La inteligencia emocional, el talón de Aquiles del rey Magnus Carlsen

 

Carlsen, fastidioso durante la Olimpíada de Bakú

El consenso es casi unánime; se impone por mayoría simple. Para las grandes estrellas del ajedrez mundial y su vasta grey de especialistas y aficionados, el campeón mundial, el noruego Magnus Carlsen no sólo se trata del mejor jugador del momento sino que incluso aspira a serlo de todo un historial con más de 15 siglos de recuerdos.

Es que a los 26 años, el joven nacido en Tonsberg -único hijo varón del matrimonio entre Henrik y Sigrun, y hermano de Ellen, Signe e Ingrid- acaba de defender por segunda vez de manera consecutiva y exitosa su corona (primero fue en 2014 ante el indio Anand, y recientemente frente al ruso Karjakin), además, ya acumula tres temporadas de permanencia en el reinado y, desde 2010 es el N° 1 en el ranking internacional. A los 20 años había conquistado los Mundiales de ajedrez blitz (partidas a 3 minutos) y rápido (a 15).

 

Antes, con 13, obtuvo el título de gran maestro y logró una victoria frente al ex campeón mundial, el ruso Anatoly Karpov. Durante la  infancia dio muestras de su asombrosa capacidad de memoria; a los 5 recitaba sin interrupciones el número de pobladores y la nómina de los 430 ayuntamientos noruegos, y desde los 7, nombraba todas las capitales del mundo y los colores de las banderas de cada nación.

El visible malhumor de Carlsen durante el Mundial con Karjakin, en Nueva York

Sin embargo, este joven bautizado por la prensa especializada como “El Mozart del ajedrez”, que fue discípulo del ruso Garry Kasparov, la megaestrella de esta actividad, cuando efectuó el análisis de su labor en el Mundial en Nueva York, tras su victoria (3 a 1) ante el ruso Sergey Karjakin, frente a los micrófonos dijo:

“Lo sucedido aquí me lleva a pensar que a futuro deberé trabajar sobre algunos aspectos psicológicos, como mi malhumor y enfado. Indudablemente me costó superar mi derrota de la 8ª partida ya que a partir de allí mi mente se bloqueó y no me permitió concentrarme en lo siguiente; sólo pensaba en el resultado y en las oportunidades que desperdicié durante ese juego”. Y agregó, “evidentemente deberé trabajar en el control de las emociones; porque cuando las cosas me van bien es difícil ganarme, pero si las cosas no suceden de acuerdo con mi plan, la fuerza de mi juego baja considerablemente”.

El descontrol y el tamaño del enfado le costaron al campeón del mundo 27.500 Euros de multa, la que le fue aplicada por retirarse de la conferencia de prensa sin brindar declaraciones el día de su derrota. 

Pero si bien esa actitud fastidiosa tras un resultado adverso no difiere con la de otros deportistas, al menos resulta extraña que justamente en el ajedrez, una práctica que según los investigadores y científicos desarrolla la Inteligencia Emocional, se haya convertido en el talón de Aquiles de su máxima figura.

Hace tiempo que las neurociencias abrieron el camino: la emoción y la razón luchan en el cerebro. Frente a la toma de decisiones el humano es propenso al error y a la irracionalidad. Emociones como el amor, el odio y el miedo tienen gran impacto al momento de una definición.

Los investigadores aseguran que a lo largo de los años el cerebro sufrió modificaciones a través del solapamiento de sus capas: nació instintivo, se desarrolló emocional y se convirtió en racional. Esta última etapa les permitió a los humanos tener inteligencia.

De allí que los científicos aseguran que la inteligencia emocional sea la capacidad de usar la razón para gestionar las emociones; se trata de la capacidad de entender los propios sentimientos, la empatía por los sentimientos de los demás y el control y regulación de lo emotivo.

Magnus Carlsen, a la izquierda, frente a Sergey Karjakin, en Nueva York en 2016

Un estudio, “Los beneficios de la práctica del ajedrez ” realizado en 2011 por los investigadores de la Universidad de Laguna, los doctores Ramón Aciego, Lorena García y Moisés Betancort, en el que se analizó a un grupo de 170 escolares con edades entre los 6 y 16 años, con una variable independiente en la actividad extraescolar: el ajedrez vs. el fútbol o el básquetbol, demostró que el primer grupo (los niños que practicaron ajedrez) obtuvieron mejores resultados no sólo en las competencias cognitivas, sino también en las pruebas socioafectiva y de inteligencia emocional.

“La parte socioafectiva y la inteligencia emocional son el esqueleto de las personas; la esencia del ser humano. Desde que nacemos estamos aprendiendo a vivir en un mundo de emociones, las que tenemos que ser capaces de identificarlas, reconducirlas y, de ser preciso, modificarlas. La estabilidad emocional es el principio y fin de nuestras actividades diarias. Y el ajedrez, como herramienta educativa, nos ayuda a plantearle a los alumnos el modo de afrontar un problema, cómo analizar una situación buscando y valorando las diversas alternativas, además de la capacidad de controlar la frustración, la pérdida y cómo canalizar que todo lo negativo se vuelva para él en algo positivo como es la capacidad de superación, de autocrítica constructiva y mejorar la autoestima” señaló durante una conferencia en Tenerife la Psicopedagoga, Lorena García.

 

Se estima que durante una partida el ajedrecista toma un promedio de entre 40 y 60 decisiones, bajo diferentes contextos e influenciadas por el factor tiempo. De esta manera con la práctica del juego se puede controlar la impulsividad y la gestión de las emociones automáticas.

Por ello se aconseja que con la repetición de este método de trabajo, basado en el control de los impulsos se irán forjando los patrones de conducta para ayudar al cerebro racional a dominar las decisiones a las que se enfrenta. Porque lo que nos dicta el instinto o la emoción no siempre será una buena solución.

Seguramente el Rey Magnus Carlsen habrá tomado nota de lo sucedido en Nueva York, una guerra de Troya en la que quedó al descubierto su talón de Aquiles. Por ello, a partir de ahora, más allá del estudio o el conocimiento de las últimas novedades frente al tablero, acaso, el joven prodigio deberá estar al tanto también de los avances educativos y pedagógicos de este juego, cuyo origen sigue siendo aún incierto, pero cuyas virtudes y beneficios son cada vez más precisos.

El exitoso libro -record en ventas- de Daniel Goleman

 

Qué dicen los especialistas

El psicólogo norteamericano Daniel Goleman, que adquirió fama mundial, tras la presentación de su obra Emotional Intelligence (en 1995), señaló que la Inteligencia Emocional se fundamenta en:

- Ser consciente de los sentimientos propios y utilizarlos para tomar decisiones en la vida.
- Saber controlar las vivencias emocionales, sin que éstas nos dominen (paralizándonos por las preocupaciones, depresiones, enfados, etc.).
- Canalizar los impulsos en dirección a los objetivos que nos marquemos.
- Ser perseverante ante los contratiempos.
- Ser perceptivo y saber interpretar las emociones de los demás.
- Vivir los sentimientos con armonía.

  • Leandro Cardoso

    Es notable la propia capacidad de auto critica del campeón mundial, darse cuenta que tanto puede afectar al rendimiento sus estados emocionales bajo la presión del titulo, y mas en un juego que requiere tanto de la estabilidad psicológica a la hora de tomar decisiones. Hay que tener en cuenta las mentes brillantes del ajedrez que han sufrido de rapidos ocasos a causa de no poder manejarlo, como por ejemplo Bobby Fischer.