La Residencia, sexo en clave de terror

 

Transcurrían los últimos días del invierno de 1972, y con Marcelo, un incondicional compinche del secundario (el viejo Mariano Acosta) hacíamos el recorrido habitual de los sábados a la noche, para hallar el acceso en lejanos cines de barrio a películas prohibidas para menores de 18 (en realidad casi todas las buenas que podían verse esa temporada lo eran), y en nuestro peregrinaje llegamos a un cine de Flores que tenía programa doble y sabía hacer la vista gorda en cuestiones de edad.

La película principal del programa de ese día, me parece, era Sacco y Vanzetti”, un film político que a mí, por lo menos, me dejó totalmente indiferente, aún reconociendo la estupenda actuación de Gian Maria Volonté y la linda balada (“Here’s to You”) que cantaba Joan Baez en su banda de sonido.

De “relleno”, se anunciaba un filme del que no teníamos antecedentes, aparentemente de misterio o de terror, denominado “La residencia” (que se había estrenado en mayo del año anterior en una sala céntrica, el Normandie).

Como tenía actores internacionales (Lilli Palmer, John Moulder-Brown, los principales dentro de un extenso elenco) y por las fotos sombrías y góticas que ilustraban una cartelera del costado del cine, podría haber pasado muy bien por una cinta de la legendaria casa Hammer, productora británica especializada en filmes de terror con toques más o menos flagrantes de erotismo (un poco de sangre por acá, algunos pechos blancos y robustos por allá).

Pero no, “La residencia” resultó verdaderamente un trago fuerte, casi un exquisito licor añejado, una verdadera genialidad dirigida por “Chicho” Ibáñez Serrador para el cine español.

 

A Chicho (Narciso Ibáñez Serrador) ya lo teníamos bien conocido por los brillantes trabajos que había dirigido para la Televisión, tanto en la Argentina como España junto a su padre, Narciso Ibáñez Menta, el maestro del horror en castellano. “¿Es usted el asesino?” (en su versión española, porque también había realizado otra para la TV argentina) había sido uno mis ciclos televisivos preferidos cuando lo pude apreciar, apenas unos pocos años antes.

Pero en realidad, y pese a todos estos antecedentes, y volviendo a aquel programa doble del otoño del 72 en el viejo cine de Flores, con mi amigo Marcelo no estábamos preparados en lo más mínimo, tras el aburrimiento panfletario del filme de Volonté, para lo que nos íbamos a encontrar enseguida.

“La residencia” narraba una historia claustrofóbica, sombría, tenebrosa, ambientada en una escuela para señoritas problemáticas ubicada en el sur de Francia a comienzos del siglo XX. Ya de entrada desconfiábamos de la cruel directora del establecimiento, magníficamente interpretada por esa sutil actriz que siempre fue Lilli Palmer, que vivía en el gótico edificio (todo escaleras, cortinados y rincones) junto a su hijo retraído y apocado (un estupendo John Moulder-Brown) y un grupo de internadas con las que mejor no tener jamás una cita a ciegas (muy bonitas todas, eso sí).

Una joven solitaria, interpretada por Cristina Galbó, llegaba al lugar para ser internada en  la institución y pronto comenzaba a complicarse la espesa trama, ante la desaparición de varias de las pupilas del colegio.

La atmósfera densa, peligrosa, que se va creando en la pantalla, impactaba en todo momento, desde los recorridos por las solitarias escaleras, hasta los paseos nocturnos por un invernadero de esos que nos parecía saludable evitar (aún de día y a plena luz). Así, con auténtico toque maestro, Chicho” Ibáñez Serrador (ayudado por la estupenda banda de sonido de Waldo de los Ríos) iba creando gradualmente un clima opresivo, cargado de alusiones a todo tipo de represiones sexuales, y nos hace en todo momento desfilar junto a un precipicio. Un precipicio de horror, claro.

Aún después de tantos años, recuerdo esta película, indudablemente subvalorada en su momento, y que estaba a la altura de los mejores filmes de la escuela británica de terror de los años 60 y 70. Todavía hoy, y pese a tanta sangre que ha corrido bajo el puente en el campo de los filmes del género (torrentes a decir verdad), “La Residencia” sigue asustando. Por algo será.

  • Ale

    Hola, Ernesto
    muy buena la nota, pero no miré el video todavía, xq sino creo q no voy a poder dormir, jajajajaajaja!!!!
    Mañana lo miro, con la luz del día, para q no me asuste tanto!!! :)

    un beso,

    Ale.

  • Ernesto G. Castrillón

    Hola Ale, gracias por tu comentario, pero el fragmento del film que elegimos no es terrorífico, sólo un ejemplo de como el director construía tensión y creaba atmósfera durante una simple lección de bordado. Te garantizo que la vas a poder ver a la luz del día. Sueño garantido, sin pesadillas.
    Saludos.

    • Ale

      Hola, Ernesto

      ah, bueno, como leí el argumento, creía q iba a ser tal cual, así q x las dudas, lo dejé para la luz del día, jajajaa!!!!!!
      Gracias!!!! :)

      saludos,

      Ale xx

  • Ernesto G. Castrillón

    No, tranquila, mirá la secuencia que elegimos que está bárbara, una joyita de oscura represión con primeros planos. A un costado, si tenés estómago, con el rótulo de crimen 1 tenés una secuencia más fiel a la película, pero sí para ver con luz de día.
    Saludos.

  • leliamp

    Es cierto, “La Residencia” fue una gran película, bastante terrorífica, por cierto. Me encanta que la recuerden.

  • Elena

    Terror y suspenso del bueno, del clàsico, Sigan asì !! Con esas perlitas que rescatan

  • Hector

    Agradezco esto que escribiste, estoy bajando la pelicula.
    Muy interesante tu relato y el homenaje que le has hecho a estos creadores.
    Ellos, con cero efectos especiales, lograban tenerte atornillado a la butaca, kgdo de miedo.
    Saludos, Hector.

  • Ernesto G. Castrillón

    Gracias a Leliamp, Elena y Héctor por los comentarios. Me alegro que les haya gustado el post.