Buenos Aires, color piedra París

 

Impecable  conferencia de Fabio Grementieri sobre la arquitectura francesa en Buenos Aires y en la Argentina. Fue anoche en el salón comedor de la Embajada de Francia (arriba) inspirado en el gran salón del Palacio Real de Oslo. Resultó una grata oportunidad para revisitar la espléndida residencia, ex Palacio Ortiz Basualdo,  restaurada según los mejores estándares internacionales de la corriente del Beaux Arts, que tiene en Buenos Aires ejemplos notables. Iniciativa de  los Amigos del Museo de Arte Moderno, a beneficio del MAMBA, o el Moderno, según dice su directora Victoria Noorthoorn, la convocatoria reunió a conocedores y amigos de Francia. Jean Francois Guéganno, Rafaelito Oliveira César, Germán Carvajal, Mimi Bohm, Marion y León Eppinger, y los Santarelli en pleno saludaron a  los anfitriones, al embajador Jean-Michel Casá y a su mujer, encantadora veneciana e historiadora del arte.  Fabio Grementieri  profesor de la UNTDT y colaborador de LA NACION, es un especialista en temas de patrimonio, disntinguido por la Universidad de Notre Dame, Estados Unidos, y autor de libros de alta gama editados por Ediciones Larivière (Dudu von Thielmann, Jean Louis Larivière), un sello editorial especializado en libros de arte y de arquitectura que ha publicado volúmenes consagrados a las influencias alemana y francesa en el patrimonio  de Buenos Aires, entre muchos otros.  La disertación, titulada Del salón al boulevard, comenzó con el  Palacio de Correos (foto arriba) del francés  Norbert Maillart, hoy centro cultural Kirchner, y culminó con la casa racionalista que Victoria Ocampo encargó a Alejandro Bustillo en Barrio Parque (calle Rufino de Elizalde). Muchos piensan que fue obra de Le Corbusier. Error. El arquitecto suizo-francés estuvo en Buenos Aires y planteó proyectos de envergadura, pero no tuvo nada que ver con la blanca fachada que sorprende en tan parisino entorno. El proyecto de Bustillo seguramente estuvo “conversado” con su clienta que quería una “casa moderna”. En cuanto a la piedra París, como se llamó a ese acabado de las fachadas símil piedra, terminó siendo marca de identidad de la arquitectura porteña y uno de sus principales atractivos en tiempos de Turismo Receptivo. De esta tendencia y de  otros temas hablamos en el salón verde celadón coronado de molduras doradas, donde días antes habíamos compartido un grato almuerzo “de mar”, ofrecido por el embajador Casá a Nicholas Bourriaud, director de la Ecole de Beaux Arts de Paris, que voló a Buenos Aires para presentar su último libro Ex forma (Adriana Hidalgo). Herederos de la tradición neoclásica del Beaux  Arts fueron Lanus, Hary, Bustillo, Calvo, Jacobs, Giménez, Sánchez, Lagos, De la Torre, Acevedo, Becú, Moreno, Maillart, Le Monier, Pater y  muchos otros arquitectos que abrevaron en los principios rectores de formas y perspectivas  del Beaux Arts. Ejemplo cabal es la Nunciatura de Alvear y Montevideo. Fue primero de Fernández Anchorena y luego de Harilaos de Olmos, donada al Vaticano luego de la visita de Eugenio Pacelli para el Congreso Eucarístico. Pacelli sería elegido Papa, Pìo XII, y la señora de Harilaos nombrada Marquesa Pontificia.  La influencia francesa comenzó con Maillart, cuando cuando Ramón J. Cárcano le encargó a Tamburini (Casa Rosada) un edificio para el Correo y el arquitecto “presidencial” declinó el pedido por falta de tiempo. El encargo quedó entonces en manos de Norbert Maillart un francés de pura cepa, autor de los proyectos del Correo, el Palacio de justicia y el Colegio Nacional Buenos Aires.  Sensible y erudito, Grementieri remató su conferencia con la relación  entre arquitectura y literatura,  esa alianza que encontró en Victoria Ocampo un paradigma sin discusión. Solo queda recordar que el patrimopnio “piedra Paris” se formó entre 1880 y 1930, la bèlle époque argentina, 50 años de prosperidad económica y paz política (con sus bemoles), en los que nuestro país ocupó un lugar de privilegio en el concierto de las naciones. Altri tempi.