Hembra, la biografía de Cris Miró que la rescata del olvido y la discriminación

 

Hembra, vivir y morir en un país de machos, el libro de Carlos Sanzol (Editorial Milena Caserola), es un recorrido biográfico de Cris Miró, la primera persona trans que triunfó como vedette en la Argentina, y cuya vida estuvo marcada a fuego por la discriminación. El libro de Sanzol, un “perfil” tal como lo entiende la cronista Leila Guerriero, reconstruye la historia de esta artista a partir de entrevistas con quienes formaron parte de su entorno durante su apogeo y decadencia, hasta su muerte. Al leer su libro uno siente que se le hace justicia a este ser sensible, adorable y doliente que enfrentó con su cuerpo la transfobia y el machismo de su tiempo.

Portada del libro Hembra, de Carlos Sanzol

En esta entrevista con Boquitas pintadas, el periodista de LA NACION y autor del libro, Carlos Sanzol, revela los motivos que lo llevaron a abordar este personaje y cómo logró investigar la vida de Cris Miró.  

- ¿Por qué te interesó la vida de Cris Miró?
- Tenía ganas de escribir sobre un personaje que hubiese sido un símbolo de algo. Y Cris Miró apareció en ese contexto, mientras estaba haciendo una nota para Espectáculos de LA NACION sobre las vedettes de antes y de ahora. Y en ese listado de nombres de la revista porteña surgió el nombre de Cris como la primera vedette trans que tuvo la Argentina. En ese momento de la nota, 2010, también se estaba discutiendo la ley de matrimonio igualitario. Y de alguna manera, empezó a tener mucho más sentido escribir sobre Cris. También, yo estaba atravesando una crisis sobre quién era y hacia dónde iba. Entonces, volvió a aparecer Cris: ella debió atravesar también una crisis, mucho más grande que la mía, porque además de preguntarse por quién era, debió indagar en su identidad sexual. Así, concluí que lo que iba a escribir era sobre la historia de Cris, que, en realidad, era algo mucho más grande: la historia de un símbolo de la construcción de la identidad en una época plagada de homofobia y machismo.

- ¿Cómo fue el acercamiento a esa vida, a sus afectos, a quienes la conocieron?
- La primera entrevista que tuve para el libro fue con el hermano de Cris, Esteban Virguez, en 2010. Cuando terminé la entrevista quedé bastante conmovido porque me encontré con una historia que tenía varios dejos de tristeza y de conflictos irResueltos. La aprobación familiar fue una de las cuestiones que Cris llevó a lo largo de toda su vida.
Encontrar a las fuentes que nutren el libro fue bastante complicado porque muchas personas que estaban en el entorno de Cris habían desaparecido sin dejar rastros. Su muerte golpeó a muchas personas y provocó un antes y un después en su entorno. Por ejemplo, a uno de sus asistentes logré encontrarlo dos años después de comenzada la investigación.

- ¿Qué fue lo más difícil de lograr en el libro, lo que más te costó, y por qué?
- El libro trata sobre una tragedia: es la historia de una persona que debió luchar contra sus propios fantasmas y los prejuicios sociales para construir su identidad. Y en ese camino, Cris atravesó muchas circunstancias de discriminación: desde el rechazo cotidiano por ser una persona trans hasta el de vivir con VIH en una sociedad que estigmatizaba a la enfermedad.

- ¿Qué papel jugó Flor de la V en la vida de Cris Miró?
- En 1997, Cris estaba en la obra “Más pinas que las gallutas”. El 2 de junio de ese año, cuando terminó la función de la obra, se empezó a sentir mal. Fue hasta su casa, que compartía con su madre, y desde allí la trasladaron en ambulancia al hospital Fernández. En el hospital, le dieron un diagnóstico: neumonía. Mientras estuvo internada, Florencia de la V la reemplazo en la obra. Fue tal la repercusión que tuvo en el teatro, que cuando Cris se reincorpora a la obra, los productores le escriben un papel a Florencia. Las dos debieron convivir en escena. A Cris esta actitud le dolió y lo sintió como una cierta traición. De todas maneras, se llevó bien con Florencia. Ambas compartieron camarín. Hablaban, pero Florencia recuerda que Cris siempre fue una persona distante. No fueron nunca amigas. Sólo compañeras de trabajo. Florencia, después, logró encontrar un rol que ocupar: el de la capocómica. Mientras que Cris cultivó más el de la vedette. Cris fue la pionera, es decir, la persona trans que logró abrir el camino en el mundo del espectáculo a las que vinieron después.

- ¿Cuánto creés que tuvo que ver el machismo de la sociedad en su muerte?
- ¿De qué murió Cris? Esa una de las preguntas que recorre todo el libro. Cris murió de un cáncer linfático, una enfermedad oportunista del VIH. En esa época, 1999, muchas personas lograban sobrevivir al VIH. Sin embargo, Cris se descuidó: dejó de lado el tratamiento médico. Sobre todo, porque ella no podía decir públicamente que era portadora. La estigmatización en ese momento era terrible: para la sociedad argentina, la enfermedad seguía siendo un patología propia de gays, como lo fue en sus inicios en 1982. Había toda una sociedad que silenciaba el VIH. Ni siquiera la madre de Cris supo que su hija vivía con el VIH.
El subtítulo del libro es “Vivir y morir en un país de machos”, justamente, porque en todo su recorrido biográfico, Cris debió enfrentar la discriminación. Fue una persona valiente desde el momento en que se dio a conocer como una travesti, en una época en que las personas trans eran apresadas, maltratadas e, incluso, asesinadas. Hasta 1999, en la ciudad de Buenos Aires rigieron los edictos policiales, suerte de contravenciones. Uno de ellos, el de Escándalo, decía que se detendrá a toda persona que vista en la calle las ropas de su sexo opuesto. Ese edicto, que se mantuvo desde mediados de los 50 hasta 1999, persiguió a las travestis y permitió que se las detuviera. De hecho, ellas podían podían pasar un total de cinco días a la semana presas.

- ¿Por qué creés que ayuda a descifrar su vida de los años 90? ¿Y de hoy?
- Sólo pasaron 17 años desde la muerte de Cris. Es un tiempo muy corto en términos de cambios culturales. Sin embargo, hubo fuertes avances en términos de aceptación a las personas LGBT. De hecho, la ley de identidad de género es, quizás, el mayor avance. La manera en que eran tratadas las personas LGBT en los noventa era tremenda. Por ejemplo, en los programas de TV, cada vez que se entrevistaba a una persona trans se le preguntaba obsesivamente sobre sus genitales.

 

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