Marcos López, la identidad y 200 años, en el CCK

 

“Es un absurdo buscarle una imagen a la identidad nacional: Los chicos zambianos que venden anteojos en Corrientes o los haitianos que venden anillos en Córdoba y Pueyrredón se van a casar con nietas de dueños de supermercados chinos y van a formar una nueva identidad”, dice Marcos López  y sus palabras son la mejor síntesis de la acción desopilante y genial montada en la sala 605 del CCK. Lo suyo excede la idea de un guión curatorial estático y definitivo. Hasta Marcos Lopez, artista y curador, no descarta cambios en la muestra antes del cierre de la misma sobre fines del 2016. Salvo Maradona, que brilla por su ausencia (o no lo ví), el  autor de Pop Latino no se priva de nada. Parece divertirse con el convite variopinto, que va de la cara de Kuitca impresa en un colchón, guiño socarrón si los hay, a las tapas de la revista Gente que son el registro de una época. Los apuntes visuales se vinculan con la “manera” como Marcos López suele disponer en sus obras los elementos de una escena, con un adn publicitario y una mirada socarrona y seria al mismo tiempo. Son verdades narradas con paleta subida, pero son reales y forman parte de la historia argentina. La bañista de la tina inmortalizada por Prilidiano  Pueyrredón, cuadro icónico de la colección del MNBA, está dentro de una pelopincho. Y los rostros marciales del San Martín y Güemes lucen estampados en un colchón. López se cuestiona la idea de identidad como algo canónico, más aún, dice,  en el país de “Lucas Prodan, un italiano que canta en inglés la guerra de Malvinas y vive en la Argentina”. En este fresco de costumbres argentinas, el mejor intérprete sigue siendo Berni, un pintor popular, extremo y sin límites, capaz de pasar de la dramática pintura  Desocupados, atravesada por la cuestión social de la crisis del 30,  a Chelsea Hotel con la rubia despampanante coqueteando en un hotel neoyorquino. Todo esto con el fondo de un Chateau de la Loire, kitsch absoluto, en la caja arquitectónica del edificio salido del tablero de Norbert Maillart, francés, contratado por Ramón J. Cárcano para hacer el mejor  correo de América. El mismo Palacio donde recibió a los invitados Diana de Gales, cuando todavía era princesa,y que en los 90 fue sede del Correo Argentino concesionado a Franco Macri. La muestra fue inaugurada el martes por el Ministro de Medios Hernán Lombardi y por la Directora de Artes Visuales del CCk, Gabriela Urtiaga. La visita es gratis.

De la década menemista queda también la despampanante imagen de la ingeniera privatizadora María Julia Alsogaray posando con un tapado de zorros de Susana Giménez para Osvaldo Dubini, que sería la tapa de Noticias que la hizo famosa. La escena y sus circunstancias, de las que fui testigo inesperada, están contadas en la crónica que ese día envié LN.

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El Bicentenario celebrado en el Museo José Hernández

Una mirada sincera y veraz del otro lado del espejo de la Patria Grande es la muestra que se exhibe hasta el domingo en el Museo José Hernández, escala necesaria pero menos frecuentada de la Milla de los Museos. Con curaduría de María Sivia Corcuera y Delfina Helguera, la seleción incluye trabajos de 16 artistas y rinde, a su manera, un homenaje a la fecha patria. El Bicentenario puede ser elocuente en la lectura pampera y personalísima de Luis Tatato Benedit, Marcos López, Benito Laren, Zulema Maza, Nora Correas y Blas Castagna, Chiacho y Gianone, entre otros (ver abajo). Un conjunto eclético, atravesado por la necesaria referencia a la Argentina inmensa, bella y feroz. Benedit  miró a Molina Campos y en su  visión sincrética nos trajo el rancho, la china, la pampa y el universo surero.

El Gardel de Marcos López canta cada día mejor, pero está, también,  la vajilla celeste y blanca, que fue el servicio de mesa usado por  el presidente Victorino de la Plaza en el tren histórico. UN símbolo elocuente de la magna  fecha que celebramos hoy. La escena de los festejos se trasladó a Tucumán, cuna de la Independencia, con su arteria vertebral que es la avenida Mate de Luna y será el  eje de la fiesta federal.  Vaya como motivo de recuerdo, memoria plástica y bella,  esta exposición del Museo José Hernández. Espacio digno y recoleto que bien merece una visita.

Arriba, vajilla usada por el presidente Victorino de la Plaza durante el viaje en tren a Tucumán, para la calebración del Centenerario de la Independencia, en 1916.

 

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Los mundos de Felisa, en el Centro Borges

Pasada  la efervescencia de arteBA y la celebración del año de plata con buenas ventas, queda en Buenos Aires una oferta cultural descomunal. Algo que asombra al visitante y coloca en aprietos a los locales, sino quieren perderse la agenda impuesta por museos y centro culturales. Recomiendo una escala en el último piso de las Galerías Pacífico, shopping urbano de la zona peatonal de la ciudad, donde está el Centro Cultural Borges. Primero, al ingresar en el shopping, mirar el techo para ver los frescos de Spilimbergo y Berni. Dos enormes artistas que trabajaron con Siquieros en el histórico y restaurado mural Ejercicio Plástico. Ya en el Borges (hay escalera mecánica) la sorpresa es la obra de Felisa Gradowczyk. Conocía sus esculturas blandas y rígidas, pero este recorrido realizado por el curador Edward  Sullivan es soberbio. Permite asomarse a lo que el título describe magistralmente:  Fluir flow, flow fluir. Hasta el 5 de junio, una selección de piezas que integran el mundo, suspendido en el espacio con inquietante levedad, de Felisa. Sullivan, con base en Nueva York, trayectoria y pergaminos internacionales, realizó un registro de obras realizadas entre 1998 y 2016. Se suman dibujos y un video donde se despliega, con igual libertad de acción y expansión, la idea rectora, flujo y expansión de la energía, en otros soportes. Felisa Gradowcsyk es una artista contemporánea, refractaria a los rótulos, a las etiquetas y a las listas “generacionales”. Solo hay que demorase en cada pieza, recorrerla con la mirada y con el cuerpo. Se dejan “envolver” y la experiencia vale la pena. Por último, detenerse en las fotos, intimistas y tiernas, de un departamento desmontado. Memoria de una partida, vigencia del adiós. Son un homenaje a la madre, que cierran, o abren, según se quiera, el recorrido. En los límites de lo que posibilitan el espacio y los recursos, la puesta en escena es también un acierto.

 

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Wainrot, un coreógrafo con rango de embajador

Antes de dar el sí protocolar, y de que la designación salga publicada en el Boletín Oficial, las redes sociales le dieron el espaldarazo a Mauricio Wainrot como nuevo director del Asuntos Culturales de Cancillería. El cargo tiene la medida de un hombre que hizo del mundo su escenario y conquistó los grandes teatros, primero como bailarín y luego como coreógrafo. Su relación con las artes visuales tuvo durante años protagonismo y dedicación particular, a través de Carlos Gallardo, su compañero de vida, artista y escenógrafo, colaborador en varias de sus más logradas puestas, como la recordada Carmina Burana.

Ayer, las redes respondieron al anticipo del nombramiento, tras la propuesta de la Canciller Susana Malcorra, recibida como un reconocimiento a su larga trayectoria por el bailarín y coreógrafo que está de vacaciones en La Cumbre. Su “paese”, como diría Cesare Pavese. Una casa, un jardín, un sueño y la paz del encuentro lejos del mundanal ruido y cerca de El paraíso, la mítica casa de Manucho Mujica Láinez.

La Dirección de Asuntos Culturales de Cancillería tiene una función clave en la proyección de la cultura argentina al exterior. Se diría que fija la política de Estado respecto de una línea de pensamiento, pero también es el carril para dar visibilidad a artistas, arquitectos, pensadores, cineastas y escritores, a través de citas internacionales como son la Bienal de Venecia de Artes Visuales, la de Arquitectura, allí mismo, en los arsenales venecianos donde la Argentina tiene pabellón propio tras la gestión de Cristina Fernández de Kirchner.

Además, están las ferias de Guadalajara y de Franckfurt, las grandes “bateas” globales para exhibir las novedades literarias y colocar en las vidrieras mayores a nuestros escritores. Se le ha cuestionado a la gestión anterior la existencia de listas negras y, como consecuencia, la ignorancia sistemática de autores reconocidos, pero no alineados con el pensamiento hegemónico.

Sucederá Wainrot, con rango de embajador, a Magdalena Faillace, quien fue responsable del envío a la Bienal de Venecia de la obra de Villar Rojas, cuando tomó la posta de Gloria Bender, ex mujer de Ginés González García. Luego, del envío veneciano curado por Rodrigo Alonso: la “Metáfora”, de Nicola Costantino, con su polémico eco mediático. La artista rosarina estrenó el pabellón que nuestro país tiene por veinte años. El año último, en la Bienal del nigeriano Okwui Enwezor, la Argentina se lució con  la obra mayúscula de Juan Carlos Distefano, con curaduría de Maria Teresa Costantin y el apoyo de su mayor coleccionista, el empresario farmacéutico y productor cinematográfico Hugo Sigman. Arriba, foto de la obra de Distefano en el Pabellón Argentino de los Arsenales.

En un racconto histórico, por la Dirección de Asuntos Culturales pasaron Patricio Lóizaga, Sergio Renán, Teresa de Anchorena, Alberto Petrina y Gloria Bender, entre otros.  Por su proyección internacional mantiene una relación fluida con la Fundación Exportar, organismo que canaliza y financia proyectos, no solo culturales, al exterior. De acuerdo con el actual organigrama del gabinete del Ministro Pablo Avelluto, se da por descontado que el área que conduce Iván Petrella, Cooperacion Internacional y Federal, tendrá materia de trabajo común con Mauricio Wainrot, como director de Asuntos Culturales de Cancillería.

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Martes visuales: lo que va de Art Basel a Este Arte

En un mes pasó de todo. Los peregrinos del arte volaron a Miami para una nueva edición de Art Basel Miami Beach, que más allá de los resultados y el glamour … estuvo pasada por agua. El combo playa, palmeras y arte, en 2015 quedó reducido a paraguas y feria. Mucha agua por Collins Av. y vecindario de Lincoln Road y más público que en años anteriores. Fueron 77.000 visitantes, cuatro mil más que en la edición anterior, y un nivel de ventas que se movió fluido entre los 30.000 y los 300.000 dólares. La fotos de Vic Muniz (arriba) que transforma a la bella Marilyn en un rompecabezas inquietante se vendió en 350.000 billetes verdes, confirnando la fortaleza del mercado del brasileño radicado en Nueva York, que el año último tuvo su muestra, formidable, en el Hotel de Inmigrantes, sede porteña del Muntref. Art Basel Miami ya tiene ganado el favor de los coleccionistas latinos y locales que pisan fuerte, Ella Cisneros, Jorge Pérez, los Milán, Craig Robbins, Rosa de la Cruz y Mera Rubell, entre otros. En los pasillos feriales la noticia fue la designación de Franklin Simans (ex County Museum de Los Angeles) como nuevo director del PAMM (Perez Art Miami Museum), elección que cambiará radicalmente la política de muestras y de adquisciones en el museo del desarrollador y coleccionista de origen cubano. Los grandes nombres del ruedo de ABMB  siguen siendo Bacon, Picasso, Boetti, Fontana, Anish Kapoor y Jeff Koons. Ahora habrá que anotar los de  Sean Scully, Al Held, El Anatsui, Jenny Holzer y Lee Uffan. Antes de abrir la feria, el Picasso cubista de precio “reservado” ya estaba vendido. Como ocurrió en TEFAF Maastricht,  el escultor uruguayo Pablo Atchugarry mantuvo alta la perfomance de ventas en las galerías Sur y en Tornabuoni, otro tanto para Le Parc. El mendocino, escoltado como siempre por su hijo el tanguero Yamil, presentó en el local de Hermés del Design District los famosos carrés, pañuelos, inspirados en sus obras, elegidas por el heredero de la firma Pierre Alexis Dumas, a partir de la mega del Palais de Tokio. Los argentinos Orly Benzacar y Jorge Mara han conquistado su lugar en la recorrida y en la shopping list de compradores globales atentos a la producción de Villar Rojas (un fenómeno) y Eduardo Basualdo (abajo) . Mara estableció un interesante contrapunto entre la mesura de la paleta de Ana Sacerdote (uno de sus hallazgos) y el nuevo Arnaiz en gran formato y brillante colorido.

El sistema expositivo de Miami impone en la agenda de diciembre como eje central Art Basel y un collar de ferias paralelas, entre ellas Unlimited y Scope, en la primera estuvo la galerìa Nora Fish (buena ventas)  y, en la segunda, el incansable Julián Mizrahi. Ignacio Liprandi sigue siendo uno de los animadores más  conspicuos del circuito internacional. Un caso aparte. Mantiene perfil bajo y sostenida presencia. Con seguridad será uno de los animadores de la edición 35 de ARCO Madrid, en la que estará presente también la galerista Estela Totah (Del Infinito) de regreso al ruedo madrileño.

El PIcasso de arriba es un collage, como los famosos decoupages azules de Matisse, reunidos en esa muestra fuera de serie del  MoMA. La galería de Danielle Caseau lo presentó en la segunda edición de Este Arte (Punta del Este). Al cierre de la feria, se daba por vendido en 6000 dólares. Curada por Laura Bardier (Montevideo 1976), con más entusiasmo y ganas que recursos, Este Arte ha dado un paso adelante con la mudanza a un espacio ideal: una vieja disco desmantelada en el camino del Fasano. Allí estuvieron, entre otras galerìas internacionales,  Pabellón 4, con obras de Paula Otegui y Dino Bruzzone, abajo, ya decidido a buscar inspiración en el comic. Piero Atchugarry, Sur, con obra de Ignacio Iturria, Haeinzer Reszler, de Lausanne, Suiza y  Galleria Continua, de san Giminiano, presentando trabajos de Daniel Buren, Erlich, Macchi, Cildo Meireles y más notables.  Luna Paiva sorprendió con una escultura de rocas en bronce de memoria atávica en linea con los meteoritos y vestigios destruidos, una de las líneas en alza del arte actual. La obra de Paiva tendría como destino una colección esteña. Queda pendiente para otro post contarles de Garzón, ese pueblo perdido en el mapa elegido por el influyente suplemento Travel, del The New York Times como uno de los destinos de 2016.

 

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La Menesunda, el DiTella y un modelo de país

 

Para el libro de Dara 2015 (Decoradores Argentinos Asociados) escribí hace unos meses este texto que cobra vigencia con la apertura ayer de la Menesunda de Marta Minujin, en la que nos topamos de frente con la tevé Zenith y el último modelo de la heladera salida de los talleres de DiTella. La industria nacional, en esa coyuntura genial que tuvo como motor a Jorge  Romero Brest, supo unir el arte y la industria nacional cuando un modelo de país desarrollistaprometía darle tregua al esquema agroexportador. Hay que revisar la historia del arte de ese momento para entender de qué modo los acrílicos de Polesello, los artefactos domésticos de Minujin y la esculturas de Iommi sentaban las bases de un fenómeno único en el país. No se volvió a repetir. Hoy seguimos reeditando con nostalgia aquel momento en el que el deseo, la ilusión y el sueño de dirigentes visionarios pudieron haber dado vuelta la historia. No alcanzó.

Arte, industria e identidad nacional

Por Alicia de Arteaga

 

En vísperas del Centenario de la República, el presidente Figueroa Alcorta designó a Eduardo Schiaffino, fundador en 1896 del Museo Nacional de Bellas Artes, como enviado oficial de la presidencia en viaje de compras a Europa para celebrar la magna fecha. Obviamente, en la shopping list de Schiaffino estaban los grandes nombres del momento, la firmas radiantes de la pintura europea que capturaban la atención, y los pesos , de los coleccionistas argentinos en etapa de formación. Desde los impresionistas, en el modelo hegemónico de Antonio y Mercedes Santamarina, hasta los petites maitres , la pintura española de la luz y la francesa de boudoir.

Eran los tiempos en que Sorolla y Boldini determinaban la pertenencia a un mundo exquisito, selecto y , sobre todo, construido a imagen y semejanza de la París de la Belle Epoque. No demasiado diferente del sueño americano de los señores Vanderbilt, Mellon y compañía que elegían retratos de salón firmados por John Singer Sargent, el más europeo de los pintores norteamericanos; al igual que el sueco Zorn elegido por diplomáticos y clientela cosmopolita.

Argentina era un país que se miraba en el espejo parisino y promovía una manera de vivir y de ambientar los interiores acorde con los tendencias impuestas por grandes firmas como Jansen y Puiforcat, mientras se disputaban los muebles recargados de Link, las volutas de las lámparas de Daum y Nancy, y las tapicerías de Aubusson.

La belle epoque argentina, que se extendió hasta los treinta tras con el golpe de Uriburu, marcó el récord de cincuenta años de prosperidad económica en un país en el que estaba todo por hacer. Coincidió con el período de entre guerras que sometía al Viejo Mundo a un compás de espera en el camino hacia el abismo… que finalmente llegó en 1939. De este lado de Atlántico la fiesta continuaba acorde con el modelo agroexportador que enriquecía las arcas de los argentinos ciudadanos del mundo.

El intercambio comercial y cultural con Inglaterra  y Francia, grandes compradores de nuestras materias primas, sentó las bases de lo que se conocería como “gusto argentino” o más precisamente porteño. Un mix entre los exteriores franceses, influencia de la Ecole de Beaux Arts donde se formaron muchos de nuestros notables arquitectos, cuando la carrera todavía no había sido incorporada a los claustros académicos. La piedra Piedra París fue marca registrada del hotel particulier, en tanto los interiores a la inglesa estaban definidos por el comedor Regency, Queen Anne o Chippendale.

La sintonía entre el gusto por la pintura europea del XIX, la idealización de un mobiliario de raíces lejanas demoraban la asimilación de un estilo nacional. Curiosamente, las ciudades del interior, como Córdoba, Salta y Tucumán, estaban más cerca del Camino del Alto Perú que del puerto. Las grandes familias decoraban sus casas en el modelo español adaptado a un espíritu criollo, las consolas y cómodas que hasta el día de hoy se conservan en las casas tradicionales son de legítima herencia hispana, deudoras de la conquista y del virreinato, y, en paralelo, una pintura de cuño religioso poblada de ángeles arcabuceros y vírgenes coronadas.

El gran quiebre en el gusto vernáculo llegará con los primeros atisbos de una industria nacional en el modelo desarrollista y establece una directa conexión entre el arte y el interiorismo. Quizá el mejor ejemplo lo constituye  la Bienal de IKA (Insdustrias Káiser Argentina) que convirtió a la ciudad de Córdoba en una meca de los artistas del momento, muchos de ellos ligados a la abstracción e influidos por la tecnología, los cambios en la percepción y la aparición de nuevos materiales. Basta pensar en el cinético venezolano Jesús Soto y en el mendocino Julio Le Parc, luego ganador en la Bienal de Venecia, cuya obra tenía el germen de un cambio. Por primera vez la figuración pasaba a cuarteles de invierno, se establecía la abstracción como un lenguaje contemporáneo en sintonía con lo que se producía en el mundo.

A la Bienal de Córdoba , discontinuada acorde con un mal argentino que suele matar las buenas ideas, le sucedió , en buena hora, el Instituto DiTella. Un foco de creación imbatible, sin igual, hasta el día de hoy. A la Menesunda de Minujin y las plataformas de Puzzovio  les sucedieron diseños de muebles geniales como los de Alberto Churba. El sillón cinta presentado en CH Diseño y luego exhibido en el Victoria and Albert de Londres y en el MoMA de Nueva York hizo época y marcó el origen de una dinastía de diseñadores que tiene hoy un epígono impar en el talentoso  Martín Churba.

Por primera vez la burguesía naciente formada por jóvenes profesionales, muchos de origen judío, comenzaba a comprar arte argentino para las paredes de sus casas y a imaginar una disposición del mobiliario acorde.

No otra fue la premisa de dos seres expecionales como Guido y Nelly DiTella cuando encargaron el proyecto de su casa a Clorindo Testa, original e iconoclasta, al margen de los mandatos tradicionales. En esa misma línea la escultora Noemí Gerstein experimentaba con elementos y piezas industriales de Acíndar para crear obras sorprendentes que hoy integran grandes colecciones. Mario Roberto Alvarez proyectó el edificio Somisa, un mecano de acero que fue el primer edificio en su tipo en el mundo, íntegramente soldado. Y para rubricar su desplante estético Alvarez levantó un edificio moderno en la calle Posadas, reinado absoluto de la Piedra París. Un gesto.

Algo había comenzado a cambiar en la Buenos Aires de mediados del siglo XX.  Los argentinos encontraron un adn propio para su gusto, presente en la famosa BKF, en las sillas de Janello y en almas batalladoras como la gran Ruth Benzacar,  dispuesta a vender pintura argentina a los tradicionales coleccionistas  de arte europeo en un departamento de Caballito.

La epopeya de los Madi y el Arte Concreto fue la nota saliente del arte nacional. Cuando se monta la muestra de estos innovadores el mayor coleccionista de arte de nuestro país compra la exposición íntegra a puertas cerradas por consejo de Laura Buccellato.

 Tomás Maldonado, un visionario genial, viaja a Europa, cuando cruzar el Atlántico era un viaje de un mes, y regresa con revistas y libros con las últimas tendencias. Reúne a la crema del arte y comparte experiencia, estética y proyectos con Lozza, Iommi, Kosice y Lidy Prati.

Ignacio Pirovano Lezica Alvear será el taste maker que acelere la transformación. Por un lado contrata para la casa Comte al francés Jean Michel Frank, pionero exquisito del mueble minimal, y por el otro proyecta diseños de raigambre criolla para el Llao Llao y el Hotel Salta con la invalorable colaboración de Celina Pirovano, decana de los decoradores argentinos, por décadas, una mujer de personalidad arrolladora que tapizaba los muebles franceses con barracanes criollos.

El  nuevo gusto “nacional” encuentra en los artistas a los principales agentes del cambio. Son los primeros dispuestos a experimentar con los materiales que la industria coloca en sus manos; acrílico, plexiglás, formica…. La esculturas de Kosice, las puertas e Polessello, hasta Alpargatas encarga diseños para sus textiles.

Ese tren motorizado por el made in Argentina parecía imparable, pero se detuvo por años.

Habrá que esperar hasta fines del siglo XX cuando iniciativas como Casa FOA, DArA y arteBA vuelven a crear las condiciones para que el diseño, el arte y el interiorismo con identidad propia encuentren una vidriera de difusión .

Publicado en la edición 2015 del libro DarA. Por iniciativa del arquitecto Julio Oropel.

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Los 87 años de Le Parc

Julio Le Parc ha sido la noticia del arte esta semana. Una vez más. Cumplió 87 años el viernes y lo celebró con la instalación de un móvil bellìsimo y azul en el CCK conducido por Liliana Piñeiro.  Monumental Centro Cultura,l que por ahora es un continente sin contenido. El caso Le Parc encarna de manera cabal un fénomeno de revalorización, comercial y museológica, para la obra del artista que ganó la Bienal de Venecia en los sesenta con sus juegos lumínicos geniales. Años atrás, la muestra del Palais de Tokyo  colocó al mendocino de nuevo en el candelero. Ayer celebró sus jóvenes 87 años rodeado de amigos, artistas, coleccionistas, curadores y galeristas, en El descanso, la Isla de  Claudio Stamato, en el Tigre. Le Parc vive días de gloria. Lo confirmaron a su lado el embajador de Francia Jean Michel Casá y la gran actriz, adorable persona,  Marilú Marini, en la celebración a pleno sol.  Es el año Le Parc. En junio, durante la feria de Art Basel, presentó su carré para Hermés, un pañuelo con su obra para la tradicional marca de la rue Saint Honoré, como lo hicieron antes Daniel Buren y Joseph Albers. Hermés comenzó vendiendo monturas y atalajes para los criadores argentinos a comienzos del siglo XX y hoy es la meca de la elegancia. Julio Le Parc  y  Yamil, hijo y mano derecha, ya forman parte de la historia de la casa, gracias a Pierre-Alexis Dumas, quien puso el ojo en los trazos coloridos, sensuales e ilimitados de Julio Le Parc cuando el maestro expuso en el Palais de Tokyo. Siguió la exposición en la Daros de Rio de Janeiro y, poco después, una antológica en Malba. Sus guiños de luces, a partir de recursos mínimos ejercitados con un talento máximo, encendieron la escena porteña y también el entusiasmo de seguidores y compradores. Las esferas móviles, además de recibir al visitante en el Faena ARTS Center, integran colecciones de Argentina, Uruguay, Francia, Alemania y Estados Unidos. Ayer, en la lancha rumbo a la isla El Descanso,  Le Parc  confirmó que en 2016, en coincidencia con la edición anual de Art Basel Miami Beach, exhibirá su obra en el Museo de Jorge Pérez  de Miami, que dirige Tobías Ostrander. Se abre así el horizonte del universo norteamericano desde las salas proyectadas por Herzog y DeMeuron. Miami es puerta de acceso y gran vidriera.

Mucha tinta en los diarios y mucha agua bajo el sol ha corrido desde que Le Parc, un joven de 87 años, encontró al éxito jugando de su lado. No está demás recordar que la revalorización del arte cinético y geométrico estará para siempre asociada a la Geometry of Hope, que da título a la muestra impulsada por la venezolana Patricia Cisneros.  Ese fue el punto de inflexión para el reconocimiento  de artistas como Carlos Cruz Diez, Jesús Soto, Luis Tomasello, Vardánegas y Marta Botto.  En la cima a los ochenta, como otro grande , León Ferrari, coronado por el oro de Venecia, premios y halagos tras una larga y fecunda carrera.

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Nicola Costantino es Artefacta

Noche de viernes en la Usina del Arte. La tribu en pleno expectante por la proyección de Artefacta, film de  Nicola Costantino, de  la directora Natalie  Cristiani . Alli están, Alejandro Corres y Gabriel Valansi, que actúan en la película,  y Hernán Lombardi, Claudio Massetti, Erica Roberts, Adriana Rosenberg, Esteban Tedesco, Alberto Sendrós, Magdalena Cordero, Amalita Amoedo, Julio Sánchez, Gastón Deleau, Gustavo Bruzzone, A. de Royère (by Churba), Florencia Battiti, … y muchos más. Se juega una nueva carta de la artista, fuera de etiquetas, nacida en Rosario, que supo mantener en vilo la escena local e internacional del arte.  De eso trata el film, una narración con tono de documental y escenas de alto voltaje carnal, que es soporte de la producción de Nicola. Igual a sí misma , autorreferente, tanto en Peleterìa humana, tal vez su obra más famosa, que fue envio argentino a la Bienal de San Pablo, como en  Savons corps (consultar en Google  por la polémica)  y el retrato íntimo, público y estetizante de Evita, Eva Perón, en su lectura, que es ella misma.

Envío argentino a la 55 Bienal de Venecia, que inauguró el Pabellón gestionado por Cristina K. y firmado por  Paolo Baratta, mandamás de la madre de todas las bienales.

Artefacta es el arte hecho. Nicola lo hizo. Y no es fácil, ni complaciente. Ella se asomó al arte, como Kuitca,  en  un fascículo de la Pinacoteca de los Genios dedicado a Berni.

 

La pelicula es un relato tremendo y visceral.  Un homenaje a su padre, el médico cirujano doctor Nicolás Costantino (solo nombrarlo me resulta inquietante) y, de paso, a su madre, costurera-modista, rosarina, referente total de la obra de NC.

 No les voy a contar el film, Porque hay que verlo. A mí me cerró la boca del estómago, pero hubo una audiencia divertida y burbujeante que dió cuenta de los pollos y sus guarniciones. parte del show y la comilona.  Nicola Costantino es Artefacta. La define su obra y esta pelicula que la llevará por el mundo. Achile, su hijo, un niño bello y feliz, da cuenta de la historia. Nos quedamos pensando. Cómo sigue??

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Miss Education,una obra de arte

 

 

Orly Benzacar rodeada de las candidatas a Miss Panamá. Fue jurado de la edición 2015

Los límites del arte llegaron esta vez a un  concurso de belleza. Prueba de ello es Miss Education, una intervención artística de Humberto Vélez que tiene lugar al mismo tiempo que el concurso de belleza Miss Panamá. En su primera edición, el jurado fue el uruguayo Luis Camnitzer, un artista genial y sin etiquetas,   dispuesto a seguir el juego. La elegida Miss Education participó de la II Bienal de Montevideo, paseó su belleza por la calles del casco histórico en compañía del curador Alfons Hug, y en el mes de mayo por los Giardini del Castello en la 56 Bienal de Venecia caminó la Miss Education elegida por el curador y crítico Gerardo Mosquera. El marco conceptual de la obra fue el foro de VISITING MINDS, “Pedagogía Radical: el arte como educación”, realizado en la ciudad de Panamá en mayo de 2013.

Con humor socarrón la perfomance busca cuestionar ciertos estereotipos sociales y las ideas reduccionistas alrededor del la eduación y el arte. El concurso de belleza es un foco de atención popular y de eco mediatico, lo que garantiza la difusión de la acción. Se trata de un recurso inesperado para mover las fichas de la belleza hacia la reflexión, de las modelos a los modelos educativos inclusivos. Humberto Vélez contó con la colaboración de Luis Camnitzer que fue presidente del jurado de Miss Panamá 2013 y eligió personalmente a una nueva ”Miss” con el título de Miss Education. Este año fue la galerista argentina Orly Benzacar (fotos arriba) responsable de la selección.

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Saráchaga y Manucho de remate

Pintura, platería, libros, márrmoles, muebles y objetos de colección a partir del martes 11 se rematan en el hotel de ventas de Juan Antonio Saráchaga de la calle Juncal. Entre las sorpresas de la subasta están los libros, dibujos, cartas, pinturas, fotos y manuscritos de la colección de Oscar Monesterolo, amigo entrañable del escritor Manucho Mujica Láinez. Vale la pena darse una vuelta por la exposición previa a la venta para descubrir algunas joyitas como la sopera Jorge IV , colección Mihanovich, con base de 320.000 (abajo). Punzón de Londres, 1823.

Para la shopping list: Un lindo Quinquela con base 1 millón de pesos y una excepcional araña  de opalina verde con doce brazos de bronce cincelado, base 20.000 pesos. En pintura europea, estimado medio millón de pesos, será ofrecido un óleo de Charles Francois Daubigny , ex Colección La Tour d’Auvergne. Es un paisaje con sordina bien pintado en 1849, La meuse se llama la pintura que mide 33 x 66 cm. Obras de Josefina Robirosa (arriba), García Uriburu, Miguel Ocampo, un curioso dibujo de Menchi Sábat, pequeñas piezas orientales  y un conjunto de sillas francesas tapizadas en cuero suela de Jansen de París, con base de 29.000 pesos, son algunos de los lotes para tener en la mira. Gaston Jarry, Figari, Xul Solar, Zanetti, MacEntyre, Butler, Figari, Carlos Alonso, Berni, Aquino y un raro paisaje tucumano de Thibon de Libian (base 780.000 pesos) integran también la venta. Atención a lotes tentadores en tiempos de blue en alza: un juego de  porcelana de Limoges, sellado por Theodore Haviland, 55 piezas, cubierta blanca y marli azul cobalto será ofrecido con una base de 14.000 pesos. Menos de mil dólares.

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