Contemporáneos en París II

 

Marcos López en Plaza de Mayo, My Buenos Aires,  selección de 63 argentinos en  la Maison Rouge realizada por las curadoras Albertine de Galbert y Paula Aisemberg. Imágenes para acercar París a todos los mensajeros del amor al arte. El guión curatorial parece inspirado en la irresistible hipótesis de trabajo de Franceso Careri. Walskscapes  “caminar como práctica estética” (Einaudi 2006), les recomiendo amigos blogueros el video de You Tube con Careri hablando del  descubrimiento del flaneur, siglo XXI , como los que circulan por Lavalle( abajo foto de Alberto Goldenstein). Perder el tiempo como una manera de ganarlo, forma de descubrimiento y placer.

Antoine de Galbert presenta en la embajada de Francia  My Buenos Aires, en 2014

Arriba imágenes de Marcela Astorga, Nicanor Aráoz y Fabio Kacero. El catálogo guía de la muestra incluye textos de María Gainza y Diana Weschler.

Texto publicado en la edicón de LN sábado 20 de junio.

Porteños en la maison rouge. Sin límites y sin clichés.

París.- Perfumado por los tilos en flor, el Boulevard de la Bastilla recibió ayer la muestra My Buenos Aires, la más ambiciosa apuesta por la difusión del arte argentino en el exterior, impulsada por el coleccionista Antoine de Galbert, con el apoyo de Hernán Lombardi, ministro de Cultura porteño, y de la embajada de Francia en la Argentina. Clima primaveral y festivo en la Maison Rouge, el espacio privado con mayor visibilidad de París, fundado por el heredero del dueño de Carrefour, que se inició con una modesta galería en Grenoble. De Galbert tiene hoy una colección de más de 1000 obras y una de las tres colecciones de sombreros rituales más completas del planeta.

Hombre de perfil bajo y pocas palabras, recorrió en silencio My Buenos Aires antes de la apertura. Vestido de azul noche, luce la Legión de Honor en su solapa y disfruta de la tercera etapa de su programa de trabajo consagrado a dar visibilidad a los artistas de ciudades periféricas. Primero, Winnipeg; luego, Johannesburgo; ahora, Buenos Aires. Son 2500 cuadrados consagrados al arte argentino de las últimas cuatro décadas, con el acento puesto en las obras producidas después de 2001. Los artistas que sortearon la crisis con poéticas intimistas fueron seleccionados por Paula Aisemberg y Albertine de Galbert.

Recomendada por el matutino Libération como una de las muestras del verano parisiense, la exposición porteña comparte cartel con Jean Paul Gaultier en el Grand Palais; Le Corbusier, en el Pompidou, y con una selección de obras maestras llegadas de los mejores museos del mundo a la Fundación Louis Vuitton del Bosque de Boulogne, edificio fabuloso diseñado por Frank Gehry.

Gran oportunidad para los artistas argentinos: 20 de los 63 participantes estaban ayer en la Maison Rouge, comiendo empanadas criollas à la parisienne. Entre ellos, Tomás Espina, que con Martín Cordiano construyó una casa destruida, casi una metáfora de la Argentina (y de esta generación creativa) poscrisis.

Breves palabras del coleccionista De Galbert, del ministro Lombardi y del embajador en Buenos Aires, Jean Michel Casa, acompañado en el informal estrado por Susana Rinaldi, agregada cultural de nuestra embajada en la Rue Cimarrosa, recién llegada de Málaga, donde puso a prueba, casi a los 80 años, que el caudal de su voz sigue intacto.

Factótum de este desembarco en el vecindario de la Bastilla, el más arty de París en estos días, fue Jean-François Guéganno, el agregado cultural de Francia, quien junto con Jack Bathó tejió la trama para que la muestra fuera posible.

La historia comenzó en 2011, cuando De Galbert y Lombardi cerraron el acuerdo para hacer de Buenos Aires tema de una exposición con el espíritu de un viaje, un recorrido por la ciudad que se levanta entre dos pampas, evitando el lugar común.

Guía de Buenos Aires profunda

Lo cierto es que desde hoy y hasta el 20 de septiembre My Buenos Aires será punto de encuentro con obras del siglo XXI, precedidas de algunas señales “visuales y políticas ” en los trabajos de León Ferrari, Aizemberg, Roberto Jacoby, Pablo Suárez y Gumier Meier.

A partir de la geometría urbana de Pablo Siquier, los menhires de Luis Terán, el pop latino de Marcos López, las fotos del flaneur Alberto Goldenstein o el gigantesco y genial collage de Elisa Strada -armado con los volantes callejeros que recomiendan desde merluza con puré hasta un chapista barato-, la recorrida es un viaje. Incluso, el catálogo parece una guía, en el formato de las clásicas Michelin, con un glosario de palabras “nuestras” a cargo de Francisco Garamona y Fernanda Laguna, que va del asado al psicoanalista, del fútbol al Che, de la Coca Sarli a los jacarandás.

No hay antecedente en la historia del intercambio fecundo entre Francia y la Argentina, que tiene más de un siglo, de una apuesta tan comprometida. Los bien informados, como el coleccionista Jorge Helft, recordaban ayer las exposiciones organizadas por Jacques Lassaigne en los 70, cuando era director del Museo de Arte Moderno de París. Sin duda, tenía en su mujer, María Simón, la notable artista argentina nacida en Tucumán, una buena consejera. Fue así como trajo a París las muestras de Xul Solar, Libero Badii y Rómulo Macció.

El itinerario por la exposición tiene escalas en expresiones, formatos y técnicas diversas; Ana Gallardo, Gabriel Chaile, Nicanor Aráoz, Luciana Lamothe, Nicolás Bacal, Max Gómez Canle, Marcelo Pombo, Nicola Costantino, Marina de Caro, Matías Duville, Ballesteros, Villar Rojas, Eduardo Basualdo y Eduardo Stupía forman parte de la selección. Definen los tramos de un viaje singular hasta las entrañas de la Buenos Aires profunda. La que muchas veces vemos y pocas veces miramos..