Buscando unos datos que me pidieron sobre elDelta del Paraná me encontré con unas estupendas fotografias de época. Son imágenes que muestran a los habitantes del lugar en pleno desarrollo de sus actividades cotidianas entre 1963 y 1992. Si, casi tres décadas sintetizadas en algunas fotos…casi tres décadas ya pasaron desde aquel entonces…
La que encabeza el post es la foto de unos hacheros que atraviesan el monte isleño rumbeando hacia su trabajo. El alma anónima. Los que llegan desde diferentes puntos del rio Paraná y se integran al ambiente armados con sus hachas y con sus motosierras.
En las siguientes galerias de fotos vas a poder ver a los isleños desarrollando sus quehaceres cotidianos (Trabajando el mimbre y los juncos, algo muy típico de la zona), niños trabajando (Cosecha de pomelos y rumbo a la huerta) y niños yendo en la lancha escolare ingresando en el muelle que los deposita en la escuela, mujeres en sus labores de todos los dias, una lancha almacen, el sacerdote croata Nicolás Mihaljevic en su parroquia sobre el Paraná Mini y un festejo del carnaval.
Las fotografias exhibidas en el post son reproducciones de originales en papel fotográfico del Archivo del diario La Nación. Los autores de las mismas son: Adolfo Pasalacqua, Cayetano Galizia y Juan Di Sandro.
El 27 de mayo de 1905, con destacado despliegue, La Nación reseñaba la entrega de los Premios a la Virtud, un evento que se repetía todos los años y en el cual, las entidades locales de beneficencia reconocían a una serie de matronas de la época por sus logros en tareas humanitarias, protegiendo a niños desvalidos, atendiendo a personas enfermas y ayudando a paliar las más sórdidas miserias humanas. Miserias qué, como siempre, el Estado descuidaba y dejaba en las manos de particulares, que por supuesto hacían lo mejor que podían.
Así que en aquella ya tan lejana jornada, en un teatro Politeama engalanado para la ocasión, en cuya puerta se afanaba la banda del asilo de huérfanos con aires festivos y marciales, y ante una rebosante concurrencia, se fueron entregando los premios a aquellas esforzadas mujeres por las que guardamos, desde ya, un merecido respeto.
Eso sí, como el cinismo nos puede, viendo las fotos de los rostros de las mencionadas señoras, que La Nación publicara en forma tan destacada en aquella ocasión, nos surge una duda casi existencial. ¿Tenían aquellas respetables damas alguna otra opción que la virtud?
No dejo de reírme como en 1905 LA NACION en su suplemento ilustrado aconsejaba a sus lectoras sobre temas de belleza. A continuación lo comparto con ustedes.
“La sola idea de envejecer es terriblemente desagradable y repelente para algunas mujeres, sin embargo, no debía ser así, porque la pérdida de la juventud no implica necesariamente la perdida de la belleza. En toda mesa de toilette debe haber lo siguiente. Grasa de cerdo benzoatada para las manos agrietadas.Manteca de coco para fortalecer las cejas. Aceite de almendras dulces para las uñas quebradizas. Avena fina para suavizar el agua. Polvo de tiza precipitada como dentífrico. Vino blanco como agua astringente. Agua de alhucena para añadir un poquito al agua de lavarse. Agua de saúco para refrescar la cara cuando está muy encendida
El 26 de junio de 1980 aparecía el Suplemento Infantil La Nación. El cuál se publicó hasta el año 1996. Con personajes recordados por todos como “Laura de hoy “aquella adolescente de doce años que fue creciendo durante la tira ilustrada por Dionisia Fontán.
Sus historias eran seguidas por miles de adolescentes del momento. Y los sucesos de la época fueron fielmente reflejados en sus páginas. Las Malvinas, el amor, la amistad, todo lo que sucedía en la vida de esta entrañable joven.
Eran 115. Venian de Hong Kong. Su origen se remontaba a los Montes Urales en Rusia. Los llamaban los “viejos creyentes ortodoxos”. Por ser fieles a sus creencias fueron expulsados a Siberia primero, a la Manchuria China después, para finalmente radicarse en Hong kong, en su último periplo por Europa y Asia.
Estos rusos blancos, con la ayuda del Consejo Mundial de Iglesias, pudieron llegar a la Argentina, más precisamente a Rio Negro, en septiembre de 1965. La idea inicial era afincarse en la zona del Valle Azul pero, atrapados por la hospitalidad que les brindaron los habitantes de Choele Choel, compraron 100 hectáreas en esta isla rodeada por el Rio Negro donde, luego de 400 años de deambular por distintos paisajes, se quedaron a vivir para siempre.
Te dejo aquí una galería de fotos que datan del año 1966, apenas 5 meses después de su llegada a Choele Choel.
En el gélido junio de 1968, los entendidos que compraron entradas para los shows de Miriam Makeba en el cine-teatro Opera sabían muy bien que la gran cantante negra (expulsada de su Sudáfrica natal por haberse opuesto en forma más que explícita al odioso Apartheid) era una artista completísima, que mezclaba el canto tribal de las distintas etnias africanas con el glamour de una mujer sofisticada que hasta diseñaba el tipo de ropa que usaba en escena (por supuesto inspirado en la vestimenta folklórica de su tierra) es decir mucho más que la fiebre del “Pata-pata”, su hit mundial, un ritmo contagioso que volvía locos a los jóvenes en las discotecas del verano europeo.
La Makeba había decidido trasladarse a los EE.UU. donde debutó en el programa de TV de Steve Allen en 1959, luciendo su hermosa voz de amplio registro, tan profunda como sensual.
Luego en Londres coincidiría con el también cantante y actor de color Harry Belafonte, quién la orientó para moverse en las siempre intrincadas redes del mundo discográfico.
Mientras tanto, la Makeba, alta y esbelta, con una figura sencillamente imponente, fue acumulando maridos, entre ellos el trompetista Hugo Masekela , el mismo que alcanzaría su consagración mundial en el festival hippie de Monterey en 1967 y con su destacada participación en el hit de The Byrds “So You Want to Be a Rock and Roll Star”, incluido en el legendario album “Younger Than Yestarday”, también de ese año.
Luego de Masekela, incluso, sería el turno del famoso y controvertido militante de los derechos civiles de los negros, Stokely Carmichael.
Cuando vino a Buenos Aires, tal vez para muchos de los jóvenes aprendices locales de playboys que gambeteaban la noche en la pista de Mau-Mau y trataban de sacar el pasito del “Pata-pata”, una danza endiabladamente contagiosa que se bailaba rigurosamente suelta, fue una sorpresa descubrir los quilates de una artista sensacional que con el tiempo se convertiría en una de las más fieles abanderadas de su amado continente africano.
El 29 de febrero de 1912 se derrumbó en Tandil la famosa piedra movediza. Esa tarde a las 17, sin que nadie pudiese explicarlo, soplaba una brisa muy suave. La piedra se cayó, con un gran estruendo, girando sobre sí 90 grados hasta llegar a sostenerse en tres peñascos de la ladera. De esta forma se cayó un mito y grandes fueron los intentos en ese momento. Querían soldarla, reponerla, dejarla allí arriba aunque dejase de ser movediza. En el año 1938 se destinaron 70.000 pesos para su colocación, el proyectó fracasó. En 1953 algo que podría ser entendido como una ingenuidad, el Sr. Juan Otranto intentó pegarla con cemento algo impensable. Se realizaron intentos que no fueron efectivos en 1952, 1955 y 1966.
Recordemos un poquito la leyenda en aquellas tierras vivía un cacique muy cruel llamado Tandil. A tal punto llegaba su maldad que hasta sui propia esposa Mini decidió conspirar contra él. El castigo no se hizo esperar y Mini fue atada a un alto peñasco hasta que la muerte la alcanzó. Antes de morir Mini dijo al cacique Tandil. “Mi muerte conmoverá a la montaña y tus ojos verán mi corazón latiendo en esta piedra”
Así se originó la leyenda de la piedra movediza de Tandil, señalada a fines de siglo y durante la primera década del 900 como una de las maravillas del mundo que todos querían conocer. Ya en 1867 el ingeniero Moog trató de resolver el misterio hizo cálculos y afirmó que la piedra oscilaba sesenta veces por minuto o sea a razón de un movimiento por segundo.
En 1901 un acróbata italiano llamado Vanzello , subió a su cúspide y ante mil personas hizo una prueba acrobática. Apoyado en su mano derecha elevó el cuerpo sobre la piedra movediza. Dos nuevos personajes ofrecen en enero de 1967 levantar la piedra y devolver su oscilación.
Sin cobrar absolutamente nada. Ellos son los ingenieros Juan y Jorge Maxwell. Los cuales tuvieron el proyecto que no pudo ser llevado a cabo ya que es difícil pensar en oscilar 385.000 kilogramos.
Recién en el 2007 cuando se decidió colocar una imitación de la piedra construida en el parque industrial y colocada con una grúa.
Aunque resulte curioso Ignacio Baliña tiene un auto de carrera en su casa. El mismo es un Fórmula 5. Pertenece a los llamados monoposto, es decir autos sin techo donde sólo hay un lugar para el piloto sin acompañante, que pueden alcanzar velocidades hasta 170 km por hora.
“En un comienzo la idea fue poder tener un auto de bajo costo. Para esto se comenzaron a utilizar los chasis que dejaban los kartings y los motores de las motos que habían salido campeonas y que tenían que ser renovadas.
Fue entonces cuando un grupo de mecánicos decidió juntar esos motores alargando los chasis y colocándoles suspensión en las cuatro ruedas.
De esta forma nace la categoría que pasa por todas sus etapas en motores de cuatro tiempos. Con marcas como Gilera, Ducati, Motobi, Honda y Zanella.
Hasta que en los 70 se decide que la motorización sea de dos tiempos. De esta forma la categoría pasa a ser escuela para mucha gente y les permite aprender los detalles de cómo construir su propio auto de carrera con muy bajo costo.“
El crepúsculo se abate sobre un lago de Rio Negro (1930)
Buceando entre las góndolas de nuestro Archivo me encontré con unas fotografías de paisajes de Rio Negrode otras épocas . Esta que ves encabezando el post es tan hermosa como misteriosa. El único dato que tiene es que es del año 1930 y dice: “crepúsculo_ Rio Negro”.
¿Te animás a decirnos de que lugar se trata?
Yo me arriesgaria a decir que se trata del lago Nahuel Huapi pero no tengo ninguna certeza.
Te dejo un par de galerias de antiguas imágenes de la provincia de Rio Negro y algunas de la vecinaCarmen de Patagones (Buenos Aires) del otro lado del Río Negro.
El 4 de marzo de 1981, Adolfo Passalacqua obtuvo para La Nación esta imagen de un Robert De Niro distentido, hablando para la prensa, durante su fugaz visita a Buenos Aires, auténtico prólogo al estreno en la Argentina de su filme “El toro salvaje” (dirigido por Martin Scorsese).
El actor, que para su magistral caracterización como el boxeador Jake La Motta debió engordar una buena cantidad de kilos y desfigurar su rostro bajo un pesado maquillaje, llegó a nuestra ciudad con su look habitual y mantuvo un diálogo cortés (aunque no demasiado personal) con los enviados de la prensa.
Su visita a la Argentina, igual, fue muy fugaz y el astro de Hollywood no se quedó para el estreno del filme, que tuvo lugar el jueves 5 de marzo de 1981 en los cines Monumental, Santa Fe 1 y Lorange.