Leonor Silvestri, autora de Games of Crohn (el diario de una internación)

 

Leonor Silvestri, poeta y traductora especializada en poesía clásica, es además profesora de filosofía, deportista de combate y discapacitada legal. Define su recorrido vital y político como “una búsqueda de la consistencia consigo misma”. Así la presenta el periodista Daniel Gigena, quien la entrevistó para Boquitas pintadas a poco de publicado su nuevo trabajo, Games of Crohn. 

En ese trayecto ha construido una obra que incluye performances, manifiestos, fanzines, ensayos filosóficos, activismo, debates públicos, programas de radio y videos, bandas de punk-rock. Algunos de sus libros son la tetratología de La guerra en curso (Nos es nada, Paris, 2016), Guerra Fría (Germinal Costa Rica, 2014), El don de creer (Santa Muerte Cartonera México, 2009), y Nugae, Teoría de la traducción (Simurg. 2003). Es autora del ensayo Catulo, Poemas. Una introducción crítica (Santiago Arcos. 2005). Con Ludditas Sexxxuales publicó en Milena Caserola Ética amatoria del deseo libertario y las afectaciones libres y alegres (2012), y con Manada de Lobxs, Foucault para encapuchadas (2014). Junto con Mai Staunsager, filmó el documental Games of Crohn y Trabajo sexual en primera persona conla Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR-CTA).

Este año, Milena Caserola publicó su nuevo trabajo, Games of Crohn. Diario de una internación, un libro que deshace géneros literarios, sexuales y sociales para narrar su vida dentro y fuera de las paredes de un hospital, luego de haber sido diagnosticada con una enfermedad crónica de origen desconocido. “Mi vida se ha convertido en una sucesión ininterrumpida de médicos, tratamientos, estudios, trámites y discusiones con personal técnico y administrativo”, se lee en una de las entradas finales del diario de Silvestri, que combina el arte del relato y la anécdota con las reflexiones biopolíticas y el ensayo filosófico. En la Argentina hay una tradición escueta de “diarios de escritores enfermos”, en la que figura Diario de la hepatitis, un libro surrealista firmado por César Aira; Biografía de mi cáncer, de Patricia Kolesnicov y Un año sin amor. Diario del sida, de Pablo Pérez.

Leonor Silvestri; foto: Michelle Gentile

“El cuerpo paciente está siempre a disposición. Entran, salen, colocan. Imposible organizar una suerte de rutina con horarios, aunque de algún modo en la detención, la hay. De acuerdo a lo que otros dictaminan o les conviene, el cuerpo es examinado, palpado, pinchado, visitado. El cuerpo paciente está a disposición del control, tendido en una cama. Duermo al lado de una bomba con una luz iridiscente que hace una pequeña y sutil música que jamás se detiene o apaga. Como una sirena policial, vela mi sueño, mi bienestar. El cuerpo paciente está echado a la espera, aguarda que le toquen y le manipulen esta medicina humanizada de privilegiada. El cuerpo paciente sin rutina, sin intimidad, cuerpo expuesto y dispuesto al control, al cual se le llama cuidado. El descanso y la soledad se hacen inhallables al cuerpo paciente. El cuerpo paciente pierde así su sensualidad”, escribe Silvestri, gran lectora y difusora de la obra de filósofos del mundo antiguo y de la contemporaneidad. En su nuevo libro conviven apuntes sobre el devenir cyborg de Vicky Xipolatis, la importancia de tener enemigos dignos, la potencia del pensamiento de Spinoza y los aparatos de captura de la heterosexualidad capitalista.

-¿Cómo escribiste Games of Crohn y cómo fue el trabajo de edición para convertirlo en un diario?

-Lo comencé a escribir durante mi segunda internación, dos meses después del  diagnóstico de Crohn. Durante la más larga y cruenta de todas las estadías hospitalarias que tuve, que fueron muchas, casi por prescripción psiquiátrica, como una suerte de terapéutica, un poco para no enloquecer frente al encierro hospitalario, que por vip que sea supone una de las experiencias más atroces a las cuales se somete “la cuerpa” (no dejaré de decirlo, hay pocas experiencias más horrorosas que la de la internación hospitalaria tal como está pensada en nuestro mundo desde que el hospital fue creado hasta hoy); otro poco para burlarme de la desgracia a la cual te reducen no sólo los dispositivos de la medicina hegemónica sino también hasta las personas que supuestamente te quieren, dado que Occidente ha aplanado hasta la capacidad de cuidar a quien está grave. Entonces, desde el principio fue literalmente un diario. Formaba parte de mi rutina cotidiana cuando caí en la cuenta de que no iba a salir pronto de la internación y que al salir ya nada sería como antes, para bien y para mal. Luego, ya externada, continué con su escritura, porque hasta que pude dejar de vivir  como enferma (hacer trámites burocráticos para obtener mi discapass y demás derechos; controles médicos que eran casi semanales, etc.) pasaron muchos meses en los cuales en mi tiempo no aparateado por las burocracias y en la abulia del encierro de la externación sin alta (porque estaba externada pero no dada de alta) escribía mi enfrentamiento con el dispositivo sociedad y lo subía a mi blog. El trauma físico producido no tanto por el dolor de Crohn (que duele mucho) sino especialmente por el dispositivo hospitalario, por las consultas médicas durante la externación, por los trámites, la sociedad en suma más mis recuerdos todavía candentes de lo que había sufrido y la ansiedad de la incertidumbre que produce saber que puede volver a ocurrir casi en cualquier momento y que el cuadro empeora con el tiempo hizo que casi no haya podido tocarlo más tarde cuando llegó el momento de pasarlo a papel. Creo que por eso conserva el salvajismo de lo espontáneo que galopa en el día a día. Me dan ganas de preguntarte yo a vos si lo sentís así, como una escritura que desborda y desterritorializa los códigos y los protocolos, porque como suele ocurrir con este género, fue escrito en la urgencia de quien está siendo perseguida por la Parca.

-Sí, eso se transmite en varios momentos del libro.

-Lo guía la idea de cortar el aliento; s fin de cuentas, fue pensando como una máquina para volver a alentarme en todos sus sentidos y falsas etimologías: ir más lento, recuperar el aliento, no estar desalentada.  Debo confesar que tengo gente que me ha comentado que se lo devoraba, lo cual me resulta una agraciada metáfora para un libro que fue escrito conjurando el ansia que genera la inanición tras casi cuarenta días sin ingerir una secuencia lógica de sólidos y líquidos. Por lo demás, conserva la acidez del ph alto de los cuadros gastrointestinales; me divertí mucho escribiéndolo, lo cual fue y es esencial para vivir (bien) con o sin diagnóstico legal. Devenir Diógenes de Sínope.

-¿Cuáles son las posibilidades que la enfermedad abre y cuáles los desafíos al “paradigma capacitista” del capitalismo?

-Gilles Deleuze dice en su abecedario que la enfermedad y la vejez tienen potencias muy grandes a invocar y realmente creo que es así. Suponemos que una intensidad alta de la potencia supone un cuerpo más alfa. No obstante, hasta que no se te cae el piano del acontecimiento en la cabeza no te das cuenta de la fuerza de esa afirmación. El mundo capacitista, que piensa que la máxima gloria es existir por siempre lo más joven y bella que se pueda, construye esa ficción materialmente expropiándonos de la posibilidad de invocar las potencias propias y específicas de la esencia singular de todos los cuerpos: la fragilidad y la vulnerabilidad. Lógico que existe el riesgo de no vivirlo así; al fin de al cabo, una puede fugar o puede reterritorializar lo peor de la hegemonía. Hay algunos a los que les roban el celular y dicen “qué suerte me liberé” y hay quienes se convierten en el truculento “Ingeniero Santos”. Ya Paul Nizan nos decía: “He tenido veinte años, no dejaré nunca que nadie me diga que es la etapa más hermosa de la vida” o algo así. Mi cuadro no tiene desafíos cual si fueran obstáculos a sortear en pos de una salud que se ha de recuperar. El ideal platónico de “salud” lo perdí para siempre y ¡qué bueno! Mi condición modifica las formas de pensar la vida y de vivirla al mismo tiempo, supone la oportunidad para dar rienda suelta a una gran cantidad de impulsos, incluso si una está fija: desde retirarse del mundo de las sociabilidades envenenadas y las comunidades terribles propias del capitalismo en su etapa actual hasta el devenir lícidamente “Violencia Rivas” sin filtro, pasando por una retirada ofensiva como dice el comité Invisible. En cuanto al capacitismo, mi condición (yo no le digo enfermedad porque no tiene cura, sino más bien se trata de una mutación genética, como el pulgar oponible de la monita Lucy, de la cual parece derivamos todas las formas humanas antropoides) es altamente autónoma aunque puede ser algo incómoda. No obstante por llevadera que pueda ser Crohn motrizmente y la poca asistencia humana de la cual se depende si no se está en un período de crisis (que puede sobrevenir de manera incierta, del mismo modo que se vive permanentemente con un cuadro de inmunodepresión, es decir, resfrío crónico, problemas cutáneos, degradación hepática paulatina producto de la medicación, retorcijones y molestias abdominales), justamente como no es ostensible a simple vista, y el paradigma capacitista es estigmatizador dado que sólo cree que se es disca o se convive con algún cuadro de diversidad si andás en silla de ruedas; la gente cuando no presentás rasgos distintivos de tu condición cree que no tenés nada, que exagerás. Si a una cuerpa con los requerimientos, apoyos y dispositivos propios de una distrofia muscular no se la tiene en cuenta, imaginate a alguien que se le impone ser y se la supone ser como cualquier otra. Y esta piel que habito tiene sus límites, sus requerimientos, sus necesidades que no son nada especiales pero no por eso menos requeridas: no puedo comer ni beber cualquier cosa, no puedo desorganizar mucho la rutina, no puedo consumir casi psicoativos y estupefacientes, ni legales ni de los otros, ni compartir fluidos, entre otras cosas. Tengo un devenir anciana, me engripo de la nada, tengo que aprenderme hasta para ir a la guardia que drogas sí puedo consumir y cuáles no, un ibuprofeno o carbon activado me pone en riesgo, comer harinas y  beber destilados es épico. En fin, lo que intento decir es que justamente lo que no se ve no se tiene en cuenta, además de que no garpo como figura en el cartel que toda empresa montada sobre la discapacidad exige. De cualquier forma no es una competencia de quién es más disca, sino los efectos de la sociedad capacitista, que en mucho lucra sobre el cuerpo disca, que sólo sabe hacer dos cosas, que en realidad son la misma, excluir u homogeneizar. Dicho lo cual, debo confesar que pase lo que pase adoro esto que me pasa y me pasó y me pasará, y pienso extraerle su máximo provecho fenomenológico hasta que las velas no ardan, aunque de ahora en más siempre deba inyectarme cada quince días y vivir cerca de una heladera que refrigere mi medicación, la cual, como los cócteles de retrovirales, también nos daña. Soy una de esas extrañas personas que pese a que su condición es cargosa, por el contrario, le gusta convivir con ella y experimentar los mundos que me revela mientras me preparo para las futuras contiendas que los dispositivos me deparan. Games of Crohn da cuenta de todo ello. Tengo más agradecimiento por Crohn que enojo. De hecho, es la sociedad la que está enferma, no mi cuerpa mutante.

-En el libro hay varias reflexiones críticas sobre el feminismo, la teoría de género, el progresismo, ¿qué reservas hay aún en esos idearios hoy?

-Todos los derechos están reservados. Básicamente  son marcas de golosinas. Yo me voy a seguir diciendo feminista hasta que deje de incomodar a las colegas de la buena conciencia, la ley y el orden, las causales por aborto, y las antitrabajo sexual. Es una pregunta muy compleja la que me proponés que a diario me hago. Creo que vía la noción del bien y la batalla subjetiva ganada claramente por los valores cristianos inherentes al capitalismo (ayudar al prójimo, querer es poder, no obrar mal, la responsabilidad individual), ciertos movimientos sociales han reterritorializado cuando no la coerción directa, al menos grupos doctrinales o sociabilidades envenenadas que suponen desde inculpar y criminalizar hasta resolver de manera individual problemas colectivos. Hubo un tiempo, por caso, donde los grupos de autoconciencia y las organizaciones de mujeres daban una batalla por la desnaturalización de toda clase de dominaciones y opresiones  vividas pero no sabidas. Hoy en día suelen ser espacios donde pueden llegar a imperar líneas duras de gestión, donde tu propio sometimiento es garantía de inteligibillidad dentro del grupo; por eso se castiga tan duramente cualquier desvío de lo que dicta la norma feminista o la divergencia de los cánones feministas; espacios donde, en vez de operar como contradispositivo de desubjetivación, reterritorializan la moral de lo que está bien y lo que está mal en una otra que no es una, sin entender ninguna singularidad, sin hacer las vidas singulares más vivibles, sin entender nada. La pequeña jueza Chiquita L. que todas llevamos dentro. O, por el contrario, esto ocurre especialmente en ciertas zonas de Europa, aunque aquí también: un feminismo que utiliza todo su andamiaje teórico para justificar cualquier aberración en términos filosófico-político, como que en pos de la libertad se vulnere, prohíba y se persiga a todo el colectivo de trabajadoras sexuales, lo cual supone una guerra por la paz. Crohn es en mí la manifestación del poder mutante de la modificación: imaginate si toda tu carrera estuviera montada en un presupuesto que se prueba errado. Personalmente, no siento ninguna nostalgia por momentos más potentes y menos asimilados del movimiento feminista y LGTB, tal vez sí un poco de envidia, pero no me suelo detener ante lo ineluctable. Estamos en un momento donde no tenemos ni códigos ni olfato, ¿el vaciamiento total de todo? No realmente, sino más bien el llenamiento absoluto de la nada. Si mañana estallara explícitamente la dictadura en términos de desaparición y tortura empírica, ostensible y expresa, como otrora (ya sabemos que éstas son dictaduras democráticas gestionando a sociedades civiles pacificadas o pacivicadas), no haría ni falta infiltrar nuestros movimientos porque de a uno en una, desde los que creen que los chorros deben ser heridos de muerte mortal hasta activar espacios de base con la rancia aristocracia y familias de funcionarios de partidos de derecha, hasta pasar por los ex aparatos represivos en centros de la supuesta diversidad, sin olvidar a las señoras lesbianas europeas y blancas que usan sus saberes sobre ética de Spinoza para justificar que pese a ser jóvenes aún y estar altamente psicofisicamente capacitadas tiene servicio doméstico, es que estamos hasta las tetas nadando en la mierda donde lo político se construye por medio de “orgas onegeizadas” o que sólo sirven a construir objetivos personales dentro de políticas clásicas partidarias. Los feminismos, si quieren seguir afilando sus hachas, deberán hacerse cargo de que tenemos una extensa tradición de persigo, oprimo, ninguneo, acallo luego existo, dentro de nuestras propias filas. Algunas de nuestras diosas del Olimpo feminista de hoy fueron excluidas del ayer, otras siguen siendo obturadas por narrativas más asimiladas, menos cuestionadoras, más digeribles para continuar con la metáfora de las enfermedades inflamatorias intestinales. Mientras tanto, cualquier montaje puede ser hecho contra cualquiera que desee agitar un poco el avispero no vaya a ser alguna otra más se salga del espacio de las comunes. Es menester aprender a pensar y leer entre líneas. ¡Pero imaginate que ni logramos detectar un perfil trucho en Facebook…!

-¿Cuáles son las pasiones tristes a combatir en el presente? ¿Y cuáles las alegres para cultivar en mundo hostil? ¿Hostil para quiénes?

Ojalá fuera hostil de este lado del mundo, es más bien plano, ausente, borrado, carente de todo tipo de confrontación o conflicto, por eso me parece esencial incomodar, declarar la guerra, hacer que la situación se presentifique para agitar un poco el avispero con el anhelo de producir algún efecto, algún fluyo vital, como un desfibrilador sobre el beat de un corazón que se apaga. Y cuando el acontecimiento viene como un tsunami tener a mano la tabla de surf para surfear la ola lo mejor que se pueda sin ahogarnos. La verdad que más que “cuáles” continua siendo “cómo”: cómo pensar lo que se suele llamar enfermedad, cómo trazar líneas de errancia y fuga, cómo cuidarnos, cómo vivir bien juntxs o solas. Personalmente creo que es muy entristecedor, y por ende es menester huir urgentemente de ahí, esa inocente creencia en que la promulgación de una ley no está en relación directa o indirecta con una política de mercado y la reafirmación del capitalismo. Hay que dejar de tener confianza ciega en ciertas cosas y tomar recaudos antes de expresar deseos porque a veces las plegarias son atendidas, en lo relativo a la “justicia”/legalidades y a la judicialización y punitivización como modo de resolver conflictos. Nadie, excepto Zaffaroni, habría pensado que, una vez derogada la misógina y sexista figura de infanticidio (que contemplaba penas aún más bajas que el aborto, para alguien que “asesinaba” a su hijo tras el parto), tendríamos un caso como el de Romina Tejerina. Del mismo modo habría que pensarse mejor qué supondría que se promulgue una ley de aborto legal con una causal como “grave malformación fetal”. ¿Qué significa eso? ¿Una persona down, con crohn, asperger, fibrosis poliquística y la monita Lucy con su pulgar oponible de donde descendemos todas o un feto inviable acéfalo? ¿Por qué la libre elección y autonomía sobre el propio cuerpo es defendida acríticamente cuando se trata del aborto (cuestión que yo también defiendo aunque no me desentiendo de la reterritorialización neolilberal que predica un sujeto que elige libremente, ¡vaya oxímoron!, responsable de sus actos) pero no cuando se habla del trabajo sexual? ¿Por qué el abolicionismo puede esgrimir argumentos rayanos con el cristianismo y el fascismo cuando se trata de la oferta de servicios sexuales pero después está vedado cuestionar la eugenesia de una ley que habla de “malformación”? Tenemos suficiente información para entender que si el DSM tipifica como “síndrome antisocial” ciertas prácticas anticapitalistas, insurreccionales, ¿por qué un día eso mismo no habría de ser trasladado a nivel moléculo-genético y se considerará una malformación abortable? Un mundo feliz de Huxley ya llegó y 1984 de Orwell parece el manual de instrucciones de la primera materia de Adminsitración de Empresas o Marketing, ¿entonces por qué es conspiranoico y ocioso pensar que no es rentable un usuario de prepaga u obra social crónico (por ejemplo con Crohn, con el dinero que hay que invertir en mantenernos con vida, con la cantidad de días -es decir, dinero- que nos pasamos internadas) y por ende es mejor encontrar la forma de ser descartados sin más so pretexto del derecho a elegir -que yo también sostengo? Estoy haciendo un llamamiento a desconfiar de los deseos y a construir vidas más vivibles para todas las mutantas de este mundo a riesgo de que desaparezca la diversidad y el fascismo se instale para siempre. Sé que se me suele sacar de contexto y que no importa cuánto me esfuerce en anclar mis palabras para que burdamente no proliferen hacia cualquier tipo de sentido, por eso, afirmo que estoy, como la feminista que aún soy, completa e irrestrictamente a favor del aborto a cómo dé lugar.

-¿Cómo definirías tu pensamiento y tu escritura, que en parte presuponen una biblioteca libertaria leída a contrapelo?

Creo que la definiste bien vos. Supongo que me he vuelto una terrorista, una enemiga pública y una franca-tiradora. No me da miedo, no soy ni la primera ni la última de una estirpe maldita. Lo que haga el enemigo con mis palabras me importa un bledo porque lo importante es lo que mis palabras hacen contra las discursividades que crean agentes voluntarios del control imperial. A veces me da paja, eso sí, porque suele ser agotador enfrentarse a la imbecilidad de la mediocridad, y disculpen la cacofonía. Es exactamente eso con lo que cuento, una biblioteca libertaria leída estrábicamente o a contrapelo, como nos decía en clase que había que leer la literatura toda el viejo Viñas, digamos, como si la comentáramos con Foucault, sumada a una biblioteca de la Antigüedad grecolatina de la cual no reniego sino, por el contrario, es donde encuentro un solaz pesimista y suspicaz como formas de sarcasmo para poder resistir alegremente, más un placer de novela por ciertas área de la filosofía, que de manera autodidacta aprendí como buena ácrata, sin descuidar el hecho de que ciertos géneros considerados menores (desde la ciencia ficción hasta las filosofías no platónico-aristotélicas del mundo antiguo del mediterráneo) brindan cuando no respuestas al menos armas para defenderse que suele ser atacar. No puedo evitar cada día más no hacer del pensamiento filosófico una poética, es decir una política, o al menos, intentarlo. Tampoco quiero. Si me muero, cosa que va a pasar, espero devenir espora, colectivos ya tenemos, y nunca están adaptados a la diversidad funcional.