Qué es ser tolerantes

 

¿Una persona tolerante? ¿Qué significa tolerar a otro? ¿Aguantarlo? ¿Soportarlo pese a ser distinto que uno? En algunas de estas preguntas hace pie el lic. Alejandro Viedma al elaborar esta crítica de la obra Un judío común y corriente, que protagoniza Gerardo Romano en el Maipo Kabaret. Viedma se ocupa de encontrar los puntos de contacto entre las emociones de un judío alemán que reside en Alemania y alguien -también común y corriente- de la comunidad gay.

La obra es excelente. Desde este espacio la recomendamos.

¿Una persona tolerante?

Por Lic. Alejandro Viedma

Lo primero que pensé cuando leí el título de esta obra que protagoniza Gerardo Romano fue: seguramente se tratará de alguien nada común, de un hombre muy especial. En cierto modo es así y por otro lado no lo es.

También me pregunté qué pertinencia tendría la presente reseña en un blog que aborda y celebra la diversidad sexual.

Vamos por partes. Este unipersonal relata lo que desencadena una invitación de parte de un profesor para que un judío alemán que reside en Alemania de una charla a sus alumnos. El dilema nace porque esos alumnos, después de estudiar el nazismo, desean conocer a un judío, cuestión que a éste le genera una revisión de varios tópicos personales y sociales, psicológicos e histórico-político-culturales.

Lo que comanda, lo que le invade al convocado es el estado de un notable enojo, una bronca que permite, en cierto sentido, descargar algo de lo que la población judía ha sufrido y ante lo cual en el pasado no pudo rebelarse ni revelarse. Es por ello que el protagonista describe cómo y por qué tuvo que construirse un caparazón para recubrir una piel sensible, lo que por otra parte lo hizo más fuerte, por y ante la discriminación sufrida.

Y aquí empiezan las coincidencias dadas en el interior de una colectividad específica, puntos comunes y corrientes que comparte con cualquier otra comunidad convertida en minoría estigmatizada, perseguida, excluida, vulnerada.

Es entonces cuando una persona homosexual podría fácilmente sentirse identificado con tal contenido, que anima a sentimientos convergentemente similares, un dolor y una ira que se disparan y actualizan cuando se tiene que dar cuenta de algo inenarrable, inentendible y, por ende, inexplicable, intransmisible y por eso sigue operando con marcas contundentes y hasta mortíferas.

Lo que más cuestiona y lo enerva al expositor es la supuesta o falsa tolerancia, subrayando su rechazo a la acepción del término que refiere a la asimetría, a tener que aguantar al otro en su diferencia. Un homosexual –para volver a la analogía- también sabe de qué se trata esa tolerancia que algunos promueven.

Y al personaje de Romano también lo ofusca el rótulo que se le coloca; como si, por el sólo hecho de ser judío debiera someterse a observaciones y estudios cual animalito o especie en extinción. Como si, haciendo una comparación con lo gay, la “condición” de homosexual definiera toda la singularidad de un sujeto, como si esa etiqueta justificara el tratamiento y la forma de vincularse con una rareza.

El texto es la vedette de la puesta, es potente, fuerte, desde donde danzan frases como: “Reglas que atan y atrasan”; “Ocultar en el clóset”; “No encajar, no querer ser”; “Una nueva religión es necesaria y urgente, ya que todas ellas fracasaron; son homofóbicas y misóginas”.

Cabe destacar que el protagonista se mueve en el escenario como si estuviera en su casa (en un tramo hasta canta y toca el piano), deambula las tablas cómoda y eficazmente, de hecho la escenografía recrea el interior de un hogar.

En síntesis, Romano es un gran y completo actor y parece “encajar” perfectamente en el libreto, factores que se conjugan para dar luz a un monólogo efectivo, crudo en lo dramático aunque con toques de humor, compacto y que en realidad a lo que invita es a reflexionar y conmoverse.

La obra va de miércoles a viernes a las 20 y los sábados a las 21 en Maipo Kabaret

 

Ficha técnica: Autor: Charles Lewinsky / Versión en español: Lázaro Droznes / Dirección: Manuel González Gil / Música: Martín Bianchedi / Prensa en Facebook: duchezarate

 

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  • Afrodita Azar

    Lo vi a Romano hace poco en la mesa de Mirtha Legrand, gritaba por momentos cuando hablaba de ciertos temas de política e historia, realmente no veo la necesidad de este señor de gritar a la hora de exponer sus ideas, era el único de la mesa que con sus gritos se mostraba autoritario e intolerante, esto es, agresivo. Todo autoritarismo genera rechazo.

  • Afrodita Azar

    Por si el autor de la nota no lo tiene claro, le recuerdo el significado de la palabra tolerancia, al menos dos de los significados que da la RAE:
    Tolerancia:
    - Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.

    - Reconocimiento de inmunidad política para quienes profesan religiones distintas de la admitida oficialmente.

    Es decir, la palabra tolerancia o la tolerancia entra en juego cuando hay grupos de personas que tienen ideas contrarias e irreconciliables. Y tiene que ver con que aunque las personas tengan cosmovisiones completamente diferentes, tienen que respetarse y no entrar en guerra o en el insulto del que piensa distinto. Pero no tiene que ver (la tolerancia) con pretencer que las personas que piensan distinto terminen pensando y sintiendo de la misma manera, porque si fuese así no sería necesaria la tolerancia, que tiene que ver con que las personas que tienen creencias y sentimientos diferentes y/o contrarios respecto de ciertos temas logren convivir en armonía, sin estorbarse, sin agredirse. Pretender que todo el mundo en su fuero interno acepte la homosexualidad como una manera correcta de vivir la vida es una utopia imposible de alcanzar, es imposible imponer la uniformidad de pensamiento en un tema tan sensible, imposible. La tolerancia es una cuestión legal que el estado debe garantizar entre los grupos que piensan distinto, pedir más que eso es vivir en una fantasía. Sería algo así como pretender que los musulmanes se conviertan al cristianismo, imposible. Lo más que se puede pretender entre musulmanes y cristianos es que se toleren mutuamente, pero las creencias de ambas religiones son mutuamente excluyentes. Cualquier religión es excluyente, porque cada una supone que es dueña de la verdad revelada, por eso en las sociedades laicas el estado impone la toleracia a todos sus ciudadanos, esto es, que no nos matemos entre nosotros por tener creencias diferentes. Lo cual es un hecho que como tal debe ser aceptado, independientemente de las utopías que sólo existen en las consideraciones teóricas de algunos pensadores.

    También es cierto que ciertos grupos políticos y/o religiosos tienen y/o tuvieron maneras de ver el mundo incompatibles con la idea de tolerancia, ya que justamente agredieron y/o agreden a quienes piensan diferente, por ejemplo los nazi en el pasado, o los integrantes de isis actualmente. Y dichos grupos, por supuesto, merecen el repudio de todas las personas que respeten la vida, y deben ser penados por la ley.

    • Cecilia Montile.

      Hola, Afrodita Azar. Presencié la obra y Viedma está en lo cierto en que a quien la protagoniza le resulta repelente “la segunda acepción de la palabra tolerancia”, la cual lee y deja de leer, no sé de qué diccionario la toma el autor del libreto de Un judío… pero no es de la R.A.E. Saludos.

  • Diego Moran

    Es un error comparar el antisemitismo con el rechazo a la homosexualidad. El primero es un rechazo sin razon clara y objetiva, como el rechazo a los negros en norteamerica hace muchas decadas atras, pero el rechazo a la homosexualidad tiene como origen la antinaturalidad de las practicas sexual que generan enfermedades, soledad, daño en las familias, todo eso conforman razon reales y concretas para expresar el rechazo al estilo de vida gay

    • fede

      me pregunto por qué siempre comentás en este blog si no compartís para nada lo que trata. conocés el concepto de homofobia internalizada?

  • javi

    acabo de leer la nota y me vinieron ganas de ir al teatro, lo escuche a gerardo romano en lo de mirtha justo cuando recitaba eso de que las principales religiones contenían misoginia y homofobia, y le daba con un caño al vaticano por ser complice del exterminio nazi, osea que esta bien comparar, este papa y todos estan en connivencia con los homofobicos, siguen justificando la intolerancia mas radical.

  • Claudio B.

    Qué buen post Verónica. A los intolerantes, que sigan ladrando. Por lo menos en Argentina nos protegen leyes de avanzada igualdad. Claudio de Bernal.