El blog del lector

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Los sábados por la mañana realizaba limpieza general en su casa. Era el único día que su doble jornada en la oficina se lo permitía. 

Primero ponía las sábanas en el lavarropas con el proposito de que estuvieran secas al mediodía y pudiera así tender las camas con las mismas, ya que su sueldo no le permitía renovar mucho de lo que venía usando desde hacía veinte años, cuando se casó con Juan

Él inventaba historietas pero se dedicaba a otros trabajos temporarios. Tal vez sus personajes no resultaban interesantes, por lo tanto no gozaba de un progreso económico.

Durante largo tiempo ella creyó en la magia de la creatividad de su marido y alimentó brasas de ilusión, pero…poco a poco se volvió conformista y murió un sin fin de veces en las viñetas, como un personaje más. Sin embargo, no se enojaba, Intuía que alguna vez existiría un futuro mejor.

Aquella ventosa mañana otoñal Isabel salió, como lo hacía rutinariamrente, a tender la ropa pero se distrajo un momento y una ráfaga traviesa se llevó la sábana que una vez había sido celeste y la más coqueta. Ella desesperada se aferró a una de sus puntas con su mano derecha y se sintió transportada por los aires… cada vez más alto. Al principio se asustó, pero no luchó por desprenderse. Era su oportunidad de volar.

Elevada hacia el cielo, la sábana fue nube que la mimó y acarició. ¡Hacía tanto que no la acariciaban! También fue niña y jugó e hizo cosquillas y ella se sorprendió cuando oyó su propia carcajada¡Hacía tiempo que no reía! Luego fue su música preferida y danzó¿Cuánto

hacía que no bailaba?

Aferrada a su sábana borró la desesperanza de sus ojos y se convirtió en cantaautora de canciones alegres, en arquitecta de proyectos insólitos y supo que su corazón soñador estaba intacto.

Ella no había parido hijos porque Juan estaba en desacuerdo, asimismo cuidó aunque no fue cuidada y brindó consuelo aunque no fue consolada. El viento le daba una oportunidad

Se sintió protegida por su vieja sábana, testigo de noches en blanco y de noches en negro. Se vio hermosa y risueña.

El viento estaba amainando mientras Isabel descendía y se reconocía diferente, plena. La esperanza viajaba con ella.

La querida sábana amiga presintió su intención, entonces decidió brindarle ayuda. Ya en el suelo se transformó en soga y silenciosamente oprimió el cuello de Juan hasta que terminó la historieta de aquella oscura rutina.

Algo después, Isabel tendió la cama y supo que era el fin de sus noches desangeladas.

 

 

Beatriz Morasso

beamorasso@yahoo.com.ar



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Todas las galas de la primavera,

sonidos armoniosos, aroma, color

como si fuera la ocasión primera

promueve exultante, amistad y amor

 

Cuántos sentimientos al hombre genera

calma sus angustias, cura su dolor

cual ícono místico se la venera

sin condiciones en feliz pasión

 

Acaso se piensa como si pudiera

retenerla eterna en el corazón

o esperar  de pronto que cuando volviera

 

con toda la fuerza de nuestra razón

sentirla en el alma como si viniera

a dar  luz al mundo, hacernos mejor.

 

Elias D, Galati

wolfie@speedy.com.ar

 




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Los sábados por la mañana realizaba limpieza general en su casa. Era el único día que su doble jornada en la oficina se lo permitía.

Primero ponía las sábanas en el lavarropas con el proposito de que estuvieran secas al mediodía y pudiera así tender las camas con las mismas, ya que su sueldo no le permitía renovar mucho de lo que venía usando desde hacía veinte años, cuando se casó con Juan

Él inventaba historietas pero se dedicaba a otros trabajos temporarios. Tal vez sus personajes no resultaban interesantes, por lo tanto no gozaba de un progreso económico.

Durante largo tiempo ella creyó en la magia de la creatividad de su marido y alimentó brasas de ilusión, pero…poco a poco se volvió conformista y murió un sin fin de veces en las viñetas, como un personaje más. Sin embargo, no se enojaba, Intuía que alguna vez existiría un futuro mejor.

Aquella ventosa mañana otoñal Isabel salió, como lo hacía rutinariamrente, a tender la ropa pero se distrajo un momento y una ráfaga traviesa se llevó la sábana que una vez había sido celeste y la más coqueta. Ella desesperada se aferró a una de sus puntas con su mano derecha y se sintió transportada por los aires… cada vez más alto. Al principio se asustó, pero no luchó por desprenderse. Era su oportunidad de volar.

Elevada hacia el cielo, la sábana fue nube que la mimó y acarició. ¡Hacía tanto que no la acariciaban! También fue niña y jugó e hizo cosquillas y ella se sorprendió cuando oyó su propia carcajada¡Hacía tiempo que no reía! Luego fue su música preferida y danzó¿Cuánto

hacía que no bailaba?

Aferrada a su sábana borró la desesperanza de sus ojos y se convirtió en cantaautora de canciones alegres, en arquitecta de proyectos insólitos y supo que su corazón soñador estaba intacto.

Ella no había parido hijos porque Juan estaba en desacuerdo, asimismo cuidó aunque no fue cuidada y brindó consuelo aunque no fue consolada. El viento le daba una oportunidad

Se sintió protegida por su vieja sábana, testigo de noches en blanco y de noches en negro. Se vio hermosa y risueña.

El viento estaba amainando mientras Isabel descendía y se reconocía diferente, plena. La esperanza viajaba con ella.

La querida sábana amiga presintió su intención, entonces decidió brindarle ayuda. Ya en el suelo se transformó en soga y silenciosamente oprimió el cuello de Juan hasta que terminó la historieta de aquella oscura rutina.

Algo después, Isabel tendió la cama y supo que era el fin de sus noches desangeladas.

Beatriz Morasso

beamorasso@yahoo.com.ar



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Aquella mañana estaba decidido a reencontrarme con vos. Desperté adolorido; los huesos gastados por el tiempo me reclamaban un descanso. Pero ya habría oportunidad para eso. En ese momento estaba empecinado en ir a verte.

Nuestra hija insistía en acompañarme; pero con la autoridad de padre que pareciera perderse con los años, le dije que me dejara solo.

Estaba tan desorientado sin vos, mi viejita. Pensar que pasamos por tantas cosas juntos y en tantas cosas fuiste más que una amante: fuiste amiga, fuiste hermana… hasta fuiste madre…

Hacía frío. Tal vez yo lo sentía más. Los años alimentan el alma de recuerdos pero también hacen vulnerable al cuerpo.

Yo sólo observaba… tratando de encontrarte en algún lugar entre la tierra húmeda y el cajón de madera escondido en ella.

Soy duro para llorar, pero en un descuido dejé caer algunas lágrimas de tristeza.

Me preguntaba por qué. Por qué se nos castigó con esta distancia tan intangible que no puede cortarse con una carta o una llamada telefónica.

Recuerdo aquel día en la clínica cuando me preguntaste si te iba a extrañar. No supe qué decirte, aunque la respuesta fuera tan obvia: lo que sucedía era que yo no quería extrañarte, si estabas al lado mío siempre, extrañarte era imposible.

Debiste haber notado mi expresión de temor al saber que pronto te irías lejos. Porque me tomaste la mano y me dijiste con una calma casi insoportable:

- Cuanto todo esto pase, volveremos a estar juntos-

Yo me limité a sonreírte, aunque no me causó demasiada gracia.

Me sequé las lágrimas y caminé hacia el parque. Di unas cuantas vueltas hasta cansarme. Contemplé aquel pequeño lugar con sauces llorones, escasos pero gigantes. El suelo estaba cubierto por una capa de césped verde y brillante que desprendía una fragancia que tranquilizaba el espíritu.

Me senté en uno de los pequeños y blancos banquitos que estaban distribuidos por el lugar y seguí recordando tus palabras aquella tarde en la clínica. Eran tan parecidas a lo que solías decirme en nuestra juventud:

- Cuando volvamos a vernos, me prepararás el desayuno y después me llevarás a la feria y allí elegiré las flores que más me gusten. Vos me las vas a comprar; así, cada vez que sienta su perfume, me voy a acordar de vos- repetías con tu voz ya abrazada por los años y la enfermedad que, sin embargo, no perdía su dulzura.

Descubrí entonces que me hacías tanta falta. Necesitaba esa jovialidad infinita tuya que me animaba a hacer las tareas de cada día con ganas y que me alentaban a despertar cada mañana.

Cuando enfermaste, la rutina se volvió pesada y aburrida. Si no iba a verte, entonces me desanimaba y todo me costaba el doble.

En ese momento de meditación me di cuenta de que la vida había perdido total sentido si no te tenía a mi lado; y las palabras que me habías dicho aquella tarde en la clínica comenzaban a descubrir la respuesta a mi incertidumbre…

Parecías tan emocionada, tan ansiosa; en tal magnitud que por un momento llegué a pensar que sentías verdadera alegría por morir.

La soledad en aquel parque comenzó a sofocarme; así que me encaminé al hogar en donde compartí los años más dichosos de mi vida en tu compañía.

Cuando llegué, el teléfono estaba sonando. Me apresuré cuanto mis piernas me lo permitieron para atenderlo. Era nuestra hija. Me preguntó si estaba bien (no, no estaba bien) y si me hacía falta algo (sí, vos me hacías falta). Yo le contesté que no se preocupara, que todo marchaba bien; que no me hacía falta nada. Producto de un inexplicable impulso que me apretaba el pecho y ahogaba mis pulmones, le dije que la amaba y que estaba orgulloso de ella.

Luego corté. El sueño invadió mi anciano organismo y por eso me dirigí a nuestro dormitorio. Me senté en la cama y observé el enorme ropero de madera oscura con sus dos puertas talladas rústicamente y aquel espejo incrustado en el medio donde solías mirarte siempre… te gustaba mirarte en el espejo… A mí me gustaba mirar cómo te mirabas…

Me dirigí al ropero. Abrí una de sus puertas y, apenas lo hice, percibí tu perfume. Un aroma a jazmines y dulce vainilla.

Aún conservaba tu vestido de novia. Lo saqué y lo abracé con fuerza, apretándolo a mi pecho, para inundarme de tu esencia. Luego lo tendí en la cama, en la mitad en donde vos dormías y, del otro lado, me acosté yo.

Cerré los ojos y soñé con el momento en el que nos casábamos. Cuando el cura pronunciaba la frase: “hasta que la muerte los separe”…

¿Hasta que la muerte nos separe? pensé; me pregunté si era posible que mi testarudez y yo permitiéramos que la muerte me alejara de la mujer que fue hecha para mí.

Qué mágico… Cuando abrí los ojos, te encontré a mi lado. Fresca y joven como los primeros días de haberte conocido. Tu piel blanca y suave, aterciopelada… tus mejillas con ese tenue rubor natural.

Dormías. Podía escuchar tu respirar pausado y profundo…

Con cierto temor a que desaparecieras levanté lenta y temblorosa mi mano y con una caricia aparté el mechón de color azabache que te cubría el rostro. Entonces, lentamente,  comenzaste a abrir tus grandes y redondos ojos. Me miraste de soslayo y clavaste tu mirada en mí. Me sonreíste delicadamente.

Levantaste tu mano y acariciaste mi cara. El miedo congeló mis extremidades al sentir tu piel rozando la mía. Entonces, tus finos labios color escarlata se separaron para dejar asomarse el sonido que había esperado escuchar desesperadamente desde que tus ojos se cerraron para siempre en esa desolada clínica.

Era tu dulce voz que me preguntaba casi en nivel de susurro y con picardía:

-¿Acaso no vas a  prepararme el desayuno?

 

Luciana Ast

lucybunny_48@hotmail.com



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La argentina siempre fue una gran germinadora de sueños. No por nada se decía que uno tiraba cualquier semilla en el suelo y ésta crecía.

Hoy en día, si alguien tira una semilla en suelo argentino, seguramente será de soja y sí, con seguridad crecerá. No porque nuestro suelo sea mágico, sino porque siempre encontrará un inversor que la germine.

Eso hacen los inversores, germinan sueños en forma de semillas. Pero a la hora de germinar semillas, en la Argentina solo se analizan dos posibilidades: soja o ladrillos… esa es la cuestión.

Aquellos que poseemos semillas de Nuevas Tecnologías no podemos simplemente tirarlas en el suelo, porque el sol las pulverizará mucho antes de que aparezca un germinador… si es que aparece. Por estos lares es muy difícil vencer al dúo dinámico Soja-Ladrillo, a veces uno hasta llega a pensar que es el malo de la película y se ve tentado de tirar también sus semillas de soja y ladrillos.

Imaginemos por un momento a un Mark Zuckerberg por estas pampas, ingresando a Su oficina, Señor Inversor argentino, presentándole un Facebook en forma de semilla, que para germinar necesita cientos de millones de dólares. No quiero faltarle el respeto a su suspicacia, pero aseguraría a que Usted se hubiese echado a reír a carcajadas, y hasta quizás hubiese llamado a seguridad para que lo retiren y lo golpeen por blasfemo iluso. El mundo, así, no hubiese conocido Facebook y hoy todos seríamos usuarios de MySpace. No soy inversor ni tengo estudios en finanzas pero, mis estimados, sospecho que el germinar ese sueño de Mark hubiese sido una inversión mucho más rentable que el prestigioso y excelentísimo dúo dinámico.

Distinto es cuando a Usted, Señor Inversor, le presentan semillas de nuevas tecnologías en el Primer Mundo. Allí no duda un segundo ni tiene recelo alguno en verter el agua y nutrientes necesarios para que éstas germinen. Es más, recomendará contratar talento argentino tales como diseñadores, programadores, ingenieros; en fin, todo lo que pueda, porque todos sabemos que la Argentina tiene mentes brillantes. ¿Pero… esto no le recuerda algo de nuestro pasado? ¿Cuero y lana, por pulóveres y zapatos? La historia se repite, mi querido inversor, una y otra vez. Ayer el Primer Mundo nos vendía a precios exorbitantes, los productos manufacturados hechos con nuestras materias primas. Hoy, seguimos en la misma: diferentes productos, misma relación colonial.

¡Qué buenos negocios que hacíamos! ¡Y todavía hacemos! Seguimos repitiendo los mismos errores de nuestros inicios, cuando tuvimos la oportunidad de ser potencia y lo echamos todo por tierra al no germinar los sueños de locos ilusos, portadores de semillas de viejas tecnologías de antaño. La Colonia Argentina y la Metrópolis Primermundista sean unidas, porque ésa es la Ley primera.

¡Vamos, Señor Inversor!, comience a creer y confiar de verdad en nuestras materias primas, pero no para exportarlas, sino para darles un valor agregado dentro del país. Germinemos sueños de Nuevas Tecnologías. Empujemos a la Argentina de nuestros bisabuelos, aquella que invertía en el campo y los ladrillos, al Tercer Milenio. Bajémonos de la carreta, Señores. No sigamos admirando con nostalgia y cierta reverencia religiosa al Granero del Mundo que supimos ser.

Seamos más que un simple productor de materias primas. El momento del cambio está aquí y Usted es responsable. Sin germinadores de sueños como Usted, el Primer Mundo seguirá germinando sus propias semillas de Nuevas Tecnologías, utilizando nuestros talentos como nutrientes. ¡Vamos! Usted tiene el poder de comenzar a inclinar la balanza.

Hace ya casi 200 años, arribó al puerto de Buenos Aires un soñador que se animó a germinar semillas de revolución y libertad en esta tierra. Hoy somos muchos los soñadores con semillas de cambios que buscamos quien las germine. ¿Usted, se anima?

Librémonos de nuestro eterno yugo colonial de comprar zapatos y ponchos, hechos con nuestra propia lana y cuero. ¡Señores Inversores: seamos libres, que lo demás no importa nada!

 

 

Por Francisco Sanz
fsanz@fjsolutions.com.ar



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¡Mozo! ¡Otro scotch on the rocks, please! ¡Venga mi alma gemela! ¡My brother querido! ¿Querés que cuente una historia? ¿Qué? ¿Cuánto bebí? Me parece que perdí la cuenta… Pero, hermano, acá todo se da vuelta o un día de éstos voy a agarrarme flor de pedo…

Pero, ¡che! Ya empezás a hablar como un borracho… Me hacés recordar a Oliveira cuando Cortázar dictaminó que se mamara en el Club de la Serpiente…

¿Querés que recite una poesía? “Como un reflejo de la belleza desbordó de violeta la trama de la noche gélida…” ¿Y lo que pedí? ¿Dónde fuiste? ¿A destilarlo a Escocia, papá?

¡Ahora, sí! ¡Gracias master de todos los masters! Ésta la voy a tomar a tu salud… ¡Chinchín! ¿Dónde dejé la novela? En un lugar de la Mancha…

Quién sabe cuántos vasos de vodka se mandó Horacio esa madrugada antes de ahogarse en el río metafísico… ¡Ja, ja!… mientras Gregorovius trataba de levantarse a la Maga…

¡Sí, señor! Estoy seguro: ya tomé cuatro… ¿o cinco? ¡No! ¡Cuatro! ¡Cuatro! Cinco con éste… ¡Qué sé yo! ¡Pero vos interrumpís mucho, chabón! Al final no dejás que termine una…

¡Ya sé! Estaba relatando cuando Cervantes había ubicado a Don Quijote sobre Sierra Morena, en soledad, porque éste había mandado a Sancho para que llevara con Rocinante una carta a su amada… En castellano del siglo XVII la voy a seguir…

¿Vos nunca lloraste amargamente un desengaño? La lágrima se torna incontenible cuando el ofidio te clava el colmillo y te inocula el veneno letal del olvido…

Heme destos contornos prisionero subido sobre la punta de esta alta peña. Con vuestras mercedes árboles, yerbas y plantas compartiré las cuitas del Caballero de la Triste Figura… ¡Uy, Dios! ¡Casi vuelco todo! Pasa que me compenetro demasiado con el personaje… y empiezo a los manotazos y…

Estoy improvisando… Nada literal, ¿eh? Aquí descansarán mis quejas santas por las ausencias de la que merece ser llamada señora de todo el universo, mi Dulcinea del Toboso, la de fermosura sin par…

Porque, ¿no ves? ¡Razonálo, Don Quijote! La disyuntiva no es imitar a Roldán o a Amadís para conquistar su amor… O sí, porque en la rayuela aunque el diablo te pise la cola… si buscás de todo corazón… ahí nomás encontrás el cielo…

Fabián Walter Brasca

fwbrasca@live.com.ar



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Candela: yo tengo 54 años y no te conocí pero quiero contarte el país donde yo vivia cuando tenía tu edad.

Este era un lugar para vivir maravilloso te doy algunos ejemplos la gente era mas solidaria, los vecinos del barrio se preocupaban por el problema de otro vecino se tomaba mate en la vereda hasta pasada la media noche.
Cuando terminabas la primaria tus padre te decían si no queres seguir estudiando tenes que trabajar; la cultura del trabajo era sagrada.
El respeto al los ancianos era una cultura como tambien si viajabas  en un colectivo cederle el asiento a una persona mayor o a una embarazada las mujeres se las dejaban subir primero.

Las maestras y los policias se los respetaban porque ellos nos enseñaban y nos cuidaban el policia del barrio era como de la familia.  Los ladrones eran profesionales no se le robababa a los trabajadores y mucho menos a los jubilados.

Dormíamos con ventanas y a veces nos olvidábamos de cerrar las puertas
en el colegio festejabamos las fiestas patrias con mucha alegría. Caminabas por las calles tranquilo,  no había piquetes si tenias algun problema solo bastaba buscar un policía y te lo solucionaba.

Todo esto y muchos ejemplos mas te podria dar vos y tu generación viven un país muy distinto el pais de la corrupcion de gobiero militares y gobienos populares donde la cultura del trabajo ya no existe donde el respeto a los ancianos tampoco donde vale todo robar matar violar nada pasa estamos acostumbrados .

Un país que los maestros no tienen el repeto que se merecen que en la policia no confias donde todo vale; es por eso nena que los de mi edad te pedimos perdón por no haber defendido todos esos valores tan lindo que te cuento.

Bueno descansa en paz que Dios te tenga en sus brazos quien no te conoció pero esta muy triste por que no estés más.

Ricardo Varela

varela_ricardo@hotmail.com



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El calefactor y el sofá le ocasionaban una modorra increíble después de otro duro día de trabajo. No podía leer acostada sin que el sopor le quitase el libro y aun dormitando soñaba con ese universo fantástico de Las Mil y Una Noches. Era Cheherazada contándole un cuento al sultán de las Indias, su eposo Chahriar, cada vez que su hermana Dinarzada la despertaba antes del amanecer.

Cuando abrió los ojos, vio la noche púrpura atiborrada de estrellas pese a que el plateado deslumbrante de la luna llena les restase brillo. Levantó el libro apoyado sobre su pecho y retomó su lectura: “Noche setecientos setenta y siete”. Decidió leer en voz alta para despabilarse. Se sumergió así en las preocupaciones del sultán porque su yerno, Aladino, no había finalizado una de las veinticuatro celosías del palacio que había ordenado al genio.

Después, sus párpados cayeron pesados y esa vez fue la princesa Badrulbudur vestida con gran boato que llegaba al alcázar, rodeada por toda la guardia oficial para comenzar su vida de recién casada con Aladino.

—¡Daniela! ¡Son las ocho! —gritó su madre desde la habitación.

—¡Ya voy…! —contestó aturdida aunque trató de leer rápidamente un nuevo párrafo.

Vencida soñaba con Aladino que frotaba la lámpara, mandaba al genio para que llevara el antibiótico a su madre y adornara la ventana que faltaba con la mismas piedras preciosas que las demás.

—¡Dale nena… que se pasa la hora del remedio…! ¿¡Te quedaste dormida!? —reclamó su madre en un tono aún más severo.

Daniela se irguió y se desperezó dispuesta a satisfacer la demanda, pero antes encendió el plasma mientras imaginaba cómo le gustaría vivir en aquel paraíso oriental encantado. Sólo quería saber el pronóstico climático, pero desde el noticiero estaban informando sobre las guerras interminables que convulsionan sangrientamente al mundo oriental.

 

Fabián Walter Brasca

fwbrasca@live.com.ar



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¡Habla!. Te estoy mirando y me doy cuenta,  de que lo único que queres es criticarme. Ya arrancaste, porque no te callarás. ¿Si decime?  Ahí arrancas con tu perorata sobre Sabrina , la prima de Sabrina,  el marido de Sabrina, el perro salchicha de Sabrina y bla bla bla,   te aclaro no tenes razón, pero la respuesta fácil siempre es más sencilla. ¡Que barbaridad! No tenés la capacidad mínima de reflexionar y de mirarte interiormente. Tu único placer parecería ser criticar a todos y a ninguno  cuando alguien  te hace notar lo que estas haciendo. Te escondes detrás de esa supuesta sapiencia, que pensas que te ennoblece. Si gracias, con azúcar por favor. No queda otra más que seguir con lo que no puedo terminar porque ya es costumbre. Este ritual del chisme me rompe bastante las pelotas, en fin. Indudablemente, también estoy atrapada, empiezo a sentir la necesidad, de saber, si el marido de Sabrina, es bipolar o no. Decime: ¿Es para internación?, Dale, me encantaría otro café. Y sin querer o más bien queriendo, no soy tan virgen como María y en definitiva, esto del chisme, me encanta. Mientras no se trate de mí.

 

Mariana Sallabery

Marianasallaberry@hotmail.com

 



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El día Domingo 14 de Agosto fui convocada a ser presidente de mesa para las elecciones primarias. Días antes realice el curso correspondiente y el día indicado me presente en la mesa que me correspondía ( N° 3062 de la ESC°12 Facundo Subiría, Franklin 1836, Capital Federal).

 

Tengo 21 años y en oportunidades anteriores ya había sido autoridad de mesa, habiéndome anotado voluntariamente ( al igual que para las primarias) por la remuneración económica que ofrecen, ya que luego de 6 meses de búsqueda aun no encuentro empleo.

 

Cuando me presenté en el colegio, alguien ya había recibido la urna de la mesa en la que me asignaron por lo que fui destinada a otra mesa por el delegado de la cámara electoral, el mismo es el máximo referente del juzgado electoral dentro de las escuelas. Luego de que el delegado me cambiara de mesas y funciones durante toda la mañana a las 13hs. me informó que de las 3 personas que había en cada mesa solo dos iban a cobrar la remuneración prometida. Lo que generó un gran caos dentro del colegio ya que no estaba terminado quien no iba a cobrar la remuneración. Debido a semejante falta de respecto para todos las autoridades de mesa que estábamos ahí desde las 7.00hs y debido a la ineficiencia para dar respuestas concretas del delegado electoral tuve que dirigirme personalmente hacia la comisaría N°50 correspondiente a mi zona con el objeto de hablar con la superior del delegado del colegio.

 

Una vez que llegue a la comisaría me informaron que la delegada no se encontraba por lo que pedí hablar con algún otro referente del juzgado electoral. Ellos me informaron que desde la cámara del juzgado electoral decidieron convocar como autoridades de mesa 1 presidente y 2 suplentes pero que solo planificaron el pago de 2 autoridades ya que calcularon una ausencia por mesa.

 

Como joven ciudadana argentina sentí esto como una gran falta de respeto y más en un día de elecciones. Nuevamente las autoridades juegan con nosotros sin importarles nada, nos pisotean, nos hacen sentir impotentes y no dan la cara.

 

Para finalizar el día alrededor de las 15hs. tuve que volverme a mi casa, indignada por la situación, decepcionada por este país, enojada con la ineficiencia…

 

Cecilia Zanniello

ceciliazanniello@gmail.com