Las estatuas no se mudan

 

 Las estatuas no se mueven. No está demás recordarlo en la celebración de la semana de la Independencia, que tuvo y tendrá siempre en San Martín la figura señera, cumbre de la gesta continental. ¿Qué hubiera pasado, por ejemplo, si por capricho de una autoridad se hubiera decidido mudar de su emplazamiento la estatua ecuestre del general San Martín, ubicada en  el Central Park de Nueva York, (foto)  como una coronación  natural de la 6° Avenida o Avenida de las Américas, que exhibe en el último tramo el escudo de la Republica Argentina?

El monumento realizado en bronce muestra a un San Martín que de tan conocido se vuelve familiar. El brazo en alto, el gesto típico, inconfundible, lo ha convertido con los años en una referencia del mapa urbano de Manhattan. Fue un regalo de la ciudad de Buenos Aires a la de Nueva York en 1950, con motivo de la celebración del año del Libertador San Martín.

Por la cercanía, se impone otra referencia inevitable del paisaje neoyorquino, también punto neurálgico del lado Oeste del Central Park. Hablamos de Columbus Circle, esa rotonda que tiene en el centro una columna y en la cima un Colón de pie, imponente, (foto)  muy parecido a La estatua de Buenos Aires, que por razones -todavía  inexplicables- no está más en la plaza que lleva su nombre atrás de la Casa Rosada .

La historia se escribe con grandes epopeyas pero también con gestos simbólicos que resultan una manera tangible de representar la amistad entre los pueblos. Ignorar el lugar que ocupan Colón y la carga simbólica del gesto de la colectividad italiana al regalar la estatua del navegante genovés es ofensivo. Ese monumento confirma el lugar de Italia en el adn de los argentinos; es la manera de hacer visible una relación de amistad y de respeto; o, si se prefiere, de respeto por la amistad. Las estatuas no se mueven salvo que lo que representaron en el pasado sea ominoso en el presente.

Con el monumento de Colón, los italianos de la Argentina decían gracias para siempre por haber encontrado en nuestra patria la tierra prometida. Ignorar ese mensaje es grave. Es escribe no entender cómo se escribe la historia.

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