Lavalle, la preferida de todos

En busca de los sueños de celuloide, de la emoción hecha sombra y luz en la pantalla, el publico se vuelca a reclamar en los avisos la promesa de una noche plena de sugestión  y de aventura. Bien pronto aparecerá el héroe imbatible,  la dama en peligro,  el conflicto intimista que después se desangrará en conversaciones sin termino junto a la mesa de la confitería o el restaurante. Fotografía obtenida por Juan Di Sandro de LA NACIÓN el  7 de diciembre de 1957.

La calle Lavalle, popularmente conocida como “la calle de los cines”, tuvo su época de esplendor entre los años 50 y los 70 del siglo pasado. Así como Corrientes fue y es la calle más cosmopolita de Buenos Aires y Florida era considerada la calle más burguesa de la ciudad, Lavalle era la más transitada. Claro, me refiero al tramo que va desde Florida hasta Carlos Pellegrini.  Toda persona que venía a pasear a Buenos Aires quería conocer Lavalle. Era un paso obligado. Si no caminaban por ella era como si no hubieran venido a la capital.

En esas cuatro emblemáticas cuadras había unos 20 cines. Pero no sólo cines.  También confiterías, restaurantes, pizzerías, disquerías, heladerías, sastrerías, tabaquerías, y dos galerías comerciales.

Se estima que un sábado por la noche, a la hora de entrar y salir de los cines, más de 40 mil personas desfilaban por Lavalle. Una verdadera marea humana.  Estamos situados en la década de los 50. Por esos años,  gracias a los precios congelados de la entrada a 5 pesos, desde fines de los años 40, la gente de los barrios y alrededores se volcaban sobre el  centro. Caminar por Lavalle desde Esmeralda hasta Suipacha, a la hora de salir de los cines, llevaba media hora. Esta lentitud en el movimiento duró hasta fines de los años 70.

Aquellos cines;  hoy ya desaparecidos, algunos demolidos, otros transformados en templos religiosos o negocios de escaparates o salas de videojuegos; donde hoy sobreviven apenas unas placas recordatorias sobre el suelo, que dejaron su huella y le dieron carácter a Lavalle fueron:  Luxor, en Lavalle 669, Arizona (luego Cineplex), en Lavalle 727, Ocean, en Lavalle 739, Rose Marie, en Lavalle 750, París; en Lavalle 769,  Ambassador, en Lavalle 777. Monumental, en Lavalle 780, Trocadero, en Lavalle 820, Electric. en Lavalle 836, Paramount, en Lavalle 843, Hindú (luego Alfa), en Lavalle 846, Sarmiento, en Lavalle 852, Normandie, en Lavalle 855, Metropol (luego Atlas), en Lavalle 869, Renacimiento (luego Concorde), en Lavalle 925, Select Lavalle, en Lavalle 926 e Iguazú, en Lavalle 940

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Otros carnavales

Un Carruaje desfila en el corso oficial de la Avenida de Mayo, el 28 de febrero de 1925
Los carnavales de los años 20 fueron los de mayor esplendor. En aquellos años la gente se volcaba masivamente a participar de lo que era una verdadera fiesta. Desfiles de carrozas, concursos y premios, bailes y comparsas en las principales avenidas, en los clubes y en los centros sociales. Participaban todos los barrios, tanto de la ciudad de Buenos Aires como del conurbano.
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Aquella Mar del Plata de los años 30

           El Balneario La Perla de Mar del Plata a principios de abril de 1934
Mar del Plata, en sus comienzos, fue el lugar elegido por la gente adinerada de la Argentina para pasar sus vacaciones.  Desde fines del siglo XIX y hasta casi la mitad del siglo XX, todos los años entre diciembre y abril,  familias acomodadas provenientes en su mayoría de la ciudad de Buenos Aires veraneaban en la ciudad feliz.
Por eso es que se lo consideraba un balneario de élite. Estas fotografías de la década de 1930  muestran los últimos estertores de una época de esplendor. Una hermosa ciudad que marcó sin dudas una manera distinguida de pasar las vacaciones.
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Cuando la estación de La Plata fue Graz

¡Qué sorpresa  se llevaron los desconcertados pasajeros del ferrocarril Roca cuando aquella mañana de fines de enero de 1997 fueron a tomar el tren a la estación de La Plata!

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Bibi Andersson también leyó LA NACIÓN

Bibi Andersson observa la Tapa de LA NACIÓN del 3 de diciembre de 1985, en                 dónde se anuncia su llegada al país junto con Annie Girardot.

 Bibi Andersson, la famosa y talentosa actriz de cine y de teatro sueca, llegó a Buenos Aires procedente de Montevideo, aquel 3 de diciembre de 1985. Venia para participar, junto con otros notables actores, actrices, escritores, músicos y realizadores, del Encuentro Internacional de la Cultura Democrática, organizado por la Municipalidad local.

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Ejemplos de los argentinos de otros tiempos

 

Se nos acaba de ir de viaje (Cómo dice el Chango Mendieta) el profesor Enrique Mario Mayochi. Tenia 88 años.  Se había retirado de LA NACIÓN en 1991, luego de más de 30 años de prestar servicios, en su gran mayoría siendo jefe del Archivo de la redacción.

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Cuando el día se convirtió en noche

Parece que la tormenta de Santa Rosa se hizo sentir el 2 de septiembre de 1969.

LA NACIÓN publicó al día siguiente un epígrafe a 4 columnas que decía lo siguiente:

“Luego de 39 días sin lluvia la ciudad de Buenos Aires soportó estoicamente una precipitación pluvial que alcanzó a 20,8 milímetros.

Desde las primeras horas de la mañana densos nubarrones invadieron el cielo porteño, y a las 10.45, tal como lo muestra la fotografía que capta un sector de la zona de Retiro, las luces de las calles, edificios y automotores debieron ser encendidas, ya que un oscurecimiento total invadió la capital.

Esta situación meteorológica duró, con algunos intervalos, hasta aproximadamente las 15, en que cesó la lluvia y el cielo se aclaró parcialmente. La anormalidad trajo aparejados, como es de suponer, varios inconvenientes a los habituales medios de locomoción, que debieron circular a moderadas velocidades y causó algunos trastornos en el Aeroparque de la ciudad y en el Aeropuerto de Ezeiza, donde varios vuelos debieron ser demorados hasta estabilizarse el “plafont”.

La tradicional tormenta de Santa Rosa, aunque con algunos días de retraso, no faltó a su anual cita que, indudablemente, no olvida.

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Avisos saludables en LA NACIÓN de 1925

Buscando un artículo en el suplemento Artes y Letras de LA NACIÓN de Julio de 1925 me llamaron la atención una serie de avisos notables de escaso volumen, en su mayoría dedicados al rubro de la salud. Más específicamente a los productos farmacológicos.

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Allí donde nace la Avenida Rivadavia ( 1960 )

Fotografía obtenida por Juan Di Sandro de La Nación, el 6 de abril de 1960

“Estamos en el bajo, junto a la estatua del segundo fundador de Buenos Aires. Es decir, en el punto de partida. Desde allí, subiendo hacia el oeste, nace una calle. La bordean la Casa de Gobierno y el Banco de la Nación Argentina. Si se la observa desde abajo, sólo se alcanza a ver eso: la pendiente inicial. Parece que terminara allí.

No ha vivido más que unos pocos metros, acaso menos que una simple cortada. Y sin embargo es “La calle más larga del  mundo”. No se cuenta por metros. Se mide por kilómetros y excede holgadamente los límites metropolitanos.

También la ciudad, levantada un día remoto de 1580, pudo parecer destinada a morir en su etapa primera. Cuando aún sacudía sus techos el eco trágico de la primera fundación. Hoy enfrenta distancias y sus límites crecen sin pausa hacia la llanura.  Ha cambiado su rumbo, ha invertido la dirección de su historia, pero no ha interrumpido su marcha. Ayer era la vida desplazándose hacia el Oriente, las carretas ganando el río y los hombres de la campaña bajando hacia la metrópolis. Hoy, en cambio, la ciudad busca el oeste. Se extiende hacia la pampa, penetra en la pradera y es esa misma calle Rivadavia_aquella que perece morir al nacer_la que se hunde en la provincia como una lanza de conquista”.

(Texto publicado en el Suplemento de La Nación de los domingos del 24 de abril de 1960, en la columna: “Así es Buenos Aires”)

 

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Gimnasia y Estudiantes en abrupto final

Fotografía  gentileza de:  http://viejosestadios.blogspot.com.ar/

Aquel domingo 10 de junio de 1934 sucedió un hecho inusitado. El clásico entre Gimnasia y Esgrima de la Plata  y Estudiantes concluyó a los 16 minutos. ¿Qué había pasado?  ¿Una tormenta se había desatado sobre la cancha del bosque? ¿Los hinchas tiraron proyectiles al campo de juego? ¿Algún fenómeno extraño impedía la continuación del partido?  No. Nada de eso.

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