El primer “container restaurante” de crepes

 

El estudio de Mariana Flombaum Arquitectura & Interiorismo estuvo a cargo del proyecto de Urban Crepe, el restaurante sustentable, construido con un viejo container reciclado y dotado de un jardín vertical en el Distrito Arcos.

Con foco en la materia prima y la elaboración artesanal Urban Crepe, se inscribe en la corriente del “fast good”, comida sana para comer al paso.

Al igual que los “food trucks”, los “container restaurants” son transportables (se pueden montar en un nuevo espacio) y son autónomos, ya que cuentan con instalaciones eléctricas y sanitarias.

Este es el primer proyecto de Mariana con containers, unió dos tendencias fuertes a nivel mundial: el reuso de un elemento originalmente con otra función y de corta vida (máximo 14 años), y la incorporación de la naturaleza en un lugar urbano y de forma inusual. Tardó sólo 2 meses en terminar el restaurante desde que compró el container hasta su realización final.

“En solo dos meses, ese container que estaba destinado a ser chatarra se transformó en una crepería con un fuerte espíritu industrial y contemporáneo. Ha sido un proyecto diferente a lo que venía haciendo y me provoca mucha emoción haber podido resignificar una simple caja de metal en desuso en un auténtico restaurante, dándole una nueva vida y cambiando su historia”, cuenta la arquitecta.

El container se mide por metros cúbicos (ancho, largo y alto), porque como se usa para transportar mercaderías necesitas saber cuantos metros cúbicos podes llenar. Está pensado para estar al aire libre, por lo que tiene una conservación de temperatura muy buena porque sus paredes son aislantes. Por estas propiedades, Mariana eligió utilizar un container para realizar este micro restaurante que iba a estar al aire libre.

Lo compró en el 2013 en un depósito de containers en Brandsen. Lo cortaron ahí y lo armaron en otro taller. El precio fue de $40.000 cortado, después tuvo que pagar la grúa para llevarlo. “Todo tiene que estar en regla, no podes comprar un container en cualquier lado, porque tienen patentes como los autos, si lo trasladas y no tenes los papeles podes tener problemas” dice Mariana.

Para adaptarlo al espacio, se cortó a la mitad un container chico (de seis metros de largo), siempre bajo la premisa de conservar la mayor cantidad de partes originales y respetar su espíritu original.

Se mantuvieron sus fallebas y se construyó una puerta para la entrada y salida del personal y una gran ventana para atender al público. La medida final del restaurante quedó en 3 por 2,50 metros y pueden trabajar adentro hasta 5 personas.

Se lo adaptó para que pueda funcionar con todas las instalaciones eléctricas y sanitarias de un restaurante tradicional, con aire acondicionado, cámaras, computadoras y máquina registradora.

Se lo pintó de verde porque se mimetizaba mejor con el exterior y remitía a los colores de la marca: maíz y verde. El container original era azul, se le hizo una pátina para que parezca original y gastado.

En una de sus paredes exterior, el restaurante tiene un jardín vertical de 3 metros por 2,60 que se autoabastece por un sistema de riego por goteo. Lo verde es una barrera contra el frío y el calor, lo que permite conservar la temperatura.

Mariana lo trabajo con la empresa Gwall, que conoció cuando realizó el jardín vertical de Bodegas del Fin del Mundo. Para armarlo utilizaron una membrana geotextil, a la que le hacen una especie de bolsillos, los cuales se cortan y se le van colocando los plantines. Cada uno tiene su goteo con agua y nutrientes.

El riego es sistematizado, en verano es mayor, en invierno es menor. Lo que requiere este jardín vertical es una poda y mantenimiento una vez al mes.

Debajo del cartel con la marca, se puso lo que no querían que se viera: la unidad exterior del aire acondicionado y el tanque de riego y de nutrientes del jardín vertical. El desague está debajo del container y tiene un filtro de grasa.

El container esta sobre unas patas que tienen en la base goma con chapa de acero y hormigón adentro para que tenga flexibilidad y no sea punzante en el piso.

Para disfrutar relajados los ricos crepes, hay un lugar al aire libre a tono con la estética industrial y ferroviaria del lugar. Con mesas de tapas de chapa diseñadas en forma exclusiva por La Feliz (marca del diseñador Patricio Lix Klett) combinadas con unos silloncitos, inspirados en el modelo Cable típico del Paraguay, con estructura de hierro y cables de color verde.

Los crepes son preparados a la vista. El menú, diseñado por Luciano Bick, cuenta con 16 variedades de rellenos de crepes con un tamaño extra large: ocho salados y ocho dulces, más un crepe del día sorpresa.

Más datos:
En estos meses, Urban Crepe, abrirá nuevas sucursales: la próxima es en Paseo Alcorta y la siguiente, en pleno centro porteño (Moreno al 800). La sucursal de Paseo Alcorta, además, contará con una línea especial para celiacos.
www.marianaflombaum.com.ar
www.urbancrepe.com.ar