El ajedrez y esos jaques religiosos

 

Olimpíada en Khanty Mansiysk, 2010. El mundo árabe y su participación en competencias de ajedrez.

Resulta extraño que el ajedrez, ese juego milenario, de origen incierto y de virtudes sorprendentes, que desde hace casi un siglo es tema de estudio de científicos e investigadores, los que coinciden en señalar que su práctica estimula varias facultades mentales y forja, además, patrones de conducta entre los más jóvenes. Incluso, que en 1995 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) recomendó su incorporación en los niveles primario y secundario en todos los países miembros, aún hoy siga siendo motivo de escarnio por algunas autoridades religiosas.

El Gran Mufti, Abdul Aziz ibn Abdullah

En el reino de Arabia Saudita, Abdul Aziz ibn Abdullah, que carga con el título honorario de Muftí -jurisconsulto musulmán cuyas decisiones son consideradas como leyes- lanzó una feuta -decisión que da el muftí a una cuestión jurídica-, contra el juego de ajedrez; en un programa de la TV saudí, el líder musulmán calificó al juego de “antirreligioso, y obra de Satanás que conduce al odio entre los jugadores”. Además dijo, “impide asistir a las plegarias diarias” y  que “promociona la adicción al juego; lo que es una manera de ganar dinero sin merecerlo”. 

El vídeo con la proclama (en idioma árabe)

En diciembre de 2015, el campeón mundial Magnus Carlsen participó y triunfó en un Open en Qatar.

El mensaje incendiario y embaucador, que resulta una burla a los más de quince siglos de historia documentada de la actividad, y a sus más de 600 millones de practicantes -según el informe elaborado por la empresa inglesa YouGov y presentado ante la federación internacional de ajedrez (FIDE) en 2012-, acaso, no se trata de una novedad, porque guarda antecedentes. En el último milenio el ajedrez fue prohibido indistintamente por representantes del cristianismo, el  judaísmo, el budismo y el islam. Toda una historia de jaques religiosos.

equipo femenino de Irán, en Turín 2006 

 

 

Descubrir las verdaderas razones del sesgo, tal vez sea una tarea inescrutable e incomprensible: los musulmanes fueron los impulsores y promotores de ésta práctica desde los albores de la Era Cristiana. El ajedrez, tras su nacimiento en la India bajo el nombre de Chatturanga ingresó a Europa con fonética árabe, Shatranj, como consecuencia de las corrientes musulmanas que llegaron al sur de España durante la Edad Media.

El libro de Alfonso X El Sabio; hoy en el Escorial

 

Tras soportar nuevos ataques y prohibiciones por diferentes corrientes religiosas, Alfonso X El Sabio, en 1283, en su obra “Libro de los Juegos de Ajedrez, Dados y Tablas”, un incunable que se exhibe en El Escorial, escribió: “El ajedrez es un buen instrumento para la sana convivencia de cristianos, musulmanes y judíos”.

En los tiempos contemporáneos se repitieron las persecuciones. Con la revolución cultural china (1969-1976), el gobierno de Mao Tse Tung, prohibió el juego de ajedrez: sus practicantes fueron detenidos y quemada toda la bibliografía.

Logo de la olimpíada de Haifa 1976

En 1976, en la Irán del Sha de Persia (Mohammad Reza Pahlaví) se disputó una olimpíada de ajedrez (una especie de mundial de selecciones) con la participación de 48 países y en la que la el equipo masculino de la Argentina finalizó 4°.

Pero dos años después la revolución islámica de Ayatolá Jomeini, nuevamente se produjeron los ataques. Desde lo más alto del poder se dijo que el ajedrez era “un juego diabólico, y que causaba daños cerebrales”.

 

 

 

Afortunadamente, un grupo de intelectuales iraníes consiguió convencer al líder chiita, y poco antes de su muerte, Jomeini revirtió su decisión y autorizó la práctica del ajedrez. Hoy, en el concierto mundial de las naciones de ajedrez, Irán (con 9 grandes maestros entre sus ajedrecistas federados) es el mejor representante árabe, y ocupa el 45° lugar entre 172 países.

El equipo masculino de Afganistán, en Turín 2006. Una década atrás, en Erevan 1996 sus jugadores llegaron al certamen (después de eludir al regimen) tras la 7a rueda.

También los talibán y su escuela más radical de la interpretación del Corán (prohíben los juegos que incluyen representaciones de figuras humanas o de animales, y las apuestas por dinero) desataron su furia contra el ajedrez. En Afganistán bajo el dominio soviético el juego de reyes y peones se practicaba en las escuelas, y en 1994 eran 20.000 los ajedrecistas afganos activos. Pero con la instauración del régimen extremista (1995-2001) la cantidad se redujo al 10%; la gran mayoría huyó y muchísimos fueron asesinados. Los clubes fueron destruidos y los juegos y tableros, vendidos a Pakistán.

Kasparov y Karpov en Valencia 2009, junto en Sulaiman Al-Fahim -joven empresario de los Emiratos Arabes, por entonces dueño del Portsmouth, de la Premier League -

 

En los tiempos modernos de Internet el lanzamiento de la nueva feuta, por el gran muftí de Arabia Saudita encendió la polémica en las redes sociales. En twitter, Garry Kasparov escribió sin tapujos: “Se trata de una estupidez”. Kasparov jugó un match de exhibición con Karpov en Valencia en 2009, con el auspicio árabe.

 

Mientras que el subcampeón mundial, el inglés Nigel Short actuó con mesura: “Por razones de seguridad no haré comentarios sobre el Islam”.

 

En tanto y de manera imprevista, Musa Bin Thaily y Yaser Al Otaibi, presidente y secretario de la Asociación de Ajedrez Árabe informaron que continuarán con la programación de las actividades, que avanzarán en la implementación del ajedrez escolar, y que los equipos árabes participarán en la olimpíada de ajedrez en Bakú, en septiembre próximo.

Una réplica desafiante, una jugada que pone en jaque las profundas diferencias culturales y religiosas que superan los límites del tablero. Son acciones que escapan del mundo del ajedrez; no saben de lógica.