Un joven celebra su salida del clóset: ¡trece años de libertad!

Ángel Vallejos es un joven de 25 años. Estudia Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM). Cuenta que, luego de leer varios post de Boquitas pintadas, decidió compartir su historia. Dice: “La semana que viene cumplo 13 años desde que descubrí que era gay y escribí un relato contando ese momento y un pequeño resumen de lo que pasó luego”.

Angel Vallejos

¡13 años de Libertad!

Corría el año 2004 cuando mi hermana mayor me invitó al cine, una salida de vacaciones de invierno junto a mis dos sobrinos, el que era su pareja en ese momento y el hijo de él. Ese día era el típico de esa época del año, frío, nublado y, a cada tanto lloviznaba. Salimos de su casa al mediodía, tomamos el colectivo, un viaje bastante largo desde Ciudad Evita hasta el microcentro.

Nos bajamos en Av. Corrientes y Av. 9 de Julio, y de allí nos fuimos caminando hasta Florida. Antes de ir al cine, entramos a un barcito, donde comimos hamburguesas. La idea era que mi hermana y mi sobrina fueran a ver “Erreway” y mi ex cuñado, su hijo, mi sobrino y yo a ver “El Hombre araña”. Sinceramente no me agradaba mucho ese plan, entonces luego de tomar coraje le dije a mi hermana que prefería ir a ver la película de Rebelde way y, por suerte, estuvo de acuerdo.

Cada grupo fue a su sala a ver su película, al terminar nos encontramos a la salida del cine. Ya era hora de regresar. Fuimos caminando hasta la parada, y cada vez lloviznaba más fuerte. Al tomar el colectivo, todos se sentaron atrás de todo y yo en último asiento de dos antes de llegar a los cinco del fondo… para que se imaginen bien la situación, el colectivo era esos que tiene puerta en el medio y no atrás.

Todo iba muy tranquilo hasta que algunas paradas después subió un hombre: digamos que de 30 años (soy muy malo indicando edades a las personas), estatura promedia, morocho, pelo corto, anteojos, traje y sobretodo.

Yo desde el fondo lo ví y sentí algo en la panza, algo que en ese momento no lo podía terminar de entender ni asimilar.  El joven sacó su boleto, se dirigió hacia el fondo y se sentó en el asiento de adelante mío.

¿Qué me estaba pasando? Entendía y a la vez no. Al llegar a Mataderos, se bajó en Zequeira y Lisandro de la Torre. A pesar de que ya no estaba igual seguía pensando en ese extraño, que vaya a saber cómo se llamaba. Al volver a mi casa mi cabeza no paraba, era toda una revolución.

Días después volví al colegio y el interés por los chicos iba aumentando, pero nadie podía saber. Ya de por sí me hacían bullying, no me quiero imaginar lo que me hubieran hecho si se enteraban de este secreto. Como dice la canción de Arjona: “Que no sepan los chicos en la escuela, que se le van los ojos en gimnasia”, o en mi caso en el recreo.

Con tan solo 12 años debía guardar este gran secreto sin poder confiar en nadie. En esa época no tenía amigos y obviamente con la familia siempre es más difícil de hablar de estos temas.

Al terminar noveno grado fui a otro colegio: borrón y cuenta nueva. En esta nueva escuela nadie me conocía, entonces intentaba relacionarme más con mis compañeros, en especial, con las chicas (siempre me he llevado mejor con las mujeres que con los hombres). En cuestión de semanas por fin podía decir que tenía amigas.

El 18 de abril de 2007, por primera vez, pude compartir mi secreto con dos de mis compañeras: Silvia y Mariel. No recuerdo cómo se los dije pero no tuve rechazo de ninguna de las dos. Al poco tiempo se los conté a Micaela y María Eugenia y así fui contándoles de a poco a cada una de mis compañeras. Con ellas, estaba todo bien pero no era lo mismo con mis compañeros, ellos preferían alejarse.

Luego de 3 años de silencio ya tenía mi grupo de amigas con las que podía hablar, compartir mis sentimientos, contarles de quién estaba enamorado y hasta mis miedos. Sin embargo debía dar otro paso en este camino, necesitaba ser libre en todos lados, no solamente en el colegio sino también en mi casa pero eso no era tan fácil.

Era el domingo 26 de agosto del 2007, una mañana fría y lluviosa. Me desperté y algo en mí me dijo: “Este es el momento”. Me levanté de la cama y me fui al comedor donde esta mi mamá. Me senté frente a ella… no me salía las palabras, movía la boca pero no emitía sonido. Hasta que salió: “Necesito contarte algo, pero no se como decírtelo”.

Después de varias idas y vueltas me animé a decirle: “Me gusta los hombres”. Ella respiró profundo y me contestó: “¡Ah! Era eso”, luego me dijo que lo pensara bien, que tal vez sea algo de la adolescencia y algunas cosas más. Al finalizar la conversación se fue a comprar para hacer la comida y yo aproveché para llamar a mis amigas y contarles lo que había pasado.

Desde ese día no hemos hablado más de ese tema, con el paso de los años lo fue aceptando pero no fue fácil. Luego de eso me costó contarles al resto de mi familia. Mi plan era hablarlo con mi mamá y luego con mis hermanas, pero ya no me animé… así que dejé que se enteraran solas mediante post y comentarios que hacía en Facebook. (a veces, escribirlo es más fácil que hablarlo cara a cara).

Algunos meses después me animé a hablarlo con mi sobrina, con la que había ido al cine y, al igual que con mis amigas, obtuve su aceptación.

Antes de terminar no puedo olvidarme de ellos: mis amados mal de amores.

Desde aquel invierno de 2004 hasta hoy, tantas veces me he enamorado, tantas ilusiones llevadas por el viento. Lamentablemente no he tenido suerte en el amor, siempre fijándome en el que no correspondía: en los que no son gay o en lo que sí lo es pero tiene pareja o directamente no se fija en mí.

Pero no me doy por vencido, sé que algún día aparecerá el hombre que me ame, mientras tanto escribo historias (cuentos y novelas cortas) con esas ilusiones que no se cumplieron.

Hace algunos días justamente le contaba a una amiga que las historias que escribo son producto de mis mal de amores, esa fue la forma que encontré para hacer “realidad” esos pensamientos que tenía con esas personas que quería hasta que descubría que no eran para mí.

Además, le comentaba que el día que encuentre el amor dejaría de escribir o, por lo menos, en ese género, ya que a esa historia la viviría en la realidad y ya no en mi imaginación.

En fin cada vez que paso por esa esquina de Mataderos me emociono y me pongo a pensar tantas cosas vividas, tantas anécdotas por contar, he reído, he llorado, he sido feliz y he estado triste pero fundamentalmente he sido libre… nunca he sentido vergüenza de ser gay. Hoy dejé de buscar la aprobación de la gente, solo busco estar en paz conmigo mismo y manejarme lo mejor posible en la vida, porque como le dijo el padre de Pepito Cibrián al enterarse que era gay: “Se es hombre en la vida, no en la cama”. Esa es mi frase de cabecera.

 

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Fotocopia, un libro de relatos apto para padres e hijos (gays y no gays)

Acaba de salir Fotocopia, la nueva novela de Facu Soto, por Paisanita Editora. Carrera prolífica la de Soto, con 20 libros en apenas 6 años de producción literaria. Esta vez se trata de un texto que reúne dos diálogos, en un total de 139 páginas, que pueden ser leídos por padres, hijos, gay y no gay, porque la trama trabajaba el tema de las relaciones, la no aceptación de los padres por parte de los hijos, la vida artística de ellos, lo que se puede dejar de lado y lo que no, entre otros tópicos. Sin excesos, superponiendo en forma ordenada, los intentos del padre por solidificar una relación que no es aceptada por parte de su hija, estos personajes nos hablan de la comunicación y de lo que hay detrás de lo que no se ve (el padre del protagonista y la mamá de la nena, que aparece tan ausente como presente, de manera elíptica).

Con un estilo pop, a lo Manuel Puig, el narrador desaparece de la literatura para darle lugar a los verdaderos protagonistas de esta historia, tan real como conmovedora.

Este es un diálogo de Boquitas pintadas con el autor.  

- ¿Qué leías en el momento de escribir el libro?

- Aunque no lo creas, tengo muy separada mi vida literaria de la vida familiar o personal, por decirlo de alguna manera… Hay gente que se cree todo lo que escribo y está bien. Pero en la medida en que uno escribe ya es ficción. Estaba leyendo, en realidad releyendo, unos de mis libros favoritos La traición de Rita Hayward. También, Heroína de Tomasz Piatek, los cuentos de Mariana Enríquez, Dani Umpi, no sé, las escribí hace un par de años, más no me acuerdo.

- ¿Qué cosas creés que tenés de Puig o al menos se ponen en evidencia en este libro?

- Bueno, me gusta Puig  no sé, tenemos eso  de describir lo contemporáneo, una prosa bastante de pop (salvando las distancias de lo magistral que es Puig y mi obra). Me encanta el ambiente que crea. Las palabras que usa… Nos diferenciamos, quizás, en que él retrata a la perfección el universo femenino. Yo no lo conozco tanto y me angustia bastante. Entonces, en vez de focalizarme en una ama de casa que cose al crochet me focalizo en chicos que juegan al fútbol o en un desarrollador de software o en un chico que lava el auto los domingos en la vereda de su casa, que es el universo que conozco y el que me interesa.

- ¿De qué habla Fotocopia?

- Este libro son dos diálogos, el de una nena y el papá gay. La nena no acepta al freeky de su papá y el papá hace lo posible para recuperar su amor, pero tampoco deja su vida por eso; porque en algún punto no pierde el equilibrio, o sí; no se sabe. Los diálogos del papá, a medida que avanza el libro, son cada vez más largos y los de la nena van desapareciendo hasta que queda una solo línea… Después el papá le dice, no importa, te acepto como sos, acepto como se dieron las cosas. Quiero que sepas, como dice Charly, que si te sentís mal o sola, yo voy a estar pensando en vos… En Fotocopia hay un giro, en el medio del libro, donde se deshace el nudo y se entiende por qué el libro se llama así, y ahí el protagonista entiende, de alguna manera, por qué su hija se comporta de esa manera… Los hijos somos los síntomas, los emergentes de los errores de nuestros padres… Digamos que mira para atrás y se da cuenta de que él tiene algo que ver en ese rechazo… Ve su relación con su propio padre y algo se esclarece. Eso, es muy psicoanalítico, muy Puig… Lo que no comparto con Puig es el ambiente de pueblo, de los chismes que circulan e invaden la atmósfera del pueblo. Mis personajes son súper urbanos…

Facundo Soto

- En Fotocopia los diálogos funcionan como algo orgánico. No hay otra cosa más que diálogos…

- La mirada microscópica… Sí, yo en una época quería escribir un libro pensando que cada capítulo fuera la parte del cuerpo de una persona. Describir el perfil de la cara en el capítulo uno que correspondía a la cara, etc. Pero era una locura hacer eso, y deseché la idea porque no se entendía nada. Influenciado un poco por La traición de Rita Hayward, tengo la primera edición, la de Jorge Álvarez Editores, a quien pude entrevistar para Soy. Me acuerdo que yo estaba re contento cuando lo iba a ver al geriátrico. Decía, no puede ser que esté hablando con el hombre que descubrió a Puig, a Spinetta, a Charly, que publicó a Piglia, a Viñas… El tipo pedía cocaína para dar notas o los puteaba a los periodistas pero conmigo fue buena onda. Le llevé mi último libro mío y croissants…  En primer plano está la oralidad, pero escrita; esos juegos me gustan. En los diálogos se puede leer la forma que cada uno tiene de escuchar. O sea que no es algo copiado tal cual de la realidad, porque la voz de la nena está pasada, filtrada, transformada, interpretada, recortada, por el autor. Por eso el arte no es copia fidedigna de la realidad. No es una foto. En este caso sería una fotocopia. En Fotocopia, encadeno los acontecimientos para llegar a un final. Mientras tanto hay pequeños juegos que un lector avispado los descubre, y es ahí donde se produce ese insight que tanto me gusta, como lector y como escritor. Me gusta producir efectos en el lector. Ese efecto de sorpresa me parece genial, porque cuando a mí me pasa como lector me encanta.

- ¿Y en el caso de Fotocopia?

- En el caso de Fotocopia en la primera parte hablo de Lucy y, en la segunda, de Lucía. En la primera del desencuentro y en la segunda de aceptar las cosas después de haber descubierto el nudo, la fotocopia, la no aceptación del padre, por parte del padre; y ahí se lee que la historia se repite. En la segunda parte hay más diálogo sobre la nueva relación del papá, que deja las puertas abiertas para que la nena, devenida adolescente, vuelva cuando quiera, las puertas siempre van a estar abiertas, le dice; aunque sabe que la está perdiendo o ya la perdió. Es un texto sobre la pérdida, la falta; pero no desde la nostalgia, el lamento, sino desde la aceptación. Creo que la aceptación es una de las claves para vivir en paz y buscar la felicidad, que, en definitiva, es lo que persiguen estos dos personajes, cada uno por su lado.

 

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Carlos Jáuregui, el héroe gay que se inmortalizó en el subte de Buenos Aires

Estación Carlos Jáuregui; Foto: Tomás Ramírez Labrousse

Desde esta semana, la estación de subte de la Línea H ubicada en Avenida Pueyrredón y Avenida Santa Fe lleva el nombre de Carlos Jáuregui, activista por los derechos de las personas LGBT. El suyo es el caso de una figura pública cuya trascendencia siguió en aumento incluso luego de su muerte, que ocurrió en agosto de 1996. Fue él quien hizo visibles las demandas de grupos marginalizados (o lisa y llanamente perseguidos) por el Estado argentino y otras instituciones durante años.

En esta crónica escrita por Daniel Gigena para Boquitas pintadas, se revela quién fue Jáuregui y por qué es simbólicamente relevante contar con su presencia en un espacio público transitado por gran parte de los ciudadanos de la Argentina y del mundo.

Estación Carlos Jáuregui; Foto: Tomás Ramírez Labrousse

Un héroe de nuestro tiempo

Jáuregui había nacido en La Plata en 1957 y en esa ciudad se recibió como profesor de Historia egresado de la Universidad Nacional de La Plata. Su especialidad era la historia medieval. Quizás paradójicamente, ese conocimiento lo impulsó a luchar contra los restos de cierto pensamiento inquisitorial en la sociedad argentina.

Entre 1984 y 1987, fue el primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina; en 1991, fundó, junto con Marcelo Ferreyra y César Ciglutti, la asociación Gays por los Derechos Civiles. En 1992, encabezó la primera Marcha del Orgullo Gay Lésbico en Buenos Aires. La activista feminista Mabel Bellucci le dedicó en 2010 una informada “biografía política”, titulada Orgullo, que rinde cuenta de la inteligencia de Jáuregui al tender puentes con otras luchas y otros agentes del cambio social. El año pasado, el director Lucas Santa Ana presentó el film documental El puto inolvidable, sobre la vida de Jáuregui.

La iniciativa de bautizar con su nombre una estación del subte estuvo basada en el proyecto de ley aprobado el año pasado por unanimidad en la Legislatura porteña. Sus autores son los legisladores Maximiliano Ferraro, de la Coalición Cívica ARI, Pablo Ferreyra y Carlos Tomada, del Frente para la Victoria. Del acto de inauguración participaron varios legisladores porteños, el Jefe de gobierno de la Ciudad Horacio Rodríguez Larreta; el vicejefe, Diego Santilli, y el  presidente de la CHA, César Cigutti, además de amigos y compañeros de lucha de Jáuregui. También habló el artista plástico Daniel Arzola, que realizó un mural de 14 x 4 metros.

Estación Carlos Jáuregui; Foto: Tomás Ramírez Labrousse

“Hoy el nombre de Carlos Jáuregui ocupa un lugar más que merecido en el espacio público de nuestra ciudad –dijo Ferraro en la inauguración−. Carlos disputó y ocupó el espacio público como lugar privilegiado para la construcción y ejercicio de la ciudadanía y la expresión de los derechos civiles, el lugar donde construimos el respeto y el reconocimiento del otro.”

El escritor y periodista Gustavo Pecoraro, uno de los más activos impulsores para que el proyecto pudiera concretarse, estuvo presente en la ceremonia de inauguración. Recordó que, antes de llegar a la aprobación unánime de la ley, se llevó adelante una campaña titulada #YoApoyoEstaciónCarlosJáuregui, que tuvo una inmensa repercusión social y que encabezaron Estela de Carlotto, Nora Cortiñas y Adolfo Pérez Esquivel, el sindicato de Metrodelegados, diversas organizaciones del colectivo LGTBI, movimientos sociales, sindicatos, científicos, periodistas, personalidades de los derechos humanos, de la educación, de la cultura, referentes políticos de todas las corrientes partidarias y el Jefe de Gobierno de la ciudad.

“Esta demostración masiva de respaldo al homenaje a Carlos es un hecho histórico que implica la visibilidad del colectivo LGBTI al mismo nivel que lo que simbolizan las marchas del orgullo –dijo Pecoraro−. Trescientas cincuenta mil personas por día pasarán por la Estación Carlos Jáuregui. Además de un recuerdo más que justo, la estación y el apoyo recibido es un ejercicio amoroso y generoso de memoria histórica y reconocimiento a la lucha del colectivo LGTBI por parte de diferentes sectores sociales.”

Héroe de nuestro tiempo, Carlos Jáuregui murió como víctima del VIH-sida en los aciagos años noventa. Sin embargo, su aporte en la lucha contra la discriminación fue no sólo decisivo sino también un modelo para derribar los prejuicios que separan a las personas de una vida plena.

Estación Carlos Jáuregui; Foto: Tomás Ramírez Labrousse

 

 

 

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Alejandro Modarelli, sobre su libro La noche del mundo: “Nace de un trauma gozoso”

La noche del mundo, de Alejandro Modarelli, “nace de un trauma gozoso”, dice su autor. “La experiencia del coma inducido puede resultar más poderosa que una ficción”, dice. Y así comienza este diálogo con Boquitas pintadas acerca de este libro de crónicas que ya inició su recorrido por la Argentina y que hoy se presenta en Chile.

Alejandro Modarelli

-¿Por qué escribir La noche del mundo?

-La noche del mundo nace de un trauma gozoso, un neumotórax en vuelo entre Bogotá y Buenos Aires. Dejó una herida pulmonar que se convirtió en la vía regia para irme a otros mundos posibles de visita, incluso de visita sexual. No la pasé tan mal. La experiencia del coma inducido puede resultar más poderosa que una ficción. Cada vez que me despertaba, mientras hacían el intento de desconectarme de una máquina de respiración asistida, le pedía a mi hermana Constanza que recordase lo que le iba contando de esa noche del mundo. Me gustaría que la lectura del libro funcionara un poco, al menos, como La ventana de los sueños, de Fogwill. Si todo se abre con el descenso a un infierno, se cierra más adelante con la resurrección de la carne en Egipto, un país que a lo largo de estos años es la manera que encontré de nombrar el deseo. Obviamente, porque ahí los excesos lípidos son bienvenidos y ya ves lo gordo que estoy; creo que es así en todo el mundo árabe, donde no ha triunfado el modelo del maricón, el gay asimilado a una estética y un modo de vida celebrados y confortables, en el que no encajo. Podrías pensar que escribo desde el resentimiento, y tendrías razón. Pero el resentimiento también es un prisma provocador y fuente de inspiración.

-¿Por qué elegiste el registro de crónica?

-La crónica me permite darle un orden supuesto a una mente como la mía que se dispara para cualquier loma o cualquier pozo. Supongo que además se corresponde con la experiencia de la época, lo fragmentario, el cruce, la frontera. Me encuentro cómodo en la crónica, me divierto incluso inventando al pie de página una batalla permanente entre autor y editor. Alguien me dijo: pero cómo permitís que el editor te menosprecie de esa manera…y es que ese editor en realidad es un vigía interior que pone de resalto mis dudas, mi esquizofrenia. Claro que la crónica urbana como yo la concibo nada tiene que ver con ¨tomar el pulso a la ciudad”, como dice el lugar común, sino más bien con tomarla de la bragueta. La ciudad se ofrece de un modo o de otro bajo la forma de un eros. Y hay que dar testimonio de ese eros. Incluso cuando pareciera que no corresponde. Si vamos a hacernos los desentendidos con el sexo, nos quedaremos siempre encerrados en los barrios más solemnes.

-¿Cómo trabajás  el lenguaje para que los textos combinen un estilo erótico, pasional, onírico, irónico?

-El estilo emerge de un cruce de influencias, creo, que no es consciente de sí mismo. Se va estabilizando y, a la vez, opone resistencia. Por otra parte, es la manera que uno encuentra de habitar el lenguaje del mismo modo que uno vive, cree o quisiera vivir. Soy trágico y soy cómico, una zorra y un monje budista, en cierta forma todos lo somos. Alcanza con un cambio de posición frente a las cosas y aparece sobre las ruinas la ironía, y bajo el calzoncillo la tanga; sobre un mundo que desaparece, interno, externo, qué otra cosa mejor que ponerse a bailar sobre el volcán. En mi escritura, el trabajo es sobre los materiales y de modo obsesivo sobre el lenguaje. Los destellos que pudieran emerger son consecuencia de la lectura de autores barrocos maricones. Que caminan por el desfiladero de lo cursi, sin nunca caerse.

Portada de La noche del mundo

-¿Hay una intención de homenaje a personajes como Lemebel, Perlongher, Chavela?

-Imaginate que una sección del libro se llama Necrofilias, que no son necrológicas, sino textos apasionados sobre personajes inmensos que tuvieron sobre mí tremenda influencia. Por lo revoltosos, por inadecuados, por vivir su sexualidad con libertad en épocas en que había que bancarse el insulto cotidiano, pasar el trapo por el piso de las comisarías o callarse incluso cuando el propio cuerpo gritaba lo que eras. Para quien busca un lugar en ese sitio de desborde, de inadaptación al régimen estético y bancarizado que triunfa, no está nada mal dejarse llevar por esas biografías, hacerlas de alguna manera parte de uno, y celebrarlas con esa intensa liturgia con que en México, por ejemplo, se celebra y se conversa con los muertos amados.

-¿Hay cierta melancolía de tu parte por los espacios de la homosexualidad perdidos? (estoy pensando en los cines xxx, por ejemplo?

-Hay toda una generación que añora la política amorosa de las calles. Esa economía desarrollista del deseo: en todas partes, en la ciudad, se levantaban fábricas de sexualidad. Bajo los puentes, en los cines porno, en los baños de estaciones ferroviarias. Esa aventura era rica en posibilidades de reconocimiento propio y del otro. Las cosas no se descifraban de antemano, con esa sobrecodificación de los objetos sexuales pretendidos. Hoy las aplicaciones de Internet para encuentros sexuales plantean un malentendido: una foto que es un simulacro de un simulacro. Si en la calle alguien posa de algo, puede que te mienta pero a la vez te seduce, pone el cuerpo animado y la voz en un contexto. Ya sabemos que es un simulacro, pero bien logrado. En las aplicaciones o en la cam hay un efecto de descreimiento de antemano. Si dice tal edad, hay que sumarle diez años; si dice morrudo, es que es gordo. Si se le ve el pito, la toma seguro que es desde una posición que lo aumenta de tamaño. Quizá sea eso lo que hace tan complejo el levante ahora. Como si fuese imposible, por falta de fe, encontrar lo buscado, en un paraje desierto y a la vez superpoblado. En ese sentido, y dadas las condiciones de la mercancía que pongo en juego, no me queda sino el recurso de la melancolía y el resentimiento creativo. En un universo erótico donde todos se reclaman divinos, nadie quiere ser el primero en enamorarse porque cree que pierde la competencia olímpica.

-En el libro se lee un tono de rebeldía: ¿contra qué te rebelás en estos relatos?

-Me revelo, entonces, contra un modelo gltbi que se globalizó y del que, extrañamente, todos dicen sentirse afuera. Extrañamente debería leerse como extraña-miente. No les creo. Si hay algo que hemos visto estos últimos años es que más fuerte que la fraternidad en la identidad sexual o de género, es la clase. Yo quisiera que la homosexualidad tuviese algo más interesante que ofrecer que el wedding planner, el crucero gay, Chueca, el peluquero de mascotas, un espacio refrigerado en los centros culturales o dos estantes de estudios de género o literatura de pequeños amores homosexuales en las librerías cancheras. Creo que es posible que quede algo todavía revolucionario en la homosexualidad, que interpele a la sociedad y ponga el cuerpo adelante de lo establecido, como sabemos hacer las locas. La fertilización asistida de lesbianas, por ejemplo, interpela todo el andamiaje de las políticas tradicionales sobre la reproducción. La verdad travesti, al provenir en su mayoría de la periferia, es un don que no puede ser del todo fagocitado por la compasión democrática liberal.

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¿Qué es la familia?, una pregunta que abre la posible consulta popular sobre adopción en Colombia

¿Qué es la familia?, se pregunta Julián Benavides Marin, un lector de Boquitas pintadas nacido en Colombia. En su país el Congreso está a pasos de aprobar una posible consulta popular sobre adopción. ¿Quiénes tienen derecho a adoptar? ¿Sólo parejas heterosexuales? ¿A esta altura se siguen desconociendo las familias diversas? Ante este escenario, Julián escribe un pequeño ensayo o crónica sobre lo que piensa de este asunto. 

Colombia, cerca de una consulta popular sobre adopción

¿Qué es la familia?

por Julián Benavides Marin

La ciudad de Bogotá, como la mayor parte del tiempo luce fría, parece sumergida en un otoño eterno. Está decorada por varias lucecitas que cuelgan en las casas y hasta en los edificios públicos. Dice una canción “llegó diciembre con su alegría”… Es martes trece y, como una premonición para la mala suerte, en el capitolio se discute sobre la posibilidad de darle vía libre a un referendo cuya pregunta pretende modificar un artículo de la constitución política colombiana; hasta aquí todo transcurre con normalidad.

La senadora Viviane Morales pasa al frente y da inicio a su ponencia que busca persuadir al senado para que vote a favor de una consulta al pueblo de Colombia que básicamente frena la posibilidad para solterxs y familias homoparentales de acceder a la adopción. El mayor argumento de la senadora es que una familia solo puede ser constituida por un hombre y una mujer, ambos heterosexuales, por supuesto.

La Corte Constitucional (guardiana de la constitución), mediante sentencia proferida en noviembre de 2015, dispuso que los niños tenían el derecho superior a ser parte de una familia y por esto podían ser adoptados ya no solo por parejas heterosexuales sino también por parejas conformadas por personas del mismo sexo, y también ratificó lo que ha venido pasando desde hace 140 años, que las personas solteras también pueden adoptar.

Julián Benavides Marin

Lo que sucedió luego de que la Corte profiriera tan brillante sentencia fue que la senadora supuestamente liberal (así se llama el partido al que pertenece) inició una cruzada con el fin de impulsar un referendo para consultar a los colombianos si quieren o no modificar uno de los artículos de la Constitución Política colombiana. Básicamente lo que la senadora quiere preguntarle a la gente es ¿Cuál modelo de familia quieren: si un modelo tradicional donde una mujer y un hombre adoptan o si conciben una familia donde haya un solo papá o una sola mamá (familia monoparental) o dos papás o mamás (familia homoparental)?

Y ustedes dirán pero qué buen Estado le va a preguntar a su pueblo si quiere o no que las parejas gays adopten… En este artículo, por espacio y tiempo, no podría dedicarme a explicarles las contrariedades de esta discusión política y, además, el centro de mi argumentación se mueve más sobre lo que pensamos alrededor de la  familia o las familias y no en el grave golpe que se viene para las minorías diversas.
En Buenos Aires hace calor y hay una humedad insoportable, no ha empezado el verano pero la temperatura en los últimos días ya ronda los 35 grados. Me muevo por el subte en la línea D desde Congreso de Tucumán, llego al microcentro, me traslado a la línea E. ¡UH! Justo ahí, en esa última esquina antes de bajar por las escaleras eléctricas, una imagen llama mi atención. Es un mural hecho por los estudiantes de la escuela número 21. Es una imagen que se titula “La Familia” y pienso: esta debe ser la forma en que muchas personas imaginan la familia, esta debe ser la familia.
En la imagen, una mujer sostiene un plato con frutas, un hombre está sentado y sostiene un pequeño bebé, hay dos niñas, una de ellas sostiene una muñeca, también hay un niño que juega con un balón y un trencito, todos lucen muy felices, hay un retrato de un gato y además un pájaro en una jaula, la casa parece decorada como cualquier otro hogar porteño.
Llegados a este punto me pregunto ¿Cuál es el imaginario colectivo que tenemos sobre la familia? Al parecer, en distintas partes del mundo aun con los avances en materia legal que se han dado, la realidad sobre la aceptación de diversas formas de familias es negativa.
Las sociedades latinoamericanas siguen considerando poco aptos a los homosexuales para crear un núcleo social que pueda generar amor y respeto, creen que las personas LGBT nos son competentes para adoptar o para construir una familia. Quiero pensar que muchos lo hacen sin darse cuenta, aunque siguen señalando, juzgando, discriminando.
Más que un mural o una discusión legislativa, lo que me preocupa es esa concepción tan arraigada en nosotros sobre la idea de familia única. No hemos logrado apropiarnos o interiorizar la realidad que nos circunda: hay más de una sola familia, hay varias formas de entender, de crear y de sentir lo que es familia.
La discusión en Colombia se centra en la adopción pero no se frena ahí porque la senadora ha impulsado distintas marchas y ha esgrimido como uno de sus argumentos que la única posibilidad de familia es la que está compuesta por un varón y una mujer.
Y me pregunto ¿Qué será la familia? ¿Será tan banal como esa agrupación de individuos creados para parir y perpetuar en sus rostros esa sonrisa falseta que intenta transmitir a los demás goces inexistentes en vidas tremendamente trajinadas por quehaceres insignificantes?
O mejor, ¿será ese apoyo incalculable, ese paraíso terrenal donde llegamos a calmar el ajetreo diario, donde secamos el sudor de tanto laburo, de tanto esfuerzo? ¿Acaso no es la familia el núcleo de la sociedad, el lugar de tranquilidad, no es la familia el hogar? 
Mi invitación es para que sigamos reflexionando en torno a estos temas, considerando que hay diversas formas de entender qué es una familia, basta con escuchar los diferentes ejemplos que se brindan en la página de la ONG Colombia Diversa, donde se nos muestra el día día de varias familias no heteronormadas.
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Retratos de familia: Camilo y Angélica
 
Sigo pensando que Diversidad es la palabra clave para entender nuestro mundo plagado de discusiones. Hay personas que siguen presionando por ver un mundo que para ellos es blanco o negro, un mundo con solo una idea de familia, pero para nosotros el mundo es de colores como el arcoíris, las familias también son diversas.
 
Bonus track

De salir victoriosa de todos los trámites los colombianos irán a las urnas y responderán la siguiente pregunta:

El artículo 44 de la Constitución Política tendrá un parágrafo adicional que quedará así:

Parágrafo. La adopción como medida de protección de los niños, niñas y adolescentes que no tienen familia busca garantizarles el derecho a tener una constituida por una pareja heterosexual en los términos explícitos del artículo 42 de esta Constitución, es decir, por un hombre y una mujer unidos entre sí en matrimonio o unión marital de hecho, con el cumplimiento de los demás requisitos establecidos en la ley.

Aprueba usted el anterior parágrafo

Sí: ( )

No: ( )

Más información de contexto en este link del diario El espectador, de Colombia

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Hembra, la biografía de Cris Miró que la rescata del olvido y la discriminación

Hembra, vivir y morir en un país de machos, el libro de Carlos Sanzol (Editorial Milena Caserola), es un recorrido biográfico de Cris Miró, la primera persona trans que triunfó como vedette en la Argentina, y cuya vida estuvo marcada a fuego por la discriminación. El libro de Sanzol, un “perfil” tal como lo entiende la cronista Leila Guerriero, reconstruye la historia de esta artista a partir de entrevistas con quienes formaron parte de su entorno durante su apogeo y decadencia, hasta su muerte. Al leer su libro uno siente que se le hace justicia a este ser sensible, adorable y doliente que enfrentó con su cuerpo la transfobia y el machismo de su tiempo.

Portada del libro Hembra, de Carlos Sanzol

En esta entrevista con Boquitas pintadas, el periodista de LA NACION y autor del libro, Carlos Sanzol, revela los motivos que lo llevaron a abordar este personaje y cómo logró investigar la vida de Cris Miró.  

- ¿Por qué te interesó la vida de Cris Miró?
- Tenía ganas de escribir sobre un personaje que hubiese sido un símbolo de algo. Y Cris Miró apareció en ese contexto, mientras estaba haciendo una nota para Espectáculos de LA NACION sobre las vedettes de antes y de ahora. Y en ese listado de nombres de la revista porteña surgió el nombre de Cris como la primera vedette trans que tuvo la Argentina. En ese momento de la nota, 2010, también se estaba discutiendo la ley de matrimonio igualitario. Y de alguna manera, empezó a tener mucho más sentido escribir sobre Cris. También, yo estaba atravesando una crisis sobre quién era y hacia dónde iba. Entonces, volvió a aparecer Cris: ella debió atravesar también una crisis, mucho más grande que la mía, porque además de preguntarse por quién era, debió indagar en su identidad sexual. Así, concluí que lo que iba a escribir era sobre la historia de Cris, que, en realidad, era algo mucho más grande: la historia de un símbolo de la construcción de la identidad en una época plagada de homofobia y machismo.

- ¿Cómo fue el acercamiento a esa vida, a sus afectos, a quienes la conocieron?
- La primera entrevista que tuve para el libro fue con el hermano de Cris, Esteban Virguez, en 2010. Cuando terminé la entrevista quedé bastante conmovido porque me encontré con una historia que tenía varios dejos de tristeza y de conflictos irResueltos. La aprobación familiar fue una de las cuestiones que Cris llevó a lo largo de toda su vida.
Encontrar a las fuentes que nutren el libro fue bastante complicado porque muchas personas que estaban en el entorno de Cris habían desaparecido sin dejar rastros. Su muerte golpeó a muchas personas y provocó un antes y un después en su entorno. Por ejemplo, a uno de sus asistentes logré encontrarlo dos años después de comenzada la investigación.

- ¿Qué fue lo más difícil de lograr en el libro, lo que más te costó, y por qué?
- El libro trata sobre una tragedia: es la historia de una persona que debió luchar contra sus propios fantasmas y los prejuicios sociales para construir su identidad. Y en ese camino, Cris atravesó muchas circunstancias de discriminación: desde el rechazo cotidiano por ser una persona trans hasta el de vivir con VIH en una sociedad que estigmatizaba a la enfermedad.

- ¿Qué papel jugó Flor de la V en la vida de Cris Miró?
- En 1997, Cris estaba en la obra “Más pinas que las gallutas”. El 2 de junio de ese año, cuando terminó la función de la obra, se empezó a sentir mal. Fue hasta su casa, que compartía con su madre, y desde allí la trasladaron en ambulancia al hospital Fernández. En el hospital, le dieron un diagnóstico: neumonía. Mientras estuvo internada, Florencia de la V la reemplazo en la obra. Fue tal la repercusión que tuvo en el teatro, que cuando Cris se reincorpora a la obra, los productores le escriben un papel a Florencia. Las dos debieron convivir en escena. A Cris esta actitud le dolió y lo sintió como una cierta traición. De todas maneras, se llevó bien con Florencia. Ambas compartieron camarín. Hablaban, pero Florencia recuerda que Cris siempre fue una persona distante. No fueron nunca amigas. Sólo compañeras de trabajo. Florencia, después, logró encontrar un rol que ocupar: el de la capocómica. Mientras que Cris cultivó más el de la vedette. Cris fue la pionera, es decir, la persona trans que logró abrir el camino en el mundo del espectáculo a las que vinieron después.

- ¿Cuánto creés que tuvo que ver el machismo de la sociedad en su muerte?
- ¿De qué murió Cris? Esa una de las preguntas que recorre todo el libro. Cris murió de un cáncer linfático, una enfermedad oportunista del VIH. En esa época, 1999, muchas personas lograban sobrevivir al VIH. Sin embargo, Cris se descuidó: dejó de lado el tratamiento médico. Sobre todo, porque ella no podía decir públicamente que era portadora. La estigmatización en ese momento era terrible: para la sociedad argentina, la enfermedad seguía siendo un patología propia de gays, como lo fue en sus inicios en 1982. Había toda una sociedad que silenciaba el VIH. Ni siquiera la madre de Cris supo que su hija vivía con el VIH.
El subtítulo del libro es “Vivir y morir en un país de machos”, justamente, porque en todo su recorrido biográfico, Cris debió enfrentar la discriminación. Fue una persona valiente desde el momento en que se dio a conocer como una travesti, en una época en que las personas trans eran apresadas, maltratadas e, incluso, asesinadas. Hasta 1999, en la ciudad de Buenos Aires rigieron los edictos policiales, suerte de contravenciones. Uno de ellos, el de Escándalo, decía que se detendrá a toda persona que vista en la calle las ropas de su sexo opuesto. Ese edicto, que se mantuvo desde mediados de los 50 hasta 1999, persiguió a las travestis y permitió que se las detuviera. De hecho, ellas podían podían pasar un total de cinco días a la semana presas.

- ¿Por qué creés que ayuda a descifrar su vida de los años 90? ¿Y de hoy?
- Sólo pasaron 17 años desde la muerte de Cris. Es un tiempo muy corto en términos de cambios culturales. Sin embargo, hubo fuertes avances en términos de aceptación a las personas LGBT. De hecho, la ley de identidad de género es, quizás, el mayor avance. La manera en que eran tratadas las personas LGBT en los noventa era tremenda. Por ejemplo, en los programas de TV, cada vez que se entrevistaba a una persona trans se le preguntaba obsesivamente sobre sus genitales.

 

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“Mis marcas del bullying homofóbico y cómo salí adelante”

Este es el relato en primera persona de Alejandro Viedma que, en un texto sincero y sin victimizaciones, narra los episodios de bullying que lo acompañaron en su niñez y adolescencia. Fueron momentos que vivió con angustia y casi en soledad. “Tachaba cada día que pasaba y era un aliciente ver que faltaba menos para terminar las clases”, escribe en este texto rememorativo. El recorrido se extiende, también, hacia la adultez: Alejandro es Licenciado en Psicología por la UBA y, un ejemplo, de cómo salió adelante pese a todo.

La vida de Alejandro, según sus propias palabras 

Infancia:

Alejandro, abanderado de séptimo grado

Desde muy chico sentí que no formaba parte de lo que hacían y les gustaba a mis compañeritos varones. Mis intereses se diferenciaban cada vez más de los de ellos a partir de quinto grado, o sea, a mis diez años. Y no hablo de sexualidad, porque en esa época no tenía ni idea de lo que era el sexo. Pero sentía que no encajaba, que no pertenecía al grupo de pibes que se constituía por los que les gustaba jugar al fútbol o empezaban a admirar a ídolos que nunca fueron los míos, como Maradona o Soda Stereo, o denigraban al que parecía el más débil… Como empecé a juntarme más con mis compañeras, comenzaron las cargadas con palabras como “marica” o “nena”. Eso se fue acrecentando en sexto y séptimo grado y, al unísono, iba escuchando en la tele, en la misa a la que asistía los domingos, en el barrio, que ser homosexual estaba mal, que era pecado, que era sinónimo de ser enfermo, algo contranatural, con lo cual fui incorporando que yo era diferente y con algo a corregir.

Recuerdo que a los once varios de mis compañeros, los mismos que ya habían dejado de elegirme para jugar y habían dejado de invitarme a sus cumpleaños (algo horrible para mí), me esperaron en el aula luego de educación física donde empezaron con cánticos agresivos. No aguanté y me puse a llorar, me veía tan en desventaja frente a ellos, como con el pudor de quedarme desnudo públicamente y aún más humillado por mis lágrimas que fueron la descarga de tiempo acumulado de tensión.

A mediados de los ochenta tampoco había comprensión y por ende contención en las familias y uno se sentía muy solo. En paralelo siempre fui un alumno destacado, tal vez inconscientemente, me exigía mucho como para compensar lo que suponía que no iba a agradar a los demás: tenía las mejores notas porque eso no me costaba y me gustaba que mis padres estuvieran conformes con ese aspecto mío.

Adolescencia:

Lo peor fue a partir de la mitad del secundario -encima hice un comercial técnico en administración de empresas, es decir, que estuve seis años en aquel colegio-. Me acuerdo que en quinto año empecé a tachar los días que pasaban, se ve que ya me gustaban las agendas, así que quizás era como un aliciente ver que en el calendario faltaba menos para que terminaran las clases. Eso hacía menos insoportable todo: la mitad de mis compañeros había dejado de saludarme un año antes y, si bien nunca ejercieron violencia física sobre mí, sí fue muy fuerte para mí la simbólica, verbal, psicológica con referencias homofóbicas. Y eso no fue menos duro porque, aunque no lo hicieran mirándome a los ojos, las burlas, los insultos, los grafitis en las paredes dirigidos a mi nombre, las notas que me dejaban en mi carpeta me lastimaban mucho, yo sentía mucha vergüenza, miedo y así me fui encerrando cada vez más. Por suerte tenía tres amigas en mi división, no sé qué hubiera pasado sin ellas, con quienes al menos podía hablar… En sexto la situación lejos de mejorar empeoró, porque llegó el viaje de egresados a Bariloche y para mí fue una tortura en lugar de vivir una semana de diversión, porque dos de mis compañeros fueron por más, les dijeron a los pibes de otros colegios que yo era “re puto”, así que cuando me enteré me sentí tan expuesto, observado, evitado y mirado con sorna que lo único que quería era irme, estar en mi casa. Nunca me sentí tan aliviado como cuando terminé esa etapa.

Sentimientos/emociones rememorando esa etapa

Hoy no tengo rencor ni enojo con nadie. Hasta puedo comprender por qué la gente discriminaba: en los ’80s y ’90s estábamos en un contexto donde nos maleducaron respecto a lo que ahora se denomina diversidad sexual, sin leyes igualitarias, sin cuidarse de lo políticamente incorrecto, siendo parte de manuales de desórdenes mentales, así que no culpo a nadie aunque lo haya vivido con dolor. Pero, obviamente, no quisiera retroceder el tiempo para nada, por eso creo que hoy y mañana siempre es mejor, lo peor ya pasó.

No obstante, no olvido. En una de mis sesiones de terapia le decía a mi analista: “Recuerdo haber leído en Freud que de la guerra volvían más traumatizados los que regresaban ilesos que los que salían heridos o incluso habiendo perdido partes de su cuerpo… Los sueños eran más repetitivos en los que no tuvieron marcas corporales… Así que a veces la palabra que injuria lastima más que un látigo o una bala”. Y él me respondió: “Es que los oídos no tienen párpados, están sobreexpuestos, sin protección”, y me recordó una frase de Oscar Masotta: “No matar la palabra, no dejarse matar por ella”, es decir que no hay que quedarse callado ni permitir que la palabra que degrada provoque tanto daño. Quizá por eso es que pude hacer una transformación en positivo con esa parte de mi historia: sin habérmelo propuesto, empecé a trabajar escuchando a mis pacientes y a los integrantes de los grupos de reflexión para varones gay que coordino, brindándoles un espacio para que puedan historizar(se) a través de su discurso y sus recuerdos.

Lo que me ayudó a sobrellevar la secundaria

Empezar a conectarme con mis gustos, ir descubriéndome como gran oyente de música, por ejemplo. Y no solo me iban deslumbrando ciertas voces o melodías, sino que transcribía letras de canciones del rock nacional en un cuaderno, de artistas que hoy todavía admiro, como Charly, Celeste, Fito. En esa época además estudiaba Dibujo y Pintura y quizá la sublimación a través del arte también hizo que expresara cosas que no podía decir con palabras. Por otro lado, la gimnasia me gustó siempre. También empecé a estudiar inglés y con los años causalmente leí autores increíbles como Patricia Highsmith, Susan Sontag, Hermann Hesse. En paralelo iba investigando mi orientación sexual y mi identidad con lo que obtenía de información en revistas con artículos o entrevistas a referentes o miraba películas de temática gay. Después vinieron los recitales, los primeros boliches en donde me di cuenta de que no era el único “bicho raro”, que tenía pares, gente a la que le pasaba o sentía lo mismo que yo.

Facultad:

En 1993 me surgieron sentimientos que no había experimentado antes: entusiasmo por ir a cursar y la libertad de no estar presionado por tener que disimular algo. Y el plus de haber elegido yo la carrera que iba a seguir. No por casualidad en el CBC de Psicología pude tener mi primer gran amigo varón. Empecé a disfrutar de ir a leer al buffet de Ciudad Universitaria mientras me tomaba un café y observaba el río a través de esos ventanales enormes…

Yo no tenía idea de que me iba a dedicar a las diversidades sexuales. Se fue dando paulatinamente. Recuerdo que en cuarto año de aquel secundario tuve la materia Psicología y me encantó, así que de todo lugar negativo u oscuro, uno puede llevarse algo bueno.

Luego de más de quince años de haberme recibido, creo que es difícil atender a una persona gay, lesbiana, bisexual o trans si uno no ha sufrido esa u otra discriminación en carne propia. Creo que para abordar las diversidades sexuales hay que saber de los subtemas que conforman ese universo y, lamentablemente en el campo del psicoanálisis, aún falta apertura y actualización.

Algo para agregar:

Hoy estoy preparado para contar cosas que nunca hice públicas, cuestiones de mi vida, y lo hago porque tal vez mis palabras ayuden a alguien. Desde mi sinceridad y empatía con el otro y lejos de la victimización o de pararme en un lugar de ejemplo, no quiero ser ejemplo de nada ni quejarme de lo que viví, aunque tal vez aporte mi granito de arena para que idealmente nadie más transcurra lo que a mí me hirió tanto. En ese sentido sí quiero dejarles un mensaje a los adultos que ocupan cargos de mucha responsabilidad, a los docentes, a los profesionales de la salud, a los padres: les pido que no tengan una mirada indolente, insensible frente al sufrimiento de niños, niñas y adolescentes en general y, sobre todo al de los LGBT; es de suma importancia que estén atentos porque cuando te lastiman paulatinamente te vas cerrando, aislando y, cuanto menos un pibe hable y socialice, más problemas tendrá en su vida ya que su autoestima va decayendo.

En general un chico que no se percibe o no se va perfilando como heterosexual cree que no tiene un lugar porque está más en soledad y en silencio que otra persona de cualquier otra “minoría” discriminada, se va metiendo en el placard porque advierte que no puede compartir con su familia lo que siente y cómo está siendo violentado, agredido, y eso no sucede con por ejemplo niños o adolescentes judíos, afrodescendientes, de países limítrofes porque comparten la misma característica que sus padres, quienes pueden ayudarlos porque los entienden, contienen y defienden. Por tales motivos, la tasa de suicidios de adolescentes y jóvenes LGBT es mayor comparada con la de adolescentes y jóvenes heterosexuales.

En la actualidad todos los adultos somos responsables. No puede justificarse más la discriminación o la complicidad por ignorancia. En 2016 tenemos mucha información, leyes que protegen, despatologización y si alguien no sabe también es responsable por no informarse, que la falta de datos e ideas no camufle la maldad y la impunidad de herir al otro, cosas feas que lastimosamente todavía habitan en nosotros, los humanos.

 

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La Argentina, en el foro mundial LGBTI

El 2 de octubre pasado unas cuarenta y cinco personas se reunían en las afueras de una tranquila ciudad al norte de Tailandia para el primero de una serie de encuentros que se extendieron por cinco días. Lxs allí reunidxs venían de más de 30 países: se incluyó un grupo de la región de América Latina y el Caribe; la Argentina estuvo  presente. En esta crónica, uno de los participantes por argentina, el militante Mariano Ruiz, cuenta a Boquitas pintadas que reflexionaron sobre sus visiones de la comunidad LGBTI en la región, la importancia del foro para las batallas que libran en sus países y sus visiones sobre el significado de “familia”. Mariano Ruiz es director de comunicaciones para la Región de América Latina y el Caribe del Comité para el Día Internacional Contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia (IDAHOT por sus siglas en inglés).

Algunos de los participantes, entre los que se encuentra el argentino Mariano Ruiz, al foro global LGBT

 Los rostros de la inclusión

por Mariano Ruiz

 

Era un grupo diverso. Parlamentarixs y activistas, diplomáticxs y académicxs, cineastas y emprendedores. Eran por sobre todas las cosas, seres humanos forjando batallas a contra reloj para conquistar espacios y derechos. Batallas que en algunos casos les pueden costar la vida, el destierro, el odio. Pero nunca descarrilarlos de una apasionante dedicación a construir espacios de inclusión en un mundo que no pocas veces les es adverso.

En cinco días, personas transgénero, cisgénero, no-binarixs, génerofluidxs, no-conformistas o intersexo de las comunidades lésbica, gay, bisexuales, queer, pansexual y hetero, forjaron una dinámica de trabajo y un ambiente de confianza que son cruciales para el evento. A puertas cerradas, tocaron con honestidad, crudeza y creatividad temas que abarcan lo político, artístico, legal y personal. Conversaron sobre sus actividades profesionales, experiencias formativas y sus ideas para cambiar lo que debe ser cambiado y erradicar formas de discriminación o exclusión en base a identidad de genero y orientación sexual a escala planetaria.

Este evento es el 4to Salzburg Global LGBT Forum (Foro Mundial LGBT de Salzburgo, en inglés), un formato que inició en 2013 y que forma parte de Salzburg Global Seminar, una institución sin fines de lucro fundada en 1947. Esta organización tiene como objetivo ser un catalizador para el debate y la búsqueda de soluciones a temas críticos mundiales en áreas como educación, salud, ambiente, economía, gobernabilidad y procesos de paz. La organización trata de enlazar a talentos e innovadores para repensar las interacciones, los retos comunes y el funcionamiento de instituciones publicas, entes privados o sociedades.

Para el Dr. Klaus Mueller, fundador y director del Salzburg Global LGBT Forum, la razón que lo motivó a crear este formato y unir en un mismo techo a un grupo tan diverso de líderes se basa en una simple idea: “Las instituciones no interactúan con otras instituciones. Somos los seres humanos quienes nos comunicamos unos con otros. El foro busca construir una comunidad global de compañerismo y confianza para ayudar a que los derechos humanos de la comunidad LGBT avance”.

El foro hasta ahora se realizó en Salzburgo, Austria y Berlín, Alemania. La cuarta edición tuvo lugar en Chiang Rai, Tailandia para su primera reunión con un enfoque regional en Asia y sus sub-regiones; y con un tema principal: la diversidad de las familias. Mueller explica que el tema de la diversidad de las estructuras y formatos de las familias tiene una importancia gigantesca. “Todos venimos de familias que no estaban preparadas para nosotros. Escuchamos frecuentemente sobre algo que llaman “valores familiares tradicionales”. Pero la exclusión no es un valor. La exclusión es un ataque a la fibra de nuestras experiencias de vida y a la misma idea de lo que es la familia. El núcleo familiar es sinónimo de igualdad, respeto y protección; Salzburg Global LGBT Forum celebra y promueve familias inclusivas, sean éstas en las que nacimos o las que escogimos” –  nos explica Mueller.

El United Nations Development Program (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, conocido por sus siglas en inglés UNDP) ha sido un aliado y patrocinador crucial para traer esta edición del foro a Asia. Desde inicios del 2014, UNDP esta implementando el programa Being LGBTI in Asia (Ser LGBTI en Asia, en inglés), una iniciativa regional que busca afrontar temas como la desigualdad, la violencia, y la discriminación en base a orientación sexual, identidad de género o estatus intersexual; promueve además el acceso universal a los servicios sociales y de salud. Es una cooperación entre gobiernos, la sociedad civil, instituciones regionales de Asia y otros actores que buscan avanzar en la inclusión y protección de la comunidad LGBTI. El programa reconoce que las comunidades LGBTI son excluidas a niveles extremos y confrontan múltiples formas de estigma y discriminación. La prioridad medular del programa es “promover la participación cívica y política de las comunidades LGBTI, porque la misma es crucial para avanzar en la solución de las desigualdades y discriminaciones existentes” en palabras de Edmund Settle, consultor de políticas públicas del UNDP para la región del Asia-Pacífico.

Esta es la primera ocasión en que Salzburg Global LGBT Forum y UNDP colaboran. Con esta cooperación, “demostramos como dos actores globales  pueden apalancar sus prioridades y recursos para que los estados, los defensores de derechos humanos y la sociedad civil de diferentes regiones puedan acelerar conquistas en la inclusión de las comunidades LGBTI” – recalca Settle.

Aunque el acento en este foro fue la región asiática, lxs participantes (provenientes de más de 30 países) incluyó un grupo de la región de América Latina y el Caribe. La Argentina, Jamaica, México y Venezuela fueron los países  presentes en este foro. Pudimos compartir varios minutos con lxs participantes de Latinoamérica y el Caribe. Reflexionaron sobre sus visiones de la comunidad LGBTI en la región, la importancia del foro para las batallas que libran en sus países y sus visiones sobre el significado de “familia”.

Una participante de honor es la venezolana Tamara Adrián, abogada, activista y actual parlamentaria de la Asamblea Nacional de Venezuela. Tamara es desde enero de 2016 la primera diputada transgénero electa por voto popular en la historia del país caribeño. La Argentina estuvo representada por Mariano Ruiz, activista y director de comunicaciones para la Región de América Latina y el Caribe del Comité para el Día Internacional Contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia (IDAHOT por sus siglas en inglés). También acudieron la jamaiquina Angeline Jackson, directora ejecutiva y co-fundadora de la organización Quality of CitizenshipJamaica (Calidad Ciudadana Jamaica, en inglés) y el mexicano Enrique Torre Molina, Director de Campañas de la organización All Out.

-¿Cómo ven en este momento la situación de las poblaciones LGBTI en nuestra región?, indaga Iván, el moderador

-Tamara: Con relación a los derechos de la población LGBTI, América Latina y el Caribe es un continente con grandísimas diferencias desde el punto de vista social, cultural, educativo y legal. Encontramos situaciones tan diferentes como la penalización de las relaciones entre personas del mismo sexo y, en general, el sexo no-reproductivo, en varios países del Caribe y en Guyana y Surinam, por un lado. La existencia de derechos iguales al matrimonio, al reconocimiento de la identidad de género y la protección contra la discriminación, en algunos países emblemáticos, como Argentina, Uruguay, Colombia y México, y en una menor medida, Brasil, Chile y Bolivia. Y la total invisibilidad jurídica, social, cultural y educativa de las poblaciones LGBTI en Perú, Paraguay, Venezuela y casi toda América Central.

-Iván: ¿El caso argentino es, en algunos aspectos, punto de referencia. ¿Qué factor creés que ayudó a consolidar logros?

-Mariano: La Argentina ha avanzado mucho en los últimos años en relación a los derechos humanos de las personas LGBT con la aprobación de leyes tales como Matrimonio Igualitario, la Ley de Identidad de Género, la Ley de Reproducción Humana asistida sin discriminación entre otras políticas públicas que son ejemplo para nuestra región y el mundo. Esto no hubiera sido posible sin el trabajo incansable de activistas y organizaciones tales como la Federación Argentina LGBT o la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgénero de Argentina (ATTTA) entre otras. Sin embargo todavía tenemos mucho por hacer para transformar la igualdad legal a la igualdad real.

-Iván: ¿Cómo está la situación de la aceptación de las familias diversas?

-Enrique: En este momento, el tema de la familia está al centro de los debates nacionales en México. Ha sido una coincidencia buenísima que ése sea uno de los temas principales del foro este año también. Los grupos extremistas y los opositores al reconocimiento de derechos LGBT en varias regiones se han aferrado a hablar de nosotros como una amenaza a la familia y a los valores familiares, cuando en realidad la única amenaza a las familias es precisamente la exclusión, la homofobia, el rechazo a las personas LGBT.

-Iván: Más allá de las coincidencias, ¿cómo ayuda el foro en las luchas que están dando dentro de sus países o a la región en general?

-Tamara: Salzburg Global LGBT Forum es una oportunidad única para mostrar las diferencias y semejanzas entre diferentes regiones del mundo. Así, puede haber más situaciones mucho más simétricas entre Venezuela, Paraguay, Perú o América Central, con relación a muchos países asiáticos o africanos, que las que hay entre esos países y el resto de los países de la región.

Esta situación es bastante clara en algunos contextos internacionales. Así, por ejemplo, el Grupo Latinoamericano (GRULAC) del Consejo de Derechos Humanos constituido por Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia y México ha estado sumamente activo en la promoción de resoluciones e iniciativas en el marco de la ONU, para la protección de los derechos de la población LGBTI. En tanto que la actitud de Venezuela ha sido mucho más afín a la de los países islámicos, africanos o asiáticos más reticentes a este tema.

El foro da la oportunidad de comprender estas afinidades y antagonismos desde un punto de vista multicultural y global. Entender estas dinámicas es un instrumento determinante para la toma de acciones adecuadas para lograr los cambios legales y sociales necesarios en ambientes locales totalmente opuestos a la igualdad, y en los que los extremismos religiosos toman la delantera para atacar cualquier avance desde el punto de vista legal, social, cultural o educativo, como un ataque a los “valores culturales tradicionales” y a “la familia”.

-Mariano: Concuerdo con Tamara. El foro es una excelente oportunidad para compartir las lecciones aprendidas en nuestro país y también conocer las realidades de otros países del mundo en un ámbito que reúne a activistas, defensores de derechos humanos, artistas, religiosos, académicos, directores de cine, representantes de gobierno y organismos internacionales. En comparación con otros foros y reuniones sobre la temática es muy importante destacar la fuerte presencia de jóvenes, considerados el futuro de nuestra población en la lucha por la igualdad a futuro. Por mas distantes que sean los países en los que vivimos, nuestras realidades son muy parecidas y nuestros desafíos son los mismos, que es hacer de nuestro mundo un lugar mejor para todas las personas LGBT.

-Iván: Y más allá de las visiones nacionales, ¿hay puntos comunes entre las comunidades LGBTI a nivel mundial?

-Enrique: Estoy participando en el foro porque me interesa aumentar mis relaciones con defensores de derechos LGBT de todo el mundo. Como parte de mi trabajo como Gerente de Campañas en All Out, es clave conocer a las personas que están impulsando cambios sociales y políticos en distintos países, conocer sus retos y entender de qué manera abordan los problemas en contextos culturales diferentes al mío. Y ha sido increíble confirmar que sí existe una comunidad LGBT global, y que tenemos más cosas en común de las que uno pensaría – y también, tenemos que enfrentar obstáculos y discursos anti-LGBT muy similares alrededor del mundo.

-Angeline: Éste es mi segundo año participando en el foro.  A pesar del trabajo y las largas horas que se requieren antes, durante y después del foro, tengo la convicción y la sensación de que venir aquí me renueva los ánimos y la motivación para regresar a Jamaica y continuar otro año que en muchas veces no es nada fácil.

La diversidad de quienes nos reunimos aquí y las relaciones que he desarrollado en los foros es única. Además logro compilar informaciones y ejemplos de cómo puedo innovar y adaptar métodos de trabajo a mi propio contexto.

Muchas conferencias LGBTI tienden a tener participantes de países “occidentales” y del “norte global” y aunque aprendo mucho de ellxs, sus experiencias en muchos casos no reflejan o no pueden compararse con mi contexto en Jamaica. El foro me ha dado una oportunidad única de conocer, intercambiar y aprender de personas del “sur global”. Algo crucial para el método del foro es la cantidad de participantes. No somos mas de cincuenta personas, y esto crea un ambiente profesional e intimo. Podemos comunicarnos, conocernos, y compartir con una honestidad y una sensibilidad única.

Este cuarto encuentro del Salzburg Global LGBT Forum concluyó el 7 de octubre de 2016. Los eventos incluyeron mesas de trabajo, presentaciones, muestras cinematográficas, conversatorios íntimos y sesiones de lluvia de ideas. Las conclusiones y el reporte final de este evento será publicado en las próximas semanas. Para más información sobre el foro, las sesiones previas e información sobre miembros, actividades y documentación relacionadas con esta iniciativa, visita este sitio web.

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Lluvia y Arcoíris, un amor de película

Atrás quedaron los años de esplendor de Margo, un actor transformista maduro, confinado a mostrar su show en un pequeño bar de ambiente. Aún conserva el estilo que lo caracterizó siempre: Liza, Barbra, Judy, todas ellas viven en él. Su humor ácido y escéptico contrasta con el de su superficial asistente, Norman. Margo, amante de las ficciones cree que el amor no es para él, y que es algo que sólo se vive en las películas. Pero irrumpe en su vida Tim, un joven veinteañero que lo llevará a vivir esta historia de amor en clave de comedia dramática. Esta es la historia que cuenta “Lluvia y Arcoíris”, una obra que está construida con las frases más famosas de la historia del cine y que es, además, una representación de la vida gay en el Buenos Aires de los años ‘90s. Es mucho más que una historia de amor, es un alegato contra la discriminación, el ocultamiento y la mentira, los verdaderos causantes del drama que en ella encierra.

En diálogo con Boquitas pintadas, el director de la obra, Marcelo Roitman, habla de los entretelones de esta propuesta.

-¿Porque decidió dirigir esta obra de Patolsky?

-Conozco a Gabriel (Patolsky)  hace casi 10 años y desde entonces somos grandes amigos. Siempre quisimos trabajar juntos, cada uno desde su lugar como artista. Hace casi 2 años recibí por mail el texto y no dudé en que sería el proyecto que tanto queríamos hacer. Gabriel escribe con una sensibilidad exquisita y fue el rasgo que siempre admiré en su trabajo. Lluvia y Arcoíris está impregnada de esa sensibilidad, además de un finísimo sentido del humor y el toque justo de melodrama que la hacen tan intensa, divertida y conmovedora a la vez. Imposible no querer “trabajarla” después de la primera lectura.

-¿Cómo se emparenta el teatro con el cine en esta historia de amor?

-Margo, el personaje principal de “Lluvia y Arcoíris”, es un transformista en el final de su carrera. Toma su nombre de Margo Channing, el personaje de Bette Davis en “La Malvada”, y es un fanático del cine. Ama tanto el cine que usa las frases de películas casi constantemente para expresar lo que siente o lo que le pasa y es gracias a esas frases que conecta con Tim, el chico que golpea a su puerta pidiendo un autógrafo y con quien vivirá la historia de amor más importante de su vida.  El texto, además, reflexiona sobre por qué la ficción es un lugar tan preciado para los gays.

-¿Qué mirada se muestra sobre el transformismo encarnado en Margo?

-El transformismo es en Margo la manera de construir una nueva historia, una nueva identidad, además de una manera para ganarse la vida. Un lugar donde poder desplegar su acidez, sinceridad e histrionismo. Además, es una metáfora potente para la explotación de las facetas femeninas y masculinas que todos tenemos dentro. Y a pesar de parecer un gran imitador es una criatura completamente genuina.

-¿Qué concepto del amor se propone en escena?

-Justamente la polaridad temática del texto tiene que ver con dos miradas de la sociedad sobre el amor y la homosexualidad en diferentes épocas. Estas miradas están representadas por Margo y su asistente Norman. La primera, producto de la  mirada represiva de la sociedad que creía que el amor no era permitido para los gays, a los que solo se les reservaba el goce sexual. Y la otra mirada, la que fue imponiéndose a través de luchas y reivindicaciones durante más de 2 décadas hasta conseguir la sanción de la ley de matrimonio igualitario, a través de la idea del “mismo amor, con los mismos derechos”

-¿Qué acercamiento hay hacia la vida gay en los 90s?

-No sólo desde el discurso del texto, sino que además desde la estética, vestuario y dirección de arte, están muy patentes los ‘90s. El pensamiento, cosmovisión y manera de relacionarse. Es un homenaje a esa época. Un retrato de una sociedad que ya tenía más de una década de vida democrática y que, sin embargo, esa libertad no había llegado a la vida gay, que se seguía viviendo en clandestinidad producto de las persecuciones policiales y sociales.

 

Desde el sábado 6 de agosto va todos los sábados a las 23.30 en el Teatro Buenos Aires

 

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Leonor Silvestri, autora de Games of Crohn (el diario de una internación)

Leonor Silvestri, poeta y traductora especializada en poesía clásica, es además profesora de filosofía, deportista de combate y discapacitada legal. Define su recorrido vital y político como “una búsqueda de la consistencia consigo misma”. Así la presenta el periodista Daniel Gigena, quien la entrevistó para Boquitas pintadas a poco de publicado su nuevo trabajo, Games of Crohn. 

En ese trayecto ha construido una obra que incluye performances, manifiestos, fanzines, ensayos filosóficos, activismo, debates públicos, programas de radio y videos, bandas de punk-rock. Algunos de sus libros son la tetratología de La guerra en curso (Nos es nada, Paris, 2016), Guerra Fría (Germinal Costa Rica, 2014), El don de creer (Santa Muerte Cartonera México, 2009), y Nugae, Teoría de la traducción (Simurg. 2003). Es autora del ensayo Catulo, Poemas. Una introducción crítica (Santiago Arcos. 2005). Con Ludditas Sexxxuales publicó en Milena Caserola Ética amatoria del deseo libertario y las afectaciones libres y alegres (2012), y con Manada de Lobxs, Foucault para encapuchadas (2014). Junto con Mai Staunsager, filmó el documental Games of Crohn y Trabajo sexual en primera persona conla Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR-CTA).

Este año, Milena Caserola publicó su nuevo trabajo, Games of Crohn. Diario de una internación, un libro que deshace géneros literarios, sexuales y sociales para narrar su vida dentro y fuera de las paredes de un hospital, luego de haber sido diagnosticada con una enfermedad crónica de origen desconocido. “Mi vida se ha convertido en una sucesión ininterrumpida de médicos, tratamientos, estudios, trámites y discusiones con personal técnico y administrativo”, se lee en una de las entradas finales del diario de Silvestri, que combina el arte del relato y la anécdota con las reflexiones biopolíticas y el ensayo filosófico. En la Argentina hay una tradición escueta de “diarios de escritores enfermos”, en la que figura Diario de la hepatitis, un libro surrealista firmado por César Aira; Biografía de mi cáncer, de Patricia Kolesnicov y Un año sin amor. Diario del sida, de Pablo Pérez.

Leonor Silvestri; foto: Michelle Gentile

“El cuerpo paciente está siempre a disposición. Entran, salen, colocan. Imposible organizar una suerte de rutina con horarios, aunque de algún modo en la detención, la hay. De acuerdo a lo que otros dictaminan o les conviene, el cuerpo es examinado, palpado, pinchado, visitado. El cuerpo paciente está a disposición del control, tendido en una cama. Duermo al lado de una bomba con una luz iridiscente que hace una pequeña y sutil música que jamás se detiene o apaga. Como una sirena policial, vela mi sueño, mi bienestar. El cuerpo paciente está echado a la espera, aguarda que le toquen y le manipulen esta medicina humanizada de privilegiada. El cuerpo paciente sin rutina, sin intimidad, cuerpo expuesto y dispuesto al control, al cual se le llama cuidado. El descanso y la soledad se hacen inhallables al cuerpo paciente. El cuerpo paciente pierde así su sensualidad”, escribe Silvestri, gran lectora y difusora de la obra de filósofos del mundo antiguo y de la contemporaneidad. En su nuevo libro conviven apuntes sobre el devenir cyborg de Vicky Xipolatis, la importancia de tener enemigos dignos, la potencia del pensamiento de Spinoza y los aparatos de captura de la heterosexualidad capitalista.

-¿Cómo escribiste Games of Crohn y cómo fue el trabajo de edición para convertirlo en un diario?

-Lo comencé a escribir durante mi segunda internación, dos meses después del  diagnóstico de Crohn. Durante la más larga y cruenta de todas las estadías hospitalarias que tuve, que fueron muchas, casi por prescripción psiquiátrica, como una suerte de terapéutica, un poco para no enloquecer frente al encierro hospitalario, que por vip que sea supone una de las experiencias más atroces a las cuales se somete “la cuerpa” (no dejaré de decirlo, hay pocas experiencias más horrorosas que la de la internación hospitalaria tal como está pensada en nuestro mundo desde que el hospital fue creado hasta hoy); otro poco para burlarme de la desgracia a la cual te reducen no sólo los dispositivos de la medicina hegemónica sino también hasta las personas que supuestamente te quieren, dado que Occidente ha aplanado hasta la capacidad de cuidar a quien está grave. Entonces, desde el principio fue literalmente un diario. Formaba parte de mi rutina cotidiana cuando caí en la cuenta de que no iba a salir pronto de la internación y que al salir ya nada sería como antes, para bien y para mal. Luego, ya externada, continué con su escritura, porque hasta que pude dejar de vivir  como enferma (hacer trámites burocráticos para obtener mi discapass y demás derechos; controles médicos que eran casi semanales, etc.) pasaron muchos meses en los cuales en mi tiempo no aparateado por las burocracias y en la abulia del encierro de la externación sin alta (porque estaba externada pero no dada de alta) escribía mi enfrentamiento con el dispositivo sociedad y lo subía a mi blog. El trauma físico producido no tanto por el dolor de Crohn (que duele mucho) sino especialmente por el dispositivo hospitalario, por las consultas médicas durante la externación, por los trámites, la sociedad en suma más mis recuerdos todavía candentes de lo que había sufrido y la ansiedad de la incertidumbre que produce saber que puede volver a ocurrir casi en cualquier momento y que el cuadro empeora con el tiempo hizo que casi no haya podido tocarlo más tarde cuando llegó el momento de pasarlo a papel. Creo que por eso conserva el salvajismo de lo espontáneo que galopa en el día a día. Me dan ganas de preguntarte yo a vos si lo sentís así, como una escritura que desborda y desterritorializa los códigos y los protocolos, porque como suele ocurrir con este género, fue escrito en la urgencia de quien está siendo perseguida por la Parca.

-Sí, eso se transmite en varios momentos del libro.

-Lo guía la idea de cortar el aliento; s fin de cuentas, fue pensando como una máquina para volver a alentarme en todos sus sentidos y falsas etimologías: ir más lento, recuperar el aliento, no estar desalentada.  Debo confesar que tengo gente que me ha comentado que se lo devoraba, lo cual me resulta una agraciada metáfora para un libro que fue escrito conjurando el ansia que genera la inanición tras casi cuarenta días sin ingerir una secuencia lógica de sólidos y líquidos. Por lo demás, conserva la acidez del ph alto de los cuadros gastrointestinales; me divertí mucho escribiéndolo, lo cual fue y es esencial para vivir (bien) con o sin diagnóstico legal. Devenir Diógenes de Sínope.

-¿Cuáles son las posibilidades que la enfermedad abre y cuáles los desafíos al “paradigma capacitista” del capitalismo?

-Gilles Deleuze dice en su abecedario que la enfermedad y la vejez tienen potencias muy grandes a invocar y realmente creo que es así. Suponemos que una intensidad alta de la potencia supone un cuerpo más alfa. No obstante, hasta que no se te cae el piano del acontecimiento en la cabeza no te das cuenta de la fuerza de esa afirmación. El mundo capacitista, que piensa que la máxima gloria es existir por siempre lo más joven y bella que se pueda, construye esa ficción materialmente expropiándonos de la posibilidad de invocar las potencias propias y específicas de la esencia singular de todos los cuerpos: la fragilidad y la vulnerabilidad. Lógico que existe el riesgo de no vivirlo así; al fin de al cabo, una puede fugar o puede reterritorializar lo peor de la hegemonía. Hay algunos a los que les roban el celular y dicen “qué suerte me liberé” y hay quienes se convierten en el truculento “Ingeniero Santos”. Ya Paul Nizan nos decía: “He tenido veinte años, no dejaré nunca que nadie me diga que es la etapa más hermosa de la vida” o algo así. Mi cuadro no tiene desafíos cual si fueran obstáculos a sortear en pos de una salud que se ha de recuperar. El ideal platónico de “salud” lo perdí para siempre y ¡qué bueno! Mi condición modifica las formas de pensar la vida y de vivirla al mismo tiempo, supone la oportunidad para dar rienda suelta a una gran cantidad de impulsos, incluso si una está fija: desde retirarse del mundo de las sociabilidades envenenadas y las comunidades terribles propias del capitalismo en su etapa actual hasta el devenir lícidamente “Violencia Rivas” sin filtro, pasando por una retirada ofensiva como dice el comité Invisible. En cuanto al capacitismo, mi condición (yo no le digo enfermedad porque no tiene cura, sino más bien se trata de una mutación genética, como el pulgar oponible de la monita Lucy, de la cual parece derivamos todas las formas humanas antropoides) es altamente autónoma aunque puede ser algo incómoda. No obstante por llevadera que pueda ser Crohn motrizmente y la poca asistencia humana de la cual se depende si no se está en un período de crisis (que puede sobrevenir de manera incierta, del mismo modo que se vive permanentemente con un cuadro de inmunodepresión, es decir, resfrío crónico, problemas cutáneos, degradación hepática paulatina producto de la medicación, retorcijones y molestias abdominales), justamente como no es ostensible a simple vista, y el paradigma capacitista es estigmatizador dado que sólo cree que se es disca o se convive con algún cuadro de diversidad si andás en silla de ruedas; la gente cuando no presentás rasgos distintivos de tu condición cree que no tenés nada, que exagerás. Si a una cuerpa con los requerimientos, apoyos y dispositivos propios de una distrofia muscular no se la tiene en cuenta, imaginate a alguien que se le impone ser y se la supone ser como cualquier otra. Y esta piel que habito tiene sus límites, sus requerimientos, sus necesidades que no son nada especiales pero no por eso menos requeridas: no puedo comer ni beber cualquier cosa, no puedo desorganizar mucho la rutina, no puedo consumir casi psicoativos y estupefacientes, ni legales ni de los otros, ni compartir fluidos, entre otras cosas. Tengo un devenir anciana, me engripo de la nada, tengo que aprenderme hasta para ir a la guardia que drogas sí puedo consumir y cuáles no, un ibuprofeno o carbon activado me pone en riesgo, comer harinas y  beber destilados es épico. En fin, lo que intento decir es que justamente lo que no se ve no se tiene en cuenta, además de que no garpo como figura en el cartel que toda empresa montada sobre la discapacidad exige. De cualquier forma no es una competencia de quién es más disca, sino los efectos de la sociedad capacitista, que en mucho lucra sobre el cuerpo disca, que sólo sabe hacer dos cosas, que en realidad son la misma, excluir u homogeneizar. Dicho lo cual, debo confesar que pase lo que pase adoro esto que me pasa y me pasó y me pasará, y pienso extraerle su máximo provecho fenomenológico hasta que las velas no ardan, aunque de ahora en más siempre deba inyectarme cada quince días y vivir cerca de una heladera que refrigere mi medicación, la cual, como los cócteles de retrovirales, también nos daña. Soy una de esas extrañas personas que pese a que su condición es cargosa, por el contrario, le gusta convivir con ella y experimentar los mundos que me revela mientras me preparo para las futuras contiendas que los dispositivos me deparan. Games of Crohn da cuenta de todo ello. Tengo más agradecimiento por Crohn que enojo. De hecho, es la sociedad la que está enferma, no mi cuerpa mutante.

-En el libro hay varias reflexiones críticas sobre el feminismo, la teoría de género, el progresismo, ¿qué reservas hay aún en esos idearios hoy?

-Todos los derechos están reservados. Básicamente  son marcas de golosinas. Yo me voy a seguir diciendo feminista hasta que deje de incomodar a las colegas de la buena conciencia, la ley y el orden, las causales por aborto, y las antitrabajo sexual. Es una pregunta muy compleja la que me proponés que a diario me hago. Creo que vía la noción del bien y la batalla subjetiva ganada claramente por los valores cristianos inherentes al capitalismo (ayudar al prójimo, querer es poder, no obrar mal, la responsabilidad individual), ciertos movimientos sociales han reterritorializado cuando no la coerción directa, al menos grupos doctrinales o sociabilidades envenenadas que suponen desde inculpar y criminalizar hasta resolver de manera individual problemas colectivos. Hubo un tiempo, por caso, donde los grupos de autoconciencia y las organizaciones de mujeres daban una batalla por la desnaturalización de toda clase de dominaciones y opresiones  vividas pero no sabidas. Hoy en día suelen ser espacios donde pueden llegar a imperar líneas duras de gestión, donde tu propio sometimiento es garantía de inteligibillidad dentro del grupo; por eso se castiga tan duramente cualquier desvío de lo que dicta la norma feminista o la divergencia de los cánones feministas; espacios donde, en vez de operar como contradispositivo de desubjetivación, reterritorializan la moral de lo que está bien y lo que está mal en una otra que no es una, sin entender ninguna singularidad, sin hacer las vidas singulares más vivibles, sin entender nada. La pequeña jueza Chiquita L. que todas llevamos dentro. O, por el contrario, esto ocurre especialmente en ciertas zonas de Europa, aunque aquí también: un feminismo que utiliza todo su andamiaje teórico para justificar cualquier aberración en términos filosófico-político, como que en pos de la libertad se vulnere, prohíba y se persiga a todo el colectivo de trabajadoras sexuales, lo cual supone una guerra por la paz. Crohn es en mí la manifestación del poder mutante de la modificación: imaginate si toda tu carrera estuviera montada en un presupuesto que se prueba errado. Personalmente, no siento ninguna nostalgia por momentos más potentes y menos asimilados del movimiento feminista y LGTB, tal vez sí un poco de envidia, pero no me suelo detener ante lo ineluctable. Estamos en un momento donde no tenemos ni códigos ni olfato, ¿el vaciamiento total de todo? No realmente, sino más bien el llenamiento absoluto de la nada. Si mañana estallara explícitamente la dictadura en términos de desaparición y tortura empírica, ostensible y expresa, como otrora (ya sabemos que éstas son dictaduras democráticas gestionando a sociedades civiles pacificadas o pacivicadas), no haría ni falta infiltrar nuestros movimientos porque de a uno en una, desde los que creen que los chorros deben ser heridos de muerte mortal hasta activar espacios de base con la rancia aristocracia y familias de funcionarios de partidos de derecha, hasta pasar por los ex aparatos represivos en centros de la supuesta diversidad, sin olvidar a las señoras lesbianas europeas y blancas que usan sus saberes sobre ética de Spinoza para justificar que pese a ser jóvenes aún y estar altamente psicofisicamente capacitadas tiene servicio doméstico, es que estamos hasta las tetas nadando en la mierda donde lo político se construye por medio de “orgas onegeizadas” o que sólo sirven a construir objetivos personales dentro de políticas clásicas partidarias. Los feminismos, si quieren seguir afilando sus hachas, deberán hacerse cargo de que tenemos una extensa tradición de persigo, oprimo, ninguneo, acallo luego existo, dentro de nuestras propias filas. Algunas de nuestras diosas del Olimpo feminista de hoy fueron excluidas del ayer, otras siguen siendo obturadas por narrativas más asimiladas, menos cuestionadoras, más digeribles para continuar con la metáfora de las enfermedades inflamatorias intestinales. Mientras tanto, cualquier montaje puede ser hecho contra cualquiera que desee agitar un poco el avispero no vaya a ser alguna otra más se salga del espacio de las comunes. Es menester aprender a pensar y leer entre líneas. ¡Pero imaginate que ni logramos detectar un perfil trucho en Facebook…!

-¿Cuáles son las pasiones tristes a combatir en el presente? ¿Y cuáles las alegres para cultivar en mundo hostil? ¿Hostil para quiénes?

Ojalá fuera hostil de este lado del mundo, es más bien plano, ausente, borrado, carente de todo tipo de confrontación o conflicto, por eso me parece esencial incomodar, declarar la guerra, hacer que la situación se presentifique para agitar un poco el avispero con el anhelo de producir algún efecto, algún fluyo vital, como un desfibrilador sobre el beat de un corazón que se apaga. Y cuando el acontecimiento viene como un tsunami tener a mano la tabla de surf para surfear la ola lo mejor que se pueda sin ahogarnos. La verdad que más que “cuáles” continua siendo “cómo”: cómo pensar lo que se suele llamar enfermedad, cómo trazar líneas de errancia y fuga, cómo cuidarnos, cómo vivir bien juntxs o solas. Personalmente creo que es muy entristecedor, y por ende es menester huir urgentemente de ahí, esa inocente creencia en que la promulgación de una ley no está en relación directa o indirecta con una política de mercado y la reafirmación del capitalismo. Hay que dejar de tener confianza ciega en ciertas cosas y tomar recaudos antes de expresar deseos porque a veces las plegarias son atendidas, en lo relativo a la “justicia”/legalidades y a la judicialización y punitivización como modo de resolver conflictos. Nadie, excepto Zaffaroni, habría pensado que, una vez derogada la misógina y sexista figura de infanticidio (que contemplaba penas aún más bajas que el aborto, para alguien que “asesinaba” a su hijo tras el parto), tendríamos un caso como el de Romina Tejerina. Del mismo modo habría que pensarse mejor qué supondría que se promulgue una ley de aborto legal con una causal como “grave malformación fetal”. ¿Qué significa eso? ¿Una persona down, con crohn, asperger, fibrosis poliquística y la monita Lucy con su pulgar oponible de donde descendemos todas o un feto inviable acéfalo? ¿Por qué la libre elección y autonomía sobre el propio cuerpo es defendida acríticamente cuando se trata del aborto (cuestión que yo también defiendo aunque no me desentiendo de la reterritorialización neolilberal que predica un sujeto que elige libremente, ¡vaya oxímoron!, responsable de sus actos) pero no cuando se habla del trabajo sexual? ¿Por qué el abolicionismo puede esgrimir argumentos rayanos con el cristianismo y el fascismo cuando se trata de la oferta de servicios sexuales pero después está vedado cuestionar la eugenesia de una ley que habla de “malformación”? Tenemos suficiente información para entender que si el DSM tipifica como “síndrome antisocial” ciertas prácticas anticapitalistas, insurreccionales, ¿por qué un día eso mismo no habría de ser trasladado a nivel moléculo-genético y se considerará una malformación abortable? Un mundo feliz de Huxley ya llegó y 1984 de Orwell parece el manual de instrucciones de la primera materia de Adminsitración de Empresas o Marketing, ¿entonces por qué es conspiranoico y ocioso pensar que no es rentable un usuario de prepaga u obra social crónico (por ejemplo con Crohn, con el dinero que hay que invertir en mantenernos con vida, con la cantidad de días -es decir, dinero- que nos pasamos internadas) y por ende es mejor encontrar la forma de ser descartados sin más so pretexto del derecho a elegir -que yo también sostengo? Estoy haciendo un llamamiento a desconfiar de los deseos y a construir vidas más vivibles para todas las mutantas de este mundo a riesgo de que desaparezca la diversidad y el fascismo se instale para siempre. Sé que se me suele sacar de contexto y que no importa cuánto me esfuerce en anclar mis palabras para que burdamente no proliferen hacia cualquier tipo de sentido, por eso, afirmo que estoy, como la feminista que aún soy, completa e irrestrictamente a favor del aborto a cómo dé lugar.

-¿Cómo definirías tu pensamiento y tu escritura, que en parte presuponen una biblioteca libertaria leída a contrapelo?

Creo que la definiste bien vos. Supongo que me he vuelto una terrorista, una enemiga pública y una franca-tiradora. No me da miedo, no soy ni la primera ni la última de una estirpe maldita. Lo que haga el enemigo con mis palabras me importa un bledo porque lo importante es lo que mis palabras hacen contra las discursividades que crean agentes voluntarios del control imperial. A veces me da paja, eso sí, porque suele ser agotador enfrentarse a la imbecilidad de la mediocridad, y disculpen la cacofonía. Es exactamente eso con lo que cuento, una biblioteca libertaria leída estrábicamente o a contrapelo, como nos decía en clase que había que leer la literatura toda el viejo Viñas, digamos, como si la comentáramos con Foucault, sumada a una biblioteca de la Antigüedad grecolatina de la cual no reniego sino, por el contrario, es donde encuentro un solaz pesimista y suspicaz como formas de sarcasmo para poder resistir alegremente, más un placer de novela por ciertas área de la filosofía, que de manera autodidacta aprendí como buena ácrata, sin descuidar el hecho de que ciertos géneros considerados menores (desde la ciencia ficción hasta las filosofías no platónico-aristotélicas del mundo antiguo del mediterráneo) brindan cuando no respuestas al menos armas para defenderse que suele ser atacar. No puedo evitar cada día más no hacer del pensamiento filosófico una poética, es decir una política, o al menos, intentarlo. Tampoco quiero. Si me muero, cosa que va a pasar, espero devenir espora, colectivos ya tenemos, y nunca están adaptados a la diversidad funcional.

 

 

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