Boris Spassky cumple 80 años; el hombre que lo vio casi todo

 

Boris Spassky en público. Una de sus última salidas

Boris Vasilievich Spassky cumple hoy, 80 años. Se trata del ex campeón mundial de ajedrez más longevo en la actualidad. El 17 de julio de 1969, tres días antes de la llegada del hombre a la Luna, se proclamó en el 10° Rey del milenario juego tras batir al entonces campeón, el armenio (de origen Georgiano) Tigran Petrosian.

Expuso y perdió su corona en el entrañable y mediático duelo, frente al norteamericano Bobby Fischer, en 1972, en Reikiavick (Islandia). A su regreso a la antigua URSS fue tratado de traidor, y durante cuatro años sufrió distintos tipos de penalidades que lo empujaron a confundir deseo con deserción. Por ello, en 1976 emigró hacia Francia acompañado por una asistente de esa embajada en Moscú, la bella Marina Scherbatcheff, que enseguida se convirtió en su tercera esposa y madre de su hijo varón, Boris Alexander George.

El duelo de 1972

 

 

 

 

 

 

 

 

El segundo duelo, en 1992

 

Allí permaneció el ajedrecista nacido en Leningrado, el 30 de enero de 1937, que logró el título de Maestro Internacional, en 1953, que obtuvo el Mundial Juvenil en 1955, que se convirtió en Gran Maestro (el más joven de aquel momento) en 1955, que conquistó en dos oportunidades el Ciclo Candidatura, que fue campeón de la URSS en 1961 y 1973, y que su último gran logro en la alta competencia fue la obtención del Magistral de Linares 1983, superando a Karpov.

 

En varias ocasiones visitó la Argentina; en 1959 triunfó en el Magistral Ciudad de Mar del Plata. También estuvo en la Olimpíada de ajedrez en 1978 y en los magistrales Clarin.

Llegada en 1978

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Junto a Najdorf y José Copié

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la senectud sufrió dos ACV. Así lo contó ante la agencia R-Sport.

“Sufrí dos apoplejías en diez años; la primera (en 2006) en San Francisco mientras daba una charla sobre ajedrez. Allí me operaron con éxito y volví a moverme como un caballo de ajedrez. La segunda vez (en 2010) fue más grave, me atrapó en Moscú. Sigo vivo, pero mi brazo izquierdo y mi pierna izquierda están de huelga. Pero al menos mi “coco” sigue trabajando”, contó esta leyenda del ajedrez que dice soñar aún con Bobby Fischer a quién le suele pedir consejos sobre algunas aperturas.

En 2012, en extrañas circunstancias, Spassky interpretó que su cuidado en Francia se asemejaba a un secuestro, por lo que se cree que planeó una huida junto a una antigua amiga (Valentina) con quien logró burlar los controles franceses y regresar a Moscú. Ahora, hemipléjico y arruinado financieramente por las distintas causas judiciales que les iniciaron su ex esposa e hijo, el ex campeón mundial vive recluido en un pequeño departamento en la planta baja de un edificio, próximo a la parada del metro, Ryasansky Prospekt.

Según cuentan sus amigos que suelen visitarlo, pasa las horas leyendo libros de historia de los zares en un cuarto donde sobresale un retrato de su entrañable amigo: Robert James Fischer.

Con Spassky tuve la oportunidad de reunirme en Bilbao, durante la disputa de la Final del torneo de Maestros 2008, que se adjudicó el búlgaro Topalov. Allí pude conocerlo un poco más, y conteniendo mi admiración hacia su figura, logré armar este reportaje que publicamos oportunamente en el diario La Nación.

Un recuerdo inolvidable.

 Spassky, el hombre que lo vivió casi todo

“La mayoría de la gente jamás comprendió a Bobby Fischer”, afirmó una de las últimas leyendas del juego ciencia

BILBAO.- Ese hombre, al que le van plateando el cabello las cenizas de los años, parece estar de vuelta de todo; tiene licencia para decir y hacer lo que tenga ganas. Es una de las últimas leyendas que atesora el ajedrez: el ex campeón mundial Boris Spassky, nacido en Leningrado, hace 71 años, se volvió ciudadano francés por elección cuando confundió deseo con deserción hace ya casi 30. El lunes último llegó a Bilbao para comentar la final del 1er Grand Slam.

Ese rostro blanco, con frescura de barrio y tristeza de callejón, tiene una mirada color celeste que embelesa; esos ojos han visto más de la cuenta. En los años de infancia, percibió los horrores del sitio nazi a su ciudad natal y en tiempos en los que todo era deseo, observó la debacle de dos fracasos matrimoniales. A los 37 años, Spassky huyó como el verde en otoño, cuando tras perder el título mundial ante el norteamericano Robert Fischer fue perseguido por el régimen soviético de su país.

En tiempos de senectud, descubrió que la vida es una herida absurda. Por eso se ríe de todo y anunció que está escribiendo sus memorias; a él, le sobran historias.

-¿Cómo es de la vida actual de Boris Spassky?

-Desde hace algunos años decidí radicarme en París. Allí paso inadvertido para la mayoría de la gente y eso me hace muy bien. Tengo tiempo para escribir un libro sobre mis memorias y de viajar dos veces al año a Rusia, donde dicto cursos de ajedrez para 30 chicos en una escuela en los Urales.

-¿Trabaja por necesidad?

(Risas) -En verdad… sí, he ganado suficiente dinero, pero también lo he gastado rápido; no tengo más remedio que volver a trabajar.

La afirmación a LA NACION causó asombro; a Spassky, que disputó dos históricos matches con su amigo Bobby Fischer, el primero en Reykjavik, en 1972, donde recibió cerca de 50 mil dólares, y 20 años después, en Sveti Stefan, donde sumó otros 2 millones más, parece que le gusta gastar a cuenta. En la intimidad, confesará que disfruta de las salidas con amigos y que el champagne, la comida y el vino francés son sus debilidades. Pese a todo, aún riega el romance con su tercera esposa (Mariva) y mantiene una buena relación con Boris Alexander George, su hijo de 28 años, que trabaja en el negocio algodonero en Uzbekistán.

Aunque pretenda instalar el pasado en el corazón del olvido, la charla indefectiblemente desembocará en su relación con Bobby Fischer y Spassky encenderá los fantasmas. “El no tenía muchos amigos y yo fui uno de los pocos que lo conoció perfectamente; creo que la mayoría de la gente jamás lo comprendió”, dijo el ex campeón soviético y ex campeón mundial juvenil, con la voz entrecortada y la emoción sostenida. Suavemente reacomodará la silla, tomará aire y con el iris rojizo de sus ojos agregará: “Efectivamente, he perdido un amigo, mantuvimos un sentimiento de amistad sincero hasta sus últimos días, nos escribíamos y nos hablábamos de manera periódica. Algunas semanas después de su muerte visité su tumba “. En ese instante, ese hombre que libró más de mil batallas sobre el tablero, se quebrará como un niño y dejará escapar una lágrima amontonada. Una vez repuesto, como buen ajedrecista, lanzará su ataque. “Usted ha logrado una entrevista perfecta para la Argentina; no me había emocionado así nunca antes”.

-¿Y qué recuerda de Argentina?

-Pasé muy buenos momentos allí; junto a Fischer compartí el primer puesto en el torneo de Mar del Plata, en 1960. Después viajé dos veces más, en 1978, para la Olimpíada, y en 1980, para un magistral. ¿Si volveré? No lo sé; mi prioridad ahora son los negocios.

Boris Spassky una verdadera leyenda del ajedrez, acaso pensó que ya dijo demasiado y decidió marcharse. En soledad caminará junto a la ría del Nervión, en Bilbao. Con cada paso irá hilvanando viejos recuerdos; rescatando de su mente viejas historias. Alegres y dolorosas. Las verdaderas jugadas de la memoria.

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  • Héctor Antonio Domínguez Vidal

    Siempre creere que Fischer debió ser descalificado en 1972