Yoko Ono y Kusama, niponas, veteranas y geniales

 

 

La perla de la semana en la agenda cultural de Buenos Aires ha sido, Yoko Ono en Malba, precedida del suceso del MoMA de Nueva York y del León de Oro de Venecia. La veterana nipona no viajó a Buenos Aires -lo que quitaba el sueño del director Agustín Pérez Rubio-, pero sí grabó un video cálido, directo y cercano. Como la muestra, que a pesar de los años transcurridos mantiene la frescura. La genialiadad de Yoko sigue siendo la capacidad para involucrar al otro, para hacer de la contemplación una experiencia participativa. Dream come true son sus Instrucciones. A cada uno le pegan dónde más siente, dónde más duele. Por ejemplo, en la foto de arriba con su amado Lennon habla del fin de la guerra, pero… agrega la leyenda If you want it. Cada uno elige: clavar un clavo, reparar una tasa de porcelana, celebrar a la madre, pintar una pared. Todo indica que Yoko Ono repetirá el éxito de Yayoi Kusama, otra nipona veterana. ¿Sincronicidad Junguiana? Kusama es una campeona de la popularidad y pasa las noches en un neuropsiquiátrico. En estos días cautiva al público tejano en el Museo de Bellas Artes de Houston, como lo hizo en Malba o en las vidrieras de Louis Vuitton. Combinación de talento, marketing, potencia visual y acción directa. Cada espectador dejó su sticker pegado en Malba, una huella adhesiva. Sin edad y sin límite. En ambos casos, las redes sociales fueron los motores de la difusión, las activadores de las selfies. Instagram tiene 500 millones de usuarios. Y las veteranas niponas son las protagonistas. Kusama nació en 1929. Yoko Ono en 1933. Saquen la cuenta.