Esculturas de Palermo, botín de vándalos

 

Se repite cada vez con más frecuencia y en los lugares menos pensados. El bronce de las esculturas de los bosques de Palermo es el botín de inescrupulosos que dañan obras de arte dignas de un museo, son joyas del  patrimonio urbano. Imposibles de reponer. Van como ejemplos El Segador, de Constantin Meunier, con su brazo amputado (al frente de la Biblioteca Nacional) y  Los ciervos, de George Gardet  con la cornamenta cortada y la base píntarrajeada, en el vecindario del Museo Sívori.  Las fotos son Graciela Fernández, quien advierte además que Monumentos y Obras de Arte (MOA) , dependencia del gobierno de la ciudad ubicada en Berro, entre Sarmiento y Casares, a metros del Jardín Japonés, hace lo que puede con lo poco que tiene. Lamentable panorama: el patrimonio es recurso no renovable.