El Colegio Buenos Aires, Monumento Histórico Nacional

Hoy es un día para recordar. El Colegio Nacional Buenos Aires, ubicado en la Manzana de las Luces fue declarado por Decreto Monumento Histórico Nacional. Merecido reconocimiento para el edificio proyectado por el francés Norbert Maillart, el mismo del palacio de Correos y del palacio de Tribunales, único con destino educativo. Construido entre 1910 y 1938, el actual edficio es heredero legítimo de la Ecole de Beaux Arts y domina con su porte magnífico la calle Bolìvar. Fue fundado en 1863 por Bartolomé Mitre y el paso del tiempo consolidó su prestigio y excelencia educativos. Sería, y es, el Colegio Nacional de Buenos Aires, orgullo de la enseñanza pública por la calidad de sus profesores, los valores fundacionales y la pléyade de alumnos que pasaron por sus aulas. Entre ellos Daniel Stamboulian, Luis Agote, Carlos Pellegrini, Josè Ingenieros, Martín Caparrós, Pepe Eliaschev, Hernán Lombardi, Nik, Mario Roberto Alvarez, Alejo Florín y Deborah Perez Volpin. Fue el colegio de mis hijos. Y lo sigue siendo. Es EL COLEGIO. Y ESTÁ TODO DICHO. ARRIBA, la Biblioteca, fachada sobre la calle Bolívar y una clase de dibujo con los alumnos rodeados de esculturas y mármoles.

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El Bicentenario celebrado en el Museo José Hernández

Una mirada sincera y veraz del otro lado del espejo de la Patria Grande es la muestra que se exhibe hasta el domingo en el Museo José Hernández, escala necesaria pero menos frecuentada de la Milla de los Museos. Con curaduría de María Sivia Corcuera y Delfina Helguera, la seleción incluye trabajos de 16 artistas y rinde, a su manera, un homenaje a la fecha patria. El Bicentenario puede ser elocuente en la lectura pampera y personalísima de Luis Tatato Benedit, Marcos López, Benito Laren, Zulema Maza, Nora Correas y Blas Castagna, Chiacho y Gianone, entre otros (ver abajo). Un conjunto eclético, atravesado por la necesaria referencia a la Argentina inmensa, bella y feroz. Benedit  miró a Molina Campos y en su  visión sincrética nos trajo el rancho, la china, la pampa y el universo surero.

El Gardel de Marcos López canta cada día mejor, pero está, también,  la vajilla celeste y blanca, que fue el servicio de mesa usado por  el presidente Victorino de la Plaza en el tren histórico. UN símbolo elocuente de la magna  fecha que celebramos hoy. La escena de los festejos se trasladó a Tucumán, cuna de la Independencia, con su arteria vertebral que es la avenida Mate de Luna y será el  eje de la fiesta federal.  Vaya como motivo de recuerdo, memoria plástica y bella,  esta exposición del Museo José Hernández. Espacio digno y recoleto que bien merece una visita.

Arriba, vajilla usada por el presidente Victorino de la Plaza durante el viaje en tren a Tucumán, para la calebración del Centenerario de la Independencia, en 1916.

 

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Nuevo director en el Rijksmuseum de Amsterdam

Se llama  Taco Dibbits (48) y será el nuevo director del Rijksmuseum de Amsterdam. O si de prefiere, la casa de Rembrandt, donde se exhibe uno de los cuadros más amados y visitados del planeta “La Ronda nocturna”. Dibbits ganó notoriedad por las muestras de Caravaggio y la consagrada al Ultimo Rembrandt, por lejos una de las más conmovedoras que ví en mi vida. Allí estaban los autorretratos del maestro del claroscuro, pintados con un realismo contemporáneo vehemente. Taco Dibbits, es historiador de arte, fue experto en Old Master s de Christie’s y se desempeña en el museo como curador desde el 2002. Su cargo, a diferencia del formato argentino que es determinado por un concurso,fue anunciado por el chairman del board del museo que es, finalmente, quien maneja la finanzas y la agenda de la institución.

Sucede a Wim Pijbes (foto) de 55 años, director desde 2008, quien deja su puesto para dirigir el Museo Voorlinden, una iniciativa privada financiada por Joop van Caldenborgh, magnate de la industria química, que en septiembre abrirá el museo junto a su casa, cerca de La Haya. El millonario tiene un  jardín de 40 hectáreas, algo fuera de serie en Holanda y que prueba la dimensión de su fortuna.. La colecciòn del Voorlinden está centrada en arte moderno y contemporáneo con obras de Matisse, Dan Graham, Henry Moore, Giuseppe Penone, James Turrell, Richard Serra, Ai Weiwei, Rineke Dijkstra, Tracey Emin, Damien Hirst, Anselm Kiefer, Yayoi Kusama… Debutará como director con un retrospectiva de Ellsworth Kelly.

El Rijksmuseum en los últimos años fue el eje de una transformación histórica, una puesta a punto que costó 415 millones de dólares, a cargo del estudio español Cruz y Ortiz.  En 2015 fue visitado por 2,4 millones de personas. Entre sus últimas adquisiciones se destaca la compra, por 160 millones de euros, de dos retratos tempranos de Rembrandt, a medias con el Louvre de París, que serán expuestos de manera alternativa en ambos museos. Entre otras acciones innovadoras, Taco Dibbits, formado en la Universidad de Cambridge, fue responsable de la puesta en marcha de la página web de museo y de la digitalización de las obras que están ahora disponibles al público.

 

 

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10 museos que nos cambiaron la vida

Hoy, Día Internacional del Arte, un guiño cómplice para los museos que nos cambiaron la vida. Aquellos que, como decía Jack Lang, tres veces ministro de Mitterrand, establecieron una nueva manera de relacionarse con el público, Una manera amigable, cercana y lejos de la solemnidad propia de los reservorios del siglo XIX. Arriba, comenzamos la recorrida con la Tate Modern, museo insignia del siglo XXI con su fabulosa Turbine Hall, memoria de la Usina del siglo XIX, que devora al espectador en las fauces de una sala de 100 x 100 metros. Allí mismo Olafur Eliasson nos hizo amar la contemplación del arte como una experiencia gozoza y gregaria en un amanecer deslumbrante. El proyecto en las márgenes del Támesis, frente a la Iglesia de St. Paul, unido por el Puente del Milenio de Sir Norman Foster, sigue vivo y lleva la firma de la dupla de Basilea: Herzog y DeMeuron.

  Despejó el itinerario del cambio la fabulosa transformaciòn de la Gare d’Orsay en el museo del mismo nombre (abajo), resignificado por la italiana Gae Aulenti en los ochenta. Inaugurado en 1986 para albergar el arte del siglo XIX, los impresionistas, el retrato doctor Gachet de Van Gogh;  Moulin de la Galette, de Renoir , y la crema de la crema de las esculturas soñadas (hasta 1914) en una sala de luz cenital que corta la respiración.  Nada de esto hubiera ocurrido sin el gesto voluptuoso y genial de Frank Lloyd Wright, cuando proyectó la espiral de la Quinta Avenida para los Guggenheim (arriba) inaugurada en 1959. Todavía hoy, cuando se remonta la cuesta de esas salas únicas se siente la inmensa energía de Wright, decidido a cambiar la historia y la manera de mirar y ver el arte. El museo en sí mismo es una bella escultura, imbatible.  De todos modos, mi elegido,  como punto de partida de la enorme transformación que hizo de los museos una meca de turismo, una celebración de la vida y un lugar de encuentro de multitudes, será siempre el Centro Georges Pompidou, en Le Marais, Paris. Construido por encargo del presidente Pompidou, fue inaugurado en 1977. Renzo Piano y Richard Rogers, entonces dos jóvenes audaces, ganaron el concurso en 1970 por el proyecto que dejaba libre la mitad del terreno del viejo mercado de Les Halles, para dar vida a una plaza seca de fines múltiples, donde la gente hace lo que quiere, una suerte de ágora contemporánea que prepara el ánimo para la experiencia del arte.  En la fachada de la cafetera (abajo) la fotografía del presidente Pompidou.

Nueva York no sería lo que es sin el MoMA.Todos gozamos de esa terraza al aire libre desde donde mira, por encima del hombro, con displicencia, el Balzac de Rodin. Fundado en un departamento del Upper East por Rockefeller y amigos, es un museo privado con una colección estupenda que incluye Noche estrellada, de Van Gogh; Nenúfares, de Monet; y la Señoritas de Avignon, de Pablo Picasso. Por 25 dólares es el mejor programa de MANHATTAN, sin contar que en The Modern sirven el mejor carpaccio de la isla.

La fecha clave es 1992. Los 500 años del Descubrimiento de América fueron la campana de largada del Guggenheim de Bilbao, museo que le cambió el destino decadente a la vieja ciudad astillero para convertirla en un vibrante destino, lleno de arte y con la mejor gastronomía encarnada por chefs premiados como Martín Berazategui.  El Guggi fue  el resultado de un virtuoso acuerdo entre los poderosos bancos vascos y Thomas Krenz, número uno del Guggi de la Quinta Avenida y el mayor acierto de la sucursal de Bilbao fue el edificio proyectado por Frank Gehry, un pájaro de titanio recostado sobre la ría del Nervión, imágen icónica del siglo XXI. Damos la última vuelta por dos museos cercanos. En casa, Buenos Aires. En la milla de los museos, genial circuito que va de la Colección Fortabat, en Puerto Madero, al Sivori,  en los bosques de Palermo, hay dos escalas obligadas. Primero el Museo Nacional de Bellas Artes, fundado, en 1896, por Eduardo Schiaffino, que funciona en el viejo edificio de bombas de Obras Sanitarias refuncionalizado por Bustillo. Tiene la mejor colección de arte europeo de América del Sur; desde la Bailarina, de Degas;  al Beso, de Rodin y el desnudo níveo (abajo), la Ninfa Sorprendida de Manet. Last but no least llegando a la meta, cerramos este homenaje, en el Día Internacional del Arte, consagrado  a los museos que nos cambiaron la vida, al MALBA, inaugurado por  Eduardo Francisco Costantini en 2001. Exhibe una colección única de moderno latinoamericano y , en estos días, una escultura de Jeff Koons,  Ballerina, de la serie Antiquity. Piezas centrales del patrimonio de malba son Autorretrato con Loro, de Frida Kahlo; Retrato de Ramón Gómez de la Serna, de Diego Rivera; Abaporu, de Tarsila do Amaral y Manifestación, de Antonio Berni. No habrá otra igual. Tampoco tienen parangón en  imaginario gourmet los ravioles de ricota con manteca y salvia de Marcelo, bistró para artys.  Los museos, querido blogueros, están vivos. Dos perlas de Madrid. Abajo, el Museo Thyssen Bornemizsa, inaugurado en 1992 tras el acuerdo firmado entre la baronesa Thyssen, nacida Carmen Tita Cervera, ex Miss España,  y el duque de Badajoz, cuñado de don Juan Carlos I, para la exhibición de la colección del barón Heinrich, que estaba , antes, colgada en Villa Favorita, Lugano, Suiza.La corona pagó por la colección en un préstamo de largo alcance y sumó un museo para cerrar así el triángulo madrileño de las artes, con el Prado y el Reina (abajo). Más de 800 pinturas patrimonio Thyssen se exhiben en el palacio de Villahermosa, acondicionado para ser museo por el arquitecto Rafael Moneo. Finalmente, no se entiende Madrid sin el salto contemporáneo que representó la inauguración de Museo Centro de Arte Reina Sofìa (MNCARS), a metros de la estación de Atocha. Un viejo hospital refuncionalizado, 84.000 metros cuadrados para exhibir arte, lleva el nombre de la reina de origen griego que amaba el arte.La ampliación reciente de Jean Nouvel potencia el marco para  la más auténtica joya de la corona:  el Guernica de Picasso. El cuadro más visitado de España.

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Pon, coleccionista de arte y de buenas cepas

 

Homenaje a un emprendedor que hizo de la Argentina un destino de grandeza

Minjdert Pon , el hombre y el hacedor

Ayer, en una mañana de sol, la familia, los amigos y gran parte del team  “Salentein”,  la empresa que fundó Minjdert Pon en los tempranos noventa, rindió homenaje a un emprendedor fuera de serie, apasionado e inflexible, que a los 60 y pico, cuando muchos piensan en el retiro, inició un proyecto basado en la agricultura, los vinos y el turismo. El encuentro fue en Las Colas, Entre Ríos, un campo vigoroso con casa solariega de arquitectura italianizante (arriba). Una de las primeras estancias de las muchas que compró “Mister” Pon, tras descubrir nuestro país en una de las cacerías organizadas por el príncipe Kinsky. Era un visionario que amaba la naturaleza, el mar, la pampa infinita y la Patagonia agreste. Dejó su huella en el mundo del arte con una lindisima colección de arte argentino que se exhibe en Killka , las galerías de Bodegas Salentein precedidas de un patio interior con obras de Pablo Larreta, Pájaro Gómez Y Jorge Gamarra.

Éste es un pequeño homenaje a un gran hombre en todo el sentido de la palabra. Conocí a Mijndert Pon en Holanda, en el castillo de Nijkerk, cerca de Ámsterdam, con motivo de una muestra de pintura argentina organizada por Sara García Uriburu, galerista, amiga y consejera del holandés en temas de arte. Eran los años noventa y ya se hablaba de las fabulosas inversiones que pensaba concretar en la Argentina; del collar de estancias con pedigree que había formado y, por supuesto, de la intención de hacer del Valle de Uco un territorio para el buen vino como lo era Napa Valley, en California.

Mijndert no era hombre de medias tintas y no solo levantó una bodega escultórica para Salentein, al pie del Tupungato, firmada por la exquisita arquitecta Eliana Bórmida, sino que también se ocupó personalmente de seleccionar las obras para Killka, el pabellón-museo donde alternaba la exhibición de la colección permanente con muestras temporarias de artistas del interior. Obras de Marcia Schvartz, Gorriarena, Minujin, Polesello, Uriburu, Seguí, Benguria, Dermijian, Hoffmann, Kaplan, Heffnner, Bocaccio, entre muchos otros artistas, forman parte de un patrimonio infrecuente en un lugar espléndido.

 

 

Además de hacer un vino de exportación, Pon mantuvo una activa política de difusión del arte argentino en el mundo; formó una colección personal y organizó muestras en galerías y museos para exhibir las obras de los pintores a los que admiraba. Visitaba los talleres y conversaba mano a mano con los artistas sin perder jamás el perfil bajo, algo muy holandés por otra parte.

Levantar un pabellón-museo al pie de la cordillera no es una empresa de todos los días; tampoco lo es levantar el listón de la calidad de los vinos, de las frutas producidas en el sur y del enoturismo, una novedad en el valle mendocino. La primera vez que vi a este holandés enorme, desmesurado en sus proyectos y en su manera de trabajar, venía pedaleando por el parque de Nijkerk con un canasto de naranjas para el desayuno de sus huéspedes argentinas. Antes de escuchar su voz escuché la risa, sonora y vital, la misma que acompañaba las largas sobremesas en la pampa y la apasionada puesta en marcha de la “gesta” argentina en la que el arte resultó un pilar sólido e irreemplazable. Minjdert Pon murió en su Holanda natal a los 82 años el último julio. Un recuerdo especial para Ingrid, discreta e inteligente compañera de una vida, que tanto hizo para que el sueño de M.P. fuera realidad.

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¿Quién pintó este cuadro?

Nueva modalidad para blogueros del arte es esta trivia. Un juego de preguntas y respuestas que nos llevará por museos del mundo para conocer las obras de los más grandes artistas de la historia. La visita guiada tiene como prólogo una pregunta: ¿Quién pintó esta escena maravillosa? Espero respuestas sabias. Por supuesto que ampliaremos el post con toda la data correspondiente. Solo una prueba de martes visuales.

 

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30 años de Casa FOA

Basabilvaso 1233 es el último destino de Casa FOA que abrirá sus puertas en octubre celebrando la 30 edición de la mayor vidriera de la decoración en la Argentina. Arriba, la elegante puerta de acceso por Basabilvaso, típica de un hotel particulier de comienzos del siglo. Fue construida en 1906 y perteneció a la familia Sastre. En la planta baja de techos muy altos, coronados por un vitraux -reciclado-, se ubican los ambientes de recepción, un majestuoso hall de entrada, escritorio, comedor, sala de estar y dos espacios que serán destinados a la escala gourmet siempre necesaria en toda recorrida. Los nombres de Julio Oropel, Pablo Chiapori, Javier Iturrioz y Carlos Galli, unos de los decoradores históricos de Casa FOA que tiene su marca registrada en la Compañía, integran el staff de este año. El derrotero de la exposición ha sido desde su creación el de un éxito en todos los frentes. Todavía recuerdo la primera casa en Quintana al 100, y a Mechita Malbrán de Campos con un tailleur colorado  trepada en una escalera, con un pincel en la mano.

 

 

Muchas casas pasaron desde entonces y el efecto multiplicador de la exposición se trasladó al mercado. La oferta de nuevos materiales, géneros, diseño nacional, objetos de arte, revestimentos, solados, creció de manera meteórica al ritmo de la demanda que exigía objetos de calidad, innovación y , cada día más, una relación entre el interior y el espacio exterior, que diera espacio y protagonismo a la naturaleza. Este depliegue creativo se vio acompañado del desarrollo de una marca capaz de posicionar zonas, barrios y lugares por el solo hecho de asociarse a ella. Durante años la alianza con IRSA resultó una virtuosa sinergia para potenciar desarrollos inmobiliarios en gran escala, y en la actualidad la marca es el título de una revista editada por el grupo Clarin. Estos 30 años marcan muchos cambios en el gusto local, en la permanente vocación por renovarse e innovar (según presupuesto) y sobre todo, fueron años en los que el arte contemporáneo ingresó en la vida privada de la gente con otro protagonismo. Vivir con arte es una conquista  del siglo XXI que ya no tiene retorno. De ese viaje… no se vuelve, en todo caso se dobla la apuesta. La conducciópn inicial de Mechita Campos pasó luego a sus hijas Inés y Mercedes, y hoy lleva la batuta de la organización Veronica Guerrero con el entusiasmo  y la energía que están en su adn. La edición 30 será oportunidad de celebración y también de un encuentro entre decoradores, y galeristas para sintonizar en la misma frecuencia y formalizar lo que de hecho ya es un ejercicio cotidiano entre muchos de sus clientes.  El Palacio Alzaga Unzué , hoy Four Seasons, la casa de Sara Pereyra Iraola camino a La Plata, hoy club house del country Abri,  los docks de Puerto Madero, los silos de Dorrego, el Palacio Alcorta , La Casa de la Moneda, Santa Catalina de Siena, el edificio Larivière fueron todos estos años escenarios increíbles  de Casa Foa. Siempre tocados con esa magia de transformar en tiempo récord el edficiio elegido y su entorno y respetar el patrimonio. Hacer las cosas bien no es fácil, hacerlas bien en condiciones complejas más dificil aún,. y poder mantener la continuidad a lo largo de 30 años… un triunfo. Felicitaciones!.

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El Bellas Artes tiene nuevo guión

 

Con la reapertura del primer piso y el estreno de una sala dedicada a Berni, el MNBA hace una relectura y actualización de su colección de arte argentino en pie de igualdad con el arte internacional. De Curatella Manes a Picasso.

 
Próxima a inaugurarse, la gran sala 29 del primer piso del MNBA es hoy  una sucesión de espacios que sigue la línea del tiempo de la colección original, pero con una renovación en la colgada que no es cosmética sino de fondo. Fue iniciada bajo la dirección de Guillermo Alonso y completada ahora en los tramos finales de la gestión de Marcela Cardillo, mientras está en marcha el concurso para elegir al nuevo director ejecutivo del MNBA. Entre el doctor Alonso y su sucesora, el hilo conductor ha sido el curador Roberto Amigo, cerebro de esta transformación, responsable también, en colaboración con Fernando Farina, director del Fondo Nacional de las Artes, de la adquisición de obras que prolongan las colecciones nacionales hasta los años 90 con obras de Benito Laren, Marcelo Pombo (Winco, arriba), Gumier Maier, Jorge Macchi, Liliana Maresca, Graciela Hasper, Miguel Harte Daniel García, Graciela Sacco y una colección de dibujos de contenido clásico. Algunas obras fueron compradas por los Amigos del Museo (Pombo, Gumier y el clásico geométrico Anselmo Piccoli); otras se adquirieron con fondos públicos y hubo donaciones de coleccionistas como Gustavo Bruzzone y Juan Cambiaso. La recorrida por el primer piso comienza en el monumento fúnebre de Leonardo Bistolfi, de 1910, que indica el pasaje entre el Siglo XIX y el XX; siguen Modigliani y la sala de las vanguardias. Allí está la Mujer acostada, de Pablo  Picasso (Colección DiTella, enfrentada al Pettoruti de los arlequines, a Del Prete y a los equilibristas de Curatella Manes. La potencia formal y escultórica de la pintura del Guttero (Abajo, Mujeres indolentes) sirve de puente en un cruce de líneas y tendencias que respeta una cronología y también los grandes ejes marcados por la figuración, el retrato, la Escuela de La Boca, la vigencia del paisaje, el arte concreto, los Madi, los cinéticos, la nueva figuración, hasta llegar a una potente sala de los ochenta, donde será exhibida la reciente adquisición de una escultura de Liliana Maresca.

Las paredes blancas y la luz cenital potencian los espacios, con algunas pocas notas de color que van del cemento al beige, en las nuevas salas de metros ganados al antiguo auditorio. Se mantiene la sala de arte rioplatense, donación María Luisa Bemberg (Abajo Figari), con las obras de Barradas, Figari y Torres García, entre otros, y la de arte internacional con la Colección Di Tella y los trabajos de Morandi, Rothko, Kline y Henry Moore. Pero las novedades no terminan ahí.

En el tercer piso será exhibido el último tramo de la colección con las obras de los años 90, hecho que subraya la decisión de mantener la colección aggiornada y seguir comprando. Un doble beneficio implica esta decisión: por un lado, dinamizar el mercado; por el otro, correr la línea de tiempo a la actualidad, tal como lo hizo Eduardo Schiaffino, fundador del Bellas Artes, cuando compraba a comienzos del siglo XX los cuadros de sus contemporáneos.

BERNI CON SALA PROPIA
Mención aparte, porque era un sueño de muchos, es la apertura de la sala consagrada al mayor artista argentino del siglo XX, Antonio Berni. Están dos cuadros antológicos como Primeros pasos y Pesadilla de los injustos, y se suman en esta apuesta renovada La siesta, Cristo en el departamento y grabados y esculturas, en un rico contrapunto que demuestra el registro único de este rosarino genial; capaz de pintar superficies lisas y tersas como las telas de Piero della Francesca, o dejar que la materia, los desechos, la violencia y la sensualidad se apoderen de sus pinturas.

 
 

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Visita guiada a la milla de los museos

 

Comparto, amigos blogueros, la recorrida por la milla de oro de los museos de Buenos Aires publicada en la edición impresa de LA NACION, más un toque gourmet para iniciados, locales y visitantes.

La recorrida puede comenzar en Suipacha, entre Arroyo y Libertador, en el Museo  Isaac Fernández Blanco. Una joyita arquitectónica de cuño español que fue la casa de Martín Noel. Tiene un lindo jardín y la mejor colección de arte hispanoamericano: mates, abanicos, grabados, litografías, platería, imaginería barroca y la capilla convertida en auditorio y sala de música de cámara. Detenerse en ese espacio místico y silencioso vale la pena. No hay otro igual en Buenos Aires.

Por Libertador, camino del triángulo de las artes formado por el Palais de Glace , el Museo Nacional de Bellas Artes Bellas Artes y el Centro Cultural Recoleta, en la intersección con Callao está el Marq: Museo de Arquitectura. Una  vieja torre ladrillera de los ferrocarriles, construida por los ingleses cuando eran patrones de los rieles. Tiene un raro formato que sirve, curiosamente, para los fines museológicos. Allí el visitante puede tomar contacto con las últimas tendencias arquis a través de exposiciones muy bien documentadas.

El Palais de Glace se perfila con su cúpula inconfundible en la esquina de Schiaffino. Es la sede de las Salas Nacionales de Exposición y hace añares fue una pista de patinaje sobre hielo, muy bèlle époque, lo que explica, lógicamente, su nombre. Allí se exhiben los Premios Nacionales de pintura, grabado escultura y dibujo.

Al salir rumbo al Centro Cultural Recoleta se impone la presencia majestuosa de la estatua ecuestre del Alvear de Bourdelle. La mejor obra, sin duda, de ese discípulo aventajado de Rodin, que esculpió un caballo de gran porte y un general sin sombrero y con la mano en alto para recibir a los parroquianos en el umbral de la avenida más elegante de la ciudad .

El Centro Cultural Recoleta fue en su origen el Hogar de Ancianos Viamonte y es hoy el más visitado centro cultural del país. La categoría y la variedad de las muestras exhibidas lo convierten en el favorito de locales y visitantes, desde que fue reciclado en tiempos del director  Osvaldo Giesso por tres arquitectos entrañables: Benedit, Bedel y Testa. En estos días se exhibe en la sala J una didáctica exposición de la obra reciente del arquitecto tucumano César Pelli, y al lado, en la Cronopios, la mejor sala del CCR, la retrospectiva de Jorge Dermijian curada por Renato Rita.  Dermijian es  un pintor de raza, perseguido por sus propias obsesiones que son casi las mismas de quienes decidieron, en la huella de Bacon, dar batalla por una nueva estética desde el caballete y la figuración.

Los fines de semana se monta en los jardines vecinos de la Iglesia del Pilar y el Cementerio de la Recoleta una animada feria de artesanos donde hay de todo: desde un tarotista iluminado y cinturones de cuero crudo, hasta collares de caracolas marinas y camisolas de batik.

Basta cruzar Pueyrredón para encontrarse con la cumbre de la milla museística que es el Museo Nacional de Bellas Artes. El edificio supo ser una antigua casa de bombas de obras sanitarias, convertida en museo gracias al talento y buen gusto del arquitecto Alejandro Bustillo.

El museo fundado por Eduardo Schiaffino, crítico de La NACION, en 1896, alberga las colecciones de arte europeo más importantes de América del Sur. Y podríamos, sin pretensiones, extender el mapa hasta México y recordar que la base de esa pinacoteca extraordinaria fueron las donaciones de Guerrico, Santamarina, González Garaño, Piñero, Hirsch, Bemberg y Di Tella, entre muchas otras, sin contar las compras realizadas por el propio Schiaffino.

Para el Centenario, 1910,  el fundador y primer director del Bellas Artes  viajó a Europa por pedido del presidente Figueroa Alcorta con la intención de enriquecer el patrimonio con un puñado de obras maestras.  La colección tiene maravillas: la pintura española de Anglada Camarasa, los dibujos de Piranesi, la bailarina de Degas, el retrato de Modigliani y Picasso, Rodin, Courbet, Sisley, Leger. La lista sigue, pero hay cinco obras en el corazón de esta pinacoteca que merecen más de una visita para cumplir con el mandato del filósofo norteamericano Arthur Danto: “siempre hay que mirar las misma obras porque ellas no cambian pero nosotros sí”

Aquí va el quinteto elegido: La ninfa sorprendida (arriba) , uno de los pocos desnudos que pintó Manet, figurita difícil si las hay.  Mujeres indolentes , un colosal Guttero pleno de sensualidad y erotismo (foto de apertura arriba) ; El despertar de la criada, de Eduardo Sívori,  retrato intimista de pura cepa criolla; La vuelta del malón, de Angel Della Valle (abajo) , memoria de territorio, patria y raza, y Sin pan y sin trabajo,obra maestra de Ernesto de la Cárcova, que es también una carta de identidad del ser nacional.

Consejo: no retirarse del museo sin echar un vistazo a las escenas de la guerra pintadas por Cándido López. Soldado en la guerra del Paraguay, donde perdió su brazo derecho, el manco López  empezó de cero y pintó con la izquierda estas telas apaisadas que lo harían inmortal (foto abajo) .

Próxima escala: el Museo Nacional de Arte Decorativo, previo paso por el Museo José Hernández, consagrado a las cosas nuestras. El Decorativo ocupa el palacio que fue del embajador chileno Matías Errázuriz, proyectado por el francés René Sergent, a quien se conoce como “el arquitecto de los Alvear”, porque diseñó también el Palacio Bosch, hoy embajada de los Estados Unidos y el Sans Souci, sobre la barranca del río pasando San Isidro.

Los retratos de Sorolla de los Errázuriz son una perla. Lo es también  la habitación del joven “Mato” decorada por el maestro catalán Josep María Sert y, por supuesto el gran Salón Renacimiento, un gesto grandioso.

Es tiempo de una pausa y nada mejor que un almuerzo en Croque Madame, ubicado en los jardines del Decorativo, que tiene en su carta un muy recomendable rissotto con funghi y la patisserie,  especialidad de “madame”.

En Figueroa Alcorta y San Martín de Tours está el Malba. Con poco más de una década de existencia es uno de los más populares museos de la ciudad, punto de encuentro para ver buen cine y también destino gourmet, porque Marcello “capo” de la trattoria que lleva su nombre, hace honor a la tradición familiar iniciada en Cosa Nostra. Los ravioles de espinaca y ricota gratinados no admiten reproches.

El  Museo de Arte Latinoamericano tiene una completa colección de la región, con acento puesto en arte moderno, y tres obras maestras:  Abaporu de Tarsila de Amaral, Aurorretato con loro, de Frida Kahlo (arriba) y el retrato cubista de Ramón Gómez de la Serna por Diego Rivera. En estos días hay un doble motivo para recorrer el Malba: la muestra consagrada a Berni en las series de Juanito (abajo) y Ramona, sus personajes emblemáticos. Es antológica. Toda la narrativa  pictórica del rosarino reunida en una exposición montada magistralmente.

Fin de recorrido el Museo Sívori en los Bosques de Palermo. La colección está centrada en el arte argentino de la primera mitad del siglo XX, pero recibe ocasionalmente muestra temporarias de nivel internacional como la del francés Corda, un escultor descarnado y conmovedor. Difícil entender cómo logra el artista hacer hablar a lo materiales que modela. Además de haber disfrutado de obras maestras y de la caminata porteña, la visita guiada tiene premio: un vaso de limonada con menta y jenjibre en el bar del Sivori. Algo así como arte en estado líquido.

 

 

 


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La donación María Luisa Bemberg al Bellas Artes

Recuerdo como si fuera hoy una tarde de primavera cuando María Luisa Bemberg hizo entrega formal de su colección de arte del Rio de la Plata al Museo Nacional de Bellas Artes. Eramos pocos. Ella estaba enferma, gravemente enferma. Peleaba los tramos finales de un cáncer con enorme dignidad. Rodeada de sus hijos, Carlos, Luisa, Cristina y Diego, en una silla de ruedas, confió la emoción de esta entrega afianzada por la generosidad de su familia. Pettoruti, Barradas, Penalba y Figari contemplaban mudos la escena en el departamento de la calle Levene. Periodistas éramos dos, Magdalena Ruiz Guiñazú y yo. Esa colección espléndida, tras muchas marchas y contramarchas, tiene hoy su sala en nuestro museo mayor. Cabe recordar que la cineasta y coleccionista ya había donado al MNBA un luminoso Sisley, gesto que la kafkiana burocracia nacional demoró más de lo que dicta la prudencia en responder. Casi se diría que un abismo separa la actitud de nuestras autoridades de la recibida por sus hermanos Josefina y George, al beneficiar al patrimonio francés con sus donaciones. Va en estas líneas el reconocimiento necesario a una gran mecenas que enriqueció de manera silenciosa nuestra pinacoteca nacional. Gracias María Luisa.

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