“A mi novio lo mataron a golpes por puto”, cuenta Adrián

Inspirado en la historia de Luca, que no podía entrar al baño del colegio por miedo, Adrián quiso compartir su historia. Es una historia de bullying que termina en muerte. Corría, por entonces, el año 2006. Adrián creció viviendo momentos de agresiones verbales y físicas en el colegio; cuando egresó y logró enamorarse pensó que lo dejarían en paz con su vida. Pero no. La calle fue para él un aula infinita de miradas, insultos, golpiza por puto.

No fue fácil para él narrar esta historia trágica. Desde Boquitas pintadas, donde intentamos trabajar para que nunca más se vivan estas situaciones, lo abrazamos y agradecemos su experiencia compartida.

 

El bullying ahora está de moda: ¿pero antes?

Por Adrián

 

Jóvenes hondureños marcharon hoy para exigir justicia por el asesinato de 168 compañeros; Foto EFE

Gracias a Dios nunca sufrí abuso físico, pero los insultos me acompañaron durante toda la primaria, en la secundaria, ya con muchos amigos, había algún que otro pibe que me insultaba pero era distinto. Siempre que me preguntan desde cuando “sé” que me gustan los hombres, cuento la misma historia: en el jardín de infantes yo jugaba a la casita y hacía de la mamá, y recuerdo mi boletín de sala de 5 en el que la maestra (aún lo tengo) ponía en rojo “le gusta interpretar roles femeninos”. No la juzgo, creo que tendría que ver con las tendencias educativas del momento (1995).

Pero en cuanto esta etapa, sólo pasó eso. Mis compañeros del jardín me querían mucho por suerte. Cuando llegué a 2° grado mi mamá me cambió a la escuela que iban todos mis hermanos (somos 7, soy el quinto), y recuerdo que ya en la primera semana de clases viví una situación inolvidable: con un compañero del que éramos amigos, cuando se dio cuenta de mis “tendencias” comenzamos a “competir” para ver a quién “querían más en el grado” y yo le iba ganando, hasta que él dijo a todos que yo era homosexual. Y me quedé sin amigos.

Recuerdo haberme puesto a llorar con mucha angustia por ello y que la señorita preguntase qué sucedía y no querer decirle para que ella no se alejara horrorizada de mí. Así comencé a transitar un camino sin retorno, con mucho de insultos y “pequeños golpes”.

A los 12 años, en 7° grado entró un chico nuevo, que me gustaba mucho. Al ser nuevo no conocía la historia que se contaba de mi, ¡podía hacerlo mi amigo! Mi único amigo. Cuando entró la maestra lo mandó a sentarse conmigo, porque era el mejor alumno. Yo muy contento comencé a hablarle y creí haberme hecho un amigo nuevo. Pero no. Al día siguiente ya se había sumado a las filas de “insultadores” y un día como broma lo obligaron a darme un beso en la boca. Yo le dí una cachetada que casi le saco la cara de lugar; para mis compañeros eso fue una reacción afeminada que no me iban a perdonar y las agresiones verbales comenzaron a incrementarse. Y llegaron los golpes, el famoso “cachetazo” detrás de la nuca.

Así me lo banqué hasta 9° grado. Cada vez que entraban del recreo me golpearan mis compañeros. Pero un día no pude más y le rompí la nariz de un puñetazo al “líder” del movimiento, así termine 9° “en paz”.

Jóvenes hondureños marcharon hoy para exigir justicia por el asesinato de 168 compañeros; Foto EFE

En medio de esta historia tuve amigos que dejaron de ser mis amigos. Intenté tener novia para pasar por heterosexual a ver si así se calmaban las cosas. Pero siempre recuerdo con mucho cariño a muchos de mis profesores que me decían que no hiciera caso de los comentarios y me defendían. Lamentablemente el bullying hoy está “de moda”, es decir, hablar de él está de moda y se confunden muchas cosas que no lo son, y hasta, a veces, me da rabia y diría: ¿Por qué no hicieron esto antes?

Cuando uno reaccionaba (la trompada en la nariz) era un mal alumno que había golpeado a otro, pero cuando ellos te insultaban nadie decía anda. Sí, algunos profesores me defendían, pero otros hacían caso omiso, y a la directora no le importaba nada.

Así llegue a la escuela secundaria donde hice muchos amigos que me defendían de los comentarios agresivos.

Pero este abuso no termina ahí. A los 16 yo estaba de novio con un chico, noviazgo adolescente, pero muy lindo. Ya hacía tiempo que estábamos juntos, 2 años, y decidimos ir a una plaza a tomar mate. Íbamos por la calle (año 2006) y la gente nos importaba poco y nada. Pero a la hora del regreso, que era de noche, sucedió algo que me marcó la vida para siempre. Algunos jóvenes que estaban en la calle comenzaron a insultarnos sin parar, así durante tres cuadras. Y entonces Damián (mi novio) se dio vuelta para insultarlos y comenzó la desgracia. A mí me dijeron “vos vas a mirar por PUTO a ver si aprendés” y a él comenzaron a golpearlo, entre todos, menos el que me tenía a mí.

Damián murió camino al hospital. Lo mataron por puto. Obligadamente y porque también había recibido golpes, además de insultos, tuve que contarles a mis padres no sólo que era gay sino esta desgracia. Gracias a Dios, su apoyo fue y sigue siendo, incondicional hasta hoy, de toda mi familia.

Mi papá me llevó a hacer la denuncia correspondiente. Cuando me tomaron declaración no podía creer lo que veía: el policía, que se supone debería defenderme, se me reía en la cara y cuando me preguntaron por qué nos habían agredido y le contesté, él agregó: “¿Por putos?”. Y yo con una mezcla de vergüenza y miedo y sin poder contener las lagrimas dije que sí y salí de ahí. Todo siguió su curso y esas personas aún hoy caminan con nosotros por la calle.

Aún hoy no comprendo muy bien este mundo en el que la gente que agrede camina por las calles, al lado tuyo y tenés que ir viendo con quién hablás a ver si te mata o te insulta.

La verdad esto no es algo que hable con mucha gente, pero sentí la necesidad de compartirlo después de ver estas cosas en este blog.

Adrián

 

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“Mis amigas mujeres contribuyeron mucho a mi liberación homosexual”, dice Juan Pablo

En vísperas del Día del Amigo, comparto con ustedes el relato de Juan Pablo, un joven que escribe desde Salto, Uruguay. El aclara que su historia no tiene ninguna particularidad. “Desde pequeño supe que era gay, buena parte de mi vida traté de ‘administrar’ esa condición, suponía que con el tiempo me iba a ‘transformar’ en heterosexual”. Cuando terminó su secundario y pasó a la universidad comenzó a cambiar su actitud, esto también como consecuencia de que empezó a vivir solo. “De apoco me fui liberando, con los temores, obvio”, dice. En ese momento de liberación rescata la presencia de sus amigas. “En todo este período hice amistad con muchas amigas y comprobé que las mujeres son mucho menos prejuiciosas que los hombres en lo que respecta a la homosexualidad masculina, por eso contribuyeron mucho a mi liberación”

- ¿Cómo es que siempre supiste que eras gay?

- Soy de los que cree no es una condición adquirida, más precisamente creo que viene desde el nacimiento mismo. Desde que era chico ya tenía fantasías sexuales con hombres y siempre los observaba, me gustaban sus físicos, obviamente no me animaba a formular estas cosas. Recuerdo muy claramente cuando tenía doce años haberme sentado en la falda de un compañero de clase; además, me gustaba cuando estaba solo usar cosas de niñas. A los doce años me perforé la oreja para usar aritos. Es decir se desarrolló en mi conciencia una fuerte admiración por el género femenino.

- ¿Cómo fue ese tratar de “administrar” esa condición?

- Mucho más tarde una psicóloga mía describió mi homosexualidad vinculándola a mi admiración a la cosa de “mujer”. Ahí es cuando digo que siempre “administré” mi homosexualidad para que el ambiente no me agrediera. Trataba de ocultar toda “actitud” homosexual, procuraba consolidar una imagen heterosexual. Luego fui tomando conciencia de que mi condición de gay era irreversible. En el secundario me reprimí mucho. Me enamoraba de la belleza masculina pero no lo manifestaba.

Rostros de un Triunfo; fotografías de Javier Fuentes & Nicolás Fernández

- ¿Qué te pasó en la universidad?

- Cuando llegué a la universidad desarrollé otro tipo de vínculos. Al vivir solo me acerqué mucho a las mujeres, compañeras de clase y con ellas explicité mi condición gay. Las chicas siempre fueron muy comprensivas y me ayudaron. Tenía conversaciones sobre hombres con ellas. Las mujeres son muy comprensivas y están libradas de esas estúpidas ideas machistas. De hecho mis amistades íntimas son todas mujeres; las amo como amigas.

- ¿Qué sentís que ocurrió en Uruguay desde la aprobación del matrimonio igualitario?

- Respecto al matrimonio igualitario en Uruguay lo que ha cambiado es el status jurídico, pero seguimos siendo una sociedad machista y conservadora. No todo el mundo sabe que soy gay, es decir no lo digo abiertamente pese a que la ley me avale.

¡Feliz día a todos los amigos de Boquitas pintadas!

 

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“El transexualismo de hoy debe ser considerado síntoma de la época”

Yo, pobre mortal/equidistante de todo/yo DNI 20.598.061/yo primer hijo de la madre que después fui/yo vieja alumna/de esta escuela de los suplicios/ Amazona de mi deseo/Yo, perra en celo de mi sueño rojo. (Monstruo mío, Susy Shock).

La artista trans Susy Shock; foto: plebellacontemporanea.blogspot.com

TRANSformaciones, ley, diversidad, sexuación (Editorial Grama) es un libro de años de trabajo de investigación que “pone en acto la singularidad del entramado político y social que la ley de matrimonio igualitario y la ley de identidad de género ponen sobre la mesa”. En el libro se plasman múltiples voces. En esta entrevista, dos de los compiladores de esta obra coral, Graciela Schnitzer y Santiago Peidro, desglosan el contenido, las intenciones que los guiaron.

“Entendemos que el transexualismo de hoy debe ser considerado síntoma de la época. Cuando decimos síntoma lejos estamos de patologizarlo sino de entender que ese fenómeno con que nos encontramos, habla y dice mucho de las coordenadas que lo determinan”, señalan estos intelectuales, que invitan a un recorrido por esta obra.

- ¿Por qué decidieron emprender este proyecto?

- El proyecto de este libro nace en el marco de un módulo de investigación llamado “cultura y sexuación” que pertenece al departamento de estudios sobre la familia-enlaces del IcdeBA(1). Somos psicoanalistas ligados a la Escuela de la Orientación Lacaniana. Nuestro módulo (2) viene trabajando hace más de diez años en temas relativos a esos puntos de intersección entre la subjetividad y las transformaciones que en el campo social van apareciendo como producto de complejos mecanismos sociales. Las leyes en general nos parecen puntos privilegiados para este análisis.

Al momento de modificarse la Ley de Matrimonio en nuestro país, en lo que se conoció como “Matrimonio Igualitario”, compilamos un libro que se tituló “Uniones del mismo sexo. Diferencia, Invención y sexuación”. Fue un libro que nos hizo avanzar mucho y ahondar sobre los cambios que nuestra época propone en los modos de vivir de los sujetos.

Cuando se sanciona la Ley de Identidad de género nos encuentra ya trabajando en estos temas. Así es como decidimos construir un proyecto original, distinto para esta publicación y convocamos a los autores de variadas pertenencias a escribir para nuestro libro. Transformaciones intenta abordar las resonancias que se desplegaron a partir de la sanción de la Ley de Identidad de género en nuestro país, así como los debates que comenzaron a darse en otras latitudes respecto de las modificaciones en las leyes de matrimonio, lo que ya ha sucedido en Argentina pero que por ejemplo, ha estado en el centro del debate público en Francia en lo que se llamó “matrimonio para todos”. Estas transformaciones implican para nosotros repensar ideas en el plano político, social, de la salud pública así como volver sobre muchas de las ideas del psicoanálisis en relación a la época que transitamos.

La portada del libro TRANSformaciones

- ¿De qué dirían que trata el libro?

- El libro, como decimos en la presentación, toma estas leyes como “analizantes” de nuestra actualidad. Entrecruza diversos discursos en torno a un mismo tema, el del amplio y múltiple campo que hoy se conoce como de la “diversidad sexual” y las transformaciones en la civilización que implican su pedido de reconocimiento por parte del Otro social. Intentamos darle al libro una impronta distinta que pudiera tener la estructura de una banda de Moebius, es decir, hacer circular los conceptos psicoanalíticos entre las palabras del resto de los “actores sociales”, poniendo dichos conceptos a prueba, para enriquecerlos y replantearlos desde los cambios de hoy. En el mismo movimiento propiciamos que las palabras de dichos actores sociales entren en nuestro campo para poder escucharlas y debatir al respecto. Nos parecía importante incluir otras voces. No era nuestra intención cerrarnos en el campo del psicoanálisis para tomar estas transformaciones como objeto de estudio. Teníamos mucho interés por proponer un espacio diverso en el mismo armado del libro, invitando a que se expresaran sobre estos temas filósofos, sociólogos, médicos, representantes de los programas de salud sexual del Estado, abogados y especialmente activistas LGBTIQ que lucharon para conseguir estas leyes. Contar con la genialidad de Marlene Wayar nos ha parecido muy importante y, si bien no recibimos todas respuestas afirmativas a muchas de las invitaciones que hicimos a distintos representantes de los colectivos LGBTIQ, eso también nos sirvió para repensar el rechazo que suele haber hacia el psicoanálisis lacaniano, al que se lo pone generalmente en la misma serie que a la psiquiatría o la biomedicina, cuando en realidad lejos estamos de esas posiciones, puesto que de lo que nos ocupamos es de la singularidad absoluta, fuera de cualquier clase de norma.

- ¿Cómo se expresa la diversidad sexual?

- Al término “diversidad sexual” lo hemos tomado del campo social, históricamente reemplaza a la denominación de “minorías sexuales”. Fue acuñado en los últimos años y se ha ido enlazando a los movimientos por la reivindicación de igualdad de derechos. No es un concepto que pertenezca al psicoanálisis, como sí lo es el de sexuación, pero lo hemos tomado porque expresa ese punto que mencionábamos de intersección entre lo social y lo subjetivo. Los cambios de los que somos testigos son variados, ya que por ejemplo no son las mismas las implicancias de la Ley de Matrimonio igualitario que de la Ley de Identidad de Género, son temas en los que seguimos trabajando de modo permanente. Nosotros, como dice Mónica Torres, autora del prólogo del libro, estamos entre el instante de ver y el tiempo de comprender. Es un tiempo de apertura y de preguntas, necesarias para nuestra práctica cotidiana.

La ley de identidad de género rige desde hace más de dos años en la Argentina

- ¿Qué implican las “transformaciones”?

- Utilizamos la palabra TRANSformaciones  para nuestro título, que como verás se divide por el tipo de letra en dos, ya que nos ocupamos de la temática trans, pero no solamente. Por otra parte y fundamentalmente entendemos que el transexualismo de hoy debe ser considerado síntoma de la época. Cuando decimos síntoma lejos estamos de patologizarlo sino de entender que ese fenómeno que nos encontramos, habla y dice mucho de las coordenadas que lo determinan. Podríamos hacer lo que se llama un gran catálogo. Pero nosotros orientados por Lacan no trabajamos con el método del catálogo, como lo dice al principio de su seminario sobre la Angustia, sino con el método de la llave. Eso es lo que buscamos con nuestra investigación, llaves que nos permitan abrir ideas para poder leer a los sujetos de hoy.

- ¿Qué secciones componen este libro?

- Decidimos dividir el libro en tres secciones bien distintas desde donde se abordan las mismas temáticas.

En la primera de ellas incluimos a los “actores sociales”, donde desde el lugar de cada uno de ellos se intenta dar cuenta del entramado político, social e histórico de estas transformaciones que tanto nos interesan. Las posiciones son diversas, se reúne en esta sección la mirada filosófica de Darío Sztajnszrajber respecto del concepto de identidad, la interesante posición militante de Marlene Wayar que plantea no querer invisibilizarse detrás de una mujer en relación a la Ley de Identidad de Género que sólo admite la posibilidad de género masculino o femenino, la mirada médica del cirujano responsable del equipo integral en reasignación de sexo del hospital Gutiérrez de La Plata, además de otros autores y autoras muy disímiles unos de otros.

La segunda sección está dedicada exclusivamente al psicoanálisis lacaniano en relación con la sexuación y la diversidad sexual. Aquí se reúnen veinte textos de destacados psicoanalistas de nuestro país, España, México, Francia, Brasil y Bolivia. Cada quién desde su posición y recortando problemas en particular  como  ser el cuestionamiento a las clasificaciones, los modos de pensar la diferencia de los sexos, las relaciones del psicoanálisis con los estudios de género y la teoría queer, los nuevos modos de hacer familia, y más. En esta sección se incluyen, entre otros, textos de Ana Ruth Najles, Graciela Musachi, Eric Laurent, así como la intervención que Jacques Alain Miller efectuó en el Senado francés en el marco del debate del “matrimonio para todos”.

La última sección está dedicada exclusivamente al cine. En ella se encuentran textos de académicos que se ocupan de recortar determinados films de diversas épocas y orígenes para abordar estas transformaciones en el plano artístico.

- ¿Por qué se incorporaron análisis de ficciones cinematográficas? ¿Qué le aporta a la mirada sobre la diversidad?

- Si bien no es novedoso plantear que un mundo histórico determinado reconoce los rasgos constitutivos de su propia existencia a través de producciones culturales y artísticas, pensamos que el cine, al ser un arte de masas, permite acceder fácilmente a rasgos, pensamientos y creencias instituidas de una comunidad determinada para comprender el modo en que se producen y reproducen sus significaciones.

El cine no sólo es reflector y transmisor de problemáticas sociales, creencias culturales y rasgos de la comunidad, sino que es además, y por sobre todas las cosas, creador y productor de imaginarios culturales e ideologías a partir de las cuales se edifican imágenes y significaciones específicas. El modo en que es leída la disidencia sexual, el deseo, el amor, las prácticas sexuales, la feminidad y la virilidad, tiene enorme relación con la manera a través de la cual el cine ha producido, presentado y creado narraciones. En nuestro libro, Emilio Bernini y Adrián Melo analizan films argentinos de la década del 30 y del 40, pero también se incluyen trabajos de otros académicos y psicoanalistas que toman  películas argentinas contemporáneas, así como cine portugués, norteamericano, español, hongkonés…

Además, abonamos la idea que tenía Lacan cuando sostenía que al psicoanalista, el artista siempre le lleva la delantera, y que no tiene por qué hacer de psicólogo donde el artista le desbroza el camino… es por eso que decidimos no solo incluir una sección dedicada al cine, sino también agregar separadores a cada una de las secciones, recreos literarios donde el lector se encontrará con el cautivador relato “Mis dos casamientos” de Patricia Kolesnicov, así como poderosos poemas de la artista trans Susy Shock.

1-Centro de Investigaciones del Instituto Clínico de Buenos Aires.

2- Compuesto por: Alejandra Antuña, Jacinta Duer, Jorge Faraoni, Gerardo Ortega, Santiago Peidro, Andrea Pineda, Graciela Schnitzer, Mónica Torres y Gabriela Triveño.

 

La presentación de TRANSformaciones será el miércoles 6 de agosto a las 11 en la Facultad de Psicología Sede Independencia en el Aula 201. Estará a cargo de Osvaldo Delgado y Patricia Kolesnicov, con coordinación de Mónica Torres.

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El día trajo la oscuridad

Un brote de rabia azota al pequeño pueblo donde viven Virginia y su padre, Emilio, quien parte del lugar para ayudar a su cuñado Ostrosky ya que su hija mayor, Julia, se encuentra al borde de la muerte debido a una extraña enfermedad. Virginia queda sola en la casa y Anabel, la hija menor de Ostrosky, llega sorpresivamente. Está afiebrada y debilitada y parece tener los mismos síntomas que su hermana: duerme durante el día y a la noche se desvela. Virginia intenta comunicarse con su padre pero los teléfonos no funcionan. El frío, las sospechas, sueños extraños y el agobio enrarecen la convivencia. Aún así, Virginia comienza asentirse atraída por Anabel.

Esta es la historia de El día trajo la oscuridad, una película de Martín Desalvo que recomendamos. Está en los cines porteños desde abril y puede verse en el Centro Cultural San Martín los jueves y sábados a las 20,30.

En una charla con Boquitas pintadas, Desalvo habla de las motivaciones que lo guiaron.

Me acuerdo como si fuese hoy la primera vez que ví Drácula de Bela Lugosi. Yo tenía unos diez u once años por ese entonces y estábamos en una reunión de amigos de mis viejos. Éramos seis o siete chicos y chicas de más o menos la misma edad. Estábamos solos, a oscuras, frente a un viejo televisor blanco y negro. La mezcla de fascinación y miedo, atracción y repulsión que me causaron las primeras escenas son imborrables.

Ya de más grande, dos películas que me marcaron fuertemente fueron El resplandor, de Kubrick y el Drácula, de Coppola.

Yo no soy un cultor del género, ni un apasionado del cine de terror, pero hace poco una película vino a recordarme todos esos sentimientos que tenía guardados. Déjame entrar le pusieron en su estreno comercial en la Argentina. El sueco Alfredson se mandaba una de las más bellas películas de vampiros que yo recuerde en los últimos diez años. Bella, estetizada pero directa, de alto riesgo artístico. Esa fue la verdadera inyección de motivación que necesité para decidirme por el guion que me dio a leer tímidamente Josefina Trota. En ese entonces estábamos trabajando sobre una comedia.

Yo le pregunté: “¿Por qué no me lo diste antes a leer?” Ella contestó: “No sé, pensé que no te iba a interesar…como es de vampiras”. Dos semanas después comenzábamos a reescribir el guión y fue la vez que tuve la absoluta certeza que ese guión se iba a filmar e iba a ser mi próxima película. La segunda de mi vida, la primera en solitario.

Hoy pasaron ya casi tres años desde ese entonces y El día trajo la Oscuridad ha hecho un hermoso recorrido por festivales nacionales e internacionales y ahora le llega la hora del estreno local. El 17 de abril estuvo en los cines y desde entonces está en la pantalla para ser disfrutada y con un poco de suerte, y salvando las distancias, quizá también conmocione, movilice o motive a alguna persona como lo hicieron esos queridos filmes conmigo.

Una escena de la película El día trajo la oscuridad

 

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Sergio Olguín: “Hay un desprecio de sectores sociales dominantes con respecto al cuerpo femenino”

La novela Las extranjeras (Ed. Suma de Letras), de Sergio Olguín, está inspirada en las turistas francesas asesinadas en el norte argentino. El policial, que Olguín convierte en una crónica de viaje con pinceladas homoeróticas, es también la excusa para hablar sobre “el desprecio de ciertos sectores sociales dominantes con respecto al cuerpo femenino, en primer lugar, y con respecto a cualquiera que esté por debajo de su condición social”.
 
Olguín, en diálogo con Boquitas pintadas, se refiere a la historia de abusos de las familias tradicionales argentinas que, considera, va a acompañada con una actitud despreciativa sobre el cuerpo femenino. “Hay un vínculo -no siempre visible en un primer momento- entre los femicidios, los casos de trata, el maltrato a las mujeres y los abusos de la clase dominante sobre los trabajadores”, sostiene este autor, jefe de redacción de la revista cultural Lamujerdemivida.

Esta novela es el regreso de Verónica Rosenthal, una periodista seductora y arriesgada que el autor ya había presentado en su novela La fragilidad de los cuerpos (2012). Su trayectoria como escritor se inició en 1998 con el libro de cuentos Las griegas; en 2002 apareció su primera novela, Lanús. Luego vinieron otras como Filo (2003), El equipo de los sueños (2004) y Springfield (2007). Escribió un libro infantil Cómo cocinar un plato volador (2011) y ahora, según adelanta, está escribiendo una novela para chicos de diez años. “Al menos por unas semanas, nada de escenas de sexo”, bromea.

- ¿De qué dirías que trata Las extranjeras?
- Es la historia de una investigación alrededor de dos femicidios cometidos en el norte argentino. Es también la historia de un duelo, el que hace Verónica Rosenthal por la muerte de sus dos amigas.

- Justo salió el fallo de las turistas francesas asesinadas en 2011: a uno le remite inmediatamente a tu novela: ¿Cómo se nutre la ficción con la realidad?
-El caso de las turistas francesas fue el disparador de mi historia. No quise hacer una crónica sino una novela, por lo que cambié nombres, nacionalidades, lugares y circunstancias. Y así y todo queda una historia que es muy similar a la de las chicas francesas, porque muchos femicidios cometidos en el noroeste argentino se parecen. Uno puede cambiar lo superficial pero en el fondo siempre está la misma historia y los mismos responsables. Y la misma impunidad.
-Sobre la relación entre Verónica, Frida y Petra: ¿Cómo la definirías? ¿Qué mirada le das desde la orientación sexual?
-Son personas que tuvieron la suerte de conocerse y coincidir, no sólo en un viaje sino en una forma de entender la vida. A veces sucede que los vínculos forjados en un encuentro casual se convierten en una relación más fuerte que la que podemos construir con otra gente que conocemos desde hace años. A eso hay que sumarle la atracción física de Frida y Verónica. 

-¿Qué podrías contarme de la breve relación amorosa entre ambas?
-Es intensa, física y afectiva. Para Verónica, que jamás había tenido una historia homosexual, resulta movilizador por el cambio de su objeto de deseo. Pero no hay en ella una tensión alrededor de eso. Se deja llevar por su calentura y disfruta con Frida como lo había hecho con varones. Lo paradójico (o no) es que los problemas empiezan después, cuando se da cuenta de que no se trata sólo de satisfacer su deseo sino de algo más. Verónica descubre que hay algo más con Frida, algo que no puede manejar. No le importa que sea una mujer. No pasan por ahí sus dudas o miedos. Lo que a ella le preocupa es entrar en una relación que no puede controlar (justo ella que intenta controlar todo). Y hace lo que hace la mayoría en estos casos: huye. Mejo dicho, intenta huir.

-¿Qué le suma al libro la presencia de vínculos amorosos homosexuales?
-Mis novelas suelen tener una cuota bastante alta de escenas de sexo (también hay una cuota alta de otras cuestiones, pero en general me preguntan por estas escenas). Como autor era un desafío describir con la misma precisión que utilizo en encuentros heteros la relación física de dos chicas. Pero, bueno… también escribí Springfield, una novela que transcurre en Estados Unidos y jamás estuve ahí. Usé mi imaginación y el asesoramiento de una amiga que conoce bien la materia.

-¿Te sentís más libre de incluir amores lésbicos u homosexuales desde que está en vigencia la ley de matrimonio igualitario y desde que la sociedad ha discutido estos temas?
-Para nada. Una ley no cambia nada a la hora de escribir una ficción. Pero sí es cierto que Verónica es una persona de estos tiempos y puede sentirse libre para encarar una relación lésbica sin plantearse muchas cuestiones. Un personaje así hace veinte años hubiera sido más difícil de concebir.

Sergio Olguín; Foto de Alejandra López


-¿Hay intención de mostrar que cuando a un periodista lo mueve la pasión cumple con una gran labor profesional?
-Temo que una respuesta positiva lleve a que los editores acosen sexualmente a sus redactores con la escusa de que dejarse llevar por la pasión te permite hacer una nota mejor.  Pero obviamente la pasión siempre es un gran motor en cualquier oficio o profesión.

-¿El libro trata de dar cuenta de lo poco que vale el cuerpo de la mujer en sitios machistas del interior gobernada por el autoritarismo estatal/empresarial?
-Más bien habla del desprecio de ciertos sectores sociales dominantes con respecto al cuerpo femenino, en primer lugar, y con respecto a cualquiera que esté por debajo de su condición social. Hay una historia de abusos de las familias tradicionales argentinas (de indígenas, de obreros, de poblaciones enteras) que va a acompañada con una actitud despreciativa sobre el cuerpo femenino. Hay un vínculo -no siempre visible en un primer momento- entre los femicidios, los casos de trata, el maltrato a las mujeres y los abusos de la clase dominante sobre los trabajadores. 

-¿Cómo se vincula este libro con La fragilidad de los cuerpos?
-Es el segundo libro protagonizado por Verónica Rosenthal, una periodista que investiga hasta las últimas consecuencias, incluso poniendo en riesgo su vida. Su entorno afectivo y profesional en las dos novelas es el mismo. Las historias son independientes. Creo que muchos que leen Las extranjeras después van a leer La fragilidad de los cuerpos para conocer más de la familia de Verónica, de sus amigas y de su histérica relación con Federico.

-¿En qué proyecto estás trabajando?
-Estoy escribiendo una novela para chicos de diez años. Al menos por unas semanas, nada de escenas de sexo. Compenso con muertos vivos, mascotas mutantes (cuerpos de rata, alas de paloma, cabeza de chihuahua) y una china que rechina cada vez que habla. Es decir, me estoy divirtiendo.

El teatro por la diversidad de Puerta Abierta, declarado de Interés cultural por la Legislatura porteña

En septiembre del año pasado anunciábamos que Buenos Aires tenía su teatro por la diversidad. En una iniciativa inédita para esta capital, la Asociación Civil Puerta Abierta abría el primer espacio escénico orientado a la celebración de la diversidad sexual. A partir de un proyecto presentado por la legisladora María Rachid, esto fue reconocido por la legislatura porteña, que declarará este viernes 27 a ese teatro como de interés para la promoción de los derechos humanos, social y cultural de Ciudad de Buenos Aires.

El trabajo de esta organización que empieza a tener sus reconocimientos formales se inició hace ya casi quince años. Fundada en 1999, la agrupación trabaja activamente por los derechos de la comunidad LGBT. Allí se reciben diariamente a personas de todas las edades que asisten a diversas actividades, como por ejemplo psicoterapia especializada en diversidad sexual, grupos de reflexión para lesbianas y gays, clases de yoga y talleres culturales de todo tipo. Miles de personas ya pasaron por la institución.

“Cachita” Arévalo, Graciela Balestra, Alejandro Viedma, Silvina Tealdi, Laura y Norma Castillo, integrantes históricos de Puerta Abierta

Sus objetivos siempre fueron luchar contra la discriminación, concientizar a la sociedad de los derechos humanos de todas las personas y derribar prejuicios sobre la diversidad sexual; brindar un espacio donde poder encontrarse con pares para charlar, reflexionar, donde las personas homosexuales pudieran ver que no estaban solas, que no eran enfermas ni únicas en el mundo.

Tablas diversas

En septiembre de 2013 se inauguró en el barrio porteño de San Cristóbal, donde se encuentra la sede de esta ONG, “Puerta Abierta teatro”, el primero en su tipo en la Argentina dedicado a mostrar autores/as y abordar temáticas en relación a la diversidad sexo-afectiva. Señalan sus creadoras, la psicóloga Graciela Balestra y su compañera Silvina Tealdi, que “este espacio, que permite visibilizar a la comunidad LGBT, reivindicar sus derechos y luchar en contra de la discriminación y el odio hacia la diversidad, está pensado como una instancia de integración social, en donde puedan participar todos/as sin distinciones de identidades y/o orientaciones sexuales, ni de ningún otro tipo, utilizando el arte como pretexto para la eliminación de prejuicios y estereotipos, que básicamente se asientan sobre el desconocimiento y la ignorancia”.

Silvina y Graciela, fundadoras de Puerta Abierta y gestoras del teatro diverso

En los fundamentos de la Legislatura para declararlo de interés cultural, se señala: “Años atrás, Puerta Abierta ya supo ser vanguardia y generó una revolución mediática cuando en 2009 fundó el primer Centro de Jubilados/as y Pensionados/as lésbico-gay de la región. Este espacio fue concebido como lugar de encuentro entre pares en donde los/as adultos/as mayores de la comunidad LGBT pudieran tejer vínculos afectivos y conformar una red de mutuo apoyo que posibilitara desarrollar sentido de pertenencia y en donde pudieran expresarse libremente sin miedo a ser discriminados, juzgados o violentados por ser quiénes son y no otros/as”.

Según ellas cuentan, el mundo teatral no les era ajeno. La actuación ya funcionaba como método catártico en los grupos y en los talleres de reflexión, ya que se valían de dramatizaciones y puestas en escenas, que luego eran debatidas de manera grupal, como forma de abordar algunos temas y problemáticas concretas relacionadas a ser y encarnar cuerpos, deseos y sexualidades contrahegemónicas en una sociedad altamente heteronormativa.

Al ver cómo la actuación facilitaba el acceso a tabúes y prejuicios, explorando en la acción las cuestiones no verbalizadas y permitiendo una comprensión más profunda de las emociones y de las consecuencias de estas, decidieron pensar en la posibilidad de un teatro propio.

El deseo devino acción. Cuatro años después de la apertura del Centro de Jubilados/as y Pensionados/as para la diversidad se inauguró el espacio teatral. Lo que comenzó como un experimento lúdico en el ámbito grupal de una organización social, se convirtió en una casa antigua acondicionada como sala teatral con capacidad para 50 personas, que aporta a la lucha en contra de la discriminación, la violencia, constituyendo un espacio en donde celebrar la existencia de la diversidad y dar batalla a la invisibilización social de un colectivo históricamente vulnerado.

Alejandro Viedma, coordinador del grupo de varones gays, habla en la inauguración del teatro; María Rachid, en primera fila

Entiende la legislatura: “Iniciativas como estas contribuyen desde el arte a construir una ciudad más justa e igualitaria, visibilizando la existencia y reivindicando los derechos de las personas LGBT a nivel social y cultural, como ya lo vienen haciendo a nivel jurídico la Ley de Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de Género, entre otras iniciativas tendientes a promover y garantizar la igualdad”.

La Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires establece en su artículo 11: “Todas las personas tienen idéntica dignidad y son iguales ante la ley. Se reconoce y garantiza el derecho a ser diferente, no admitiéndose discriminaciones que tiendan a la segregación por razones o con pretexto de raza, etnia, género, orientación sexual, edad, religión, ideología, opinión, nacionalidad, caracteres físicos, condición psicofísica, social, económica o cualquier circunstancia que implique distinción, exclusión, restricción o menoscabo”.

Asimismo señala que “la Ciudad promueve la remoción de los obstáculos de cualquier orden que, limitando de hecho la igualdad y la libertad, impidan el pleno desarrollo de la persona y la efectiva participación en la vida política, económica o social de la comunidad”.

Así se fundamenta esta necesidad de levantarle el pulgar a esta institución que tanto hizo y hace por el “pleno desarrollo de la persona” y el respeto de cada uno en sus individualidades.

 

Bonus track para conocer más de Puerta Abierta: Graciela Balestra (directora de la institución), Silvina Tealdi (co-coordinadora del grupo de mujeres), Norma Castillo (presidenta del centro de jubilados) y Alejandro Viedma (coordinador del grupo de reflexión de varones gays), hablan sobre el área terapéutica y los espacios de reflexión para lesbianas y gays, entre varias cuestiones, en este video realizado por Multiple choice:

 

 

 

Este viernes 27 de junio a las 18 (puntual), la Legislatura declarará de Interés para la Promoción de los Derechos Humanos, Social y Cultural de CABA a “Puerta Abierta Teatro”. Están todos/as invitados/as para festejar con la organización Puerta Abierta, que este año cumple quince años de vida. La cita es en la Legislatura Porteña (Perú 160), Salón Montevideo. La entrada es libre y gratuita.

 

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“Cuando me corté el pelo cortito volví a nacer”, dice Maxi, un varón trans

Maxi es un varón trans. Cuenta que hace un tiempo leyó que se iba a fijar un día de “reconocimiento a la lesbiana”. Recuerda que ahí se afirmaba que en los grupos LGBT las lesbianas son pocas. “Quisiera comentarles que en los grupos en que estuve en Tucumán pude ver que bien o mal lesbianas hay, pero me encontré más que discriminado como “trans” (me considero travestista, soy mujer biológicamente, no tengo intención de operarme y ser varón desde lo biológico, pero no me siento tampoco mujer). Me trasvisto porque quiero ser transgénero: ni hombre ni mujer”.

El agrega: “En el grupo donde estaba empezaron a comentar acerca de la falta de gente trans y de lo bueno que habría sido tener la opinión de unA (y subrayo la A porque se refieren siempre a las chicas transexuales) transgénero para poder debatir temas de esa problemática, como el de la exclusión laboral. Yo estaba ahí, sentado frente a toda esa gente que hablaba como si yo fuese invisible. Me sentí muy herido y tuve miedo de hablar, miedo de que me digan “vos no sos trans, sos tomboy, sos sólo una lesbiana masculina”. Es lo que me suele decir la gente. Y no me parece que sea justo que por no querer operarme me discriminen, me exijan ser mujer”.

“Hasta hay gente que cuando le pido que me llame Maxi (mi nombre de varón) se niega y sigue llamándome Nohely (mi nombre legal) y aunque no me molesta que de vez en cuando me traten como mujer (como dije, no pretendo ser hombre), me parece ofensivo que si le pido no tratarme como tal lo hagan igual. Además, aunque fuese operado y tuviese el cuerpo de un hombre, siempre se refieren a LAS transexuales, nosotros estamos en las sombras y nuestra voz no vale”.

Chicos trans activistas de ATTTA

Su historia

Para empezar a contar la historia de mi transformación debería empezar a los 5 años. Recuerdo cuando era una niña, veía la tele y siempre me quedaba fascinada por los cuerpos femeninos. A veces creo que nací así… Pero a pesar de que por mis adentros era obvio que me gustaban las chicas yo sólo sabía de la existencia de los gays, hombre y hombre, pero no sabía ni siquiera de la existencia de la palabra lesbiana. Hasta recuerdo que había un hombre travestista en la tele (en la tele italiana, porque yo vivía en Suiza en ese entonces), pero yo hasta mucho más tarde no supe que también había mujeres que se travestían de hombre. En mi inocencia solo sabía que yo era “distinta” y que no tenía que dejarlo saber a nadie.

A  los 10 años empiezo a descubrir que existe el sexo entre mujeres (aún no sabía que existía el amor entre mujeres) y empiezo a pensar que tal vez me gustaban tanto los chicos como las chicas. Esto fue hasta los 11, cuando tuve mi primer beso (pico) con un chico y me di cuenta de que no sentía absolutamente nada (pero aún no caía en la cuenta de que los chicos no me gustaban). Para esa misma época empiezo a darme cuenta de que me gusta la ropa de hombre, pero de la misma forma en que en mi infancia desconocía la existencia de las lesbianas, a esa edad desconocía la existencia de la transexualidad masculina, así que no veía nada raro en que me guste vestirme como un chico. Lo relacionaba más con el hecho de que casi todos mis amigos eran varones y yo quería verme y actuar como ellos para sentirme aceptada (cosa que, por cierto, funcionó: me sentí mucho más aceptada actuando como chico que como chica).

A los 13 años mis padres deciden que nos mudemos a la Argentina (hasta ese entonces mi vida trascurría en Suiza). Con el tiempo, saliendo de “el estirón” de la adolescencia, empiezo a ganar peso y mi ropa de chico ya no me anda. Tengo entonces que volver a vestirme como mujer, pero siempre me sentí incomoda, porque además sentía que me veía muy fea con esa ropa.

A los 16 años me enamoro perdidamente de una chica de mi curso y mi cabeza cae finalmente en la cuenta de que me gustan las mujeres. Además empiezo a vivir en un ambiente donde la palabra “lesbiana” se escucha más y eso tal vez me ayudó a aceptar ese hecho. En cuanto puedo admitirme a mi misma que soy homosexual decido contarlo a todos mis conocidos. Nunca tuve miedo a la discriminación, lo único que pensé fue que quien no me aceptara como yo era no valía la pena como amigo. Tuve suerte, creo, ya que al contrario de otros casos fui aceptada por todos, incluida mi familia. Los únicos con los que tuve algunos percances fueron las autoridades de mi escuela, a los cuales no les parecía que diga en público que me gustaban las chicas ya que a muchos padres podría no parecerles bien que hubiera un homosexual en el mismo lugar donde estaban sus hijos (como si fuese un virus contagioso).

Alejandro Iglesias, conocido por su paso en Gran Hermano, fue uno de los fundadores de ATTTA varones

Pasa el tiempo, yo ya asumida como lesbiana sigo vistiéndome como mujer. Entro al ambiente, empiezo a ir a discotecas “gays” conozco más gente como yo, etcétera. A los 17 empiezo a sentirme nostálgica, extraño a mi país, y por eso decido volver a ser la de antes y vestirme otra vez como chico. Ahí ya empiezo a sentir la discriminación de parte de algunos chicos gays, que me critican por no vestirme acorde a mi género. Me pareció muy raro porque pensé que iba a haber más aceptación entre los mismo LGBT. De todas formas, no me dejo llevar por lo que dice la gente, ya que, excepto por dos o tres chicos, la mayoría me acepta tal como soy.

Pasan 2 años más en los cuales simplemente me considero una lesbiana masculina (aunque con pelo largo, me llegaba más debajo de los hombros, a media espalda digamos) y como otras chicas masculinas se ponían nombres de hombre, empiezo a hacerme llamar Maxi, pero sólo por mi hermanito, que siempre fue el que más me apoyó en todo esto. Recuerdo que estaba constantemente preocupada porque no sabía cómo hacer que los demás me traten como chico, porque ya todos me conocían como mujer y eso me angustiaba un poco. Creo que fue en esa época en que empecé a sentirme incómodo con mi género biológico, pero no pensaba en cambiar mi cuerpo, sólo me vestía de chico y deseaba que me trataran como tal.

En ese mismo año, en agosto creo, o fines de julio, empiezan a haber cambios drásticos en mi familia. Sentía que todo alrededor mío cambiaba y decidí que necesitaba cambiar yo también para poder llevar adelante todo esos problemas. Y para “darle forma” al cambio interno decido cortarme el pelo. Había estado bastante tiempo pensando en hacerlo, pero nunca me había animado. Siempre había usado pelo largo, y siempre suelto, y me resultaba difícil verme de otra forma. Con el apoyo de mi hermanito vamos juntos a una peluquería, elijo un corte de varón y le pido a la peluquera hacerme ese corte. Si tuviese que elegir el momento más significativo en mi vida, sería ese, mientras los mechones caían al suelo, fue como ver por primera vez mi verdadero yo, ver por primera vez a Maxi y dejar atrás a Nohely (mi nombre de mujer). En ese momento volví a nacer, en todo sentido. Me volví una persona diferente y recuerdo que ese día me saqué la primera foto donde miro a la cámara y sonrío sintiéndome lindo (me vienen lágrimas a los ojos al escribir esto, fue muy emotivo para mí).

Todo el mundo aceptó mi nuevo look, aunque la mayor parte no me reconoció hasta que le dije quien era.  Y aquí fue que mi vida se volvió complicada… Fue hermoso poder ser yo, poder ser Maxi, me sentí increíblemente bien por dentro, pero nunca imaginé lo poco aceptados que eran los varones trans. Ahora que lucía más como hombre, pensé que me iban a empezar a tratar más como tal si se los pedía, pero no fue así. He pedido a mucha gente que me llame Maxi, y la reacción fue ignorame completamente y seguir llamándome Nohely. A pesar de todo  pude conseguir pareja y ella siempre me apoyó en todo. Me ayudó comprándome más ropa de hombre y una faja para que pueda ocultar mi pecho. Pero aún así la sociedad nunca me aceptó.

El primer gran problema con el que recuerdo haberme encontrado fueron los baños públicos. Ya que legalmente soy mujer, debo entrar al de mujeres, pero no faltaba la persona que me decía: “Mirá que este no es el baño de hombres”. Y yo con un hilo de voz debía decir: “Soy mujer”.  En ese entonces recuerdo que ya se había aprobado la ley de identidad de género, pero lamentablemente esa ley no me ayuda a mí, ni a la gente como yo. La sociedad puede que acepte un poco más a las personas transexuales, además ellos ahora pueden elegir su género, pero la gente como yo no. Yo no quiero alterar mi cuerpo, no me siento cómodo pensando en tomar hormonas o sometiéndome a cirugías. Ojo, no pienso que está mal, me siento feliz de saber que hay gente trans que puede lograr ser lo que quiere ser, pero yo no quiero eso para mí. Y eso es lo que me lleva a ser tan discriminado. La gente se niega a considerarme travestista o trans. “Vos no sos mujer, no estás operada”, “no, lo que vos sos se llama tomboy”, “sos sólo una lesbiana masculina”, “deberías operarte”, “¿por qué no tomás hormonas?”.

Esas son cosas que debo escuchar todas las veces que hablo de mi situación. Y uno pensaría que son opiniones de gente heterosexual, pero se equivocan: en el mismo ambiente LGBT  me siento discriminado. Lamentablemente el mundo parece que aún no está preparado para aquellos/as que nos salimos de las normas binarias de género.

Maxi

 

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Los Geek diversos también tienen su espacio no virtual para conocerse

¿Sabés cómo conquistó Han Solo a Luke? ¿Sabés cuánto tardaron She-ra y Cheetara en mudarse juntas? ¿Sabés como hace Robin para estar siempre de buen humor? Así dicen los divertidos flyers de “Grupos Geek LGBTIQ que el escritor Facundo R. Soto coordina los viernes en el Centro Cultural Matienzo.

¿Qué se hace ahí adentro? ¿Cómo surgió la idea? Son dos piezas clave que Facundo va a contar para Boquitas pintadas.

Facundo Soto propone un lugar de encuentro no virtual

 “Un espacio de despeje”

Por Facundo R. Soto

“Hace un tiempo vengo escuchando que muchos chicos quieren conocer a otros (chicos), mantener un noviazgo, armar una relación, y se les complica… Me pareció raro, habiendo tantas herramientas informáticas, redes sociales, sitios de encuentros… Lo que me graficó un chico era que al refugiarse en lo virtual la gente perdía cierto compromiso y se arriesgaban a decir cosas que frente a frente no harían. Esto se fue haciendo un hábito, y cada vez es mayor la dificultad para relacionarse. No está mal tener sexo, es básico, pero a veces se lo prioriza, y las personas, como el tema de Virus, pasan a ser “amor descartable”, por la increíble oferta que hay en los sitios de encuentros. Otro chico me decía que le escribió a otro porque le gustó su perfil, decía “busco alguien para empezar una relación, los que buscan sexo exprés, por favor abstenerse”. Pero, apenas le respondió le pidió que le desbloqueara las fotos, porque quería saber el tamaño de su verga.

Un poco así, frente a la necesidad de gente que quiere conocer gente nació la idea de armar un espacio lúdico, con el poder de las conversaciones, los juegos proyectivos y el coaching. ¿Para qué? Para destrabar, desbloquear los impedimentos que hacen que uno no avance hacia su meta y objetivos; claro que primero hay que hacer un trabajo sobre lo que queremos y deseamos, porque solemos decir una cosa y hacer otra.

El espacio está bueno porque se trabaja con confianza y respeto para poder desplegar cualquier inquietud que, quizás, sólo alguien de la comunidad LGBTTIQ pueda comprender. Hay mucha gente tímida, que va a los boliches y no conoce a nadie. Bueno, ésta es una forma de socializar, trabajar sus miedos, deseos, proyectos, lo que sea… Hay muy buena onda. Abre posibilidades. Crea expectativa. Posibilita que uno vea su tema desde otros puntos de vista… Ojo, no es un Cupido, donde la gente va de levante, es un espacio de “despeje”, donde entre todos trabajamos para sacar las piedras del camino y avanzar hacia donde uno quiere o desea… El espacio grupal es muy rico e interesante. En un punto, todos se identifican con todos, y esto hace que la problemática que uno lleva, pierda la solemnidad y el corte de tragedia que a veces lleva. Porque muchas cosas que a uno le pasan, al otro, de alguna manera también le pasan”.

 

Grupo orientado a Geek LGTBIQ

Viernes 19 a 21 en Club Cultural Matienzo

Consultas e inscripciones: literatura@ccmatienzo.com.ar

 

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El baño de los colegios, ¿lugar ideal para el bullying homofóbico?

Los baños, para muchos gays, son lugares que les remiten a placer o a los tiempos de resistencia al placer sexual cuando ser homosexual era reprimido en la Argentina. Esta es una historia distinta a aquellas. Para Luca, que hoy tiene 38 años y es un ex integrante del grupo de reflexión para varones gay que coordina el lic. Alejandro Viedma en la organización Puerta Abierta, el baño es sinónimo de padecimiento. Hoy comparte su historia: cuenta que cuando era adolescente no quería ir al baño de su colegio en los recreos por miedo a que “se notara” su homosexualidad y que esa fuera razón para que lo agredieran. Así llegó a pasar todo su colegio secundario sin ir nunca al baño en un recreo.

No es la primera vez que tocamos este tema. Les dejo un link con la historia que hace ya un par de años compartió Juane. “No podía entrar al baño de colegio porque me gritaban puto”. De este modo, podríamos preguntarnos: ¿El baño de los colegios es el lugar ideal para el bullying homofóbico?

“Durante todo el secundario evité ir al baño en el recreo”

Por Luca

Archivo LA NACION

Éste bien podría ser un cuento triste porque habla de violencia o de lo que hoy se conoce como bullying o acoso escolar, pero prefiero reconocer que lo que les contaré está basado en mi historia verídica, una novela real de impotencia, miedos, dolor y algo de vergüenza, o tanta que ni siquiera pude animarme a compartirla en el grupo de pares de Alejandro, tal vez porque necesité un tiempo más de elaboración y hoy me siento preparado para sacarla a la luz aunque no exponga mi verdadero nombre. Además, creo que seguramente otros se verán reflejados en lo que viví.

Durante todo el secundario evité ir al baño en el recreo, así que me aguantaba de hacer pis todo lo que podía o, si tenía alguna urgencia, le pedía al profesor de turno que me dejara ir en el horario de la clase.

Pensándolo ahora, el baño era (¿o sigue siendo?) hace veintipico de años para los varones adolescentes, el lugar en donde aflora el sexo: se lo muestra, se comparan los miembros en los mingitorios, se habla más abiertamente sobre todo acerca de los debuts sexuales o de las ganas de “comerse a tal minita”, se transgreden límites como el fumar, entre otras cosas, y se exacerba la masculinidad. A la vez es un lugar complicado para los gays o los sospechados de serlo, como también lo es el vestuario de los clubes o donde te hayan asignado para ir a hacer Educación Física, bah,  a jugar al fútbol, o al menos esa era la única opción para los varones que hemos transcurrido el Industrial a principios de los ‘90. Son lugares en donde más vulnerados, desprotegidos y desnudos están, literalmente, o hemos estado los homosexuales.

Recuerdo que algunos compañeros se bañaban luego de hacer gimnasia porque no volvían a su casa antes de entrar nuevamente al cole cuando teníamos doble turno. Así como los demás eso lo toman como algo natural sé que muchos gays ponen alguna excusa para que no llegue ese momento. Lejos de ratonearme con esas situaciones, a mí me ponían muy incómodo, me esforzaba en que no se notara mi homosexualidad o que no me gasten o agredan por alguna miradita que se me escapase.

Los baños, ¿lugar ideal para el acoso escolar?; Foto: Archivo

¿Por qué trataba de evitar situaciones de desnudez propia o ajena en vestuarios o baños? ¿Por pudor? ¿Por no identificarme o no encajar con los rituales comunes de los machos? ¿Para que no tengan un motivo para cuestionar mi virilidad? ¿Para no tener que aguantar los chistes homofóbicos y fáciles como por ejemplo “vos tenés ganas de que se te caiga el jabón”?

Así como los baños son terreno fértil para escribir anónimamente lo que no se dice de frente y se deja constancia de eso en forma de graffitis o dibujos obscenos, también los lugares en donde se hace Educación Física son menos vigilados que las aulas o los patios de los establecimientos escolares, será porque en esa materia lo físico, el cuerpo, los cuerpos están en juego: para jugar a la pelota o para que los machos te caguen a patadas, jugándote y juzgándote, para que te hagas macho. Allí el panóptico no es tan eficaz y entonces el hostigamiento escolar se presenta más cruelmente, sádicamente diría.

A veces no hay golpes pero me parece que el daño psicológico no es menor por los bardeos, por los comentarios denigratorios que te dejan heridas psíquicas, más que nada porque son como el pájaro carpintero que te quema el cerebro o como la gota de agua que si cae arriba de una roca por años, termina agujereándola, quebrándola. Son persistentemente molestos y atentan contra tu autoestima.

Hablando de imágenes o frases que sin firma transmitían agresión, y quizá refiriéndome a una violencia más invisible para todos, un día fui al baño antes de entrar al aula y ví en una pared algo que me hizo mucho daño. Dos compañeros míos y sus cómplices habían pegado fotos pornos de tipos con sus penes erectos con una dedicatoria para mí que decía “Rodríguez se la come”. En aquel momento despegué esas imágenes, las hice un bollo y borré lo escrito, lejos de comunicar lo sucedido en la dirección o sala de preceptores. No quería mandarlos al frente y menos aún verme más expuesto, me daba bastante vergüenza que las autoridades escolares supiesen lo que mis compañeros pensaban de mí.

En verdad pasé mis peores años en mi adolescencia, hubo varios episodios explícitos de bullying pero eso, si me animo, será para otro capítulo… Lo que sigue teniendo resonancia en mí es no poder comprender cómo se puede sentir placer en lastimar, dañar o hacer doler a un compañero, a alguien que es señalado como distinto, a quien se lo cataloga como diferente, tal vez por ser desestabilizador del orden “heterosexista”.

 

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“El amor es como una fuerza revolucionaria”

“A mí me gusta definir al amor como una fuerza revolucionaria como no hay otra en la humanidad”, dice a Boquitas pintadas Gato Martínez Canto. “El amor es lo que mueve al mundo”, arriesga su compañera Eloísa Tarruella, ambos creadores y directores del documental El Objeto de mi amor, que se estrena hoy en el cine Gaumont.

Esta película que va en búsqueda de historias de amor diversas se vive como “una odisea, una aventura, un remolino” de esos que nos despierta el amor. Y también es un recorrido poético. Comenta Eloísa: “El personaje que interpreto yo, la de una guionista que se encuentra escribiendo una película sobre el amor, es el nexo entre las historias de amor reales y las míticas/literarias que aparecen en el film (Romeo y Julieta, La Maga y Oliveira de Cortázar, Eloísa y Abelardo dos amantes en el 1100 en París). Mi personaje tiene una historia de amor inconclusa, esto interpela al espectador, lo pone como aliado y los lleva de la mano a conocer las distintas historias de amor”.

Trailer película "El Objeto de mi Amor" from Gato Martínez Cantó on Vimeo.

- ¿Por qué hacer un documental sobre el amor?

- Eloísa: El amor es lo que mueve al mundo, es un sentimiento universal que nos toca a todxs.

- Gato: Es una temática muy explorada desde la ficción pero poco desde el género documental. Nos pareció un desafío indagar en el amor con historias reales.

-Eloísa: En AMORAR, una pieza teatral que dirigí hace unos años, indagué en los objetos simbólicos y esto también fue un disparador importante para la película.

- ¿Qué buscaban? ¿Qué hallazgos tuvieron?

- Gato: Como directores, buscamos generar un cruce, un diálogo entre el documental y la ficción para abordar esta temática. También decidimos darle una fuerte presencia a lo musical (compuesta por Florencia Albarracín y Juan Matías Tarruella de “Todas las calles el día”). La música fusiona, da climas, poesía.

- Eloísa: El personaje que interpreto yo, la de una guionista que se encuentra escribiendo una película sobre el amor, es el nexo entre las historias de amor reales y las míticas/literarias que aparecen en el film (Romeo y Julieta, La Maga y Oliveira de Cortázar, Eloísa y Abelardo dos amantes en el 1100 en París). Mi personaje tiene una historia de amor inconclusa, esto interpela al espectador, lo pone como aliado y los lleva de la mano a conocer las distintas historias de amor.

- Gato: También al indagar en las historias reales, nos dimos cuenta que había muchas cosas en común con algunas ficciones: eran como odiseas, aventuras… ese remolino que nos trae el amor.

Eloísa en Europa, durante el rodaje del documental

- ¿Por qué decidieron enfocarse en el balcón de Romeo y Julieta?

- Eloísa: Investigando descubrimos que el balcón es un ícono, un símbolo del amor, que resiste el paso del tiempo.

- Gato: Shakespeare armó esta ficción antológica y luego se creó “La Casa de Julieta” donde se encuentra el balcón. Las personas que lo visitan se agolpan para estar allí. Eso construye un imaginario sobre el amor.

- Eloísa: En El objeto de mi amor el balcón funciona como disparador para mi personaje que se pregunta por el sentido de las cosas: ¿todos tenemos un objeto con historia o los objetos son cosas inanimadas que ocupan un espacio?

- ¿Cuál es el juego entre las palabras objeto y amor?

- Gato: Hay una “objetivación” del amor en estos tiempos. Preguntarse por “El objeto de mi amor”, jugando con la significación del sentido, justificación o finalidad (como si el amor lo tuviese que tener), nos hace reflexionar sobre el sentido que le damos a las cosas. El sentido que le damos al amor es muy propio, construido y en construcción. Y si trasladamos simbólicamente esa construcción al objeto del “amor”, brinda un anclaje y ayuda a pensar en una definición personal. Por ejemplo, a mi me gusta definir al amor, como una fuerza revolucionaria como no hay otra en la humanidad.

Silvina y Andrea, una de las parejas que integran el documental

- ¿Qué historia de las que conocieron los impactó más? ¿Por qué?

- Eloísa: Todas las historias tienen aspectos que nos impactaron. No podríamos destacar una sola. De Laura Lazzarino y Juan Pablo Villarino (dos escritores y viajeros nómadas), nos sorprendió la manera de conocerse y enamorarse a distancia a través del libro que escribió Juan Pablo. Que fue lo que los unió. En el caso de Silvina Maddaleno y Andrea Majul, son dos madres coraje de trillizos. Su batalla por el reconocimiento de sus derechos y el de sus hijxs, nos despierta admiración. Ariadna y Georges (ella argentina y él libanés) es una historia de amor que nos hizo recordar a una odisea, una aventura marcada por conflictos políticos/sociales…nos impactó.

- ¿Por qué incluyeron una pareja de mujeres? ¿Qué descubrieron de especial en ellas?

- Gato: Pienso que la película apunta a la diversidad, entonces por qué no contar una historia de amor entre dos mujeres. Por fortuna, los tiempos cambiaron y hoy en día las personas del mismo sexo pueden tener los mismos derechos que todxs. Esto no sucedía cuando Andrea y Silvina se conocieron (hace 20 años que están juntas). La película también da cuenta de este cambio social.

-Eloísa: Andrea y Silvina son dos madrazas que crían a tres niñxs pequeños y además trabajan muchísimo. Durante las entrevistas que tuvimos con ellas cuando se miraban había un brillo en sus ojos… a pesar del tiempo, las exigencias diarias… ese brillo.  Pienso que eso es el amor.

 

El objeto de mi amor se estrena este jueves a las 19.30 en el Gaumont

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