“Jamás es bueno reprimir los deseos”, dice Bárbara, una mujer transgénero

Bárbara Di Rocco es una mujer transgénero de 25 años. Nació en la ciudad de San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires. Desde pequeña descubrió que le encantaba escribir sobre su vida en un diario que su abuela le había obsequiado. Pasaba horas relatando en aquellas páginas lo que iba sucediendo en su vida. En 2013 comenzó a contar una historia inspirada en la suya: pasar de un cuerpo a otro había dejado sus secuelas y quiso plasmarlas en una historia que todos pudieran comprender.

“Hay cosas que una no puede borrar ni olvidar y antes de transformar el dolor en odio decidí cubrir las heridas y creer en el perdón como un arma sanadora. Así fue como mi vida terminó de florecer”, cuenta en la página en la que presenta Atigrado, un libro de cuentos para niños.

Una imagen del libro Atigrado

“A veces las expectativas de los padres no concuerdan con los planes que tienen sus hijos, es ahí donde se genera un quiebre y la opción correcta es aceptar lo que los propios hijos sienten y anhelan. Jamás es bueno reprimir los deseos, tanto propios como ajenos”, agrega.

En esta conversación con Boquitas pintadas, la autora comenta por qué escribió Atigrado, qué deseos la inspiran, qué experiencias atravesó y atraviesa desde que se asumió una persona trans.

- ¿De qué trata Atigrado?

- Es una ficción que trata de un personaje animado que quiere generar un cambio en su vida y le ocurren cosas que él jamás hubiera imaginado.  Me inspiré en muchas historias reales que enfrentamos las personas del colectivo lgbt al salir del famoso clóset que nos imponen.

- ¿Cómo es escribir para niños?

- Es muy reconfortante, ya se lo leí a muchos chicos y les resultó muy entretenido. Pude presentarlo en la feria del libro frente a muchos chicos y les encantó. Con toda su inocencia me preguntaban por qué al personaje del libro lo echaban de su propia casa. Y es algo que todavía yo me lo pregunto.  Nos bautizan, nos hacen tomar la comunión, nos festejan los cumpleaños y cuando querés acordarte por haberte convertido en trans, terminás pasando Navidad sola en una terraza. Era necesario para mí darle un mensaje de apoyo a algunos chicos: que cualquiera sea su adversidad, la venzan. Jamás leí un libro coherente en mi infancia, todo era ser una princesa boluda esperando un príncipe rico para vivir felices comiendo perdices. Quizás si en mi infancia hubiera tenido un libro así hubiera sido muy inspirador.

- ¿Cómo circula el libro? ¿Dónde se puede conseguir?

La autora, Bárbara Di Rocco

- Empecé vendiéndolo por mi cuenta a amigos, por facebook a conocidos y gente que realmente le gustó la historia y la quería compartir. Hoy lo vendo por medio de la página web donde lo piden y les llega por correo, también en algunas librerías donde lo ofrecí yo misma.

- ¿Cómo conseguiste una editorial para publicarlo? ¿o es una publicación independiente?

- ¡Uf! Lo mande a miles de editoriales, me consiguieron hasta una entrevista con editorial Planeta, pero todos decían lo mismo, ”lo leemos y te llamamos”. Ya me daba mucha bronca ver cómo quizás un libro de chimentos lo publicaban a los dos días y a mí me archivaban en el fondo de un cajón que seguro dice escritores amateurs. Así que decidí juntar el dinero suficiente para poder editarlo, pagar un dibujante, elegir el mejor papel para que sea un cuento bonito y los colores te atrapen.

- ¿Tiene que ver tu experiencia personal con el libro?

- Absolutamente, la mía y la de muchas. En mi caso mi relación con mi familia no era buena: todo explotó cuando llevé a mis primeros amigos gays a mi casa y en una ciudad chica como es San Nicolás de los Arroyos los puteríos vuelan. A mi casa llegaban todo tipo de comentarios…Que nos veían en la calle parados en las esquinas, que hacíamos fiestas promiscuas, que nos acostábamos con cualquiera y con eso mil cosas más.

Con mi papá nos llevábamos a los gritos hasta que un día abro la puerta de mi pieza y había un cartel que decía, ”EL VIERNES TE VAS”.

A todo esto era martes. Esa misma noche agarré la gillete, me depilé completa, base, delineador planchita y salí a la calle. Junté en ese entonces unos 300 pesos. Así hice hasta el viernes en que agarré mis bolsos y me fui.

Llegué a Buenos Aires con una mano atrás y otra adelante. No conseguía un laburo decente así que me animé a ir sola y sin conocer a  nadie a los bosques de Palermo.

En el libro a mi personaje le pasa lo mismo. Está iniciando un cambio y su propio padre lo echa de su casa y con mucho coraje recorre un camino que lo lleva a lo que es hoy su destino.

- ¿Cuál es tu postura respecto de los niños y la transexualidad? ¿Cómo se acompaña ese proceso desde pequeños?

- Yo creo que todo se tiene que hablar, hay que romper el tabú con la transexualidad. Es simplemente pasar de un rótulo a otro, no es que sos un futuro asesino o un psicópata: sos simplemente una persona que quiere cambiar su apariencia y que la respeten como tal. Por eso la gente se nos burla tanto. ”Que tenemos barba”, ”que parecemos tipos”, ”que tenemos voz de macho”, ”que nunca seremos mamá, sino papá”.

Porque en nuestro momento no se nos escuchó y, si hubiésemos empezado el cambio antes de la pubertad, todo sería diferente.

Los padres se asustan y les imponen el miedo cuando ven a sus hijos jugando con muñecas. Quieren que seas el goleador del grupo, el que tiene más novias del salón, el más machito del colegio. Y no tiene por qué ser así.

- ¿Te parece importante que los niños, sean o no trans, lean este tipo de literatura?

- Claro, el mensaje es para cualquier chico que quiera un cambio, para que cumpla con lo que anhela. Así sea un chico que quiere ser chef en vez de militar como su padre, una nena que pueda ser bailarina en vez de abogada como lo es toda su familia, lo que sea. Es importante escuchar a los chicos en lo que quieren y no frustrarlos imponiéndoles las cosas.

Es por eso que vemos tanta gente grande frustrada, infeliz y hasta malvada, porque en el fondo no se aman, no se sienten felices con lo que son porque nunca los dejaron ser y por eso no quieren ver felices a los demás.

- ¿A qué te dedicás? ¿Soñás con vivir de la literatura?

- Siempre hice de todo, diseño de indumentaria, diseño gráfico, desde que tengo 14 años que se ganarme mi platita y guardarla para mis gustos. Lo que más me deja ganancia hoy en día es la prostitución: me voy 10 días a determinada provincia, publico en Internet algunas fotos semi desnuda con mi número de teléfono y los clientes caen solos. Pero además de eso tengo mi línea de remeras estampadas y las vendo en algunos locales.

Vivir de la literatura me encantaría, ojala se dé. Escribo desde hace años y siempre que la gente leía lo que escribía me felicitaban. Me gusta escribir sobre sentimientos que nos atraviesan por vivir en una sociedad que muchas veces te juzga sin conocerte.

- ¿Algún proyecto en el que estés trabajando?

- Hoy estoy apostando todo a mi librito, cada vez que me dan un entrevista me siento feliz al ir y hablar y saber que quizás a una persona que me haya escuchado le haya cambiado un poco la forma de pensar. Me hace saber que cumplí mi objetivo. Hay mucho odio y poca tolerancia. Es lo único que busca mi libro, aceptación.

 

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“Los gays tenemos fama de ser hiperconsumidores”

La historia de la obra es así: Lucas es un muchacho gay de treinta y pico que vive con su madre y trabaja en un local de perfumes y cosmética importada. Está rodeado de situaciones clásicas de la vida cotidiana, situaciones que él viste y transforma en un show para poder transitarlas más livianamente. Espera, sueña y busca… Busca a su amigo, busca en el trabajo, busca en los boliches, busca en el colectivo, busca en el Facebook, busca. Sueña con encontrar eso a lo que el cine le dedica cientos de películas, eso que se vende en las cajas de bombones, eso que se busca siempre en ese lugar donde sabemos que jamás lo vamos a encontrar.

Julio César Noguera es actor, autor y director de “Lucas – Todos Buscamos Lo Mismo”, una obra de teatro que se reestrena el próximo jueves. Habla con Boquitas pintadas sobre la historia de ficción y, también, sobre su inspiración, sus motivaciones, sobre el amor y la soledad. También se refiere a lo gay y el consumo. “Los gays tenemos fama de ser hiper consumidores. Es ahí donde el sistema miente. En el mundo de hoy todos consumen, pero a nosotros nos pusieron al amor en una góndola y compramos según lo que nos alcance. De ahí que en Lucas busco justamente mostrar eso, que estandarizarse no te une ni te hace pertenecer, más bien te aísla”.

- ¿De qué trata la obra y que lo inspiró?

- La obra trata, en general, de cómo la gente sigue patrones de pertenencia que los aíslan y los van dejando solos y de cómo se defiende a rajatablas la teoría de que está bien ese patrón, de que todo está bien y listo.

Lucas es igual a cualquier persona, le suceden cosas clásicas por las que todos pasamos, desde tomar un colectivo hasta que no le funcione el celular; incluso la forma de justificar la forma en la que vive es igual a la de muchas personas. Todos en algún momento intentamos justificar algo que sabemos que no podemos defender, pero lo hacemos igual. Lucas no es la excepción en eso, al punto de quedar enredado en sus propias historias. Él tiene dentro de su vida una búsqueda que es universal, que muchos niegan y que muchos la juegan de superados, pero Lucas los expone y con su vida demuestra que todos a la larga buscamos lo mismo.

Se podría decir que Lucas trata sobre la vida, sobre nosotros y sobre cómo en estas sociedades quedamos atrapados solos en un cuarto dialogando con nosotros mismos, justificando y negando mucho de lo que nos pasa por tratar de ser parte del mundo.

Cuando escribí Lucas quería contar muchas historias a la vez, pero sobre todo, hablar de la vulnerabilidad de las personas ante situaciones clásicas. No intenté dar lecciones de vida ni de formas de vivir; quería mostrar que todos somos iguales, no importa qué condición social tengas, que altura, que color de piel, que sexualidad. Somos iguales en los lugares más humanos, más sensibles… A todos nos duelen las mismas cosas. Pero también quería contar cómo, a la hora de elegir, elegimos pertenecer a cualquier costo. Despersonalizados y casi como un producto en masa, nos transformamos en lo que el sistema de vida actual quiere que seamos. Si no tengo amor, no importa. Tengo celular traído de afuera, o tengo un jean que acá no se vende que me compré cuando viajé… Pero la naturaleza de lo que somos y queremos ser sigue ahí, y nos va a pasar factura en cualquier momento. Quedamos presos de la mirada del otro, y necesitamos que el otro nos vea increíblemente bien, aunque sea por fuera.

- ¿Por qué eligió contarlo en clave de comedia? ¿Qué le permite decir el humor?

- La comedia es un género que conozco y transito desde hace años. Tuve buenos maestros de teatro como Miguel Pittier o María José Gabin, con los que aprendí muchísimo y pude desarrollar mi artística. Con otras obras mías, siempre conseguí transmitir lo que quería decir. Me gusta muchísimo hacer reír y que a la vez la gente se haga preguntas o se movilice. El humor inteligente y bien resuelto en escena puede decir muchísimo y vivimos en un mundo donde, justamente, la gente no quiere escuchar pálidas. Y si las escucha hace lo que haría Lucas: da vuelta la cabeza y las evita.

La comedia para mí es un desafío, porque es fácil caer en lo gracioso por lo gracioso por sí mismo. Por eso intento trabajar al máximo cada escena, cada monologo, cada situación en la obra. El humor es un lenguaje riquísimo, creo que desde chico lo hago, reírme o buscar todo el tiempo lo que me haga reír. Desde una película, una reunión de amigos, un tropezón en la calle… Hasta cuando me separé hace muchos años le dije a mi ex – “Creo que esto es hasta acá, Carlos Alberto” – imitando el acento centroamericano de las novelas. Y junté mis cosas, entre esas cosas doce platos y me fui. Hasta el día de hoy, lo de los doce platos es un chiste privado entre mis amigos. Creo que elijo siempre el humor, desde antes de ser actor o bailarín, porque fue lo que me salvo a mí de muchas cosas. Quizás alguien más pueda zafar de sus cosas si lo contagio.

- ¿Qué tiene de particular la búsqueda del amor para alguien gay?

- No sé si tiene algo particular, creo que la búsqueda se tiñe demasiado de los mandatos externos y ahí se vuelve particular. Hay tantas historias y búsquedas como personas, pero observo mucho y veo cientos de chicos que tienen a su lado al tipo que los haría feliz por siempre, tal cual cuenta Disney, pero… Y ahí viene el pero, lo dejan de lado, lo evitan y hasta inclusive, lo anulan. El mundo gay tiene mucho de libertad, pero también mucho de condicionamiento. No para todos, obvio, pero sí para muchos que lo padecen y eligen transitarlo.

El amor es universal, eso todos lo sabemos, pero también es universal el miedo que da estar enamorado, más cuando te enamoras de alguien que no cumple con tu fantasía de hombre ideal. Yo las veces que me enamoré no tuve condicionamientos, ni tampoco me privé de nada. Amo sentir, pero vivimos en un mundo material cantaban por ahí y los gays tenemos fama de ser hiper-consumidores. Es ahí donde el sistema miente. En el mundo de hoy todos consumen, pero a nosotros nos pusieron al amor en una góndola y compramos según lo que nos alcance. De ahí que en Lucas busco justamente mostrar eso, que estandarizarse no te une ni te hace pertenecer, más bien te aísla.

- ¿Creés que se vive una soledad más profunda en alguien gay? ¿Esto sucede sólo para quienes no pueden salir del clóset o es algo más general?

- No creo que el ser gay haga que uno sienta una soledad más profunda, eso lo elegimos como seres humanos y no como gays. Lo que sí creo es que ser gay, a pesar de tanto avance en la sociedad, sigue siendo algo que todavía no está aceptado en un 100%, incluso por los mismos gays. Y esa aceptación casi a medias te deja un poco solo, pero solo de vos, de lo que sos en un 100% en realidad.

Las personas que se aceptan, sea lo que sea que acepten de sí mismas, te das cuenta de que siempre están un poco mejor que las que no; menos violentas, con más sonrisas en la cara… Escucho cientos de veces a chicos decir que van a la marcha gay y que no les importa poner en un perfil su foto de cara, pero mariconeas un poco en un bar o en la calle y te hacen callar o te dicen: “¿Es necesario?”. Esas cosas me hacen ruido.

Yo nací Julio César: hombre, morocho, gay, laburador, etc… Mi libertad de elegir es mía y la soledad es algo que se elige. Amo mi soledad, pero tengo un entorno increíble del cual también disfruto muchísimo. No miro la vida desde una ventana, sino que salgo y la vivo.

Lo más curioso es que para venderte algún producto o inclusive las publicidades de boliches gays son de cientos de chicos gays lindos bailando como si fueran los más felices del mundo. Los que no pueden salir del clóset viven la misma soledad que los que no estamos o nunca estuvimos adentro. Elegir ser quien sos es hacerse cargo y saber que podes perder un montón de cosas que te van a dejar más solo. A nadie le gusta la soledad dolorosa; no la elegida para estar con uno, sino la otra, la más dolorosa. Sabés que cuando elegís mostrarte como sos, hasta podes perder la relación con tus viejos, con amigos, con los afectos… Pero nada es más sano y liberador que hacerlo. Y en ese momento es donde de verdad la vida que elegís aparece y no se va más.

La soledad es general, un mundo que te aísla en una computadora, que te hace vivir la vida de otros o te pone de novio con alguien que no sabes quién es, casi holográficamente… Es raro. El mundo vive en soledad creo, más allá de ser gay o no.

- ¿Por qué creés que el protagonista de la obra se crea ese mundo de fantasía?

- Lucas, al igual que el mundo en general, prefiere no ver las cosas; esa ilógica versión del cerebro de que si no la veo, no existe. A Lucas le vendieron esas fantasías y las compró, y desde ahí las transita. Se las puso encima, se las tatuó. A ese chico que lo va a hacer feliz lo ve como un Príncipe de Disney, pero no sólo por lo bello (que por supuesto para muchos gays eso pesa más que su prontuario policial), sino por cómo lo va a conocer y por cómo se va a ir a vivir a un castillo con él. El mundo de fantasía en el que vive lo aleja de lo que sea que esté pasando, lo protege. Pinta de otro color lo que le sucede y por sobre todo, creo que es una reacción natural para que no le duela esa realidad.

Formas de hacerlo le sobran: a los gays nos venden divas pop a las que hay que venerar aunque ya estén devenidas a menos, películas, playas, abdominales y la loca idea de que merecemos el amor también porque somos gays. Yo creo que merecemos el amor porque somos personas, porque somos hombres que a diferencia de otros, nos acostamos con hombres. El amor lo merece todo el mundo, es algo que sucede cuando estamos en libertad, cuando el formato de vida tiene que ver con nuestra esencia y no con lo que un sistema te vende para poder pertenecer. Si no perteneces a tu vida, aceptándote y en libertad, menos vas a pertenecer a la vida de otros.

Lucas crea un mundo de fantasía donde busca que todo lo que le pase le duela menos, lo menos posible. Pero a veces esa fantasía puede lastimarte más que la misma realidad. Es una película que, por más que no quieras, en algún momento termina.

- ¿Cómo fue la temporada pasada de Lucas y qué puede esperar el público de esta segunda temporada?

- La temporada anterior fue muy buena, una previa de lo que es Lucas este año. Sabíamos que no podíamos hacer muchas funciones por obligaciones que tenía tanto yo como parte del elenco. Hacia fin del año pasado tuve intención de reponerla, pero me fui a Mar del Plata la temporada de verano con la obra Pato a la Naranja que producía Aldo Funes como parte del equipo de Javier Peloni y como coreógrafo para hacer la puesta coreográfica de la obra. Entonces, venía buscando la oportunidad de re estrenar durante el 2014.

Este año Lucas vuelve igual de divertido, pero muy arriba, muy a full. Sin dudas la incorporación de Bruno Lazzaro como coreógrafo le dio a la obra un nuevo giro. Lucas explota más que nunca, contando con la complicidad de Vicky Pinus y Jeanette Feal que ya lo conocen del año pasado y lo ayudan a convertir la habitación donde transcurre todo en esa realidad paralela y descabellada en la que vive. Como verás, nosotros hablamos de Lucas como si fuese una persona más, incluso pasa en los ensayos que decimos “¿y qué es lo que tiene que hacer Lucas ahora?”.

Este año la obra está más armada, más completa, más cuidada, tanto en el escenario como afuera de él. Contamos con una productora ejecutiva que nos resuelve todo y con un agente de prensa que no para ni un minuto de poner luz a la obra para que todos la conozcan. Sin dudas este año Lucas será una fiesta, pero de esas que duran tanto que uno no sabe ni a qué hora empezó ni a qué hora termina.

 

Maléfica Producciones presenta la 2° temporada de “Lucas – Todos Buscamos lo Mismo”, una obra de Julio César Noguera. Estreno jueves 9 de octubre a las 22,15 en La Clac Bar Restaurante Teatral por 8 únicas semanas

 

 

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Presentan una guía de salud trans y reclaman la reglamentación de la ley

“Tenemos la mejor ley de identidad de género, pero nos falta mucho como sociedad para dejar de mirar qué tienen las personas entre las piernas para relacionarnos”, resume el activista trans de la organización de la sociedad civil Capicüa Alan Otto Prieto. “Qué le hace pensar a un medicx que sabe lo que es una persona trans ‘completa’ o ‘incompleta”, se pregunta.

En un aporte a la discusión sobre la atención médica de las personas trans, este viernes 17 se presenta una “guía de salud trans”, un trabajo que se articuló con lo académico para llegar a este sólido documento de investigación que hoy empezará a circular como material de consulta. Está dirigida, en especial, a los agentes de salud, pero también será útil a los comunicadores y al público en general.

“La armamos porque sentimos que la información es poder y que sólo unxs pocxs de nuestra comunidad estaban manejando la discusión por el acceso a la salud trans y lo hacían con una mirada que sólo reconocía la necesidad del tratamiento hormonal y las cirugías”, comenta Alan. Y agrega que estas instancias son parte del proceso, pero enfatiza en que la ley tiene un espíritu mucho más amplio, por eso habla de “Salud Integral”.

El grupo redactor de esta guía son militantes de Capicüa y el grupo revisor es una diversidad de personas que transita los equipos de salud, activistas, investigadorxs, academicxs, abogadxs, entre otrxs.

Sobre el proceso de búsqueda y armado de esta guía, cuenta Alan: “Primero armamos un documento base con todos los capítulos que pensamos debería tener y luego enviamos una carta de compromiso de participar como revisxr y un tiempo para que nos envíen sus aportes, modificaciones, discusiones, etc.  Luego sistematizamos, discutimos y fuimos agregando los aportes que compartimos ideológicamente”. Señala que todo el material que se fue generando estará disponible en la página web de Capicüa, para que queden todas las posturas visibilizadas y que sirva para seguir discutiendo e intercambiando ideas.

Sin reglamentación no hay salud integral

Alan señala que, más allá de que en la Argentina se haya aprobado una de las leyes más progresistas del mundo en materia de identidad de género, hay un vacío debido a la falta de reglamentación de la ley. “En esa instancia debería establecerse cómo se aplicará la ley en su parte sanitaria”, precisa Alan. No es una cuestión menor. Y sugiere: “Es fundamental que esta reglamentación sea conjuntamente entre el Estado, las organizaciones y activistas, de lo contrarío seguiremos desconociendo los saberes de la comunidad trans y nuestras propias necesidades”.

Alan Otto Prieto, coordinador de Capicüa

La guía es un material que además de informar, también apunta a educar y concientizar sobre la realidad de las personas trans, un tema sobre el que recién empieza a hablarse y que para gran parte de la sociedad aún es observado desde preconceptos e ignorancia.

La palabra del dios médico

“Tenemos la mejor ley de identidad, pero nos falta mucho como sociedad para dejar de mirar qué tienen las personas entre las piernas para relacionarnos. Qué le hace pensar a un medicx que sabe lo que es una persona trans ‘completa’ o ‘incompleta”, dice. “Nos seguimos encontrando con médicxs que piden certificados psicológicos, excusándose de que una cirugía es complicada entonces la persona tiene que poder trabajar sus ansiedades, deseos, etc. Esto además de ilegal es mentiroso, porque cientos de personas que se operan de distintas cosas jamás fueron obligadas a transitar por un psicologx”.

El sistema está pensado para varones con pene y mujeres con vagina. A partir de la ley de identidad de género esa norma se modifica y con ella, se plantean cambios en los más diversos órdenes. Por ejemplo, un varón trans va al ginecólogo y es obligación que lo atiendan sin tener que contarle a medio hospital/clínica/obra social/prepaga cuál es su genitalidad. La guía plantea numerosas situaciones similares a ésta y propone capacitaciones en todos los ámbitos para que la ley de identidad de género sea un hecho más allá de que entró en vigencia hace más de dos años.

El equipo de activistas de Capicüa, felices tras la publicación de esta guía de consulta

Para concluir, Alan, feliz de tener el material en sus manos, dice: “La impresión y circulación de esta guía es un triunfo de la comunidad trans. En ella hemos volcado en palabras experiencias, ideas y sentimientos. Es un paso más en larga lucha que venimos dando por el reconocimiento y respeto de los derechos de la comunidad trans”. Y agrega: “Somos una generación que no se olvida de aquellxs compañerxs que dejaron de lado sus vidas para ir ganando espacios hasta alcanzar una ley nacional de identidad de género que no patologiza ni judicializa nuestras identidades, como sucede en otros lugares del mundo. No obstante, aún queda mucho por recorrer hacia el efectivo goce de la ciudadanía para la comunidad trans y es, en este sentido, que juntx a activistas, profesionales y organizaciones hemos concebido esta guía”.

El lanzamiento de la guía

En el mes internacional por la despatologización de las identidades trans, el colectivo de jóvenes LGTBQ Capicüa presenta la última edición de la Guía de Salud Trans, un material que propone una actualización del paradigma de los derechos humanos en el campo de la salud. Habrá una mesa-debate que contará con las exposiciones de la Diputada Nacional (MC) y actual coordinadora del Programa Nacional de Articulación Estratégica, Cecilia Merchán, la presidenta de Asociación de Lucha por la Identidad Travesti Transexual y fundadora de la cooperativa-escuela “Nadia Echazú”, Lohana Berkins, representantes del campo de la medicina nucleados en PH – Producción Horizontal e integrantes de Capicüa. El acto tendrá lugar el 17 de octubre a las 17.30 en el Auditorio de la Jefatura de Gabinete (Diagonal Sur 782, esquina Piedras).

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Palabra y pluma, textos políticos y otras mariconadas, de Gustavo Pecoraro

Palabra y pluma, textos políticos y otras mariconadas (editado por La mariposa y la iguana), el último libro de Gustavo Pecoraro, está compuesto por tres capítulos. El primero es una selección de sus editoriales en el programa radial El vahído; el segundo, una recopilación de entrevistas y notas que salieron publicadas en diferentes medios -algunos de los cuales ya no existen- y que comienzan en 1986 con un reportaje a Luca Prodan y continúa con Batato Barea o Cris Miró, por ejemplo; y el tercero es toda la historia de Enrico Pomodoro (su alter ego en la revista NX), que tiene tres etapas que van desde 1997 a 2012.

Dice Pecoraro: “Todo el libro habla de la diversidad sexual en diferentes enfoques: las editoriales son más analíticas (donde pongo todo mi ideología), las entrevistas me sirvieron para salir del lugar del opinólogo y dar la voz (algunas más coincidentes otras menos) para el decir de otras y otros e interpelar esos decires; la tercera es en clave de humor, pero no cualquier humor, sino ese humor cotidiano que está profundamente ligado a la comunidad gay (digo gay y no LGBTI exprofeso) ácido e irónico, y que va más allá porque es humor hecho con “algo que no debería hacerse humor” que es el VIH”.

En esta charla con Boquitas pintadas, Pecoraro, histórico activista gay independiente, escritor y periodista, habla también de su participación en este blog, al que define como un espacio de “total libertad” para descargar su escritura “cargada de tinta multicolor del arcoíris”.

Los invito a esta charla con Pecoraro, que mañana presenta Palabra y pluma en casa Brandon.

- ¿Por qué publicar estos escritos compilados en un libro?

- Todos los editoriales son inéditos. Nunca fueron publicados. Y algunos reportajes han sido publicados hace tanto tiempo que es como si vieran la luz por primera vez. Lo publico en un libro para dar constancia de mi trabajo comunicacional desde hace casi 30 años y que en estos momentos en los que tengo el privilegio de tener un micrófono y medios gráficos donde plantear mis ideas, está bueno que la gente vea mi recorrido. También porque es una constante en mí, desde hace años. Es como me expreso: comunicando y escribiendo.

- ¿Qué aporte creés que hará este libro en la lucha del colectivo LGBT?

- Sin dudas va a abrir mucho debate en tanto y en cuanto las personas que lo lean entiendan que es un aporte más, uno como otros que deberían haber, muy marcado por el testimonio en primera persona. Tengo posiciones tomadas bien clara en cuanto a lo que creo debe intentar ser el colectivo LGBTI y sus luchas. El libro lo refuerza. No hablo desde verdades absolutas sino, sinceramente, como idea para abrir discusiones, debates que nos lleven a estar preparados como colectivo para los eventuales nubarrones que el futuro político-social nos depara.

En eso soy tajante: hay que prepararse para resistir y la mejor forma es releernos. No sólo mi libro -¡faltarías más la petulancia!- sino a otros, diferentes, con otras ideas. Pero siempre pensando en que el futuro nos necesitara unidas y unidos, o al menos, con claridad en las caracterizaciones de a quiénes querremos al lado.

- ¿Se puede saber quién es Jota? Ya lo mencionás en tu libro de poemas “Deseo”…

- Jota es un chico (bah chico no, tiene 40 y tantos años) al que le dedico mis dos últimos poemas en “Deseo – palabras en el viento” y que es la historia de amor que más musas me despierta. Es un ser especial con el que vivimos una historia de amor particular que tiene que ver con destiempos, honestidad, respeto y mucho deseo. Si imagino mi futuro lo imagino con él. Pero esto de la futurología nunca fue mi fuerte jajajaja. Cerré mi anterior libro con él y le dedico éste. Y lo dije todo ¿verdad?

- ¿Qué significan las editoriales vahídas para vos?

- Son el desgrano de mis ideas más profundas: anticlericalismo, antimilitarismo y una mirada marica sobre la realidad. Estoy a favor del aborto, cuido la memoria de quienes no están más para contarlo, repudio a Putin y a sus iguales del mundo, combato la homolesbotransfobia, rescato la memoria de Carlos Jáuregui y de Ilse Fuskova, etcétera. Tengo ideología y mi escribir es político como cada acto que realizo. Mi visibilidad debe servir para eso, para ofrecer ideas y que esas ideas se debatan. Estamos demasiado encorsetados en no leer, en no preocuparte en repetir lo que nos dicen, que mi objetivo es intentar poner en dudas muchas cosas.

La masculinización de la Patria

- ¿Me hablás de la Matria? ¿Cómo surgió ese concepto? ¿Qué implica instalarlo socialmente?

- El concepto Matria ya era usado por Virginia Woolf, o más actualmente por Isabel Allende. No es para nada propio. En la revista NX ya lo utilizábamos. Creo que sirve para la deconstrucción necesaria de ese nefasto término que es Patria (que me resuena a sables, a golpes militares, botas y genocidio). Además, está íntimamente relacionada a las figuras de Ilse Fuskova (la matria lésbica de nuestro colectivo) o Lohana Berkins (la matria trava de nuestro colectivo), siempre visto desde mi punto de vista. Claro está.

Cuando Cristina Kirchner dijo que “la Patria es el otro” masculinizó tanto un concepto ya de por si masculinizado y militarizado, que inmediatamente escribí ese editorial que habla de la Matria. Imagino que si debiera rendirle honores a un suelo (que algunos abstractamente llaman Patria), preferiría que ese suelo sea como la Pachamama (y eso que yo toco de oído en este tema), sea femenino, sea lésbico, sea trans.

Gustavo Pecoraro, periodista, escritor, activista

- De tus entrevistas, hay una perlita: la conversación con Luca Prodan. ¿Cómo fue entrevistarlo? ¿Por qué incluirlo aquí?

- Cuando armé el libro Liliana Viola (directora del SOY), que hizo una mirada final sobre el contenido, me dijo que la única entrevista que no sabía por qué estaba incluida era la de Luca Prodan. Casualmente porque Luca era en esos momentos parte de la vanguardia musical de la Argentina y yo militaba en el trotskismo, y ya desde esos momentos perfilaba un cuestionamiento a cierto formalismo que existe y existía en los partidos políticos de izquierda. Tiene mucho que ver con mi construcción personal: ya partí de ahí medio como “deformando” los lugares establecidos. Escribí una vez que “de Norma no tengo ni el nombre”.

- ¿Por qué te interesa participar en Boquitas pintadas?

- Siento un profundo agradecimiento a Verónica y a Boquitas Pintadas porque fue uno de los primeros espacios que se abrieron a mi escritura (cargada de tinta multicolor del arcoiris) cuando regresé a la Argentina después de más de una década en Madrid. Siempre pude escribir con total libertad y siempre estuvo abierto a mis propuestas. Ese espacio de intervención me permitió realizar varias entrevistas que para mí son de las mejores que he hecho como la que le realicé a la doctora Natalia Milisenda, abogada de la familia de Pepa Gaitán. Además generó una amistad que hoy perdura y eso también es muy bueno.

- ¿Me contás de las trans que hicieron/hacen historia?

- En el libro hay reportajes a Lohana Berkins, Vida Morant, Susy Shock y Marlene Wayar. Cada una de ellas en sus roles son extraordinarias. Tanto desde la batalla política, como desde la educativa, o desde la cultural son personas que debemos escuchar, y aprender. Sus personalidades son fundamentales para la construcción de la comunidad LGBTI, así como otras compañeras y otros compañeros trans. Me hubiera gustado también entrevistar a otrxs, quizás tenga la oportunidad más adelante. Estas cuatro personas y sus entrevistas son parte fundamental de este libro.

- ¿Cómo te resulta hablar del VIH en primera persona?

- Me resulta extraño y a la vez totalmente relajado. Nunca hice de vivir con VIH un acto más que de activismo puro y duro. Fundé ACT-UP BS. AS con ese objetivo, y hoy escribo en Corresponsales Clave con el mismo objetico más el añadido de poder comunicar. Creo que -vuelvo a repetirlo- el privilegio de comunicar. Y ese privilegio debe ser utilizado en forma generosa y solidaria. O dando voz a quienes no la tienen o no la consiguen, o siendo su voz (con la enorme responsabilidad que eso tiene).

Una vez después de una nota me escribió una chica que no conocía y me dijo “Gus, leí tu nota. Me hizo bien. Soy VIH y después de leerte me siento mejor”. Ya está ¿que más quiero después de eso? ¿Que me interpela con mis inseguridades? Y, sí. Claro. La visibilidad es exposición, y exponemos nuestros cuerpos. Pero eso es lo que debemos hacer porque nuestros cuerpos ya son campos de batalla desde siempre.

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La vigencia de Fresa y chocolate, a 20 años de su estreno

Ya son veinte años de amor. En 1994 se estrenó la conmovedora película Fresa y chocolate, sin saber que se convertiría en uno de los mayores clásicos del cine gay.  Este film retrata como pocos la batalla que la disidencia sexual e intelectual perdió (y, en menor medida, sigue perdiendo) contra la homofobia.

Esta es una entrevista exclusiva al escritor y guionista cubano Senel Paz, que le realizó en su reciente visita a la Argentina la periodista Martina Cáceres para Boquitas pintadas.

Senel Paz es autor del cuento El bosque, el lobo y el hombre nuevo, que fue  adaptada para el film Fresa y chocolate (1994). Esta obra (dirigida por Leonardo Gavriloff) se presentó en su versión teatral en la Argentina y, por este motivo, visitó el país. Fue uno más aplaudiendo y emocionándose en el Auditorio Losada donde se presentó el pasado 17 de agosto.

 

Senel Paz, escritor y guionista

Este es el diálogo de Martina Cáceres con Paz:

Todavía me acuerdo de esa escena con la que el film arrancaba: el personaje de Diego sentándose a tomar un helado en la mesa de David para sacarle charla, ponerlo incómodo delante de lxs mirones y de paso, seducirlo. Diego es muy marica y David muy militante, es decir: muy machista. Y la historia no es exactamente la de un romance, ya que el sexo entre los dos no termina por consumarse, pero la amistad, que para la Cuba de entonces parecía un imposible por tratarse de enemigos políticos, sí.

Basada en el cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo, de Senel Paz,  Fresa y chocolate se ha multiplicado en estas dos décadas en una serie de versiones teatrales que tuvieron como escenarios Lugano, París, Caracas, y actualmente también Buenos Aires. Esta última, la local, de puesta austera y dinámica, se pudo ver hasta hace dos meses atrás en una sala de Palermo. Dirigida por Leonardo Gavriloff, esta pieza conservó sus guiños de época (los ’70),  pero también su espíritu contemporáneo a la hora de ponerle palabras a la problemática gay en un mundo – no un país-  que, más allá de los sistemas políticos, sigue entrampado en la normatividad.

- ¿Qué significó el estreno de Fresa y chocolate para Cuba?

- Creo que el público disfrutó y se sintió orgulloso de un libro y una película que lo ayudaron a librar una primera batalla contra algunos fantasmas. La gravedad de la homofobia y los prejuicios contra la diversidad de género en Cuba no respondía a que nuestro país fuera el más violento de todos o a una ideología más intolerante y bárbara que otras. Al contrario, a pesar de ser también una sociedad machista, creo que la relación desprejuiciada del cubano con la sexualidad y la religión atenuaban la violencia en comparación con otras sociedades y favorecía la permisividad, sin negar por supuesto casos extremos y horrorosos que no porque nuestra prensa los ignore dejan de existir.

- ¿Y a qué respondía esa homofobia?

- La gravedad y lo inadmisible de la homofobia en Cuba en aquella época es que era institucional más que social e invadía zonas del pensamiento y los derechos del individuo más allá de los sexuales y se contraponía a los ideales libertarios y humanistas proclamados por el socialismo, provocando confusión, desencanto y doble moral. El modelo del hombre nuevo imponía como obligatorio y único el modelo heterosexual, ateo y marxista. Y punto. Se renunciaba así a la diversidad y complejidad humanas y se provocaron no pocos sufrimientos y absurdos. En la época a que se refiere la película (años 70) y en las que se exhibe (años 90), el Estado iba por detrás de la sociedad porque ésta ya estaba preparada y ansiosa por librarse de su carga homofóbica y de intolerancia religiosa. De hecho, la descargó en cuanto tuvo la primera oportunidad ayudando de paso al Estado y al Partido a hacer lo mismo y por eso hoy el homosexual y el creyente pueden incluso ser militantes comunistas. No quiere decir que se resolvieran todos los problemas sino los más apremiantes, pero se pudo pasar al nivel de complejidad siguiente, como en los juegos. De la situación de los años 90 al jolgorio popular en la celebración del día contra la homofobia y el orgullo gay media un abismo, y otro hasta la normalidad plena.

- Aún falta para eso, porque estos cambios no se traducen en leyes inclusivas para la comunidad LGTB…

- En este momento, creo que el Estado de nuevo se está quedando rezagado  de la sociedad en éstos y otros temas del individuo y la familia porque es reticente a abordarlos jurídicamente y a reconocer y regular mediante ley las nuevas realidades y aspiraciones de la gente. En este punto, el Estado pone más atención a sí mismo que a la sociedad y su prioridad es lo económico. Pero, por suerte, las luchas en este y otros campos no solo son más entusiastas y masivas sino también más inteligentes y comprometidas con la esencia originaria del proyecto revolucionario. Por su vocación libertaria y humanista, su sentido solidario y festivo de la vida, el pueblo cubano estaría alegremente a la vanguardia en todas estas luchas.

- ¿En Cuba, como en la mayoría de las sociedades, todavía sigue siendo necesario combatir el arquetipo del homosexual ridículo o payasesco, del que el personaje de Diego se queja en la película?

- La representación ridícula o payasesca, cuando el propósito es denigrar o desconocer los valores humanos del homosexual, hay que rechazarla y combatirla porque es ofensiva y responde a estereotipos y prejuicios. Ahora, no reconocer a las personas afeminadas y afectadas como parte de la familia gay y avergonzarse de ellas es también un prejuicio. A todos, constantemente, nos asaltan los prejuicios y debemos estar alertas. El personaje de Diego, reprimido y rechazado, es a su vez portador de prejuicios cuando piensa que su condición intelectual y de persona culta e inteligente lo eleva por encima de los demás de su clase y lo hace excluible del rechazo general. A la hora de ser representados, nos acogemos a los códigos dominantes: queremos ser el negro guapo y deportista o músico, el homosexual intelectual y sin plumas, el latinoamericano descendiente de europeos, la mujer sensual que hace voltear a los hombres. ¿Y el negro de pelo tieso o pasa y nariz chata; el maricón feo, amanerado, marginal, sin cultura, viejo; nuestra versión violenta y depredadora? También somos esos y esas, no solo la versión estilizada y primorosa.

El homosexual evidente, y más si es pobre, ha sido el que peor lo ha pasado, sobre el que ha recaído la mayor dosis de rechazo y violencia porque no tiene la posibilidad de cubrir su amaneramiento con Armani o Versace o estudios universitarios. Pienso que el papel de payaso o enfermo, así como el humor y los  recursos linguísticos, han sido armas de defensa del homosexual, una especie de tinta de calamar que les ha permitido pasar inadvertidos, hacerle fintas al agresor y soltar sus dardos en el momento conveniente. Mi personaje utiliza esos recursos a conveniencia, y en otros momentos los abandona. Es probable que el homosexual, en los últimos tiempos, sea más rechazado por su condición inteligente y su inconformidad y activismo social que por la propia orientación sexual, aunque sean los prejuicios sobre esta lo que respalda la represión.

Senel Paz, escritor y guionista cubano, visitó la Argentina

- Hoy en día, ¿se pueden conseguir en Cuba libros de John Donne, Konstantino Kavafis, Truman Capote y todos los autores homosexuales que se nombran en el guión?

- La dificultad para editar libros de autores extranjeros en este momento no creo esté para nada relacionada con la orientación sexual de los autores y ni siquiera el contenido de los textos en esa línea, sino en la dificultad económica para adquirir derechos y en la precariedad de nuestra industria editorial. Apenas se importan libros y solo existen dos casas editoriales dedicadas a literatura extranjera. En contraste, Cuba sigue teniendo un importante nivel de lectura aunque también entre nosotros vaya a la baja. Los autores cubanos citados en la película y en mi relato sí han sido muy editados y promocionados con excepción de los que radican o han muerto en el extranjero, algunos de los cuales han dejado escritas trabas a la edición de sus obras en Cuba por motivaciones políticas.

- En la isla, ¿se produce y difunde literatura LGBT?

- La literatura conocida como LGTB (tipo de clasificación que no me gusta para la literatura, por parcelas temáticas), producida por autoras y autores cubanos, o la de tema homoerótico, y los estudios correspondientes, tienen buena difusión, del mismo modo que el tema está muy presente en el teatro, el cine, la televisión, las artes plásticas y hasta la música.  Incluso creo que ha habido momentos de saturación, a veces con retorno a la banalidad y el facilismo. El tema no es tan sencillo como parece, plantea importantes dificultades de lenguaje. Yo no he vuelto a abordar el asunto después de Fresa y chocolate. No me muevo por temas, sino por personajes, de modo que alguna vez puede sorprenderme un retorno de Diego u otro personaje cualquiera.

 

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Qué rol tuvo el activismo gay y queer por el aborto legal

Historia de una desobediencia, aborto y feminismo. Ese es el título del último libro de la ensayista y periodista Mabel Bellucci, que “escapa (por suerte) a las tipificaciones disciplinarias y por ende resiste una lectura convencional”, como señala el prólogo del libro. Se trata de una rigurosa constelación de genealogías y cartografías de las luchas por el derecho al aborto en la Argentina, desde los años ’70 hasta la actualidad.

“Ningún libro da cuenta de todo”, se sincera Bellucci, no obstante, realiza un notable esfuerzo por plasmar a lo largo de sus páginas una pluralidad de voces y de recorridos transitados alrededor del “único lugar donde convergen todas las tendencias del feminismo”: el aborto.

En este post de Boquitas pintadas, nos detenemos  en un apartado del libro en el que Bellucci menciona el rol activo de militantes LGBTIQ y queer en esta cruzada “desobediente”.  En un acercamiento a este documento teórico potente, compartimos el extracto de un capítulo referido a esta participación activa de la que poco se conoce.

Mabel Bellucci, militante feminista

“Hacia principios de 1999, entre las filas del activismo de Buenos Aires surgió “la Coordinadora por el Derecho al Aborto”, una coalición política en la cual convergió una diversidad de agrupaciones feministas, de lesbianas, estudiantes, de sectores independientes de izquierdas. A partir de la constitución de este frente, la lucha por  la despenalización del aborto le ganó tierra al río”.

“Así, todas sus integrantes se arrojaron a organizar una intervención callejera para el 8 de marzo. Para ello elaboraron un documento fundacional: “Las mujeres reclamamos nuestro derecho a decidir y nuestros derechos laborales”. Entre tantas cosas planteaban lo siguiente: “El acuerdo entre la jerarquía eclesiástica y el gobierno nacional también continúa: aquella silencia sus críticas a la situación económica y social  y éste cuenta con la intervención de la Iglesia para sostener el equilibrio social. La moneda de cambio para ello son nuestros derechos, la garantía de que todo siga igual con la clandestinidad del aborto.”

“A partir de allí, dentro de la Coordinadora quedó plasmada una vocación de entrecruzamiento de miradas diversas en torno al aborto .Contra el viejo dictamen de “la biología no es destino”, de propio cuño feminista, se consolidó el armado de alianzas y coaliciones con experiencias tan disímiles como tradiciones e historias diferentes. Encarnaban otras formas de politizar sus especificidades y otras luchas pero fueron confluyendo”.

“Desde ya, significó un aprendizaje más que interesante, donde convergieron territorios heterogéneos que con anterioridad habían discutido hacia el interior de sus asociaciones el régimen heteronormativo para luego apostar a acciones micropolíticas. Por un lado, la comunidad LGTTB estaba comenzando a acompañar al activismo feminista en intervenciones callejeras, ya sea para el 8 de marzo como para el reclamo por la despenalización del aborto. Todo ello otorgó a ambos frentes una práctica de convivencia política, sin un anclaje ideológico de fondo que permitiría reservar la independencia necesaria de cada una de las partes”.

La fuerza arrolladora de las travestis

“Asimismo las lecturas de textos de teóricas clave facilitados por muchas de ellas hicieron lo suyo. Nadie puso en duda que el feminismo encarnaba el espacio de contención por excelencia. También, al activismo feminista le interesaba la apuesta desafiante de las minorías sexuales por su lucha decidida contra la discriminación. Durante los años noventa, las agrupaciones de travestis fueron las más flexibles para afinar acuerdos tanto con las lesbofeministas como con las heterofeministas. En realidad, las travestis traían consigo una fuerza arrolladora, además de representar un punto de quiebre en el arco iris de entonces”.

Portada del libro de Bellucci

“Estas cuestiones sirvieron de motor de ese magma de compromisos teóricos, políticos y experienciales –sea por parte de los colectivos de la diversidad sexual como de la militancia feminista– por la conquista del aborto legal. Cada grupo que se integró a la lucha fue a través de un acuerdo táctico pero también con objetivos estratégicos para enfrentar a un adversario en común y un cuestionamiento de toda la sociedad en su conjunto. Las coaliciones con travestis, gays y lesbianas como figuras con potencia “de fuga” de su lugar de origen, se fortalecieron por la incidencia del activismo queer que durante la década del noventa irrumpió con el propósito de explorar idearios, prácticas y materiales e hizo su desplazamiento desde los Estados Unidos a la Argentina, sin escala. Con la mudanza, lo queer- como sitio político sin delimitación de antemano y sin identidades estratégicas ni tampoco de una posición estática en tanto perspectiva teórico- crítica y como sustento de un accionar militante- se transmutó y se retorció en una serie de alternancias relacionadas con las luchas culturales locales de un presente reciente, pero también condicionada por experiencias políticas anteriores, como fue el caso del “Grupo Política Sexual”. Al rastrear tradiciones truncas del pasado inmediato, emergería la crítica al concepto de identidad llevada a cabo por el “Frente de Liberación Homosexual” (FLH) y, en especial, por Néstor Perlongher”.

“Durante los años noventa, los antecedentes del activismo queer se localizarían, al menos en Buenos Aires, hacia 1993, con la aparición del colectivo estudiantil de lesbianas y gays “Eros”–espacio de producción teórica y política de la Facultad de Filosofía y Letras- UBA – homónimo del grupo liderado por Perlongher en la década de los setenta. A ello, se acoplaba la constitución del FDA”.

“Para esa misma fecha se asentó esa incipiente apuesta con la declaración de solidaridad que había presentado la “Comisión por el Derecho al Aborto” con la lucha de la CHA para obtener la personería jurídica”. Mientras que en octubre de ese año, ambas agrupaciones organizaron un panel “El derecho al propio cuerpo y lo diferente”. Estos datos no resultaron menores: colocó de relieve el diálogo mutuo de convergencia entre grupos feministas y de la diversidad sexual para la transformación de los modelos existentes. También esta abigarrada mezcla de alianzas logró su punto prominente de complejas articulaciones político-culturales, de modos de organización, de historia y cultura política con la configuración de la Comunidad Lésbica, Gay, Travesti, Transexual (LGTT). Allí, Carlos Jáuregui instaló como práctica política coaliciones montadas con una diversidad de asociaciones, colectivos autogestivos y movimientos sociales –desde lesbianas, gays, travestis y transgéneros junto con partidos políticos progresistas, de izquierda anticapitalista a grupos de estudiantes, feministas, derechos humanos, sindicatos combativos– a partir de las Marchas del Orgullo LGTTB, que comenzaron su recorrido desde 1992 en adelante. En 1996, surgió el “Área de Estudios Queer y Multiculturalismo”.

Retomar a Perlongher

“Funcionaba en el Centro Cultural Ricardo Rojas-UBA y representó un centro experimental de coaliciones en términos de lucha hegemónica y de antagonismo. El Área se proponía  retomar una idea de Néstor Perlongher interrumpida por la dictadura, de articular las luchas de clase con las de género y sexualidad en un movimiento contracultural que se erigiera contra todas las formas de explotación, exclusión, represión y discriminación, en una alianza entre las izquierdas, las minorías sexuales y el feminismo”.

“Se trataba de producir alianzas políticas en la que los vectores diferenciales aparecieran en relaciones específicas, históricas y concretas. Así, estas propuestas entre tantas otras que se fueron explorando durante los años noventa, moldearon un activismo joven y fresco que, por un lado, revisaba el pensamiento feminista hegemónico y, por el otro, ingresó a su terruño la impronta política de la visibilidad pública desde comunidades con vectores diferenciales específicos. Se pedía entonces un reconocimiento para que estas cuestiones fueran más trabajadas en el interior de las colectivas desde la propia experiencia. Para el 8 de marzo de 1999, la Coordinadora expuso un documento que planeaba propuestas transversales de conquistas: “al luchar por revertir nuestra opresión en este mundo inadmisible, para lograr la libertad sexual, la libre opción sexual, el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, el derecho al aborto libre, contribuimos a afirmar la fuerza de aquellas y aquellos que queremos sacudir los pilares de esta sociedad patriarcal y capitalista y de esa manera transformarla”.

“Otra oportunidad fue el 28 de Septiembre de 2001. Se organizó un recital en Plaza Houssay frente a la Facultad de Medicina de la UBA –entre Córdoba y Junín– animado por “Lunática and Group”, “She Devils”, “Entre Coplas”, “Arbolito” y “Las Carmelitas en Calzas” bajo la consigna: “Aborto legal para decidir en libertad”.  Para esa actividad, la “Coordinadora por el Derecho al Aborto” presentó un documento denunciando la ilegalidad del aborto con argumentaciones similares a las precedentes, excepto con una diferencia de propósito al colocar un fuerte énfasis en la construcción de alianzas: “No deleguemos nuestra capacidad de decisión. Despleguemos nuestro poder, nuestra proyección y nuestra voz junto a las de otras y otros grupos de las minorías sexuales convergiendo en un futuro común”.

“Voces sobre el aborto”

“Pasado un año, el 24 de Octubre, el Área de Estudios Queer propuso un taller asambleario “Voces sobre el aborto”. La idea no consistía precisamente en volver sobre los viejos vicios y discusiones bizantinas en torno a las conocidas controversias que se disparaban en el interior de los colectivos y agrupaciones que luchaban por el derecho del aborto. Las personas convocadas reflexionaban de acuerdo a los parámetros presentes: “Después de tantos años de protestas callejeras y activismo de compañeras de diversas tendencias, es necesario interrogarse sobre las razones del estancamiento o, incluso, del retroceso de dicha demanda como reclamo social colectivo”. De allí que la pregunta disparadora para este taller asambleario fue “¿Por qué no se logró articular un frente político y cultural de lucha por el derecho al aborto?”.

“De esta manera, invitaban a todas y a todos al aporte de ideas renovadoras, coaliciones con otros frentes, movimientos y agrupaciones, testimonios y cuestionamientos sobre lo recorrido y lo no recorrido. Al activismo queer le resultaba imprescindible la presencia de feministas y de agrupaciones de mujeres, de gays, lesbianas, travestis, de derechos humanos, profesionales, asambleístas, piqueteras/os, integrantes de partidos políticos y sindicatos, centros de estudiantes, cartoneras/os, artistas, ahorristas, periodistas, intelectuales; ocupaciones varias, obreras/os de fábricas y establecimientos autogestionados”.

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“Así, sin demasiadas vueltas se compartió el debate con todos los espacios abiertos a alianzas heterogéneas entre saberes teóricos y militancias de trinchera que anticipaba la complejidad y las nuevas vertientes de coaliciones comprometidas alrededor de esta demanda puntual, formalizadas a partir de 2005”.

“El 3 de diciembre de 2000, la “Coordinadora por el Derecho al Aborto” hizo su ingreso de ceremonia con una charla bajo el nombre “¿El aborto es solo una cuestión de mujeres?”. La actividad se llevó a cabo en el primer piso de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) en la sala “Gregorio Selser” el querido profesor, periodista e historiador argentino. El panel estaba constituido por Flavio Rapisardi –activista queer y de la CHA–, Norberto Inda –psicoanalista y profesor universitario–, Ricardo Zambrano –médico sanitarista e integrante de la FNS y de la CTA – y Alejandro Geoffroy Lassalla– abogado. Este debate transversal provocó cantidad de zapateos y disputas en juego. En aquellos momentos, tal mesa significaba una de las primeras oportunidades que referentes relevantes del arco de la comunidad homosexual, integrantes de la CTA, grupos feministas junto con izquierdas independientes, se sumaron a una actividad que se caracterizaba por un dato peculiar: las voces que intervenían eran varones atentos a la cuestión. Un modo diferente de abordar las clásicas campañas del “Yo aborté”.

“No cabía dudas de que ese era el camino correcto en función de las experiencias adquiridas a través de las diferentes solicitadas a favor del derecho a decidir que se publicaron a lo largo de la década de los años noventa, más el acompañamiento comprometido desde los colectivos de las minorías sexuales en las acciones de trincheras que las feministas impulsaban en pos de la libertad de interrumpir un embarazo. Asimismo, varias agrupaciones estudiantiles tanto de la Facultad de Filosofía y Letras como de la Facultad de Ciencias Sociales -UBA se encontraban sondeando en esa misma dirección”.

El aborto, ¿sólo una cuestión de mujeres?

En aquella oportunidad, si bien esa mesa debate “¿El aborto es sólo una cuestión de mujeres?” se pensó como un acontecimiento exploratorio, al final terminó en una muestra de resistencia al cambio e, inclusive, de estallidos de enojos de una cantidad de algunas feministas porteñas. Ellas no concebían que un frente de pares propusiese una actividad de varones para que hablasen en voz alta sobre un tema considerado como propio. En realidad, el ambiente ya venía caldeado con una cascada de cuestionamientos hacia quienes exploraban una amalgama de articulaciones que permitirían extender las propias fronteras del feminismo. Se planteaba una apertura de campos que traspasaría la condición misma de las mujeres. De allí que no existía una única y sola explicación para dar cuenta de los largos altercados a la hora de llevar a cabo nuevas alianzas e integraciones dentro de sus filas”.

“Mientras tanto, Rapisardi hacía un paralelo entre la homosexualidad y el aborto en relación al carácter clandestino y a la ausencia de reconocimiento al planteo de decidir en libertad. Para este activista, el mandato de la maternidad obligada representaba una imposición de la heterosexualidad como régimen político; del mismo modo, tal hegemonía regulatoria se ejercitaba también sobre el mundo de la diversidad sexual. Por último, las condiciones de desigualación y subalternidad de las mujeres como de las minorías sexuales constituyó el grueso de su intervención, dado por su entraña de activista homosexual como por sus prácticas queer”.

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“Lo cierto es que en aquellos años no solo la incorporación de varones causaba escozor a las mujeres sino también hubo estampidos de estruendos con el ingreso de la comunidad travesti transexual al feminismo y, en especial, cuando se integraron a la lucha por el derecho al aborto”.

“En 1999, Lohana Berkins, presidenta de la “Asociación de Lucha por la Identidad Travesti-Transexual” (ALITT), hizo su entrada de gala a las filas feministas porteñas, apenas finalizó el VIII Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe llevado a cabo en Santo Domingo. El testimonio de esta luchadora marca su recorrido y el protagonismo público adquirido: “Hacia 1995, cerca de la Facultad de Ciencias Sociales, hubo unas jornadas que hicieron un grupo de jóvenes y nosotras participamos de manera espontánea. Una de las personas que habló fue Pastora Campos, integrante de la “Comisión por el Derecho al Aborto”. En esa ocasión, escuchamos un discurso claro con argumentos sólidos sobre el aborto ilegal y sus consecuencias. Por primera vez, alguien explicaba con tanta consistencia y profundidad sobre el tema. Allí fue que consideramos que esta cuestión tenía que ser discutir en el interior de nuestra comunidad y siendo una demanda de las mujeres nos preguntábamos si podría ser nuestra también. A partir de ese momento, comenzamos a participar de las reuniones que se organizaban vinculadas al aborto”.

“De esta manera, dichos sucesos no tuvieron una sola cara y un solo formato fueron la puesta en escena de variadas formas de lucha, aprendidas y conformadas en distintos momentos, cuya comprensión requiere de la reconstrucción histórica, escenario común de expresión de las diferencias y, a la par, de construcción de adversarios comunes que hicieron posible unificar un sentido contundente en la premisa”.

“Hacían también un fuerte hincapié sobre cómo abordar el aborto para incluirlo dentro de los cuestionamientos en torno a la heterosexualidad y al aspecto reproductivo.  Esta estrategia como apuesta del feminismo más comprometido con el derecho al aborto permitiría el apoyo de otras mujeres de los movimientos de base junto con los grupos de las minorías sexuales contra todo tipo de jerarquía, desigualdad, explotación y opresión confrontando al patriarcado y todo otro sistema de dominación que reproduzca desigualdades como mecanismo de fragmentación y estratificación vertical. En este trazado, sus prácticas políticas explicitan un posicionamiento antiheterosexista, anticapitalista y antirracista. En efecto, el designio de “Varones Antipatriarcales” gira alrededor de deconstruir las identidades masculinas que se sostienen en el sistema de valores hegemónico con una voluntad de poder y de dominio que hasta ahora los han caracterizado como tal”.

 

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“Fui homofóbico aún siendo gay”

Leonardo es un exintegrante del grupo de reflexión para varones gay que coordina el lic. Alejandro Viedma en la Asociación Civil Puerta Abierta y que festejará sus primeros 15 años de vida el próximo sábado. Leo envió a Boquitas pintadas el texto que viene a continuación como testimonio de su paso por ese espacio y de cómo ese lugar lo ayudó a resolver cuestiones internas que cuando ingresó al grupo ni siquiera tenía conscientes.

Uno de los aspectos a destacar es que Leo reconoce que, si bien se había reconocido a sí mismo como homosexual,  jamás se  incluía en el ambiente gay, ni en marchas del orgullo, ni iba a boliches, pubs, ni participaba de páginas de encuentros. “No me gustaba nada de eso, era muy prejuicioso, sin poder ser consciente de ello”, dice en un tramo de su escrito. “Se trataba de mi homofobia inconsciente, internalizada. Por ejemplo, pensaba que la Marcha del Orgullo Gay era un circo, no daba cuenta  del objetivo político sobre la lucha por los derechos LGTB que la Marcha conlleva. Además tenía el típico desprecio por lo femenino en el hombre y la sobrevaloración por lo masculino, en realidad, se trataba del desprecio a mí mismo”.

Sus creencias homofóbicas pese a ser gay. Esa es una de las cuestiones que más tuvo que desandar en el grupo de reflexión que lo cobijó desde 2007.

Vale la pena acercar una definición. “La homofobia internalizada es la creencia consciente o inconsciente que tienen algunas personas gay y lesbianas de que los prejuicios, estereotipos y mitos sobre los homosexuales son ciertos. En otras palabras, son sentimientos negativos que sienten hacia sí mismas por su homosexualidad. La homofobia internalizada se refleja con complejo de inferioridad, sentimientos de vergüenza y culpa, baja autoestima y conductas autodestructivas”. (Un artículo para conocer más sobre homofobia) 

Mi experiencia con mi querido grupo

Por Leo

Marcha Del Orgullo LGBTIQ (Lesbianas Gays Bisexuales Transexuales Intersex Queer) XXII de Buenos Aires; Foto: Ignacio Lehmann

En una etapa un poco difícil de mi vida respecto de mi sexualidad, busqué hasta que encontré este hermoso grupo. Cuando digo difícil con respecto a mi sexualidad, no me refiero a mi orientación sexual, ya que yo ya estaba asumido como gay, sin embargo, me llegué a preguntar ¿y ahora qué hago con esto, con lo que siento?

Mi familia, mis amigos heterosexuales me conocen, sabían de mi orientación, lo que notaba era que no tenía  amigos ni compañeros gays  para compartir entre pares lo que me sucedía.

En resumen, jamás me incluía en el ambiente gay, ni marchas del orgullo, ni boliches, ni pubs, ni páginas de encuentros. No me gustaba nada de eso, era muy prejuicioso, sin poder ser consciente de ello, se trataba de mi homofobia inconsciente, internalizada, por ejemplo, pensaba que la Marcha del Orgullo Gay era un circo, no daba cuenta  del objetivo político sobre la lucha por los derechos LGTB que la Marcha conlleva. Además tenía el típico desprecio por lo femenino en el hombre y la sobrevaloración por lo masculino, en realidad se trataba del desprecio a mí mismo. Tampoco estaba  de acuerdo  que dos papás o dos mamás adopten niños, pensaba que podía ser perjudicial  para la salud de estos últimos por la discriminación. Ni siquiera sabía que existían las familias homoparentales. En fin, una lluvia de creencias homofóbicas que me perjudicaban, que hacían sentirme aislado, como sapo de otro pozo, hasta el año 2007, cuando conocí el grupo de reflexión.

Pensar que en siete años cambió tanto la concepción de las personas LGBT a partir de la Ley de Matrimonio Igualitario y la de Identidad de Género… Sin embargo, faltan años para que estas leyes se interioricen en cada sujeto, familia; la homofobia social todavía existe, como por ejemplo en las escuelas: el bullying por homofobia es un problema grave que se tiene que poner en evidencia.

Tengo que aceptar que, aunque sin darme cuenta, fui parte de los prejuicios y estereotipos socioculturales, pero por suerte, puedo hablar en pasado ya que tanto por mi estimado grupo y por el Lic. Alejandro Viedma, cambié.

Alejandro Viedma, coordinador del grupo de reflexión de Puerta Abierta

Mis modificaciones tuvieron lugar por los intercambios con ellos, los cuestionamientos de muchos mitos homofóbicos y compartir sucesos, sentimientos sobre el amor, la amistad y conformación de una red entre pares, charlas sobre cómo afrontar su salida del clóset en el trabajo, debates desde las vivencias personales en torno al sexo, la sexualidad, las familias diversas, los derechos LGTB, etc. Y recién ahí hice un insight, un “ahora me doy cuenta de cómo mis pensamientos prejuiciosos me limitaban” en mi desarrollo personal, la manera de vincularme con los demás, por ende en  mi sentimiento de bienestar.

Por otra parte, en los boliches o páginas de encuentro, siempre noté un lado frívolo y es algo que no comparto, la alienación a la imagen, el divismo narcisista hasta ahora me aburre mucho, pero la diferencia es que antes tomaba la parte por el todo, generalizaba, y después me dí cuenta que los gays no somos todos iguales, ni tampoco tenemos la misma actitud en todos los lugares, al igual que el resto de los seres humanos.

Tal es así que escucho a amigas quejarse, después de ir a bailar dicen: “¡Los tipos están todos tomados, lo único que quieren es echarse un polvo!”. Noto que acá está también la queja por la frivolidad o por lo efímero de lo exclusivamente sexual. Otros amigos heteros comentan también: “Las minas están muy lanzadas, hasta se pelean entre ellas para ver quien se lleva al más fachero!”. Pareciera que la complicación histérica está en todos lados, jaja. Entonces, el lado frívolo está en todos los ámbitos independientemente de la orientación sexual.

No obstante, se puede salir de ese boliche o de lo virtual con alguien y te encontrás con  el otro aspecto de esa persona, como cuando encontré a este grupo. Muchos vamos a bailar o usamos las páginas virtuales, sin embargo, en el grupo pensamos, intercambiamos, nos reímos, profundizamos, nos divertimos, nos respetamos, descubrimos otras miradas y opiniones, otros discursos y, a partir de allí, de ese recorrido, pude habilitarme a tener una vida más amplia donde otras puertas se me abren y nuevos vínculos se constituyen.

Gracias, querido Alejandro, y a todo el grupo porque se derrumba ese muro prejuicioso que construí. Ahora puedo mirar desde otro lugar, de una manera menos totalizadora, ahora lo que internalizo y trato de entender es la diversidad misma.

Mil gracias y cariños a todxs.

Leo

 

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Las lágrimas, una obra sobre la identidad arrancada: la artística, la social y la sexual

En la obra el público asiste al rodaje de una telenovela, intitulada Las Lágrimas, de rotundo éxito de público en la televisión. Su protagonista, la bella Libertad (Urtizberea), y la productora, Victoria (Mockert), tienen un noviazgo en zona de derrumbe. Su excéntrica autora y directora es una señora que se mueve en silla de ruedas, la alcohólica y egomaníaca Edith (Pelicori).

La llegada casi por azar de un nuevo asistente de dirección, Marcelo (Urbaneja), traerá información a los personajes, información sobre el pasado de ellos y del dueño del canal, Leopoldo Acevedo (Aste). Travestismo, una novela en verso, éxtasis mezclado con vino, música electrónica, doblecasseteras, besos que no se dan, virginidad, un caballo que viaja por el tiempo, vómitos, un embarazo y una última cena: una metáfora barroca sobre un país barroco.

Así se presenta la obra de teatro Las lágrimas, dirigida por Mariano Tenconi. Este artista escribió, para Boquitas pintadas, su presentación de la obra.

El amor entre Libertad y Victoria

Por Mariano Tenconi

Las Lágrimas trata el tema de la identidad desde todas las resonancias que nos fueron dadas encontrar. La identidad arrancada, por el genocidio que sucedió en la Argentina en los años 70, pero también las otras identidades: la artística, la social, la sexual.

Un relato atraviesa la obra, y es un relato sobre la militancia en aquellos años pero es, a su vez, una historia de amor. Y como Romeo y Julieta, Titanic u Ocho Cuarenta, del potro Rodrigo, es una historia de amor prohibido (y socialmente prohibido).

Una mujer, una señora de su casa, vive un romance apasionado con su empleada doméstica. Ella, su empleada, la convence de hacer política, de poner el cuerpo. “Ella lo hacía porque la política era su causa. Yo lo hacía porque ella era mi causa”, dice Edith, interpretada por la genial Ingrid Pelicori. “El amor es mi revolución” es una frase que formó parte de mis dos primeras obras.

En Montevideo es mi futuro eterno un profesor de historia argentino se iba a participar del Movimiento Revolucionario Tupamaros y se enamoraba de una periodista. En Lima Japón bonsai un campesino peruano se enamoraba de su secuestrada, la hija del embajador de Japón. Creo en la fuerza revolucionaria del amor y creo también, profundamente, en el vínculo entre lo íntimo y lo político. Por eso una de las metáforas de la Argentina, de la relación de Argentina con su pasado, de la relación de Argentina con su futuro, aparece plasmada en la obra como el romance de dos mujeres: una empleada doméstica y la dueña de casa; un romance atravesado por la Revolución Armada y el cautiverio genocida,

Otro amor de mujeres es central en el relato de Las Lágrimas. El amor entre Libertad (Violeta Urtizberea) y Victoria (Iride Mockert). Las actrices están extraordinarias, no sucumbiré a la tentación de hablar de ellas. Es la relación entre la protagonista de la telenovela y la productora, un amor en crisis que -justamente- confronta dos modos de leer/escribir el amor: el de Libertad, un amor romántico, apasionado, militante (“yo te amo como en el siglo XIX”) y el de Libertad, un amor posmoderno, virtual. Se confronta, también, la importancia de la identidad en el amor. “Si no sé quien soy no puedo amar”, dice Libertad.

Una cosa muy importante, además, para cerrar. Quizás todo esto suene demasiado grave. Amor, política, futuro. Pero Las Lágrimas es, antes que nada, una comedia. Es un enorme ejercicio de libertad. Ojalá puedan verla y notar, antes que nada, lo profundo y conmovedor que puede ser el humor.

 

Elenco: Ingrid Pelicori, Violeta Urtizberea, Iride Mockert, Martin Urbaneja, Fabio Aste. Música original: Ian Shifres; Diseño de escenografía: Oria Puppo; Diseño de luces: Matías Sendón; Diseño de vestuario: Oria Puppo, Micaela Sleigh; Coreografía: Carolina Borca; Realización de escenografía: Valeria Abuin; Video: Santiago Brunati; Fotografía: Soledad Allami; Diseño gráfico: Gabriel Jofré; Asistencia de dirección: Tomas Vio; Producción general, prensa y comunicación: Angela Carolina Castro

 

La obra va los viernes y sábados a las 22:45 en el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543)

Macky Corbalán, la poeta libertaria

Ayer, domingo 14 de septiembre de 2014, a la madrugada en un hospital de la ciudad de Neuquén murió la poeta y activista Macky Corbalán. Había nacido en Cutral Có, en 1963. A ese pueblo le dedicó uno de sus más hermosos poemas: “Tuvo río solo por un día. Arrastró/ casas, perros y/ gente por kilómetros,/ durante un marzo hecho/ enteramente/ de agua”.

En esta nota para Boquitas pintadas, el periodista Daniel Gigena la recuerda.

Macky Corbalán: “La poesía decide por mí”

Por Daniel Gigena

Macky Corbalán, la poeta libertaria

Alejandro Méndez, poeta y amigo de Macky, comenta a propósito de la relevancia del territorio en su obra: “Podría decirse que su poesía, más que visual, es tributaria del sonido, pero no de un sonido cualquiera, sino de aquel que reverbera en esa caja musical  llamada desierto. Cutral Có, Neuquén, que en mapuche significa ‘agua de fuego’, marca el origen; allí donde existió un río sólo por un día, aunque pudiera desmentirlo la geografía, el mito poético lo afirma”.

Más tarde, desde el final de los años noventa, en la vida de Macky Corbalán confluirían plenamente los mitos que la poesía crea, la lucha por la igualdad de derechos para mujeres y lesbianas y su participación en diversas acciones sociales en defensa del medio ambiente (afectado sobre todo por la expansión del negocio petrolero y la desertificación causado por el monocultivo de soja). Además de poeta, fue periodista y asistente social.

En una entrevista con otros tres poetas patagónicos (Luciana Mellado, Mónica Baeza y Jorge Maldonado), declaró: “No hay ninguna decisión de mi vida que no pase por la poesía. Ella decide y, de alguna manera, me lo hace saber. Cuento una anécdota a manera de ejemplo. Tiempo atrás, estuve un par de años sin trabajo, pasándola muy mal (mi edad coincide con la generación que sufrió la flexibilización laboral de Menem, caí justo en esa época aciaga). Trabajaba en diarios y me despidieron.  Entonces, hice de todo: vendí libros por las calles, cobraba cuotas de los planes de autos, atendía en una panadería medio tiempo. Cuando estaba en esa panadería trabajando, empecé a escribir cartas de solicitud laboral con muchos destinos y me enteré de que había una posibilidad de rendir en el Poder Judicial. Tenía mi título de trabajadora social y me presenté junto a un centenar de personas. Rendí una serie de pruebas y me fue muy bien, aunque yo tenía mis dudas. Finalmente gané uno de los puestos concursados; recuerdo que después estuve todo un mes huyéndole al oficial de justicia que me iba a notificar del trabajo. En todo ese tiempo me empezó a acosar la idea de que si ingresaba en una estructura tan cerrada, eso iba a afectar mi poesía. Yo no tenía un trabajo fijo, no tenía obra social, no tenía nada, hasta que un día me mandaron con un policía la notificación, y me notifiqué que no, que no lo iba a aceptar. Hoy en día estaría ganando un sueldo muy bueno, pero estoy segura de que yo no sería la misma si hubiera aceptado ese trabajo. Y esa decisión la toma la poesía, no yo”.

Esa anécdota, además de cifrar el carácter libertario de Corbalán, cede conscientemente al lenguaje poético el control de una existencia afectada por la desigualdad y en lucha contra las injusticias, década a década (siempre hay nuevas además de las de siempre), del presente.

Macky Corbalán también formó parte del grupo de lesbianas feministas Fugitivas del Desierto. Allí también, como con la escritura y la poesía (y la amistad, ese factor imprescindible de la actividad poética), asociada con la lucha política y las acciones callejeras, buscaba “mayor libertad en la vida”.

“¿Quién se acerca

desde el vibrante labio del horizonte,

protegido por una cegadora luz blanca?

 

Quisiera creer que todos lo ven,

y lo esperan. (Pero ¿por qué lo pienso

en masculino? ¿Acaso mi mente puede leer

lo que se acerca y cuando esto es poderoso

lo imagina hombre?)

Miro a los costados,

nadie parece compartir mi digresión,

esta ansiedad, el aire de temor.

 

Se mueve detenido por la lejanía.

 

Aquí, en este lugar de la espera,

todo sigue igual: casas y tumbas se

chupan a los seres con igual codicia;

la piel se enciende en los sueños,

los sueños se acaban cuando empieza el día,

el día termina apenas abiertos los ojos.”

Macky Corbalán, poeta

 

En este fragmento de un poema de Inferno, de 1999, se entrecruzan el paisaje, el ansia vital, el desafío a las jerarquías y la denuncia convertida en canto. “Si pienso en Macky, inevitablemente llegan sus poemas, su aura luminosa, el aliento de Como mil flores o las cadencias de una Conversación. Puro ímpetu y una irreverencia libertaria capaz de unir grandes palabras y detalles nimios de lo cotidiano”, comenta la poeta Andi Nachon horas después de conocer la noticia de la muerte de Macky Corbalán, que provocó sendos homenajes en las redes sociales (lo que, de paso, informa del atraso de los medios gráficos en la difusión de poesía nacional y extranjera). “Obsesiva en sus lecturas, tenía el don de saltar de las recetas vegetarianas a una charla profunda sobre las cartas de  Tsvetáieva y luego contar los juegos de una de sus perritas. Atolondrada siempre, siempre atenta y, sobre todo, especialmente, una de las personas más abiertamente cariñosas que conocí.  ‘Más que la religión, el amor  es materia de fe’, proclama uno de sus poemas. Y así debemos pensar en ella, en su compromiso con la escritura, en su voz siempre alerta a aquello que es preciso decir.”

Desde hace tiempo, los poemas de Corbalán se pueden leer gratuitamente en la Red en el blog Pasajera de Arena. Allí los lectores podrán encontrar resonancias indemnes, sentidos como herramientas renovadas, plegarias laicas. Sandra Escobar Ginés, otra poeta y amiga, sintetiza así el legado que la lectura de sus poemas prometen: “Nos enseñó que lo efímero puede ser, además, luminoso. Comprometida con la poesía, la libertad para todos y todas, y el dolor de los otros, hizo de sus palabras un verdadero arte y tomó parte de la vida a puro sentir-la. Nos queda su letra, nos quedan sus pensamientos, nos queda el amor que nos dio, porque además era sumamente generosa”.

“En Chile opera una sociedad de apariencias: nos gusta ser lo que los otros quieren ver”

El concejal Jaime Parada Hoyl, que estará hasta el próximo viernes en el país en distintas actividades, es el primer político abiertamente gay elegido en Chile. Después vino un diputado que salió del clóset durante la campaña en 2013. No hay más en su país.

¿Por qué ocurre esto? “En Chile opera una sociedad de apariencias: nos gusta ser lo que los otros quieren ver. En gran parte de Latinoamérica esto es así, pero estoy convencido de que está cambiando. En parte porque el prejuicio hacia la homosexualidad se está disolviendo; en otra parte, porque la sociedad está asumiendo la transparencia como un valor; la transparencia de ser quien eres, digo”.

Así lo explica  este político en diálogo con Boquitas pintadas. También habla de su agenda como legislador, de las materias pendientes que a su criterio tiene Michelle Bachelet, que podría haber impulsado una ley de matrimonio igualitario, el rol de Pedro Lemebel en su sociedad, la agresión que sufrió de parte de otro político en el cargo que ocupa, entre otras cuestiones. Aquí el diálogo completo con él.

- ¿Qué motivo lo trae a la Argentina?

- Recibí la generosa invitación del Diputado Maximiliano Ferraro para desarrollar una agenda de activismo y política con distintos actores del mundo civil e institucional. Mi visita se enmarca en una estrategia implícita, común, que es la de internacionalizar la lucha por los derechos civiles y políticos de la población LGBT. Los gringos dicen: “actúa localmente; piensa globalmente”. Esta frase, que fue acuñada con fines de protección medioambiental, se aplica también a la causa de los derechos humanos en todo el mundo. Lo que haga Argentina en materia de derechos civiles igualitarios repercutirá en Chile directa o indirectamente. Y viceversa.

- ¿Cómo observa la militancia en la Argentina?

- Los argentinos son una sociedad politizada en el amplio sentido del término. Chile, en cambio, aún sufre la despolitización que promovió con éxito la dictadura. Aunque este escenario ha cambiado con la irrupción de movimientos y líderes sociales en los últimos años, aspiramos a que dentro de la próxima década la cosa pública sea tan relevante para los chilenos como lo es para los argentinos. Y aunque estoy consciente de que la sobrepolitización (y la “metamilitancia”) tiene sus contras, es mucho más sana que la apatía individualista que padecemos los chilenos.

Jaime Parada, de visita en la Argentina

- ¿Cómo vive el hecho de ser el primer concejal gay declarado en ejercer en Chile?

- En estricto rigor soy el primer político abiertamente gay elegido en Chile, en cualquier cargo. Después de mí vino un diputado que salió del clóset durante la campaña en 2013. En el ámbito trans la cosa es distinta, pues desde hace años Chile tiene una concejala que fue la verdadera pionera; su nombre es Alejandra González. A ella le siguió otra compañera, concejala por Valparaíso.

En lo particular, tuve la suerte de ser elegido en un lugar con alto nivel educacional y, en parte, acomodado. No es un misterio que la homofobia tiene un componente de clase: mientras menos educación, más prejuicios, lo cual en sí mismo es falla del sistema. La relativa posición de privilegio en la que salí electo me ha permitido tener alta valoración de la comunidad y mucha exposición mediática. El resultado de ello es que se me han dado las condiciones para asumir, junto a otros agentes sociales, una voz pública en temas de discriminación y derechos civiles.

- ¿Se sintió discriminado por sus pares?

- Muy poco. Hace poco tuve un incidente con un concejal malversador de fondos públicos (supuestamente) y su esposa, quienes luego de un agrio debate me espetaron un “eres maricón porque fuiste violado cuando chico”. Como esto lo hice visible inmediatamente, y como los vecinos que lo escucharon mandaron una carta de apoyo hacia mi persona, se generó toda una reacción social –hasta nacional, diría- que terminó con este hombre en el tribunal supremo de su partido, al borde de la expulsión. La moraleja es que quien discrimina así en Chile, recibe una sanción social (y una paliza mediática) tan grande, que no se olvidará fácilmente. La segunda moraleja es que la cultura ha cambiado tanto en Chile, y en tan poco tiempo, que me hace pensar que los homofóbicos están perdiendo decidamente la batalla cultural

- ¿Cuáles son sus luchas desde el sector político?

- Tengo una agenda macro, que es la de construir una sociedad de derechos en el sentido más amplio. En esto soy algo así como un aprendiz de Marco Enríquez Ominami, el líder de la tercera fuerza chilena, quien desde la izquierda ha tensionado el sistema al punto de imponerle sus agendas al sector gobernante. Hoy se tramitan en el parlamento dos reformas mayores, la educacional y la tributaria, que fueron propuestas por él en 2009 y que Bachelet sólo mandó ahora, en su segundo mandato (2013).

Yo, gay, el libro autobiográfico publicado por Jaime Parada

En lo personal, me siento conectado con la agenda progresista y trato de llevarla al gobierno local. En Providencia, por ejemplo, cambiamos el concepto de familia que opera para la provisión de servicios municipales; hoy, una pareja gay puede acceder a un plan deportivo familiar en los recintos municipales de la comuna. Eso obligó a un cambio normativo interno que ni siquiera el gobierno central se ha atrevido a asumir; menos otros gobiernos locales. Asimismo, estoy en la causa de la promoción de derechos humanos en los liceos públicos que administramos. Por ejemplo, hoy los estudiantes pueden elegir entre formación de derechos humanos y religión, cosa que antes no existía. Y también apoyo al resto de las diversidades, para lo cual creamos un Departamento de diversidad y no discriminación que trabaja con migrantes, pueblos originarios, minorías sexuales y personas en situación de discapacidad.

- ¿Por qué cree que cuesta tanto asumir la homosexualidad siendo político? (no en su caso pero, en general, los políticos no salen del clóset)

- En Chile opera una sociedad de apariencias. Nos gusta ser lo que los otros quieren ver. En gran parte de Latinoamérica esto es así, pero estoy convencido de que está cambiando. En parte porque el prejuicio hacia la homosexualidad se está disolviendo; en otra parte, porque la sociedad está asumiendo la transparencia como un valor; la transparencia de ser quien eres, digo. Con todo, entiendo que cada contexto es distinto y que, como decimos en Chile, “cada cual sabe dónde le aprieta el zapato”.

- ¿Qué le diría a un político encerrado en el clóset?

- Le diría que puede hacer de su orientación sexual una causa pública, lo que no tiene nada que ver con exhibicionismo. Aquí hay un paradigma que debe instalarse: mientras más visibles seamos, mayor empatía generaremos hacia quienes no nos entienden o no nos quieren ver. Creo que el cambio cultural profundo vendrá por la vía de la visibilidad, incluso más que con el matrimonio igualitario o leyes similares. Empatía es la consigna. Y en este sentido, un político tiene más recursos para hacerse visible que un ciudadano de a pie.

- ¿Por qué escribió el libro Yo, gay? ¿Qué lo impulsó?

- He dicho por ahí que el testimonio es el activismo del siglo XXI. En sí misma, mi historia no tiene nada particular, nada más digno de ser contado que otras. Sin embargo, y conectando con la pregunta anterior, creo que hay que buscar mecanismos para cambiar mentes y corazones por la vía del conocimiento del otro. Si tú lees mi historia, me conoces, y entiendes que mis dolores, que mis luchas, son las de muchísimos homosexuales en todo el mundo, entonces tendrás una chance de conectarte con aquello. Para mucha gente la homosexualidad es una abstracción, algo que saben que pasa pero que no tiene forma. Para otros, “un asunto de cama” en el cual nadie debe meterse. Pues bien: no es ni lo uno ni otro. Los homosexuales somos personas, tenemos caras y queremos plenos derechos. Y nuestra homosexualidad la ejercemos cada día, en cada espacio, pues es tan esencial como lo es la heterosexualidad. Cuando un hetero habla de sus hijos en el trabajo, está siendo eso: un hetero. Nosotros, en cambio, vendríamos a ser algo así como seres hipersexualizados que son gais sólo en la medida que tienen relaciones sexuales. Absurdo.

Una vista de Santiago de Chile

Una vista de Santiago de Chile

- ¿Qué repercusión tuvo el libro en su sociedad?

- Ha sido increíble. El mercado editorial chileno es pequeño y nadie se hace rico vendiendo libros (salvo Pilar Sordo). Mi paga, sin embargo, son los mensajes, mails, tweets, etc. que recibo cada semana y que almaceno religiosamente en un carpeta de mi computador. Lo bonito ha sido que, sin planificarlo, el libro ha contribuido a cambiar conductas. Algunos han salido del clóset al leerlo; otros le han tomado la mano a sus parejas en la calle (cosa que en Chile no se estila) y hay quienes me han declarado su intención de convertirse en activistas. Creo que la gente está ávida de referentes, o de modelos, y en este caso, me tocó ser uno para muchos. Lo digo con humildad y con todos los matices que eso pueda tener, porque –hay que decirlo- si hay alguien poco modélico, soy yo.

- ¿Qué me puede contar de aquel artículo que fue un intercambio epistolar con un familiar? ¿Qué ideas intercambiaban?

- Fue una catarsis de sinceridad y, a la vez, mi puerta de entrada al activismo. Mi sobrino, estudiante de derecho en la universidad del Opus Dei, quiso saber mi visión sobre el matrimonio igualitario. Lo suyo fue un acto de profunda madurez y empatía, pues quiso contrarrestar lo que le enseñaban con lo que vivía su tío. El resultado fue un intercambio de ideas riquísimo volcado en varios mails que, por cuestiones del destino, terminaron siendo publicados en la revista más leída de Chile: The Clinic. Lo que se valoró de ese intercambio es que ambos estábamos situándonos desde la buena fe, desde una mirada no beligerante, poco común cuando se trata de estos temas. La disposición de escucharnos, creo, fue lo que hizo sentido a los lectores, muchas veces acostumbrados al diálogo de sordos entre activistas, políticos y clérigos.

- ¿Qué cree que aún falta en Chile para tener una sociedad más igualitaria?

- A Chile no le falta, más bien le sobra: le sobran iglesias. Lo digo como ironía y en sentido figurado. Católicos y evangélicos (en particular sus cúpulas) han hecho todo el lobby posible para frenar los avances de derechos de las minorías. Lo hicieron con la ley antidiscriminación, lo hacen con las uniones civiles, y lo harán con el matrimonio igualitario. Creo que hoy vivimos una verdadera batalla cultural, representada en un lado por el cúmulo de “verdades” reveladas por la religión, y en otro por el sistema de valores convencionales de los derechos humanos. En esta lucha, creo que el segundo se está imponiendo al primero, pero con lentitud. Nuestro trabajo es seguir peleando para terminar de convencer a algunos que la iglesia y el Estado son cosas distintas.

- ¿Cree que el período pinochetista retrasa la aprobación de leyes como la de matrimonio igualitario?

- La situación es un poco más triste: el período socialdemócrata ha sido un gran obstáculo. Bachelet pudo mandar un proyecto de uniones civiles que estuvo en su programa 2005… ¡Y no lo hizo! Pudo aprobar la Ley antidiscriminación y tampoco lo hizo. Hoy, entiendo, está más convencida, pero como decían los romanos: facta, non verba. Ella tendrá que hacer un trabajo para recuperar la confianza de los electores que vieron en ella a una líder progresista. Hoy tiene la posibilidad de redimirse enviando un proyecto de matrimonio igualitario, pero vemos con preocupación como muchos miembros de su sector se oponen. Imagínese cómo será esto en la derecha: mil veces peor.

- ¿Figuras como la de Pedro Lemebel sumaron en la apertura desde la provocación?

- Decir que sumaron es poco. Más bien ellos fundaron. Son los founding fathers de la visibilidad homosexual en Chile y eso no se los podrá quitar nadie.

 

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