Veinte años sin Mijail Moiséyevich

 

 

El gran maestro Mijail Botvinnik, en 1994

Hoy, 5 de mayo, se cumplen veinte años del adiós deMijail Moiséyevich Botvínnik; el gran maestro y ex campeón mundial ruso que falleció a los 84 años víctima de cáncer de páncreas. Reinó en el mundo del ajedrez entre 1948 (ganó el título mundial, vacante tras la muerte de Alekhine, al vencer el torneo de candidatos disputado en la Haya y Moscú) y 1963 (cuando perdió el título ante el armenio, Tigran Petrosian). A partir de entonces se fue retirando del juego competitivo y se dedicó al desarrollo de programas de ajedrez y al entrenamiento de jóvenes promesas. Bajo su supervisión y enseñanza estuvieron dos de los mejores ajedrecistas de la historia: Anatoly Karpov y Garry Kasparov.

Mijail Moiséyevich Botvínnik perteneció a una época de la que resulta imposible separarlo o examinarlo fuera de ese contexto. Nacido en Leningrado, el 17 de agosto de 1911, su primera aparición mediática en el mundo del ajedrez sucedió a los 14 años, cuando derrotó en una exhibición simultánea al entonces campeón mundial, el cubano José Raúl Capablanca durante una visita a Leningrado en una jornada de descanso del torneo de Moscú 1925.

Vídeo Moscú 1925

 

Jugando con Capablanca

 

Seis años después ganó el primero de los seis campeonatos soviéticos, y en 1935 ganó el torneo de Moscú (aventajando a Lasker y Capablanca). Su nombre no sólo fue popular sino que se transformó en un símbolo del ajedrez de los Soviets, lo que le permitió contar con conexiones directas con el poder. Durante su vida transcurrieron gran parte de los acontecimientos más importantes del siglo XX: las dos guerras mundiales, la llegada del hombre a la Luna y la caída del Imperio de la URSS.

 

Su recordada partida ante Bobby Fischer

Este tributo a Botvínnik no es un repaso cronológico de su paso frente al tablero, a ello nos dedicaremos en otra ocasión cuando hablemos pormenorizadamente de cada uno de los 20 campeones mundiales, la idea será contar parte de su mundo íntimo, que él mismo abrió cuando relató parte de sus memorias junto al gran maestro Gennadi Sosonko, en la obra “Siluetas del ajedrez ruso” que publicó la editorial Dancadrez del argentino Daniel Cámpora.

Lo que dijo Botvinnik, en 1994.

Sobre sus padres:

“Mi padre vino de Bielorrusia del pueblo de Kudrishchino, a 25 kilómetros de Minsk. Su papá, mi abuelo, era un arrendatario rústico. En general era raro para un judío trabajar en agricultura. Todos sus hijos -y tenía cinco incluyendo a mi padre- trabajaban con él. Mi padre nacido en 1878 poseía una fuerza física enorme, probablemente mi constitución y carácter provengan de él. Por supuesto también hablaba yiddish; no sé si fue a una escuela judía, pero en casa estaba prohibido hablar en yiddish, sólo se podía hablar en ruso. Cuando alguien me preguntaba sobre mi judaísmo les respondía: “Mi situación es complicada; soy de sangre judía, cultura rusa y educación soviética. Allí se terminaban las dudas”.

“A los 25 años se fue a Minsk, entonces comenzó la Revolución de 1905 y trabajó en la prensa clandestina. Allí, como consecuencia de una intoxicación, se quedó sin dientes y decidió aprender el oficio de mecánico dental. Viajó a estudiar a Berlín pero no se adaptó a Alemania y regresó a San Petersburgo y estudió junto a Vasily Efrenov. Allí conoció a Serafima Samoilovna Rabinovich, quien fue mi madre, que se recibió de dentista en Dvinsk; ella también participó de la Revolución de 1905, actuó para el Partido Social Democrático de Trabajadores Rusos, pero pertenecía a los Mencheviques por lo que debió exiliarse dos años en Siberia”.

“Mis padres, mi hermano Isaac y yo vivíamos en un departamento luminoso de 7 habitaciones sobre la avenida Nevsky, en el patio de la manzana 88. Teníamos ascensor, portero, cocinero y ama de llaves; incluso mi hermano llegó a tener una institutriz. Pero luego vino la Revolución de 1917, yo tenía 6 años y la recuerdo bien; cuando comenzaban los disparos en la calle, mi madre nos escondía detrás del ropero”.

“Tres años después mi padre se fue de casa y se casó con otra mujer. Nos volvimos muy pobres y mi madre vivía constantemente enferma y estaba internada en un hospital; mi hermano se ocupaba de la casa. Mi padre nos daba 120 rublos mensuales; una suma muy modesta. En 1928 cuando empecé a estudiar me daban 1 rublo por día para viajar al instituto, almorzar y cenar”.

“Desde chico me gustó la literatura rusa; leí los clásicos era libros baratos. Leí a Pushkin, Lermontov, Gogol y Tolstoy; Puskin estaba por encima de todos”.

 

Con su esposa e hija, Olga

Su esposa

“Conocí a Gayane Davidnova Ananova el 2 de mayo de 1934; ella era ciento por ciento armenia aunque había nacido en San Petersburgo. Era muy amable y religiosa. Parte de mi éxito le pertenece; me apoyó en todo lo que hice. Era de profesión bailarina, estudió con Vaganova, bailó primero en el Mariinsky, el Teatro Kirov y después de la guerra, en el Bolshoy. Tuvimos una hija, luego llegaron los nietos y más tarde los biznietos”.

Su vínculo con el ajedrez

“Mi amigo Lyonya Baskin me enseñó a jugar al ajedrez; yo tenía doce años. Él vivía en el patio siguiente de la misma manzana en Nevsky. Mis padres estaban decididamente en contra de que jugara ajedrez; un día paseando con él por la avenida Vladimir le indiqué el salón de juego de la Asamblea de Ajedrez de Petrogrado que ocupaba dos habitaciones en el piso superior: “Papi mira, allí es dónde juego”, pero no se interesó. Se oponía a que jugara ajedrez, le preocupaba que estuviera en esa madriguera de juegos de azar; él pensaba que esos juegos me arrastrarían, pero a mí sólo me interesaba jugar ajedrez. Ni siquiera cuando mi nombre apareció en los periódicos hubo gran entusiasmo en mi familia. Cuando en 1926 necesité viajar por primera vez para jugar en Estocolmo, me madre fue a la escuela para hablar con el maestro para que no viajara, él le dijo: “Para ver el mundo a esa edad, uno bien puede perderse diez días de clase”. Luego ella siguió y se quejó ante el director, que le respondió: “tú hijo es un ratón de biblioteca, déjalo en paz”. Luego más tarde lo aceptaron, lo que sucedía era que el ajedrez no era una profesión, pero yo no podía dejar de jugarlo”.

Las diferencias con sus colegas

Con Bronstein fue el primero con quien corté todo contacto, después de nuestro match: se comportó de manera ofensiva, escandalosa. Frente al escenario estaba el sector de la KGB, donde se sentaban los seguidores de su club, el Dínamo. Cuando sacrificaba algo o ganaba un peón, todos aplaudían. Bronstein hacía una movida y rápidamente se iba detrás del escenario; luego aparecía de repente y volvía a desaparecer. En el auditorio había risas y perjudicaba mi juego”.

 

Junto a Bronstein y Keres

“Con Levenfish también sostuve relaciones difíciles, él tenía mucho talento como jugador de ajedrez pero no le dedicaba todo su tiempo; no creo que haya sido un antisoviético, pero no vivió tan mal en la URSS”.

 

su duelo por el título mundial ante Petrosian

 “Con Petrosian tampoco tuve relaciones después de que él se comportara de manera impropia durante nuestro match. Teníamos que firmar el acuerdo del duelo y el reclamaba por puntos sin importancia y decidía ese día no ir a firmar. Él estaba decidido a perturbar mis nervios. Cuando subió las escaleras del Teatro Estrada, los armenios desparramaron tierra sagrada de Echmiadzin delante de él, y lo consideró correcto. Si ante mi paso hubieran arrojado tierra sagrada de Jerusalén, ¿qué hubiera sucedido?. Seguro que hubiera dicho, “bárranla, así puedo seguir caminando”.

 

Con el Dr. Max Euwe, ex campeón mundial y Pte. de la FIDE

“También tuve dificultades con Smyslov y Euwe, pero no tan tirantes como Petrosian”.

En la escuela de ajedrez, con Kasparov. También se observan a Tiviakov (centro) y Kramnik

Tuve buena relación con Karpov hasta que él comenzó a decir que la Escuela Soviética de Ajedrez no existía como tal. Y cuando comenzó a presionarlo a Kasparov, me puse del lado de Garry porque consideré que el match debía disputarse en igualdad de condiciones. Fue un disparate la suspensión de 1985. ¿Quién es mejor de las 2K?; son talentos sobresalientes, pero Kasparov es más versátil”.

“Kramnik cuando tenía doce años jugaba cautelosamente; se transformó en un jugador muy fuerte y llegó a jugar más osado, pero no tiene respeto por él mismo; bebe, fuma, está gordo, perdió vergonzosamente con Kamsky y Gelfand”

 

“Shirov tiene un talento original, me recuerda a Korchnoi, pero su sistema nervioso no funciona bien. Es impulsivo, no lo veo como campeón mundial”.

Sobre el ajedrez moderno

No, el ajedrez no ha cambiado, no se ha vuelto diferente. Son cuentos de hadas para los jóvenes. Ahora la información inicial es más fácil de obtener, pero el proceso de análisis sigue siendo el mismo. Un jugador de ajedrez debería analizar por sí mismo y mucho; nada puede remplazar al análisis”.

 

El maestro haciendo lo que más le gusta

¿Cuándo mi juego fue más fuerte?

“En 1948 jugué bien. Me preparé con todo mi corazón y demostré de lo que era capaz. Hice un buen campeonato de la URSS de 1945 cuando sumé 16 de los 18 puntos. También me preparé muy bien para el match revancha con Tal; cuando sus piezas estaban saltando sobre el tablero, Tal no tenía igual; pero cuando había una sólida estructura de peones en el centro entonces posicionalmente era débil”.

“En general Bronstein, Smyslov y Tal no volvieron a mostrar su fuerza anterior después de nuestros matches. El responsable soy yo, ya que fui quien desveló sus secretos y entonces todos entendieron la forma de cómo jugar contra ellos”.

“Nunca he fumado, salvo la excepción de dos meses durante mi juventud; tampoco tomé alcohol. Y también le daba lugar al descanso.

“¿Qué dijo Spassky sobre el dormir, que era un pérdida de tiempo?. Fue un gran jugador, continuador de la línea de Lasker pero perdió su título con Fischer por estupidez: se sobreestimaba. Lo que sucedió después… ya se sabe que la creatividad y el dinero van de la mano. La pregunta es ¿qué es más importante, el dinero para jugar al ajedrez o el ajedrez para ganar dinero?. Él definitivamente se enganchó con la segunda opción y perdió el interés por el ajedrez. Tuvo suerte de jugar ese estúpido segundo match con Fischer en Yugoslavia y asegurarse financieramente.

La mejor imagen de Botvinnik, en pkeno proceso de toma de decisión

Las máquinas de ajedrez

“En sus últimos años de vida, su gran amor fue la creación de un programa informático; le dedicó tiempo y energía. Alguna vez dijo: “Tengo sólo un deseo: completar el trabajo de mi programa, pero lo muerte…”

 “Sin duda que algún día las máquinas jugarán más fuerte que cualquier ser humano, pero no hay nada que temer. El ajedrez será más popular. Después de todo, la gente corre en las calles, aunque la bicicleta y especialmente el automóvil son mucho más rápidos”.

Sobre su final de vida

“Sobre el final de mi vida he comprendido lo que es la vejez. Es cuando tus amigos se van, no aparece ninguno nuevo, y todo lo que resta es recordad a los que se han ido”.

La idea no era la crónica minuciosa de la vida de este enorme ajedrecista; me sedujo más la idea de enseñar quién era o como pensaba, Mijail Moiséyevich Botvínnik; el patriarca del ajedrez soviético.

Según el poeta griego Arquíloco: “El zorro conoce muchas cosas, el erizo solamente una única cosa grande”. Y tal vez pueda asociarse a Botvinnik. Es que en el ajedrez existieron espléndidos zorros en los años 30, 40 y 50, pero él pertenecía a los erizos, porque de ajedrez sabía algo que los otros desconocían.

 

Homenaje a Botvinnik

 

  • Lucky Strike

    Muy buena nota, felicitaciones.-

    • http://blogs.lanacion.com.ar/ajedrez/ Carlos Ilardo

      Gracias, Lucky Strike. abrazo

  • Leo Herrera

    Leí de quienes tuvieron el privilegio de verlo que cuando te entregaba una pieza, era porque ya te tenía listo. Genio total el gran Mihaíl, y sobre todo un grandioso pedagogo. Si no me equivoco fue él quien le dio el consejo a Kasparov en aquel match de 1985 de: “juega como si fueras ganando, no tengas miedo de hacer tablas”. Su partida contra Capablanca en 1925 es una de las mejores que le vi…

    • http://blogs.lanacion.com.ar/ajedrez/ Carlos Ilardo

      Gracias por tus aportes, Leo. Gran abrazo