
Comentá (9)
Las definiciones clásicas dan cuenta de la ilusión como la percepción deformada de un objeto real. Algo hace que no podamos identificar aquello tal como lo que es (o como es visto por los demás). Esta alteración de los sentidos puede deberse a la falta de atención necesaria o suficiente, a alguna alteración afectiva que active nuestras fantasías o como consecuencia de un elevado nivel de expectación o expectativa (el deseo de ver, escuchar o sentir algo en particular).
Dejemos en claro que cuando hablamos de ilusión hacemos referencia a la percepción, ajustada o no, de un objeto real y concreto. Es campo de las alucinaciones ver, escuchar o sentir algo que no es o que no está realmente presente.
Esta última posibilidad, la de las expectativas, es la que nos abre la puerta a la inmediata asociación que solemos hacer de la ilusión en relación con la esperanza o el deseo que nos motiva a diario. ¿Quién no mantiene encendida la llama del optimismo y la esperanza con la ilusión de que algo bueno (o algo en especial) pueda ocurrir en cualquier momento?
Leer la entrada completa »
Comentá (2)
Tal vez la autoridad que hoy día muchos le asignan al GPS (Sistema de Posicionamiento Global) nos ayude a entender que “recalculando” no es otra cosa que “desandar para llegar a destino”, “repensar lo que creímos podía ser el mejor camino”, “encontrar mejores rumbos”. Algo así como, más allá del GPS, “desaprender para aprender”, “desapegarse para aprender a vincularnos de otra manera”.

Seguramente en muy pocas oportunidades nos hemos puesto a pensar en cuán importante es librarnos de ciertos conocimientos aprendidos. Por el contrario, solemos creer que aprender es sumar o acumular, cuando, en definitiva, el verdadero aprendizaje pareciera ser la capacidad de renovar, actualizar o perfeccionar conocimientos (“encontrar mejores rumbos o nuevos caminos”).
Leer la entrada completa »
Comentá (5)

¿Qué habrán soñado hace 30 ó 40 años nuestros padres? ¿Qué habrán pensado para nosotros? ¿Nos habrán imaginado felizmente casados, con muchos niños, viviendo en una casa grande y propia; exitosos, gozosos y relajados, andando en autos espaciales y asistidos por robots domésticos.? ¿Habrán entendido que “en el tiempo de sus hijos” las cosas han pasado por otro lado? ¿Lo habremos entendido nosotros o seguiremos esperando que nos aprueben y nos quieran tal como nos soñaron? ¿Seguiremos usando sus manuales?.
Ahora, estamos nosotros en ese lugar. Somos nosotros los padres o, al menos, arrastramos el deseo de serlo. ¿Podemos suponer qué será de nuestros hijos en 30 ó 40 años? ¿Qué soñamos para ellos? ¿Qué herencia les tenemos reservada?.
La realidad de “estos tiempos” en nada se parece a la del “tiempo de nuestros padres” y, seguramente, ocurrirá lo propio en unas décadas más. En este laberinto de espejos, donde todos nos miramos, copiamos y construimos nuevas imágenes e identidades, es oportuno y necesario preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo con nuestra paternidad o con nuestro proyecto postergado de paternidad? ¿Qué tipo de padres somos o podríamos llegar a ser? ¿Para qué queremos ser padres? ¿En manos de quién dejamos la educación de nuestros hijos?…
Leer la entrada completa »
Comentá (6)
Sigmund Freud creía que el amor era la mitad de la vida de una persona. Suponía que alguien gozaba de buena salud psíquica si estaba en condiciones de amar y de trabajar. Más allá del psicoanálisis, no existe modelo o línea de pensamiento que hoy pueda oponerse a la idea de que, en definitiva, el amor es el motor de la vida.
La Nación Revista, nota de tapa, domingo 30 de octubre 2011.-
Leer la entrada completa »
Comentá (2)

El termómetro del orgullo puede ser una buena medida para descubrir cuán satisfechos estamos con la vida que llevamos. Tal vez resulte algo ambicioso y, bajando un poco la exigencia, al menos por hoy nos alcance con responder: ¿qué hemos hecho o logrado que nos despierte cierto sentimiento de satisfacción personal?
El buen orgullo, en definitiva, viene a darnos cuenta de un autorreconocimiento o mérito por algo propio o relacionado con uno mismo. ¿Qué logramos identificar como meta alcanzada? ¿Cuál es nuestro pequeño o gran éxito en la vida?
Leer la entrada completa »
Comentá (5)

La de hoy es una invitación a reflexionar sobre cuán pendientes estamos de la vida de los otros. No hablo, precisamente, de “solidaridad” y “empatía” ni tampoco de la dosis justa de “curiosidad”, necesarios todos para vivir en sociedad. Lo que se propone con esta mirada, es revisar cuán partícipes somos de esta costumbre histórica de vivir colgados de la medianera, pendientes de qué hicieron o hacen los de “al lado”; en la mayoría de los casos, en definitiva, sólo para no hacernos cargo de nuestras carencias, miserias o vacíos existenciales.
Siempre es más sencillo ver en los otros aquello que no toleramos de lo que nos devuelve el espejo. Siempre es más cómodo vivir de la crítica o la burla que atreverse a los riesgos de un proyecto personal (el que se pueda, por más sencillo que parezca). Siempre es más fácil criticar o envidiar al otro por lo que tiene que preguntarse qué debería hacer para conquistar eso que, aparentemente, tanto quiero para mí. ¿Estaremos, acaso, buscando lo que deseamos o sólo queremos tener lo que tienen los otros?, ¿seremos merecedores de eso que tanto nos interesa?, ¿estaremos haciendo lo conveniente para conquistarlo?… ¿cuán dueños somos, en definitiva, de nuestros deseos e insatisfacciones?
Leer la entrada completa »
Comentá (6)

“Espejito, espejito… decime: ¿hay alguien más bella que yo?, ¿por qué seré tan feo?, ¿por qué ella sí y yo no?, ¿qué es la belleza?”
Maldito espejo, juez y verdugo de tanta estética caprichosa y pocas veces saludable. Pobre espejo, cansado de tanta demanda, sostén de tantos niveles de narcisismo e inseguridades.
¿Qué ves cuando te ves? Es tan subjetiva y abstracta la belleza que tan sólo podríamos hacer conjeturas al respecto. ¿Quién puede definir qué es bello y qué es feo?
Leer la entrada completa »
Comentá (6)

El tiempo parece ser “el mal de estos tiempos”. Nada nos alcanza, ni siquiera las horas para cumplir con todas las exigencias y demandas (propias y de los otros). Así, adictos a la maratón del reloj, cocinamos a fuego lento nuestros deseos, metas, posibilidades e insatisfacciones. Comencemos con una pregunta concreta: ¿en qué empleamos a diario nuestro tiempo?
Leer la entrada completa »
Comentá (7)

Son tantas las puertas que abre la tolerancia que, ante todo, deberíamos coincidir en que se trata de ser flexible y tener apertura ante la diversidad. Tolerar es aceptar que alguien sea, piense, sienta y haga distinto de lo que uno hace, de lo que nosotros hacemos. Tolerar es aprender a convivir, incluso con lo que uno no comparte o desaprueba. Sin embargo, tolerar no es resignar ni vivir sumiso a las creencias, sentimientos o principios de los otros. Las reglas básicas de tolerancia corren para todos por igual. Tolerancia es respeto mutuo, libertad, democracia, compromiso, conciliación, solidaridad. Frente al desacuerdo o la diferencia, ¿quién tiene la verdad?, ¿quién dice lo que debería ser? No hay verdades absolutas, sólo leyes o códigos, hombres mediante, que pueden llegar a establecer cierto orden y armonía o reparar el error o daño eventual.
Leer la entrada completa »
Comentá (7)

¿Qué buscamos con tanta intensidad? ¿Cuál es el verdadero deseo? ¿Por qué cuesta tanto llegar? ¿Vale la pena tanto sacrificio y cansancio? ¿Por qué nos cuesta tanto perder el peso de la culpa y la insatisfacción? ¿Por qué siempre tenemos la sensación de que nos rige el mandato social del “cada día, un poco más… “? ¿Cómo salir de esta rueda de estrés y ansiedad?
Todo parece ser más complejo y lejano en tiempos en los que aumentan las demandas, exigencias y ambiciones. El ideal de satisfacción parece estirar la línea de llegada, “cada día, un poco más”, hacia lo bello y perfecto, aparentemente, reservado para otros. Sin embargo, pese a todo, de lo que se trata cada día es de persistir en el camino por conquistar aquello que nos acerque, “cada día, un poco más”, a eso que creemos es “la felicidad”.
Leer la entrada completa »