Alta fidelidad ¡Qué vivan los coleccionistas!

 

 

 

 

Uno ha sido siempre un coleccionista de discos. Viejos discos de vinilo, simples, LPs., dobles, lo que fuera. Luego de CDs, hasta llegar casi a armar una colección de 20.000 unidades en todo formato posible, habido y por haber. Uno está medio loco, claro. Pero el placer en hacer bolsa el dinero comprando discos ha sido siempre el mismo, desde la adolescencia cuando contaba los pesitos que me pasaba mi viejo para dilapidarlos en alguna de las disquerías de la calle Corrientes (las que permanecían abiertas hasta la 1 o 2 de la mañana), o haciendo “economía de guerra” para alcanzar el precio de los vinilos importados de rock que sólo se hallaban en la desaparecida Tubo Records de la avenida Alvear (cuya exquisita vendedora de pelo castaño, además, brindaba el bonus de la mejor minifalda que pudiera llevar una joven a comienzos de los años 70), o la legendaria El Agujerito de la Galería del Este, que todavía vence el paso del tiempo y las cambiantes modas del mercado.

Cuando la guita no alcanzaba, por supuesto, la obsesión permanecía, y cuando en el secundario uno sencillamente no podía darse el lujo de comprar el album “Beatles for Sale”, no importaba, porque mientras tanto se agenciaba el disco doble de edición local (con 4 temas del famoso LP. de Los Beatles) y listo.

El delirio por los discos de rock, los de música folklórica británica, los de música étnica, los de jazz, o los de la entrañable y dulce Gigliola Cinquetti y el gran cantautor francés Yves Duteil, lo que fuera, nunca cedió. Y si bien, a lo largo de los años he conocido algunos solitarios especimenes para los cuales los discos eran tan importantes, tan imprescindibles para pedalear la vida como lo eran para mí, nunca dejé de pensar que el coleccionismo discográfico era una enfermedad crónica, gracias a Dios incurable, de la cual yo era casi un paciente en estado terminal.

 

Por suerte, como en tantas otras cosas, estaba equivocado. Tengo ante mí el ejemplar de la revista más maravillosa, erudita, simplemente hermosa que ha caído en mis manos en décadas. Hecha por unos tipos que, además, están tan locos como yo, más locos incluso, verdaderamente perdidos en el atrapante universo del coleccionismo de discos.

Es el número 3 de la revista “Alta fidelidad”. Estéticamente bella, con el formato de una perfecta réplica de un viejo disco simple, desde la llamativa calidad del papel (algo inusual en nuestro medio) se propone como un fascinante recorrido de las posibilidades del coleccionismo discográfico en la Argentina. Viejos LPs., discos simples, dobles, CDs, discografías de grupos clásicos como The Kinks o modernos aspirantes a serlo como Nirvana, se suceden en un número donde además se ocupan de los conjuntos de música Beat nacionales que se editaban a fines de los 60 en nuestro país. Un cóctel pleno de información para eruditos, para coleccionistas, por supuesto, realizado por gente que sabe realmente mucho como el genial Alfredo Rosso, que sigue tan enamorado de Los Kinks como yo, como cuando los dos trabajábamos a mediados de los años 70 en la vieja empresa discográfica Music Hall (junto a aquel extraordinario periodista y escritor, tipo entrañable, además, que fuera Jorge Montes) y Alfredo me contaba orgulloso como había logrado convencer a los dueños del sello de que editaran una hermosa antología del grupo. Por supuesto, que cualquier cosa escrita por Rosso sobre rock ya justifica la compra de una revista, de muchas revistas.

 

 

Y el hombre, gracias a Dios, no está solo. El propietario de la publicación, Federico C. Zelechowski, ha puesto toda la carne en el asador con esta revista, que como coleccionista, aseguro que es de una factura inusual para nuestro medio. Además, en la dirección editorial de “Alta fidelidad” está nada menos que Fernando Pau, dueño de la mejor disquería de rock de Buenos Aires, Abraxas (avenida Santa Fe 1270, local 74 y 76).

Este montevideano cincuentón sabe muy bien de lo que escribe. Hay que verlo en acción moviéndose en su local entre CDs y LP. con la gracia de un tigre de Bengala bien alimentado. Recientemente, ante una pregunta a boca de jarro hecha por mí, charlando sobre bandas menores, casi de culto (y bastante injustamente olvidadas) de los 60 como The Critters o The Human Beinz, Pau, como al pasar, me abrumó amablemente con los dato de sus ediciones en CDs, y de las viejas nacionales en vinilo (que por supuesto tiene) y con todo el enciclopédico conocimiento de este verdadero humanista que vive y respira entre discos.

Así que tras hojear el número 3 de esta hermosa revista, que difundimos rabiosamente, con ganas entre nuestros lectores, se me ocurrió que por suerte, y pese a los agoreros de las últimas décadas, el LP.(y el vinilo con él) no ha muerto. Sigue siendo el formato más amigable y noble para conservar música grabada. Hasta su misma vulnerabilidad cada vez que la púa hace su trabajo sobre el surco nos recuerda que la música es como todos nosotros, frágil y única.

Pero no les digo más nada, averígüenlo ustedes mismos. Compren esta revista, que no tiene precio, y no sean miserables. Yo, en tanto, me llevo mi ejemplar a cada, que además es un chiche, y como buen coleccionista, no se lo pienso prestar a nadie.

Recordando de paso la importancia que daba nuestro diario a la crítica discográfica en los años 60, cuando cada edición era un evento cultural que era reflejado en la sección “Música, música, música” de la legendaria “Columnas de la juventud” que contaba con críticos como Fernando López (uno de los máximos especialistas en música del Brasil), o mi propio padre, Ernesto José Castrillón (especialista en jazz y tango). En esa misma sección, el delirante que escribe estas líneas empezó en el periodismo a comienzos de la década del 70, haciendo precisamente lo que más le gustaba en la vida, comentar discos. Ahí van algunas notas que escribí entonces para el diario, y que, como era costumbre en esa época, no llevaban firma. La mayoría absoluta, por supuesto, eran sobre rock, que constituía mi dieta habitual de música por entonces (y todavía hoy).

Como contribución al coleccionista discográfico más alocado, ahí va también una galería con las tapas de algunos de los discos dobles y simples con portada más apreciados de mi propia colección. De despedida, a los amigos del Archivoscopio les dejo para el estribo un consejo que figuraba en la traducción criolla del título de una vieja canción que cantaba Little Richard: “Gástate el sueldo en rock”. Ese sí, que sigue siendo un buen consejo.

  • Diego Gonzalez

    Que fenomeno que sos Ernesto! La nota es excelente!!Mientras la leia recordaba a un primo mio que tiene unos vinilos increibles, fanatico coleccionista como vos! Parece mentira que algunos de los importados que escuché suenan mejor que un CD, increible! La musica para mi es todo, me levanto y me acuesto con musica pero claro, no soy coleccionista, mas bien me definiría como pirata, soy fanatico de las descargas en internet jaja
    Un abrazo!!

  • marcelo dorignac

    Que grande ernesto!!! siempre escribiendo y enseñándonos…gracias por tanta sabiduría..

    abrazo grande

  • Ernesto Castrillón

    Gracias Diego, “Nuestro hombre en Barracas”. No me cabe la menor duda que la música te puede.
    Amigo Gastón,lo mío no es enseñar, sólo compartir cosas lindas a las que llegué antes, sólo por viejo. Retribuyo el abrazo.

  • MIRIAM

    Siempre me gusto la musica, si bien debo reconocer que el rock es lo mio
    hay otos generos que me gustan……
    te felicito la nota es impecable me
    hizo recordar tantas cosas!!!!

  • Ernesto Castrillón

    Gracias por tus elogios, Miriam, y la música tiene esa virtud, nos hace recordar muchas cosas.

  • Gustavo Block

    Amo la música y su buena reproducción (la más natural posible)! Trasnochando me topé con este artículo, que es una verdadera delicia. Ahora rumbeo al living a escuchar un disco antes de dormir. Gracias Ernesto.

  • Ernesto G. Castrillón

    Gracias por el comentario, Gustavo Block.

  • Belén

    Hola Ernesto, soy profesora de Historia y estoy trabajando en una tesis sobre cultura juvenil en los sesenta y setenta, Columnas de la Juventud es una de mis fuentes. Te agradecería mucho que, si tenes ganas, me cuentes sobre cómo trabajaban en la confección de Columnas…, cómo elegían los temas, cómo hacian las notas, por qué dejó de aparecer hacia 1974… Me pasó el dato de tu blog Mireya Viacava Raab…muy bueno! felicitaciones!

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