Cuánto vale un cuadro? Dilema de expertos

 

Una vez más y van… Lady Hambleden, aristócrata inglesa, decidió achicarse y vender muchas de las cosas que tenia en su “manor”. En el nuevo cottage no entraban las sillas Luis XV, ni las tapicerías de Aubusson y muy pocos de los cuadros heredados. Por lo tanto, en 2013 mandó a subasta más de 300 lotes y, entre ellos, un dibujo de la catedral de Salisbury, catalogado por Christie’s, como “obra de un discípulo de John Constable”,  junto con Turner, el gran paisajista británico del siglo XIX. El día de la venta, sin pena ni gloria, el cuadro cambió de manos por 3500 esterlinas, unos 5200 dólares. Pero, y este el quid de la cuestión, el comprador resultó ser un art dealer que vio “algo” en ese paisaje. Lo mandó a limpiar y consultó a la experta Anne Lyles, curadora de la Tate Britain. La historia está hoy en la tapa del The New York Times y sirve para continuar la saga, registrada en este blog, de los problemas que surgen cuando la catalogación de una obra de arte no es la correcta. Pasó con el Carracci , y los Ravenna  todavía lo sufren. Pero también con Pontormo y con Caravaggio. Limpio y catalogado como lo que era, un verdadero Constable el cuadro se vendio en 5,2 millones de dólares en Sotheby’s. No quiero ni pensar lo que debe sentir Lady Hambleden.

Nunca más oportuno mirar con lupa este tema, cuando faltan dos días para la apertura de la feria de Maastricht, oficialmente llamada TEFAF (The European Fine Art Fair), que en la pequeña ciudad holandesa monta con alfombra roja el mejor conjunto de antiques, viejos maestros y, también, arte contemporáneo. Allí estará la crema de los expertos, entre ellos Thomas Gibson, bien conocido por los argentinos, que exhibirá un Matisse.  Lo que pase en Maastricht se sabrá en pocos días . Lo que pasa hoy es un hecho:  para saber la cotización de una pintura del siglo XIX para atrás se necesita la mirada de un experto. Equivocarse puede salir muy caro.