Miguel Najdorf y la jugada que desafió al tiempo y eludió el infierno

 

 

 

 

 

Acaso se trató de un grito de auxilio que se dispara con los silencios; un día como hoy, hace 70 años, Miguel Najdorf pergeñaba una de sus magistrales jugadas para la memoria: establecía el récord mundial de partidas simultáneas a la ciegas -esto es sin ver a sus rivales, ni el tablero ni las piezas-, con la esperanza de que la hazaña se convirtiera en noticia, y cruzara su nombre por mares y montañas hasta alcanzar los oídos de alguno de sus familiares desaparecidos tras el holocausto de la Segunda Guerra Mundial. La muda réplica sepultó el barrunto entre lágrimas de espantos y dolor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta es una historia de otro siglo, la de un hombre que desafió al tiempo y eludió el infierno; el que nació dos veces y al que la muerte jamás sepultó eternamente.

“Nací dos veces sin haber pasado por el requisito de la muerte; la primera, al igual que todo el mundo, y la segunda, a los 29 años, cuando llegué a la Argentina”, repetía don Miguel, con su particular voz estridente y aguardentosa, cuando su egocentrismo se les disparaba en actos y reuniones de premiación o reconocimientos.

 

 

El mismo general nazi Hans Frank, gobernador de Polonia y que tres años atrás lo había condecorado con la medalla de oro por su desempeño en el 1er tablero polaco en la olimpíada de ajedrez (Münich 1936), fue el responsable del exterminio de toda su familia; le arrancó sus mayores afectos.

 

Con Eta, la mamá de Mirta y Liliana Najdorf

 

 

 

Por eso, cuando el corazón se hizo cicatriz se casó, tuvo dos hijas (Mirta y Liliana), que más tarde extendieron la prosapia judía con la llegada de cinco nietos, Facundo, Ezequiel, Alan, Yanina y Gastón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y se replanteó la siguiente jugada. “El ajedrez me enseñó a ganar y a perder, pero mi mejor jugada fue quedarme en Buenos Aires”, fue la frase que utilizó para señalar como se escapó de los infiernos de Auschwitz y Treblinka. Y enseguida la enlazaba con otra historia. “Un día un amigo me dijo: acá con lo que trabajas ganas para el puchero. En Polonia decíamos el pan. Así que pensé, puchero es más grande que pan, entonces me quedo a vivir en la Argentina”, y con una nueva sonrisa socarrona festejaba la ocurrencia.

 

 

Con el ajedrez como vínculo publicitario intentó comunicarse con algún familiar sobreviviente. Dar y recibir una señal de vida.

Para ello, el 25 de enero de 1947, en una sala de la Galería Prestes Maia, en pleno centro de San Pablo, Brasil, el maestro polaco, ya por entonces ciudadano argentino, Miguel Najdorf, de 36 años, desafió a 45 rivales en una exhibición simultánea a ciegas. La jugada, un dibujo mítico en la mente del ajedrecista bisoño o aficionado, intentaba batir el récord que ostentaba el belga George Koltanowsky, que bajo la misma modalidad se había enfrentado a 34 adversarios en Irlanda, en 1937.

Preparado para la ocasión, Najdorf, que ya había dado muestra de su virtuosa memoria, en 1943, cuando en el Círculo de Obreros de Rosario se enfrentó con 40 rivales bajo el mismo sistema, pero la falta de un veedor oficial le quitó validez a la prueba, con la que esperaba dar noticia de vida a sus familiares arrancados del gueto de Varsovia y trasladados al horror de Auschwitz.

 

Esa tarde de lluvia en Brasil, El Viejo Najdorf, sentado sobre un mullido sillón de cuero, vestido de traje blanco y en la soledad de un cuarto desprovisto de tableros y piezas, solamente acompañado por los doctores Luiz Tavares da Silva, Orpheu Gilberto D Agostini y Sergio Blumer Bastos, que lo asistieron con controles permanentes, llevó a cabo la exhibición que se extendió desde las 20 del 24 de enero hasta las 19.25 del día siguiente. Durante las 23 horas y 25 minutos de la prueba, en los que su presión varió de 13/8 con 70 pulsaciones a 12/8 con 80, su privilegiada mente memorizó la ubicación exacta de las 1440 piezas desparramadas entre las 2880 casillas de las 45 mesas, y ejecutó -mediante un micrófono y un parlante, con el que dictaba y recibía cada una de las jugadas o respuestas de los rivales-, sin errores, las 1166 jugadas necesarias hasta doblegar al último oponente.

Un dato para la estadística, dado lo extenso de la sesión, varios jugadores fueron reemplazados por otros con mayor ímpetu, por lo que el total de participantes llegó a 83. Un dato más, Najdorf se impuso en 39 partidas, igualó cuatro y perdió sólo dos. Increíble, una hazaña casi inhumana.

Como una nueva muestra de asombro, 24 horas después de la exhibición, Najdorf sorprendió a propios y extraños cuando reprodujo sin trepidar cada una de las 45 partidas.

Sin perder su ironía y humor habitual, el maestro, tras ser consultado por su capacidad mental, señaló entonces: “Tengo una memoria privilegiada según para qué. Si me prestan dinero trato de olvidarme en el acto”.

Aunque la proeza fue comentada en los principales diarios y radios de la época, el silencio cómplice del paso de los años le labró su rostro de impotencia y desesperación; Najdorf comprendió el desenlace de su familia y depositó su energía en el trabajo y el ajedrez.

En 2011, el alemán Marc Lang -desafiando a 46 rivales- y recientemente, en diciembre de 2016, el uzbeco Timur Gareyev -ante 48 adversarios- superaron la marca del viejo Najdorf en esta modalidad a la ciega. Pero vale una aclaración. Tanto Lang como Gareyev tuvieron ese número limitado de contrincantes (46 y 48 respectivamente), en el caso de Najdorf, y dado que la exhibición se extendió casi 24 horas, él se enfrentó en 45 tableros ante 83 jugadores, porque en muchos casos, dado el avance de las horas los ajedrecistas se levantaban de sus sillas y eran reemplazados por otros recién llegados. Sin dudas un desgaste muy diferente entre ambas competencias.

Por todo ello, y a setenta años de la hazaña, la jugada de vida de Miguel Najdorf aún sigue despertando admiración, respeto y emociona. La acción como su figura, se enaltece con el tiempo.

Una modalidad que acumula tres siglos de práctica El francés Francois André Danican, conocido como Philidor, brindó la primera exhibición a ciegas, en 1744, ante dos rivales en los históricos salones del Café La Régence (París), lugar de encuentro de Rousseau, Robespierre, Voltaire, Napoleón, Diderot y Benjamín Franklin, entre otros.

 

 

 

 

 

 

 

 

1. Un privilegiado. “Tal vez fui un privilegiado de aquella hazaña en Brasil porque algunos años antes, en Rosario, trabajé junto al maestro Roberto Grau en la fiscalización de las simultáneas que Najdorf brindó a ciegas ante 40 jugadores. El se entrenó en la ciudad de 9 de Julio con dos maestros, cada uno atendía 20 tableros y le dictaban las jugadas. Era fantástico observarlo y ver con qué facilidad se lucía; sin duda tenía una mente privilegiada. Con Najdorf también dimos simultáneas juntos aquí en Buenos Aires; un día fuimos a una institución de la colectividad judía y brindamos una exhibición que incluía, además, una partida a ciegas, cada uno. Parece mentira, yo gané esa partida y él empató con su rival. En verdad, Najdorf fue un grande, un monstruo del tablero, aunque a nosotros, a los maestros argentinos, a veces nos retaba. El nos decía que le daba más trabajo ganarnos a nosotros que a los extranjeros. Su hazaña en Brasil es uno de los grandes hitos del historial de este juego.” Del Gran Maestro Héctor Decio Rossetto (fallecido en 2009, a los 86 años), cinco veces campeón argentino y subcampeón olímpico junto a Najdorf en tres oportunidades.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2.Eran otros tiempos. “Fue un gran gesto lo que hizo Najdorf. El no soñaba con ninguna gloria deportiva, quería recibir una señal de vida de su familia atrapada en Polonia. No tengo muy claro el recuerdo. Eran otros tiempos. La noticia llegó al país varios días después de haber jugado en Brasil. Las cosas no son como ahora, que uno con Internet desde la casa puede seguir una partida que se juega en Holanda. Qué me pareció? Y… qué puedo agregar. Fue fantástico. Por algo enseguida lo tildaron como récord mundial. Es muy difícil hasta de imaginar lo que significa jugar contra 45 personas, todas juntas a la misma vez y encima sin ver lo que uno está haciendo. ¡Hay que tener una mente enorme! Recuerdo que un día en la Comisión Nacional de Energía Atómica, donde trabajé 25 años y me jubilé, di una simultánea a ciegas ante tres personas. En un descuido el maestro Raúl Sanguineti, que fue siete veces campeón argentino y trabajaba en esa institución, se aprovechó de mi posición de espaldas a los tableros y comenzó a darles indicaciones a mis rivales ¡Perdí las tres partidas”! De Francisco Benkö, falllecido en 2010, a las 99 años.

 

  • Marce Larizzate

    Excelente nota.!!!!

    • http://blogs.lanacion.com.ar/ajedrez/ Carlos Ilardo

      Muchas gracias, Marce Larizzate. Un gusto que haya sido un placer para vos leer mi artículo. Saludos

  • Diego Giraldi

    Completa, muy buena nota.

    • http://blogs.lanacion.com.ar/ajedrez/ Carlos Ilardo

      Muchas gracias, Diego Giraldi. Muy gentil con el elogio.Abrazo

  • Héctor Francovig

    No habia leido esta nota, lo hice ahora, es una barbaridad por lo interesante, por los datos y por el reflejo de la hazaña. Muy buen artículo Carlos.

  • Jorge Levy

    Mortal la anecdota del maestro Benko que era gran amigo de Najdorf. En mas de una oportunidad Najdorf dijo que Sanguineti no fue campeon mundial porque no quiso.