Aquí, tres poemas de William Carlos Williams (1883-1963), una de las voces más influyentes de la poesía norteamericana del siglo XX, y nieto de Emily Dickinson.
Poeta objetivista que no utilizó palabras superfluas ni adjetivos que no revelen algo. Un tipo brillante. Estos poemas pertenecen al libro Poemas (1985, ed. bilingüe de Visor), traducidos por José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal.
Nunca nombrarla, nunca.
Ni callarla siquiera.
Solamente crecer de sus raíces
con asombrado llanto.
Ser y morir tan solo
para justificarla
como naturaleza
y sumisa costumbre.
Madurará con pausa
y exactitud de necesaria estrella
y solo incertidumbres
me probarán su órbita,
su doloroso amor, su cumplimiento.
Será un desgarramiento
elemental, constante.
Desesperada espera
–lo sé– desesperada.
Y sin embargo, nada
persistirá más cierto
que su sabiduría,
que sus sencillas fiestas.
Como el rosal seguro de la rosa.
Y yo seré la sombra
de su florecimiento,
yo viviré acatando
su voz y su silencio,
en indefensa tierra,
irrenunciablemente.
Aquí va el primer párrafo de Malone muere, una de las novelas de Samuel Beckett, que escribió de todo, profundamente. Un poeta interminable. La primera vez que leí este párrafo tuve sensaciones encontradas. Por un lado, quería saber rápidamente cómo desarrollar una novela con un comienzo tan contundente y, por otro, no quería que terminara nunca. Ojalá los incentive a leerla, aunque es un poco difícil de conseguir.
Pronto, a pesar de todo, estaré por fin completamente muerto. El próximo mes, quizá. Será, pues, abril o mayo. Porque el año acaba de empezar, mil pequeños indicios me lo dicen. Tal vez me equivoque y deje atrás San Juan e incluso el 14 de julio, fiesta de la Libertad. Qué digo, tal como me conozco, soy capaz de vivir hasta la Transfiguración o hasta la Asunción. Pero no creo, no creo equivocarme al decir que dichas fiestas, este año, se celebrarán sin mí. Tengo esa sensación, la tengo desde hace algunos días, y espero no engañarme. Pero, ¿en qué se diferencia de aquellas que me confunden desde que existo? No, esta clase de preguntas no me preocupa; en lo que a mí respecta, ya no necesito ser original. Moriría hoy mismo, si quisiera, con sólo proponérmelo, si pudiera querer, si pudiera proponérmelo. Pero mejor dejarme morir, sin precipitar las cosas. Algo debe de haber cambiado. No quiero ya inclinarme, ni en un sentido ni en otro. Seré neutral e inerte. Me resultará fácil. Sólo hay que tener cuidado con los sobresaltos. Por otra parte, me sobresalto menos desde que estoy aquí. Evidentemente, aún siento de vez en cuando impulsos de impaciencia. Y de ellos debo defenderme ahora, durante quince días o tres semanas. Sin exagerar nada desde luego, llorando o riendo tranquilamente, sin exaltarme. Sí, por fin seré natural, sufriré todavía, después menos, sin sacar conclusiones, me escucharé menos, no seré frío ni caliente, seré tibio, moriré tibio, sin entusiasmo. No me miraré morir, eso lo falsearía. ¿Acaso me he visto vivir? ¿Acaso me he quejado alguna vez? Entonces, ¿por qué alegrarme ahora? Estoy contento, es inevitable, pero no hasta el punto de batir palmas. Siempre estuve contento, a sabiendas de que sería recompensado. Y aquí está ahora mi viejo deudor. ¿Es esto una razón para agasajarle? Ya no responderé a las preguntas. Intentaré también no formulármelas. Podrán enterrarme, no me verán ya en la superficie. Hasta entonces me contaré historias, si puedo. No serán las mismas historias de otras veces, eso es todo. Serán historias ni buenas ni malas, apacibles, no habrá en ellas fealdad ni belleza, ni fiebre. Apenas si tendrán vida, como el artista. ¿Qué digo? No importa. Espero proporcionarme mucha satisfacción, cierta satisfacción. Estoy satisfecho, eso es todo, estoy preparado, se me reembolsa, ya no siento ninguna necesidad. Dejadme decir para empezar que no perdono a nadie. Os deseo a todos una vida atroz y luego las llamas y los hielos de los infiernos y un honroso recuerdo en las execrables generaciones venideras. Basta por esta tarde.
Les presento a Estela Figueroa, poeta santafesina nacida en 1946, que es a la vez una de mis mayores satisfacciones como lector de este último tiempo. La descubrí hace muy poco tiempo, y primero escuché algunos poemas en la voz de Rita Cortese y Fernando Noy (en el ciclo que todos los miércoles hacen en el Bar Rivas, EE.UU y Balcarce, a las 21), y luego Noy me pasó su libro La forastera, al que pertenecen los poemas que siguen.
Familia
Mis abuelos paternos
arruinaron la vida de mi padre.
Mis abuelos maternos
arruinaron la vida de mi madre.
Entre ambos
quisieron arruinar la mía.
No es más que una vulgar
historia de familia.
No me quedó otra opción.
Tuve que matarlos.
Al igual que el querido Raúl González Tuñón, no creo en las teorías absolutas. Uno vive, simplemente, y a veces suceden cosas excepcionales. Una de esas cosas excepcionales que me sucedieron fue, primero, escuchar, y más tarde conocer a Hermeto Pascoal, un artista genial que hace música con lo que tenga a mano.
Y esto hay que tomarlo al pie de la letra.
Después de hacerle algunas entrevistas, tuvimos charlas tan interesantes que hasta tuvo la generosidad, sobre todo en los años 90, de invitarme a charlar cada vez que venía a Buenos Aires. Nos encontrábamos en el hotel que más le gusta de palermo (en av. Santa Fe y Godoy Cruz), y ahí me alimentaba de sus experiencias, sus anécdotas y su música.
Una mañana de mediados de 1996, fui a tomar un café al hotel y me contó que recién había cumplido 60 años, y que desde ese día (22 de abril), se había propuesto componer un tema por día. “Esta es mi forma de estar vivo”, dijo, Se paró y fue a la barra. Volvió soplando un vaso de agua mientras improvisaba una melodía para asombro de mosos y algún huésped. Después de dos o tres minutos (que grabé), dijo: “Ya compuse el tema de hoy”.
En este video se lo puede ver improvisar con su grupo metidos en una laguna. Creo que no hace falta dar más detalles.
Su música es particular. Toma elementos de la música de Brasil, del jazz, pero a través de su sensibilidad distintiva cobra otro cariz. Hizo música con animales (armaba una granja en el escenario) y con juguetes, pavas, botellas, patitios hule, etc.
Entre sus muchos discos, el que me parece fundamental es Misa dos esclavos (editado aquí en los 70 por Music Hall gracias al talento de Alfredo Rosso), y participa en Live-Evil, de Miles Davis, donde firma un tema y, según contó también él, compuso otros dos que firma sólo Miles (“Pero eso fue por su representante”, dijo entonces).
Antes de abandonarlos, les dejo otro video. Esta vez interpretando Libertango, de Astor Piazzolla. A su manera, claro.
No voy a decir una novedad: Frank Zappa fue un artista genial.
Imprevisible, despiadado y con un talento inagitable para renovarse, epublicó más de sesenta álbumes, hizo algunas películas, videos y escribió bastante. También dio entrevistas (reales e imaginarias).
Aquí algunos recortes y, de paso, el video de su versión de Stairway to Heaven, el clásico de Led Zeppelin que incorporó en la que sería su última gira, a fines de la década del 80, en una filmación no profesional.
Compré un desodorante, tenía un sello del Mundial de fútbol. Gracias al yogur tengo la posibilidad de entrar en un concurso de no sé qué cosa. En la tele escuché hace un par de día el anuncio de un programa que NO hablaba del Mundial. Nos dicen que los jugadores están contentos. ¿Tendrán una fiesta? Para apaciguar tanta, tantísima ansiedad mundialista, aquí les paso unos poemas dedicados a esta pasión de multitudes, como para que no se vayan de tema mientras hacen tiempo entre un partido y otro.
Empiezo con Blanca Varela y sigo con su compatriota Mario Benedetti con un soneto dedicado a Diego Maradona. Le sigue un clásico de Fabián Casas, dedicado al San Lorenzo de sus amores; luego Rafael Alberti, con uno dedicado al arquero húngaro Franz Platko y, por último, Miguel Hernández y una elegía a otro guardameta.
Fútbol
Juega con la tierra
Como con una pelota
Báilala, estréllala, reviéntala
No es sino eso la tierra
Tú en el jardín
Mi guardavallas,
Mi espantapájaros,
Mi Atila, mi niño
La tierra entre tus pies
Gira como nunca
Prodigiosamente bella
Blanca Varela
Hoy Tu Tiempo Es Real
Hoy tu tiempo es real, nadie lo inventa
Y aunque otros olviden tus festejos
Las noches sin amos quedaron lejos
Y lejos el pesar que desalienta.
Tu edad de otras edades se alimenta
No importa lo que digan los espejos
Tus ojos todavía no están viejos
Y miran, sin mirar, más de la cuenta
Tu esperanza ya sabe su tamaño
Y por eso no habrá quien la destruya
Ya no te sentirás solo ni extraño.
Vida tuya tendrás y muerte tuya
Ha pasado otro año, y otro año
Les has ganado a tus sombras, aleluya.
Este es Juan Carlos Bustriazo Ortiz, fallecido hace una horas en La Pampa. Una de las voces ocultas de la poesía argentina, con unos setenta libros inéditos.
Es apasionante que el arte y la noche coincidan en que nunca sabemos adónde nos llevan. Este viaje es de pensar, y lo maravilloso es, justamente, no saber hacia dónde