“A los siete años me gustaba un amigo de mi equipo de fútbol”

Jerónimo tiene 21 años y escribe a Boquitas pintadas para compartir su experiencia con la homosexualidad, como él lo menciona. Dice que eligió escribir su historia para este espacio porque dice que este blog le ayudó a abrir la cabeza y a aceptarse tal como es.  “Soy gay. Nunca creí que lo iba a poder contar libre y públicamente y menos tan pronto”, empieza diciendo. “Desde que tengo memoria me sentí atraído por los chicos. Recuerdo que a los siete años me gustaba un amigo de mi equipo de fútbol”. Era un malestar insoportable cuando ese chico especial faltaba. Fueron los primeros signos del amor.

Recién a los 19 se animó a pensarse gay y empezó a entender que no había nada malo en él. “Logré entender que no era sólo mi sexualidad, si no que era mi identidad la que estaba camuflando”, cuenta en un tramo del relato que comparte con todxs nosotrxs.

 

Mi identidad

por Jerónimo

New York Gay Pride 2014 – Marcha orgullo Gay NYC 2014; 100 World Kisses, por Ignacio Lehmann

Tengo 21 años, soy gay, nunca creí que lo iba a poder contar libre y públicamente y menos tan pronto. Desde que tengo memoria me sentí atraído por los chicos. Recuerdo que a los siete años me gustaba un amigo de mi equipo de fútbol, cuando él faltaba, preguntaba  una y otra vez porque no vino.

Una vez con mis compañeros mirábamos una foto del equipo del año anterior,  él ya no jugaba pero al observar su imagen tenía ganas de hablar de él, de decir que me gustaba. Pero no lo decía, ya a los siete años escondía mis sentimientos.

En ese momento uno sentía pero no era consciente de lo que le pasaba, ni siquiera a los doce años cuando me gustaba el hermano de una amiga mía. Mi amiga era muy linda y jugábamos en la pileta pero yo me ponía contento y sentía algo especial cuando se acercaba su hermano y me abrazaba para lograr tirarme al agua. No pensaba que me gustaban los varones, sólo lo sentía.

En esa época, de chico, nos imponían la idea de que las parejas estaban formadas por  un hombre y una mujer  y cuando se veía a una pareja de homosexuales se los llamaba “putos” o “maricones”.  ¿Qué podía pensar? Se pregunta siempre si tenés novia, como ya dando por hecho que debemos tener una pareja heterosexual.

Así es cómo tuve mi primera novia a los doce, con quien la pasaba excelente, me divertía muchísimo pero no sentía esa química que debía sentir. Más allá de lo que la sociedad piense uno siempre seguirá sintiendo igual. A los quince años me daba cuenta de que este sentimiento hacia las personas de mí mismo sexo era constante. Ya me empezaba a preocupar, algo estaba mal en mí, pensaba. La atracción empezaba a ser más fuertes que mi voluntad de esconderlo. Lloraba a veces en la ducha, le rezaba a Dios todas las noches para que me convirtiera en heterosexual.

Pero esos sentimientos persistían. ¿Cómo no iba a ser así, si no había nada malo en mí? Sólo que yo no lo sabía.  Me horrorizaba la idea de que alguien se diera cuenta de mi homosexualidad, sentía mucha culpa, ¿por qué me pasaba esto a mí, una persona buena, inocente que nunca había hecho daño a nadie, al contrario? Pensaba que iba a tener que vivir una vida entera escondiendo esto.  Hasta que terminé el colegio sentí culpa y malestar con mi sexualidad, miedo a frustrar a mis seres queridos. Me fijaba siempre cómo actuaba, trataba de no estar mucho con chicas para que la gente no sospeche.

Pero a los 19 años decidí afrontar esto que me pasaba. Ya intuía que no había nada malo en ser gay  y empecé a investigar y a escucharme más a mí mismo. Ya empezaba en el 2010 a debatirse la ley de matrimonio igualitario. Escuché cientos de comentarios a favor y en contra, empezaba a crecer una idea dentro de mí: lo que sentía estaba bien. Miré cientos de veces una película que me ayudó a comprender aún más mi situación, Plegarias por Bobby (buenísima, la recomiendo), miré muchos videos en YouTube, leí cientos de artículos. Logré entender que no era sólo mi sexualidad, si no que era mi identidad la que estaba camuflando.

Con esta me refiero a mi forma de pensar, de ser y de sentir. ¿Por qué seguir escondiendo a la gente quien realmente era? ¿Por qué ocultar mi verdadera identidad?  No me permitía ser quien realmente soy por miedo a las críticas, al qué dirán. Estaba condicionado por haber tenido mala información desde chico y también por falta de ella. Una frase de una película me quedó grabada: “Si un chico nace sin un brazo y se le dice que eso está mal, ¿qué puede pensar?

Con el tiempo pude al fin sentirme seguro de mí mismo, entender que lo que sentía era normal, que no había nada malo en eso. Entendí que yo era así, que siempre lo fui y que siempre lo seguiré siendo. Si quería ser feliz debía escucharme, ser fiel a mis sentimientos, sino me estaría traicionando.

Así fue que empecé a conocer a otros chicos gays, derribé todo tipo de prejuicio que tenía, aun siendo gay, porque la sociedad me los había impuesto. Me sentí identificado con ellos, con sus historias, con sus sufrimientos y alegrías.  Ví que muchos de ellos empezaban a salir del clóset y eso los hacía felices. Así fue como empecé el proceso de contarle a mis seres queridos, a mis papás, mis hermanos, mis amigas mujeres y más tarde al resto de mi familia y mis amigos varones. Fue un proceso que viví con miedo, incertidumbre pero que me dio mucha paz y armonía.

La verdad es que recibí un apoyo incondicional. Ya no tenía nada que esconder, ni miedo a que sospecharan nada. Podía ser quien realmente era, conocer  y estar con quien realmente me gustara y eso me hace feliz. Sé que aún a alguna gente le cuesta hablar del tema o no se siente cómoda, yo los entiendo: me costó a mí entenderlo, cómo no les va a costar a los demás cuando no pasan por esto. Pero no es un tema muy ajeno a cualquiera, algún día conocerán una persona gay o uno de sus familiares les contará, quizás uno de sus hijo lo sea. Ahí se romperán los prejuicios,  verán que es normal.

Pero hay otras maneras de evitar los prejuicios, se logra informándonos, poniéndonos en el lugar del otro, escuchar su relato de vida. Sé que la sociedad ha cambiado y que ya hemos progresado infinitamente. Hoy me puedo imaginar formando  una familia con marido e hijos y me pone orgulloso. Orgulloso de vivir en un país dónde se respeta a las minorías y, donde gracias a eso, cientos de miles de personas desde su juventud pueden mostrarle al mundo su identidad, quiénes son realmente.

 

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Las memorias de Paco Jamandreu, modisto y amigo de Eva Perón

Francisco Paco Jaumandreu fue un conocido diseñador de moda y actor argentino. Fue conocido, también, como amigo personal de Eva Perón. Jamandreu comenzó su amistad con Evita antes que ella conociera al futuro presidente Juan Domingo Perón. Llegaron a ser amigos, confidentes. Su amistad con Eva Perón fue reflejada en una película en la que Jamadreu admitía ante Eva su homosexualidad y le decía: “Ser puto en la Argentina es como ser pobre”.

Hace pocos días la editorial cordobesa Caballo Negro reeditó un libro sobre este personaje: La cabeza contra el suelo, memorias. El periodista Daniel Gigena escribió, para Boquitas pintadas, un comentario del libro.

 

Foto: Caballo Negro

Verdadero rescate para la historia de la homosexualidad en la Argentina, sin contar el aporte que representa como documento sobre la vida pública y privada en el país durante el siglo XX, la reedición de La cabeza contra el suelo, las memorias de Paco Jamandreu (1925-1995), publicadas por primera vez en 1975, acerca a los lectores un texto único e inclasificable, que excede el marco de la autobiografía y se vuelve permeable a diversos registros. El periodismo de espectáculos, los apuntes etnográficos sobre la vida en un pueblo de la provincia de Buenos Aires, donde Jamandreu vivió con sus padres hasta los dieciséis años; la novela de formación a la manera de una loca David Copperfield; el retablo lorquiano integrado por tías, abuelas y nueras; la diatriba, el chisme de la comedia ligera y el alegato político componen una obra cuyo interés parece aumentar con los años, sobre todo luego de la conquista, inimaginable para muchos, de derechos civiles. Justamente la potencia de la imaginación, alimentada en el horario de la siesta o durante las noches de los sábados, cuando los hermanos salían y él permanecía  en la casona familiar con la radio y las revistas imaginando modelos para Amelia Bence, las hermanas Legrand y Mecha Ortiz, se impone como una acción que conjuga la creación y la reivindicación de su figura.

Dibujante desde la niñez, Jamandreu viaja en tren a la capital porteña con una carpeta de diseños para triunfar entre actrices, vedettes y productores cinematográficos (él se ocuparía del vestuario de varios films, entre ellos El misterioso tío Silas, Marihuana y Lujuria tropical, con su amiga Isabel Sarli). De pensión en pensión, sueña con llevarse a toda la tribu familiar del pueblo a un piso en Buenos Aires, sueña con ser famoso, con ser famoso y despótico, con amar y ser amado: “En el comienzo de una vida a la que quería cobrarle, o a la que yo me creía con derecho a cobrarle todo”, escribe sobre su veloz ascenso en la industria de la moda y el espectáculo, a la que él aportó misterio, frivolidad y encanto. El modo de saldar esa deuda con la vida (que había incluido “una adolescencia de soledad, de rechazo”, de dolor y de “miedo al grito de burla desde los autos”, entre otros fantasmas que se encarnaban con facilidad en ese entonces) adoptará formas proteicas, cambiantes, no siempre amables.

Paco Jaumandreu; Foto: Wikipedia

“Yo siempre he sido el terror de los modistos argentinos. Hay una cuestión que es evidente: no soy un comerciante, ni seré nunca un buen comerciante. Yo trabajo sobre el dibujo… mi ropa, linda o fea, buena o mala –yo no discuto el gusto, ni la calidad– siempre ha sido creada por mí”. Manifiesto sobre la soberanía artística emparentada con la tranquilidad que presta la definición en cualquier aspecto de la vida (“Yo creo que mi moral no es dudosa en absoluto: yo siempre dije que era homosexual y eso no tiene nada de inmoral”), La cabeza contra el suelo hilvana episodios de juventud con las experiencias del modisto consagrado por la fama.

Luego de la extraordinaria primera parte del libro, donde Jamandreu recuerda su infancia y sus años de adolescencia, sus inicios en la prensa gráfica en medios como El Hogar o Mundo Argentino (¡qué importante sería recuperar esos textos también!), en programas de radio y en el diseño de modas para cine y teatro, la “Faraona”, como lo había apodado su hermano Jorge, conoce a la mujer que signaría su vida y su trabajo. “El llamado de Eva Duarte, a hora tan temprana, me pareció una insolencia.” Así se inicia una de las amistades con mayor gracia en las grisáceas páginas de la historia de la amistad en la Argentina. Eva Perón y Paco Jamandreu, dos lenguas afiladas en el canto de la hipocresía de la buena sociedad, parecen reproducir por momentos un guión desopilante de Copi:

Otro día llegué a probarle a las 20.

–¡Pero, che! Te estoy esperando desde las seis de la tarde. ¿Dónde te metiste? Hablé a tu casa y allí no sabían nada.

–Vengo de lo de Zully Moreno. A propósito, Zully le manda sus saludos.

–¡Que se los meta en el culo! –fue su respuesta delante de todos.

El sello cordobés Caballo Negro presenta una nueva edición con un texto introductorio de Mariano López Seoane, que descubre en las memorias de Jamandreu ecos de una escritura barroca latinoamericana (“… oímos a Lamborghini, a Perlongher, a Noy, incluso a Marosa di Giorgio”), el cultivo de una lengua lujosa, que ama el repertorio de nombres propios, casi siempre de divas clientas o de enemigos jurados, y el repaso de éxitos personales en simultáneo con un collar de arbitrariedades hilarantes: “no tengo ninguna simpatía por las azafatas”; “el pobre contrabandista, que era un hombre muy bien…”; “la gente en todo el mundo confunde la homosexualidad con la mariconería”, “yo creo que el Fondo Nacional de las Artes nunca auspició nada que sirviera para nada”.

La serie de desencuentros amorosos, que Jamandreu relata con distancia y malicia, lo define: “Ese amor desgraciado me dejó profundas huellas y maravillosas enseñanzas. Por un lado me humanizó. Por el otro, me hizo querer aún más mi trabajo”. O: “Le pagué con la misma moneda: por cada disgusto que me dio me acosté con uno de sus amigos. Me dio muchos y tenía muchos amigos”. Pero también: “Oíme, pichón: yo he amado mucho. Me han amado mucho y voy a amar mucho todavía”.

“Es un libro de culto, del que habíamos escuchado hablar pero no conocíamos”, comenta el editor Alejo Carbonell, “inconseguible hasta ahora. Es una biografía riquísima, contradictoria, exuberante, cuyo resultado es una descripción aguda de cuarenta años de cultura argentina.” La cabeza contra el suelo –enigmático título que parece aludir a la vergüenza y la derrota, pero también al erotismo y el arrebato espiritual– integra la Colección de la Buena Memoria y recupera un testimonio tan vibrante como irreverente de un glamoroso pasado común.

 

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Sin comentarios

Cuando ver porno gay era una odisea

Pablo escribió este texto en uno de los ejercicios del grupo de reflexión para varones gay que coordina el lic. Alejandro Viedma en la Asociación Civil Puerta Abierta. La consigna había sido: “Compartir con los compañeros algo que nunca habías contado”. Pablo tiene 37 años y recordó cómo fue la primera vez en la que vio una película gay porno, hace más de 20 años, época pre cibernética, pre Internet. Imaginemos aquellos tiempos que parecen tan lejanos. Hoy casi cualquier persona tiene acceso a la web y eso ayuda a que, por ejemplo, los adolescentes gay puedan asumirse como tales investigando su deseo más sencilla y tempranamente. Incluso sin salir de sus casas. Pero en los 90, y antes menos todavía, no era nada fácil.

Les comparto este relato que Pablo envió para que leamos todos en Boquitas pintadas.

“Barbita”

Por Pablo

Estaba en casa con mi familia, hace poco más de 20 años. El día estaba bastante feo, llovía y hacía mucho frío. Después de almorzar, decidimos ir al video club a alquilar algunas pelis.

Como siempre, ya en el local, mi mamá se instaló en la sección de películas románticas o de historias verídicas (aburridas para mí en ese momento), mi papá en la de acción o comedia (las películas de acción no me disgustaban tanto porque los actores casi siempre estaban buenos, y las comedias me gustan), mi hermana y hermano más chicos (como 10 años menores que yo) estaban eligiendo una de dibujos animados, y yo buscaba de suspenso y terror.

Pero ese día en el video club descubrí algo que siempre estuvo ahí y nunca me había dado cuenta. Entre zombies y vampiros, monstruos y hombres lobo, decidiendo con cuál de ellos pasar la noche, siento de pronto a lo lejos la risa de mi papá, esa risa pícara que lo deschavaba cuando se estaba mandando una de las suyas, y a mi vieja la noto sonrojada y escucho que le dice con una voz susurrante y vergonzosa que era un pelotudo. Y es ahí cuando descubro mi gran hallazgo, la fila de arriba de todo era la de las películas porno, que enriquecía mi vista deseosa de todo aquello que observaba, pero a la vez incómoda ya que tenía que mantener la vista hacia arriba, y esto hacía que las demás personas que estaban ahí se dieran cuenta de lo que estaba mirando.

Entre miraditas rápidas, que eran como flashes, porque los nervios y la vergüenza me invadían creándome el fantasma que los demás podían descubrir mis deseos ocultos, de pronto lo veo a él, increíblemente bello, con su pelo castaño, claro y brillante, una barba prolijamente cortada, sus ojos azules que te invitaban a mirarlo y sus dientes blancos que se asomaban a través de una sonrisa que vencía toda resistencia de no quererlo, de no desearlo. Y otra vez mi viejo interrumpiendo el momento, pero esta vez en forma directa preguntándome si ya había elegido una película; quería pagar y que nos fuéramos.

Ese día comencé a convencerme que tenía que ver esa película, en la que estaba ese hombre increíble que había poseído mi mente. El tema era que tenía muchas dificultades para hacerlo, como por ejemplo, que tenía que estar solo en mi casa, mis viejos no se tenían que enterar jamás, y lo más difícil era cómo iba a hacer para alquilar una película para adultos, teniendo 14 años.

Una semana después, mi mamá me dice que una de mis tías nos había invitado a comer a su casa el sábado, obviamente le dije que no iba a ir, no sólo por el hecho de aprovechar el momento, sino también porque las reuniones familiares no eran de mi agrado; mi mamá, sabiendo esto, no me insistió.

Fueron dos días de planear el encuentro con “barbita”, pensé de todo, todo malísimo y peligroso, como por ejemplo: falsificar una nota firmada por mi viejo dándome permiso para llevar esa película, o disfrazarme para parecer mayor, y hasta se me ocurrió sobornar al señor del video club pagándole el alquiler de la película a un valor mucho más elevado, pero por suerte rápidamente desistí de estas ideas.

Ya casi resignado a que no iba a poder hacer nada, de pronto se me ocurrió el plan “perfecto”, que era: aprovechar la promoción de 3 películas por $10 y poner el número de cualquier película de terror o suspenso (género que siempre llevaba) en la de “barbita” y que el número de “barbita” sea el de la película de terror o suspenso que supuestamente quería llevar y, si el señor del video club me decía que no podía alquilarme esa película porque era condicionada, le mencionaba las tres películas que quería ver y le mostraba de dónde había sacado ese número y todo pasaba a hacer un error de él.

Llegó el sábado y mis viejos con mis hermanitos se fueron. A la media hora de su partida yo voy hasta el video club. Por suerte cuando llego no había mucha gente y el señor del local estaba distraído hablando con alguien. Era el momento perfecto, me acerco hasta “barbita” y saco su número rápidamente, de la misma forma agarro el número de una película de terror y la pongo en el lugar del número de la película de “barbita”, me tomo mi tiempo para elegir las otras dos películas y también para desacelerar mi corazón que parecía que iba a explotar por los nervios que tenía. Ya más tranquilo y juntando valor, tomo aire y me acerco al mostrador y le doy al señor los tres números de las películas elegidas, el señor agarra los números y va hacia atrás a buscar las pelis; casi inmediatamente vuelve con las 3 cajas negras y las pone en una bolsa, le pago y anota en su hoja mi número de socio, los números de las películas y que las dejé pagas, nos saludamos y salgo rápidamente hacia mi casa.

Ya estando en casa, pongo la peli, la cual vi varias veces ese día, en ella había hombres bellos por todos lados que se tocaban, besaban, chupaban y demás cosas, pero lo mejor fue cuando apareció “barbita”… Verlo entero, con su cuerpo delgado y delicadamente marcado, tocándose, mirando y sonriendo provocativamente, en realidad, provocando a otro pero, para mí, en ese momento, me estaba provocando sólo a mí: me llamaba, me invitaba a pasar un momento maravilloso, y así fue.

Más tarde, ya sabiendo que mis viejos estaban próximos a regresar, escondo la película entre las cosas que están dentro de mi placard, dejando solamente las otras dos películas para ver.

El lunes temprano antes de ir a clases, voy a devolver las películas, llego al video club, se las entrego al señor que lo atiende, nos saludamos y me dirijo hacia la escuela.

Así finaliza la historia de cómo alquilé mi primera película porno gay.

 

Este miércoles 4 de marzo a las 20 se inicia la doceava temporada de este grupo de reflexión de varones gays en Puerta Abierta, en el barrio porteño de San Cristóbal. Para ingresar al grupo el lic. Viedma toma una entrevista previa, que podés concertar comunicándote al tel. 15-6165-4485.

Para conocer más sobre Alejandro Viedma

 

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Dafne y su historia como crossdresser

Dafne cuenta que tiene 36 años y cuenta, también, que tiene un hobby: es varón pero desde los 18 años se viste con ropas de mujer. Cuando puede usa uñas postizas, se maquilla y se depila. A veces, lo hace en su casa; otras veces, sale producida así a alguna fiesta.

No da su nombre de varón, prefiere definirse como crossdresser (CD) y contar esta experiencia en Boquitas pintadas. Como comentamos en un post de este blog, las crossdresser son hombres a los que les excita o fantasean con vestirse como una mujer, cultivan la femineidad como valor en la estética visual y tienen el fetiche de las ropas de mujer en el cotidiano.

El investigador de Conicet Carlos Figari dijo hace un tiempo en Página 12: “Se definen como hombres que se sienten mujeres, y que incluso, muchas veces su objeto sexual son también otras mujeres. Cuando la pareja de una CD es una mujer y esta acepta su condición transgenérica es denominada S/O (supportive other) es decir, aquella que conoce su peculiaridad, la acepta y la apoya. Ser CD no implica asumir públicamente una identidad social femenina”.

La introducción apunta a comprender mejor el relato que Dafne comparte con nosotros.

Algo más que una fantasía

Por Dafne

Una crossdresser que posó para la empresa Crossdressing Buenos Aires; Foto: Facebook

Tengo 36 años y desde los 18 que me visto con ropa femenina, desde lencería hasta ropa informal. Me produzco lo mejor que puedo, uñas, maquillaje y depilación. Soy delgado, por lo que no tengo mucho problema en conseguir la talla justa.

Empecé tímidamente en casa cuando no había nadie, usando algo de la ropa de mi hermana, dos años mayor. Ambos tenemos más o menos la misma contextura, por lo que me resultó mucho más fácil producirme seguido. Después empecé a comprarme algunas prendas: bombachas, portaligas, medias de red y hasta minis tableadas. Siempre me gustó la onda punk, entonces me producía como una chica con ese estilo.

Una noche de sábado con mi novia en casa (mis padres se habían ido a Pinamar) empecé a preguntarle sobre fantasías. Lo tomó muy mal creyendo que le iba a proponer un trío, sexo anal o filmarla. Le expliqué que no pero le insinué si podía usar yo su bombacha, le pareció tan gracioso que no tuvo problemas. Esa misma noche le pedí que me esperara en el living sin moverse. Accedió y un rato más tarde aparecí vestida y producida como Dafne. Creo que esa noche tuve el mejor sexo con ella. No se asustó y fue ella quien se sorprendió lo sensual que yo podía ponerme como mujer. Esa noche también fue la primera vez que alguien me penetró con sus dedos.

Después de esa primera vez empezamos a buscar cosas nuevas juntos, tuve la suerte de ser acompañado por una persona que me aceptó tal cual soy. Me disfrutó tanto como yo a ella. Habíamos empezado a ir a sex shops para encontrar juguetes que pudiesen darnos placer. Ella, me confesó que penetrarme con un pene de goma le pareció una experiencia excitante y que eso la llevó a querer experimentar en ella.

La relación duró un par de años, pero terminó. Después me costó dar a conocer a Dafne a otras personas. Ella fue mi primera experiencia con una mujer, tuve otras desde que empecé a salir producido a fiestas de disfraces y a bares gay.

La realidad es que me hace sentir sensual, sexy y, además, me excita muchísimo. Me gusta sentir la textura de la lencería y producirme. Verme al espejo me excita, la ropa en mi cuerpo. Al ser delgado, con el corte de la ropa, veo que me queda muy bien, bueno, es mi opinión, claro. No tengo senos pero siempre se puede improvisar algo para el relleno.

Foto: Facebook Crossdressing Buenos Aires

Me visto cuando puedo. A veces me produzco en casa al volver de la oficina cuando de alguna manera quiero relajarme; me gusta sentirme una nena mientras hago cosas en casa.

Un par de veces salí producida a boliches gay, donde no tuve ningún problema y la pasé genial. Realmente disfruté de ver el resultado de sentirme y verme femenina y deseada por quienes quisieron acercarse a mí, hombres mayormente. Terminé yéndome con otra chica como yo.

Después de ella, tuve algunas relaciones con chicas, pero me costó mucho abrirme a ellas. A veces uno tiene miedo de perder a la persona que tiene al lado. Intenté llevarlas a contarles que usaba ropa femenina pero no tuve éxito, como que no había lugar para Dafne en el medio. Así que terminé las relaciones y sigo buscando quien me entienda y quiera por cómo soy.

No he encontrado muchas chicas abiertas a una relación con una chica cross, o es sólo un par de encuentros sexuales y nada más. Con hombres no estuve por el simple hecho de que no me gustan los hombres heterosexuales o bisexuales, sí otra chica cross igual de producida y que actúe como una lady como yo. Eso de un tipo con tanga y listo, me parece una falta de respeto a las mujeres y a nosotras las cross.

No tuve tantos encuentros como quisiera por el simple hecho que busco relaciones duraderas. Para sexo exprés, me produzco en casa y disfruto conmigo mismo.

Esa es la experiencia que quería compartir con ustedes.

Daf

 

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“Vos estás enfermo”, le dijo el sacerdote a Gonzalo cuando supo que era gay

Gonzalo es un joven con fe. Desde pequeño creyó en Dios y cuando tuvo edad empezó a dar un curso de Confirmación en la parroquia de su barrio en el Gran Buenos Aires. Allí conoció a Lucas, de quien se hizo muy amigo. Hasta entonces, nunca había sentido atracción por otra persona de su mismo sexo. Lucas fue quien le dijo a él que le gustaban los chicos y ahí le instaló la duda; luego, por culpa, su amigo decidió hablar con el sacerdote de la iglesia esto que le pasaba. “Vos estás enfermo, te tenés que curar”, fue lo que le dijo el cura y que le trasladó a Gonzalo.

Desde ese momento, cuenta Gonzalo a Boquitas pintadas, a él se lo relegó de su rol de coordinador. “Me quedó muy claro que no me querían por mi sexualidad”, dice. “Hay menores, vos no podés seguir coordinando”. En este relato, Gonzalo cuenta acerca de su vida y de cómo vivió esta situación.

La vida de Gonzalo

Foto: Alejandro Viedma

Amoroso mural. Foto: Alejandro Viedma

Mi historia arranca en el seno de una familia común en la zona norte del Gran Buenos Aires. Hijo único con dos padres muy presentes y cariñosos que decidieron incorporarme a su familia con mucho amor, ya que mi madre no podía quedar embarazada. Fui adoptado por ellos en 1992, año en que nací.

Mi infancia transcurrió sin muchos sobresaltos. Fui al jardín, al colegio y jugué al fútbol como cualquier pibe de esa edad; me embarré todas las veces que fui a lo de mis amigos.

A los 12 años, falleció mi padre. Un hombre de profundas convicciones y con una loable predilección y entrega por su mujer y su hijo. Ese fue el primer sacudón, la primera vez que la vida no me fue presentada con un tamiz de por medio. Estaba vivo yo, pero no me lo creía. Estaba vivo.

Pasados ya varios años, la vida volvía otra vez a su curso normal. El colegio era una actividad placentera. Buenas notas y muchos amigos. Detrás de todas mis sonrisas y mis logros estaba mi madre. Luchadora, que lucha y no se cansa. De luchar no se cansa ni se cansó. Con tres trabajos encima, la sonrisa que siempre portaba y contagiaba era más, podía mucho más. Sublime canto a la vida cada día que ella despertaba y salía a trabajar con tanto amor.

Terminado el colegio, empecé a estudiar y decidí empezar a dar un curso de confirmación en una parroquia. Coordiné mi primer grupo y fue un gran ejemplo de fe para mí y un gran salto cualitativo de fe en mi vida. Al segundo grupo lo empecé con más confianza, pero éste me sorprendería después de cierto tiempo. A mitad del curso de este grupo, mi madre entró en coma por un cáncer. Mis tíos y amigos salieron en mi auxilio inmediatamente. Pero fue alguien particular quien me sorprendió. Uno de los chicos del grupo me insistía con mensajes de esperanza, de confianza en Dios. Así fue que leí sus mensajes una y mil veces. Mañana iba a haber otro mensaje y pasado otro, y el calendario iba a estar completo. Al cabo de un tiempo el chico (al que voy a llamar “Lucas”) decidió pedirme si yo quería ser su padrino de confirmación, una suerte de guía en la fe y acompañante en el camino. Lo dudé. Lo pensé. Lo acepté. Empezamos una relación de amigos en la que había mucho en común. La fe, el mismo sueño de carrera, el entorno social y de amistades. Lo que nunca pensamos fue que en ese montón de cosas en común, se sumaría la sexualidad.

“Lucas, ¿qué onda con las chicas vos?”, fue mi pregunta luego de meses de relación de muy buenos amigos. Amigos que se veían todos los días y se hablaban a toda hora. Amigos.

“No sé, no me entiendo”, fue la respuesta de Lucas entre lágrimas. El de 16, yo de 20.

“¿Sos gay?” “Sí, creo que sí”. Entre tantas lágrimas de Lucas no reparé en pensar más que en esto que él me estaba contando. “Nunca me vas a entender”, fueron sus palabras. Me dolió. Yo sí lo entendía.

Pasaron varias semanas de confusión. Yo nunca supe si contarle o no, si aceptarlo o no. Llegó el día: “No quiero seguir más con mi vida. Este sufrimiento es insoportable”. “Lucas yo sí te entiendo”. Su cara de sorpresa quedó impregnada en mi memoria. Era así. Casi que podríamos decir que Dios nos puso a cada uno en el camino del otro. Que lo puso en mi camino y que me puso en el suyo. La relación cambió. Decidimos encararlo como dos personas que se quieren. No le pusimos títulos, no creíamos en las formalidades. Creíamos en el amor por sobre todas las cosas. Yo creía (yo creo) en el amor por sobre todas las cosas.

Mural callejero. Foto: Alejandro Viedma

 

Transcurridos unos meses, Lucas empezó a dudar de ciertas cosas y fue así que un día decidió hablar con un sacerdote a modo de consulta respecto de qué hacer con la relación, de qué hacer conmigo. La consulta parecía como si uno llamara a un fumigador o a un médico para deshacerse de algún mal. Y así fue. Tomó el discurso del sacerdote y lo hizo propio. “Vos estás enfermo, te tenés que curar”. Nunca más hablamos bien. Nunca más volvió el a dirigirme la palabra. Este sacerdote también me mandó a curarme y me pidió que este tema no se tocara más. Me aguanté las lágrimas por días que eran infinitos. Seguí trabajando en esa parroquia.

Pasado un año y medio desde aquel episodio y siguiendo yo adentro de la parroquia, me cerraron la puerta a seguir como coordinador de confirmación. Yo que ya había asumido mi condición y lo decía públicamente, no podía seguir, pero Lucas que no lo admitía y lo mantenía en secreto (con pleno conocimiento del sacerdote), iba a entrar en mi reemplazo. Me quedó muy claro que no me querían por mi sexualidad. “Hay menores, vos no podés seguir coordinando”. La equivalencia usada por el sacerdote: gay = abusador.

Reclamé mi lugar pero no me lo dieron. Dos meses después falleció mi madre. “Luchá por eso. Creé en vos y en Dios. Nunca dejes de luchar”, me dijo mi madre. Nunca dejó de luchar ella. A eso lo aprendí de ella.

Me pusieron en lugares mucho menos visibles “al público”. En la oscuridad operamos los gays en la parroquia.

Esta es un poco mi historia. Creo en la lucha por el amor. En que Dios ama a todos como son y nos crea para amar y ser amados. Para darnos al prójimo y entregarnos a las causas nobles. Quizás la pregunta sea: ¿es el amor una causa noble hoy en día? ¿O es otro bien de mercado? “Solo el amor convierte en milagro el barro”.

 

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El Teatro queer, de Wilde a Muscari

Alberto Leonelli es Licenciado en  Actuación y su conocimiento y amor por el teatro sumado a su identidad como “sujeto lgbtiq”, como se define, están medularmente conectados con la trama del libro que acaba de publicar: El teatro queer, de Wilde a Muscari.

Alberto Leonelli, en la presentación de su libro

En este diálogo con Boquitas pintadas, Alberto, además de referirse al desarrollo del libro, que apunta a rescatar los últimos cien años de la dramaturgia occidental europea,  norteamericana y latinoamericana a través de sus más importantes representantes glbtiq, habla del gran escritor chileno Pedro Lemebel, que murió hace pocos días. “Pedro aportó integralmente, cruzando diferentes lenguajes artísticos: la performance, el teatro, la poesía, la literatura  y la militancia a una cultura queer auténticamente latina y sudaca. Fue una maravillosa espina viva clavada en la conciencia y en la vida de la retrógrada sociedad chilena”, dice. “Su principal talento fue ser él mismo y permitirnos compartirlo”.

- ¿Hay una cultura queer? ¿Qué la define?

- Me parece que la sumatoria y aportes de l@s que nos precedieron en el campo de las artes, la filosofía y la militancia queer y la apertura y conocimiento de diferentes manifestaciones culturales periféricas visibilizan corrientes contra-culturales diversas que podrían englobarse en el término “cultura queer”. Hay obras de teatro y autor@s queer, hay cine, literatura, filosofía y  música queer, hay expresiones visuales y performáticas, hay deportes y políticas queer.

- ¿Qué es el teatro Queer? (teatro de otredades)

-¡La respuesta está en el libro! ja ja…En realidad no lo sé con certeza…simplemente me arriesgo a definir libremente teatro queer  como aquellas obras de teatro relacionadas con la temática glbtiq (gay, lésbico, bisexual, trans, intersex y queer) en sus historias y personajes, publicadas principalmente en la segunda mitad del siglo XX y las primeras de XXI en occidente y escritas por autor@s glbtiq.

- ¿Por qué plasmarlo en un libro?

- El libro es el resultado al que arribé después de trabajar cinco años con mi tesina de graduación en la Licenciatura en Actuación del I.U.N.A. (ahora llamada Universidad Nacional de las Artes) de Buenos Aires y mi necesidad de dar a conocerlo y difundirlo porque no encontré material publicado en nuestro país y que versara sobre la temática en cuestión.

- ¿Qué recorte temporal hacés para este análisis?

- Traté de enfocarme brevemente en los últimos 100/110 años de la dramaturgia occidental europea,  norteamericana y latinoamericana a través de sus más importantes representantes glbtiq.

- ¿Cómo es el contrapunto Wilde / Muscari?

- Tomo emblemáticamente a Oscar Wilde como punto de partida, no porque haya sido un escritor “queer” abiertamente en sus obras, sino por su alocada vida pública y privada queer y su final trágico relacionado con su orientación sexual y a Muscari, como el representante argentino y latinoamericano de una literatura dramática queer contemporánea abierta y sin tapujos.

Alejandro Viedma lee un texto sobre el libro de Leonelli; a su lado, Miguel Ángel Diani (dramaturgo y actual presidente de Argentores) y María Rosa Figari (docente UNA y UNTREF, investigadora)

- En el libro se habla del teatro queer en Europa, EE.UU, América latina: ¿Qué diferencias fundamentales hay en esos distintos territorios?

- Independientemente de las idiosincrasias de cada cultura, l@s autor@s glbtiq siempre se han tenido que enfrentar a una glbtiq-fobia institucionalizada, sean en sistemas liberales-capitalistas o en sociedades socialistas/comunistas…Hay obviamente un tratamiento diferente de los personajes a medida que el movimiento glbtiq se hizo más visible en las sociedades occidentales heteronormativas y por supuesto, la paulatina, aunque no definitiva, ruptura del estereotipo teatral de “La loca-mariquita-peluquera” muy abundante en nuestra cultura patriarcal latina.

- Hace poco se marchó Lemebel: ¿Qué podrías decirnos de su aporte en el teatro queer?¿cuál fue su principal talento?

- ¡Qué pena infinita! Tuve la fortuna de verlo dos veces en los últimos años en Buenos Aires “performando” sus poemas…Pedro aportó integralmente, cruzando diferentes lenguajes artísticos: la performance, el teatro, la poesía, la literatura,  y la militancia, a una cultura queer auténticamente latina y sudaca. Fue una maravillosa espina viva clavada en la conciencia y en la vida de la retrógrada sociedad chilena. Su principal talento fue ser él mismo y permitirnos compartirlo.

- En la Argentina: ¿Nos mencionás los principales exponentes y qué creés que tuvo de particular esta manifestación en nuestro país? 

- Creo que el principal exponente fue y es Copi, quien vivió y escribió prácticamente toda su revulsiva obra auto-exilado en Francia. ¡El Cachafaz de Copi debería enseñarse en los colegios secundarios a la par que el Martín Fierro de Hernández o  El matadero de Echeverría! Imposible no mencionar a Manuel Puig y su emblemática El Beso de la mujer araña o la explosión performática-parateatral pos-dictadura de artistas tan transgresores como Batato Barea y Alejandro Urdapilleta, entre otrxs. También quisiera destacar el aporte de la artista argentina radicada en México Liliana Felipe. Y obviamente, el emblema de la dramaturgia queer contemporánea argentina es José María Muscari. Sus obras, personajes, historias y cruce de estéticas lo posicionan como un referente incuestionable.

- ¿Por qué elegís el uso de la @ en lugar de los tradicionales masculino y femenino que propone el lenguaje aprobado por la Real Academia?

- Porque me parece que es un símbolo más abarcador, respetuoso, provocador e incluyente, sin necesidad de referirse a la tan esquemática y encorsetada clasificación de géneros de la lengua castellana.

- ¿Por qué el uso de palabras como desviados, degenerado, anómalo, tan negativamente instalados en el imaginario de mucha gente? ¿Qué intentas hacer al usarlo en sentido positivo? 

-Me emocioné, indigné y divertí mucho escribiendo el material y sabía en concreto qué quería lograr con la resignificación de ciertos vocablos. El idioma castellano es heteronormativo y me parece que hay que romperlo para recrearlo y enriquecerlo con nuevas palabras-boomerang. La riqueza y la variedad de un idioma también está en los pliegues, en los contornos, en los intersticios, en los agujeros semánticos del sistema heterocapitalista.

 

Dónde comprarlo: El libro se encuentra disponible en Librerías Antígona y Hernández de Capital Federal y para consulta en las Bibliotecas de Argentores de todo el país. También se pueden contactar conmigo (para adquirirlo o no) por Facebook a Alberto Leonelli o a la página El teatro queer de Wilde a Muscari.

 

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¿Donar sangre? Vos no, por homosexual

No es la primera vez que  Tomás  Vio escribe en Boquitas pintadas. Ya contó hace unos meses que tiene 26 años, que es licenciado en Comunicación Social y que trabaja en el área de Relaciones Externas de una empresa importante en la ciudad de Buenos Aires. Tampoco es la primera vez que hablamos de este tema: la discriminación legitimada en formularios que se utilizan para la donación de sangre en la Ciudad de Buenos Aires.

Traemos nuevamente el tema, que ya denunciamos en 2011, porque pese a que se aprobó en la legislatura la modificación del formulario que se exige completar a los donantes de sangre y que se aplica en los hospitales públicos (no se deben pedir datos respecto a la identidad de género, vida personal y sexual o cualquier información que resulte discriminatoria), esto no siempre se cumple. Estos tiempos siguen recordando aquella denuncia de Facundo García, activista por el Partido Socialista. 

Tomás, esta vez, cuenta su historia de discriminación por este tema. Seguramente muchos se sentirán tocados por la misma realidad. Es una paradoja que, por un lado, se incentive la donación de sangre y, por otro, se discrimine a quienes quieren donar. Sin hacer foco en la protección a la hora de tener relaciones sexuales, se focaliza en con quién se tuvo relaciones, así es que las homosexuales son prohibitivas para donar.

Pedro Robledo, coordinador del área de Diversidad e Inclusión de la Fundación Pensar de PRO, escribió a Boquitas pintadas para aclarar que desde esta oficina “trabajan arduamente con el Ministerio de Salud para generar los nuevos formularios que están disponibles en hospitales públicos como indica la ley y como se menciona en la nota”. Esta ley fue aprobada en la legislatura por unanimidad. Agregó que el caso del Hospital Alemán está fuera del alcance del gobierno porteño ya que se trata de un centro de salud privado. “Los formularios nuevos están a disposición de todos los centros que quieran adoptarlos, pero la ley únicamente alcanza a los hospitales públicos”, sostuvo.

Vos no por puto

Por Tomás Vio

Hoy fui al Hospital Alemán para donarle sangre a una compañera del trabajo que necesitaba una transfusión luego de haber perdido más de 3 litros por un derrame. Antes de ir llamé al hospital, saqué turno y me leyeron algunas de las especificaciones para poder donar. Tenía que ir sin haber desayunado lácteos, ser mayor de 18 años, tener el DNI y no haber tenido hepatitis, chagas, sífilis, paludismo o brucelosis. Por suerte, no tuve ninguna de esas enfermedades, tengo 26 años, DNI al día y siempre desayuno un café sin leche.

Sabiendo que cumplía con todo, a las 10 de la mañana me presenté en el Alemán. Cuando llegué me dieron un extenso formulario que debía completar antes de que el médico me extrajera la sangre. En la primera página había un recuadro que ocupaba la mitad de la hoja titulado “Motivos para abstenerse de donar sangre”. Entre los que se encontraban: haberse hecho tatuajes u acupuntura con agujas no descartables, ser consumidor de drogas prohibidas, tener relaciones sexuales a cambio de dinero, haber tenido relaciones sexuales con personas que tengan o puedan tener Sida o haber tenido relaciones sexuales (hombre con hombre) en el último año.

El formulario que leyó Tomás antes de ir a donar

Luego de esta advertencia, había que responder 43 preguntas, todas relacionadas con cuestiones de salud a excepción de 3, una general, otra específica para hombres y otra específica para mujeres: “¿Tuvo usted o su pareja relaciones sexuales con otra persona?”, “Para hombres: ¿Tuvo usted relaciones sexuales con otro hombre en los últimos 12 meses?” y “Para mujeres: ¿En los últimos 12 meses, tuvo relaciones sexuales con un hombre que a su vez tuvo relaciones sexuales con otro hombre?”

Yo respondí a todas con la verdad. Cuando llegó mi turno, la médica me preguntó si tenía alguna duda con el cuestionario. Le conté que a raíz de una trombosis tuve que tomar anticoagulantes durante un año, me dijo que eso no era problema. También le conté que en los últimos 12 meses había tenido relaciones con otro hombre pero que él no estaba infectado con VIH y que yo tampoco. Me respondió que por prevención, yo no puedo donar sangre pero que agradecía mi sinceridad.

Las preguntas que discriminan a quienes tienen relaciones homosexuales

Le dije que no comprendía el rechazo, a lo que me respondió que los homosexuales tienen más posibilidades de contagiarse VIH y Hepatitis que el resto de las personas, como dándome a entender que los cuerpos de gays y heterosexuales son distintos. También me dijo que existe lo que se llama período ventana, período de 12 meses en el cual el virus puede no detectarse, y que es necesario estar seguro que, durante ese tiempo, uno no estuvo en riesgo de contraer HIV. Me reconoció que el período ventana es el mismo para cualquier persona, sin importar su orientación sexual. Entonces, le pregunté, ¿por qué se les permite donar a heterosexuales que hayan tenido sexo con personas desconocidas o de las que no estuvieran seguras de su estado de salud? Y me respondió que la primera pregunta (¿Tuvo usted o su pareja relaciones sexuales con otra persona?) era para detectar esos casos. Ante esta respuesta, le dije que entonces no eran necesarias las otras dos preguntas, que con esa sola alcanzaba. No hace falta una para gays y otra para heterosexuales. También le dije que hay muchas personas que no van a contestar a todas las preguntas con la verdad, por ejemplo, haber pagado por sexo, por lo tanto, la buena fe no alcanza, sería muy irresponsable de parte del hospital confiar sólo en un cuestionario. Más allá de las respuestas, todas las muestras de sangre que se donan deben ser analizadas cuidadosamente.

Cuando salí del hospital me puse a investigar un poco, según el último informe del Ministerio de Salud de la Nación, existen 110.000 personas en la Argentina con VIH/Sida.  En el caso de los varones, “el 48,5% se infectó durante una práctica heterosexual y el 39,1% lo hizo en una relación con una persona del mismo sexo”, mientras que del total de las mujeres, “el 89,6% se infectó durante una práctica heterosexual”.

Es necesario desmitificar. La orientación sexual de una persona no la condena a ninguna enfermedad, en todo caso, es la falta de información y de protección la que la pone en riesgo. El 90% de los hombres y el 88% de las mujeres con el virus se infectaron luego de una relación sexual sin protección.

No me opongo para nada a que se tomen todo tipo de recaudos a la hora de donar sangre. Lo que sí critico es la estigmatización y la humillación de la persona. Cuando llegué al trabajo, todos mis compañeros contaron que al igual que yo, habían ido a donar sangre. Cuando me preguntaron a mí tuve que contarles que no me lo permitieron y cuando me preguntaron los motivos les tuve que decir que fue por el simple hecho de ser gay.

 

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“Me enamoré de un rubio con ojos más azules que el mar”, dice Jonatan

Jonatan tiene 20 años y vive en Pilar. Estudia Ecología en la Universidad Nacional General Sarmiento (UNGS) de Polvorines. Después de leer en Boquitas pintadas una historia de amor no correspondido, se sintió tocado y quiso compartir su historia con nosotros. “También pasé por algo así y quiero contarlo. Me encantó la historia”, dice. De algún modo fue sentirse menos solo.

El alemán que me enamoró

por Jonatan

Hola, soy Jonatan. Tengo 20 años, vivo en Pilar y estudio Ecología en la Universidad Nacional General Sarmiento (UNGS) de Polvorines. La verdad me encantó la historia. Y también pase por algo así.

Estoy en una ONG ambientalista, Patrimonio Natural, y desde hace cinco o seis años vienen chicos de Alemania a voluntariar por un año.

Cuando yo tenía 17 estaba terminando la escuela secundaria sin muchas ambiciones pero sí comprometido con lo que me gustaba. Mi vida era muy simple. Ese año, septiembre de 2011, llegó Malte, un alemán rubio de ojos más azules que el mar.

El vivió en la sede de la ONG, que es la casa de una voluntaria y es, también, donde se encuentra el vivero de plantas nativas, que es el lugar donde más se trabaja.

A mi me encantó siempre y me encantan desde los trece las plantas, el vivero, la naturaleza en sí.

Con Malte pasábamos tanto tiempo juntos, éramos casi inseparables. Yo iba donde él estaba, me escaba de mi casa para estar con él, nos divertíamos mucho, teníamos una gran química y nos entendíamos perfectamente uno al otro. Yo me enamoré desde el primer momento en que lo ví, pero tenía miedo de decírselo. Nunca le había dicho nada así a nadie y no tenía experiencia de relaciones o amistades con chicos.

Estaba muy confundido, todo el tiempo nos mirábamos a los ojos por un largo rato, me susurraba cosas dulces en el oído y cuando no nos veíamos por un par de días me llamaba o escribía diciéndome que me extrañaba, que me necesitaba, que le hacía mucha falta…

Foto: Ignacio Lehmann; 100 World Kisses

Pasamos por infinitos momentos, buenos y malos. Un día antes de que finalice el año tomé coraje, corrí a la casa y se lo dije. Sencillamente le dije que lo amaba. Pensé que ya no tenía nada que perder, total él se iba a ir de todos modos y yo necesitaba sacarme esa mochila tan pesada de mi hombro.

El lo aceptó y dijo que estaba admirado de que yo pudiera decirle cara a cara lo que sentía por él. Lamentablemente para mí, en ese momento me dijo que me quería mucho y me apreciaba pero sólo como amigo. Yo me desmoroné.

Entonces, me salió un viaje a lo de una amiga en San Luis y entre otros quilombos que tenía ni dudé en irme. Allá pude respirar aire fresco y pensar detenidamente todo, aparte de llorar casi cada noche.

Cuando volví al mes faltaban dos semanas para que él se fuera. Tomé la decisión de tratar de que lo nuestro quedara bien. Pasamos los últimos días muy juntos; él estaba tan contento de que nos hayamos podido ver antes de su partida. Y un 20 de agosto de 2012 se fue.

Llegué a la casa de mi abuela, que es donde vivo. Me encerré en mi cuarto y lloré hasta quedarme dormido. Fue muy duro.

Mis amigas se preocupaban de verdad y, realmente les agradezco mucho. Ellas eran las que mantenían mi cabeza fuera del agua y dibujaban una sonrisa en mi rostro. Tuve año recuperándome, haciendo terapia y tratando de entender lo que pasó y lo que de algún modo seguía pasando.

Prometimos escribirnos y cosas así, pero no pasaba seguido y distintas cosas provocaban odio, ira y enojo en mí. Hace como un año, comencé un cambio más espiritual y corté todo tipo de contacto con él. Ahora es sólo como un fantasma, es alguien que fue muy importante en mi vida pero que ahora se desvaneció en el aire. Puedo ver todo claramente y me di cuenta de que lo nuestro no iba a funcionar, de que él no era para mí.

Gracias a esa experiencia hoy me siento más seguro, me amo a mismo y tengo el corazón abierto otra vez.

¡Gracias por este espacio! Un abrazo

 

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El olor de tu remera, relatos y poemas trash para leer este verano

Facundo Soto o Porno Soto, como eligió firmar en su último libro: El olor de tu remera. Este prolífico autor volvió a publicar bajo la editorial Eloísa Cartonera. Esta vez deleita con poemas y ensayos “superautobiográficos”, según él mismo lo define.

Soto cuenta a Boquitas pintadas que el libro surgió porque su amigo Cucurto le propuso publicar a través de su sello Eloísa Cartonera. “Yo había hecho de antólogo para Vivan los putos y al toque me pidió que hiciera otra antología. Ahí convoqué a los escritores que me gustan y armé el libro que acaba de salir. Se llama Fetiche y quedó buenísimo”, dice.  En un principio era doble, pero ahora metieron los dos tomos en uno. “Lo copado es que son re baratos”.

El dibujo que abre El olor de tu remera

Entonces, empieza a enumerar que seleccionó un texto de Adrián Melo que le gusta; está  Mariana Enriquez y hasta Pedro Lemebel, que se copó con el proyecto y envió un texto. También está Gabriela Cabezón Cámara, Laura Ramos, Susy Sock, Marianito Blatt, Peter Pank, entre otros.

“Al toque me pidió un libro mío, que me encantó dárselo para que lo armara Cucurto. Como tengo confianza me gustó entregarle el material. Era un libro de 15 ó 20 cuentos, para que él eligiera algunos”, comenta Soto. Ése fue el comienzo de El olor de tu remera., el último libro suyo que recomendamos desde Boquitas. “Cucu había leído Plastilina, un libro mío que es una rareza, difícil de conseguir, yo digo que es mi libro fantasma. Y  de ahí sacó uno o dos textos”, cuenta.

“Como él es re queer y no cree en los géneros, le gusta hacer cambalaches, mezcolanzas, deformar, entonces no hizo un libro de relatos, sino de relatos y poemas al final. Y me encantó cómo quedó. Le hizo ilustraciones y todo”.

La portada de Vivan los putos, con edición y prólogo de Soto

Ahora las pinturas de Cucurto están exhibidas en un festival en Portugal, también participa de una muestra en una galería donde Soto tiene su Laboratorio de Literatura Gay Queer. Después de esto van a viajar a un museo de Rosario. “O sea, todo un halago que él ilustre el libro”, dice Soto, admirador de este proyecto literario cooperativo.

La primera ilustración se llama Soto Porno y es la que abre el libro. Cuenta él que el libro no tiene sólo situaciones sexuales sino que hay climas muy tiernos. Por ejemplo, de un chico que conoce a otro bajo la lluvia, el día que apareció la supuesta nube de mercurio en Puerto Madero y fue caótico. Hay una fantasía del protagonista con el chico que lo cubre con el paraguas y este lo lleva a un descampado de zona norte donde parece que va a pasar algo, envueltos en una nube de neblina; sin embargo saca una notebook y le dice que ahí está el alma de todas las personas muertas y el protagonista habla con su padre muerto. “Después hay poemas que son medio inconseguibles, que habían salido como plaquetas en Proveedora de drogas, hace un par de años”, agrega.

Los invito a leer dos de los textos del libro

 

En invierno me cuesta salir de la cama

Estoy calentito ahí, envuelto entre las sábanas y frazadas como si fuese un canelón; me cuesta salir de la cama. Pienso que a la noche voy a volver a un lugar parecido, a la cama de mi novio, para ver los últimos capítulos de Six Feet Under, y me pongo contento. Estamos identificados con los personajes de la serie: uno es un policía negro, y el otro un sepulturero rubio. De a ratos uno es el negro y el otro el blanco. Después cambiamos, según nos convenga la situación. Nos decimos cosas a través de ellos. El café está oscuro. Lo revuelvo. Mientras los granos de café me explotan en la boca pienso que mi cafetera no es express, como la de mi novio. Me lavo los dientes y salgo. Cuando estoy cerrando la puerta vuelvo para asegurarme que apagué la tele. El informativo repite las mismas noticias de la noche, sin ninguna investigación ni desarrollo. Camino por el pasillo de mi casa. Paso al lado de Stan, el grafiti de South Park, que hice con aerosol, y me río. Mi hija se enoja cuando hablo con ellos. Dice que estoy loco. Yo le digo que ellos son mis amigos.

En el subte intento leer Mármol, de César Aira. Tiene una tapa cool, pero el texto no me engancha. Me distraigo mirando a los chicos que viajan parados. Me gusta contemplarlos y desearlos. Los imagino desnudos. Cuando estoy por bajar, una mujer me empuja y quedo atrás de un chico. Se me para la pija al toque, y él se la calza en el culo, haciendo un movimiento mínimo. Después se reclina un poco para atrás y siento su culo duro como una piedra y su agujero otra vez buscando mi verga.

Al mediodía, mientras como arroz con calamares, escribo sobre Divine, la actriz fetiche de John Waters. Me acuerdo que estuve en la puerta de su casa, en Maryland, Estados Unidos, cuando viajé con el equipo de fútbol. Me saqué una foto debajo de su árbol. Escribo y corrijo el artículo para el diario, aunque, probablemente, nunca salga publicado. El actor es una mujer, pero descubro que de joven era un hombre flaco y masculino. Después, cuando se hizo travesti se volvió obesa. Al  final de la película Pink Flammingos, Divine come caca de perro. Googleo y aparece una película sobre su vida. La veo. Hablan del trauma que le dejó hacer comer caca recién cagada por un perrito.

En mi trabajo entrevisto gente. A algunos los escucho; a otros los miro como si los escuchara, pero pienso en otra cosa. Se me ocurren ideas para escribir. Imagino sus vidas. Algunos chicos me gustan, otros me aburren. Postergo llamar a Francisco y decirle que, como renunció a su trabajo no corre el aumento que le habíamos anunciado. También postergo la reunión con mi jefe para pedirle unos días libres.

El día se me pasa volando, pensando en lo que voy a hacer después. Cuando estoy en la cama, tapado hasta el cuello, con el café al lado y medio chocolate Shot en la mano (la otra mitad está en la boca de mi novio), prendo la tele. Meto el DVD de Six Feet Under, y otra vez nuestras vidas parecen tener sentido.

 

Los pibes feos son los más lindos

Me gustan que tengan cara de malos. Y si huelen mal,

Mejor. Uno adentro del otro. Dos mundos girando.

Rotando sobre su eje. Los dos para el mismo lado.

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¿Se casó con un varón o con una mujer?

En una de sus sesiones de 2012 Roxana (*) le comentaba al Lic. en Psicología (UBA) Alejandro Viedma: “No es fácil ni para mí acostumbrarme a decir que Clara es mi esposa. Es raro escucharme o escuchar que los que saben digan “tu ESPOSA”. El otro día tuve que hacer trámites, llenar formularios y lo escribí, fue la segunda vez que me pasaba. Antes había tenido que enfrentar este asunto con la gente de Recursos Humanos de mi trabajo, en la previa de mi casamiento con ella, explicar todo, arreglar los días que me correspondían por matrimonio. Incluso con algunos compañeros que no sabían sobre mi vida privada tuve que salir del placard en esos días, inevitablemente, aunque yo no quería todavía, no me sentía preparada. Ahora cuando vamos juntas a un local y el que atiende me dice: “tu amiga”, refiriéndose a ella, yo a veces le aclaro que es mi esposa y a veces no, no tengo ganas, es desgastante tener que aclarar todo el tiempo. Lo mismo cuando viajamos y tenemos que reservar una habitación en un hotel, si bien reservamos siempre cama matrimonial, cuando nos presentamos en la recepción nos preguntan: ¿Camas separadas, no?”.

Se inició un nuevo año. Este blog cumplió sus cuatro años de vida el 28 de diciembre pasado. Se sigue avanzando temporalmente desde la sanción de la ley de matrimonio igualitario en 2010. ¿Cuánto se avanza como sociedad en la real posibilidad de que dos personas del mismo sexo se casen? Cuando alguien anuncia su matrimonio: ¿nos surge la pregunta de si se casa con un varón o con una mujer?

Una pareja de mujeres y mamás, en la marcha del orgullo en Buenos Aires; Foto: Alejandro Viedma

Viedma considera que “hay consecuencias positivas de las conquistas igualitarias en los últimos años en la Argentina, de los grandes pasos que sobre todo logró el colectivo LGBTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales y queer) a través de sus organizaciones, militantes y activistas independientes, ya que existen menos personas por fuera de redes (humanas, sociales, jurídicas), al constituirse realmente en ciudadanos (en igualdad de derechos). Y lo principal que está trayendo la ligazón: ‘avances en derechos igualitarios con efectos subjetivos’. Es decir, los primeros mejoran la calidad de vida de las personas (LGBTIQ y sus allegados)”.

Así, que alguien pueda acceder a algo (una ley) que anteriormente le fue denegado, lo posiciona en otro lugar, ya con la posibilidad real de ser digno y feliz, concretando en la realidad cotidiana lo que en el pasado ni siquiera podía soñar como proyecto.

El psicoanalista aclara que sin embargo, aún se escuchan y leen cosas espantosas desde los que se posicionaron en la vereda de enfrente, dedicadas a quienes no entraban/entran en la heteronormatividad, sobre todo con la cuestión de la adopción de niños y niñas por parte de parejas del mismo sexo, lo que ya des-cubría la homofobia social, institucional, política en aquellos debates desde 2009 y por supuesto también desde antes.

Pero Viedma cree que de a poco las parejas del mismo sexo empiezan a escuchar preguntas del tipo de: ‘Y ustedes, ¿se van a casar?’; con los años: ‘¿Van a adoptar?’. “En el presente en cada grupo humano se desmiente/niega menos y se iguala más; hoy en día cuando alguien refiere que otra persona está casada, tiene además que preguntar(se): ‘¿Se casó con un varón o con una mujer?’, o: ‘¿este matrimonio –sea cual fuere- tiene hijos?’. Es decir que los interrogantes sociales también entran en una igualdad, las preguntas van dejando de ser tabúes, se cortan los silencios por miedos o por no ser irrespetuoso y aflora lo simbólico derribando preconceptos, incluso con novedosas formas dentro de la comunidad LGBT”.

“Desde mi rol de terapeuta acompaño a mis pacientes en sus procesos mitigando el nivel de angustia, apuntalándolos para que puedan resolver con la verdad los obstáculos que se les presentan, revisando los propios prejuicios y temores que traban la comunicación fluida en todos los ámbitos (laboral, familiar, amistoso, etc.) por donde circulan. Para eso suelo indagar alrededor de las creencias establecidas desde la infancia y adolescencia, sobre todo en los campos educativos y el familiar. Si bien aún falta para que en nuestro país gocemos de una igualdad real, las personas LGBT están más contenidas que en el pasado y cuentan con más espacios para acudir y denunciar en casos de discriminación”.

 (*) Roxana es un nombre cambiado con el fin de preservar la privacidad de la expaciente

 

¡Feliz 2015,

por un año con más derechos para todos y todas!

 

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