo antiguo del mediterráneo) brindan cuando no respuestas al menos armas para defenderse que suele ser atacar. No puedo evitar cada día más no hacer del pensamiento filosófico una poética, es decir una política, o al menos, intentarlo. Tampoco quiero. Si me muero, cosa que va a pasar, espero devenir espora, colectivos ya tenemos, y nunca están adaptados a la diversidad funcional.

 

 

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La luz de un cigarrillo, una obra sobre inmigración e identidad sexual

En una conversación con Boquitas Pintadas, el dramaturgo Daniel Teveles habla de La luz de un cigarrillo, la obra que dirige y puede verse por estos días en Buenos Aires. Va los sábados a las 20:30 en La Mueca, Cabrera 4255.

Daniel Teveles director de La luz de un cigarrillo; foto: prensa

-¿Por qué decidiste adaptar esta obra? ¿Qué encontraste de atractivo?

-La luz de un cigarrillo, de Marco Antonio Rodríguez, es una obra costumbrista, cursi como estética y pasionalmente latina. El texto me atrapó porque está excelentemente escrito. El autor, de origen dominicano y nacido en Nueva York, sabe y conoce muy bien la historia de estos inmigrantes. Es un texto increíble y brillante, donde el costumbrismo está insertado de tal manera, en un contexto totalmente diferente y entra en conflicto con fuerza, molesta, incomoda al espectador y eso lo hace rico como estructura dramática.

La obra habla sobre la inmigración, las raíces y la identidad. Estos temas me movilizan y están muy adentro mío (soy nieto de inmigrantes), encierran cierto misterio y preguntas. De eso no se hablaba. Era oscuro y sufriente. La guerra y adaptación al nuevo mundo. Sin embargo, esos recuerdos de mis ancestros eran contradictorios. Ellos añoraban muy a pesar de todo su tierra natal. Y esto es lo que les pasa a los personajes de esta obra. También me interesó esa construcción subjetiva, como concepto de identidad cambiante. Estos emigrantes buscan un exitismo, donde priva lo material, deslumbrados por el “carro”, las marcas que etiquetan, las luces de neón. Donde no hay un techo, más allá de las necesidades básicas que son reales y concretas y emigran. El concepto de nacionalidad… ¿Qué soy: Dominicano o Norteamericano? Es una construcción subjetiva, que no es pura. La masculinidad como construcción subjetiva, tampoco lo es. Como cada uno se ve a sí mismo. Y ese dinamismo cambiante, donde nada es puro en sí mismo, “contaminante “, es atractivo.

Un maestro mío, en Dirección teatral, decía que es muy difícil dirigir historias donde los personajes estén ligados a nuestra propia historia, que el Director necesita poner distancia. Y, si bien hay cierta verdad en el asunto, esto no es absoluto. La elección de un texto siempre está condicionada a cuestiones propias en algún punto. En mi casa estaba la idea de que los hombres no deben llorar, el debut sexual era un examen, el fútbol y los autos eran los pilares de lo masculino. Y a mí no hay algo que me aburra más que el fútbol. Todo era una mariconeada si salías de los preconceptos culturales pautados. El deporte nos hacía hombres fuertes, los profesores de educación física llevaban la masculinidad como sinónimo de ser un buen deportista. Eran fascistas en su concepción y, aunque suene vengativo, lo padecí. Pertenezco a una generación de cambio, bisagra. No existe cuestión más visceral que las raíces y como uno se ve por dentro…él ¿quién soy?

¿El quién soy yo? está ligado a nuestro ser más íntimo. Siempre estamos en la búsqueda de lo que somos, como los personajes. Cambiantes. ¿No es eso muy humano?. Se es misógino de una manera similar a la que se es racista. Yo como judío entendí el concepto de homofobia. Me identifiqué con esa problemática y el protagonista como minoría.

Soy médico y una vez me llega una consulta de un padre que me cuenta sobre su hijo. Y me queja de que no sólo es judío si no homosexual. No entra dentro de los parámetros sociales al 100 %. Doble minoría. La lucha será doble en la búsqueda de generar y buscar nichos de libertad. Acá, además se incorpora la dura contradicción de lo dogmático, de la religión, homosexualidad y pecado.

Los conflictos de esta obra tienen que ver con los deseos opuestos intensos, de choque entre Luz (que encarna la actriz Gaby Barrios) y Julio Cesar (Orlando Alfonso).

Los personajes son ambiguos, contradictorios y divertidos, porque son opuestos. Tienen energía por demás. Los ensayos también fueron agotadores por ese motivo. Me gustan las transiciones cortas en las emociones, porque revelan una auténtica pasión irracional. Ritmo en la sangre. Merengues, boleros, palo dominicano, matizan los altibajos de los personajes. Bailan merengue aunque se les caiga el mundo. Y eso es un diamante en bruto para trabajar en dirección.

Está hablada en un acento dominicano y eso fue un gran desafío para mí, especialmente por lo exótico. Buscaba que suene orgánico, natural, no impostado. Fue una decisión difícil, pero interesante de encarar. Tuve que trabajar desde dos lugares al mismo tiempo, la emoción y el acento local. Conté con dos asesores de acento dominicano y costumbres. Y eso hace que las imágenes teatrales sean frescos de una aldea dominicana, en un contexto puramente gringo.

-¿Por qué la adaptación del texto de Marco Antonio Rodríguez?

-El texto es intenso y visceral. Como director requiero libertad, no puedo trabajar un texto de otra forma. La adaptación es necesaria cuando concibo un proyecto teatral, porque necesito, además, resaltar los aspectos del texto que quiero contar, recrearlo, de acuerdo a mi propia mirada, concepción estética y dar lugar a las imágenes integrales que aparecen en mi imaginario, en mi interior. Y además es importante considerar que está destinado a un público argentino, diferente, personal. No es el espectador de Estados Unidos u otros países de Latinoamérica, hay muchas cuestiones que nos son propias.

Marco Antonio, el autor, nos mostró como un público exigente, en una entrevista. Yo diría distinto.

Le agradezco al autor infinitamente, porque me permitió esos cambios. El estuvo para el estreno y su aceptación, me alivio en sobremanera, de esta, mi versión personal de La Luz de un Cigarrillo. Lo hizo explícito en un reportaje televisivo en Nueva York. Traté de no apartarme de lo que el autor quiso contar. Hay un personaje nuevo, como el espíritu de sincretismo, de la tierra o, de la curación, del vudú, que no está en el texto original. Realismo mágico, una inserción cultural afro latina, de profunda raíces dentro de otro contexto muy opuesto. Eso me gusta. Mezcla de culturas en permanente construcción e intercambio. Es un espíritu de resolución (Raga Hernández) que cura y sana el conflicto y traen la impronta de las raíces, como en un espejo, donde los personajes se miran. La orientación sexual de Julio César (que interpreta el actor Orlando Alfonso, hijo de Luz), me llevó a cambios de mi mirada. Ellos me llevan a una visión de adulto en el personaje, fuera de las inhibiciones y mirada de su madre. Se despide, no como un niño que adolece. El busca y trata desesperadamente buscar su libertad, y ser aceptado como tal, en un lugar o un espacio, que no le sea hostil y no lo asfixie. La alusión de Trujillo en esta versión, que hace su madre, frente a determinadas cuestiones, encajan muy bien con su personalidad. Ella hará lo que puede y modificara su postura, en 48 horas que dura el encuentro con su hijo, y lo hará a su manera. Los personajes necesitan un tempo dramático y procesar sus emociones de acuerdo a lo que son. Aunque deseemos lo contrario. Ellos son de una determinada manera y esto no se modifican totalmente, menos en ese corto tiempo. Por eso, he recortado textos, agregando otros para agilizar la puesta .

Acentuar la problemática de los inmigrantes, fue una búsqueda constante, porque la temática es de gran actualidad, Textos como…, háganme la fila, dice un coterráneo en el consulado, que daba más miedo que el cónsul, ¿Hablan inglés? …un culo cagao del mismo barrio, en la obtención de la visa “gringa”, .son alusiones que acentúan el dramatismo…. Porque recurren a actos de supervivencia contraria a la ética y en una desesperada necesidad de pertenecer, desvalorizando su propia cultura, su lengua. Nunca, además, los inmigrantes, se terminan de ir del lugar de origen. No somos de allá dice Luz, ni de acá tampoco dice Divina (hermana de Luz y tía de Julio Cesar que encarna Mirna Doldan)…….. Los sueños se realizan cuando uno vuelve…… Porque recién en generaciones posteriores, serán ciudadanos de primera, con todos sus derechos.. ¿Qué buscan Luz y Divina, esas hermanas, cuando emigraron a ese mundo que les es hostil?

Bienestar, una vida mejor, pero solo está en su imaginario. Luz está sobreadaptada y por su estructura psíquica, en contradicción permanente. Porque fueron muchas las pérdidas. Luz se queja de que el sistema la explota. El no pertenecer, le genera rechazo. Luz dice, acá apenas me ven, se queja de su destino…. Sin embargo, quiere la Green Card, como un divino tesoro. Divina esta en ese mundo que ella eligió, hasta cierto punto. Es honesta y mas autentica, lo vive de forma menos hipócrita, más libre, sin olvidar sus raíces, los olores de su pueblo, sin tanta culpa. Por todo esto necesite recrear texto para mostrarlo y recortar otros, con poesía que ayude a las acciones.

-¿Qué concepción de familia se pone en juego en la obra?

-Hay tres núcleos o modelos de familia en el texto. Lo que está en discusión es el modelo tradicional: dos mujeres, dos hombres, como nuevos modelos de la modernidad.

1 Luz, madre soltera

2 Divina, un núcleo familiar tradicional, pero divorciada.

3 Julio César con Russel, su pareja gay hombre. Y Maggie gay mujer.

-¿Qué momento de la obra rescatás como más memorable desde tu punta de vista y por qué?

-La obra tiene escenas de mucha belleza y sensualidad. Son imágenes que me conmueven La aceptación de Luz cuando su hijo se va y lo hace de la manera que ella mejor puede hacerlo. Julio César se sorprende y da una imagen de felicidad en su rostro, con acciones, sin palabras. Difiere de la original. Es de extrema ternura. Salió de mi imaginario y la he visto desde su gestación, no obstante, me produce piel de gallina, cada vez que la veo. Pero verla en el afuera, es sublime. La escena del espíritu y las miradas de conciliación madre e hijo, de la “curación” del conflicto y el retorno a las raíces, son de un humanismo increíble. La escena del baile casi edípica de Divina con Julio César en La Lupe y otra con la vecina, después de un tensa pelea.

-¿Cómo contarías lo que trata la obra?

-Luz, una campesina dominicana inmigrante en Nueva York, espera en casa a su hijo Julio César quién regresa de Dallas después de 5 años, para asistir al velorio de su padre.

Julio César es homosexual, decidió ser actor en contra de la voluntad de su madre y necesita desesperadamente aclarar su pasado, su origen. Luz es profundamente machista, reniega de su país, de su familia. y nada de lo que deseó para su hijo se ha cumplido .

En medio de esta compleja relación madre – hijo, aparece Divina, hermana de Luz. Una mujer orgullosa de ser dominicana, amante de la música, la comida y los hombres. Divina perdió a su hijo Albertico en un accidente aéreo y vació ese amor de madre en su sobrino.

Durante dos noches, esta familia intenta reencontrarse con un pasado que está lleno de secretos, prejuicios y dolor por la pérdida de la patria y los amores. Una testigo del conflicto familiar es su vecina y compañera de soledad, la cubana Lydia (Lucía de Vita) que aporta notable sensualidad a las escenas.

-¿Cómo se trama la homofobia, el machismo y la inmigración?

-Bolita, judío o ruso de mierda, puto de mierda, se la come, judío usurero, me salió machito, el vago, es un nerd, etc. son palabras que están en el inconciente colectivo. Siglos de oscurantismo religioso, hipocresía y prejuicios están en los humanos, todos estamos etiquetados…Los ideales de lo que es ser Hombre en el imaginario de esta madre, tan conservadora, son inobjetables para ella, contiene estrictos juicios de valor. La religión y la diversidad no se define claramente. La Iglesia católica no se juega en forma clara. Luz idolatra al Papa y pesa…Y años de historia familiar condicionaron su ideas. Su único hijo no entra dentro de sus cánones. Luz es un personaje muy solitario, no tiene a nadie pero tampoco termina de aceptar a su único hijo.

La protagonista es un personaje muy complejo. Ella llegó a Estados Unidos buscando un futuro mejor, pero nunca terminó de adaptarse e integrarse a la sociedad. Por un lado, critica su Dominicana natal, no la quiere volver ver pero aún cocina sus sabores, escucha su música, baila sus ritmos. Se siente desilusionada en su vida, no termina de pertenecer a ningún lugar, tiene su greencard, sus varios trabajos pero sabe que no es Americana. No es de aquí, no es de allá.

Julio César y Luz son dos personajes que no terminan de encajar, de pertenecer. El hijo no entra en los ideales de su madre y le oculta su verdadera persona, no comparte su vida con ella. La madre quiere participar en la vida de su hijo, pero ella misma se ha puesto las barreras en su relación con su hijo. La obra muestra la relación de estos dos personajes que buscan aceptación, ya sea de una madre, de una hermana, de un hijo o de uno mismo de la sociedad.

Toda fobia implican miedo, pero la homofobia involucra odio, miedo e ignorancia. Los miedos, los prejuicios, existen, es parte de la condición humana .La cuestión está en la medida y tomar conciencia de ello, entonces podemos llegar a modificar y producir los cambios y y desprendernos de los lastres.Dudo que esto se modifique en su totalidad. América se construyo de inmigrantes e indígenas. Tememos al diferente, por nuestra propia seguridad. Miles de voces se alzan en busca de cambios sociales, ese es el camino. El matrimonio igualitario legal es en parte por ello. Pero esto no alcanza, porque los prejuicios están y lo peor es cuando no lo están abiertamente, adoptan diferentes formas, como la censura , ignorando y descalificando al diferente.

Pero si hay algo que nos salva es el amor, esa construcción tan maravillosa que tenemos para llegar a poder aceptar las diferencias, como lo hace Luz, al final, en esta historia de familia “normal y corriente”.

 

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Facundo Soto publicó el libro El Club de la Paja

El título del libro no busca metáforas: El Club de la Paja. Facundo Soto, Facu, como prefiere que lo llamen, se dedicó a investigar el mundo de quienes gozan sin contacto físico, penetración, ni relaciones gay. “Sólo les gusta la paja. La paja entre amigos o desconocidos”, descubrió Facu. Primero escribió un artículo periodístico y, luego, un libro. Así de inspirador le resultó el asunto.

La colega María Ibarra conversó con el autor. Aquí, esa conversación que comparte con los lectores de Boquitas pintadas.

Facu Soto; foto de Juan Manuel de Brito

 

-¿Qué te llevó a escribir El Club de la Paja?

-Me llevó esta nota. Investigando para el Soy de Página 12, donde hago colaboraciones desde hace 6 años, me encontré con un montón de site pajeros, donde a los chabones no les gusta el contacto físico, la penetración ni las relaciones gay; sólo les gusta la paja. La paja entre amigos o desconocidos. Gozan de estar pajeándose al lado de otro macho. Y hay variables. A algunos les gusta pajearse solos y a otros hacerse una paja cruzada. Es todo un mundo. Suben videos. Hace cuestionarios donde cuentan encuentros… Y también se encuentran en casas, para pajearse. Hay tantas variables de la sexualidad como personas. Pasa que… la gente no anda, generalmente, contando sus intimidades por ahí…

-¿Sabés de algún libro que hable de estos temas? De ser así, ¿lo leíste?

-Sí, el comienzo de Pulsión, de Esteban Castroman narra un grupo de chicos, creo que riojanos, que pajean en círculo. Después, la novela, va para otro lado; pero eso está. En realidad no es tan loco. Un montón de amigos y conocidos héteros me cuentan que cuando eran adolescentes se juntaban para pajearse, y algunos todavía lo siguen haciendo. Fue muy divertido el proceso de investigación para la nota, porque (todavía conservo los mails) me mandaban Abrazos pajeros. Querido periodista pajero… Era algo así como la bati cueva del bati servicio, pero en versión paja. Uno me dijo que estaban organizando para hacer La marcha del Orgullo Pajero. El hombre, con voz de trueno, me decía: Si está la marcha del orgullo de los putos, de los faloperos… ¿por qué no la marcha del orgullo pajero?

-¿Quién fue la primera persona en leerlo y por qué?

-Un domingo, comiendo en casa, estaba Ariel (Bermani), Gaby (Luzzi), Tenshi (Virargo), después del asado entramos al living a tomar un café. Hablando de todo un poco salió el tema de la nouvelle, que ya se la había dado a Tenshi para que la ilustrara, de manera libre; porque yo re confío en ella, y la re admiro, es parte de mí, de mi obra, de mi vida. Sé que si hago algo y ella tiene tiempo y ganas, se la paso, nos juntamos a tomar un té y hacemos algo juntos. Me encanta tener proyectos con la gente que quiero y admiro. Me encanta eso. No me gusta trabajar solo. Me gusta entregarme ciegamente a las ideas del otro, aunque no las entienda o no las comparta; igualmente digo que sí, porque confío en la persona. Y después veo los resultados y digo, qué buena decisión haber confiado en el otro. El otro sabe. El otro hace las cosas bien, y con amor… Igual, en el caso de Tenshi, lo que me propone es re loco porque es justamente lo que yo tenía en la cabeza.

-¿Cuál es tu personaje favorito del libro?

-La escena donde Patricio se encuentra con su papá, y dan vueltas cíclicas en el kayak, en el Tigre. Cada vez que leo esa parte siento un montón de cosas. Siento una corriente de menta fría… Veo un cielo gris. Ese aroma al río, del Tigre…

-¿Te gustaría ver una película de la novela?

-Sí, me parece que es re cinematográfica. De hecho, si bien tiene un hilo lógico-racional que atraviesa la nouvelle, está escrita en imágenes…. Me gustaría que la dirigiese Hitchcock, porque podría hacer algo bueno, en serio. Y que la protagonizara Kurt Cobain.

-¿Qué leías y qué música escuchabas mientras escribías El Club de La paja?

-Intenté leer los policiales que los escritores reconocidos dicen que están buenos, pero, la verdad, no me pasa nada con Chandler, Hammer, y los escritores de elite, los de moda como los posta del policial. Me gusta Patricia Highsmith. ¿Qué leía? La verdad es que no me acuerdo, porque fue en el 2012… Dejame que piense un cacho…

-¿La considerás una novela policial, de suspenso erótica?

-Queda bien decir que no tengo idea, que yo simplemente escribo, que es función de los críticos encasillar la obra. Que la obra es libre. Pero, la verdad es que la considero de género gay-queer. Es decir que rompe con lo hetero- normativo- patriarcal; por múltiples razones. Conscientemente de mi parte, porque escribo un libro que me gustaría comprar y leer y disfrutar. Y tiene aires, o la estructura de un policial, sin policías, sin armas, pero con sangre. Con mucha vitalidad y virilidad… Tiene suspenso, claro. Y erotismo creo que tienen casi todas las palabras que elijo, porque busco eso, que tenga sangre, libido, clorofila la sangre. Me gusta más lo porno que lo erótico, sé que queda mal decirlo, que se supone que el erotismo es más intelectual, más sutil, que lo que falta es lo que uno se imagina y lo excita; pero no. Lo explícito. Lo concreto es lo que me gusta a mí, y creo que tiene que ver con los tiempos que corren… Con Twitter, con la Play, con todo…

Portada del libro de Facu Soto

-¿Hay alguna oferta para editarla en el extranjero, en otro idioma?

-Ninguna. Hace un tiempo estaban avanzando con Juego de chicos- Crónicas de fútbol gay para traducirla al francés, con una editorial re linda, que saca los libros ilustrados, a color; me reuní una vez con la editora en un bar del centro, pero no prospero. Carita triste jajaja. No, ninguna. Y no creo que la tenga… Publico en editoriales independientes, pequeñas. Ahora va a salir Fotocopia por Paisanita Editora, otra nouvelle hecha sin narración, solo dos diálogos. Que uno se va imponiendo en extensión sobre el otro. Pero, bueno, no me quiero ir por las ramas… Esa va a tener más distribución porque va a estar en los shoping y en librerías. Esta salió por Eloísa cartonera y se consigue en La carto: Venezuela 3892, en el barrio de Boedo, o en el puesto de diarios, donde venden los libros cartoneros, en Av. Corrientes y Montevideo. Después la agitan llevándola a ferias independientes. Es otro circuito, que me encanta. Por ejemplo, cuando salió El olor de tu remera, también por Eloísa Catonera, me escribió un chico de Catamarca, que estaba leyendo el libro en el colectivo y que el libro lo había ayudado a tomar la decisión de perder el miedo a decir que era gay cuando se lo preguntaban. Después me decía cosas hermosas, que tenía el libro en la mesita de luz y que lo amaba, etc. Otra vez, alguien desde Paraguay me escribía felicitándome por el libro. Quiero decir, con Eloísa llego a gente que, creo, de otro modo no llegaría; porque creo que es gente que, quizás, no iría a la librería a pedir ese libro…

-¿Cuál sería el idioma en el que más te gustaría verla traducida y por qué?

-Pornográfico 100%. Me gustaría que se hiciera una peli porno 100%.

-¿Qué estás escribiendo ahora?

-¿Lo digo? Bueno, tres libros a la vez. Uno el directriz. Y dos más colaterales. Y por corregir otro que es viejo, pero que tiene 140 páginas y seguramente va a terminar teniendo el doble. Poesía siempre. Notas para el diario. Terminé uno, hace poco, que me gusta mucho… Preparando clases sobre Poesía gay y de los 90s que vamos a dar con Gaby Luzzi, María Gómez y Cucurto en la Universidad de Avellaneda.

-¿Cuántas horas por día le dedicás a la escritura?

-It’s depends. Escribo cuando tengo una idea o algo que no quiero dejar escapar. Algo que me parece que tiene algo luminoso adentro. Algo que me sorprende, y que puede llegar a sorprender al lector y a darle un lugar. Que le puede disparar o encender algo; sino no. Entonces escribo en el celu, en el subte, escribo en el pasto tomando una limonada, escribo en casa a la noche mientras leo o miro una peli… Hay días que no escribo nada. Otros que un par de horas. Si no siento esa cosa en la panza, no escribo. Tiene que haber libido, en mi caso, para escribir. También me gusta el laburo de edición. De ver el texto estirado, en la mesa, recortar, pegar. Eso, tipo collage me encanta. Lo que no me gusta es la corrección obsesiva. Una vez, los editores de Conejos, me mandaban una versión tras otra para corregir. Sacar la palabra pija que la habían contado y aparecía más de 150 veces. Corregía. Corregía y corregía hasta que me broté y tiré la notebook por la ventana. Posta. Los conejos quedaron anonadados después de eso… Fue al antecedente a lo que hice en el Matienzo.

Facu Soto; foto de Juan Manuel de Brito

-¿Qué es lo que más te gusta hacer cuando no estás escribiendo?

-No me gusta estar solo. Sufro. Me desintegro. Necesito a alguien que sostenga mi imagen porque sino me desintegro. Cuando no escribo trabajo, porque soy un fucking proletario, juego al fútbol. Voy al gimnasio. Tengo una vida simple. No me gusta el sexo sin amor. Me gusta lo otro…

 

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Sandra Russo: “El patriarcado es un sistema de castración para todos y todas”

La escritora y periodista Sandra Russo, esta vez, se anima a un libro que, en diferentes registros, reflexiona sobre “lo femenino”. En vísperas de la marcha por #NiUnaMenos, en diálogo con Boquitas pintadas habla de los orígenes de esta obra en la que viene trabajando con variados apuntes desde hace mucho tiempo.

Alejada de la perspectiva que suelen ofrecer los libros de autoayuda acerca de las mujeres, Russo lanza preguntas sobre la feminidad en textos que hablan del malestar de lo femenino a partir de un relato personalísimo centrado en la vida de su madre, de los diferentes tipos de patriarcado y, también, de los femicidios que se cometen cuando las mujeres toman la decisión de separarse.

Además, en su libro hay una historia de vida transexual que aborda un tema muchas veces tocado en este blog: la posibilidad de alguien de asumir su propia identidad de género y vivir en consecuencia. En este libro diverso también se incluye un ensayo que es un contrapunto político y estético entre Cristina Kirchner y Ángela Merkel, para problematizar el tema del sexismo en la política.

 

Lxs invito a la entrevista y, también, al libro. Especial para estos días de reflexión sobre violencia de género #NiUnaMenos #VivasLasQueremos.

-¿Cómo surge la idea de este libro?

-Como se puede ver a través de su lectura, este libro consta de apuntes que fui tomando a lo largo de mucho tiempo sobre cuestiones acerca de lo femenino. Fui pensando en esos temas, que a veces eran pliegues de otros temas sobre los que trabajaba en los últimos años, porque naturalmente es una temática que me interesa, me atrae, deviene de muchas preguntas que cualquier mujer se hace sobre su propia feminidad. Sobre mujeres suele haber muchos libros en el registro autoayuda, o de humor, o directamente de psicoanálisis. Yo quería encontrar otra cuerda para tocar. En cierta manera, todo el libro habla de un malestar de lo femenino, abordado desde diferentes puntos de mira.

-¿Por qué combinar estos 6 textos de registros tan diversos? ¿Qué trama buscabas con esos “hilos” de tan distinto espesor?

-Si bien trabajé en radio y en televisión, mi trabajo de hace más de treinta y cinco años se sostuvo en la gráfica. Para mí la escritura siempre es la base del pensamiento. Y a lo largo de tanto tiempo, exploré en diferentes la laburos distintos registros que quise usar como herramientas. Por ahí a un lector le funciona más un registro que el otro, pero creo que en todos está mi voz. Hay un relato muy personal, sobre mi madre y su locura, que se entremezcla con un ensayo sobre la abnegación femenina, un segundo ensayo sobre los bonobos y los chimpancés, donde uso bibliografía de primatología, pero lo intervengo con reflexiones políticas. Otro ensayo tiene que ver con una exposición sobre diferentes tipos de patriarcado y sobre los femicidios que se cometen porque las mujeres toman la decisión de separarse. Hay una historia de vida transexual, que llevó a Eduardo Alemán a convertirse en María Laura. Hay un contrapunto político y estético entre CFK y Angela Merkel. Y hay un cuento, pura ficción, que habla de las viudas en las tragamonedas. Todo junto yo creo que da un abanico de temas interesantes que espero que sean de lectura honda pero entretenida.

-¿Cómo explicás la cuestión de que lo cultural desarrolla (y habilita) un tipo de feminidad predominante? ¿Por qué esa manera de ser puede funcionarnos como un latigazo, un malestar en ciertas mujeres? ¿Qué viene a decir el relato de tu madre en relación a esto?

-Bueno, ésa es una de las preguntas del libro. Porque no se trata sólo de la cultura judeocristiana. Cando hablamos de patriarcado a veces pensamos todo desde nuestra propia cultura. Pero a las chinas les quebraban los pies para que fueran un fetiche cultural, y a las mujeres africanas, en varios países todavía, les cortan el clítoris sus propias madres. Ahí se ve más claramente como en los distintos patriarcados y a través de distintos mecanismos las mujeres en tanto madres somos replicadoras e instructoras del pensamiento patriarcal. Si estamos bajo la influencia completa de esos pensamientos dominantes, que nos asignan a las mujeres no sólo engendrar y parir a los hijos, que es lo que surge de nuestra biología, sino además criarlos y permanecer con ellos en el ámbito privado, el  malestar es inevitable. Hace dos segundos históricos que las mujeres nos pensamos a nosotros mismas como seres autónomos. Venimos de siglos y siglos de aceptar el rol cultural asignado como parte de nuestra esencia femenina. Y no lo era. Se podía ser mujer de otro modo. En la figura de mi madre yo leí esa frustración, esa contradicción interna que no pudo resolver, pero si hablo de ella es porque no creo que sea una historia demasiado singular, aunque yo le doy mucho volumen a su historia. Creo que ella representa a muchas mujeres de su generación y de generaciones anteriores que nunca se preguntaron honestamente sobre sus deseos.

Sandra Russo, en un espacio de militancia

-¿Por qué creés que aún hoy hay que aclarar que a quienes no sienten el deseo de ser madres no les “falla” nada? ¿Ese es como el “mandato de los mandatos” en relación a lo femenino?

-Por lo mismo que te decía antes. El patriarcado nos toma primero como criaturas que alcanzan la satisfacción sólo con la penetración real y simbólica de un hombre. Para el patriarcado el sexo es solamente reproductor. De eso de desprende que las mujeres buscamos en la relación sexual, indefectiblemente, un hijo. Y cuando el hijo llega, solos quienes nos ocupamos del maternazgo, esto es: es nuestra responsabilidad criarlo, educarlo, ser el contacto y el nexo entre ese hijo y el mundo. No hay nada en nuestra biología que indique que una crianza compartida con el varón o con la comunidad sea menos “femenina” que la que lleva adelanta la madre con exclusividad. Por supuesto, si una mujer, bajo esta óptica, no siente el deseo de ser madre, no cumple con los requisitos de la feminidad esperada. Y en ese caso no es un problema de la mujer, son de la cultura.

-¿Qué rescatás como aprendizaje entre primates y esas alianzas que tejen entre las hembras?

-Como a todos los que se enteran de su existencia, los bonobos me fascinaron. Viven en una armonía que desconocemos, y que desconocen también los chimpancés. Con ambas especies compartimos el 98 por ciento de nuestro ADN. Los bonobos no violan a las hembras, no cometen infanticidio, no llegan al derramamiento de sangre. El sexo, que es bisexual, es el regulador de la vida de la comunidad. Pero tanto en bonobos como en chimpancés hay empatía. Esto me importa mucho. Las dos especies registran su capacidad de ponernse en el lugar del otro y hacer algo para evitarle dolor. Esto significa que no es la cultura, ni la “humanidad” lo que creemos “humanitario”, sino una pulsión a veces más fuerte que la hostilidad, que hace que necesitemos ser solidarios, es una energía biológica. Es un capítulo con mucha información y muchas preguntas que se hacen también los primatólogos en relación a la violencia. Las hembras bonobo, por su parte, tejen alianzas permanentemente para controlar la violencia de los machos, y saben cómo apaciguarlos. Los chimpancés, por su parte, son capaces de matar por celos. Los bonobo no. Entre otras cosas, porque las hembras bonobo no exudan ningún olor cuando ovulan, de modo que no habría manera de que los machos se disputen a una hembra en celo para fecundarla y prolongar un linaje. Entre los bonobo no existe esa tensión.

Lo femenino, de Sandra Russo

-El contrapunto político y estético entre Cristina Kichner y Ángela Merkel, ¿qué te permitió concluir en relación al sexismo?

-Básicamente, que no hay una “feminidad del poder”. No importa si una mujer con poder político tiene el pelo largo o corto, si es coqueta o no, si usa tacos altos o no, si sabe cocinar o no. El entramado mediático, que responde a un lineamiento patriarcal, no se detiene en ningún rasgo femenino para exaltarlo o criticarlo por sí mismo. Lo que importa es qué políticas aplica esa mujer. A partir de eso, que es lo único que importa, decide si un zapato sucio significa mal gusto y dejadez personal, o si significa preocupación por las cuestiones de Estado y contracción al trabajo. Es decir, el sexismo existe, por supuesto. Pero es un ariete. Una herramienta que se usa al servicio de cuestiones más permanentes que el alto de un taco. Como trataron los medios a CFK ya lo sabemos. A Merkel la  gran prensa europea hasta le perdona que sea una mujer, como sucedió muchos años antes con Thatcher.

-¿Qué vinculación encontrás entre la violencia de género -expresada en extremo en miles de femicidios- y el patriarcado hoy vigente?

-Todas las vinculaciones posibles. Decía antes que un alto porcentaje de los femicidios se dan cuando la mujer decide poner fin a una relación. El patriarcado, dice en alguna parte el  libro, lo primero que nos quita a las mujeres es el poder de decisión. Muchos varones no terminan de aceptar psíquicamente que las mujeres no son cosas que poseen y de las que no pueden despojarlos nadie, ni siquiera la propia mujer. Y me parece interesante también la idea que el patriarcado no es un partido entre varones y mujeres, sino un sistema de castración para todos y todas. El patriarcado es cruel con las mujeres, pero no hace felices a los hombres.

-La historia de transición de la identidad de género de Eduardo en María Laura, ¿Qué te permite pensar de lo femenino? ¿Más allá de esta historia en particular, en qué sentís que colabora socialmente la visibilización de esta realidad históricamente negada?

-La de Maria Laura es una historia fabulosa porque ella no tiene un tipo de feminidad previsible. No quiere ser una mujer hermosa, ni flaca, ni con tetas, ni nada de eso. Ella quiere ser la mujer que es. Hace no muchos años era un hombre que jugaba al rugby y era padre de tres hijos. Hoy sigue siendo padre de esos hijos, pero es una mujer que dirige coros infantiles y canta sus canciones, que no tiene mucho pelo pero lo tiene decolorado como siempre le gustó, y que transmite la paz que haber luchado contra sí misma y contra los demás, y haber logrado llegar a su propia identidad. Es una mujer totalmente admirable.

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El teatro, una oportunidad para pensar el tema de una nena trans

Te estaba esperando, una nueva obra dirigida por Martín Marcou, se estrena este viernes en el Camarín de las Musas. La propuesta se anima a avanzar en el tema de una nena trans en el contexto de una familia “disfuncional”. En esta entrevista con Boquitas pintadas, el director de la obra revela las razones que lo llevaron a escribir y dirigir esta obra que va más allá del tema trans en la infancia: habla -en términos del propio Marcou- “del miedo a lo distinto, del rechazo a lo que está por fuera de lo normado y de su lugar dentro de la militancia en favor de toda expresión de diversidad”.

Foto: Duche & Zárate

- ¿Cómo surge la idea de la obra?

- Las primeras preguntas aparecieron en el año 2010. Por un lado me puse a pensar en todo lo referido a la idea de “esperar” en el más amplio sentido de la expresión, en qué me pasaba a mí con eso, en qué esperaba yo de mí mismo, de la vida, de la gente, y qué me habían hecho sentir sobre esa idea. En forma inmediata lo uní con la sensación que me producen los sistemas que limitan y generan exclusión y lo instalados que están en el inconsciente cultural. La idea del miedo a lo distinto, el rechazo a lo que está por fuera de lo normado y mi lugar dentro de la militancia a favor de toda expresión de diversidad, me llevaron a terminar de darle forma a lo que quería decir y a cómo lo quería contar.

 

- ¿Qué investigación se hizo para el acercamiento a un tema tan complejo como el de una nena trans?

- En este caso el acercamiento al tema surgió de forma inconsciente y natural, ya que mi mejor amiga de la infancia es trans. Creo que fui acompañando a través de los años su elección, ni tolerando, ni aceptando que son términos que detesto, sino trabajando mi capacidad de comprensión para quererla a ella con más nobleza y honestidad. Aún hoy reflexiono profundo sobre el tema, porque al principio, cuando comencé a esbozar las primeras ideas, recién aparecían algunas terminologías para nombrar de modo correcto las maneras de auto percibirse. Me fui adaptando y aprendiendo de todas las expresiones relacionadas con la identidad de género y además comprendiendo todas sus variables en la dimensión más humana de la cuestión. Todo es aprendizaje y construcción. Me ayudó mucho haber trabajado en otra de mis obras con actrices trans, ir a marchas, charlar con activistas, verlas en acción, ver documentales, películas,  videos, leer sobre teoría queer.

 

- ¿Por qué te parece importante abordar este tema muchas veces incomprendido?

- Siempre estuve muy atento a las manifestaciones vinculadas con las minorías sexuales, y aunque muchas veces me peleé con el lugar que nos da la sociedad héterocapitalista machista y patriarcal, siento que la única manera de desmontar algunas cuestiones y trabar luchas es reconocernos como esa minoría, no hay nada de malo en eso, creo que es una realidad tangible y que desde ahí se puede transformar; me parece, en realidad, un lugar muy poderoso. Mi lugar de enunciación política siempre ha sido el teatro y desde ahí, (yo no resisto), construyo e intento cambiar lo que no me gusta empoderando mi discurso. Yo hablé siempre de esos temas que para muchas y muchos es incómodo porque prefieren no ver, yo se los muestro a mi manera, en el escenario, visibilizando lo que pretenden in-visibilizar. Esa es mi posición, la sostengo, la defiendo, creo en ella.

- ¿Qué le aporta el hecho de tratarse de una niña trans en un contexto rural? ¿Y qué le significa a él la crianza en esa familia tan particular?

- El contexto donde uno se cría siempre es determinante. El personaje no tiene modelos, se auto percibe y se construye a su manera, en un marco singular, silencioso y violento, ahogada en este caso por una madrastra que no la acepta y una media hermana que le teme y la ignora. Además su padre es una figura ausente que viaja por trabajo y al que ve poco. Su única compañía son los perros y las Nanas que van pasando, que siempre se van, están de paso en su vida. Por eso La Nana que vemos en la obra, que es la última que llega a la casa tiene tanta incidencia. Porque no solo viene a cuestionar la idea de familia como institución, sino que viene directamente a destruirla. En ese sentido hay una posición muy determinante: este personaje no cree en la familia, en todo caso cree en agruparse con el que uno tiene ganas rompiendo compromisos que asfixian y limitan. La familia para ella es una prisión, no es una posibilidad, no cree en las libertades manipuladas, sino en construir su propia idea de libertad, que para ella es perfecta porque no pide permiso para que se la otorguen, sino que la vive.

- ¿Cómo fue la elección de actor de quien sería la nena trans? 

- Es un adolescente. No quiero contar mucho para que vean la obra. No fue una búsqueda sencilla, yo quería un actor trans, ésa fue mi primera elección, pero todo me fue llevando por un camino diferente. De hecho empecé a ensayar con dos actores: una mujer y un hombre, en un momento llegué a tener un nene trans y una nena trans, los dos a la vez, se me armó un quilombo en la cabeza terrible, se me mezcló todo, demasiado, y los actores me iban siguiendo como podían y aportando, pero no podía entender bien qué es lo que quería decir, qué pasaba. Todo se me fue develando con el tiempo, los ensayos y a partir del encuentro con personas muy valiosas que aparecieron y terminaron de mostrarme qué estaba diciendo y cómo se veía eso. El trabajo con el actor fue muy interesante porque aprendí mucho y eso para mí es el verdadero valor de todo esto: la experiencia. Por eso hago teatro, para aprender mientras disfruto.

Ficha Técnica:

Elenco: Silvia Trawier, Sofía Bertolotto, Eugenia Iturbe, A. Zedy.
Asistencia de dirección: Paola Salamone
Escenografía y vestuario: Carolina Paredes
Maquillaje: Pablo Pérez
Música Original: Carolina Curci
Dramaturgia y dirección: Martín Marcou
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“Ser puto es subversivo”, opina el escritor Luis Negrón

Luis Negrón estuvo en Buenos Aires presentando la flamante edición de Mundo cruel (Páprika Editorial) con un caluroso recibimiento y reconocimiento al autor, ganador del Lambda Literary Award 2014 for Gay Fiction. El libro de cuentos recorre el mundo gay desde una mirada no gay y a la vez bien intransigente, cruda y marginal, que deja una sensación seca, angustiante, produciendo placer por el entramado de las historias y la prosa al mejor estilo Carver o Dani Umpi.

Luis Negrón, en entrevista para Boquitas pintadas; foto de Facundo Soto

En esta entrevista con Facundo R. Soto, para Boquitas pintadas, Negrón habla de su libro, que ya está recorriendo el mundo. Dice: “Yo  creo que el libro negocia con la homofobia. Ha tenido éxito amplio, no de gueto, porque no lo leen necesariamente los gay. Juego un poquito con esa idea”. Y agrega: “Mucha gente me dice que no sabía nada de ese mundo. Pero cómo se ríen, cómo lo gozan… Buscamos la igualdad y celebramos las diferencias”.

-¿Te sentís parte del movimiento gay-queer, después de haber ganado este premio?

-Lo que me molesta es la forma en que la mercadean, tapas de libros con chicos lindos, musculosos, desnudos. En Guadalajara, una editorial gay, acaba de publicar una novela brasilera del siglo XVIII y ponen un chico en calzoncillo.

-¿Y por qué pensás que pasa eso? Yo tengo una hipótesis…

-Dicen que si no hay un hombre desnudo en la tapa, la gente gay no lo compra… Es lo mismo que los que piensan que, para vender una motocicleta hay que poner a una chica en traje de baño. Identificar un libro para que se vea que es de temática gay no me molesta, incluso estoy muy pendiente de buscar esa familia extensa que uno tiene. Es buscar, un poquito, reafirmar, que somos similares y que vivimos las mismas situaciones. No hablo por un grupo pero obviamente pertenezco. No soy la voz de una comunidad…

-Marco Berger decía que ahora no quería hacer una película gay para no quedar pegado a ser un director de cine gay: ¿Cómo es en tu caso?

-Pues, que te etiqueten está bien. ¿Cómo no te van a poner una etiqueta de portorriqueño o caribeño? Que te etiqueten está bien. Que digan que sos lumpen, o lo que sea; una más está bien… Y si me invitan a un Congreso gay y me pagan, mejor. Mira esta tapa, bien creativo. El que está buscando algo gay, ahí lo encuentra… (Hace referencia a la edición de Páprika con ilustración de María Luque).

-Es más abarcativa…

-Claro, lo pone en un universo más grande, que pertenece a un todo. Esa dualidad que logran acá me gusta…

-¿Cómo trabajaste los cuentos que tienen, a mi criterio, una estructura firme?

-Cada historia la pienso mucho. Algunos son más espontáneos como el de Por Guayama, que tenía una idea poco clara pero… Tú te sientas a la mesa con pocas cosas pero a la hora de escribir se van multiplicando… Es como sentarte a tomar un café pero terminas cenando. Uno también es el primer lector y editor. Cada cuento manda, exige una trayectoria, cuan vicioso puede ser o cuan ambicioso puede ser. No diría que tengo una técnica, pero sí que sean honestos y evitar la trampa. Lo que sobra lo saco.

-¿Qué es lo que pensás? ¿La historia u otra cosa, la forma por ejemplo?

-Oye, pienso mucho lo que escribo. La atmósfera y el sonido, que es lo más importante para mí. Cómo suena un cuento. Cuando tengo el tono me siento con toda la confianza para escribir, porque es lo que necesito. El tono para mí es todo, ya estoy a salvo. Lo demás es disciplina y oficio. Muchas veces me senté a escribir y fracasé, porque todavía no sabía cómo sonaba esa voz. Cuando tenés una idea de una canción, tú tienes algo, pero es la música la que te ayuda a formar la letra. Después le pones la coreografía, la ropa, la música, pero para hacer la letra necesitas la música; para mí. Yo soy un escritor muy de sonido, me gustan las palabras por cómo suenan.

-¿Escribís poesía?

-No, no, pero leo mucho. Acá conseguí un libro de Jaime Gil de Biedma, que andaba buscando desde hace tiempo… Es un poeta esencial, que cuando lo leas vas a saber porque. Es alguien que te habla muy de cerca…

-El libro tiene más o menos la misma atmósfera, que en parte tiene que ver con el tono, o van por la misma línea, de lo crudo, descarnado… ¿Lo pensas así?

- Bueno, hay coincidencias como el escenario, el barrio donde se da que no importa donde es pero es reconocible. Es algo que yo tengo muy presente cuando escribo, es muy orgánico. No lo describo con detalles porque pienso que no hace falta. La esperanza es que eso se traduzca de otra forma, no directamente como lo haces. Sí, si es un barrio grande o pequeño. En el cuento Botella todo transcurre muy rápido,  porque pasa en el barrio de San Juan, donde todo es muy veloz. San Juan es una ciudad que tu recorres bien rápido, porque en tres horas cruzas la isla completa, sábelo, de este a oeste; no nos podemos perder. La frontera del barrio es una imagen importante que yo quería que se permeara en el cuento; yo no sé si esto se transluce… Escribir es pensar mucho, ¿no? No es una cosa así, azarosa…

-A pesar de haber ganado el premio tenés que seguir trabajando, ¿no? Y trabajas de librero en Puerto Rico, ¿no? Bueno, cuando elegís un libro para leer, ¿en qué te fijas? ¿Qué buscas, qué esperas de un libro, como lector?

-Bueno, estoy muy pendiente de los títulos. El primer párrafo. A la gente que tiene dudas, para llevarse un libro, le digo que se siente por ahí y que empiece a leerlo; y si lo agarra que se lo lleve. El primer párrafo tiene que convencerte, la oferta. La entrada a una novela o a un libro de relato es como el lobby, tú sabes que ahí está la información que te lleva, a veces directamente a la habitación.

- Que te lleve a algún lugar…

-Un libro es un compromiso. A veces a largo plazo. Y tenemos cada vez menos tiempo… Hoy, con Maxi [Papandrea], hemos hablado mucho de libros y me mencionó uno, de César Aira, Un episodio en la vida del pintor viajero, y me fascinó…

-Además veníamos para acá y por Salguero vemos caminando a Aira con una bolsita del MALBA. Volvamos a lo que te atrapa de un libro: los títulos

-Los títulos y el primer párrafo son los que me atrapan. Es una buena pregunta que no se contesta de una sola forma. Es como que te digan, qué te gusta de un hombre. Si dices alto, rubio, es mentira, porque siempre hay algo más. Es algo instintivo cuando lo agarro y me lo llevo. Yo soy librero, pero también tengo mi librero. Es como los médicos, ellos no se atienden a sí mismos, tienen su médico… Como librero uno sueña con leer algo primero…

-Como un editor…

-Claro… Es chévere descubrir un libro que va a dejar marcado a la gente, que no lo va a olvidar fácil, eso es lo lindo. Me gusta Luis Chávez, un poeta que ahora acaban de publicar la novela Salvapantalla. Me fascina, él como poeta.

-¿Si tuvieras que recomendarme un libro, a mí y a la gente que lee Boquitas pintadas, qué nos recomendarías?

-¿Leíste a la chilena Nona Fernández? Tiene un libro que te lleva, que te hace… Vas siguiendo, feliz, a un carnaval, y te está llevando a un lugar que… vas a salir igual.

-Ya me lo vendiste…

-Eso se agradece. O Federico Falco, que estoy fascinado… Cómo escribe con esas abundancias… El cagón es cagón, la lluvia es un diluvio… Con pocos elementos te transforma todo. Su forma de escribir es exótica. Que me lleven a otros lugares, que no sabes y la honestidad.

-¿Cómo se desarrolla en tu país la movida de las marchas LGBITQ?

-Pasa de todo. El Festival de Cine Queer de San Juan es el más exitoso de todo el mundo, es donde hacen más plata. Es que lo ve todo el mundo. Y dan películas buenas. Para mucha gente son porno. Judicialmente hay matrimonio igualitario. Adopción de niños. Está a punto de resolverse los estudiantes de escuela pública para que usen el uniforme con el que se sientan más cómodo, con el género con el cual se identifiquen. Un niño que nació varón puede ir con falda; eso ya no lo pueden prohibir porque la ley lo protege. Pero eso no quiere decir que pase. Una cosa es la ley y otra es San Juan, que es la Capital y otra cosa es el resto del país. Todavía está el Medio Evo y la Capital, como pasa también en Estados Unidos. Mirá Francia que todo el mundo pensaba que era pro gay y cuando estaban con el asunto del matrimonio igualitario salieron millones de personas en contra…

-Es que todavía hay mucha gente cristiana, o sea dogmática, que no se cuestiona nada…

-Sí, sí. Siempre hay que convivir porque, por más que estén los espacios hay que conquistarlos permanentemente, porque están las dos cosas; siempre. Hay cierta comodidad. Tú ves una parejita de la mano, en algunas áreas, pero eso no asegura nada. Están estudiando los crímenes de sodomía, en Puerto Rico, en el siglo XVIII, y encontró una historia de una loquita, negro él, que una vecina lo acusa de sodomía con un soldado español. Le preguntan si es verdad y él dice, después de Dios a quién más amo es a él. Tú empiezas a mirar y dices, lo que faltaba es escribir sobre eso, pero eso siempre ha estado ahí. La fuerza de eso se siente, aunque haya sido tres siglos atrás. Yo no sé si con tanta legislación nos atrevemos a decir eso, si tiene esa importancia o no hacía falta… Ser puto es subversivo… ¿Tu eres gay? Yo no, porque no tengo ropa para serlo. Soy puto de barrio. Ser puto es subversivo…

-¿Aportó algo Mundo cruel a tu país, en tu comunidad? 

-Yo  creo que el libro negocia con la homofobia. Ha tenido éxito amplio, no de gueto, porque no lo leen necesariamente los gay. Juego un poquito con esa idea. Mucha gente me dice que no sabía nada de ese mundo. Pero como se ríen, como lo gozan… Buscamos la igualdad y celebramos las diferencias…

-Es una puerta de entrada…

No presento al gay que todo el mundo quiere ver, el de los escaparates, o al viejo bondadoso, buey. Esto resulta incómodo porque es honesto. Por eso estoy contento.

-Bueno, acá hay muchos consumidores de Osos y otras prácticas que rompen con heternormativo impregnado en la cultura gay…

-Bien. Hace poco que estoy aquí y ya me enamoré de esta ciudad que es preciosa.

-¿A qué publico te dirigís o cuál es tu ideal de lectores? Dani Umpi me decía que son las mujeres solteras, viejas y gordas…

-La esperanza es que encuentres un lector que quiera participar, porque Mundo cruel no te lo da todo. Tiene que ser un lector que pueda llenar los espacios en blanco, que no se detenga en las palabras que tendría que tener y no tiene. Que me acompañe.

-¿Qué sea gay?

-No, no, no necesariamente… ¿Tú como escritor piensas en eso?

-Bueno, a veces, algunos libros, sí. Porque me di cuenta que faltaba contar algunos temas o situaciones que vivimos y que está bueno leerlo o verlo en una peli, para identificarse

-Hace poco un muchacho de Perú me dijo que lo describí a él. Y otro de San Juan que él ha sido todos los personajes del libro a lo largo de su vida. Una maestra de un pueblito que tiene un muchacho autista en su salón les asignó el libro, y uno que casi no puede comunicarse conectó con Mundo cruel. Son cositas con las que uno dice Woow. Me gustan las historias, me gusta contar historias… Me encanta sentarme en una barra y hablar con gente desconocida. En la guagua, el colectivo, me entero de un montón de cosas; mi mamá me regañaba porque decía que para mí todo el mundo es bueno y que era amigo de todo el mundo. Yo soy así, le abro mi casa para todo el mundo.

-Aunque el mundo sea cruel…

-Aunque el mundo sea cruel…

 

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