Todos se refrescaban en el Río de la Plata

Hubo un tiempo en que a los días de mucho calor se los combatía de una manera muy sencilla. Tanto los porteños y los que no lo eran corrían a refrescarse en el río de la plata. En la costanera de Buenos Aires existía el Balneario Municipal y en las ciudades costeras del Gran Buenos Aires también. Cada una con su balneario. Era un espacio público que cualquier vecino podía disfrutar, en especial durante las jornadas de calor sofocante como hoy.

 

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Balneario Municipal, o de cuando el río era de los porteños

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Recuerdo cuando era niño, íbamos con mi viejo, algunas tardes, a la playa del Balneario Costanera Sur. Llevábamos una pelota de goma y nos pasábamos varias horas jugando, y corriendo por su inmensa playa. El río quedaba allá lejos pero francamente accesible. La playa parecía interminable, infinita.  Contemplar al Río y su oleaje era un placer visual. La brisa de aire fresco que provenía de sus entrañas, el sol que se reflejaba sobre sus aguas y un horizonte casi infinito, convertía al paseo en algo mágico

La relación entre el Río y sus vecinos de esta orilla es como una paradoja de la vida. En sus comienzos,  Buenos Aires, una ciudad construida a orillas del Río de la Plata, un inmenso río como pocos en el mundo,  le daba la espalda al mismo Sus habitantes ni siquiera lo veían. Tampoco tenían acceso al mismo.

Fue recién en el año 1918, cuando se inaugura el Balneario Municipal, con la habilitación del espigón del Balneario Municipal sur y el tramo de la avenida Tristán Achaval Rodríguez, entre Belgrano y Brasil, que los vecinos empiezan a disfrutar de su río.

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