Todo empezó cuando su marido le dijo: “Te quiero poco”. Cuando Adriana Gómez Piperno recibió esa respuesta de su compañero de 14 años, con quien tiene una hija, sintió que se le rompía el corazón y que sola no podría. Empezó terapia para afrontar ese proceso de separación y, en paralelo, se soltó a escribir lo que sentía, sus preguntas, sus miedos, sus recuerdos para desarmar el ‘poco’ y procurar entenderlo, para que no le quedara ese vacío.
Adriana es comunicadora –tiene su columna ‘Sin manual’ en la revista Ser padres hoy-, es editora de libros en Ediciones Tiramisú- y es autora del libro El Dinero y las Palabras, Ed. Prometeo. La palabra es lo suyo. Pero esta vez sus escritos estaban cargados de las emociones que iba sintiendo a flor de piel, sin más interés que ese dejar salir, narrar para ver a distancia.
De esos escritos surgió la obra de teatro “Te quiero poco, y todo lo demás”, que este jueves tendrá su última puesta del año en Casa Brandon. No todo fue tan lineal, ella no se imaginaba esto sino que las personas que la rodearon en ese momento la convencieron de que el material tenía la potencia de una obra que es francamente amorosa, atrevida, sensual y llena de humor.
“La obra forma parte de un proceso de terapia que inicié al separarme de mi pareja varón de toda la vida, el padre de Emma”, empieza diciendo Adriana al conversar con Boquitas pintadas. “Empecé a escribir y surgieron de ahí dos o tres páginas que hablaban del duelo, del dolor”. Mostró esas páginas a su vecina Alejandra –con quien hoy está en pareja- y juntas decidieron dárselas a leer a Juan Arena, un amigo director de teatro, que es quien produce y dirige la obra. “A Juan le interesó la idea y empecé a escribir hasta completar las doce piezas de ficción que incluye la obra”.
Adriana aclara que si bien habla de ficción es claramente autobiográfico. “Cuento el recorrido desde ese ‘Te quiero poco’, que es recorrido del amor, el desencanto, hasta la posibilidad de probar con una mujer. Está el tono íntimo, pero también de comedia, por momentos de dificultad y de rareza”, dice.
La obra está representada por dos actrices, una que hace de Juana y la otra que es polifuncional: es psicóloga, compañera de baile, alguien con quien chatea. También es clave la presencia de una pianista en escena que ejecuta música en vivo y suma espesor poético.
- ¿Cómo fue probar con una mujer?
- Fue medio natural pasar a ser lesbiana. Tenía la fantasía y eso se ve en la obra cuando Juana recuerda mujeres desde chica. En algún momento lo pensé. Mis parejas varones siempre fueron muy femeninas. No me gustan las etiquetas, me cuesta el tema de las definiciones pero ahora hace cuatro años que estoy con una mujer.
-¿Pero tu definición como lesbiana te ayudó a entender el fin de tu relación anterior?
- Sí, me sirvió. Me sacudió bastante ver esa historia puesta en la obra. Hay mucha incomprensión, búsqueda de pareja con métodos que dan gracia. Pero el tema empezó a partir de que con mi marido estábamos mal. Entonces, cuando le pregunto: “¿Vos me querés?”, él me respondió: “Te quiero poco”. Emma tenía dos años y medio. En la obra Juana trata de forzar explicaciones, hace un juego verbal sobre el poco: ¿qué es poco? Establece relación con la canción de te quiere, mucho, poquito, nada. Trata de desarmar el poco para entenderlo pero no lo logra.
Lo que estaba claro era la falta de amor de alguien que no sabe cómo decirte que ya no está ahí, que te quiere de otra forma. El tema es que hay de parte de una resistencia, un no poder aceptar que te están dejando, que te quieren poco. Parece que se acabara el mundo sin el otro.
- ¿El tema de la homosexualidad no estuvo nunca presente?
- Cuando nos separamos en medio de una discusión me dijo: “Ahora vas a poder probar con mujeres”. Eso él lo tenía claro. Lo que pasa es que cuando vino la primera pareja mujer igual se sorprendió. Pero es muy abierto y no me hizo problema. Ahora nos llevamos muy bien. Incluso llegó a decir que él tenía un mérito porque después de la separación yo había podido sacar lo mejor de mi.
- ¿Cómo lo tomó tu hija?
- A ella le conté hace un año y medio. Ahora tiene ocho. Conversamos sobre esto de que cuando te gusta alguien y es mutuo pueden ser novios. Un día me preguntó si tenía novio. “¿Y novia?”, me dijo. Le respondí: “Me gusta alguien, estoy conociendo a alguien”. Empezó a pensar. Cuando empezamos a salir con Ale sola se fue dando cuenta. Ella ve las cosas desde el afecto. Cuando yo le conté a la maestra sobre esto, para que estuviera atenta, me dijo que Emma ya se lo había contado. Se lo dijo bajito al oído: “Tengo una especie de hermanito”. Porque mi pareja tiene un hijo y suelen verse. Ella lo está asimilando y lo reparte como puede.
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