Claudia Pía Baudracco: se presentó un documental sobre la activista trans

El 27 de marzo, en el Salón Raúl Alfonsín de la Legislatura porteña, se presentó Si te viera tu madre… Huellas de una leona, el documental de Andrés Rubiño sobre la activista por la igualdad y el acceso a todos los derechos para las persona trans (travestis, transexuales, transgéneros) Claudia Pía Braudacco (La Carlota, 1970 – Buenos Aires, 2012).
El periodista Daniel Gigena estuvo allí y lo cuenta para Boquitas pintadas.
“Victimizadas de modo gravísimo”, según sentenció la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la población de personas trans en la Argentina es una de las más desfavorecidas: registra una alta tasa de mortalidad, se halla marginada del mercado laboral y padece condiciones de vida y de salud nefastas. 
En junio de 1993, junto con María Belén Correa, Claudia Pía fundó la Asociación de Travestis de Argentina que, años después, en 2001, cambió su nombre a ATTA (Asociación Travestis, Transexuales de Argentina) y luego, con el agregado en la sigla de las personas transgéneros, se denominó ATTTA. Desde esa agrupación, Claudia luchó por la derogación de los Códigos de Faltas y Contravencionales, que criminalizaban la homosexualidad y el travestismo en varias provincias argentinas; hoy, esos artículos han sido eliminados por completo gracias a una lucha colectiva de la que ella constituye un emblema. 
Víctima de la represión y el hostigamiento policial, encarcelada por una causa por drogas orquestada por Gendarmería Nacional (de la que fue absuelta luego de cuatro años), pionera del activismo trans, Claudia contribuyó a fortalecer la demanda por la ley de identidad de género cuando, en 2010, exigió un DNI acorde con su nombre y sin que ello implicara el sometimiento a pericias físicas y psiquiátricas consideradas denigrantes.
Todos recuerdan, y en el documental de Rubiño ése es uno de los momentos más emotivos, su intervención en el debate en Comisiones en la Cámara de Diputados del Congreso Nacional. Su causa personal, sin embargo, quedó pendiente de resolución en un juzgado federal y Claudia murió, el 18 de marzo de 2012, a los cuarenta y dos años, sin obtener el DNI con su propio nombre. Por ese motivo, la Comisión de Derechos Humanos de la Legislatura porteña, presidida por la diputada María Rachid, la Mesa Nacional por la Igualdad, ATTTA y la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) lograron que en 2012 la fecha de la muerte de Claudia se instituyera como “Día de la Promoción de los Derechos de las Personas Trans”.

Documentar y homenajear una lucha
El documental de Rubiño, que contó con el apoyo de la historiadora María Marta Aversa, quien actualmente trabaja en una biografía de Claudia Pía Baudracco, y la colaboración de la amiga y militante trans Patricia Rasmussen, reconstruye la vida de la reconocida activista. En Si te viera tu madre… Huellas de una leona, ambas siguen los rastros de Claudia por el interior del país (de San Juan a Córdoba, de Chubut a Jujuy, de Santiago del Estero a Salta), adonde Claudia viajaba para organizar a las comunidades trans en temas de identidad de género, salud, compromiso social y protección ante los abusos de poder por parte de la policía y de las agencias judiciales.
La figura de esa “leona” que fue Claudia es abordada mediante testimonios directos de sus familiares, de sus amigas, de sus compañeras y compañeros de militancia como Patricia, Claudia Castro o María Belén Correa. “Era una militante que te estimulaba”, comenta entre lágrimas Claudia Castro, vicepresidenta de la FALGBT, y recuerda el efecto persuasivo de la intervención de Claudia cuando se discutía la ley de identidad de género en el Congreso Nacional o cuando se discutían consignas para las marchas del orgullo porteñas.
“Compañera en la calle, en el calabozo, en su casa”, la define Aversa. Claudia Pía terminó el secundario en la cárcel e incluso allí organizó a sus compañeras detenidas para exigir mejores condiciones de vida. Representante de una generación de travestis perseguidas por la policía y discriminadas por el Estado argentino, Claudia Pía declaró: “Hoy digo que con tanta represión, con tanta tortura, igualmente volvería a nacer trans porque así soy feliz”. Si te viera tu madre… Huellas de una leona registra, a partir de la figura irremplazable de Claudia Pía Baudracco, el nacimiento de una época de igualdad jurídica impensable pocos años atrás en la Argentina. Hoy, cuando diversas asociaciones luchan para que esa igualdad jurídica se transforme en una igualdad real, su gesta de militante debe ser recordada con respeto, gratitud y reconocimiento.

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

Sin comentarios

¿Cuántos de nosotros vamos con nuestras parejas de la mano por la calle?

¿Cuántos de nosotros vamos con nuestras parejas de la mano por la calle? ¿Cuántos de nosotros besamos en los labios a nuestro ser amado en público? ¿Cuántos de nosotros expresamos abiertamente nuestra indignación cuando escuchamos comentarios y/o chistes homofóbicos insultantes? Estas y otras preguntas se hace Julio, un lector de Boquitas pintadas que reflexiona en este escrito sobre la “naturalización” del clóset para muchos gays, sobre todo mayores de 30. ¿Cuántos de nosotros vivimos plenamente nuestra orientación sexual?, pregunta y se pregunta.

Los invito a leer estas reflexiones suyas y a intercambiar ideas entre todos y todas. Gracias, Julio, por estas palabras; gracias a todos los lectores por acompañar y participar.

Discriminación, prejuicios y la naturalización del clóset

Por Julio F. Szanto

Hace unas semanas mientras estaba caminando por la calle alrededor del mediodía me sorprendió ver a una pareja de varones de unos de 20 años tomados de la mano.

Mi primera reacción fue de sorpresa, ya que no estamos acostumbrados a ver manifestaciones de cariño en público entre personas del mismo sexo. Me pareció algo muy tierno porque se notaba que había mucho afecto entre ellos. Me puse a observar las reacciones de la gente que estaba alrededor y ví como algunos se reían y otros miraban sorprendidos. Definitivamente provocaban alguna reacción en el entorno.

Esto hizo que me pregunte acerca de qué tan natural es para la comunidad “abiertamente” gay ejercer nuestros derechos en nuestra vida cotidiana.

Quizás la respuesta sea diferente dependiendo de qué generaciones tomemos en cuenta, tal vez los más jóvenes están más abiertos a aceptar las distintas identidades sexuales que los de más edad. Sin embargo, lamentablemente los prejuicios y la discriminación están a la orden del día y no diferencian entre generaciones o clases sociales.

No dejan de sorprenderme las historias que leemos en este blog y en otras publicaciones sobre chicos jóvenes que comparten los difíciles procesos que han tenido que atravesar para salir del closet. Una clara señal de que algo todavía no anda bien.

Durante siglos, y aún en muchos países en la actualidad, los gays hemos sido perseguidos, torturados, asesinados,  hemos sido objeto de burlas, vejaciones y la mayoría de las veces hemos sido borrados de los libros de historia. Esto aparentemente ha calado tan hondo en nosotros que hoy en día parecería que nos cuesta ejercer plenamente nuestros derechos como seres humanos libres. Estamos rodeados de prejuicios propios y ajenos. Es como si hubiésemos internalizado el hecho que no hay que mostrarse del todo, que está mal, que es vergonzoso ¡Recuerdo que hace poco dos chicas fueron echadas de un bar en Buenos Aires por besarse en público!

Afortunadamente las cosas han estado cambiando y hemos podido lograr grandes conquistas desde el punto de vista legal, pero el cambio social marcha más lentamente. Estoy convencido de que este cambio depende en gran parte del compromiso individual y social que cada integrante del colectivo LGBT asuma en su vida cotidiana.

Foto: Ignacio Lehmann; 100 World Kisses

Lamentablemente aun hoy persiste el concepto de que ser gay es algo “malo” o “perverso”. Hace unos meses estaba en el cumpleaños de una amiga y un hombre heterosexual, profesional universitario, casado y con hijos (es decir, el ejemplo a seguir en esta sociedad, jejeje) comentó: “Yo no tengo ningún problema con los putos, que hagan lo que quieran, pero eso del abuso sexual a menores me hace mucho ruido”. Si vemos un poco las estadísticas, la mayoría de los abusadores son  hombres heterosexuales y familiares directos de la víctima. Claramente esto es un ejemplo de cómo se repite sin pensar un prejuicio instalado entre nosotros. Otro comentario que escuché de una médica  respecto de la donación de sangre: “Los homosexuales no pueden donar sangre porque son muy promiscuos”.

Yo me pregunto, ¿esta profesional de la salud ha estado en la cama de cada uno de los donantes de sangre para aventurarse a semejante afirmación? Entonces el “macho” heterosexual que tiene sexo con cuanta mujer se le cruza ¿qué es? En nuestra sociedad es un ganador y por supuesto que puede donar sangre sin problemas. Otro comentario de un médico: “Yo no tomaría mate con un gay, a ver si tiene SIDA?”. Más allá de la ignorancia imperdonable en un médico respecto de cómo se contagia el virus del VIH ¿Por qué gay tiene que ser sinónimo de SIDA? A esta altura todos deberíamos saber que ninguna enfermedad discrimina ni por género ni por orientación sexual.

Lo más triste de todo son los comentarios de gays sobre otros gays: “viste como a mí no se me nota que soy gay y a él sí?”, “es una mariquita”, “mirá como camina, parece una mujer”, “esa es tan histérica que seguro es la mujer de la pareja” ¡Parecería que adjudicarle a un varón características femeninas fuese un insulto!

Y paso por alto los comentarios y chistes retrógrados y homofóbicos que se escuchan y se leen en los medios de comunicación, inclusive en aquellos que se autoproclaman como defensores de la diversidad.

Sin embargo, en lo que más quiero poner la atención es en lo que podemos hacer cada uno de los que integramos el colectivo LGBT para que este cambio social se produzca más rápido y más profundamente. Preguntémonos qué hacemos diariamente para no sentirnos discriminados y lo que es peor, para no sentirnos autodiscriminados. ¿Cuántos de nosotros vamos con nuestras parejas de la mano por la calle? ¿Cuántos de nosotros besamos en los labios a nuestro ser amado en público? ¿Cuántos de nosotros expresamos abiertamente nuestra indignación cuando escuchamos comentarios y/o chistes homofóbicos insultantes? ¿Cuántos de nosotros vivimos plenamente nuestra orientación sexual? ¿Cuántos de nosotros socializamos con personas afines a nuestro estilo de vida?

Cuanto mayor sea el número de respuestas afirmativas, tanto más rápido experimentaremos los cambios en la sociedad. Todavía falta un largo camino por recorrer. La clave es animarse y buscar pares en distintos ámbitos sociales. El estar unidos nos fortalece y nos naturaliza.

No elegimos nuestra orientación sexual, lo que sí elegimos es cómo vivirla y si no hacemos un esfuerzo desde nosotros para vivir plenamente, lamentablemente el clóset seguirá allí, formando parte de nuestras vidas. Tal vez mi pensamiento sea un poco utópico, pero definitivamente no hay que permanecer indiferentes.

Quizás algún día, cuando palabras como “puto”, “maricón” o “torta” dejen de ser usadas como broma o insulto y cuando nunca más sea necesario escribir sobre estos temas, seremos testigos de que la sociedad ha madurado.

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

 

 

 

Los reyes de la primavera, la primera novela gay para chicos

Osvaldo Osorio tiene muchos títulos para exhibir y una vasta experiencia en educación con pequeños. Es licenciado y Profesor en Ciencias de la Educación (UBA) y Master en Aprendizaje y Psicología Cognitiva (Flacso/Universidad Autónoma de Madrid). Trabajó durante dieciséis años como maestro de grado y en la actualidad se desempeño como Profesor de Prácticas y Residencias en tres escuelas normales de la Ciudad de Buenos Aires. Visita escuelas y está en contacto con niños y niñas en edad escolar en forma permanente y tiene a su cargo la formación de futuros maestros y maestras.

Tiene publicado un libro, que costeó por sus propios medios La Tetera  (Editorial Dunken). La novela estuvo entre los diez finalistas del “Primer Certamen de Novela Joven. Fundación Aerolíneas Argentina”. También tiene otras novelas escritas, aunque no publicadas.

Esta vez, Osorio se dispone a publicar “Los reyes de la primavera”, una novela gay para chicos. “Entiendo que en nuestro país no se ha publicado ninguna novela gay para chicos y chicas. He leído textos publicados en el exterior, pero en esos casos los personajes no son reales, con problemas que les pasan a niños y niñas de acá”, dice en diálogo con Boquitas pintadas. Aclara que con “problemas” no se refiere a lo gay, sino a problemas con el estudio, con las relaciones entre pares, con los juegos, las rivalidades, las competencias, los chismes, etc.

“Mi intención era llenar el vacío existente y que la historia pudiera llegar a niños y niñas como tantas otras historias de amor que leen, y que disfruten, se emocionen, que genere debate”, dice.

La novela trata el amor entre dos niños desde la naturalidad, y no desde el conflicto de “qué me pasa que me enamoré de un chico”, “que tal o cual persona es gay”. La historia transcurre en la escuela que está ubicada frente al Parque Rivadavia en Caballito.

En este post de Boquitas pintadas adelantamos el primer capítulo de este libro, aún inédito. Osorio cuenta  que está en búsqueda de un editor que se interese por su idea. En ese camino es que se la presentó al Subsecretario de Equidad y Calidad Educativa, Lic. Gabriel Brenner. También se contactó con la Directora del Plan Nacional de Lectura para ver si se avanzaba en la publicación, pero aún no se concretó la iniciativa. El libro, por este motivo, no está disponible para su lectura.

Capítulo 1

La ciudad de Buenos Aires tiene un barrio que se llama Caballito. Caballito tiene un parque que se llama Rivadavia. Frente al parque hay una avenida que también se llama Rivadavia y cruzando la avenida hay una escuela que se llama Primera Junta. En la Escuela Primera Junta hay un sexto que se llama “C”. Y en sexto, como en otros sextos, hay alumnos que usan sus nombres y otros que prefieren que los llamen por otros nombres.

En sexto “C” de la Escuela Primera Junta del barrio de Caballito de la ciudad de Buenos Aires, todos saben que Leandro sale con Dennís, que Lola sale con Mariano, que Tomás gusta de Marianela, que a Soledad le gustaría salir con Leandro, que Clara está muerta por Cristóbal y que a Cristóbal le gusta Tatiana y que algunos no gustan aún de nadie. Pero lo que nadie sabe, ni siquiera el propio Pancho, salvo Romina, es que Pancho gusta de Thiago. Pero ¿cómo es que Pancho no sabe lo que Romina sabe? O mejor dicho ¿cómo Romina sabe que Pancho gusta de Thiago si Pancho no sabe que gusta de Thiago? Fácil: porque se le nota.

—¡¿Qué?! ¿Qué a mí me gusta Thiago? ¡Vos estás loca!

—Claro que sí.

—A ver, decime por qué…

—Porque se te nota y punto —y cuando Romina dice “punto” es punto, y es cuando se calla y no dice nada más y a Pancho, que la conoce, se le quedan montones de cosas por decir pero no dice nada porque por más que diga algo va a ser como si no dijera nada y eso lo hace poner rojo de la bronca, como si las palabras que quedan apiñadas en su garganta le cortaran la respiración.

Seguir leyendo

“A los siete años me gustaba un amigo de mi equipo de fútbol”

Jerónimo tiene 21 años y escribe a Boquitas pintadas para compartir su experiencia con la homosexualidad, como él lo menciona. Dice que eligió escribir su historia para este espacio porque dice que este blog le ayudó a abrir la cabeza y a aceptarse tal como es.  “Soy gay. Nunca creí que lo iba a poder contar libre y públicamente y menos tan pronto”, empieza diciendo. “Desde que tengo memoria me sentí atraído por los chicos. Recuerdo que a los siete años me gustaba un amigo de mi equipo de fútbol”. Era un malestar insoportable cuando ese chico especial faltaba. Fueron los primeros signos del amor.

Recién a los 19 se animó a pensarse gay y empezó a entender que no había nada malo en él. “Logré entender que no era sólo mi sexualidad, si no que era mi identidad la que estaba camuflando”, cuenta en un tramo del relato que comparte con todxs nosotrxs.

 

Mi identidad

por Jerónimo

New York Gay Pride 2014 – Marcha orgullo Gay NYC 2014; 100 World Kisses, por Ignacio Lehmann

Tengo 21 años, soy gay, nunca creí que lo iba a poder contar libre y públicamente y menos tan pronto. Desde que tengo memoria me sentí atraído por los chicos. Recuerdo que a los siete años me gustaba un amigo de mi equipo de fútbol, cuando él faltaba, preguntaba  una y otra vez porque no vino.

Una vez con mis compañeros mirábamos una foto del equipo del año anterior,  él ya no jugaba pero al observar su imagen tenía ganas de hablar de él, de decir que me gustaba. Pero no lo decía, ya a los siete años escondía mis sentimientos.

En ese momento uno sentía pero no era consciente de lo que le pasaba, ni siquiera a los doce años cuando me gustaba el hermano de una amiga mía. Mi amiga era muy linda y jugábamos en la pileta pero yo me ponía contento y sentía algo especial cuando se acercaba su hermano y me abrazaba para lograr tirarme al agua. No pensaba que me gustaban los varones, sólo lo sentía.

En esa época, de chico, nos imponían la idea de que las parejas estaban formadas por  un hombre y una mujer  y cuando se veía a una pareja de homosexuales se los llamaba “putos” o “maricones”.  ¿Qué podía pensar? Se pregunta siempre si tenés novia, como ya dando por hecho que debemos tener una pareja heterosexual.

Así es cómo tuve mi primera novia a los doce, con quien la pasaba excelente, me divertía muchísimo pero no sentía esa química que debía sentir. Más allá de lo que la sociedad piense uno siempre seguirá sintiendo igual. A los quince años me daba cuenta de que este sentimiento hacia las personas de mí mismo sexo era constante. Ya me empezaba a preocupar, algo estaba mal en mí, pensaba. La atracción empezaba a ser más fuertes que mi voluntad de esconderlo. Lloraba a veces en la ducha, le rezaba a Dios todas las noches para que me convirtiera en heterosexual.

Pero esos sentimientos persistían. ¿Cómo no iba a ser así, si no había nada malo en mí? Sólo que yo no lo sabía.  Me horrorizaba la idea de que alguien se diera cuenta de mi homosexualidad, sentía mucha culpa, ¿por qué me pasaba esto a mí, una persona buena, inocente que nunca había hecho daño a nadie, al contrario? Pensaba que iba a tener que vivir una vida entera escondiendo esto.  Hasta que terminé el colegio sentí culpa y malestar con mi sexualidad, miedo a frustrar a mis seres queridos. Me fijaba siempre cómo actuaba, trataba de no estar mucho con chicas para que la gente no sospeche.

Pero a los 19 años decidí afrontar esto que me pasaba. Ya intuía que no había nada malo en ser gay  y empecé a investigar y a escucharme más a mí mismo. Ya empezaba en el 2010 a debatirse la ley de matrimonio igualitario. Escuché cientos de comentarios a favor y en contra, empezaba a crecer una idea dentro de mí: lo que sentía estaba bien. Miré cientos de veces una película que me ayudó a comprender aún más mi situación, Plegarias por Bobby (buenísima, la recomiendo), miré muchos videos en YouTube, leí cientos de artículos. Logré entender que no era sólo mi sexualidad, si no que era mi identidad la que estaba camuflando.

Con esta me refiero a mi forma de pensar, de ser y de sentir. ¿Por qué seguir escondiendo a la gente quien realmente era? ¿Por qué ocultar mi verdadera identidad?  No me permitía ser quien realmente soy por miedo a las críticas, al qué dirán. Estaba condicionado por haber tenido mala información desde chico y también por falta de ella. Una frase de una película me quedó grabada: “Si un chico nace sin un brazo y se le dice que eso está mal, ¿qué puede pensar?

Con el tiempo pude al fin sentirme seguro de mí mismo, entender que lo que sentía era normal, que no había nada malo en eso. Entendí que yo era así, que siempre lo fui y que siempre lo seguiré siendo. Si quería ser feliz debía escucharme, ser fiel a mis sentimientos, sino me estaría traicionando.

Así fue que empecé a conocer a otros chicos gays, derribé todo tipo de prejuicio que tenía, aun siendo gay, porque la sociedad me los había impuesto. Me sentí identificado con ellos, con sus historias, con sus sufrimientos y alegrías.  Ví que muchos de ellos empezaban a salir del clóset y eso los hacía felices. Así fue como empecé el proceso de contarle a mis seres queridos, a mis papás, mis hermanos, mis amigas mujeres y más tarde al resto de mi familia y mis amigos varones. Fue un proceso que viví con miedo, incertidumbre pero que me dio mucha paz y armonía.

La verdad es que recibí un apoyo incondicional. Ya no tenía nada que esconder, ni miedo a que sospecharan nada. Podía ser quien realmente era, conocer  y estar con quien realmente me gustara y eso me hace feliz. Sé que aún a alguna gente le cuesta hablar del tema o no se siente cómoda, yo los entiendo: me costó a mí entenderlo, cómo no les va a costar a los demás cuando no pasan por esto. Pero no es un tema muy ajeno a cualquiera, algún día conocerán una persona gay o uno de sus familiares les contará, quizás uno de sus hijo lo sea. Ahí se romperán los prejuicios,  verán que es normal.

Pero hay otras maneras de evitar los prejuicios, se logra informándonos, poniéndonos en el lugar del otro, escuchar su relato de vida. Sé que la sociedad ha cambiado y que ya hemos progresado infinitamente. Hoy me puedo imaginar formando  una familia con marido e hijos y me pone orgulloso. Orgulloso de vivir en un país dónde se respeta a las minorías y, donde gracias a eso, cientos de miles de personas desde su juventud pueden mostrarle al mundo su identidad, quiénes son realmente.

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

Las memorias de Paco Jamandreu, modisto y amigo de Eva Perón

Francisco Paco Jaumandreu fue un conocido diseñador de moda y actor argentino. Fue conocido, también, como amigo personal de Eva Perón. Jamandreu comenzó su amistad con Evita antes que ella conociera al futuro presidente Juan Domingo Perón. Llegaron a ser amigos, confidentes. Su amistad con Eva Perón fue reflejada en una película en la que Jamadreu admitía ante Eva su homosexualidad y le decía: “Ser puto en la Argentina es como ser pobre”.

Hace pocos días la editorial cordobesa Caballo Negro reeditó un libro sobre este personaje: La cabeza contra el suelo, memorias. El periodista Daniel Gigena escribió, para Boquitas pintadas, un comentario del libro.

 

Foto: Caballo Negro

Verdadero rescate para la historia de la homosexualidad en la Argentina, sin contar el aporte que representa como documento sobre la vida pública y privada en el país durante el siglo XX, la reedición de La cabeza contra el suelo, las memorias de Paco Jamandreu (1925-1995), publicadas por primera vez en 1975, acerca a los lectores un texto único e inclasificable, que excede el marco de la autobiografía y se vuelve permeable a diversos registros. El periodismo de espectáculos, los apuntes etnográficos sobre la vida en un pueblo de la provincia de Buenos Aires, donde Jamandreu vivió con sus padres hasta los dieciséis años; la novela de formación a la manera de una loca David Copperfield; el retablo lorquiano integrado por tías, abuelas y nueras; la diatriba, el chisme de la comedia ligera y el alegato político componen una obra cuyo interés parece aumentar con los años, sobre todo luego de la conquista, inimaginable para muchos, de derechos civiles. Justamente la potencia de la imaginación, alimentada en el horario de la siesta o durante las noches de los sábados, cuando los hermanos salían y él permanecía  en la casona familiar con la radio y las revistas imaginando modelos para Amelia Bence, las hermanas Legrand y Mecha Ortiz, se impone como una acción que conjuga la creación y la reivindicación de su figura.

Dibujante desde la niñez, Jamandreu viaja en tren a la capital porteña con una carpeta de diseños para triunfar entre actrices, vedettes y productores cinematográficos (él se ocuparía del vestuario de varios films, entre ellos El misterioso tío Silas, Marihuana y Lujuria tropical, con su amiga Isabel Sarli). De pensión en pensión, sueña con llevarse a toda la tribu familiar del pueblo a un piso en Buenos Aires, sueña con ser famoso, con ser famoso y despótico, con amar y ser amado: “En el comienzo de una vida a la que quería cobrarle, o a la que yo me creía con derecho a cobrarle todo”, escribe sobre su veloz ascenso en la industria de la moda y el espectáculo, a la que él aportó misterio, frivolidad y encanto. El modo de saldar esa deuda con la vida (que había incluido “una adolescencia de soledad, de rechazo”, de dolor y de “miedo al grito de burla desde los autos”, entre otros fantasmas que se encarnaban con facilidad en ese entonces) adoptará formas proteicas, cambiantes, no siempre amables.

Paco Jaumandreu; Foto: Wikipedia

“Yo siempre he sido el terror de los modistos argentinos. Hay una cuestión que es evidente: no soy un comerciante, ni seré nunca un buen comerciante. Yo trabajo sobre el dibujo… mi ropa, linda o fea, buena o mala –yo no discuto el gusto, ni la calidad– siempre ha sido creada por mí”. Manifiesto sobre la soberanía artística emparentada con la tranquilidad que presta la definición en cualquier aspecto de la vida (“Yo creo que mi moral no es dudosa en absoluto: yo siempre dije que era homosexual y eso no tiene nada de inmoral”), La cabeza contra el suelo hilvana episodios de juventud con las experiencias del modisto consagrado por la fama.

Luego de la extraordinaria primera parte del libro, donde Jamandreu recuerda su infancia y sus años de adolescencia, sus inicios en la prensa gráfica en medios como El Hogar o Mundo Argentino (¡qué importante sería recuperar esos textos también!), en programas de radio y en el diseño de modas para cine y teatro, la “Faraona”, como lo había apodado su hermano Jorge, conoce a la mujer que signaría su vida y su trabajo. “El llamado de Eva Duarte, a hora tan temprana, me pareció una insolencia.” Así se inicia una de las amistades con mayor gracia en las grisáceas páginas de la historia de la amistad en la Argentina. Eva Perón y Paco Jamandreu, dos lenguas afiladas en el canto de la hipocresía de la buena sociedad, parecen reproducir por momentos un guión desopilante de Copi:

Otro día llegué a probarle a las 20.

–¡Pero, che! Te estoy esperando desde las seis de la tarde. ¿Dónde te metiste? Hablé a tu casa y allí no sabían nada.

–Vengo de lo de Zully Moreno. A propósito, Zully le manda sus saludos.

–¡Que se los meta en el culo! –fue su respuesta delante de todos.

El sello cordobés Caballo Negro presenta una nueva edición con un texto introductorio de Mariano López Seoane, que descubre en las memorias de Jamandreu ecos de una escritura barroca latinoamericana (“… oímos a Lamborghini, a Perlongher, a Noy, incluso a Marosa di Giorgio”), el cultivo de una lengua lujosa, que ama el repertorio de nombres propios, casi siempre de divas clientas o de enemigos jurados, y el repaso de éxitos personales en simultáneo con un collar de arbitrariedades hilarantes: “no tengo ninguna simpatía por las azafatas”; “el pobre contrabandista, que era un hombre muy bien…”; “la gente en todo el mundo confunde la homosexualidad con la mariconería”, “yo creo que el Fondo Nacional de las Artes nunca auspició nada que sirviera para nada”.

La serie de desencuentros amorosos, que Jamandreu relata con distancia y malicia, lo define: “Ese amor desgraciado me dejó profundas huellas y maravillosas enseñanzas. Por un lado me humanizó. Por el otro, me hizo querer aún más mi trabajo”. O: “Le pagué con la misma moneda: por cada disgusto que me dio me acosté con uno de sus amigos. Me dio muchos y tenía muchos amigos”. Pero también: “Oíme, pichón: yo he amado mucho. Me han amado mucho y voy a amar mucho todavía”.

“Es un libro de culto, del que habíamos escuchado hablar pero no conocíamos”, comenta el editor Alejo Carbonell, “inconseguible hasta ahora. Es una biografía riquísima, contradictoria, exuberante, cuyo resultado es una descripción aguda de cuarenta años de cultura argentina.” La cabeza contra el suelo –enigmático título que parece aludir a la vergüenza y la derrota, pero también al erotismo y el arrebato espiritual– integra la Colección de la Buena Memoria y recupera un testimonio tan vibrante como irreverente de un glamoroso pasado común.

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

Sin comentarios

Cuando ver porno gay era una odisea

Pablo escribió este texto en uno de los ejercicios del grupo de reflexión para varones gay que coordina el lic. Alejandro Viedma en la Asociación Civil Puerta Abierta. La consigna había sido: “Compartir con los compañeros algo que nunca habías contado”. Pablo tiene 37 años y recordó cómo fue la primera vez en la que vio una película gay porno, hace más de 20 años, época pre cibernética, pre Internet. Imaginemos aquellos tiempos que parecen tan lejanos. Hoy casi cualquier persona tiene acceso a la web y eso ayuda a que, por ejemplo, los adolescentes gay puedan asumirse como tales investigando su deseo más sencilla y tempranamente. Incluso sin salir de sus casas. Pero en los 90, y antes menos todavía, no era nada fácil.

Les comparto este relato que Pablo envió para que leamos todos en Boquitas pintadas.

“Barbita”

Por Pablo

Estaba en casa con mi familia, hace poco más de 20 años. El día estaba bastante feo, llovía y hacía mucho frío. Después de almorzar, decidimos ir al video club a alquilar algunas pelis.

Como siempre, ya en el local, mi mamá se instaló en la sección de películas románticas o de historias verídicas (aburridas para mí en ese momento), mi papá en la de acción o comedia (las películas de acción no me disgustaban tanto porque los actores casi siempre estaban buenos, y las comedias me gustan), mi hermana y hermano más chicos (como 10 años menores que yo) estaban eligiendo una de dibujos animados, y yo buscaba de suspenso y terror.

Pero ese día en el video club descubrí algo que siempre estuvo ahí y nunca me había dado cuenta. Entre zombies y vampiros, monstruos y hombres lobo, decidiendo con cuál de ellos pasar la noche, siento de pronto a lo lejos la risa de mi papá, esa risa pícara que lo deschavaba cuando se estaba mandando una de las suyas, y a mi vieja la noto sonrojada y escucho que le dice con una voz susurrante y vergonzosa que era un pelotudo. Y es ahí cuando descubro mi gran hallazgo, la fila de arriba de todo era la de las películas porno, que enriquecía mi vista deseosa de todo aquello que observaba, pero a la vez incómoda ya que tenía que mantener la vista hacia arriba, y esto hacía que las demás personas que estaban ahí se dieran cuenta de lo que estaba mirando.

Entre miraditas rápidas, que eran como flashes, porque los nervios y la vergüenza me invadían creándome el fantasma que los demás podían descubrir mis deseos ocultos, de pronto lo veo a él, increíblemente bello, con su pelo castaño, claro y brillante, una barba prolijamente cortada, sus ojos azules que te invitaban a mirarlo y sus dientes blancos que se asomaban a través de una sonrisa que vencía toda resistencia de no quererlo, de no desearlo. Y otra vez mi viejo interrumpiendo el momento, pero esta vez en forma directa preguntándome si ya había elegido una película; quería pagar y que nos fuéramos.

Ese día comencé a convencerme que tenía que ver esa película, en la que estaba ese hombre increíble que había poseído mi mente. El tema era que tenía muchas dificultades para hacerlo, como por ejemplo, que tenía que estar solo en mi casa, mis viejos no se tenían que enterar jamás, y lo más difícil era cómo iba a hacer para alquilar una película para adultos, teniendo 14 años.

Una semana después, mi mamá me dice que una de mis tías nos había invitado a comer a su casa el sábado, obviamente le dije que no iba a ir, no sólo por el hecho de aprovechar el momento, sino también porque las reuniones familiares no eran de mi agrado; mi mamá, sabiendo esto, no me insistió.

Fueron dos días de planear el encuentro con “barbita”, pensé de todo, todo malísimo y peligroso, como por ejemplo: falsificar una nota firmada por mi viejo dándome permiso para llevar esa película, o disfrazarme para parecer mayor, y hasta se me ocurrió sobornar al señor del video club pagándole el alquiler de la película a un valor mucho más elevado, pero por suerte rápidamente desistí de estas ideas.

Ya casi resignado a que no iba a poder hacer nada, de pronto se me ocurrió el plan “perfecto”, que era: aprovechar la promoción de 3 películas por $10 y poner el número de cualquier película de terror o suspenso (género que siempre llevaba) en la de “barbita” y que el número de “barbita” sea el de la película de terror o suspenso que supuestamente quería llevar y, si el señor del video club me decía que no podía alquilarme esa película porque era condicionada, le mencionaba las tres películas que quería ver y le mostraba de dónde había sacado ese número y todo pasaba a hacer un error de él.

Llegó el sábado y mis viejos con mis hermanitos se fueron. A la media hora de su partida yo voy hasta el video club. Por suerte cuando llego no había mucha gente y el señor del local estaba distraído hablando con alguien. Era el momento perfecto, me acerco hasta “barbita” y saco su número rápidamente, de la misma forma agarro el número de una película de terror y la pongo en el lugar del número de la película de “barbita”, me tomo mi tiempo para elegir las otras dos películas y también para desacelerar mi corazón que parecía que iba a explotar por los nervios que tenía. Ya más tranquilo y juntando valor, tomo aire y me acerco al mostrador y le doy al señor los tres números de las películas elegidas, el señor agarra los números y va hacia atrás a buscar las pelis; casi inmediatamente vuelve con las 3 cajas negras y las pone en una bolsa, le pago y anota en su hoja mi número de socio, los números de las películas y que las dejé pagas, nos saludamos y salgo rápidamente hacia mi casa.

Ya estando en casa, pongo la peli, la cual vi varias veces ese día, en ella había hombres bellos por todos lados que se tocaban, besaban, chupaban y demás cosas, pero lo mejor fue cuando apareció “barbita”… Verlo entero, con su cuerpo delgado y delicadamente marcado, tocándose, mirando y sonriendo provocativamente, en realidad, provocando a otro pero, para mí, en ese momento, me estaba provocando sólo a mí: me llamaba, me invitaba a pasar un momento maravilloso, y así fue.

Más tarde, ya sabiendo que mis viejos estaban próximos a regresar, escondo la película entre las cosas que están dentro de mi placard, dejando solamente las otras dos películas para ver.

El lunes temprano antes de ir a clases, voy a devolver las películas, llego al video club, se las entrego al señor que lo atiende, nos saludamos y me dirijo hacia la escuela.

Así finaliza la historia de cómo alquilé mi primera película porno gay.

 

Este miércoles 4 de marzo a las 20 se inicia la doceava temporada de este grupo de reflexión de varones gays en Puerta Abierta, en el barrio porteño de San Cristóbal. Para ingresar al grupo el lic. Viedma toma una entrevista previa, que podés concertar comunicándote al tel. 15-6165-4485.

Para conocer más sobre Alejandro Viedma

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

Dafne y su historia como crossdresser

Dafne cuenta que tiene 36 años y cuenta, también, que tiene un hobby: es varón pero desde los 18 años se viste con ropas de mujer. Cuando puede usa uñas postizas, se maquilla y se depila. A veces, lo hace en su casa; otras veces, sale producida así a alguna fiesta.

No da su nombre de varón, prefiere definirse como crossdresser (CD) y contar esta experiencia en Boquitas pintadas. Como comentamos en un post de este blog, las crossdresser son hombres a los que les excita o fantasean con vestirse como una mujer, cultivan la femineidad como valor en la estética visual y tienen el fetiche de las ropas de mujer en el cotidiano.

El investigador de Conicet Carlos Figari dijo hace un tiempo en Página 12: “Se definen como hombres que se sienten mujeres, y que incluso, muchas veces su objeto sexual son también otras mujeres. Cuando la pareja de una CD es una mujer y esta acepta su condición transgenérica es denominada S/O (supportive other) es decir, aquella que conoce su peculiaridad, la acepta y la apoya. Ser CD no implica asumir públicamente una identidad social femenina”.

La introducción apunta a comprender mejor el relato que Dafne comparte con nosotros.

Algo más que una fantasía

Por Dafne

Una crossdresser que posó para la empresa Crossdressing Buenos Aires; Foto: Facebook

Tengo 36 años y desde los 18 que me visto con ropa femenina, desde lencería hasta ropa informal. Me produzco lo mejor que puedo, uñas, maquillaje y depilación. Soy delgado, por lo que no tengo mucho problema en conseguir la talla justa.

Empecé tímidamente en casa cuando no había nadie, usando algo de la ropa de mi hermana, dos años mayor. Ambos tenemos más o menos la misma contextura, por lo que me resultó mucho más fácil producirme seguido. Después empecé a comprarme algunas prendas: bombachas, portaligas, medias de red y hasta minis tableadas. Siempre me gustó la onda punk, entonces me producía como una chica con ese estilo.

Una noche de sábado con mi novia en casa (mis padres se habían ido a Pinamar) empecé a preguntarle sobre fantasías. Lo tomó muy mal creyendo que le iba a proponer un trío, sexo anal o filmarla. Le expliqué que no pero le insinué si podía usar yo su bombacha, le pareció tan gracioso que no tuvo problemas. Esa misma noche le pedí que me esperara en el living sin moverse. Accedió y un rato más tarde aparecí vestida y producida como Dafne. Creo que esa noche tuve el mejor sexo con ella. No se asustó y fue ella quien se sorprendió lo sensual que yo podía ponerme como mujer. Esa noche también fue la primera vez que alguien me penetró con sus dedos.

Después de esa primera vez empezamos a buscar cosas nuevas juntos, tuve la suerte de ser acompañado por una persona que me aceptó tal cual soy. Me disfrutó tanto como yo a ella. Habíamos empezado a ir a sex shops para encontrar juguetes que pudiesen darnos placer. Ella, me confesó que penetrarme con un pene de goma le pareció una experiencia excitante y que eso la llevó a querer experimentar en ella.

La relación duró un par de años, pero terminó. Después me costó dar a conocer a Dafne a otras personas. Ella fue mi primera experiencia con una mujer, tuve otras desde que empecé a salir producido a fiestas de disfraces y a bares gay.

La realidad es que me hace sentir sensual, sexy y, además, me excita muchísimo. Me gusta sentir la textura de la lencería y producirme. Verme al espejo me excita, la ropa en mi cuerpo. Al ser delgado, con el corte de la ropa, veo que me queda muy bien, bueno, es mi opinión, claro. No tengo senos pero siempre se puede improvisar algo para el relleno.

Foto: Facebook Crossdressing Buenos Aires

Me visto cuando puedo. A veces me produzco en casa al volver de la oficina cuando de alguna manera quiero relajarme; me gusta sentirme una nena mientras hago cosas en casa.

Un par de veces salí producida a boliches gay, donde no tuve ningún problema y la pasé genial. Realmente disfruté de ver el resultado de sentirme y verme femenina y deseada por quienes quisieron acercarse a mí, hombres mayormente. Terminé yéndome con otra chica como yo.

Después de ella, tuve algunas relaciones con chicas, pero me costó mucho abrirme a ellas. A veces uno tiene miedo de perder a la persona que tiene al lado. Intenté llevarlas a contarles que usaba ropa femenina pero no tuve éxito, como que no había lugar para Dafne en el medio. Así que terminé las relaciones y sigo buscando quien me entienda y quiera por cómo soy.

No he encontrado muchas chicas abiertas a una relación con una chica cross, o es sólo un par de encuentros sexuales y nada más. Con hombres no estuve por el simple hecho de que no me gustan los hombres heterosexuales o bisexuales, sí otra chica cross igual de producida y que actúe como una lady como yo. Eso de un tipo con tanga y listo, me parece una falta de respeto a las mujeres y a nosotras las cross.

No tuve tantos encuentros como quisiera por el simple hecho que busco relaciones duraderas. Para sexo exprés, me produzco en casa y disfruto conmigo mismo.

Esa es la experiencia que quería compartir con ustedes.

Daf

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

“Vos estás enfermo”, le dijo el sacerdote a Gonzalo cuando supo que era gay

Gonzalo es un joven con fe. Desde pequeño creyó en Dios y cuando tuvo edad empezó a dar un curso de Confirmación en la parroquia de su barrio en el Gran Buenos Aires. Allí conoció a Lucas, de quien se hizo muy amigo. Hasta entonces, nunca había sentido atracción por otra persona de su mismo sexo. Lucas fue quien le dijo a él que le gustaban los chicos y ahí le instaló la duda; luego, por culpa, su amigo decidió hablar con el sacerdote de la iglesia esto que le pasaba. “Vos estás enfermo, te tenés que curar”, fue lo que le dijo el cura y que le trasladó a Gonzalo.

Desde ese momento, cuenta Gonzalo a Boquitas pintadas, a él se lo relegó de su rol de coordinador. “Me quedó muy claro que no me querían por mi sexualidad”, dice. “Hay menores, vos no podés seguir coordinando”. En este relato, Gonzalo cuenta acerca de su vida y de cómo vivió esta situación.

La vida de Gonzalo

Foto: Alejandro Viedma

Amoroso mural. Foto: Alejandro Viedma

Mi historia arranca en el seno de una familia común en la zona norte del Gran Buenos Aires. Hijo único con dos padres muy presentes y cariñosos que decidieron incorporarme a su familia con mucho amor, ya que mi madre no podía quedar embarazada. Fui adoptado por ellos en 1992, año en que nací.

Mi infancia transcurrió sin muchos sobresaltos. Fui al jardín, al colegio y jugué al fútbol como cualquier pibe de esa edad; me embarré todas las veces que fui a lo de mis amigos.

A los 12 años, falleció mi padre. Un hombre de profundas convicciones y con una loable predilección y entrega por su mujer y su hijo. Ese fue el primer sacudón, la primera vez que la vida no me fue presentada con un tamiz de por medio. Estaba vivo yo, pero no me lo creía. Estaba vivo.

Pasados ya varios años, la vida volvía otra vez a su curso normal. El colegio era una actividad placentera. Buenas notas y muchos amigos. Detrás de todas mis sonrisas y mis logros estaba mi madre. Luchadora, que lucha y no se cansa. De luchar no se cansa ni se cansó. Con tres trabajos encima, la sonrisa que siempre portaba y contagiaba era más, podía mucho más. Sublime canto a la vida cada día que ella despertaba y salía a trabajar con tanto amor.

Terminado el colegio, empecé a estudiar y decidí empezar a dar un curso de confirmación en una parroquia. Coordiné mi primer grupo y fue un gran ejemplo de fe para mí y un gran salto cualitativo de fe en mi vida. Al segundo grupo lo empecé con más confianza, pero éste me sorprendería después de cierto tiempo. A mitad del curso de este grupo, mi madre entró en coma por un cáncer. Mis tíos y amigos salieron en mi auxilio inmediatamente. Pero fue alguien particular quien me sorprendió. Uno de los chicos del grupo me insistía con mensajes de esperanza, de confianza en Dios. Así fue que leí sus mensajes una y mil veces. Mañana iba a haber otro mensaje y pasado otro, y el calendario iba a estar completo. Al cabo de un tiempo el chico (al que voy a llamar “Lucas”) decidió pedirme si yo quería ser su padrino de confirmación, una suerte de guía en la fe y acompañante en el camino. Lo dudé. Lo pensé. Lo acepté. Empezamos una relación de amigos en la que había mucho en común. La fe, el mismo sueño de carrera, el entorno social y de amistades. Lo que nunca pensamos fue que en ese montón de cosas en común, se sumaría la sexualidad.

“Lucas, ¿qué onda con las chicas vos?”, fue mi pregunta luego de meses de relación de muy buenos amigos. Amigos que se veían todos los días y se hablaban a toda hora. Amigos.

“No sé, no me entiendo”, fue la respuesta de Lucas entre lágrimas. El de 16, yo de 20.

“¿Sos gay?” “Sí, creo que sí”. Entre tantas lágrimas de Lucas no reparé en pensar más que en esto que él me estaba contando. “Nunca me vas a entender”, fueron sus palabras. Me dolió. Yo sí lo entendía.

Pasaron varias semanas de confusión. Yo nunca supe si contarle o no, si aceptarlo o no. Llegó el día: “No quiero seguir más con mi vida. Este sufrimiento es insoportable”. “Lucas yo sí te entiendo”. Su cara de sorpresa quedó impregnada en mi memoria. Era así. Casi que podríamos decir que Dios nos puso a cada uno en el camino del otro. Que lo puso en mi camino y que me puso en el suyo. La relación cambió. Decidimos encararlo como dos personas que se quieren. No le pusimos títulos, no creíamos en las formalidades. Creíamos en el amor por sobre todas las cosas. Yo creía (yo creo) en el amor por sobre todas las cosas.

Mural callejero. Foto: Alejandro Viedma

 

Transcurridos unos meses, Lucas empezó a dudar de ciertas cosas y fue así que un día decidió hablar con un sacerdote a modo de consulta respecto de qué hacer con la relación, de qué hacer conmigo. La consulta parecía como si uno llamara a un fumigador o a un médico para deshacerse de algún mal. Y así fue. Tomó el discurso del sacerdote y lo hizo propio. “Vos estás enfermo, te tenés que curar”. Nunca más hablamos bien. Nunca más volvió el a dirigirme la palabra. Este sacerdote también me mandó a curarme y me pidió que este tema no se tocara más. Me aguanté las lágrimas por días que eran infinitos. Seguí trabajando en esa parroquia.

Pasado un año y medio desde aquel episodio y siguiendo yo adentro de la parroquia, me cerraron la puerta a seguir como coordinador de confirmación. Yo que ya había asumido mi condición y lo decía públicamente, no podía seguir, pero Lucas que no lo admitía y lo mantenía en secreto (con pleno conocimiento del sacerdote), iba a entrar en mi reemplazo. Me quedó muy claro que no me querían por mi sexualidad. “Hay menores, vos no podés seguir coordinando”. La equivalencia usada por el sacerdote: gay = abusador.

Reclamé mi lugar pero no me lo dieron. Dos meses después falleció mi madre. “Luchá por eso. Creé en vos y en Dios. Nunca dejes de luchar”, me dijo mi madre. Nunca dejó de luchar ella. A eso lo aprendí de ella.

Me pusieron en lugares mucho menos visibles “al público”. En la oscuridad operamos los gays en la parroquia.

Esta es un poco mi historia. Creo en la lucha por el amor. En que Dios ama a todos como son y nos crea para amar y ser amados. Para darnos al prójimo y entregarnos a las causas nobles. Quizás la pregunta sea: ¿es el amor una causa noble hoy en día? ¿O es otro bien de mercado? “Solo el amor convierte en milagro el barro”.

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

El Teatro queer, de Wilde a Muscari

Alberto Leonelli es Licenciado en  Actuación y su conocimiento y amor por el teatro sumado a su identidad como “sujeto lgbtiq”, como se define, están medularmente conectados con la trama del libro que acaba de publicar: El teatro queer, de Wilde a Muscari.

Alberto Leonelli, en la presentación de su libro

En este diálogo con Boquitas pintadas, Alberto, además de referirse al desarrollo del libro, que apunta a rescatar los últimos cien años de la dramaturgia occidental europea,  norteamericana y latinoamericana a través de sus más importantes representantes glbtiq, habla del gran escritor chileno Pedro Lemebel, que murió hace pocos días. “Pedro aportó integralmente, cruzando diferentes lenguajes artísticos: la performance, el teatro, la poesía, la literatura  y la militancia a una cultura queer auténticamente latina y sudaca. Fue una maravillosa espina viva clavada en la conciencia y en la vida de la retrógrada sociedad chilena”, dice. “Su principal talento fue ser él mismo y permitirnos compartirlo”.

- ¿Hay una cultura queer? ¿Qué la define?

- Me parece que la sumatoria y aportes de l@s que nos precedieron en el campo de las artes, la filosofía y la militancia queer y la apertura y conocimiento de diferentes manifestaciones culturales periféricas visibilizan corrientes contra-culturales diversas que podrían englobarse en el término “cultura queer”. Hay obras de teatro y autor@s queer, hay cine, literatura, filosofía y  música queer, hay expresiones visuales y performáticas, hay deportes y políticas queer.

- ¿Qué es el teatro Queer? (teatro de otredades)

-¡La respuesta está en el libro! ja ja…En realidad no lo sé con certeza…simplemente me arriesgo a definir libremente teatro queer  como aquellas obras de teatro relacionadas con la temática glbtiq (gay, lésbico, bisexual, trans, intersex y queer) en sus historias y personajes, publicadas principalmente en la segunda mitad del siglo XX y las primeras de XXI en occidente y escritas por autor@s glbtiq.

- ¿Por qué plasmarlo en un libro?

- El libro es el resultado al que arribé después de trabajar cinco años con mi tesina de graduación en la Licenciatura en Actuación del I.U.N.A. (ahora llamada Universidad Nacional de las Artes) de Buenos Aires y mi necesidad de dar a conocerlo y difundirlo porque no encontré material publicado en nuestro país y que versara sobre la temática en cuestión.

- ¿Qué recorte temporal hacés para este análisis?

- Traté de enfocarme brevemente en los últimos 100/110 años de la dramaturgia occidental europea,  norteamericana y latinoamericana a través de sus más importantes representantes glbtiq.

- ¿Cómo es el contrapunto Wilde / Muscari?

- Tomo emblemáticamente a Oscar Wilde como punto de partida, no porque haya sido un escritor “queer” abiertamente en sus obras, sino por su alocada vida pública y privada queer y su final trágico relacionado con su orientación sexual y a Muscari, como el representante argentino y latinoamericano de una literatura dramática queer contemporánea abierta y sin tapujos.

Alejandro Viedma lee un texto sobre el libro de Leonelli; a su lado, Miguel Ángel Diani (dramaturgo y actual presidente de Argentores) y María Rosa Figari (docente UNA y UNTREF, investigadora)

- En el libro se habla del teatro queer en Europa, EE.UU, América latina: ¿Qué diferencias fundamentales hay en esos distintos territorios?

- Independientemente de las idiosincrasias de cada cultura, l@s autor@s glbtiq siempre se han tenido que enfrentar a una glbtiq-fobia institucionalizada, sean en sistemas liberales-capitalistas o en sociedades socialistas/comunistas…Hay obviamente un tratamiento diferente de los personajes a medida que el movimiento glbtiq se hizo más visible en las sociedades occidentales heteronormativas y por supuesto, la paulatina, aunque no definitiva, ruptura del estereotipo teatral de “La loca-mariquita-peluquera” muy abundante en nuestra cultura patriarcal latina.

- Hace poco se marchó Lemebel: ¿Qué podrías decirnos de su aporte en el teatro queer?¿cuál fue su principal talento?

- ¡Qué pena infinita! Tuve la fortuna de verlo dos veces en los últimos años en Buenos Aires “performando” sus poemas…Pedro aportó integralmente, cruzando diferentes lenguajes artísticos: la performance, el teatro, la poesía, la literatura,  y la militancia, a una cultura queer auténticamente latina y sudaca. Fue una maravillosa espina viva clavada en la conciencia y en la vida de la retrógrada sociedad chilena. Su principal talento fue ser él mismo y permitirnos compartirlo.

- En la Argentina: ¿Nos mencionás los principales exponentes y qué creés que tuvo de particular esta manifestación en nuestro país? 

- Creo que el principal exponente fue y es Copi, quien vivió y escribió prácticamente toda su revulsiva obra auto-exilado en Francia. ¡El Cachafaz de Copi debería enseñarse en los colegios secundarios a la par que el Martín Fierro de Hernández o  El matadero de Echeverría! Imposible no mencionar a Manuel Puig y su emblemática El Beso de la mujer araña o la explosión performática-parateatral pos-dictadura de artistas tan transgresores como Batato Barea y Alejandro Urdapilleta, entre otrxs. También quisiera destacar el aporte de la artista argentina radicada en México Liliana Felipe. Y obviamente, el emblema de la dramaturgia queer contemporánea argentina es José María Muscari. Sus obras, personajes, historias y cruce de estéticas lo posicionan como un referente incuestionable.

- ¿Por qué elegís el uso de la @ en lugar de los tradicionales masculino y femenino que propone el lenguaje aprobado por la Real Academia?

- Porque me parece que es un símbolo más abarcador, respetuoso, provocador e incluyente, sin necesidad de referirse a la tan esquemática y encorsetada clasificación de géneros de la lengua castellana.

- ¿Por qué el uso de palabras como desviados, degenerado, anómalo, tan negativamente instalados en el imaginario de mucha gente? ¿Qué intentas hacer al usarlo en sentido positivo? 

-Me emocioné, indigné y divertí mucho escribiendo el material y sabía en concreto qué quería lograr con la resignificación de ciertos vocablos. El idioma castellano es heteronormativo y me parece que hay que romperlo para recrearlo y enriquecerlo con nuevas palabras-boomerang. La riqueza y la variedad de un idioma también está en los pliegues, en los contornos, en los intersticios, en los agujeros semánticos del sistema heterocapitalista.

 

Dónde comprarlo: El libro se encuentra disponible en Librerías Antígona y Hernández de Capital Federal y para consulta en las Bibliotecas de Argentores de todo el país. También se pueden contactar conmigo (para adquirirlo o no) por Facebook a Alberto Leonelli o a la página El teatro queer de Wilde a Muscari.

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!

¿Donar sangre? Vos no, por homosexual

No es la primera vez que  Tomás  Vio escribe en Boquitas pintadas. Ya contó hace unos meses que tiene 26 años, que es licenciado en Comunicación Social y que trabaja en el área de Relaciones Externas de una empresa importante en la ciudad de Buenos Aires. Tampoco es la primera vez que hablamos de este tema: la discriminación legitimada en formularios que se utilizan para la donación de sangre en la Ciudad de Buenos Aires.

Traemos nuevamente el tema, que ya denunciamos en 2011, porque pese a que se aprobó en la legislatura la modificación del formulario que se exige completar a los donantes de sangre y que se aplica en los hospitales públicos (no se deben pedir datos respecto a la identidad de género, vida personal y sexual o cualquier información que resulte discriminatoria), esto no siempre se cumple. Estos tiempos siguen recordando aquella denuncia de Facundo García, activista por el Partido Socialista. 

Tomás, esta vez, cuenta su historia de discriminación por este tema. Seguramente muchos se sentirán tocados por la misma realidad. Es una paradoja que, por un lado, se incentive la donación de sangre y, por otro, se discrimine a quienes quieren donar. Sin hacer foco en la protección a la hora de tener relaciones sexuales, se focaliza en con quién se tuvo relaciones, así es que las homosexuales son prohibitivas para donar.

Pedro Robledo, coordinador del área de Diversidad e Inclusión de la Fundación Pensar de PRO, escribió a Boquitas pintadas para aclarar que desde esta oficina “trabajan arduamente con el Ministerio de Salud para generar los nuevos formularios que están disponibles en hospitales públicos como indica la ley y como se menciona en la nota”. Esta ley fue aprobada en la legislatura por unanimidad. Agregó que el caso del Hospital Alemán está fuera del alcance del gobierno porteño ya que se trata de un centro de salud privado. “Los formularios nuevos están a disposición de todos los centros que quieran adoptarlos, pero la ley únicamente alcanza a los hospitales públicos”, sostuvo.

Vos no por puto

Por Tomás Vio

Hoy fui al Hospital Alemán para donarle sangre a una compañera del trabajo que necesitaba una transfusión luego de haber perdido más de 3 litros por un derrame. Antes de ir llamé al hospital, saqué turno y me leyeron algunas de las especificaciones para poder donar. Tenía que ir sin haber desayunado lácteos, ser mayor de 18 años, tener el DNI y no haber tenido hepatitis, chagas, sífilis, paludismo o brucelosis. Por suerte, no tuve ninguna de esas enfermedades, tengo 26 años, DNI al día y siempre desayuno un café sin leche.

Sabiendo que cumplía con todo, a las 10 de la mañana me presenté en el Alemán. Cuando llegué me dieron un extenso formulario que debía completar antes de que el médico me extrajera la sangre. En la primera página había un recuadro que ocupaba la mitad de la hoja titulado “Motivos para abstenerse de donar sangre”. Entre los que se encontraban: haberse hecho tatuajes u acupuntura con agujas no descartables, ser consumidor de drogas prohibidas, tener relaciones sexuales a cambio de dinero, haber tenido relaciones sexuales con personas que tengan o puedan tener Sida o haber tenido relaciones sexuales (hombre con hombre) en el último año.

El formulario que leyó Tomás antes de ir a donar

Luego de esta advertencia, había que responder 43 preguntas, todas relacionadas con cuestiones de salud a excepción de 3, una general, otra específica para hombres y otra específica para mujeres: “¿Tuvo usted o su pareja relaciones sexuales con otra persona?”, “Para hombres: ¿Tuvo usted relaciones sexuales con otro hombre en los últimos 12 meses?” y “Para mujeres: ¿En los últimos 12 meses, tuvo relaciones sexuales con un hombre que a su vez tuvo relaciones sexuales con otro hombre?”

Yo respondí a todas con la verdad. Cuando llegó mi turno, la médica me preguntó si tenía alguna duda con el cuestionario. Le conté que a raíz de una trombosis tuve que tomar anticoagulantes durante un año, me dijo que eso no era problema. También le conté que en los últimos 12 meses había tenido relaciones con otro hombre pero que él no estaba infectado con VIH y que yo tampoco. Me respondió que por prevención, yo no puedo donar sangre pero que agradecía mi sinceridad.

Las preguntas que discriminan a quienes tienen relaciones homosexuales

Le dije que no comprendía el rechazo, a lo que me respondió que los homosexuales tienen más posibilidades de contagiarse VIH y Hepatitis que el resto de las personas, como dándome a entender que los cuerpos de gays y heterosexuales son distintos. También me dijo que existe lo que se llama período ventana, período de 12 meses en el cual el virus puede no detectarse, y que es necesario estar seguro que, durante ese tiempo, uno no estuvo en riesgo de contraer HIV. Me reconoció que el período ventana es el mismo para cualquier persona, sin importar su orientación sexual. Entonces, le pregunté, ¿por qué se les permite donar a heterosexuales que hayan tenido sexo con personas desconocidas o de las que no estuvieran seguras de su estado de salud? Y me respondió que la primera pregunta (¿Tuvo usted o su pareja relaciones sexuales con otra persona?) era para detectar esos casos. Ante esta respuesta, le dije que entonces no eran necesarias las otras dos preguntas, que con esa sola alcanzaba. No hace falta una para gays y otra para heterosexuales. También le dije que hay muchas personas que no van a contestar a todas las preguntas con la verdad, por ejemplo, haber pagado por sexo, por lo tanto, la buena fe no alcanza, sería muy irresponsable de parte del hospital confiar sólo en un cuestionario. Más allá de las respuestas, todas las muestras de sangre que se donan deben ser analizadas cuidadosamente.

Cuando salí del hospital me puse a investigar un poco, según el último informe del Ministerio de Salud de la Nación, existen 110.000 personas en la Argentina con VIH/Sida.  En el caso de los varones, “el 48,5% se infectó durante una práctica heterosexual y el 39,1% lo hizo en una relación con una persona del mismo sexo”, mientras que del total de las mujeres, “el 89,6% se infectó durante una práctica heterosexual”.

Es necesario desmitificar. La orientación sexual de una persona no la condena a ninguna enfermedad, en todo caso, es la falta de información y de protección la que la pone en riesgo. El 90% de los hombres y el 88% de las mujeres con el virus se infectaron luego de una relación sexual sin protección.

No me opongo para nada a que se tomen todo tipo de recaudos a la hora de donar sangre. Lo que sí critico es la estigmatización y la humillación de la persona. Cuando llegué al trabajo, todos mis compañeros contaron que al igual que yo, habían ido a donar sangre. Cuando me preguntaron a mí tuve que contarles que no me lo permitieron y cuando me preguntaron los motivos les tuve que decir que fue por el simple hecho de ser gay.

 

Te invito desde este espacio a que compartas tus historias, tus experiencias. Escribí a boquitaspintadas@lanacion.com.ar. ¡Te espero! ¡Gracias!

* RECUERDEN QUE SI QUIEREN SEGUIR LAS NOVEDADES POR FACEBOOK, ENTREN AQUÍ Y CLICKEEN EN EL BOTÓN DE “ME GUSTA” ¡GRACIAS!