Los impresionistas en el Thyssen

 

La pintura al aire libre, el paisaje como tema, el uso de una paleta libre y audaz, en muchos casos; una nueva manera de mirar lo mismo con otros ojos, son algunas de las reflexiones que inspira la muestra de Impresionismo al aire libre en el Museo Thyssen de Madrid, hasta el 12 de mayo.  La selección de 116 óleos hecha por el curador Juan Angel López Manzanares, da cuenta de la envergadura de este encuentro con la mayor renovación estética de fines del siglo XIX.  En estas imágenes se descubre el espesor de la mirada de cada artista, la aventura personal de pintar sin estar sujeto al corsé de la Academia. Los álamos de Monet, el más longevo de los impresionistas, que le dio nombre al movimiento con su obra Impresión del sol naciente (Museo Marmottan de París), nacen de una perspectiva moderna, inédita, en la que importa más la impresión que el rigor del registro, un lugar que ocuparía con otros recursos la naciente fotografía a fines del XIX. Courbet y un manso paisaje Suizo sobre el lago con vista los Alpes, y Constable, junto con Turner, el inglés que vio la luz como nadie, precursor de los impresionistas. Casi una vorágine bella y abstracta a punta de pincel. Y, en el centro, abajo, un Sorolla diferente. Otra paleta, sin barcas ni velas,con la presencia de un cielo impresionista.  Las obras proceden de la Frick de Nueva York, el Museo de Filadelfia, la Nationalgalerie de Berlín y el Pompidou de Paris, entre otros. Por supuesto, en la méduda de la muestra están los cuadros de Carmen Thyssen, la baronesa, patrona del museo y de los árboles que salvó en el Paseo del Prado.