Francisco: “La Alegría del Amor (heterosexual)”

La publicación de la última exhortación apostólica del Papa Francisco, “La Alegría del Amor” (en latín, “Amoris Laetitia”) ha generado intensos debates sobre los múltiples temas que aborda, en especial, sobre los más controvertidos. El documento, que reúne las reflexiones del líder de la Iglesia Católica luego de la 14° Asamblea General Ordinaria del sínodo de obispos que tuvo lugar en la Ciudad del Vaticano del 4 al 25 de octubre de 2015, discute cuestiones relacionadas a la familia, la vida de amor en pareja (exclusivamente entre un hombre y una mujer), educación sexual, anticoncepción, la situación de personas divorciadas, la denominada “ideología del género”, e incluso el feminismo y la asistencia económica internacional.

Existen numerosos pasajes de la exhortación que afectan directa e indirectamente a personas lesbianas, gays, bisexuales y trans (LGBT). Este artículo, escrito por el abogado especializado en Derecho Internacional de los Derechos Humanos Lucas Ramón Mendos, propone un primer acercamiento hacia algunos de estos pasajes, analizándolos desde la diversidad y con el objetivo de reflexionar sobre cómo impactan las palabras del Papa entre quienes se identifican como LGBT, sean católicos o no.

Francisco y su alcance

por Lucas Ramón Mendos (*)

En ocasiones se intenta argumentar que los lineamientos que determina el pontífice romano quedan restringidos al ámbito religioso, que se abocan a regular cuestiones internas de carácter dogmático y que solo afectan a la curia y a la feligresía, por lo que el análisis de sus implicancias y significados debe hacerse en ese marco y dentro de ese contexto.

Lucas Ramón Mendos

Sin embargo, existen fuertes razones para cuestionar esa postura. En los hechos, los pronunciamientos del Papa, líder de uno de los credos más numerosos del mundo, tienen efectos que trascienden los ámbitos monásticos, eclesiásticos o estrictamente teológicos e impactan de lleno en todos los espacios religiosos y laicos a los que llega el poder terrenal de la Iglesia. Para ello se vale de una estructura de un alcance territorial vastísimo, así como del carácter de mando vertical con el que opera, lo cual contribuye a que su discurso penetre de manera fuertísima y privilegiada en todo el mundo.

Claro está que es necesario tener una mirada crítica —y desprovista del tamiz ideológico propio de la religión católica— para poder analizar cómo la perpetuación de su discurso ayuda a reforzar y legitimar dogmas, estigmas y prejuicios que tanto daño y sufrimiento generan, incluso entre quienes no son practicantes. Tan solo por mencionar un caso tan reciente como lacerante, la Conferencia Episcopal de Malawi manifestó en un documento público su decepción ante la moratoria que el gobierno de ese país ordenó para no enviar a prisión ni enjuiciar a personas por el delito de homosexualidad. Los purpurados católicos calificaron dicha decisión como una “traición” al pueblo de Malawi y una claudicación ante prácticas foráneas.

Este tipo de mensajes surte sus más potentes consecuencias en aquellos países donde las divisiones entre las esferas civiles y las eclesiásticas no están claramente demarcadas. En efecto, uno de los documentos citados por Francisco en “La Alegría del Amor” es el documento titulado “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales” del año 2003, preparado por la Congregación para la Doctrina de la Fe (el vestigio actual de la Inquisición romana) y firmado por el entonces Prefecto Joseph Ratzinger (hoy, Papa emérito, Benedicto XVI). En este documento, la Iglesia católica establece órdenes detalladas sobre la actitud que deben tomar los políticos católicos ante legislaciones favorables a las uniones homosexuales. En el caso de quienes integran los cuerpos legislativos, la Iglesia afirma que tienen el deber moral de expresar clara y públicamente su desacuerdo y “votar contra el proyecto de ley”. Especifica el documento advierte que votar a favor de un texto legislativo “tan nocivo del bien común de la sociedad es un acto gravemente inmoral”. En la práctica, es muy frecuente que quienes pertenecen al culto católico y al mismo tiempo ocupan cargos de poder adopten posicionamientos que se apegan a éste último y a otros cánones católicos, siguiendo a rajatabla los lineamientos que propone el pontífice romano. Esto es algo que suele darse en los tres poderes del Estado en varios países, ya sea en la emisión de sentencias judiciales, en la implementación de políticas públicas o en la sanción de leyes y normas de distinto rango. En suma, cuando en el campo de lo público el discurso religioso se encuentra ampliamente legitimado, el peso de este tipo de documentos papales en las políticas de Estado es inmenso.

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La segunda salida del placard: ser gay y vivir con VIH

Ser gay y querer contarlo, la primera salida del clóset. Tener VIH y querer contarlo, la segunda salida. ¿Cómo se viven ambos momentos? ¿Qué similitudes tienen? ¿Cuándo es el mejor momento para hablar de cuestiones tan íntimas? Alejandro Viedma comparte con los lectores de Boquitas pintadas algunos apuntes sobre su experiencia en el consultorio con varones gays que viven con VIH en un intento por responder a estas preguntas.

 

La segunda salida del placard

Por Lic. Alejandro Viedma

 

La importancia de profesionales y consultorios inclusivos

 

En mi clínica analítica con adultos vengo notando, de parte de varones gays que viven con VIH, la necesidad de atenderse con psicólogos y médicos “amigables” para abordar estos temas.

Según mi punto de vista no es justificable, hoy en día, que profesionales de la salud trabajen en sus consultorios con prejuicios por falta de información actualizada o que reproduzcan conceptos preestablecidos que están cimentados por una ideología moralista y hegemónica, o por otras causas que llevan a juzgar, criticar o direccionar el deseo del paciente, precisamente lo más singular que posee. En ese accionar, el profesional, se estaría comportando de una manera poco ética, más allá de que esté en juego o no el tema del VIH-SIDA.

Yo tomo el camino de contener a ese sujeto que consulta, alojar los interrogantes que se hace y así co-pensarlos, ver cómo está dicha persona, cómo vive, qué siente, cómo se maneja con los cuidados en sus prácticas sexuales y, en todo caso, revisar por qué se conduce de tal forma, más allá de con quién y cuántas veces mantenga relaciones sexuales; todas cuestiones a desplegar si la infección del VIH se hubiera producido por la vía sexual.

En los últimos tiempos y conforme mi experiencia, los pacientes buscan un profesional que les brinde serenidad; así como la persona infectada espera de un psicólogo que pueda contener la “intranquilidad” que suele generar tener un diagnóstico positivo, alguien que pueda escuchar el llanto, el enojo, los temores, las incertidumbres de saber que uno vive con el virus y a partir de allí ayudar a esa persona a que pueda construir alternativas saludables, de un infectólogo precisan recibir algo como: “Si te comprometes con este tratamiento vas a estar mejor, mantené la calma y seguí las indicaciones que te doy”. Y, por supuesto, también están atentos a que el psicólogo esté sensibilizado en el tema, que sea idóneo, es decir, que el saber profesional esté acompañado de la empatía necesaria para crear un clima de confianza, porque ya bastante violencia vienen recibiendo de lo social. Por tales motivos, desde la primera entrevista, los consultantes que arriban con un padecimiento subjetivo de gran magnitud (sobre todo si recientemente tuvieron un diagnóstico positivo), no dejan de tantear qué cara pone el analista, si cambia su lenguaje corporal, si es otro ser más que los va a discriminar, si “se queda mudo” o qué dice cuando por fin pueden manifestar eso que les cuesta mucho abrir en sus otros círculos sociales, principalmente en el laboral y en el afectivo, donde la mirada de los más cercanos, familiares y amigos, es la que consideran más preponderante.

Resumiendo este apartado, la actitud del terapeuta con un paciente que vive con VIH o SIDA es fundamental al momento de abordar qué es lo que provoca la infección del VIH en las personas. Saber que vivir con VIH se entiende, del lado del profesional, como una característica más de alguien, baja los niveles de ansiedad y estrés, y ese es el primer paso para que una persona seropositiva pueda abrirse, con menos dificultades, al resto de su gente.

 

¿Cuándo es el mejor momento para contárselo?

Viñeta de un ex paciente a quien llamaré Camilo, de 30 años

“No sé cuándo es el momento indicado para contarlo, esa situación para mí nunca es cómoda, ahora un poco menos que antes… siempre me conectaba al momento que me dieron el diagnóstico positivo, me actualizaba aquel día y me producía dolor, me angustiaba”.

Aquí entran a jugarse diversas cosas a nivel psíquico. Cuando una persona se entera que vive con VIH suelen emerger cuestiones relacionadas con la enfermedad, el deterioro, la muerte, ya que crece el grado de vulnerabilidad al mismo tiempo que baja la autoestima. Parte del dolor y de la angustia que expresa Camilo en su testimonio tal vez tenga que ver con su pregunta, pero a ese interrogante hay además otra pregunta que le precede o que subyace: “¿Se lo tengo que decir?”. En este punto, muchos sujetos que viven con VIH diferencian si se encontrarán con un otro “sólo para sexo” y, en esa circunstancia no consideran que haya que decirlo, o si sienten que aquel compañero sexual podría devenir en un novio o una pareja, como apuntaba “Camilo”.

Por otro lado, están presentes las expectativas por las respuestas del partenaire. En aquella sesión de terapia, Camilo continuó: “El miedo a que te rechacen siempre está… (Se toma unos segundos para repensarlo). Ahora no sé si es temor, pero no deja de ser desagradable si lo toman mal, hay un malestar. Yo siempre me cuidé con preservativo, pero más de una vez, cuando creí que la cosa podía avanzar con alguien para algo más que sexo y pude hablarlo, me contestaron: “¿Por qué no me lo dijiste antes?”. Y qué sé yo cuándo es ese “antes”… ¿Antes de vernos, cuando empezamos a chatear, cuando nos vimos por cam, cuando nos conocimos personalmente, a la tercera salida? Si no sabés qué va a pasar… O supuestamente lo tomaron bien, y a la semana se borraron”.

Me gustaría sumar, a lo que antecede, algunas preguntas propias: ¿por qué aparece la necesidad de contar que uno vive con VIH o SIDA?, ¿qué sucedería si no surgiese esa necesidad? En definitiva, lo más importante ¿no es implementar las medidas de auto cuidado?

Lo grupal para empoderarse

En 12 años de coordinar grupos de encuentro y reflexión para varones gays predominantemente mayores de 35 años en la Asociación Civil Puerta Abierta, sólo excepcionalmente algunos contaron que son seropositivos. Sí lo hicieron en un espacio más privado, como lo es el consultorio de su analista o con amigos muy cercanos.

Sostengo, por lo precedente, que esta cuestión se trata de una segunda salida del clóset, y para muchos es más complicada que haberse asumido gay y habérselo comunicado a sus allegados. El concepto de doble salida del placard es algo que también utilizan las mujeres lesbianas por el hecho de ser mujeres. Pero creo que en el caso del VIH opera también el sentimiento de culpa, de sentir constantemente que es algo “evitable”. No es la misma clase de culpa o vergüenza, por llamarlo de alguna manera, que cuando hablamos de sexualidades distintas a lo heterosexual. Aquí hacemos referencia a una enfermedad crónica que en el 80 por ciento de los casos -dato publicado por la Fundación Huésped o por el Ministerio de Salud- se transmite por relaciones sexuales sin protección. En el caso de las identidades “disidentes”, se ha desterrado el concepto de elección, mientras que hablar sobre el VIH exige otras fortalezas, involucrarse con la situación, hacer la adherencia al tratamiento, pero también luchar para recuperar la propia autoestima.

Pero los miedos empiezan a achicarse cuando se puede hablar de lo que a uno lo aterra, toda carga es menos pesada si se comparte lo que uno silencia. En tal sentido, otro tanto sucede en la otra orilla, del lado de los que conocen a alguien que vive con VIH… Ejemplo de ello es cuando determinadas dudas pueden ser verbalizadas: “Si nos cuidamos al momento de la penetración pero no cuando tenemos sexo oral, ¿puedo contagiarme?”.

Para finalizar, puedo concluir que los grupos de pertenencia donde puedes hablar con otros que comparten tu situación son una herramienta interesante porque también ayudan a desdramatizar y fortalecerte para mejorar tu relación con el resto de las personas.

 

El próximo miércoles 9 de marzo a las 20 se inicia la treceava temporada del grupo de reflexión de varones gays en Puerta Abierta, en el barrio porteño de San Cristóbal. Para ingresar al grupo el lic. Viedma toma una entrevista previa, que podés concertar comunicándote al tel. 15-6165-4485 alejandroviedmapsi@hotmail.com.ar

 

El teatro, una oportunidad para pensar el tema de una nena trans

Te estaba esperando, una nueva obra dirigida por Martín Marcou, se estrena este viernes en el Camarín de las Musas. La propuesta se anima a avanzar en el tema de una nena trans en el contexto de una familia “disfuncional”. En esta entrevista con Boquitas pintadas, el director de la obra revela las razones que lo llevaron a escribir y dirigir esta obra que va más allá del tema trans en la infancia: habla -en términos del propio Marcou- “del miedo a lo distinto, del rechazo a lo que está por fuera de lo normado y de su lugar dentro de la militancia en favor de toda expresión de diversidad”.

Foto: Duche & Zárate

- ¿Cómo surge la idea de la obra?

- Las primeras preguntas aparecieron en el año 2010. Por un lado me puse a pensar en todo lo referido a la idea de “esperar” en el más amplio sentido de la expresión, en qué me pasaba a mí con eso, en qué esperaba yo de mí mismo, de la vida, de la gente, y qué me habían hecho sentir sobre esa idea. En forma inmediata lo uní con la sensación que me producen los sistemas que limitan y generan exclusión y lo instalados que están en el inconsciente cultural. La idea del miedo a lo distinto, el rechazo a lo que está por fuera de lo normado y mi lugar dentro de la militancia a favor de toda expresión de diversidad, me llevaron a terminar de darle forma a lo que quería decir y a cómo lo quería contar.

 

- ¿Qué investigación se hizo para el acercamiento a un tema tan complejo como el de una nena trans?

- En este caso el acercamiento al tema surgió de forma inconsciente y natural, ya que mi mejor amiga de la infancia es trans. Creo que fui acompañando a través de los años su elección, ni tolerando, ni aceptando que son términos que detesto, sino trabajando mi capacidad de comprensión para quererla a ella con más nobleza y honestidad. Aún hoy reflexiono profundo sobre el tema, porque al principio, cuando comencé a esbozar las primeras ideas, recién aparecían algunas terminologías para nombrar de modo correcto las maneras de auto percibirse. Me fui adaptando y aprendiendo de todas las expresiones relacionadas con la identidad de género y además comprendiendo todas sus variables en la dimensión más humana de la cuestión. Todo es aprendizaje y construcción. Me ayudó mucho haber trabajado en otra de mis obras con actrices trans, ir a marchas, charlar con activistas, verlas en acción, ver documentales, películas,  videos, leer sobre teoría queer.

 

- ¿Por qué te parece importante abordar este tema muchas veces incomprendido?

- Siempre estuve muy atento a las manifestaciones vinculadas con las minorías sexuales, y aunque muchas veces me peleé con el lugar que nos da la sociedad héterocapitalista machista y patriarcal, siento que la única manera de desmontar algunas cuestiones y trabar luchas es reconocernos como esa minoría, no hay nada de malo en eso, creo que es una realidad tangible y que desde ahí se puede transformar; me parece, en realidad, un lugar muy poderoso. Mi lugar de enunciación política siempre ha sido el teatro y desde ahí, (yo no resisto), construyo e intento cambiar lo que no me gusta empoderando mi discurso. Yo hablé siempre de esos temas que para muchas y muchos es incómodo porque prefieren no ver, yo se los muestro a mi manera, en el escenario, visibilizando lo que pretenden in-visibilizar. Esa es mi posición, la sostengo, la defiendo, creo en ella.

- ¿Qué le aporta el hecho de tratarse de una niña trans en un contexto rural? ¿Y qué le significa a él la crianza en esa familia tan particular?

- El contexto donde uno se cría siempre es determinante. El personaje no tiene modelos, se auto percibe y se construye a su manera, en un marco singular, silencioso y violento, ahogada en este caso por una madrastra que no la acepta y una media hermana que le teme y la ignora. Además su padre es una figura ausente que viaja por trabajo y al que ve poco. Su única compañía son los perros y las Nanas que van pasando, que siempre se van, están de paso en su vida. Por eso La Nana que vemos en la obra, que es la última que llega a la casa tiene tanta incidencia. Porque no solo viene a cuestionar la idea de familia como institución, sino que viene directamente a destruirla. En ese sentido hay una posición muy determinante: este personaje no cree en la familia, en todo caso cree en agruparse con el que uno tiene ganas rompiendo compromisos que asfixian y limitan. La familia para ella es una prisión, no es una posibilidad, no cree en las libertades manipuladas, sino en construir su propia idea de libertad, que para ella es perfecta porque no pide permiso para que se la otorguen, sino que la vive.

- ¿Cómo fue la elección de actor de quien sería la nena trans? 

- Es un adolescente. No quiero contar mucho para que vean la obra. No fue una búsqueda sencilla, yo quería un actor trans, ésa fue mi primera elección, pero todo me fue llevando por un camino diferente. De hecho empecé a ensayar con dos actores: una mujer y un hombre, en un momento llegué a tener un nene trans y una nena trans, los dos a la vez, se me armó un quilombo en la cabeza terrible, se me mezcló todo, demasiado, y los actores me iban siguiendo como podían y aportando, pero no podía entender bien qué es lo que quería decir, qué pasaba. Todo se me fue develando con el tiempo, los ensayos y a partir del encuentro con personas muy valiosas que aparecieron y terminaron de mostrarme qué estaba diciendo y cómo se veía eso. El trabajo con el actor fue muy interesante porque aprendí mucho y eso para mí es el verdadero valor de todo esto: la experiencia. Por eso hago teatro, para aprender mientras disfruto.

Ficha Técnica:

Elenco: Silvia Trawier, Sofía Bertolotto, Eugenia Iturbe, A. Zedy.
Asistencia de dirección: Paola Salamone
Escenografía y vestuario: Carolina Paredes
Maquillaje: Pablo Pérez
Música Original: Carolina Curci
Dramaturgia y dirección: Martín Marcou
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¿Cómo seducir a un hombre hétero?

Julián se define como aprendiz de todo. Tiene 25 años, nació en Bogotá en el ’90 y vivió cerca de 5 años en Buenos Aires. Dice que el universo conspiró a su favor para permitirle encontrar a una de esas personas que te hacen cambiar el rumbo o la vida: Alejandro Viedma, su ex terapeuta, su maestro, quien ahora siente su amigo.
Lo contactó a través de su blog y, a partir de lo que escribía en relación a los grupos de varones que coordina en Puerta Abierta, dice que pudo encontrar este espacio.
                                                                
Entre el respeto por el ser y las sábanas
Por Julián Benavídez
 

Beso apasionado en Buenos Aires; Foto de Ignacio Lehmann; proyecto 100 World Kisses

Hace un par de días leía en una revista colombiana de moda, belleza y vida moderna un escrito que se preguntaba  ¿Cómo un gay se levanta a un heterosexual?, en el cual encontré cinco tips para lograr el cometido. Describía que el homosexual debe acercarse lentamente a su presa sin mostrar las plumas y mucho menos poniéndose en evidencia, que debía hacer actividades que le atrajeran a los heterosexuales como practicar un deporte extremo o jugar videojuegos; recomendaban para el primer encuentro algo casual, neutral, por ejemplo tomarse un café.
Sé que no se puede esperar mucho de una revista de farándula y cotilleo,  pero realmente creía que esos espacios estaban más “amigados con la comunidad libre pensadora”, pero me equivoqué, realmente este escrito sólo es el reflejo de una colectividad de personas que siguen reforzando estereotipos “gays” y peor aún, intimidando a los heterosexuales a que sean más precavidos al momento de relacionarse con los gays.
No solamente me llamó la atención este texto, sino que al seguir navegando también encontré varios otros artículos, incluso hallé algunos videos de youtubers. En todos se repetía lo mismo, se colocan etiquetas, se nos divide entre cazador y presa, y nunca hay ni un solo atisbo de referencia a la diversidad y mucho menos al respeto. 
Pero vayamos punto por punto:
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Presa y cazador
En uno de los videos de YouTube son más específicos con los tips, invitan a ganar la confianza del heterosexual, a no pasar la línea de la insinuación y  comparan esta acción con una trampa para animales: “Si a un animalito le pones comida y esperas a que venga a comer, si en vez de darle en la mano se la tiras en la cara, el pobre animalito se va ir corriendo y no va a volver nunca”.
Las metáforas y sus usos no son relevantes, lo que percibí con estos tips es que hay un impulso nuestro por ver las relaciones como algo ágil, debe ser el tiempo en el que vivimos donde todo lo queremos inmediatamente, nos pasa igual con las relaciones, no nos detenemos a preguntar(nos), nos guiamos sólo por gustos exteriores y en nuestra vida veloz queremos tener ya al lado a ese alguien que convertimos en presa, como si las relaciones humanas hubieran llegado a la penosa medida de ser un simple ejercicio de atrapar.
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Respeto
Queremos ser respetados, queremos poder andar por la calle con nuestra pareja (cualquiera que hayamos elegido), queremos que ser gay ya no sea un tema anormal, queremos ser entendidos, y no tenemos respeto por lo diferente, por lo no homosexual.
Mi punto no es el de decir “pobres heterosexuales, tan perseguidos por nosotros”,  porque considero que nuestras historias son terriblemente diferentes, a ningún heterosexual le ha tocado pasar por lo que a un joven homosexual. Mi llamado es a que seamos respetuosos de las preferencias de los otros, si queremos ser respetados por lo que somos.
Seguramente estarán pensando en que uno no decide de quién se enamora, y apoyo en parte esa afirmación, no decidimos quién nos gusta, pero sí podemos decidir cómo “tiramos los galgos”, me ha pasado de gustar de un amigo muy cercano, me ha pasado de querer atraerlo, pero también he optado por respetar sus decisiones y su ser, le he dicho que me gusta, él también me ha hecho saber que yo a él no. Yo he sabido desistir y alejarme, pero no todos somos iguales y de ninguna manera voy a servir de consejero, sólo pretendo enviar un mensaje de respeto por lo diferente.
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Aceptación y voto por la diversidad
Se nos está olvidando que somos personas que aman y son amadas, este escrito es precisamente para recordar que somos todos hombres y mujeres completos y también incompletos, con nuestras búsquedas y promesas, sueños y miedos, alegrías desiguales, pero unidos bajo un mismo cielo, por un tiempo y un espacio iguales, vivámonos sin tanto papeleo, que eso es rico.
El escrito que se menciona al principio es del 27 de septiembre de 2013, ya han pasado más de dos años y en varias materias la comunidad gay en Colombia ha podido dar avances, ejemplo de esto es la ley que condena la discriminación, ley por la que se siguen haciendo grandes esfuerzos en la Argentina. 
¡Sigamos luchando!
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“Ser puto es subversivo”, opina el escritor Luis Negrón

Luis Negrón estuvo en Buenos Aires presentando la flamante edición de Mundo cruel (Páprika Editorial) con un caluroso recibimiento y reconocimiento al autor, ganador del Lambda Literary Award 2014 for Gay Fiction. El libro de cuentos recorre el mundo gay desde una mirada no gay y a la vez bien intransigente, cruda y marginal, que deja una sensación seca, angustiante, produciendo placer por el entramado de las historias y la prosa al mejor estilo Carver o Dani Umpi.

Luis Negrón, en entrevista para Boquitas pintadas; foto de Facundo Soto

En esta entrevista con Facundo R. Soto, para Boquitas pintadas, Negrón habla de su libro, que ya está recorriendo el mundo. Dice: “Yo  creo que el libro negocia con la homofobia. Ha tenido éxito amplio, no de gueto, porque no lo leen necesariamente los gay. Juego un poquito con esa idea”. Y agrega: “Mucha gente me dice que no sabía nada de ese mundo. Pero cómo se ríen, cómo lo gozan… Buscamos la igualdad y celebramos las diferencias”.

-¿Te sentís parte del movimiento gay-queer, después de haber ganado este premio?

-Lo que me molesta es la forma en que la mercadean, tapas de libros con chicos lindos, musculosos, desnudos. En Guadalajara, una editorial gay, acaba de publicar una novela brasilera del siglo XVIII y ponen un chico en calzoncillo.

-¿Y por qué pensás que pasa eso? Yo tengo una hipótesis…

-Dicen que si no hay un hombre desnudo en la tapa, la gente gay no lo compra… Es lo mismo que los que piensan que, para vender una motocicleta hay que poner a una chica en traje de baño. Identificar un libro para que se vea que es de temática gay no me molesta, incluso estoy muy pendiente de buscar esa familia extensa que uno tiene. Es buscar, un poquito, reafirmar, que somos similares y que vivimos las mismas situaciones. No hablo por un grupo pero obviamente pertenezco. No soy la voz de una comunidad…

-Marco Berger decía que ahora no quería hacer una película gay para no quedar pegado a ser un director de cine gay: ¿Cómo es en tu caso?

-Pues, que te etiqueten está bien. ¿Cómo no te van a poner una etiqueta de portorriqueño o caribeño? Que te etiqueten está bien. Que digan que sos lumpen, o lo que sea; una más está bien… Y si me invitan a un Congreso gay y me pagan, mejor. Mira esta tapa, bien creativo. El que está buscando algo gay, ahí lo encuentra… (Hace referencia a la edición de Páprika con ilustración de María Luque).

-Es más abarcativa…

-Claro, lo pone en un universo más grande, que pertenece a un todo. Esa dualidad que logran acá me gusta…

-¿Cómo trabajaste los cuentos que tienen, a mi criterio, una estructura firme?

-Cada historia la pienso mucho. Algunos son más espontáneos como el de Por Guayama, que tenía una idea poco clara pero… Tú te sientas a la mesa con pocas cosas pero a la hora de escribir se van multiplicando… Es como sentarte a tomar un café pero terminas cenando. Uno también es el primer lector y editor. Cada cuento manda, exige una trayectoria, cuan vicioso puede ser o cuan ambicioso puede ser. No diría que tengo una técnica, pero sí que sean honestos y evitar la trampa. Lo que sobra lo saco.

-¿Qué es lo que pensás? ¿La historia u otra cosa, la forma por ejemplo?

-Oye, pienso mucho lo que escribo. La atmósfera y el sonido, que es lo más importante para mí. Cómo suena un cuento. Cuando tengo el tono me siento con toda la confianza para escribir, porque es lo que necesito. El tono para mí es todo, ya estoy a salvo. Lo demás es disciplina y oficio. Muchas veces me senté a escribir y fracasé, porque todavía no sabía cómo sonaba esa voz. Cuando tenés una idea de una canción, tú tienes algo, pero es la música la que te ayuda a formar la letra. Después le pones la coreografía, la ropa, la música, pero para hacer la letra necesitas la música; para mí. Yo soy un escritor muy de sonido, me gustan las palabras por cómo suenan.

-¿Escribís poesía?

-No, no, pero leo mucho. Acá conseguí un libro de Jaime Gil de Biedma, que andaba buscando desde hace tiempo… Es un poeta esencial, que cuando lo leas vas a saber porque. Es alguien que te habla muy de cerca…

-El libro tiene más o menos la misma atmósfera, que en parte tiene que ver con el tono, o van por la misma línea, de lo crudo, descarnado… ¿Lo pensas así?

- Bueno, hay coincidencias como el escenario, el barrio donde se da que no importa donde es pero es reconocible. Es algo que yo tengo muy presente cuando escribo, es muy orgánico. No lo describo con detalles porque pienso que no hace falta. La esperanza es que eso se traduzca de otra forma, no directamente como lo haces. Sí, si es un barrio grande o pequeño. En el cuento Botella todo transcurre muy rápido,  porque pasa en el barrio de San Juan, donde todo es muy veloz. San Juan es una ciudad que tu recorres bien rápido, porque en tres horas cruzas la isla completa, sábelo, de este a oeste; no nos podemos perder. La frontera del barrio es una imagen importante que yo quería que se permeara en el cuento; yo no sé si esto se transluce… Escribir es pensar mucho, ¿no? No es una cosa así, azarosa…

-A pesar de haber ganado el premio tenés que seguir trabajando, ¿no? Y trabajas de librero en Puerto Rico, ¿no? Bueno, cuando elegís un libro para leer, ¿en qué te fijas? ¿Qué buscas, qué esperas de un libro, como lector?

-Bueno, estoy muy pendiente de los títulos. El primer párrafo. A la gente que tiene dudas, para llevarse un libro, le digo que se siente por ahí y que empiece a leerlo; y si lo agarra que se lo lleve. El primer párrafo tiene que convencerte, la oferta. La entrada a una novela o a un libro de relato es como el lobby, tú sabes que ahí está la información que te lleva, a veces directamente a la habitación.

- Que te lleve a algún lugar…

-Un libro es un compromiso. A veces a largo plazo. Y tenemos cada vez menos tiempo… Hoy, con Maxi [Papandrea], hemos hablado mucho de libros y me mencionó uno, de César Aira, Un episodio en la vida del pintor viajero, y me fascinó…

-Además veníamos para acá y por Salguero vemos caminando a Aira con una bolsita del MALBA. Volvamos a lo que te atrapa de un libro: los títulos

-Los títulos y el primer párrafo son los que me atrapan. Es una buena pregunta que no se contesta de una sola forma. Es como que te digan, qué te gusta de un hombre. Si dices alto, rubio, es mentira, porque siempre hay algo más. Es algo instintivo cuando lo agarro y me lo llevo. Yo soy librero, pero también tengo mi librero. Es como los médicos, ellos no se atienden a sí mismos, tienen su médico… Como librero uno sueña con leer algo primero…

-Como un editor…

-Claro… Es chévere descubrir un libro que va a dejar marcado a la gente, que no lo va a olvidar fácil, eso es lo lindo. Me gusta Luis Chávez, un poeta que ahora acaban de publicar la novela Salvapantalla. Me fascina, él como poeta.

-¿Si tuvieras que recomendarme un libro, a mí y a la gente que lee Boquitas pintadas, qué nos recomendarías?

-¿Leíste a la chilena Nona Fernández? Tiene un libro que te lleva, que te hace… Vas siguiendo, feliz, a un carnaval, y te está llevando a un lugar que… vas a salir igual.

-Ya me lo vendiste…

-Eso se agradece. O Federico Falco, que estoy fascinado… Cómo escribe con esas abundancias… El cagón es cagón, la lluvia es un diluvio… Con pocos elementos te transforma todo. Su forma de escribir es exótica. Que me lleven a otros lugares, que no sabes y la honestidad.

-¿Cómo se desarrolla en tu país la movida de las marchas LGBITQ?

-Pasa de todo. El Festival de Cine Queer de San Juan es el más exitoso de todo el mundo, es donde hacen más plata. Es que lo ve todo el mundo. Y dan películas buenas. Para mucha gente son porno. Judicialmente hay matrimonio igualitario. Adopción de niños. Está a punto de resolverse los estudiantes de escuela pública para que usen el uniforme con el que se sientan más cómodo, con el género con el cual se identifiquen. Un niño que nació varón puede ir con falda; eso ya no lo pueden prohibir porque la ley lo protege. Pero eso no quiere decir que pase. Una cosa es la ley y otra es San Juan, que es la Capital y otra cosa es el resto del país. Todavía está el Medio Evo y la Capital, como pasa también en Estados Unidos. Mirá Francia que todo el mundo pensaba que era pro gay y cuando estaban con el asunto del matrimonio igualitario salieron millones de personas en contra…

-Es que todavía hay mucha gente cristiana, o sea dogmática, que no se cuestiona nada…

-Sí, sí. Siempre hay que convivir porque, por más que estén los espacios hay que conquistarlos permanentemente, porque están las dos cosas; siempre. Hay cierta comodidad. Tú ves una parejita de la mano, en algunas áreas, pero eso no asegura nada. Están estudiando los crímenes de sodomía, en Puerto Rico, en el siglo XVIII, y encontró una historia de una loquita, negro él, que una vecina lo acusa de sodomía con un soldado español. Le preguntan si es verdad y él dice, después de Dios a quién más amo es a él. Tú empiezas a mirar y dices, lo que faltaba es escribir sobre eso, pero eso siempre ha estado ahí. La fuerza de eso se siente, aunque haya sido tres siglos atrás. Yo no sé si con tanta legislación nos atrevemos a decir eso, si tiene esa importancia o no hacía falta… Ser puto es subversivo… ¿Tu eres gay? Yo no, porque no tengo ropa para serlo. Soy puto de barrio. Ser puto es subversivo…

-¿Aportó algo Mundo cruel a tu país, en tu comunidad? 

-Yo  creo que el libro negocia con la homofobia. Ha tenido éxito amplio, no de gueto, porque no lo leen necesariamente los gay. Juego un poquito con esa idea. Mucha gente me dice que no sabía nada de ese mundo. Pero como se ríen, como lo gozan… Buscamos la igualdad y celebramos las diferencias…

-Es una puerta de entrada…

No presento al gay que todo el mundo quiere ver, el de los escaparates, o al viejo bondadoso, buey. Esto resulta incómodo porque es honesto. Por eso estoy contento.

-Bueno, acá hay muchos consumidores de Osos y otras prácticas que rompen con heternormativo impregnado en la cultura gay…

-Bien. Hace poco que estoy aquí y ya me enamoré de esta ciudad que es preciosa.

-¿A qué publico te dirigís o cuál es tu ideal de lectores? Dani Umpi me decía que son las mujeres solteras, viejas y gordas…

-La esperanza es que encuentres un lector que quiera participar, porque Mundo cruel no te lo da todo. Tiene que ser un lector que pueda llenar los espacios en blanco, que no se detenga en las palabras que tendría que tener y no tiene. Que me acompañe.

-¿Qué sea gay?

-No, no, no necesariamente… ¿Tú como escritor piensas en eso?

-Bueno, a veces, algunos libros, sí. Porque me di cuenta que faltaba contar algunos temas o situaciones que vivimos y que está bueno leerlo o verlo en una peli, para identificarse

-Hace poco un muchacho de Perú me dijo que lo describí a él. Y otro de San Juan que él ha sido todos los personajes del libro a lo largo de su vida. Una maestra de un pueblito que tiene un muchacho autista en su salón les asignó el libro, y uno que casi no puede comunicarse conectó con Mundo cruel. Son cositas con las que uno dice Woow. Me gustan las historias, me gusta contar historias… Me encanta sentarme en una barra y hablar con gente desconocida. En la guagua, el colectivo, me entero de un montón de cosas; mi mamá me regañaba porque decía que para mí todo el mundo es bueno y que era amigo de todo el mundo. Yo soy así, le abro mi casa para todo el mundo.

-Aunque el mundo sea cruel…

-Aunque el mundo sea cruel…

 

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Una marcha de la diversidad para eliminar el código de faltas que criminaliza en Córdoba

Hace cuatro años que se marcha en Río Cuarto, la segunda ciudad en importancia luego de la capital de Córdoba. La marcha de la diversidad surgió, primero con un puñado de militantes en una sociedad descomprometida de estos temas “invisibles”, y ahora convoca a cientos de activistas y vecinos que intentan apoyar las políticas inclusivas.

Este año, la multitud -entre la que me incluí- marchó por la derogación de los códigos de faltas. “En consonancia con marchas que se hacen en todo el país empezamos a organizar la nuestra”, dice, bandera en mano, Walter Torres, presidente de la asociación civil Mesa de la Diversidad, coordinador de Derechos Humanos en la Municipalidad de Río Cuarto, y quien fuera compañero de militancia de la activista trans fallecida Eliana Alcaraz.

Esta marcha recibe el nombre de una luchadora por los derechos humanos, Susana Dillon, una maestra, Abuela de Plaza de Mayo, quien enarboló la lucha por la recuperación de derechos de todxs. La marcha se realizó un mes antes de la que se realiza este fin de semana en la ciudad de Buenos Aires.

El pedido de este año resulta básico y elemental para garantizar el fin de la persecución de gays y trans. “Pedimos la derogación del código de faltas de la provincia de Córdoba. Hoy en la provincia de Córdoba existen dos figuras que son trágicas para la ciudadanía: una es el tema del merodeo, las detenciones arbitrarias por estar caminando por la calle y lo que nosotros planteamos: que los pibes de los barrios no pueden llegar al centro de la ciudad. Son las detenciones por portación de cara”, define Torres. “Y también está el artículo que tiene que ver con la prostitución escandalosa. Las mujeres y los hombres que están en situación de prostitución son detenidas arbitrariamente en función de ese artículo. Hay un montón de otras cuestiones también que son inconstitucionales y por eso pedimos su derogación y generar normativas democráticas y participativas”.

Otro de los pedidos de la marcha, que se revelaba en la presencia de carteles con peticiones, es el de la implementación de la ley sexual integral. “Es necesario trabajarlo en todo el país. En algunas instituciones se trabaja, pero hay que profundizar en el trabajo de la educación sexual no sólo desde una mirada biológica sino teniendo en cuenta la diversidad, los derechos humanos, las situaciones de violencia y trabajar para erradicar la discriminación y la violencia. Esa es la mirada que nosotros creemos que tiene que haber”.

Entre los ejes que se propone la mesa de la diversidad, están: promover la igualdad de derechos y oportunidades para todos, concientizar sobre el respeto a que todos somos diferentes y luchar contra todo tipo de discriminación, reducir el estigma social y posicionar una agenda política sobre estos temas.

-¿Están yendo a colegios?

-Venimos trabajando con las instituciones educativas. Tenemos el documental Se dice de mi y la idea con él es salir y generar la discusión. En ese documental con mirada positiva de la cuestión trans la idea es mostrar que ser una persona trans no es simplemente estar parada en una esquina, ejercer la prostitución sino que hay una mirada diferente si uno le da posibilidades. Está el caso de Eliana Alcaraz, dirigente social y política que no llegó a ver el documental, María Belén, a quien se le dio la adopción de dos nenes, por ejemplo.

-¿Cuán abierta ves a la comunidad de Río Cuarto?

-Es muy difícil. Seguramente que si uno hace una encuesta hoy en la ciudad el 99% está en contra de la discriminación  y está a favor de la diversidad. Ahora: ¿cómo pasamos de lo discursivo a la acción concreta? ¿Qué hechos produzco yo para que se generen acciones de inclusión? Lo que le toca al Estado nosotros se lo vamos a exigir, se lo vamos a seguir pidiendo, pero también está lo que nos corresponde a nosotros como miembros de la sociedad. Preguntarnos: pese a que la mayoría dice no estar a favor de la discriminación, si yo hoy tuviera que tomar a una chica trans para ser niñera o secretaria, ¿la toma?

-¿Se está luchando para que haya un cupo laboral trans en la Municipalidad?

-Sí, desde la organización hemos presentado dos propuestas. Una que tiene q ver con una ley integral trans, que plantea la situación de salud, vivienda y empleo con el cupo de empleo municipal, que está en tratamiento en el Concejo Deliberante. También presentamos un proyecto a nivel provincial con similares características.

-¿Cuál sería el cupo?

-El 1%. En realidad, ponemos ese número de modo simbólico. Lo que necesitamos del Estado es un gesto. Cuando le pedimos a la sociedad que de un gesto, también se lo pedimos al Estado porque hay que educar con el ejemplo.

Se avanzó mucho, pero aún hay materias pendiente, motivos para seguir luchando: la ley de Prevención y Sanción de Actos Discriminatorios, la derogación del Código de Faltas, la declaración de emergencia provincial por violencia de género, la inclusión socio-educativa, laboral y salud para todos, la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral y un Estado laico.

 

Este sábado a las 16, sumáte a la Marcha del Orgullo en la Plaza de Mayo en Buenos Aires. Una de las consignas es ir con un cartel que reclame Justicia por Diana Sacayán: ¡Basta de travesticidios! 

ilustración Maia Venturini Szarykalo

 

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Hotel Gondolín, la pensión donde viven más de cien personas trans

No hay travesti que no conozca el Hotel Gondolín, una especie de conventillo porteño, ahora autogestionado por las más de cien chicas que allí viven, que es un histórico lugar de recepción de quienes llegan del interior sin dónde vivir en Buenos Aires. Si uno transita a pie por la calle Aráoz a la altura del barrio de Villa Crespo, es imposible no ver este lugar de paredes azules en cuya vereda casi siempre hay alguna de las chicas sentadas en sillas plásticas que sacan como se acostumbraba antes (o como aún sobrevive en el interior del país).

Patricio Binaghi, productor, publicista y gestor cultural, recién llegado de España, donde vivió 14 año, se topó una tarde con este peculiar lugar que desde afuera le llamó la atención. Desde entonces no se detuvo hasta averiguar qué era el Hotel Gondolín, cuál era su historia, sus protagonistas. Su intención, les dijo a las chicas cuando se animó a tocar el timbre en el lugar, era retratar, homenajear ese espacio único en el mundo.

Con el sí de las chicas, convocó a la fotógrafa Estefanía d’Esperies para que hiciera el registro fotográfico documental. Las fotos son el alma de este libro, Hotel Gondolín, que editó Patricio con su sello Paripé Books. Estefanía hace 12 años que se dedica a la fotografía y este es el trabajo más documental de su carrera. El prólogo de este libro foto-testimonial es de la activista trans Marlene Wayar.

En esta charla con Boquitas pintadas los autores cuentan la experiencia y el aprendizaje que se llevan. “La actitud de las travestis, en general, es luchar y seguir para adelante, dándole la espalda a cualquier muestra de tristeza (como dice la canción de Fangoria)”, dice Patricio. “Las notamos con muchas ganas de vivir, de querer cambiar su situación, de mostrarle al mundo que ya se sienten incluídas en las leyes y que tienen el afán de hacerse respetar”, agrega su compañera.

- ¿Cómo surgió tu interés por esa casa?

- Patricio: La realidad es que estaba por el barrio y vi la vereda, la casa y el movimiento que generaban las chicas y me fascinó. En la vereda había varias chicas trans y travestis que entraban y salían, tomaban mate, charlaban, etc. Eso me llamó la atención. Consulté a una amiga que vive a la vuelta y me contó un poco la historia. Automáticamente supe que era un lugar especial y único en el mundo y me pareció interesante conocer cómo funcionaba, cómo vivían, la magia del lugar,etc.

- ¿Cómo fue el día en que te animaste a tocar esa puerta?

- Patricio: Soy una persona muy lanzada y fue simplemente ir a tocar el timbre. Me presenté y fui de a poco ganando su confianza, conociendo sus historias, fue escucharlas y manifestarles mi propia historia y qué era lo que queríamos lograr. Las intenciones siempre fueron sinceras y transparentes, a su vez se quería obtener un material desde el amor y el respeto. No queríamos hacer un libro en donde se busque el amarillismo, eso nunca me interesó. Lo único que me interesó es poder mostrar su historia, poder mostrar lo travesti y lo transexual desde otro lado, su lado humano. Estas chicas se levantan como todos a la mañana y tienen su vida, su lucha diaria, sus amistades, su familia, sus rituales, etc.

- ¿Cómo fue la presentación ya con la fotógrafa que te acompañaría en este proyecto?

- Patricio: Fuimos con Estefanía y les dijimos que éramos una fotógrafa y un editor independiente y que queríamos hacerle un homenaje al lugar y a ellas. Les dijimos lo que buscábamos y la forma de trabajar que teníamos. No queríamos lograr un realismo a lo Nan Goldin, instalándonos ahí a convivir con ellas 24 horas, y tampoco queríamos estar ahí como paparazzis. Queríamos lograr estar invisibles en determinados momentos y situaciones y estar visibles en otros y poder retratarlas a ellas y a su vida cotidiana. Y que las fotos que se publicarían tenían que estar aprobadas por ellas.

- ¿Qué sentís que expresan estas fotos, que quizá ni en palabras puede lograrse?

- Estefanía: Creo que el trabajo logrado es el que se fue definiendo a lo largo de varios meses, documentado la vida cotidiana de las chicas en el hotel, su rutina, sus modos. Creo que el libro refleja varios estados emocionales que fueron transcurriendo a lo largo de los meses, distintos estados, distintas chicas que iban abriéndose a ser retratadas, a ser observadas desde otro punto de vista.

- ¿Cómo fue ese trabajo diario? ¿Se instalaron ahí varias horas por día?

- Patricio: Fuimos al hotel todas las semanas durante ocho meses. El tiempo que nos quedábamos podía variar de acuerdo al feeling que sentíamos ese día y a la accesibilidad de ellas. Podíamos estar una tarde entera o media hora.

- ¿Cómo surge la idea de incluir a Marlene Wayar?

- Patricio: Una amigo lo sugirió y la empezamos a perseguir. Cuando le contamos la historia y las intenciones del libro, se emocionó y nos regaló un texto espectacular. Creo que el texto es algo histórico para lo que es el movimiento travesti en la Argentina. Le dimos total libertad para que escribiera lo que quisiera. Creo que en su texto se puede apreciar la intensidad, el desgarro, la actitud y la pelea de un colectivo que sigue luchando porque la sociedad lo reconozca y lo respete.

- ¿Cómo se organizan ahí adentro las chicas para convivir?

- Patricio: Es una especie de cooperativa donde los gastos se comparten y las tareas domésticas también. Están las que limpian, las que cocinan, las que organizan, etc. Marisita y Zoe, que son las más veteranas, ponen un poco el orden, y son las más respetadas por las chicas que viven allí.

- Cuando las ves, ley de identidad de género mediante, aún en la prostitución como modo de trabajo: ¿Qué sentís?

- Patricio: Ella luchan todos los días por salir adelante, hay algunas que están haciendo el secretariado, otras están terminando el bachillerato. Algunas trabajan de peluqueras, en tiendas y en donde la sociedad se lo permite. Por suerte están saliendo leyes que apoyan cupos para que tengan empleos públicos. Que la ley exista es importante, fue el primer paso que el Estado las reconozca y les de la identidad y el respeto que se merecen. Creo que los cambios culturales llevan un poco más de tiempo, pero de a poco vamos a empezar a verlos reflejados en la sociedad. Creo que hay una revolución trans y travesti a nivel mundial.

- ¿Qué manifiestan ellas con este destino a las que los condenó, de algún modo, su familia y toda la sociedad?

- Patricio y Estefanía: La actitud de las travestis, en general, es luchar y seguir para adelante, dándole la espalda a cualquier muestra de tristeza (como dice la canción de Fangoria). Las notamos con muchas ganas de vivir, de querer cambiar su situación, de mostrarle al mundo que ya no son excluidas por muchas leyes y también con afán de hacerse respetar.

- ¿Qué aprendieron luego de esta experiencia?

- Patricio y Estefanía: Esta experiencia ha sido para ambos muy enriquecedora. Ha sido un trabajo en equipo muy interesante, como así también extenuante. Haber logrado hacer este libro con mucho esfuerzo y poder editarlo de manera independiente nos llena de orgullo. No deja de ser una publicación pequeña y de sólo 500 ejemplares.

 

Dónde conseguir el libro: El libro Hotel Gondolín se presentó el jueves 1 de octubre en la librería Poema 20, Esmeralda 869. Puede conseguirse en esa librería y, próximamente, en la librería del MALBA. También se consigue en las liberarías La Fábrica y Tipos Infames en Madrid. Otra forma de conseguirlo es a través de la tienda online.

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Juan Pablo Geretto y el regreso de la maestra normal

Podría decirse que desde la infancia Juan Pablo Geretto fue construyendo este mundo femenino que lo acompaña desde siempre en la actuación. Ana María, la Nelly y la mamá de Chucky, que están en escena en Como quien oye llover (Paseo La Plaza), y la Maestra normal, que regresa este jueves 1 de octubre en el mismo complejo de avenida Corrientes, se inspiran en las mujeres que rodearon a Geretto en su niñez en la pequeña ciudad de Gálvez, en Santa Fe. “Era rehistriónico el barrio”, dice en un momento de la charla con Boquitas pintadas.

Está sentado a una mesa de madera rústica en su estudio. Detrás de él, un gran espejo vertical refleja su espalda en remera azul. Resulta inevitable buscar en él un gesto, una mirada, un tono que remita a esas tremendas mujeres a las que da vida este actor que brilla con monólogos propios que combinan humor y drama.

Geretto, entre sus “mujeres”; foto: gentileza Prensa

Como quien oye llover es una obra que Geretto escribió a los 20 años. Allí tomaron vida esas tres mujeres que, desde entonces, fueron madurando sobre el escenario con él.

- ¿Por qué ese nombre: Como quien oye llover?

- Me gustó el título, a lo que refería el dicho. Eso que sucede mientras uno está haciendo otra cosa. No sé si tienen que ver con algo específico en la obra, pero sí con un estado. Todo lo que pasaba en la infancia cuando uno era un niño y que ni sabía que estaba metiéndose toda una estética en la cabeza. Estaba creando un mundo alrededor de una mirada, de una situación, de un lugar, de un paisaje.

- Empezaste teatro a los 8 años: ¿sentís que ya entonces empezabas a plasmar esta mirada?

- Se fue dando con el tiempo la búsqueda de hacer algo propio básicamente porque en el interior no existen productores que te propongan cosas. En esa búsqueda de tener un material propio me surgió esta voz personal.

- ¿Esa voz te hablaba de estas mujeres?

- Sin duda. Todo comenzó con amigos transformistas que venían de esa estética. Los conozco a ellos, empiezo a transitar esa estética y se fue sumando mi voz. No podía hacer playback de canciones, que era lo que se hacía mucho. No me salía. Me salía hablar. Tener un discurso, imágenes propias. De la fusión de eso salió esto.

- ¿No sentís que fue muy arriesgado lanzarte al transformismo, que te encasillaran en eso?

- Tenía 20 años. A esa edad uno no piensa que se va a encasillar en nada. ¡Si pensás que sos eterno! Hacía lo que tenía ganas, ese era un lugar divertido, ni siquiera sabía que iba a ser actor. Ese era mi espacio, mi deporte, como el que disfruta de jugar al fútbol o al tenis.

Ana María, en el cuerpo de Geretto

- ¿Sentís que en ese tránsito con las mujeres ellas crecieron, maduraron con vos?

- Sin duda. Ellas se van ajustando en el día a día en escena. Y también hubo un salto estético importante desde hace 10 años a ahora. Hubo un momento en que dije: ‘Ya no tengo ganas de maquillarme como antes, de mostrarme como antes’. Es otra etapa y con estas mujeres ya coexistimos hace mucho.  A esta altura, más que ellas con su poética soy yo con ellas. Y tiene que ver con la confianza que uno va ganando en el escenario, en la actuación y con una búsqueda mía de que con menos elementos y más actuación se puede decir mejor.

- ¿Qué sentís cuando te pintás con estética femenina? ¿Creés que a tu obra la cruza la cuestión trans?

- Ese debate de lo trans siempre estuvo entre la gente con la que me junté. Para mí no es nuevo. Igual es una época medio rara para todo esto, porque por un lado te podés casar, pero siguen metiendo gente a los reality y cuando alguien dice que es homosexual todos hacen: ‘¡Ohh!’ No entendés en qué momento social estás. Para mí lo nuevo sería que no hablen del tema. Entiendo lo que puede llegar a vender en un medio que se muestre a un gay o a una trans, pero desde el punto de vista de mi deseo me gustaría que no se hable ya del tema, que pasemos a la etapa de ´no quiero diferenciarme de éste, ni igualarme con otro’. Sí, somos todos distintos. No hay más que eso.

Para quienes hace mucho que venimos con el conflicto encima llega un punto en que te da fiaca que los medios usen el tema para comerciar, para obtener rating. No lo veo algo sincero, no veo a alguien que quiera comprender a otro.

- En la obra se ve a un niño que quisiera jugar en el rincón de las nenas y no lo dejan: ¿creés que algo de esto ha cambiado?

- En el espectáculo trabajo con el prejuicio. En ningún momento se habla ni de identidad sexual ni de orientación sexual; eso está en lo que comprende la gente de eso. A mí me interesaba plantear a un niño que quería algo, no en desmedro de otra cosa. Quería ambas. Esto tiene una parte de resiliencia de mi propia historia, porque es la mía.

Creo que profundamente no ha cambiado mucho, cambian algunos aspectos. Por ejemplo, los docentes lo van a pensar dos veces antes de reprimir, de decir algo. Puede que ahora uno ponga en tela de juicio su propio pensamiento y no lleve siempre su verdad por delate. Pero profundamente no cambió el miedo de que tu hijo sea diferente. Como si no fuéramos todos diferentes…

Geretto, en Como quien oye llover

- En el caso de las mujeres que representás, ¿también partís de recuerdos de tu infancia?

-Sí, totalmente. Rehistriónico el barrio. Sin duda se van agrupando algunas de ellas para conformar una nueva, pero seguro que son textos que resuenan en mi cabeza de otras épocas. Sobre todo, estados. Porque el texto puede ir cambiando: de humorístico a más dramático, puede ir mutando. El humor se construye a partir de eso, de un profundo drama que ya no puede ser tratado de tan insoportable que resulta. Entonces muta a humor. Sin duda, toda esa teatralidad estaba en mi barrio.

- ¿Lo que vienen a decir esas mujeres es que están solas?

- Muy solas. Pero, ¿quién no? No porque uno sea solo de la soledad absoluta, pero hay momentos en que uno está solo con sus pensamientos. Es ese momento de la vida en que se siente solo porque no es dos, es uno. Nadie te puede comprender, nadie te puede acompañar.

- Ana María [uno de los personajes], pegada a su perro, es una especie de dos todo el tiempo…

- Bueno, claro. Pero es una mina que mutiló un perro para ser dos, digamos (se ríe). De todos es el personaje menos pueblerino, el más urbano. Y es la que más manifiesta el peso de la soledad. Las otras tienen a sus hijas y su marido, a quienes odian, pero que están.

- Parece la más machista, la que banca esa idea de ser “la otra” toda la vida…

- Nunca entendí bien cómo funciona el matriarcado y el patriarcado. Porque son las madres las que transmiten el machismo, pero creo que muchas veces se trata de un matriarcado machista. En el fondo la que domina, la que tiene el cerebro de la casa es la mujer. Entonces, es un matriarcado y luego es una casa machista también. Es más complejo que ese pensamiento de que los hombres son machistas y las mujeres, feministas. Estas tres mujeres son tres tipos en realidad en su energía.

Como quien oye llover va de jueves a domingos en el paseo La Plaza. Geretto cuenta que en sus días libres lee teatro, novelas y mira series. Siempre está en búsqueda. Dice que le gustaría, con el tiempo, hacer algo sin humor, más iracundo, con otro perfume. Sin embargo, el nuevo desafío inmediato es el regreso de la querida maestra, un personaje que tomó notoridad masiva cuando pasó por VideoMacht, el programa que conducía Marcelo Tinelli.  “Hacemos este mix para cerrar el año. Vamos hasta noviembre con las dos obras”, dice.  E invita a este regreso con sabor a despedida.

- ¿Para la maestra también te inspiraste en tus maestras?

- Sí (se ríe). Es parte de todas ellas.

Geretto y su “maestra normal”

 

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Camila Sosa Villada y una manifestación pública de una vida que duele

Camila Sosa Villada, una actriz con la que conversamos en Boquitas pintadas hace un tiempo luego de que se hiciera conocida tras protagonizar la película Mía, publicó en su Facebook un escrito que es a la vez una manifestación pública de su sentir en este mundo, de lo vivido, de lo perdido, de lo dolido. Dice que no ha cambiado gran cosa en el tiempo, “sólo un par de cuestiones legales y un par de corazones menos duros”, aclara. Y sigue: “Pero de aquellos años en que todo parecía morirse cada tarde, tengo la certeza de que el dolor pasó por mí y fue a instalarse allá a los fondos de mi alma”.

Reproduzco este texto, que me envió Javier, un fiel lector de Boquitas, porque me resulta conmovedor y profundamente desgarrador. Leerlo y compartirlo quizá ayude a conocer desde la vida de Camila a otras vidas que pasaron por situaciones parecidas, dolores similares. Todos evitables.

Al final del post conversamos.

Camila Sosa Villada

7 de septiembre de 2015

Camila Sosa Villada; Foto Facebook

No sé muy bien a quién se le escribe una manifestación como ésta, pero me gustaría que al que le quepa el poncho, pues que se lo ponga. Últimamente, quizás hace un año, tengo una sensación a la que le he puesto nombre. Es sólo eso, siento que dentro de mí hay algo que me asusta y que ahora puedo nombrar y hasta describir.

Miren, durante años, durante muchísimos años, viví el daño que me hacían los demás, ya saben, no es necesario que hable otra vez de aquellos años, que son estos también, no es que ha cambiado demasiado, sólo un par de cuestiones legales y un par de corazones menos duros, pero de aquellos años en que todo parecía morirse cada tarde, tengo la certeza de que el dolor pasó por mí y fue a instalarse allá a los fondos de mi alma. Ese daño, hecho por todos, incluso por mis viejos, pasó por mí y se quedó dentro de mí sin identificarse, sin decir, soy esto a causa de esto y voy a hacer esto en tu corazón. No. No puedo decir que todo aquello me doliera. Cuando todo comenzó y yo supe que no habría otra manera de vivir más que esta, que francamente no se por qué lo decidí así, yo me anestesié. Puse el piloto automático, como quien dice. Esa adolescencia prácticamente perdida, esa primera juventud también perdida, viviendo lo que ellos querían que yo viviera, fue anestesiada. Podía intuir que eso que me estaba pasando, algún día podía hacerme mucho más daño todavía, pero en ese momento, yo creía vivir mi vida, y en realidad estaba viviendo lo que la mayoría me obligaba a vivir.

Hoy, a los 33 años, me doy cuenta que en esos años yo no le puse nombre a nada de todo lo que me lastimó. Decir sólo discriminación sería reducirlo todo a la ignorancia y la maldad de los demás. Fue algo peor. Pero como no tenía nombre, yo lo resistí. Lo absorbí como una esponja y lo dejé dentro de mí. Y ahora, que tengo una vida si se quiere menos disipada, me doy cuenta que todo ese daño, todas esas noches expuesta a toda la maldad del mundo, la mirada de los otros acusándome, todas las burlas, los golpes, el hambre, el frío, el peligro, la muerte y el miedo a la muerte, todo eso está saliendo de ese cajón de muerto donde lo puse y me punza, en el pecho, con un dolor que es muy similar a la cercanía de la huesuda.

Es decir que se acabó la ignorancia que me mantuvo con vida y alerta y finalmente, ahora viene mi pasado por mí.

Hace más de un año que siento que nada me es suficiente, que nada me alcanza, que nada les alcanza a los demás. Podría ponerme a cagar pepitas de diamante, transpirar perlas, llorar doblones y rubíes, y aún así, nada, nada nada nada nada, podría completar algo de todo este rompecabezas. Las piezas ya las perdí, de modo que si ahora una tarde, por puro aburrimiento y gusto yo me pusiera a armar el rompecabezas de mi vida, me faltarían tantas piezas que ese cuadro deforme que finalmente haría, sería tal y como es mi rostro: una deformación.

Ya no puedo pedirle más ayuda a mis amigos, no se si me comprenderán. Cómo pueden personas normales y plenas y hermosas como ellos, estar cerca de la desdicha. Las buenas personas no pueden estar cerca de la desdicha, y mucho menos por amistad. Siempre pienso en la amistad como cachorros mordiéndose y correteando en un llano por la mañana. Estar cerca de mí se ha vuelto como meterse a nadar en un pantano. Sólo tengo una salvación, una puerta para siquiera irme de este mundo con una valija pequeña donde yo elija que guardar. Y es decirlo todo: todo hasta lo más hondo y enraizado que me envenena el pecho.

Una y otra vez, decirlo hasta que se sepa por completo.

Decir mi verdad y mi historia para que la muerte sepa que se está llevando a alguien con nombre, apellido y lucidez.

Lo primero es que ya no puedo. No quiero. No puedo ayudarme más de lo que ya me ayudé, sin psicólogos, sin padres, sin contención, sin pares. Lo intenté todo, siempre con el mismo tesón. Siempre con la vocación de hacerlo bien, completo. Pero se me han acabado los víveres y las herramientas. Entonces ya no puedo conmigo misma. Tengo esta virtud: puedo ponerle palabras. Es tarde, pero puedo ponerle palabras y eso, si es que algún merecimiento me toca, es mi única salvación.

Yo quisiera amigos míos que nos fuera devuelta a las travestis, toda esa larga caravana de detalles perdidos que nos hacen estar incompletas. Que nos devuelvan la infancia y a nuestros padres. Que nos devuelvan la ternura, la protección, los cuidados, el entendimiento, la compañía, la mirada blanda de nuestros padres. Y que se las devuelvan a ellos. La posibilidad de ser una familia. Pero ustedes dijeron NO. Cómo los padres pueden aceptar un hijo travesti? Cómo los padres pueden aceptar semejante aberración, semejante pecado, semejante daño a dios? Entonces nuestros padres, no supieron que hacer. Se entregaron a esa ola y no nos perdonaron esta intención de vida. Qué culpa podían tener ellos? Qué clase de comprensión podían tener frente a un hijo que se traviste si todo el pueblo, todo el maldito pueblo se olvidó de nuestra edad, de nuestra pequeñez, de nuestra indefensión y pasamos a ser un monstruo que se pasea por las calles sin el menor pudor. Pobres mis viejos. Pobre mi viejo, miren, que no tuvo la culpa. Y encima de llorar la pérdida de un hijo, tuvo que aceptar ser el blanco de todas las burlas, de todos los desprecios, de todas las humillaciones por mi culpa. Mi viejo que es uno de los tipos más viriles que conozco. Tener que agachar la cabeza frente a los vecinos, los clientes, los amigos, cada día, por tener un hijo travesti. Pobre mi vieja, que amaba a su hijo, con locura y dulzura, tan cierto era su amor. Mi vieja que es huérfana, que conoció el desengaño, mi vieja que guardó silencio, que lloraba a oscuras y tragándose los suspiros para que nadie la oyera, mientras yo veía la brasa de su cigarro como única luz en esa casa que por mi culpa, se había vuelto nuestro infierno.

Pobres mis viejos que descubrían mis vestidos, mis polleras cosidas a manos con sábanas que no se usaban, mis pastosos maquillajes de oferta con los que aprendía a disimular mis rasgos de hombre. Pobres mis viejos que en las razzias para descubrir hasta qué punto estaba traicionándolos, descubrían que yo había iniciado el viaje del dolor y que no tenía intenciones de volver.

Camila Sosa Villada; Foto Facebook

A nosotros, como familia, quién nos devuelve todos esos años de pura amargura? Quién le devuelve a mis viejos la fortaleza para mirar al pueblo a los ojos y decirles que todo aquello no importaba, que en el fondo nos queríamos igual, que sólo era cuestión de tiempo llegar al fondo. Cómo les devuelvo a mis viejos la tranquilidad perdida de esos años? Cómo les pido perdón por toda la vergüenza y la pérdida y las noches con los ojos abiertos, y el odio que sentían hacia mí por querer travestirme en ese pueblo rancio donde era el monstruo popular? Cómo remonto ese río para llegar a su nacimiento y devolverles aunque sea un par de días sin odiarnos, sin juzgarnos, sin desear que todo se acabe?

Llegada la noche oscura, cómo me voy a despedir de ellos sin otra palabra en los labios más que perdón?

Cómo les explico que no fue nuestra culpa. Que la culpa es de otros, de la iglesia, de la fe, del cristianismo, de los políticos, de la hedionda costumbre y tradición anquilosada en el corazón de los otros lo que nos rompió como familia? Ellos no lo entenderían. A ellos también el dolor les está saliendo ahora.

También me gustaría que me devuelvan las horas de juego, las horas del recreo en que jugaba solita en algún rincón del patio porque los chicos me huían y las chicas me rechazaban por maricón.

Pero no era sólo maricón: era gordo, pobre y maricón.

Una tarde estaba jugando al elástico con unas chicas más grandes que yo, y la señorita René, gorda marimacho de pelo corto (no creo que ella sepa todavía lo bien que le vendría la tijereta), pero ahí estaba ella y ahí estaba yo,

Finalmente yo había logrado jugar con alguien al elástico y la señorita René, me tomó de la oreja y me sacudió de un lado a otro porque los varones no tenían que jugar al elástico. Con qué cuento podía salirle yo? Le iba a nombrar la disforia de sexo a la bruta esa? Sólo recuerdo mucha mucha vergüenza tiñéndome de rojo toda la cara y haberme ido al aula a llorar en silencio para que nadie me viera. Ese día fui noticia en toda la escuela. Finalmente, me habían castigado las mariconadas. Las chicas con las que jugaba al elástico no supieron que hacer.

A los maricones, en ese entonces, nadie los defendía.

Cómo remonto el acoso de los matones del grado, y de otros grados, que me obligaban a hacerles los deberes, tan sólo porque yo era maricón y eso equivalía al derecho al golpe y la humillación salvo que les manoseara el bulto en el baño de varones y todos los días antes de terminar la clase les hiciera los deberes que nos daba la maestra. A mí hacer la tarea no me costaba nada, era brillante, más brillante de lo que mis viejos se soñaron alguna vez, y así pasé la primaria. Sometida a los caprichos de los matones del aula.

Y yo quisiera saber, si tuviera intención de reclamar esas pérdidas, a quién se las reclamo? Quién se hace cargo de esa infancia?

Pero va más allá de ese maniqueo recuerdo de mí misma, y ustedes mi disculpan la autoindulgencia, va más allá de eso.

Quién va a resarcir las burlas, los dibujos en el pizarrón caricaturizándome y humillándome delante de todo el colegio, los apodos, los piedrazos, los escupitajos… cómo será de amargo, que tenía compañeros que no me dirigían la palabra. Tal era el desprecio que sentían por mí. Había un cabezón que había repetido de año, que nunca nunca en los dos años que compartimos en la secundaria, me dirigió la palabra. Y eso no es nada. El desprecio no requiere mucho esfuerzo. Pero el enorme esfuerzo, el titánico esfuerzo de algunos por aceptarme a pesar de todo, cómo lo voy a pagar?

Camila Sosa Villada; Foto Facebook

Algo no estaba bien entonces y sigue estando mal.

Miren, si por un momento, todas las travestis de ese entonces, y de antes, que debe haber sido muchísimo peor, nos levantáramos y reclamáramos todo lo que nos han quitado, no alcanzarían todos los tesoros del mundo, ni las joyas de Mirtha, ni las fortunas mal habidas de todos los millonarios del mundo, no alcanzarían leyes, ni placebos políticos, nada de lo que pudieran darnos, podría cicatrizar esos tajos en la carne que nos hicieron sistemáticamente día tras día.

Imagínense si por un momento reclamáramos el amor perdido, la posibilidad de ser amadas, la posibilidad de ser tomadas de la mano, abrazadas, cuidadas, queridas, si quisiéramos recuperar la ilusión de que alguien se enamore de nosotras libremente, sin prejuicios, si quisiéramos recuperar todos los amores que se fueron, los hombres que nos prometían los horóscopos, el i ching, el tarot, las runas, si quisiéramos tan sólo por un momento sentir que nos quieren sin ataduras, cómo van a pagarnos? Con qué? Si año tras año, día tras día, hora tras hora se dice lo que se dice y que es para todos cierto: cómo enamorarse de una travesti que no es ni hombre ni mujer y que tiene tal cabeza, que mejor dejarlas solas.

Y la cosa se pone más jugosa y además del amor romántico y ojo que aquí no estoy reproduciendo sistemas patriarcales ni amores de novela, estoy hablando de querernos… miren si además se nos ocurriera pedirle, por ejemplo, al estado, que nos devuelva el amor propio, la autoestima… Qué fondos internacionales van a tocar para pagar la pérdida de la autoestima, la posibilidad de querernos a nosotras mismas. La posibilidad de vernos hermosas sin someternos a la carnicería de las cirugías, sin necesidad de querer parecernos a una mujer que nació mujer y tuvo la genética y las hormonas de su parte. Cómo haríamos para resarcir la mirada que tenemos sobre nosotras, siempre machacada por los mandatos, otra vez, de la iglesia, de la publicidad, de Hollywood, de los productores y del público, claro?

Y si a este reclamo se sumaran los gordos? Y los bolivianos? Y los tullidos?

No les alcanzaría la vida para pagar el daño que han hecho.

Y si además, sólo por joder, se nos ocurriera que además de querer recuperar la infancia, la adolescencia, el vínculo con nuestros padres, queremos también a nuestros muertos. La infinita cadena de muertos que nos faltan: las asesinadas, las muertas en soledad y silencio, las muertas de sida, las muertas de frío, las muertas en vida, las muertas por mala-praxis, las suicidadas, las muertas por desidia, por negligencia médica, las muertas que sabiendo que estaban por morir no iban al médico porque es mejor morirse en una cama sola y apestada de pústulas y bichos de toda clase, que sufrir el maltrato de las instituciones públicas.

Qué hacemos con nuestras desaparecidas? Y con nuestra desaparición?

A veces me digo que no es justo hablar del pasado con tanta vehemencia siendo que en Siria la gente huye amontonada en gomones y un niño en la playa muere boca abajo tragando la sal del mar. Incluso me digo que no es justo hablar de todo esto cuando existe el cáncer y el hambre.

Pero cada mañana muero en la playa y un cáncer rojo e insaciable me devora por dentro y recuerdo el hambre, los años que no le dí a este cuerpito más que matecocido con pan porque no tenía cómo mierda comprar un pedazo de carne.

Pero tengo que decirlo todo, una y otra vez, hasta que algo cambie.

Y no se queden tranquilos que si tuviera que reclamarles los años en la calle, la violencia de los clientes, los golpes recibidos, el frío, las noches en vela, mal comida, mal dormida, mal abrigada, mal asesorada, sintiendo infinita vergüenza de mí misma. Si me pusiera a reclamarles los años, los 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27 años de andar como una perra por el mundo, mendigando cariño, mendigando dinero, mendigando una comprensión que muy pocas personas supieron darme, ustedes se harían pis en la cama, como criaturas. Porque la verdad del daño que han hecho los asustaría de tal modo que ni los esfínteres podrían controlar.

Y si reclamara los hijos negados? Porque una cosa no viene sin la otra. No es sólo: ay pobrecita! Está pidiendo que alguien la quiera… no, quiero lo mismo que todos, con las ventajas y las contraindicaciones. Quiero un hijo también… y con todo este daño, qué clase de madre podría ser? No sería una madre, sino un monstruo. Mi herida sangra, al punto de manchar a mi familia, a mis amigos…

Cómo les devuelvo a mis amigos las horas perdidas consolándome, diciéndome que algo de todo esto puede mejorar? Cómo les devuelvo el dinero prestado, las orejas prestadas, la paciencia frente a este querer morderme la cola como un perro tonto, todos los putos días de mi vida? A los amigos hay que darles mejores cosas que un llanto continuo. Porque se cansan también.

Y si los pierdo, por culpa de todo lo que enumeré antes, a quién se los voy a reclamar?

Ahora, a mis 33 años, estoy parada en un pasillo largo, este hotel es infinito. Abro la puerta de una habitación y el hombre que está ahí dentro no me puede querer, le parezco fantástica, inteligente, incluso, si se saca los anteojos y comienza a ver todo borroso, puedo parecerle hermosa. Pero los años de educación sistemática le han hecho creer que yo no soy un cuerpo digno de amor. Entonces se va, o permanece dándome migas de afecto que a mí me saben como una trompada de monzón en la boca porque lo que yo quiero es sentirme amada. Reposar con alguien que me abrace y me recuerde que existe la selva, que existe el mar y que siempre nos podemos salvar en la virgen exuberancia de la tierra. Y ustedes dirán que todo eso puedo hacerlo y sentirlo sola, pero los quiero veeeeeeeer! Compadres, los quiero ver armar este castillo de naipes en una terraza ventosa. Cierro esa puerta y abro otra y desde adentro un niño muy pequeño, con los ojos enormes, me mira y me pide auxilio. Y cuando intento sacarlo de ese cuarto de desamparo las manos se me vuelven líquidas y no puedo rescatarlo y se que ahí dentro se va a morir, algún día se va a morir y nadie le rendirá sus honores. Abro otra puerta y la veo a mi vieja hilando sus tristezas, cocinando su magia, con sus manos, las manos más lindas que ustedes se puedan imaginar porque todas las noches se las cuidaba usando bagovit-a, tratando como yo de zurcir ese pasado roto y no tengo corazón para decirle que estoy herida para siempre, y que incluso si muriera, mi alma sería un alma en pena, como quien dice, y se me escucharía llorar por encima del viento, porque nunca pude recuperar todo lo que he perdido. Y abro otra puerta y está mi viejo, luchando con sus dragones, edificando, siempre construyendo, siempre haciendo y manteniendo a raya a sus dragones, y le pido perdón, pero el rugido de sus bestias no deja que me escuche.

A veces me consuelo pensando que todo esto en algún momento colaborará con un mundo mejor. Que lo que hemos vivido entonces, es el cimiento para que otros no conozcan ESA pena. La pena es un excedente que no se puede evitar. Pero ESA pena, la nuestra, la de las travestis, nunca más.

A veces me culpo por no ser más ecuménica, más universal, hablar por todos y no por mi pequeño mundo, pero qué más da… es un mundo en el que todos estamos hablando de nuestro dolor. Incluso sin darnos cuenta.

Este dolor que se manifiesta ahora, ensombreciéndolo todo, opacándolo todo, poniendo una muralla delante del bosque que parece tan fácil de ver para todos ustedes, me tiene un poco cansada. También quiero ver el bosque y perderme en él.

Pero soy una carente, una carente patética que no se llena con nada.

Pero tenés una profesión! Tenés amigos que te quieren! La gente te aplaude de pie! Sos hermosa Camila! Imagínense lo hondo de este pozo que no se llena con nada. No hay un abismo peor ni más indolente.

Igual, creo. Creo en el movimiento zapatista, creo en determinadas comunidades y en determinada fe. Creo en las armas y en la muerte de todos los que hacen daño como un triunfo de la vida. Creo en las plantas que son agitadas por el viento. Creo en los nuevos héroes. En la poesía. En la música. Creo que sí, que algún día y después de mucha agua bajo el puente, algo va a cambiar. Y tal vez mi alma en pena se diluya como arena y deje de existir penando y penando y desaparezca tranquilamente mezclada en la playa. Tal vez sea mar.

Pero hoy, que recién empieza la semana, siento que es necesario saldar la deuda. Y en algún momento tendrán que pagar.

A los morosos los conocemos todos.

 

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Josue Marcos Belmonte, “Ioshua”, el último poeta punk

El escritor y periodista Facundo Soto comparte con los lectores de Boquitas pintadas esta entrevista a Josue Marcos Belmonte, conocido como “Ioshua”, el último poeta punk. Ioshua, poeta gay del conurbano, falleció en junio pasado. Esta conversación inédita es un homenaje a él.

Sólo contra todos

Por Facundo R. Soto

La última vez que Ioshua leyó en público, se apoyó en un bastón. Era el poeta del conurbano profundo y gay, performer, fanzinero, músico, periodista, punk, cumbiero, hardcore, artista plástico, libertario: Josue Marcos Belmonte murió en la casa que alquilaba en Mariano Acosta, partido de Merlo, al oeste del conurbano bonaerense. Tenía 37 años y convivía con el virus de vih.

Ioshua leyendo uno de sus textos

Jueves 3 de mayo 2012, Centro Cultural Pachamama

Cuando arreglé con Ioshua para pasar por el Centro Cultural Pachamama, donde estaba viviendo porque otra vez se había quedado en la calle, me dijo que se iba a bañar ya que a la noche iban a pasar a saludarlo, y además le comprarían Malincho su último libro; lxs compradores eran lxs escritores Paula Brecciaroli, Gaby Luzzi, y Bruno Szister. Le pregunté cuánto tiempo hacía que no se bañaba, y me dijo que mucho; y que no se acordaba. Al día siguiente fui con Bruno para entrevistarlo. Me sorprendí al ver a Ioshua. No era el que yo había conocido en las FLIAS (ferias de libros independientes), el que hacía lecturas tratando de acaparar el centro de la atención con la provocación constante y el buen humor.

La primera vez que lo vi fue cuando leyó junto a Pablo Perez y Mariano Blatt en Casa Brandon, donde presentaban la plaqueta de Proveedora de droga que acababa de publicar Germán Weissi como editor. Recitó un poema que decía “Pija. Dame pija. Quiero pija. Merca. Pija y merca. Merca y pija”, y pronunciaba las palabras como si desprendiera odio de su interior. Pero cuando terminaba su show-performático, se reía y desprendía buena onda para todo el mundo.

Nació en el ’82 en Haedo, provincia de Buenos Aires. Tiene muchos libros publicados, entre ellos “Es la noche que brilla en tus ojos” (Eloísa Cartonera), “Para los pibes” (Plaqueta de Belleza y Felicidad), “Pija, birra y faso” (Ed. Milena Caserola), “En la noche” (Ed. Wacho de la calle), “Loma Hermosa” (Ed. Nulu Bonsai), “Cumbiagai” (Ed. Chapita), “El libro negro” – tapa y contratapa absolutamente negra- (Ed. Milena Caserola), “A quién me ame” –  escrito 100%  a mano, con birome, e ilustraciones-  (Edición limitada de autor), “Malincho” (Ed. Wacho de la calle), fue co editor de la Revista Ají, entre otros multi actividades que emprendía en su vida, bardeada por la creatividad y el arte. Esta vez, a Bruno, a Gaby y a mí, nos abrió la puerta como si fuese un anciano que no podía más con su vida.

Se agarraba la cintura y no podía caminar. Tenía pelo, mucho, y en remolino, Ioshua siempre andaba pelado; ahora también tenía barba. Lo único que mantenía eran sus pantalones de gimnasia y las zapatillas onda tractor, pero estaba extremadamente flaco. Cuando hablaba, con la cadencia prolongada, casi cantando, prolongando las letras,  se le deslizaban las palabras, y en algunos momentos se enojaba; se ponía duro, apretando los dientes. No estaba drogado, sino medicado. Había ido al Hospital de clínicas por un fuerte dolor en la columna, que desde hacía varias semanas no lo dejaba tranquilo.

“Dolor, siento un fuerte dolor, en todo el cuerpo. Un dolor fuerte, Facu. ¿Vos me entendés, no?”, decía y me repetía.

El nuevo libro se llama Malincho, es diferente a lo que escribí antes, porque esta vez los protagonistas son homosexuales adultos. Todo lo que escribí desde el 2005, cuando empecé, eran muchachitos de 17 años hasta 23, porque esos wachines eran yo, en realidad. Entre esos excesos, yo soy un hombre adulto de casi 40 años, entonces escribo desde ese lado. Ya no estoy en la calle, ya no estoy en la marginalidad.  Eso se refleja en mi libro.

-¿Por qué decís que no estás más en la marginalidad?

-Porque no estoy más en la marginalidad, hombre. Porque no fumo paco, no tomo cocaína, no tomo alcohol, porque no estoy durmiendo en la vereda ni comiendo de la basura.

-¿Hiciste eso?

-Hice eso porque me ha tocado hacerlo. ¿Qué culpa tenía yo de estar solo en la vida? No tenía ninguna culpa.

-¿En qué etapa fue eso?

-Desde que era chico hasta los veinte y algo…

-¿Y de ahí surgió algún libro?

-No, imaginate si iba a estar pensando en un libro cuando tenía una desnutrición fatal, una vida excesiva donde vivía alcoholizado, drogado, perdido. ¿Imaginate si iba a pensar en un libro? Apenas pensaba en estar vivo, y ni siquiera sabía lo que eso significaba. Era como un animal que continua y continua, por instinto o impulso. No sé… Lo que sí hacía era escribir. Yo escribía. Escribía y escribía, y escribía y escribía y escribía…

-¿Tenés guardadas esas cosas?

-No. Nada de eso sobrevivió. Está en Pija, birra y faso. Ahí sí, se rescataron algunas cosas; pero…  no hay ningún manuscrito original de la época. Hay cuadernos, que son los que yo hacía circular en mi origen.

-¿Qué fue lo que te hizo empezar a escribir con el objetivo de publicar?

-Que la gente respondió. Yo, cuando empecé a escribir con más voluntad, fue porque había respuesta de lo que hacía. Fui una vez a Belleza y felicidad con estos manuscritos que yo hacía, con unas hojas de poemas, nada más. Yo se los doy, se los regalo a la chica, le digo “Hola, tomá”. No se los doy para que los ponga a la venta. Laura Las Heras. Me manda un correo y me dice “Che, se vendieron”. “¿Cómo que se vendieron?”. “Sí, los puse en la exhibición de la galería y se vendieron. ¿Tenés más?, me dice. “Sí, claro”, le dije; pero era mentira. Entonces empecé a escribir, escribir, escribir. Hacer más, más y más libritos; para ella. Y ahí se empezó a vender y a vender y a vender. Y eso empezó a circular, a circular, a circular. Y nadie me conocía. Nadie me conocía a mí. Sólo los que compraban ese fanzine en Belleza y felicidad. Un día, por esos azares, me invitan a leer a la casa de la poesía (ahí en Bulnes y no sé cuanto). No sé por qué azar, pero caí ahí. Yo me imagino la imagen que habré dado, porque era un tipo semi linyera, totalmente destruido. Cuando estaba llegando escuché que decían, no dejen entrar a los chorros ni a la gente de la calle. Y yo era uno de los que leía, ese día. Y… bueno, era un público muy poético-literario. Arranco leve. En un momento digo cosas como “bla bla bla, te amo wachín”, y fue como prender pólvora. Todo el mundo quedó azorado. ¿Qué está diciendo este pibe? Mi poesía decía, “wachín, merca, birra, calle- y siempre la palabra amor en el medio, yo te amo wachín- vamos a rompernos todo, tengo dos bolsas”. Era entre violento y romántico. Los desconcertó. Esa fue mi primera lectura, en agosto del 2005. Cuando termino se me acercan un montón de personas queriendo saber quién era yo, de dónde venía, porqué escribía así, qué soy. Yo no tenía respuestas. Hoy no las tengo, tampoco. Bueno, después me empezaron a llamar de lecturas… Empecé a buscar lo que yo quería hacer en vivo. Me importaba el escenario y una lectura, que buscaba algo, yo quería dar un show. Ese año…

En ese momento entró una persona del centro cultural, estaban preparando una lectura en la sala principal, donde también iba a tocar una banda con instrumentos de vientos. Se escuchaba la trompeta de fondo. El chico nos pidió las banquetas. Bruno dijo que él se tenía que ir (estaba con editora de Paisanita Editorial: Gaby Luzzi).

-              ¿Te puedo comprar tres?- le dice Bruno a Ioshua.

-                Si, si, si. No, no no.

-              ¿Viste que yo te dije que teníamos que cenar?

-              Sí, pero yo al final, no podía…

-              Porque en la esquina hay una rotisería bárbara, que por $17 te dan una de mozzarella fantástica. Yo hoy me compré empanadas de jamón y queso riquísimas. Riquísimas.

-              Ojalá. Otro día- dijo Gaby.

-              Sí. Si yo estoy acá. Yo vivo acá.

-              Che, ¿y celu todavía no tenés?- le preguntó Bruno.

-              Mmm. No.

-              Arriba, en el entrepiso había uno.

-              Claro, ése es el que tengo que arreglar. Hoy averigüé y el más barato me sale 150.

-              Y 150 es barato- dijo Bruno

-              Es barato pero bué…

-              ¿Y el Facebook lo ves seguido?- le preguntó Bruno.

-              Todo el tiempo. Vengan cuando quieran, y a cualquier hora. Porque yo estoy acá. Estoy muy solo y aburrido.

-              ¿Vos Facu te quedás, no?

-              Sí, sigo entrevistándolo.

-              Chau, nos vemos en la próxima, en cualquier situación. Cuidate mucho- dijo Ioshua.

-¿Dónde habíamos quedado, después de lo de Belleza y felicidad?

-Sí. Lo de Belleza fue muy fugaz. No fue una etapa es que yo pertenecía a ese lugar. Ellos vendían mis fanzines y nada más. No teníamos otro tipo de vínculo. Yo en ésa época estaba en un grupo anarquista donde aprendí todo. Lo que es la independencia, el “hazlo tu mismo”, a ver el sistema comercial del arte desde otro lugar. Aprendí muchísimo de ellos y hoy lo implemento. Es esto de editar mis propios libros con mi esfuerzo. Hacer los flyers, y todo eso, es propio de la educación anarquista-punk que aprendí con esta gente.

-¿Y qué valor tiene hacerlo todo por vos mismo, sin interactuar con otra gente?

-Y, que no tenés que pelear con nadie, nadie te roba nadie. Sos vos con quién se interesa por tu obra. No tenés que ceder ningún porcentaje a nadie. Ni sonreírle a nadie. Haces las cosas tal las queres, y decís las cosas tal como querés. Y después a ver qué pasa, si hay interés de las personas. Si hay devolución de todo eso. Lo que aprendí, también, es a no buscar la fama o popularidad. A abandonar eso. Si llega, llega, pero no es una búsqueda que uno debe tener.

-¿Qué buscas con tu escritura?

-¿Qué busco? Yo no busco nada en particular. Dejo que todo ocurra y nada más. Trato de disfrutar lo bueno que viene de todo eso. Pero yo, artísticamente, no tengo ninguna búsqueda. Todas mis búsquedas son personales. Están bastante lejos de algo tan mundano como el arte o la cultura…

-¿Y personalmente qué buscas?

-Y, estoy preocupado por mi salud, por mi actualidad. Hoy tuve médico. Tengo un problema en la columna, y aquí estamos, con tomas de sangre, tomas de sangre; que de aquí, de allá. Me preocupa más eso… que la popularidad o el reconocimiento que pueda tener.

-¿Te preocupa tener algo malo?

-Más allá de eso… A mí me modificó la vida todo esto. Perdí todo el vigor… todo el ánimo. No puedo caminar… (Tengo corrimiento en tres vértebras). Me trastornó enteramente el cuerpo. Me trastornó todo el cuerpo. No es que está acotado a la espalda. Son dolores musculares en el lado derecho, donde no tengo nada, pero los dolores se trasladan, y son terribles. Terribles… Hoy venía en la calle… Y decí que estaba cerca de la plaza del Hospital de Clínicas, que hay mucho sol. Llegué como pude a un escalón y me senté ahí, y empecé hacerme masajes.

-¿Te atienden bien en el Hospital de Clínicas? ¿Cobertura social no tenés?

-No, yo me atiendo en el Hospital Álvarez. Ahora voy a empezar, mañana, si puedo, en el Clínicas. Ahora estoy tomando calmantes, pero sólo para evitar el síntoma… Hoy llegué re mal de la calle. Ahora estoy bien porque me calenté en la salamandra. Yo necesito tener el cuerpo caliente. Si tengo el cuerpo caliente estoy bien. Sino, siento frío y empieza mi dolor, mi dolor, mi dolor, mi dolor. Por eso vivo cerca del fueguito, o de un radiador y me quedo al lado… Uso mucho abrigo, pero es por eso. Se me enfría un poco el cuerpo y la paso terriblemente mal.

-¿Y el libro que ibas hacer para niños?

-Ahí está. Yo escribo mucho, en general… Hay cosas que quedan como en el medio, después las retomo. Eran cuentos infantiles, pero también para adultos, como los de Lewis Carroll.

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