REGRESO A CASA. . .
Luego de un mes de vivencias, charlas y trabajos, el tiempo de que nos dejen la posta se aproxima; de un momento a otro Nicolas y Sebastián inician los preparativos para el regreso a casa. Son tres días de arduo trabajo; mientras, Mariano y yo salimos a las colonias a tomar datos y muestras, por primera vez, solos.
Es raro; todavía no se fueron, pero es como que faltan en el momento, con Mariano no decimos nada, viajamos en el Zodiac en silencio, contemplando la brutal belleza que nos rodea y tal vez haciéndonos muchas preguntas, incluso tal vez no nos dimos cuenta de la magnitud de los acontecimientos aún, pues todo sucede muy rápido. . .
29 de enero, el buque oceanográfico Puerto Deseado fondea en Bahía Scotia. Es el último día; con un sencillo acto se traspasa la Base a la dotación entrante; e inicia el momento de embarque. Nos sentamos los seis en la costa, Miguel y Federico, los Biólogos que por un mes realizaron relevamientos en el área; Sebastián, Nicolás, Mariano y yo. A veces conversamos un poco mientras el resto se sube a los botes que arriban para transportarlos al buque; a veces callamos .
El último Zodiac arriba a la costa; un fuerte abrazo y apretón de hombros, consejos de último momento, y un hasta pronto viejo, cuídense, los estaremos esperando. . .
Nicolas y Sebastian regresan a casa, felices de concluir parte de su vida aquí, de hacer realidad un sueño, de crecer mas, y sobre todo de aportar un granito de arena a la conservación, un importante granito de arena . .
Con los brazos en alto, seguimos al Zodiac con la mirada hasta que su pequeñez se confunde con el mar de Scotia.
Los siguientes días, salimos a realizar nuestros trabajos, con las recorridas habituales a Punta Martin, Bahía Primavera, Bahía Casihuma; Refugio Cormorán . . .
No dejamos en ningún momento de realizar el balance de nuestra estadía junto a Nicolas y Sebastian; siempre positivo, excelente.
Van pasando los días, nos afianzamos con cada salida, aprendemos mucho en cada una, nos sentimos muy responsables; no improvisamos en nada; cada detalle es observado y cada error es aprendido.
Estamos muy felices de vivir y trabajar aquí y de haber compartido un excelente mes a pleno con Nicolas y Sebastian.
Los echamos de menos.
Un fuerte abrazo
Hasta pronto
El domingo 22 de Febrero se festejó aquí en la Base Orcadas el día de La Antártida Argentina.
El 2 de diciembre de 1903, el científico y explorador escoses Williams Bruce llega a las islas Malvinas. Es el líder de una expedición científica ya muy exitosa, que había pasado el invierno en la solitaria isla Laurie de las Orcadas del Sur. Ha dejado a 6 hombres en la isla para continuar sus observaciones meteorológicas, magnéticas y biológicas. Planea recogerlos al regresar nuevamente al sur para realizar más estudios oceanográficos antes de retornar a Escocia.
A la mañana se izó la bandera Argentina y entonamos las estrofas de nuestro himno Nacional. Hace 105 años que flamea nuestra bandera en estas Islas y que el Presidente A. Roca firmaba un acuerdo por el que la Argentina se haría cargo del funcionamiento del observatorio meteorológico y magnético, establecido por la Expedición Nacional Antártica Escocesa, en las islas Orcadas del Sur. En la actualidad constituye la estación científica con dotación que ha permanecido en funcionamiento contínuo por más tiempo en la Antártida.

Observatorio geomagnético
La Historia
Los documentos conservados en el Archivo sobre Moreno en el Museo de la Patagonia en Bariloche, indican que la experiencia y determinación del Dr. Perito Francisco Pascasio Moreno, fueron factores clave para este logro.
Hasta recientemente, pocos, aún los científicos especialistas en temas polares en la Argentina, conocían la existencia de estos documentos.
Es de particular interés, una carta original de Bruce a Moreno desde Montevideo, fechada el 14 de diciembre, solicitándole su ayuda cuando llegara a Buenos Aires. Otras cartas y recortes, constituyen fascinantes ejemplos de la calidad humana extraordinaria del Perito Francisco Moreno, de su conocimiento del poder de la prensa y de la importancia de la cooperación internacional. También ilustran su visión e impulso, tan vitales para establecer una presencia permanente de su amado país en la región. (Moreno ya había sido un protagonista clave en el rescate por parte de Argentina de la expedición Antártica Sueca, y ahora estaba planificando el establecimiento de la primera Oficina Postal en la Antártida).
Esta es la historia de un éxito. Es también la historia de dos patriotas — el científico escocés William Bruce y el científico argentino Francisco Pascasio Moreno – de sus habilidades, experiencias, su visión y determinación y del respeto que mostraron por las exploraciones científicas de excelencia sin importar el país que las impulsara. Es ahora 105 años mas tarde donde se refleja la visión que ciertos próceres como el Perito Moreno tenían de la importancia de la investigación científica.
Pero necesita provisiones y su buque, el Scotia, debe ser reparado y reabastecido de carbón. Espera que las noticias de su éxito alentarán la ayuda financiera de su país para permitirle continuar con su trabajo o, al menos, poder recoger a los hombres que había dejado en las islas. Desafortunadamente, las noticias no son buenas.
El gobierno británico continúa mostrando poco interés en su expedición y aún peor, está planificando cerrar definitivamente el observatorio de montaña en Escocia donde Bruce había ganado valiosa experiencia antes de zarpar hacia el sur. El precio del carbón en las islas también es mucho más alto de lo que él había previsto. El corto verano antártico pronto habrá pasado. Queda poco tiempo y entonces, decide ir a Buenos Aires, vía Montevideo, para buscar ayuda en la Argentina.
Cómo cambió su suerte. A pesar de una huelga portuaria y del gran calor, la amabilidad mostrada en Buenos Aires permanecerá con él para siempre. Sorprendentemente, en un plazo de dos semanas, y en el pico del período de vacaciones, sus problemas se resuelven. El costo del mantenimiento del barco en dique seco y de su reabastecimiento con carbón serán gestionados.
El 21 de enero el Scotia parte de Buenos Aires. Ahora hay tres científicos argentinos adicionales a bordo. El 13 de febrero arriban a la Isla Laurie. Se lleva a cabo el mantenimiento rápidamente. Las cartas y sobres llevan el matasellos de la Antártida por primera vez. Se toman fotografías con las banderas Escocesa, Británica y Argentina flameando.
El 22 de febrero el Scotia parte. Antes de que comience otro invierno austral, se realizarán más observaciones oceanográficas. En julio el Scotia, llegará finalmente de regreso a Escocia, en perfectas condiciones. Constituyó la expedición más económica y, a juicio de muchos, la más éxitosa expedición científica a la Antártida de su época.
En la Isla Laurie, dos escoceses permanecían junto a tres científicos argentinos. Conjuntamente realizarán estudios científicos a lo largo de un invierno muy, muy frío. El verano siguiente, nuevo personal llegará en la ilustre Corbeta Uruguay para relevarlos. Los estudios científicos argentinos y la cooperación científica internacional en el gran continente blanco habían comenzado.
Los días fueron pasando muy rápido, entre salidas a las colonias y planificaciones en la casa. Con un pronóstico bueno, hicimos la primer salida larga, en donde relevamos pingüineras y áreas de nidificación de gaviotines antárticos, colectamos muestras de cormoraneras, censamos lobos y focas leopardo. En esta salida dimos la vuelta en los Zodiac por toda la costa oeste de la isla, lo que nos tomó unas 8 horas de navegación corridas, en mar abierto.
Una semana después, otra brecha de buen clima, nos permitió realizar otra salida larga, esta vez, de 4 días de navegación. Salimos desde la base por la Bahía Uruguay. El primer día sacamos muestras de una cormoranera y nos dirigimos al refugio Geddes, construido en 1945 y utilizado una sola vez por el gobierno de Inglaterra para realizar investigaciones. Una vez descargados los equipos y recorrida la isla, preparamos la cena, jugamos un buen truco y nos fuimos a dormir .
El segundo día, por la mañana tomamos muestras de petreles gigantes y después del almuerzo y unos mates, navegamos hasta Pla. Watson para realizar censo de petreles gigantes, que en esta época están con sus pichones. El final de la jornada concluyó con una fuerte nevada y bruma, condiciones cotidianas del clima en la isla Laurie. Al regreso el refugio nos abrigó con la cocina a leña, charlas y por supuesto la revancha truquera.
La mañana siguiente nos preparamos para la segunda etapa: una larga jornada de navegación y relevamientos, nos dirigimos a Bahía Fitchie en Península Foster. En este tramo encontramos una lobería, en donde habían cuatro cachorritos de lobo marino antártico. Este descubrimiento fue muy importante, ya que el 90% de las crías nacen en las Islas Georgias y aquí hay muy pocos datos sobre crías de esta especie. También levantamos boyas y cuerdas que pierden los buques pesqueros y son una trampa mortal para la fauna del mar y las costas.
Bajamos en la península, inmediatamente armamos carpas y un paraviento con los tambores y cajones. Entre mate y mate, planeamos la jornada siguiente. Salimos a caminar un poco, y luego de unas charlas, mates y garrapiñadas en una carpa comunitaria (nos metimos en una carpa para tres, todos, apenas entrábamos) fuimos todos a dormir, cada uno en su carpa.
El último día nos dividimos en dos grupos de trabajo. Uno censaba lobos en la costa de península Foster y otro cruzó a Isla Graptolita. Concluidos los trabajos de relevamiento, cargamos los equipos y continuamos relevando la costa hasta concluir la vuelta en Ba. Scotia donde los compañeros de base nos esperaban para ayudarnos con el traslado de elementos, equipos y muestras.
Esta vuelta se realizó con dos botes Zodiac , MKIII y MK IV . Cada uno con equipos de rescate y supervivencia, Balizas PRB (que transmite una señal de posicionamiento satelital a todas las naves y bases antárticas) motor de emergencia, y teléfono satelital que funcionó con éxito en todas las comunicaciones realizadas con la base.
Los Integrantes de la vuelta fueron: Miguel Gasco, Federico Badoin (Biólogos), Sebastian Raviculé, Nicolas Ferrari, Mariano Spisso y Emilio Daher (Guardaparques) y el Cap. Gustavo Lancelotti (Armada Argentina).
Todas las muestras y datos, son enviados a la Dirección Nacional del Antártico – Instituto Antártico Argentino en donde son analizadas y administradas. El convenio entre la DNA y nuestra institución (APN) nos da la oportunidad de poder cumplir este sueño.
Es muy importante la logística y apoyo que brinda la Armada Argentina para que nosotros podamos hacer los trabajos previstos.
Espero que disfruten nuestros relatos. Un abrazo.
El reencuentro con Nicolás Ferrari y Sebastian Raviculé -Guardaparques que concluyen su estadía anual- fue muy alegre y emotivo. Ambos son compañeros de trabajo y amigos que no veíamos hace años.

Tras dos días de descargar el buque Puerto Deseado, iniciamos la primer salida de trabajo a las colonias de pingüinos Adelia y Barbijo en Punta Martin, una de las zonas de investigación en la isla.
Allí, Sebastian y Nicolás, nos fueron poniendo al tanto de los métodos de trabajo y recomendaciones especiales para que la tarea sea más eficaz y eficiente.
En estas colonias se realizan trabajos sobre la población. Para ello se censan especies adultas al arribo, parejas en nido y huevos durante la puesta y eclosión (cuando salen del cascarón los pichones). Los pichones en nido y pichones en guardería (es cuando están ya grandecitos y los juntan a todos en un mismo lugar) y el total de pichones y adultos sirven estudiar el éxito reproductivo de la especie.
También se extrae contenido estomacal, para ver la dieta y detectar toxinas o variaciones en las poblaciones de krill, que son la principal fuente de alimentación de los pingüinos en este lugar . Este trabajo en particular se hace en la costa, ya que se capturan los animalitos cuando regresan de alimentarse mar adentro.

Otro de los trabajos consiste en censos de lobos marinos, focas de Weddell y elefantes marinos. Para ello, se camina por la costa a lo largo de 5 Km. contando los animales y anotando alguna particularidad especial. También se colectan focas para ver dietas.
En ocasiones, observamos focas leopardos (temible predador marino) descansando sobre témpanos. Nos subimos para fotografiarlas y colectar muestras, ya que es el único lugar en donde descansan del agua marina.
* * *
La Antártida por dentro
En 1988, con el beneplácito de las compañías petroleras, los países firmantes del Tratado Antártico
aprobaron la explotación minera del Continente Blanco, abriendo así la puerta a la degradación
ambiental y, tal vez, los conflictos armados. Tres años más tarde recapacitaron y alumbraron el Protocolo de Madrid, que convirtió a la Antártida en una “reserva natural dedicada a la paz y a la ciencia” y prohibió, durante los próximos cincuenta años, toda actividad minera en su ámbito.
El acuerdo será revisado en el año 2041. Se espera que para entonces la humanidad haya comprendido la importancia de la Antártida como regulador del clima planetario, último laboratorio natural sin alteraciones y mayor reserva de agua dulce del mundo. Y el único continente libre de dinero, armas, fronteras, huellas de guerra y catástrofes ecológicas sea declarado Parque Mundial.

La Antártida es también el continente más frío (88º C bajo cero), el de mayor altitud media (2.050 msnm), el más ventoso (con ráfagas superiores a 300 km/h), el más seco (caen menos gotas que en el Sahara y hay zonas donde no ha llovido en los últimos dos millones de años) y el único sin erremotos. Además, la extrema asepsia de su ambiente impide incluso el resfrío más leve y hace que los animales muertos tarden una eternidad en descomponerse. Para colmo de extrañezas, en su corazón -el Polo Surimperan una sola noche y un solo día, de seis meses. No acaban aquí los prodigios. Gracias a 20 millones de kilómetros cuadrados de mar congelado, logra casi triplicar su extensión en invierno y saltar del cuarto al tercer puesto en el ranking continental, por encima de África.
Sus espaldas cargan hielo y nieve suficientes para cubrir los restantes continentes con una alfombra
blanca de 33 metros de espesor y, si se derritieran, aumentar 60 metros el nivel de los
océanos. Hospeda el 90 % del hielo planetario, el 70 % de las reservas de agua dulce (bastante para
un millón de años al ritmo actual de consumo) y produce, en forma de témpanos, un volumen quivalente a la mitad del agua que usa el mundo cada año. ¿Para qué sirve la “torta helada”? No sólo para apagar la sed del planeta cuando hayamos liquidado ríos, lagos y napas subterráneas.
La Antártida y su cinturón marino conforman el sistema de enfriamiento de la nave terrestre, una fábrica de climas y una pieza clave para la circulación de corrientes acuáticas y atmosféricas. También el último laboratorio natural sin alteraciones que le queda al orbe. Vale decir, una oportunidad
única para la ciencia.

A la Argentina corresponde el honor de ser el primer país del mundo (y el único durante cuarenta años) con una base permanente en la Antártida. Se trata del observatorio de la Isla Laurie, en el archipiélago de las Orcadas del Sur, que funciona desde febrero de 1904. Actualmente, nuestro
país cuenta con doce bases, en las que se realizan diversas tareas de investigación científica. Algunas
son pequeñas aldeas. Es el caso de Esperanza, donde se celebró el primer casamiento antártico y, en
enero de 1978, nació el primer bebé (Emilio Palma, hijo del entonces comandante de la base).
En 1990, un guardaparque colaboró con el equipo científico del Instituto Antártico. La experiencia
resultó fructífera. Al año siguiente, se firmó un convenio para posibilitar el envío de guardaparques
a las bases Orcadas, Esperanza y Jubany. Desde entonces, la Administración de Parques Nacionales participa allí en el desarrollo de tres programas biológicos (monitoreo del sistema antártico,
aves marinas y mamíferos marinos) y en dos de geofísica (sismología y geodesia). La Argentina
es el primer país que envió sistemáticamente guardaparques al Continente Blanco. La vinculación de Parques Nacionales con la Antártida tiene un remoto antecedente. A fines de 1903, Francisco P. Moreno alojó en su casa al doctor William Bruce, quien regresaba a Buenos Aires tras explorar las
Islas Orcadas. El científico escocés, por intermedio de Moreno, le ofreció a nuestro país hacerse
cargo del observatorio de la Isla Laurie, semilla de la primera base permanente en territorio
antártico.
Después de 11 días de navegación en el buque oceanográfico Puerto Deseado, y tras sortear el paso o Mar de Drake, arribamos a la base Orcadas; nuestro hogar y área de trabajo por un año.La base se encuentra en la isla Laurie, que junto con la isla Coronación y otros islotes menores componen el grupo de las Islas Orcadas en la Antártida Argentina.
En estas islas, colonias compuestas por cientos a miles de pingüinos, aves voladoras y mamíferos marinos encuentran un lugar ideal para alimentarse, descansar y/o reproducirse. Es aquí donde la Argentina tiene una de sus Bases Antárticas para investigación científica.
La base está asentada en un pequeño istmo de no más de 4000 metros cuadrados limitado al S por la Bahía Scotia, al E por el Glaciar del C° Monja, al N por la Bahía Uruguay y al O por el C° Mossman.
Los edificios están algunos elevados a 2 metros y dispuestos de forma separada en taller, casa principal, derretidor de nieve, usina principal, usina secundaria, casa de emergencia, depósito de combustibles, depósito de gas, botero, laboratorio, estación de observaciones meteorológicas, geomagnetismo y sismografía.
Tres sitios históricos y de interés hablan de la historia pionera de la base: “Omond House“, un refugio construido en 1903 con piedras de la isla y amoblado precariamente, por del Dr. William Bruce y su expedición provenientes de Escocia. El observatorio de geomagnetismo montado por Bruce construido en madera de doble pared en 1904 . Una casa construida en 1905 y que luego fuera denominada “casa Moneta”. Por último y mirando al Norte sobre Bahía Uruguay se encuentra el cementerio con los restos y memorias de los expedicionarios fallecidos en los más de 100 años de presencia antártica argentina en la base Orcadas.
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