Como se conmemora el día internacional de la lucha contra el Sida me acerqué a conversar con Carlos Mendes, autor de Sida y poder (ed. Madreselva), un libro editado en 2004 y reeditado recientemente.
Como dice el periodista y escritor Gustavo Pecoraro, quien prologó el libro, “en días en que se usa bastante vergonzosamente la palabra Sida: volvamos a cuidar las palabras”.
La entrevista a Mendes está publicada en La Nacion y aquí en el blog comparto una versión extendida de esta conversación con quien investiga el tema del VIH –Sida desde los 80, cuando se desconocía absolutamente todo de este virus. “Pertenezco a la comunidad gay, que es la primera que se ve comprometida brutalmente en los años 80, cuando comienza a aparecer algo que nadie comprende, que los médicos trataban de explicar y que después sabremos que lo que se decía sobre el VIH era un mamarracho”, cuestiona. Ahora la situación es otra y los problemas también son otros: “Como se convive con el virus sin problema los pacientes están más invisibilizados aún por el Estado”.
-¿Por qué surge el interés por estudiar el tema del Sida?
- Es un único interés: comprender. Empiezo a elucubrar las ideas que después se consignan en este libro en las épocas en las que no se conocía absolutamente nada sobre este tema. Científicamente hablando se sabía muy poco y en los grupos de reflexión como Nexo nos juntábamos para tratar de pensar.
Pertenezco a la comunidad gay, que es la primera que se ve comprometida brutalmente en los años 80, cuando empieza a aparecer algo que nadie comprende, que los médicos trataban de explicar y después sabremos que lo que se decía sobre el VIH era un mamarracho.
-¿Por qué históricamente se vincula el VIH con la comunidad homosexual?
-Está directamente vinculado. El Sida existía en África antes pero el mundo lo ve hasta que aparece en la comunidad homosexual del primer mundo: EEUU y Europa central. Son los gays los primeros que aparecen afectados por el VIH y eso visibiliza la infección en el mundo.
-¿Allí hay un signo del poder de los países centrales?
-Por supuesto. Cuando llega al primer mundo el poder se involucra porque son ciudadanos que están beneficiados con derechos, tienen derecho a reclamar, a hacerse ver, hacerse oír.
-¿Cómo se vivieron esos primeros tiempos en la Argentina?
-Era como en el resto del mundo. Los primeros casos eran realmente muy tristes, porque la gente estaba totalmente abandonada. Se les decía que no estuviera en contacto con mucha gente porque podía contagiarse enfermedades y, al mismo tiempo, señalaban que era terriblemente contagioso entonces los demás se alejaban de él. Así quedaban aislados. Había un abandono de los afectos. Las personas que más daño te pueden hacer son aquellas a las que más querés. Eso sucedía: padres que abandonaban a sus hijos, parejas que abandonaban a sus compañeros, eso era lo cotidiano.
-¿Por ese abandono se sumó a convocar a otras personas que estuvieran pasando por lo mismo?
-Mi intención fue buscar gente que tuviera ganas de pensar, lo cual era una tarea titánica y casi imposible. Queríamos buscar un ‘para qué’. Para qué nos enfermamos.
- En el libro cuenta que llegaron a descubrir el para qué: ¿Qué síntesis hace?
-Las cosas no suceden por casualidad, suceden por causalidad. Si uno se pone a pensar racionalmente, libre de prejuicios, por qué suceden las cosas entiende la concatenación que lleva a que sucedan. Entonces, no hay solo un para qué, no se puede decir que la infección del VIH es para tal cosa. El para qué es personal, individual, cada uno lo encuentra.
-¿Para qué sirve encontrar ese ‘para qué’?
-El empoderamiento de una persona viene del conocimiento, cuanto más conozco yo, más poder tengo, cuanto menos tengo que recurrir a los otros para que respondan mis dudas, más poder tengo. Si no conozco absolutamente nada, si sólo caigo en la queja cotidiana habitual de por qué a mí, qué hice yo para merecer esto -como dice Almodóvar- no se llega a comprender nada. Si uno empieza a pensar que si sucedió es porque hubo una serie de causas que lo hicieron posible y empieza a revisar esas causas libre de queja encuentra las causas que lo hicieron posible, encuentra el descuido, el desamor, la falta de autoestima, la exposición.
-Señala en el libro que una vez que aparece un tratamiento como el actual, que permite a alguien vivir con el virus, adormece al Estado, que se ocupa menos de la prevención: ¿en qué lo observa?
-Claro, ese es el recurso del poder en la cultura: incide con sus recursos enormes. La industria farmacéutica, con sus retrovirales, permite que la infección no progrese y no pase a ser enfermo de Sida. Entonces la persona puede hacer una vida normal. Se empieza a decir que el Sida se cura, entre comillas. En este contexto, no se hace nada por conocer las causas y por avanzar en prevención; tampoco se promocionan espacios de autoayuda y reflexión. A eso si no lo hace el Estado no lo hace nadie.
Si buscamos la etimología de ‘curar’ vemos que significa ‘cuidar’. No hay que curar la enfermedad sino al enfermo, la clave está en cuidar a la persona. Los retrovirales no hacen nada más y nada menos que detener el VIH en el individuo, pero del resto se tiene que ocupar el individuo. Falta una asistencia real de las personas con VIH.
-¿Por qué considera importante hablar de las causas?
-Hay un capítulo del libro que habla de la herida de la comunidad. Individualmente el virus ingresa a la persona a través de lastimaduras en la piel, mucosas o semi mucosas; si estas están íntegras el virus no puede pasar. Entonces, necesita la herida individual. Del mismo modo, la pandemia del Sida necesitó la herida comunitaria para poder ser epidemia. ¿Cuál es la herida comunitaria de este virus? Un sector de la sociedad disminuido, desvalorizado, minusválido, sin poder. Esa es la comunidad gay. El virus entró por esa herida.
“Un sector de la sociedad disminuido, desvalorizado, minusválido, sin poder es la comunidad gay. El virus entró por esa herida. Recién ahora, con la ley de matrimonio igualitario, estamos empezando a comprender que un homosexual es un ser humano”.
-¿Por qué dice que a la sociedad le resulta muy ajena la muerte de otro, más si es gay?
- Porque la comunidad recién ahora está empezando a comprender que un homosexual es parte de su prójimo, que es un vecino, un tío, un padre o madre, a veces. Es alguien como uno. Recién ahora, con la ley de matrimonio igualitario, estamos empezando a comprender que un homosexual es un prójimo, un ser humano. ¿Antes? Repasemos la historia. En algunos países siguen siendo lapidados.
-¿El algo habrán hecho sigue aplicando?
-Por supuesto. Es una enfermedad de transmisión sexual y el sexo está tradicionalmente ligado al pecado y a la promiscuidad. El que es gozoso sexualmente es el libertino, esa es una idea muy judeo-cristiana. Si gozó, que se joda, más o menos así.
-¿Cómo explica que la persona infectada deba negar el VIH?
-Hablo de una negación como un mecanismo psicológico de defensa. ¿Qué es lo que negamos? Mandatos culturales. Cuando el mandato de alguien con VIH es que sos un apestado, contaminante, infeccioso, que no mereces lugar en el mundo, etc. lo primero que hay que hacer es negar eso, simplemente para no ser aniquilado. En ese sentido la negación es útil y necesaria. Eso tiene que dar lugar al proceso de empoderamiento, de fortalecimiento de la persona.
-¿En ese sentido se convierten en agentes contraculturales?
-Exacto. El agente sería un contra-héroe. El contracultural es visto como el loquito que no encaja en el carril que te fija el poder. Eso es muy necesario muchas veces para salir del maltrato, sobre todo cuando te viene de sectores muy cercanos. Es muy difícil liberarte del maltrato de los que mas te quieren, porque mientras te maltratan algo te están dando, por lo menos es de alguna manera visto.
-¿Ese maltrato se da por falta de información, por miedo?
-La ignorancia es una forma acabada de la maldad. Hoy en día, con todos los recursos que tenemos, producir ignorancia es producir maldad en el sentido de que el ignorante por su propia ignorancia obra equivocadamente y, a la vez, al obrar así hace daño.
Además de la ignorancia de conocimientos hay un problema de afectos. Hay gente que no terminó el primario pero que nunca se le ocurrió discriminar a nadie porque afectivamente goza de una salud envidiable. Hay gente que afectivamente es sana y otra que no, que no ha permitido que la esencia se exprese. Porque si la esencia se expresa no busca otra cosa que satisfacer sus afectos y dar afecto a los demás.
-Es un estudioso de Spinoza: ¿Para que le es útil este filósofo?
-Es un hallazgo maravilloso. Llego a través de Deleuze. Encuentro alguien que es un alma gemela, que vivió hace 400 años. A mi me sirve, investigo sobre él, comprendo cosas gracias a él. La felicidad no es un premio que se otorga a la virtud, sino que es la virtud misma. ¿Cuál es la virtud? Ser feliz. Es el poeta de la alegría. Mientras estés alegre: no te estas equivocando.
-Decía en el libro que el Sida viene a subvertir el orden patriarcal, ¿podría explayarse?
-La homosexualidad subvierte el orden patriarcal. Este establece que el sexo se hace entre varón y mujer. Si el placer se logra entre personas del mismo sexo se está subvirtiendo ese orden, el mandato machista. El gran quid de la cuestión es el machismo, el patriarcado. Seguimos en esas estructuras y muy lentamente vamos horadándolas como se pueda pero seguimos allí. El varón sigue reinando. Cuando digo varón digo el producto cultural llamado varón, porque muchos no encajamos. El varón es una criatura muy fallida. Si fuera eficaz, sabio, eficiente otro sería el mundo.
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