Gato y Mancha aquellos caballos criollos

Aimé F. Tschiffely un joven profesor suizo tenía una idea que para muchos podía resultar disparatada y hasta absurda.

El quería probar la fortaleza y rusticidad que tenían los caballos criollos para esto intentaría unir Buenos Aires con New York.

Con este proyecto que tanto lo entusiasmaba se acercó al diario LA NACION dónde lo alentaron. Allí contactó al Dr. Octavio Peró conocedor de la raza a quién le pidió consejos de como emprender su viaje y la recomendación acerca de qué ejemplares criollos podía comprar para realizar su sueño. Seguir leyendo

Las profecías de Parravicini

Entre las góndolas de nuestro archivo, me detuve en la carpeta del artista  Benjamín Solari Parravicini, un personaje porteño que nació en agosto de 1898.

Algo que llama la atención dentro de  su obra  pictórica son sus psicografías, como se conocieron sus más de 700 dibujos con predicciones.

Estos anunciaban la invasión de Holanda y Bélgica,  y que el papa se alejaría de Roma rumbo a Egipto. También los vuelos espaciales tripulados por animales y la guerra de los seis días, entre otros…

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Filete porteño, pinceladas de color y pasión

 

 

Si hablamos de los comienzos del filete porteño nos imaginamos otra Buenos Aires, de adoquines, faroles, madreselvas y  tangos, donde en sus calles circulaban carros de lecheros, y panaderos tirados por caballos.Aparecen los filetes enmarcados  por un número de líneas curvas, que se abrían y cerraban formando originales dibujos.

El filete fue traído por los inmigrantes italianos al país, su antecedente más antiguo lo podemos encontrar en lo carritos sicilianos. Miguel Venturo fue  uno de los primeros que pintó carros en la Argentina. El  junto a otros compatriotas fueron llevando el conocimiento  de generación en generación, el cual fue pasando posteriormente a camiones y colectivos.Este arte se desarrolló sin la intervención de escuela ni de libros. Fue transmitiéndose de padres a hijos, o de maestros a aprendices.

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Los Gatos en LA NACION

Corría el año 67, y los pibes de primer año del secundario, turno tarde, del Colegio Mariano Acosta nos ocupábamos sólo de tres cosas: las chicas, el fútbol y (a veces en primer término) lo que llamábamos por entonces, música Beat.

Para nosotros, música Beat era todo sonido más o menos armónico (y muy ruidoso, por supuesto) salido de cuatro (o a veces cinco) melenudos que tenían flequillos espesos, botitas, saquitos idénticos y algo “cortinas” y guitarras eléctricas, y que repetían dos o tres pasitos del saludo copiado literalmente de los amados Beatles.

Se trataba, claro, de melenudos versión local, porque en aquellos años de la era pre-videoclip, salvo dos o tres imágenes de Los Beatles desgañitándose como locos en el Shea Stadium (o de algún viejo noticiero que mostraba una gira de los Stones), todo lo que podíamos ver en TV en el legendario programa “La escala musical”, era a conjuntos locales que jugaban (a veces bastante dignamente) a parecerse a los Beatles.

Por supuesto, que esa música Beat debía ser cantada en inglés, aunque los cantantes lo hablaran como Tarzan y vinieran de González Catán o de Montevideo (si había suerte, como en el caso de los geniales Shakers, auténticos Beatles del Río de la Plata). Cualquier otra cosa nos parecía una herejía. Casi como escuchar un tango cantando en alemán.

Pero una tarde que nos rateabamos en un bar de la calle Urquiza, a pocas cuadras del Colegio (no éramos muy imaginativos, me parece), se apareció un amigo entrañable de siempre, el “ruso” Eduardo Berezán, el “quinto Beatle” como le decíamos, personaje talentoso y pintón que tenía en su casa una batería como la de Ringo (que tocaba bastante bien, además) y cuyo domicilio en la calle Rosario se había convertido en la Meca de peregrinaje de aspirantes a pelilargos cuando consiguiera, meses antes de la edición local, una copia del album “Rubber Soul” de los Beatles, nada menos.

Como decíamos, con semejantes antecedentes Beatlemaníacos, nos resultó sorpresivo que Berezán nos hiciera el ardoroso elogio de un nuevo grupo argentino de música Beat que cantaba, auténtica rareza, en castellano. Se trataba, por supuesto, de Los Gatos, que estaban por lograr un gran éxito con su hit “La Balsa”.

Con la suficiencia característica de un adolescente de cualquier época, le retrucamos que eso era imposible, que Los Gatos no podían ser tan buenos. Más aún, que era una mersada cantar rock en castellano.

De todas maneras, el querido amigo Berezán (hoy un veterano y talentoso periodista que ha perdido algo de su clásica melena, eso sí), nos contagió una enfermedad que nos dura hasta hoy y que básicamente consiste en amar al rock en cualquier idioma en que se cante, incluso el nuestro.

Recordando aquellos tiempos de juventud y descubrimiento, comparto con los amigos de El Archivoscopio esta nota del huecograbado de La Nación del 11 de febrero de 1968 que rescataba los primeros tiempos de la legendaria banda de Litto Nebbia, para la que por entonces, anticipaba el diario, “su actuación en “Sábados Circulares” marcará un acento de este movimiento joven “beat”.

Como bonus, ahí va también un video de Los Gatos en su cara más psicodélica: “Cuando llegue el año 2000”.

Por desgracia, llegó, pero seguramente no era lo que Nebbia y Los Gatos se imaginaban allá por 1968, cuando grabaron ese tema y filmaron el corto que lo acompañaba.

Santa Felicitas pasión en Barracas

  4 de enero de 1957 de la Iglesia de Santa Felicitas por Juan Di Sandro

Se decía que Felicitas Guerrero de Alzaga era la mujer más hermosa de Buenos Aires. Quedó viuda muy joven. Se había casado con Martín de Alzaga, quien le llevaba muchísimos años.

Su belleza y su fortuna la convirtieron en una mujer muy codiciada para la época.  Enrique Ocampo, hijo de una tradicional familia porteña, quería casarse con ella pero apenas el hombre se enteró de que la viuda había aceptado la oferta de matrimonio del estanciero Samuel Sáenz Valiente, enloqueció de celos.

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Martín García un isla con mucha historia

Es difícil resumir la historia de la Isla Martín García, ya desde la lejana fecha de 1516 cuando Juan Díaz de Solís la bautizó con el nombre de su despensero. En 1851 Domingo Faustino Sarmiento desembarcó en la isla y escribió en una roca Argirópolis, (Ciudad del Plata), pensando que ese sitio era el lugar ideal para erigir la capital de los Estados Unidos de América del Sud. Algo con lo que el soñaba.

Antiguamente se encontraba en la isla una importante cantera, donde los presos extraían el material para empedrar las calles de Rosario y Buenos Aires. En 1895 Rubén Dario durante una breve estadía compuso allí la famosa marcha triunfal.

Para alimentar la imaginación los habitantes recuerdan que la isla tuvo su propio pirata: en 1582 el corsario ingles Eduardo Tenton, quien intentó desembarcar allí. Fueron varios los que quisieron apoderarse de la isla. Ya Guillermo Brown en 1827 la defendió con su escuadra y la fortificó estableciendo su base de operaciones durante la guerra contra el Brasil.

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¿ La primera paseadora de perros?

Hace muchos años, Octavio Hornos Paz, un gran periodista de este diario (poseedor de una cultura verdaderamente enciclopédica y una contundente humanidad que nos hacía recordar al gran Chesterton) nos decía que en lo posible, como redactores, debíamos olvidarnos de insistir en las notas que señalaban al primero en haber hecho tal o cual cosa, haber logrado alcanzar tal o cual récord, o haber cumplido tal o cual hazaña.

“Nene –nos decía por entonces, cuando nos merecíamos ese término- hay que evitar ese tipo de comentario enfático y definitivo. Siempre hay alguien que hizo algo importante antes del que se atribuye el récord, o la hazaña, y por supuesto, estará dispuesto a mandarnos una carta de lectores para corregirnos”.

Dando la razón el querido amigo Hornos Paz, descubrimos hoy en un ejemplar del diario del 15 de octubre de 1967 la reseña de varias jóvenes que se ofrecían para pasear perros en el área de Barrio Norte. Un oficio insólito por entonces, que en la actualidad no asombra a nadie.

Registrando entonces que La Nación ya mencionaba la existencia de paseadoras de perros a fines de los años 60 (pero a la vez recordando al bueno de Hornos Paz, sin atribuirles ninguna prioridad en el asunto), compartimos con los amigos del Archivoscopio esta curiosa nota publicada por La Nación en su ya lejana edición del 15 de octubre de 1967.

Postales de Boca Juniors

Imagen del equipo de fútbol de primera división de Boca Juniors que el 2 de abril de 1950 perdió ante Racing Club (por 2 a 0) en un partido jugado en el estadio de Independiente. En la imagen aparecen, de pie (de izquierda a derecha): Carlos Sosa, Salvador Grecco, Juan Carlos Colman, el arquero Claudio Vacca, J. A. Bendazzi y Natalio Pescia. Sentados, aprecen: Herminio González, José Manuel Moreno, Juan Ferraro, F. Campana y M.R. Busico.

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ABBA las eternas voces…

Nos pusimos a cantar canciones de ABBA con mi hija de nueve años. Es increíble pensar que yo escuchaba esas letras a su edad.

Sin lugar a dudas estos cuatro integrantes han dejado huellas en mí y en muchas generaciones.Hablamos de Anni , Benny, Bjorn, Agneta cuyas iniciales dieron forma a ABBA.

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La novia de King Kong lee LA NACION

Fay Wray leyendo LA Nacion mientras el descanso del rodaje ” Hombres de acero”

Más conocida como la primer novia de King Kong (1933). En su papel de Ann Darrow. Para el cual usó una peluca rubia que ocultaba su cabello oscuro

Siguió haciendo cine, pero a inicios de los años cuarenta sus apariciones se hicieron mas escasas. Participó de importantes tí­tulos como Thunderbolt (1929, Josef Von Sternberg), El malvado Zaroff (1932, Ernest B. Schoedsack e Irving Pichel), Los crí­menes del museo (1933, Michael Curtiz) o El arrabal (1933, Raoul Walsh), fueron el preludio de la gran obra maestra del cine que es King Kong (1933), un filme histórico realizado por Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack que significó la consagración definitiva de Fay Wray como mito de Hollywood.


Escenas inolvidables del cine

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